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Aint no Mountain High Enough

Summary:

—Espera, espera, solo un segundo...

Yuki sorbio más fuerte la pajita.

Max, aún incrédulo, intentaba gestualizar con las manos, sin llegar a un punto.

Suspiro pesadamente.

—Retomemos. Tu —señalo a Yuki, —viajaste a otra línea temporal —hablo despacio, sus ojos resaltando tal hecho.

—Sí, así es, viejo.

El omega arrugó el rostro, aún era extraño escuchar a un niño de seis años así.

Suspiro nuevamente.

—Hipotéticamente, diremos que te creo, de como llegaste hasta aquí y que eres de otro universo, que en tu mundo soy tu especie de padre y te entreno... —Yuki está vez le devolvió la mirada, curioso por esta faceta del tetracampeón del mundo. —Lo que no entiendo, es porque para que puedas volver, hipotéticamente, yo, Max Verstappen, tengo que besar a...

—Checo.

—¿Checo...? —pronuncio con un acento gracioso el Holandés. Pero ya se acostumbraria, pensó Yuki.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Chapter Text

No sabe dónde está.

A la distancia oyó los gritos, llamándolo, diciéndole que volviera de nuevo.

Lo llamaban por su nombre, pero él, no era él.

Corrió con todas sus fuerzas, como se lo permitían las débiles piernas que tenía en este momento, intentando pensar en una solución lógica. Pero solo podía pensar en que no estaba en su mundo, porque definitivamente Yuki Tsunoda (el quien recordaba que era), un piloto de la Fórmula 1, no tenía seis años de edad.

Siguiendo sus instintos, giro en una esquina a la derecha visualizando a lo lejos una empresa con luces iluminadas a pesar de la hora en la ciudad. Se dirigió a ella con determinación, cruzó varios autos y cuando llegó a la puerta se dió cuenta que ya no se oía las voces de los cuidadores de este Yuki.

Su escapada del orfanato fue un éxito.

Se sentó en el suelo apoyandose en un pilar, pensando en todo lo que había ocurrido en los últimos treinta minutos.

Punto número uno, se había despertado en una cama que no era suya, no reconoció ningún aroma, ni siquiera el aroma a los coches. Despues de dio cuenta de que su cuerpo era más pequeño y su apariencia era como cuando tenía seis años.

Punto número dos, al darse cuenta de que no era un sueño se atrevió a salir de la habitación para explorar el lugar, en dónde había varias habitaciones y objetos religiosos, no tardo en darse cuenta de que estaba en un orfanato.

Así que decidió largarse de ahí.

Su plan hubiese sido todo un éxito si no fuera por las puertas que rechinaban pidiendo aceite.

Una monja escucho el ruido y se asomo, viendolo temeroso similar a todo un niño al ser descubierto. La monja llamo a las otras hermanas, Yuki aprovecho la oportunidad para escapar, pero estaba en desventaja por sus piernas. Y asi es como termino de esta forma.

Resoplo cansado de correr, tenía mucho frío y se estaba pasando de su hora de dormir, sin embargo era obvio que no era momento para eso, tenía que hallar la manera de volver a su universo.

¿Cómo lo haría? 

Pensó y pensó y no llegaba una respuesta cósmica, quiso rendirse pero ni en las carreras más difíciles pensaba en tirar la toalla, por supuesto que no lo haría ahora. Probó otro método, retroceder sus pasos, rememoro lo que hizo en el día, hasta llegar al motivo de porque viajo a este mundo.

Y bingo.

En la tarde se había encontrado con una psíquica (según su página de Instagram), tenía que ser ella, ella le habia dicho algo, como una predestinación, un profecía...

Solamente que ahora sus palabras eran borrosas.

El japonés no se desánimo, por lo menos tenía una pista, ahora tendría que idear un plan para mantenerse a salvo.

Eso lo llevaba al punto número tres: Encontrar un conocido que lo ayudará con este embrollo.

Junto sus manos para formar algo de calor, sus huesos temblaban por la dura noche, hacia años que no sentía tanto frío, siempre cuando comenzaba a sentirlo se arropaba con su manta o se preparaba algo caliente.

También su papá y Checo...

Cerro los ojos mientras los mocos salían disparados hacia el piso muy bien pulido. Podía jurar –igual de inocente como un niño– que su estornudo se escuchó a China.

Rio un poco por su tonto pensamiento y se detuvo al escuchar de cerca una puerta abriéndose, una de las puertas de las oficina que tenía la luz encendida. De ella salió un hombre con un atuendo casual, tal vez era para contrarrestar sus rasgos que eran llamativos, ojos azules y un cabello que parecía dorado bajo la luz cálida que emitía la oficina de adentro.

Lo reconocería en cualquier parte...

Pantalones ajustados. Esa nariz. Ese aroma.

Justo en ese instante, Yuki Tsunoda tuvo dos pensamientos, como si en su interior también estuviera el niño de este mundo o el niño que una vez él fue.

El punto número tres...

Encontrar un conocido.

Encontrar a mi papá, Max Verstappen.