Work Text:
1.
A Iván no le gusta el nombre que le han puesto en esta vida.
Si pudiera quejarse de una sola cosa, sería de ese estúpido nombre. Por supuesto, no es que piense que la imaginación de su productor principal sea mala (lo es), sino que simplemente no se ve a sí mismo siendo llamado de esa otra forma. Es extraño, como usar una prenda incómoda a la que no consigue adaptarse, lo cual sería inaceptable ya que debería adecuarse a cualquier cosa que lleve encima. Pero esto es distinto. Después de todo, esta es una existencia posterior, y ya lleva una vida entera llamándose "Iván", incluso si es el título que le puso su segyein. Cuando piensa en sí mismo, piensa en "Iván", no en...
Reprime un suspiro. Para fortuna suya, tampoco es que las personas a su alrededor, su familia (el término no le es extraño, lo extraño es que sea suyo) no tiene problemas en ponerle otros títulos al referirse a él, sin nombrarlo por su título erróneo para provocar un mal día, lo que lo vuelve todo más llevadero. Incluso si a veces las otras opciones son adjetivos denigrantes.
—Oye, mocoso.
Iván cierra un momento los ojos para no rodarlos. Deja de intentar apilar peligrosamente el séptimo cubo de colores en su gloriosa torre, y gira la cabeza hacia la despreciable adulta sentada en el sofá.
Han Sooyoung se quita el caramelo de la boca. Iván piensa que esta mujer ha estado chupando muchas más cosas que él, un bebé en toda regla. Ella sería la bebé entonces. Una bebé gigante muy molesta.
Como si buscara insultarlo, Sooyoung le extiende el objeto mientras enseña los colmillos en una sonrisa felina. Iván tiene que reprimir la mueca de asco al notar el brillo de la saliva en la bola de dulce, manteniendo un rostro completamente neutro mientras sus ojos pasan de eso a la cara de la adulta, preguntándole silenciosamente si es una especie de broma de mal gusto.
—¿Qué pasa? ¿No quieres la paleta? Está deliciosa.
Como Iván carece aún de la habilidad de modular la frase "no metería eso a mi boca incluso si me pagaras con las almas de todos mis enemigos", se queda callado y simplemente se inclina un poco hacia atrás y regresa toda su atención a su infame torre de bloques. Si logra apilar el octavo, será un nuevo récord.
Sooyoung resopla, molesta, y vuelve a meterse su asqueroso caramelo a la boca.
—Estos mocosos de ahora —refunfuña, estirándose en el sofá como si fuera un gato perezoso descansando tras un ajetreado día de torturar ratones—. Se nota que eres hijo de ese bastardo. Tienes la misma cara de perra.
El nivel de insultos que puede soltar esta mujer en tan poco tiempo todavía impresiona un poco a Iván, pero no puede negar que le parece gracioso. Hay una razón por la que todavía no ha hecho que ella sea vetada de su presencia, y es que es muy divertido escuchar sus monólogos.
(Le recuerda mucho a la infame forma de hablar de Till.)
Han Sooyoung tararea y extiende una mano, alcanzando una pelota tirada cerca y haciéndola rodar hasta chocar con la hermosa torre de Iván. La misma torre que cae en el momento en el que Iván ya ha conseguido apilar el octavo bloque, dejando atrás nada más que escombros y un traqueteo que suena como sus sueños rotos.
Mira tristemente los restos de su creación. Más allá, Sooyoung bufa, disimulando terriblemente mal una risa. ¿Cómo esto es gracioso? ¿No es básicamente acoso? Ella es una perra.
Al menos sigue llamándolo "mocoso", incluso después de que Iván tira uno de sus pesados bloques de madera directamente entre sus ojos.
Y también le da una paleta nueva sólo para que no le diga nada a su proveedor.
2.
—Nuestro pequeño está creciendo bien.
Una mano suave le alisa el fleco, tirándolo hacia atrás. Iván no se enfada mucho por la caricia intrusiva y francamente un poco ruda, pero aun así frunce ligeramente el ceño, un poco molesto porque le han interrumpido en la importantísima tarea de volver a aprender a escribir como una persona normal. Ahora, debido al movimiento involuntario, hay una línea demasiado larga en mitad de su hoja.
Heewon se ríe un poco. Él no le presta atención. La mujer nunca parece estar de mal humor cuando él está cerca. Algo sobre que le recuerda a su hermano cuando era muy pequeño y esta vez quiere disfrutar las cortas etapas de la infancia de un niño. Un poco triste, si se lo preguntan. Pero Iván no tiene manera de juzgarla. Tampoco es que le importe mucho.
Lo importante es que Heewon le entrega tesoros cada vez que llega a él.
Esta vez ella toma asiento justo a su lado, sobre la suave alfombra de su habitación privada. La pequeña mesa se ve incluso más pequeña con ella allí, es gracioso. Y entonces deja a su lado una barrita de chocolate.
—¿Has aprendido nuevas palabras hoy, pequeño? —pregunta Heewon, de nuevo sacudiendo su cabello con tanta dulzura.
Iván mira el dulce, preguntándose por qué le da el premio antes de que termine sus deberes. Es un método de enseñanza y entrenamiento muy extraño y francamente poco fiable, pero Iván, con su indudable gusto por los premios azucarados, no es que vaya a quejarse. Así que deja el crayón y acepta la ofrenda de inmediato.
Jung Heewon se ríe por lo bajo y se queda allí un rato más. Su espada, aquella que emana calor como alguna especie de estufa portátil, está abandonada a un lado de la puerta, pero vibra a veces. Además, Iván también puede escuchar las notificaciones del sistema que ella está recibiendo, pero nunca la ve responder a nada de ello.
—Tal vez la próxima vez traiga galletas —comenta ella distraídamente. Iván muerde con gusto su barra de chocolate mientras la ve sonreír con dulzura.
A veces ella le recuerda un poco a Mizi, excepto, por supuesto, que se parece más a Sua.
No quiere pensar en eso.
3.
Hay más que humanos en este mundo, diferente a lo que había imaginado en sus primeros años de vida, en los que había convivido únicamente con su familia. No obstante, las otras criaturas con las que se encuentra tampoco son exactamente extraterrestres. Iván puede recordar cerca de ciento cincuenta especies de aliens con las que ha tenido que convivir mientras era la mascota de Unsha y la cara de varias marcas de moda, pero no puede reconocer a ninguna de esas especies aquí.
Las salidas del complejo principal son raras. Iván puede contar con los dedos de una sola mano las veces que su proveedor ha decidido llevarlo fuera de los muros altos de su pseudo hogar, y debe admitir que afuera no es exactamente gran cosa. Una ciudad común, igual de ajetreada que en su mundo original. Tan estresante como cualquier salida formal e informal.
Lo único que difiere es que esta vez no necesita poner una buena cara para conocer a un inversionista. La primera vez, Joonghyuk ni siquiera lo soltó de sus brazos, e incluso le hizo usar una especie de capa, como si Iván fuera alguna especie de criatura que debía ser protegida de ojos ajenos. Un poco cómico, sinceramente, pero no desagradable. Tal comportamiento se repitió las siguientes dos veces que salió de compras con él (porque, al parecer, es la única situación en la que se sentiría seguro para dar un paseo).
Ahora, en su cuarta salida a la ciudad, es acompañado por la mujer llamada Lee Sookyung.
Si Iván no supiera que ella es la proveedora… No. Que es la madre de Kim Dokja (tiene que acostumbrarse a los títulos reales de este mundo) pensaría que es otra persona más dentro del extraño círculo familiar sin conexiones genéticas que conforma su manada de humanos fuera de lo común. Ella no se parece a Kim Dokja, ni siquiera en los ojos, pero a veces la ve sonreír y siente esa incomodidad que le deja claro el parentesco.
Iván supone que por eso ha reencarnado en este mundo; posee esta sonrisa maldita de tres generaciones.
—¿Por qué mi adorable nieto está poniendo una cara tan seria?
Iván se aparta de sus pensamientos y rápidamente deja de fruncir el ceño. Ni siquiera había notado que su propia cara había comenzado a arrugarse, lo cual es impensable. Vuelve el fastidio de no poder controlar perfectamente su propio cuerpo.
Él mira hacia arriba, a la mujer mayor que le mira con atención. Él no puede evitar observar un poco más las ligeras arrugas alrededor de sus ojos y boca. Iván no recuerda si alguna vez ha visto a un humano anciano, principalmente porque nadie había sobrevivido tanto como mascota. Los segyeins nunca fueron indulgentes con las mascotas mayores que han perdido su atractivo o su encanto físico.
Lee Sookyung, sin embargo, es bastante hermosa. Y si es la proveedora de Kim Dokja, eso sólo significa que ya ha sobrepasado por mucho el promedio de vida de un humano mascota.
Iván niega con la cabeza, tanto para dejar de pensar en un estilo de vida al que ya no está ligado, como para tranquilizar a la mujer que sigue mirándolo con atención. Como no puede hablar, le extiende la mano, y ella se ríe suavemente antes de tomarla y comenzar a caminar de regreso.
—Tan silencioso como siempre —comenta Sookyung, llenando el silencio entre ambos, aunque los alrededores estén bulliciosos debido al movimiento constante en la zona del mercado—. Es una pena. Sólo mi hijo y mi yerno te han escuchado hablar. Me pregunto cómo será la voz de mi adorable nieto.
Ella siempre lo llama así, adorable nieto. Iván ha aprendido que el término nieto se refiere al producto de la siguiente generación del primer productor. Lo vuelve más sencillo que llamarlo el producto del producto. Pero él todavía no sabe cómo debería llamarla de vuelta, porque está seguro de que los términos padre, madre, hermanos y tíos no son los correctos para referirse a Lee Sookyung.
Por otro lado, también piensa en su propia voz.
Iván se ha acostumbrado tanto a no hablar aquí que a veces olvida que antes había podido cantar. Aunque nunca tuvo una voz increíble y bella como la de Mizi o Till, genios innatos, o algo lo suficientemente bonito como para encantar a las masas como Sua, había conseguido destacar gracias a su esfuerzo. Aquí no necesita esforzarse, pero es esa tranquilidad lo que le ha llevado a la mudez excesiva.
Cuando mira a Lee Sooyung de nuevo, ella no lo está mirando de vuelta, pero Iván está seguro de que está alerta. Lo sabe porque le provoca la misma sensación que Yoo Joonghyuk cuando está cerca; siempre al pendiente de Iván. Supone que es algo común en proveedores.
De pronto, ella se detiene, deteniéndolo a él también. Iván mira hacia donde los ojos de Sookyung se han detenido, a algo a su lado, y se topa con una tienda en específico. Todavía no domina del todo el idioma de este mundo, pero está seguro de que en el cartel sobre la puerta está escrito la palabra "libro".
También se lo dicen los libros en las vitrinas.
—¿Damos un vistazo? —ella sugiere, e Iván sólo contesta con un asentimiento tranquilo, ocultando la ligera emoción que golpea su pecho al encontrarse más cerca de conseguir verdaderas formas de estudio de este mundo.
Además, los libros siempre le han gustado.
(Él se pregunta si es por eso también que ha terminado en esta generación de humanos.)
4.
Iván ha aprendido que la mejor fuente de información en este mundo son los niños.
Dicho esto, no todos ellos.
—El bebé de mi hermano es tonto gracias a ese ahjussi.
—¡Oye! ¡No hables así de hyung!
Iván lleva veinte minutos intentando entender la interfaz de las pantallas holográficas que todos en este mundo poseen. Lamentablemente, es un poco demasiado diferente a las que conoce originalmente, y todo lo que ha visto hasta ahora, a escondidas de los adultos porque, al parecer, ninguno de ellos parece especialmente contento con dejarlo conectarse a la red, es lo que parece un agujero de anuncios e información de perfiles que no le interesa saber. Además, las únicas personas que parecen lo suficientemente rebeldes como para no seguir las órdenes de los adultos, son también los que menos se llevan con la tecnología específica de esta interfaz.
—Te dije que no te metieras, mocoso —gruñe Yoo Mia, empujando con su hombro el hombro de Lee Gilyoung, quien no se deja intimidar por la fuerza natural de la chica y le devuelve el golpe, los dos empezando una batalla de forcejeo justo a espaldas de Iván, quien está haciendo todo lo posible por no distraerse mientras lee y lee basura en un idioma que todavía no comprende del todo, ya que, al parecer, a pesar de que la interfaz tiene todos los lenguajes universales, no tiene el de su mundo original.
Suspira por lo bajo, apretando los dientes. Su colmillo torcido, que lo ha seguido a esta vida también, se le clava en el labio inferior. Sus ojos arden un poco por estar revisando la pantalla azul en la oscuridad del cuarto de Yoo Mia, el único lugar donde no parece llegar la sombra de la protección de todos los demás adultos (exceptuando el de Joonghyuk). No puede desperdiciar la oportunidad de conseguir algo de buena información, incluso si le quita algunas horas de sueño y le hace lidiar con dos casi adolescentes llenos de energía.
—¡El bebé de hyung no es tonto! —exclama Gilyoung, e Iván se pregunta desde cuándo la conversación lleva siendo sobre él y su aparente fracaso cerebral. No es que le importe realmente, estas criaturas todavía no han llegado a su verdadera edad mental. Él puede perdonarlos por sus comentarios estúpidos.
—Nunca dije que mi sobrino fuera tonto —aclara Mia, pinchándole la nariz al niño de pelo castaño, sacándole un quejido lloroso—. Estoy diciendo que ese estúpido ahjussi lo es. Pero el bebé de mi hermano es tan inteligente como mi hermano y como yo.
—¿Tú, inteligente? No me hagas… ¡Ay!
Iván rueda los ojos, pero agradece que los chicos estén distrayéndose solos en lugar de molestarlo. Ahora mismo, está casi seguro de que finalmente ha conseguido algo útil, deshaciéndose de todos los anuncios basura y logrando entrar a la base de datos de su propio perfil, o lo que espera que lo sea.
Sus pupilas rojas se iluminan por la luz fantasmal de la pantalla al abrirse.
[Datos personales]
Nombre: Iván (Kim Gu…)
Antes de que pueda siquiera seguir esa línea, la puerta de la habitación se abre suavemente, con un chirrido espeluznante que le hace levantar la cabeza de golpe y mirar hacia arriba, mientras los niños en su espalda dejan de pelear y se quedan tiesos como estatuas.
La silueta indiscutible de Yoo Sangah crea una sombra en la entrada.
—¿No creen que ya es hora de dormir, chicos? —pregunta ella suavemente, con una sonrisa encantadora que, en realidad, sólo provoca escalofríos.
No a Iván, por supuesto. Él no ve peligro alguno, pero aun así, antes de que pueda objetar, tiene manos alrededor de su torso, levantándolo del suelo alfombrado y cerrando la ventana de información. Iván ve cómo todo su esfuerzo muere con ello.
—¡Sólo estábamos intentando contarle un cuento al bebé!
Es una excusa terrible. E Iván ya no es un bebé, muchas gracias. Pero no hay manera de defender su caso.
Ellos terminan castigados al día siguiente.
(Aun así, Iván consigue volver a abrir esa base de datos más tarde. Él se arrepiente de ello, porque nunca ha leído un perfil suyo que tuviera tanta información errónea sólo después de su nombre.)
+1.
—... Won-ie.
Iván reprime las ganas de hacer una mueca y sigue arrancando el pasto bajo su cuerpo. El día es maravilloso, el sol está en lo alto, hay nubes reales (es impresionante, son mejores que las de los dibujos mal hechos en el jardín; éstas están llenas de tantas formas abstractas que podría pasar horas mirándolas), el viento es fresco y no hay más anuncios sorpresa del sistema y los escenarios en este mundo. Es un día pacífico y debería disfrutarlo.
Énfasis en debería, porque no lo está disfrutando para nada.
—¿Qué? ¿No te gusta ese apodo? —aventura Dokja, de cuclillas a su lado y dándole una sonrisa que no se ve exactamente amable. O está burlándose de un bebé o simplemente es malísimo poniendo caras. Iván podría recrear mejores muecas, incluso con su pobre control facial.
De todas formas, no le contesta al adulto. No quiere hacerlo. Su habla sigue siendo lamentable. No quiere que Dokja comience a decir algo al respecto. Ya es suficiente con…
—Tienes otra vez esa mirada aterradora… —se ríe el hombre por lo bajo, cubriéndose la boca para esconder la sonrisa de burla, aunque ya es tarde, Iván ya la vio, y le encantaría meterle pasto entre los dientes para que encuentre una verdadera razón para ocultarse así—. La mirada fija de un protagonista.
Iván inclina un poco la cabeza a un lado, confuso. Incluso si ya conoce los problemas de este tipo con las cosas literarias, no significa que le parezca menos raro. Ni siquiera Iván, que tenía de gusto principal la lectura de clásicos en el Jardín Anakt (y cualquier cosa en general), ha estado alguna vez así de loco por los tropos de escritura. Dokja debería sentir un poco de vergüenza también, por estar usando estos términos con tanta facilidad para referirse a la gente. ¿Es que no conoce las reglas sociales?
Aunque, bueno, Iván no puede culparlo mucho en ese ámbito. Tampoco las conocía bien en su tiempo. Le tomó un par de años.
Aun así, reitera, esto es patético.
—... Guwon-ah —continúa Dokja, esta vez extendiendo la mano y tocando con un dedo frío la frente de Iván, haciendo a un lado su fleco oscuro y ligeramente encrespado. Iván se traga las ganas de apartarlo de un manotazo, no sería muy digno de su parte. Afortunadamente, el adulto se guarda sus dedos para sí mismo de nuevo, cruzando los brazos sobre sus rodillas y mirándole con otro tipo de sonrisa—. Joonghyuk-ie es realmente malo para los nombres, ¿no te parece?
Lo es, admite Iván. Y aun así, Kim Dokja es el único que llama a Iván por ese nombre. Incluso si fue Yoo Joonghyuk quien se lo dio, él ha tenido la libertad de no ser llamado así por la boca de su proveedor o sus demás familiares, lo que probablemente sólo empeoró su disgusto por el título al verse referido con él con tanta brusquedad, pero ya no queda nada que hacer. Ahora sólo puede mirar sin emoción a Dokja cada vez que se atreve a pronunciarlo.
—¿No deberíamos cortarte el cabello ya? —pregunta de repente, cambiando de tema al fin. No vuelve a tocarlo, pero a Iván no le gusta la mirada intensa que le está dando—. Con este pelo parecerás una niña…
Iván no entiende el repentino disgusto y no piensa molestarse en indagar al respecto.
Para buena suerte suya, no tiene que lidiar mucho más con este hombre extraño. Al momento siguiente, escucha unas pisadas que reconoce de inmediato. Al girar la cabeza, se topa con la figura de su principal productor. El alivio que siente al verlo hace que se desplome un poco hacia el frente y no pueda controlar sus expresiones faciales; probablemente está haciendo alguna cara de súplica, porque el rostro de Joonghyuk deja de estar tranquilo para fruncir el ceño y mirar rápidamente hacia Kim Dokja.
—Kim Dokja, ¿qué hiciste?
Dokja se pone de pie de un salto, con una expresión de traición.
—¿Disculpa? —Incluso evoca un falso tono de ofensa—. ¿Eso es lo primero que dices al verme? ¿Y por qué me acusas de la nada?
—Él no está feliz —señala Joonghyuk, deteniéndose justo frente a Iván y levantándolo cuidadosamente en sus brazos, sacudiendo los rastros de tierra húmeda y pasto de su ropa. El nivel de cuidado en su toque hace que Iván se deje maniobrar, y termine acurrucando su cabeza contra el hombro de su proveedor, frotando su mejilla mientras cierra los ojos y sonríe tenuemente, escuchando el intercambio que se gesta frente a él.
—Él nunca está feliz —resopla Dokja, probablemente rodando los ojos. Iván, gracias a la cercanía, puede escuchar a su progenitor gruñendo por lo bajo. Una mano protectora, cálida, se presiona con delicadeza en su espalda, calentándolo—. ¿Qué? ¿No es verdad? Sabes que no sonríe. En ese aspecto… Bueno, es idéntico a ti.
—Claro que es idéntico a mí. —De alguna manera, la rabia se ha disipado de Yoo Joonghyuk al mencionar eso, así que la tensión en el hombro que Iván está usando de almohada se ha ido, volviéndolo más agradable para descansar—. Es mío.
Escucha el sonoro bufido de Kim Dokja. Iván se siente un poco más divertido de imaginar la cara de frustración del hombre.
—Siento que me estás sacando constantemente del panorama de paternidad.
—No lo hago.
—Y lo niegas. Pero si usara la detección de mentiras…
Yoo Joonghyuk ya no responde, probablemente porque ya se ha cansado de discutir con el idiota. Iván decide sacrificar su buen momento de relajación para levantarse y mirar la cara de su productor, encontrándose con un ceño fruncido y los labios apretados en su rostro pálido. Casi parece querer decir algo, pero no se atreve. Iván lo comprende, Yoo Joonghyuk es más grande y siempre parece de mal humor, así que, a manera de consuelo (y para molestar más a su fastidioso productor), frota su frente contra la mejilla cicatrizada de Joonghyuk.
No es un consuelo en absoluto. Sinceramente, sólo está jactándose de que su proveedor siempre será su aliado.
La reacción es inmediata. Joonghyuk deja de prestar atención a Dokja para prestarle atención a él. La mano en su espalda sube a su cabello, peinándolo cariñosamente, desenredando un par de mechones que han crecido más allá de su nuca. y luego hay un beso en su frente.
Oye a Dokja suspirando. Un ruido de rendición.
—Está bien —chasquea, sonando ligeramente menos como un maldito—. Por cierto, ¿qué tal un corte de cabello rápido para nuestro Guwon?
Hay algo en la manera en la que Kim Dokja llama "nuestro" a Iván que hace que Joonghyuk se tense otra vez, por un segundo, y su expresión cambie mínimamente. A esta distancia, los ojos escrutadores de un niño lo notan de inmediato; se ve un poco consternado, emocionado y casi feliz. Satisfecho. Francamente un poco lamentable.
Es agradable estar en sus brazos incluso así.
—Conseguí unas tijeras del Productor en Masa, así que… —continúa Dokja, siempre inconsciente de las reacciones de su compañero. A veces Iván no entiende cómo su padre decidió que esta vil criatura fuera el donador de la otra parte de su código genético. Tal vez fue accidental.
Pero conociendo a Joonghyuk…
—Yo le cortaré el cabello —sentencia, borrando la suave expresión de antes, cambiándolo por un ceño fruncido.
Dokja también arruga el entrecejo. Hay una silenciosa batalla de miradas.
—¿Qué pasa? ¿Dudas de mi capacidad de cortar cabello? Te sorprenderías.
—No confío en ti con tijeras y menos con nuestro hijo.
Inesperadamente, Kim Dokja abre la boca pero, un segundo después, la vuelve a cerrar, y no suelta más palabras. Quién sabe por qué. Iván no tiene curiosidad.
Bonus:
Más tarde, de regreso al complejo, se encuentra a sí mismo sentado en un taburete en el baño, frente al espejo sobre el lavabo. Una manta vieja le cubre los hombros y, detrás de él, la ancha figura de su padre con un par de tijeras en la mano derecha y mechones cortados en la izquierda empequeñece un poco su reflejo.
—Guwon-ie se ve tan tierno —comenta Dokja desde su posición en el marco de la puerta, viendo con una verdadera sonrisa toda la imagen.
Iván parpadea hacia el niño en el espejo.
No puede evitar la mueca de disgusto que se le forma, tanto por el corte de tazón que lo persigue incluso en esta vida, como la manera en la que sigue llamándolo su otro productor.
(Se pregunta si está siendo castigado por sus crímenes pasados.
Probablemente sí.)
