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El sonido melódico de las gotas de lluvia bailando sobre el pavimento resonaba en los oídos fatigados de Astarion, quien, tras una agotadora jornada laboral plagada de desafíos junto al infame Szarr, se esforzaba por llegar a la ansiada cita con Gale. Su determinación por no arruinar la velada se manifestaba a través de sus pasos apresurados mientras buscaba el camino más rápido hacia el cálido refugio que ofrecía el hogar de su amado.
Finalmente, al tocar la puerta, la figura empapada de Astarion se presentó ante Gale, con el cabello goteando y la ropa desordenada. La sorpresa y la preocupación se reflejaron en los ojos cafés de Gale al abrir la puerta, dando inicio a un encuentro marcado por la inesperada travesía bajo la lluvia.
— ¿Astarion, estás bien? Llegaste tarde, y pareces... —expresó Gale, dejando que la inquietud se expresara en sus palabras.
Con una sonrisa forzada, Astarion interrumpió con una explicación elaborada. — Solo fue un poco de lluvia en el camino. Caz insistió en que me quedara horas extras por unos simples papeles. Lamento la demora, amor.
Durante la cena, la lucha interna de Astarion por ocultar su malestar se evidenciaba en cada movimiento, simulando rasguear sus manos y disimulando la irritación en sus ojos. La persistente humedad en su ropa generaba una incómoda sensación de ardor en su piel, pero perseveraba, esforzándose por mantener una fachada de normalidad.
Gale, percibiendo los gestos incómodos de Astarion, le miró con creciente preocupación. — ¿Estás seguro de que estás bien?
En su intento de restar importancia a los síntomas evidentes de su alergia al agua, Astarion respondió evasivo. — Solo estoy cansado. No te preocupes.
Mientras compartían la cena, sus días, marcados por la complejidad de las relaciones en la adultez, se desenvolvían de manera complicada e incluso un tanto incómoda. La conexión entre ellos, surgida en una reunión donde la influyente CEO Mystra compartía espacio con el jefe de Astarion, Cazador Szarr, evolucionaba lentamente, llevándolos ahora a disfrutar de citas en sus días libres. Un progreso sutil pero significativo.
Con el avance de la noche, los síntomas de la alergia de Astarion se intensificaban, revelando la incomodidad que experimentaba. Su piel enrojecida y delicada ardía con una picazón persistente, instándolo a rascarse disimuladamente. Cada movimiento agravaba la sensación, mientras los estornudos se volvían más frecuentes y sus ojos, irritados por el contacto con el agua, adoptaban un tono enrojecido. La alergia se convertía en una sombra inoportuna, desafiando la fachada que Astarion intentaba mantener.
Gale, cada vez más preocupado, insistió en obtener respuestas. — Astarion, algo no está bien. ¿Por qué no me dices qué pasa?
Rindiéndose ante la creciente evidencia, Astarion confesó la verdad acerca de su alergia al agua y cómo la lluvia había afectado su bienestar. Gale, sorprendido pero comprensivo, depositó un suave beso en la frente de Astarion. — Deberías haberme contado antes. ¿Qué puedo hacer para ayudarte?
Agradecido por la comprensión de Gale, Astarion propuso cambiar el plan original y disfrutar de la siguiente noche en la comodidad de su propia casa, lejos del agua. Gale asintió con una sonrisa. — Te prometo que la próxima vez revisaremos el pronóstico del tiempo.
La noche adquirió un matiz más relajado y cálido, con ambos compartiendo risas y cuidándose mutuamente en este universo exento de conflictos, donde las adversidades fortalecían su vínculo.
