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I Still Have Faith In You

Summary:

Que pasa si Kaeya queda K.O despues de su pelea con el pelirrojo y Diluc entra en panico porque cree que mato a su hermano
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“ME MENTISTE! ¡A MI Y A PADRE! TODOS ESTOS AÑOS”
“¡No! ¡Por favor Diluc!”
“NUNCA FUIMOS NADA MÁS QUE UNA FACHADA PARA TI! ¡¿SIQUIERA NOS QUISISTE?!”
“LO HICE! ¡USTEDES SON MI FAMILIA! ¡LOS AMO!”
“DEJA DE HABLAR! ¡SOLO SABES DECIR MENTIRAS! ¡NO ERES MI HERMANO! ¡NI HIJO DE PAPÁ! ¡NO PERTENECES AQUÍ! “

Kaeya no se callaba, así que, como no lo haría solo, él tendría que callarlo. Y arremetió contra alguien que en su mente nublada por el enojo ya no era su hermano. Solo un enemigo más, como los que mataron y traicionaron a papá. Y contra sus enemigos siempre había sido implacable, nada lo detenía. No las súplicas, el obvio dolor en el rostro de Kaeya, ni la voz que le gritaba que se detuviera, que este era su mejor amigo, su hermanito pequeño.

Notes:

Yo deberia estar escribiendo otra cosa ahora mismo, pero se me metio esta idea en la cabeza mientras hacia la tarea y no se iba a ir de mi cabeza hasta que la escribiera.
2 horas y mucha musica triste despues este es el resultado.
Espero disfruten el drama familiar!

(See the end of the work for more notes.)

Chapter Text

Diluc miro el hielo en su arma, aun sorprendido por lo que acaba de pasar. El hielo en la hoja de su claymore ya empezaba a derretirse, el agua helada resbaló por su brazo haciéndolo estremecer de frio. La escarcha en su piel se derretía rápidamente por la lluvia que seguía cayendo. Estaba completamente empapado y el aire se había enfriado hasta el punto en que podía ver su aliento.

Su respiración salía rápidamente, los pulmones le ardían por el frío y la rabia.

Kaeya obtuvo una visión, una cryo visión. 

Kaeya, el traidor, tiene una visión. 

Eso es, tan injusto. 

¿Porque este mentiroso había logrado obtener algo con lo que su padre solo podía soñar?. Él había querido tener tanto un regalo de los dioses para proteger la ciudad que amaba. Quería tanto tener el poder para cuidar a Mondstadt que se alió con fuerzas malignas de las que solo pudo obtener una copia barata. Una copia barata que lo había dejado agonizando de dolor en el suelo, roto, muerto.

Los caballeros tuvieron el descaro de no reconocer el sacrificio de su padre. Él los honraba tanto, que no pertenecer a la institución le rompía el corazón. ¿Solo porque?, ¿no tener una visión? él era más capaz que todos los malditos reclutas que aceptaban cada año. Una visión parece ser la respuesta al complejo de su padre. Pero no, lo dioses no son justos, se burlaban de él incluso ya muerto, dándole el regalo a Kaeya.

¿Por qué?

¡¿Por qué?!

El enojo gritaba dentro de él. El frío poco a poco iba desapareciendo del ambiente, su piel aún seguía ardiendo por la rabia, pero su mente ya no estaba nublada por la ira. Kaeya no decía nada, solo seguía ahí, en el suelo. Diluc no podía verlo bien, era de noche y no había luces aparte del fuego en su arma y la luz tenue de la luna nueva.

“Desde ahora, ya no somos hermanos. No quiero saber que pusiste un pie en la bodega. No dejes que vuelva a ver tu cara otra vez, traidor”

Comenzo a caminar hacia la bodega, la mente cada vez más clara mientras mas me acercaba a la puerta. 

Kaeya aún no dice nada

Ningún sonido de su parte, ni el sonido de ropa moviéndose, ni de pisadas contra el barro, nada.

Su cabeza lanzó una alarma y su instinto se encendió. La preocupación vibró en su corazón aun cuando no debería. No por él, no por el mentiroso.

DILUC, POR FAVOR ESCUCHAME!”

Debería seguir avanzando, hacer las maletas y buscar a los responsables de la caída de su padre. Pero cada vez que intentaba abrir la puerta su mano resbalaba. Algo le decía que mirara hacia atrás, una urgencia en todo su cuerpo le decía que solo mirara. 

Así que cayendo ante el impulso, como si el mundo quisiera que viera bien lo que había hecho, un relámpago encendió el cielo iluminando el área. Y gracias a eso vio claramente al cuerpo en el suelo, y un jadeo horrorizado salió de él.

Kaeya estaba tirado en el suelo, mojado hasta los dientes. La ropa arruinada y quemada permitiéndole ver el daño que le había hecho. Quemaduras horribles a lo largo del abdomen se entrelazan con heridas que aún supuraban sangre. No se estaba moviendo, estaba mortalmente quieto y con los ojos cerrados.

En algún momento de su pelea el parche en su rostro había caído, mostrando la cicatriz vieja que atravesaba de lado a lado el ojo de Kaeya. La herida que le había mostrado en un momento de absoluta confianza a Diluc hace años cuando eran más jóvenes. El odiaba tanto esa cicatriz que no se atrevía a sacar el parche aun cuando estaba en absoluta soledad dentro de su habitación. Los primeros años no se lo sacaba ni para dormir. 

Un poco después de haber cumplido los 13 años, Kaeya le mostró lo que había bajo el parche, nunca le dijo cómo la obtuvo, pero eso era más que suficiente para el joven Diluc que había tomado esto como una señal absoluta de confianza por parte de su hermano. Despues de eso Kaeya solia quitarselo con mas frecuencia, pero solo frente a Diluc.

POR FAVOR ESCUCHAME DILUC! ¡PORFAVOR! ¡NUNCA QUISE NADA DE ESTO! ¡PORFAVOR, CONFIA EN MÍ!”

La lluvia seguía cayendo, deslizándose por la espalda de Diluc despertándolo del entumecimiento.

Kaeya, se veía-

Se veía…

Muerto. 

Kaeya se veía muerto.

Mierda

Mierdamierdamierdamierdamierdamierdamierdamierda

“KAEYA!” El enojo había desaparecido por completo, reemplazado por miedo, miedo absoluto, terror y culpa y otras emociones más que no se tomó el tiempo de analizar mientras corría hacia el cuerpo de SU HERMANO.

Nonononono, por favor Kaeya!” Tomó el cuerpo maltrecho de su hermano. Se sentía mal, tan suelto y liviano, se veía tan dañado. 

Buscó el pulso, con la mano temblando como una hoja buscó el pulso, pero no había nada.

Había matado a Kaeya, había matado a Kaeya.

“¡Era un traidor!” La voz de la rabia murmuró en su mente, pero la razón lo cayó rápidamente “TE DIJO LA VERDAD, ¡CONFIO EN TI! ¡Y LO MATASTE!”

“Kaeya! ¡Por favor! ¡Despierta!” Intentaba sacudir el cuerpo, intentando despertarlo. Porque no podía estar muerto, no podía estar muerto . “Es mi culpa, lo siento, Lo siento . No debí haber reaccionado así” balbució disculpas y más disculpas. Esto no debería haber pasado, había querido herirlo, lastimarlo como él había hecho con él. Que sintiera el dolor que Diluc estaba sintiendo. Primero su padre, después los caballeros ¿y ahora su hermano le decía que todo el tiempo que paso con ellos habian sido una mentira?.

Él no usó esas palabras, él no dijo eso. Ni siquiera lo dejaste hablar.

“ME MENTISTE! ¡A MI Y A PADRE! TODOS ESTOS AÑOS”

“¡No! ¡Por favor Diluc!”

“NUNCA FUIMOS NADA MÁS QUE UNA FACHADA PARA TI! ¡¿SIQUIERA NOS QUISISTE?!”

“LO HICE! ¡USTEDES SON MI FAMILIA! ¡LOS AMO!”

“DEJA DE HABLAR! ¡SOLO SABES DECIR MENTIRAS! ¡NO ERES MI HERMANO! ¡NI HIJO DE PAPÁ! ¡NO PERTENECES AQUÍ! “

Kaeya no cerraba la boca, seguía hablando y no paraba, pero Diluc solo escuchaba ruido, horribles ruidos salir de su boca. Ruidos que le hacían doler la cabeza y sentirse mal, tan mal.

 Kaeya no se callaba, así que, como no lo haría solo, él tendría que callarlo. Y arremetió contra alguien que en su mente nublada por el enojo ya no era su hermano. Solo un enemigo más, como los que mataron y traicionaron a papá. Y contra sus enemigos siempre había sido implacable, nada lo detenía. No las súplicas, el obvio dolor en el rostro de Kaeya, ni la voz que le gritaba que se detuviera, que este era su mejor amigo, su hermanito pequeño.

“Perdón” Su voz temblaba, usó como pudo su cuerpo para intentar proteger a Kaeya de la lluvia. Las disculpas seguían saliendo de su boca, pero a veces las disculpas no son suficientes para reparar el daño que ya estaba hecho. El perdón no le devolvería su hermano. “No es verdad nada de lo que dije” Las lágrimas le nublaban la visión y cayeron por su rostro, un sollozo salió de su garganta, el dolor en su mandíbula empeoraba mientras intentaba contenerlos.

“Papá murió y yo no estaba pensando. No pude controlar mi ira, perdón, perdón. Puedes volver por supuesto que puedes volver” 

“ESTE NO ES TU HOGAR”

“Esta es tu casa”.

No podía dejar de temblar, sentía que en cualquier momento se derrumbaría. Apretó los brazos alrededor del cuerpo de su hermano y junto sus frentes. Kaeya estaba tan frío, tan quieto y tan tranquilo. Diluc no podía dejar de pensar en la resignación en su rostro mientras lanzaba su último golpe, no se defendió en ningún momento, aceptando todo lo que Diluc estuviera a punto de hacerle. 

Todo esto es tan injusto.

“Nada de esto es tu culpa, no pediste que te dejaran aquí”. Ocultó su rostro en el cuello de su hermano, intentando acercarse lo más cerca posible. Recordó al pequeño niño tembloroso que su padre había traído una noche hace ya tantos años. Se veía aterrorizado, pero firme, aceptando el peso de toda una nación en sus hombros a una edad tan temprana.

Tan injusto.

“Solo eras un niño” La absoluta realización de este hecho lo hizo hundirse más y más en la miseria. Su hermano era tan solo un niño. Por años su pequeño hermanito guardó tanto dolor y preocupación dentro de sí y nunca nadie notó nada. Kaeya solía despertarse llorando por las noches, nunca daba detalles, aun si quería no podía hacerlo, porque tenía un secreto que guardar. 

“Hermano, por favor, eres todo lo que me queda” No puedes irte, no puedes, no puedo dejarte ir.

La lluvia parecio haberse detenido, el viento soplaba débilmente contra los oídos de Diluc, y el ambiente empezaba a enfriarse. Un escalofrío le recorrió el cuello. Abrazo a Kaeya más fuerte, su hermano debe tener frío, la ropa empapada se le pegaba al cuerpo y aún tenía escarcha de su visión sobre él.

Su visión

Gracias a su arrebato casi olvida que su hermano fue bendecido con una visión. Que horribles circunstancias eligieron los dioses para dar tal obsequio.

Sin soltar a Kaeya de su apretado abrazo busco el pequeño orbe, estaba a solo unos centímetros. Aún resplandeciendo con un hermoso brillo celeste.

Su pecho se apretó, se dio cuenta que había dejado de respirar y el aire podía entrar, pero lo ignoro. Mareado, tomó la visión del suelo y la acercó a su rostro con las manos aún temblorosas, pero ahora por una razón diferente. 

El brillo celeste, era algo débil pero aún estaba ahí. 

Eso significa…

Tomó un enorme respiro y volvió a contener la respiración, acercó la cara de Kaeya a la suya y con la esperanza subiendo por su garganta espero.

La pequeña respiración le golpeó el rostro, lo que antes había confundido con el viento era la respiración de su hermano. Antes, sus manos temblorosas no le permitían sentir el pulso correctamente. 

Kaeya no está muerto. Kaeya estaba vivo. 

¡Herido pero vivo!

Dejo de perder el tiempo y lo cargo, lo más suavemente posible. Puso la visión en el regazo de su hermano y corrió hacia la bodega. 

La emoción lo abrumó nuevamente, las lágrimas seguían corriendo por sus mejillas, pero el corazón le latía feliz, muy muy feliz. Kaeya aún estaba vivo, su pequeño hermanito aun estaba vivo y ese hecho lo hacía querer agradecer eternamente a los dioses. 

Jadeando entró a la bodega, el calor del lugar lo abrumó levemente. Depósito a Kaeya en el sofá junto a la chimenea y se puso a trabajar. 

Las heridas estaban mal, muy mal. Las quemaduras, dos grandes líneas de carne quemada a lo largo del abdomen de su hermano se veían profundas y horribles. Las heridas abiertas y sangrantes  se superponían. 

Su hermano estaba pálido, ahora que pareció sentir el calor en el ambiente comenzó a temblar. Aunque por fin ver movimiento por parte de Kaeya lo hizo aliviarse enormemente, no podía permitir que continuara. 

Fue a buscar toallas y mantas en el segundo piso, también ropa seca y holgada. Necesitaba el botiquín del baño principal, necesitaba las pomadas contra las quemaduras en su habitación. También había que ir a buscar a un curandero que pudiera ayudarlo a curar lo que él no podía curar, pero no podía dejar el lado de Kaeya. 

Cuando bajó y comenzó a cambiar la ropa mojada por la seca se dio cuenta de que no sería capaz de hacer esto.

Debe arreglar su error, ayudar a Kaeya con sus heridas era lo menos que podía hacer, pero sus manos seguían temblando, el corazón le palpitaba a una velocidad horrible. Las lágrimas seguían en sus ojos y no importa lo mucho que intentaba quitarlas seguían volviendo.

Estaba hecho un desastre, secar el cuerpo mojado de su hermano fue más difícil de lo que debería. Si intentaba curar y cerrar las heridas que le había infringido puede que solo lo empeore. 

Él era tan inútil. No podía proteger a los que amaba y ahora también los lastimaba. Cuando intentaba reparar sus errores solo parecía empeorarlos. Porque no podía hacer nada de la manera correcta, nunca podía hacer nada solo, siempre Kaeya o papá o Adelinde debían venir a salvarlo de sus problemas.

Con un suspiro de realización detuvo su diatriba de auto desprecio y pensó:

Adelinde. Necesitaba a Adelinde.

“Kaeya, esperame un momento ¿está bien? Volveré pronto” Arropó con cuidado a su  hermano y antes de levantarse y correr hacia la puerta beso su frente. Como los que se solían dar de niños, cuando todo era mucho más simple y solo debian disculparse por robar la comida del otro. 

Limpió sus lágrimas cuando abrió la puerta, el cielo se había despejado y la lluvia se había detenido por completo. Parece haber una constelación nueva en el cielo, un nuevo montón de estrellas que no habían estado ahí antes. Respiro profundo y corrió.