Chapter Text
Las casas del personal se encontraban cerca, solo le tomó un minuto correr hacia la que pertenecía a Adelinde. La criada había sido lo más cercano a una figura materna en la vida de Diluc. Cuando papá estaba ocupado en el trabajo ella se encargaba de mantenerlos no solo cuidados, también felices.
Ella es la única persona a la que le confiaría su hermano, porque ni siquiera podía confiar en él cuando se trataba de Kaeya.
Apenas llego golpeo la puerta más fuerte de lo que debería, pero estaba sin aliento y aún aterrorizado de haber dejado a Kaeya solo.
Parecieron horas hasta que Adelinde abrió, en camisón y con los ojos rojos por el llanto.
“Maestro Diluc ¿qué ocurre? ¿Pasó algo?” Por un momento había olvidado que su padre había muerto hoy. Adelinde y él eran amigos cercanos, su relación iba más allá de solo criada y jefe. Ella debe estar de luto, llorando por un compañero perdido y estaba apunto de arruinar aún más su día.
“Adelinde, necesito tu ayuda” No se si fue el terror absoluto en su voz, pero ella no hizo ninguna pregunta antes ponerse un chal y salir rápidamente hacia la mansión.
“Dígame qué ocurrió maestro Diluc, está temblando” Lo estaba, de hecho. No cree que deje de hacerlo pronto.
“Yo, le hice daño” La culpa y las lágrimas querían desbordarse de nuevo.
“¿A quién?”
“A Kaeya” susurro, y como el cobarde que era solo acelero para abrir la puerta y dejarla pasar.
Ella lo miró con ojos preocupados antes de entrar rápidamente y acercarse al sofá donde se encontraba su hermano.
Adelinde se movía lentamente, analizando el cuerpo de su hermano que aun seguía cubierto por la manta. Ella solo podía ver que Kaeya temblaba y el peso del miedo y la anticipación crecía en su pecho.
La mirada en el rostro de Adelinde era como el de una madre esperando a que le dijeras la verdad, esperando que soltaras todo por ti mismo para después darte un castigo. Colocó una mano en la frente de Kaeya y la retiró inmediatamente.
“Está congelado, vaya a buscar más mantas maestro Diluc” Apenas la orden dejó sus labios, corrió a buscar las mantas de lana, y cuando bajó pudo ver la expresión de horror en la cara de la criada.
“Que...“ Tomó un profundo suspiro y se agacho frente a su hermano examinando la acumulación de heridas en su pecho. Me miro, triste y asustada “¿Que paso?”
“Yo...“ Desvió su visión a las mantas que llevaba en las manos. Su respiración se aceleró y las lágrimas se acumularon.
Patético, eres tan patético Diluc Ragnvindr.
“Yo, ataque a Kaeya. Lo lastimé. Yo...“ Apreto las mantas en sus manos como un salvavidas. ”Yo, sentí tanta ira que dejé de tener el control” Una mano invisible presionaba contra sus pulmones, las lágrimas siguieron su curso por sus mejillas y él no podía respirar.
“Maestro Diluc...“
“Adelinde, por favor” intentó avanzar pero solo logró derrumbarse frente ella. Los temblores hicieron que sus piernas se rindieran por completo. “Por Favor ayúdame a arreglar a Kaeya. Yo... No puedo. Solo lo haré peor, no quiero volver a lastimarlo” Llorar frente a alguien siempre ha sido vergonzoso para Diluc. Lo odiaba, lo hacía sentir débil y patético, pero ahora mismo no le preocupaba su orgullo, solo quería que Kaeya estuviera bien, y se sentía tan inutil por no poder lograr que sus manos dejaran de temblar y que las lágrimas simplemente dejarán de caer. La presencia de Adeline siempre ha logrado derrotar la fachada imponente de Diluc. Ella nunca se sintió amenazada por el estatus social, siempre dijo e hizo las cosas necesarias para cuidar a cada uno en la casa. Sacaba a papá de su oficina cuando consideraba que ya era muy tarde y regañaba a Diluc y Kaeya cuando eran imprudentes. Una más de la familia, alguien con quien Diluc sentía que no era necesario contenerse, así que ahora que se sentía tan culpable y aterrorizado, dejó salir todo frente a ella.
“Maestro Diluc, míreme” Manos gentiles se deslizaron por sus mejillas, Adelinde lo miraba con ojos tristes y preocupados. Contuvo un sollozo y la miró fijamente. “El maestro Kaeya nos necesita compuestos ¿está bien? Necesitamos ser fuertes y darle la ayuda que necesita ¿correcto?”
Asintió, ella comenzó a limpiar las lágrimas en su rostro.
“Necesito que vaya lo más rápido posible a la catedral, y consiga un sanador” Adelinde se alejó y tomó la manta de lana de sus manos. “Yo daré el máximo esfuerzo aquí y cuidaré al Maestro Kaeya.” Colocó la manta sobre su hermano evitando cubrir el abdomen. “Cuando vuelva y su hermano esté mejor, conversaremos ¿está bien?”
Asintió hasta marearse ,el cerebro le zumbaba por todo el llanto y le dolía la nariz, pero tener una tarea en la que concentrarse ayudó.
“Ire, volvere lo mas rapido posible” Se levantó, las piernas aún le temblaban pero tenía una misión ahora, una tarea importante, no iba a dejar que nada lo detuviera. “Por Favor” Respiró fuertemente y miro a su hermano inconsciente “Porfavor cuidalo”
“Lo haré Maestro Diluc, todo estará bien. El seguira aqui para cuando vuelva”
Salió corriendo de la bodega, tomó el primer caballo que encontró en el establo e hizo correr al animal lo más rápido que pudo. Cree que este ha sido el viaje más corto que alguna vez haya hecho. Los pulmones le ardían y su pecho quemaba por la anticipación. Estuvo cerca de caerse del caballo varias veces hasta que llegó a la ciudad.
Golpeó las puertas de la catedral con fuerza hasta que una de las monjas, increíblemente molesta, le abrió. Su molestia fue reemplazada por sorpresa cuando vio a Diluc en pánico en la puerta. “Señor Diluc, ¿a que se debe su visita?”
“Kaeya está herido. Necesito un sanador lo antes posible” El pánico en su voz fue suficiente para mover a la monja, que salió corriendo a la parte trasera de la iglesia buscando a alguien.
Esperó un momento en la puerta de la catedral. La piel le comenzaba a picar, ahí recordó que su ropa seguía mojada, el pánico le había hecho olvidar ese detalle. Debe verse patético.
Una monja regordeta y con cabello castaño caminó rápidamente por el pasillo de la catedral, una visión dendro colgaba de su cintura. “Un gusto señor Ragnvindr, mi nombre es Annelise. La hermana ya me ha informado de todo, sugiero partir de inmediato, la bodega queda lejos”.
El viaje de vuelta fue algo más lento pero lograron llegar en menos de media hora a la bodega.
Annelise no pidió permiso para entrar y se dirigió inmediatamente al cuerpo de su hermano.
Adelinde seguía arrodillada frente a Kaeya y le cedió espacio a la monja para que trabajara.
“¿Cuánto tiempo lleva dormido?” Pregunto.
Hizo las cuentas en su cerebro y contestó cerca de dos horas.
Examinó las heridas y quemaduras que Adelinde había limpiado y dio un sonido de satisfacción.”Las heridas están limpias pero aún hay riesgo de infección. Intentaré cerrarlas y sanar lo máximo posible con mi visión aunque quedarán cicatrices. Son demasiado graves para que desaparezcan por completo” Lo miró directamente mientras decía todo eso.
Ella sabía, no era un secreto que él tenía una visión Pyro. Debió haber reconocido las quemaduras y las heridas de claymore.
Cicatrices, Kaeya quedará con cicatrices. Había marcado de manera horrible a su hermano para siempre.
Kaeya no lo perdonaría jamás, no se merecía su perdón, ni ahora ni nunca. Si su hermano quisiera no volver a reconocerlo como familia no tendría ninguna razón para intentar convencerlo que se quedara.
Debería irse, ese era su plan de todas maneras, él era peligroso, siempre había sido propenso a las quemaduras gracias a la falta de control sobre sus emociones. Nunca había sido un problema más que para él, pero ahora lastimo a alguien. No cualquier persona lastimó a su hermano.
Saldría por la puerta en cuanto confirmara que Kaeya estaría bien, haría las maletas ahora, buscaría a los responsables de la muerte de su padre y de paso nunca volvería. El intento de asesinato en Motstand se castigaba con el exhilio, ¿porque él deberia ser diferente?, les ahorraria el juicio y solo se iria. Es lo mejor para todos y sobre todo para su hermano. Había visto el dolor en el rostro de Kaeya, no podía vivir viendo el miedo en los ojos de su hermano el resto de su vida.
“Tiene un golpe en la cabeza” La monja centró nuevamente su atención “Por eso no despierta” ¿Un golpe? ¿En la cabeza? ¿Fui yo?
“¿Estará bien?” Adelinde preguntó rápidamente.
“Estará bien, es feo pero la herida no está abierta, parece que se golpeó contra el suelo. Cuando despierte estará mareado y adolorido. Puede que vomite así que vigilenlo, no lo dejen solo” Comenzó a dar indicaciones que Adelinde rápidamente memorizo.
“¿No deberíamos despertarlo?”. Le preocupaba que aún no abriera los ojos, habían pasado casi dos horas desde que cayó inconsciente.
“Por el momento lo mejor será dejarlo descansar, la curación es un proceso incómodo y lo ideal sería evitarle dolor” Annelise comenzó a trabajar, las heridas pequeñas empezaron a cerrarse, un olor a menta fresca invadió la sala. Los cortes más grandes hechos por el filo de su claymore comenzaron a cerrar, dejando unas delgadas cicatrices a lo ancho de su abdomen, pero las quemaduras, esas no se estaban curando.
La monja soltó un suspiro decepcionado.”Es lo que me temía, no podré hacer mucho por las quemaduras”
“¿Por qué?”
Ella se giró para mirarlo sin expresión en su rostro, pero su mirada era suficiente para saber su desagrado. “Siguen impregnadas de energía pyro, este tipo de herida, hecha por visiones son más difíciles de sanar, sobretodo si son tan grandes y profundas como esta” Comenzó a limpiar el área con una infusión de hierbas y procedió a vendarlas “Esto es todo lo que puedo hacer, deben limpiarse de manera regular y dejaré una pomada que debe aplicarse cada vez que se cambien las vendas. Debemos hacer todo lo posible para evitar una infección ó solo se complicaran las cosas”
“¿Está diciendo, que deben sanar por sí solas?”
“Si, maestro Diluc, deben sanar por su cuenta. La pomada que traje no será suficiente, deberé volver a la Catedral y traer más”. Se levantó y sacudió el polvo de su ropa. Camino al bolso que había dejado sobre la mesa cercana y sacó 2 frascos de pomada. Miro a la nada un momento antes de decidirse de seguir hablando.
“Debo decirles, el proceso será largo debido a la gravedad de las heridas, deben ir cada semana a la catedral para vigilar de cerca la recuperación y la cicatrización.” Ella seguía dando indicaciones y yo solo quería vomitar. “Dejare una mezcla de hierbas, las quemaduras le darán fiebre. Si siguen las indicaciones que les dejare anotadas no debería empeorar, si ese fuera el caso, me llamarán de inmediato.” Cada palabra era un golpe en el esternón, el aire luchaba por entrar a sus pulmones.
“También deben saber que las quemaduras dejarán cicatrices, y no serán bonitas. Hay tratamientos en Liyue que pueden intentar cubrirlas un poco, pero no es nada que se pueda conversar ahora. El proceso de recuperación será largo, pueden ser meses o incluso años, hay que ser constantes con el tratamiento, ¿entendido?”
Ella siguió y siguió hablando, cosas que hacer, procedimientos que seguir, cuidados y consideraciones que tomar. Yo no pude seguir prestando atención, quería seguir escuchando, concentrarme en lo que debía hacer, pero todo se desdibuja en su mente cuando veía las vendas que cubrían el abdomen de Kaeya.
Debajo, había dos horribles y largas quemaduras, que partían desde la cadera y terminaban por debajo de su pecho. Demorarian en sanar. Causarian un horrible dolor a su hermano aparte de que sus cicatrices nunca desaparecerian por completo. Había marcado a su hermano de la forma más horrible.
La bilis amenazaba con salir, pero se lo trago todo, la culpa, la increíble angustia y tristeza, el innegable miedo que sentía al pensar en la reacción de Kaeya. Necesitaba concentrarse, Annelise seguía hablando, debía concentrarse, tenía que hacerlo.
La monja se fue una hora después. Volvería por la tarde con más pomada y hierbas que necesitarian hasta la próxima visita a la catedral.
El silencio reinó en la casa apenas se cerró la puerta.
“Vamos maestro Diluc, llevemos al maestro Kaeya a su habitación” Solo asintió, su mente aún zumbaba por las emociones.
Tomó a Kaeya lo más suavemente que pudo y subió con él a su habitación, lo dejaron sobre la cama y cerraron las cortinas. “No debería faltar mucho para que despierte. Maestro Diluc venga conmigo, tomemos un té”
Un escalofrío subió por su espalda, sentía que caminaba hacia la guillotina. Se sentó en el comedor, y espero que Adelinde terminara de servir el té, era el más amargo, el que apenas podía tragar. Adelinde solo lo servía cuando estaba enojada.
Ella lo miraba, mientras tomaba su taza como si no fuera la cosa más desagradable que había en la casa. Parecía esperar que comenzara a explicar que paso, pero no sabia como seguir sin delatar a Kaeya. No iba a romper su confianza diciendo su secreto, no podía fallarle otra vez.
“Maestro Diluc”
“Si” Le gustaría decir que no saltó ante su tono, serio. Como cuando Kaeya y él rompieron dos ventanas del segundo piso mientras jugaban. Totalmente aterrador, uno solo podía callarse y esperar su sentencia.
Ella lo miró con el ceño fruncido hasta que soltó un suspiro y su rostro se arrugó con tristeza. “Sé que la partida del Maestro Crepus ha sido dura. Pero no hay excusas para dañar a tu hermano de esta manera” Solo pude asentir.
“No estoy en el lugar para pedir explicaciones, y se que usted ya debe sentirse lo suficientemente mal por todo lo que paso” Se acomodo en la silla y dejó su taza sobre la mesa “Pero espero pueda jurarme, que esto no se volverá repetir. Que nunca mas, volvera a levantar una arma contra su hermano”
“Yo...” Trago el peso en su pecho y respiró hondo “Yo nunca... No podría... No otra vez, me mataría pasar por esto otra vez” Las lágrimas se acumularon en sus ojos pero no las dejaría caer. “Adelinde, Kaeya va a odiarme”
“No veo eso probable Maestro Diluc”
“¿Cómo no lo haría?, lo marque de por vida. Traicione su confianza" Su respiración se volvía cada vez mas rapida, pero aun no dejaba que las lágrimas cayeran. “Adelinde debería irme”
“No” Respondió con firmeza
“Si Kaeya no me quiere cerca no podría quedarme”
“Ni siquiera ha hablado con el Maestro Kaeya” Adelinde comenzaba a enojarse, podía verlo en la forma en que sus hombros se tensaron.
Pero siguió hablando, ella tenía que entender que todo sería mejor si él solo se fuera. Kaeya tendría una recuperación tranquila y él quedaría tranquilo sabiendo que hizo algo por papá.
“Yo quiero ir y buscar a los que le dieron el engaño a papá. Eso es lo mejor, para Kaeya y para padre”
“Maestro Diluc. Basta”
“Él vino a mi, me contó algo muy importante, confío en mí y casi lo mato” ¡Como no podía entenderlo! Cómo podía pensar que Kaeya va a querer tenerlo cerca ”Él va a odiarme” Y el problema estaba ahí. La sola idea de ver el odio en los ojos de su hermano terminaria de romper su corazón. Aún no podía olvidar el miedo, el dolor y después la resignación en su rostro.
Él esperaba que Diluc lo matara, desconfío en él lo suficiente como para esperar que Diluc lo matara y lo peor de todo es que él lo hubiera hecho. ¿Qué hubiera pasado si la visión no aparecía? El poder cryo fue lo único que detuvo a su claymore de golpear a su hermano.
Puso toda su fuerza y rabia en esa embestida, sabe el alcance de su poder. Ese golpe, hubiera matado a Kaeya, no tenía dudas de eso. Y el solo pensamiento de que la vida de su hermano fue salvada por los mismos dioses que había repudiado solo unas horas antes hizo caer las lágrimas que había acumulado. “¿Cómo no va hacerlo? Lo mejor es que me vaya y ahorrarle el disgusto”.
Adelinde se quedó callada, yo no podía levantar la vista, las lágrimas caían y caían y yo lo odiaba porque parece que hoy no podía hacer nada más que llorar.
“Si quiere huir, bien, pero primero, debe disculparse con su hermano”
Si una disculpa fuera tan simple. Pero lo es, siempre fue simple con Kaeya.
“¿Crees que una disculpa arregle esto? ¿Lo que hice?”
“¿Y cree que huir arreglara algo? ¿Traerá a su padre de vuelta? ¿Sanará las heridas de su hermano?. Si quiere ayudar en algo entonces quédese y ayude en la recuperación del maestro Kaeya, eso es lo único de lo que debe preocuparse”
Eso es mentira, mató a su padre. Le debe por lo menos justicia.
“Yo debo...”
“No, no lo hace. El maestro Crepus sabía de los riesgos cuando obtuvo esa cosa”. Adelinde se levantó de su asiento y comenzó a recoger la vajilla “No es su deber tomar venganza por las decisiones de otros. Él no querría que usted viaje de nacion en nacion, exponiéndose a peligros para buscar un responsable que no sabe si encontrará. Él aceptó el riesgo por usted, por los dos, por Mondstadt. Si muriera o se lastimara exigiendo justicia por su sacrificio, todo habrá sido en vano”
Lo fue, su sacrificio no valió nada. Las lágrimas parecieron evaporarse, una rabia débil calentó su cuerpo. Los caballeros, corruptos y tan inclinados a la opinión pública disfrazaron la muerte de su padre.
“¡Fue en vano! Los caballeros... !Los caballeros lo encubrieron todo!”
“Usted está bien, su hermano y la gente que los seguía están bien. !¿Cómo puede decir que su sacrificio fue en vano?! ¡A él nunca le importó el reconocimiento! ¡Él nunca quiso alabanzas! ¡Él solo quería protegerlos!”
La respiración de Adelinde era agitada, había terminado de enojarla y por un momento le dio miedo volver abrir la boca.
Ella tomó su silencio como una aprobación para continuar.
“Si tanto le duele la falta de reconocimiento a su padre, entonces haga algo al respecto. Pero si quiere lograr un cambio en ese lugar, sólo puede hacerlo desde aquí”.
Se quedó en silencio, digiriendo todo lo que le dijo. Ella mantuvo su mirada fija en él hasta que su rostro pasó del enojo a la tristeza otra vez.
Recogió la bandeja con la vajilla usada “No puedo decirle que hacer Maestro Diluc, solo soy la ama de llaves y ya he transgredido mis deberes diciéndole todo esto. Pero ahora no puede seguir actuando como un niño, usted es el nuevo señor de la casa. Tiene un hermano que cuidar y un legado que proteger. ¿Entiende?”
Entendía, le dolía no hacer nada pero entendía. No podía solo correr a perseguir ideales, eso no era bueno para nadie, solo para su ego.
“Si, yo...” Respiro hondo , limpie el resto de las lágrimas en mis ojos “Lo entiendo.”
“Bien, ahora, termine su té y sube con él Maestro Kaeya. Conociendolo odiara despertar solo”
Ella se retiró a la cocina y él solo pudo mirar la taza sobre la mesa. El turbio color del agua le causaba rechazo, pero levantó la taza y se lo tomó todo de una vez.
Subió lentamente las escaleras, rezando que su hermano no estuviera despierto porque aun no podía enfrentar la conversación que seguiría.
Él seguía ahí, exactamente igual a como lo dejaron. La pijama abierta para no rozar su abdomen, la vendas cubriéndolo. Dormido, ignorando todo lo que había pasado.
Solo pasaron 3 horas desde su pelea. Era muy poco tiempo, pero ya tanto se había roto. Tomó aire, se sentó junto a la cama y con vacilación puso la palma sobre su frente. El estado de congelamiento que lo asaltó había pasado, pero la temperatura de su cuerpo parecía solo ir aumentando.
Esperaba que Adelinde ya estuviera preparando la medicina para la fiebre porque la iban a necesitar.
Se vio haciendo planes de cambiar las vendas porque ya veía líquido de las ampollas filtrándose por la tela, pero se detuvo. No quería pensar demasiado a futuro por si Kaeya decidía que no lo quería cerca.
Le había prometido a Adelinde no irse, pero si su hermano no lo quería cerca, él tomaria sus cosas y se largaría a otra parte donde no molestara. No quería que Kaeya tuviera que decidir sobre si quedarse o no en la bodega.
Pero por mientras, se encargará de cuidarlo, así que se quedó a su lado lo que pareció una eternidad. Con la incertidumbre causando estragos en su estómago y el sudor cayendo a raudales por su cuerpo. Viendo el subir y bajar de su pecho esperando que pronto abriera los ojos y al mismo tiempo aterrorizado por la idea.
Concentró su atención en la herida sobre el ojo de Kaeya, aun cuando siempre estaba cubierta, el área tenía un bronceado prolijo como el resto de su rostro. El corte comenzaba en su mejilla y terminaba en su ceja. Recordaba haber visto el ojo opaco y blanco y no pensar en nada más que en lo bonito que era. Debio doler mucho, llegó así y era solo un niño.
Un niño pequeño, desnutrido y estaba tan asustado. Ahora recuerda lo fácil que era lograr que se estremeciera. Levantar la mano, los movimientos bruscos, los sonidos repentinos y fuertes dejaban a su hermano en un estado horrible, pero nunca se movía o lloraba, solo se quedaba quieto, resignado a un castigo que no merecía. Costo tanto que se relajara y aceptara que nada iba a dañarlo jamás. Pensar que había arruinado eso le rompió el corazón.
Su hermanito pequeño había sufrido tanto y eso era tan injusto.
Tomó la mano de su hermano y se aferró a ella fuertemente. Si Kaeya lo permitía no la volvería a soltar.
Fue mientras tenía su mano sostenida con fuerza que sintió el movimiento. Le devolvieron el apretón y su corazón latió aterrorizado ante la idea de levantar la cabeza y enfrentar a Kaeya, que con un quejido se despertó.
Finalmente miró a su hermano, que parpadeo perezosamente hacia el techo y se estremeció cuando respiró demasiado profundo. No parecía asimilar que Diluc estaba a su lado y sostenía su mano.
No se atrevió a soltar ningún sonido, respirando lentamente y completamente paralizado.
Kaeya giró por fin su cabeza y Diluc se vio observado por un ojo lila y uno blanco aún nublados por el sueño.
“Luc” La voz sonaba apagada y débil, tan diferente a la usual alegría con que solía llamarlo.
No llores ahora Diluc, no puedes seguir llorando.
Pero su voz sonó tan rota cuando le respondió con su apodo de la infancia. “Kae”
Apretó su mano y se preparó para lo que fuera que viniera. “¿Cómo te sientes?”
“Yo… Duele…” Débil, sonaba tan débil. Diluc solo quería volver a llorar.
“Lo sé, lo sé. No te muevas mucho esta bien?”
Kaeya se quedó mirando su rostro cuando su pupila se desperezó por completo. Pareció haberse encendido algo en él y Diluc fue testigo cuando la expresión de su hermano pasó a la absoluta resignación.
“Ah… ya recuerdo que ocurrió” Comenzó a deslizar su mano de la mía, pero antes de que se separaran por completo el la volvió a apretar con la suficiente fuerza para detener su avance.
“Diluc… ¿Porque…?” Se obligó a no desviar la mirada, Kaeya le preguntaría por qué Diluc seguía ahí, como siquiera se atrevía a estar a su lado, siquiera suponer que quería tenerlo cerca.
Pero lo que le siguió fue peor, mucho peor. “¿Por qué estoy aquí Maestro Diluc?”
No había podido asimilar la declaración por completo cuando pregunto “En dónde más podrías estar?”
Kaeya había cambiado su expresión a una completamente neutral deslizando una sonrisa encantadora y alzando ligeramente la cabeza, el espectáculo que montaba cuando quería verse despreocupado e indiferente. Una posición que tomaba hacia los extraños. Verla dirigida a él fue otro golpe directo al estómago que lo tenso por completo.
En medio de su entumecimiento, Kaeya soltó su mano y aun cuando obviamente el solo movimiento se veía doloroso, se sentó contra la cabecera de la cama, pareciendo compuesto, como si solo estuviera asistiendo a una consulta mensual con el doctor.
Con esa horrible sonrisa le volvió a preguntar “Maestro Diluc, ¿por qué sigo aquí?”
Las lágrimas volvieron a su ojos rápidamente, el uso del título en la boca de su hermano se sentía tan mal. Sin saber donde poner sus manos apretó fuertemente sus puños, las uñas se clavaban dolorosamente pero no importaba. ¿Su hermano lo odiaba verdad?
La respiración de Diluc se volvió pesada y rápida, no dejaría caer las lágrimas que ya se habían acumulado en sus ojos y dijo la verdad.
“Porque esta es tu casa”.
“Yo no tengo casa” Salió como si realmente lo creyera. Como si el no pertenecer a ningún lugar no fuera más que una verdad absoluta. Tal y como Diluc le había gritado hace solo unas horas.
“Si, si la tienes” Sono mas roto de lo que hubiera querido pero necesitaba que Kaeya entendiera que si él quería, podía quedarse en la bodega para siempre. “Esta es tu casa, siempre lo ha sido y siempre lo será”.
Soltó un bufido, y después se rió. Diluc comenzó a sentir frío. “Maestro Diluc parece haber olvidado todo lo que le dije ¿verdad? Si quiere puedo repetirlo”
“No”
“Entonces porque aún mantiene un traidor en su hogar Capitan?”
“Tu no eres…” Inhalo fuertemente “Tu no eres un traidor, no has hecho nada para hacerme dudar de ti”
“Te menti a ti y a pa- al maestro Crepus durante años. Me dejaron aquí justamente cerca de tu familia para que me infiltrara en la red comercial de Teyvat. Querían tenerme cerca de los caballeros para facilitarles información de la ciudad. Me dejaron aquí para ayudarlos a destruir Mondstadt” El tono de Kaeya iba en aumento, intentando que entendiera. Podía ver sangre filtrarse por sus vendas. Pero Diluc no se movio, solo siguio escuchando, como debio haber hecho desde el principio. “Soy una amenaza, para ti, para la bodega, para la ciudad. ¿Como no lo entiendes?” Movía los brazos para darle fuerza a cada afirmación que decía, debe dolerle pero parecía determinado a hacerlo entender. “¿Porque aun no te has deshecho de mí?”
La compostura de Kaeya parecía haberse roto y respiraba agitadamente “Soy una farza Diluc. ¿Por qué no me crees? ¿Por qué no entiendes?”
Dejó pasar unos segundos, para que su hermano respirara y Diluc pudiera asimilar la información nueva. Y decidió que realmente nada de eso importaba. Kaeya parecía genuinamente perturbado por todo esto, y él no podía hacerse el ciego hacia lo leal que era su hermano a la ciudad. Olvidar el amor con que siempre trataba a Adelinde, a papá y a cada ciudadano que vivía aquí.
Ayudaba y escuchaba a los ancianos, jugaba con los niños, enseñaba a los nuevos reclutas y entrenaba a los que se preparaban para los exámenes de admisión al ordo.
Kaeya amaba este lugar, a su gente. Aun cuando no debía, cuando sabía que todo podía acabar en cualquier momento, se dedicó en cuerpo y en alma a Mondstadt.
Él sabía ver la verdad en los ojos de su hermano, sus antecedentes no cambiaron nada, seguía siendo el mismo niño demasiado inteligente y molesto de siempre que Diluc aprendió a querer y convirtió en su familia. Esta actuación ni siquiera es de las mejores que ha dado, se está desmoronando poco a poco. Antes durante su pelea parecía empeñado en hacerlo entender que no era una amenaza. ¿Por qué eso cambio?, ¿Por qué quería parecer el villano ahora? Por alguna razón intenta hacerlo enojar, actuando indiferente y despreocupado soltando y soltando razones por las que él no debería dejarlo quedarse.
El problema en su plan es que Diluc estaba cansado de estar enojado.
“Kaeya, acuestate ¿si? Estas sangrando otra vez”
“¿Qué?” Él parecía genuinamente sorprendido, y eso fue al mismo tiempo gratificante como doloroso.
“Puedes seguir hablando, escucharé todo lo que tengas que decir, pero por favor acuéstate” Puso la mano en la espalda de su hermano y lo recosto sobre el colchón.
“Maestro Diluc creo que no estas entendiendo lo magnitud de la situación”
“Quieres que me enoje, no lo vas a lograr”
“Creo haberlo logrado bastante bien hace rato, ¿no? Después de que el maestro Crepus-”
“No lo vuelvas a llamar así. El era tu padre tanto como lo era mío.” Volvió a tomar su mano y la apretó fuertemente. “Y no importa lo que me digas, te conozco desde hace años y se cuando estas mintiendo, no se si lo notas pero te tiembla el ojo derecho cuando lo haces.”
Kaeya cubrió su ojo derecho con su mano libre, recién notando que no traía su parche puesto.
“Y a no ser que quieras, nunca dejarás este lugar”. Lo miro a los ojos y puso toda la sinceridad posible en las siguientes palabras mientras mantenía su ceño fruncido.”Porque aqui es tu casa, y siempre lo será”
La sonrisa en el rostro de Kaeya se desvaneció por completo, el silencio se prolongó. Kaeya lo miró fijamente a los ojos intentando encontrar algo, alguna abertura, algo, cualquiera cosa que le diera una oportunidad de que esta noche terminara de la manera que la había planeado cuando fue y le dijo a Diluc, pero no había nada, solo una intensidad familiar en los ojos de su hermano y la habitual terquedad, asi que se rindió, habia perdido esta batalla. Cuando Kaeya volvió a abrir la boca fue para disculparse.
”Lo siento”
“No necesitas disculparte” La conexión entre sus manos lo ayudó a mantenerlo a flote “No dañaste a ninguno de nosotros jamás. Soy yo quien traicionó tu confianza y debe disculparse”.
“Diluc…”
“Porfavor, si no quieres tenerme cerca lo entendere pero porfavor, deja de creer que algo de esto fue tu culpa”.
Hubo un silencio largo, Kaeya lo miraba mientras sus ojos se volvían más y más brillantes.
“Yo sabía…” Susurró. Intento soltar la mano de Diluc pero no lo dejaría hacerlo. Sentía que si lo soltaba entonces se hundiría en la culpa y las lágrimas que con poco éxito lograba contener caerían.
“¿Qué?”
“Yo sabía que estarías enojado. Por eso lo dije en ese momento. Yo contaba con eso, se suponía que tu…” Cada vez que hablaba lo hacía más fuerte. El puñetazo en el estómago de Diluc solo dolía más. Porque su hermano no podía estar hablando enserio verdad? No podía referirse a eso. Diluc debe estar entendiendo mal.
“Que yo… Que yo que Kaeya, ¿que querías que hiciera?” Porfavor, porfavor no me dejes tener razón.
Kaeya se calló y desvió la mirada. “Perdón”
“¿Tu? ¡no! ¿Por qué?” Inevitablemente levantó la voz más de lo que debería y se detuvo en cuanto vio a Kaeya encogerse. Su hermano quería que él lo lastimara, su hermano quería que Diluc lo hiriera, no solo eso, Kaeya quería que Diluc lo matara.
“Se supone que me odias, contaba con que me odiaras. Yo… estaba cansado” Diluc no sabía si Kaeya lo hacía de manera inconsciente, pero con cada minuto que pasaba él apretaba más y más sus manos juntas “Diluc, se supones que debes odiarme”. Y lo dijo como si fuera una verdad absoluta, como si esa era la única realidad que estuviera dispuesta a aceptar, como si Diluc tiraría sus años como familia a la basura y sólo desecharía a Kaeya de su vida como si fuera un error.
“No soy nada más que un estorbo en este punto. No le sirvo a mi tierra natal, no sirvo aquí, no soy más que un problema” Su hermano volvió a mirarlo pero con una sonrisa temblorosa en su rostro.
“Kaeya, no eres un estorbo y nunca podría odiarte, puedo estar enojado contigo, pero nunca odiarte. Si te hubiera matado, cargaría con eso el resto de mi vida”. Se concentró con intensidad en los ojos de Kaeya, porque él tenía que entender esto “Te amo. Y no importa lo que ocurra, nada nunca podrá cambiar eso. Eres todo lo que me queda Kae, no podría soportar perderte”
Kaeya soltó un sollozo, su rostro se arrugó con dolor y las lágrimas explotaron de sus ojos como si las hubiera contenido por años. Con cuidado, Diluc se recostó a su lado y lo abrazó teniendo precaución con sus heridas.
Oculto su cabeza en el cuello de Kaeya y dejó que su hermano se desahogara.
“Lo siento, no pense en tí, fui un idiota, lo siento” Solto su hermanito entre sollozos.
“Los dos actuamos como idiotas, los dos lo arruinamos, perdón” en la opinión de Diluc su hermano no había tenido culpa alguna. Tal vez decirle su secreto en este momento fue malo. Pero él quería que Diluc lo matará, dudaba lo suficiente en él como para pensar que Diluc lo mataría. Y casi lo había hecho. Que su hermanito esperara que lo matara, cuando le confió su secreto significaba que Diluc le había fallado mucho antes de esta noche.
Kaeya no es responsable de cómo Diluc decida reaccionar, no debió cumplir con las expectativas de su hermano, no a estas.
“Aun creo que deberías sacarme de aquí” Por impulso solo quería responder que no, pero no era su elección. Así que como debió haber hecho desde el principio, decidió que lo mejor sería solo preguntarle y escuchar a Kaeya. Aceptaría lo quisiera decirle, no importa lo mucho que le doliera.
“¿Quieres irte?”
“No” Susurro inseguro. Como si hubiera siquiera una realidad donde él pudiera expulsar a su hermano de su casa.
“Entonces te quedaras. A no ser que no me quieras tener cerca”
“No quiero que te vayas, no quiero que me dejes, pero Diluc. Te menti a ti y a papá, por años no les dije porque me dejaron acá”.
“Tenías buenas razones, estabas asustado. Cargaste con mucho por demasiado tiempo. Tú solo. No es justo. Lamento en serio, si en algún momento te hice creer que no te seguiría amando si nos decías”
“Que pasa si mi padre regresa y me usa para lastimarlos? ¿Qué se supone que debo hacer?”
“Si eso pasa, me quedaré contigo” Susurro contra el cabello de su hermano “Lo arreglaremos juntos, ellos no te obligaran a hacer nada que no quieras, no mientras esté a tu lado”
Las lágrimas de Kaeya seguían cayendo humedeciendo su hombro, no parecía que se detendrían pronto, soltó un suspiro tembloroso contra su cuello y lo acercó todo lo que pudo. Su hermanito siguió hablando “yo... perdón... lo siento. Te hice sufrir de más, se supone que no debías sufrir de más”.
“Lo lamento, lamento tanto. Actue como un idiota y te hice año” puso sus manos en las mejillas de su hermano, quería mirarlo a los ojos. El blanco opaco del ojo derecho de Kaeya estaba húmedo por las lágrimas, limpio las que pudo con los pulgares.
“No importa, no importa” Kae respondió sacudiendo la cabeza.
“¿Cómo no va a importar?" siguió limpiando las lágrimas que caían "Te queme, te quedaran cicatrices y la recuperacion sera horrible”
Kaeya negó y ocultó su cara en la palma de su mano. “Yo también te hice daño"
Diluc lo miro por unos segundos de silencio y solo pudo soltar una pequeña carcajada ante lo terco que eran los dos “Creo que no llegaremos a nada asi, solo seguimos culpandonos”
Asintió y me miró a los ojos "entonces dejalo asi, está bien, Solo abrazame otra vez”
"Esta bien, lo haré, pero tenemos que cambiarte las vendas primero"
"Después" Kaeya ocultó la cabeza en su cuello, se acurruco ahí y no parecía querer salir.
“Hazme caso en esto. Si Adelinde entra y las ve nos castigara a los dos”
Eso pareció hacer reír a su hermano “No queremos que se enoje ¿verdad?”
“Ya está bastante molesta, no lo hagamos peor. Vamos, suéltame, iré por vendas”
Kaeya se quedó unos momentos más en su cuello y se rehusó a soltarlo hasta que después de un suspiro lo miró a los ojos, en ellos había una nueva chispa. Un peso de años por fin lo había abandonado y se sentía más libre que nunca, inmensamente feliz solo quería decirle una cosa a Diluc “Te amo. Gracias por quedarte conmigo”
Diluc lo miro y unas pequeñas lágrimas de alivio y felicidad abandonaron sus ojos “Te amo, gracias por dejarme ser tu familia”.
La luz del amanecer se asomaba por detrás de las cortinas. La luz cálida iluminaba cada centímetro de la bodega, y la actividad comenzaba a fluir en el viñedo. El futuro parecía incierto, el antiguo amo se había ido y los jóvenes maestros debían enfrentar lo que viniera solos, pero todos en la bodega tenían claro una cosa. Que no importa lo que deparará el futuro, Diluc y Kaeya lo enfrentarían juntos, porque eran familia, y se amaban. Y en momentos como este, cuando la tragedia golpea, eso era suficiente.
