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Shinobu despertó sintiéndose un poco gruñona, como de costumbre, pero al ver su teléfono no pudo reprimir del todo un respingo: se había quedado dormida. Debía levantarse rápido y dirigirse a la casa de Mitsuri antes de que sus padres llamaran.
No obstante, al ver su mano, recordó que eso ya no era necesario, podía quedarse en cama todo el día si quería… aun así, tampoco podía hacer eso, tenía mucho trabajo que hacer, por lo que decidió levantarse.
Sin embargo, antes de que pudiese ponerse en pie, un brazo la aferró por la cintura.
Shinobu volteó para mirar los anhelantes ojos, tan azules como el océano, deseando que se quedara un poco más. No pudo reprimir la sonrisa al comprender que él también acababa de despertar y había olvidado que ya no tendría que mirarla de esa manera nunca más.
— No te preocupes, Giyuu-san, solo iré a preparar el desayuno. – le susurró antes de inclinarse para depositar un inocente beso sobre sus labios.
Giyuu abrió ligeramente los ojos. No le sorprendía el beso, ni siquiera el recordar porqué ella podía tomarse ese tiempo, sino el hecho de que no estuviera molesta. En el segundo en que su cerebro se ubicó en el presente, pensó que ella se molestaría por olvidar que estaban casados.
No obstante, el shock no le duró demasiado. Tardó apenas un momento en atraerla para devolverle el beso. Era demasiado agradable hacerlo sin culpa, sin temor y sin prisa. La espera hasta la graduación había sido demasiado larga pero había valido la pena.
— Yo puedo hacer eso, tú duerme un poco más. – se ofreció, sabiendo que ella prefería dormir cuanto podía por las mañanas. Pero Shinobu negó con la cabeza.
— Aun hay mucho trabajo que hacer y debemos terminar hoy.
— Entonces te ayudaré.
Era la primera vez que preparaban un desayuno juntos y la experiencia era agradablemente caótica cuando intentaban preparar la comida mientras Giyuu distraía a Shinobu con besos en el cuello y ella encontraba cualquier excusa para tocarlo.
Lo mejor era cuando sentían el tacto de la alianza en la mano del otro.
Hasta hacía muy poco tiempo, Shinobu era estudiante de Giyuu, por lo que esa intimidad estaba más que prohibida. Y aunque habían tenido el valor de desafiar las reglas al ella quedarse a dormir en su apartamento varias veces, a la mañana siguiente siempre tenían que correr para dejar a la chica en la casa de su mejor amiga, pues sus padres sin falta pedirían hablar con ella para cerciorarse de que su hija estaba donde había dicho. Por lo tanto, apenas tenían tiempo de despedirse, y a decir verdad no les dejaba una sensación muy agradable, por mucho que fueran a verse un par de horas después en la escuela.
A veces la necesidad de estar juntos era tan abrumadora que les parecía estar compensando el tiempo perdido en más de una vida. Por lo tanto, el poder tomárselo con calma por la mañana, pese a que la idea inicial era darse prisa, suponía un alivio indescriptible.
Decidieron terminar con su coqueteo cuando se hizo evidente que podían causar un accidente, por lo que terminaron de cocinar entre sonrisas y risas mal contenidas.
— Llevo mucho tiempo soñando con un momento así. – confesó Giyuu en medio del desayuno, causando que Shinobu ensanchara su sonrisa.
— Ara~ que pensamiento tan inapropiado, sensei~ – canturreó ella con descarado placer. Giyuu frunció el ceño como solía hacerlo cuando ella trataba de convencerlo de hacer algo fuera de los límites de su relación de maestro y alumna.
— Ya no eres mi estudiante, así que puedo tener todos los pensamientos inapropiados que quiera. – respondió con fingida seriedad.
— Eso te hace sonar más como un pervertido. – rio Shinobu mientras se acercaba a él – ¿Dónde está el demonio de la disciplina que aterroriza a todos en la escuela?
— A ti nunca logré ni disciplinarte ni aterrorizarte. – respondió Giyuu antes de corresponder el beso que su ahora esposa le daba.
Shinobu no se separó para replicar nada, en cambio soltó una risita satisfecha contra sus labios. No obstante, cuando el beso empezó a amenazar con subir la temperatura del apartamento decidieron que era mejor poner distancia. Aunque sería una distracción más que bienvenida, debían terminar sus pendientes.
— Me encargaré de tu habitación. – anunció Shinobu como una niña que se disponía de manera descarada a hacer una travesura.
— ¿Porqué? – a Giyuu le pareció un poco extraño.
— ¿No lo adivinas? Hace mucho que quiero descubrir todos los secretos que escondes de mí, y finalmente tengo tiempo para hacerlo.
— Si te quedas curioseando cada cosa que encuentres no terminaremos nunca. – le advirtió Giyuu al tiempo que negaba con la cabeza luciendo una discreta sonrisa.
— Entonces meteré una caja aparte todas las cosas que quiera curiosear para hacerlo con calma después~ – canturreó Shinobu mientras se dirigía a la habitación con expresión risueña.
Una vez más, Giyuu negó con la cabeza sin dejar de sonreír.
Mientras lavaba, secaba y empacaba la vajilla que habían usado, recordó lo nervioso que había estado la primera vez que ella entró a su habitación. Shinobu había terminado en su apartamento de la manera más cliché: buscando refugio para protegerse de una lluvia torrencial que parecía más un tifón. Estaba empapada de la cabeza a los pies, lo cual le daba el aspecto de un gatito adorable y necesitado. En ese entonces Giyuu ya era consciente de los sentimientos que ella le había despertado y luchaba por resistirse a ellos, pero eso no evitó que le preocupara la posibilidad de que pescara un resfriado, por lo que no solo le dio refugio, sino que además la invitó a utilizar el baño de su habitación, le prestó algunas de sus ropas y le preparó comida caliente.
Solo cuando escuchó la puerta de su habitación cerrarse cayó en cuenta de su situación. Por supuesto, en ese entonces no tenía nada que ocultar, pero eso no evitó que se sintiese como un adolescente que recibía a su novia en casa por primera vez. Tal pensamiento casi ocasionó que se cortase un dedo.
Era de suponer que Shinobu tardó solo un par de minutos en cambiarse -viéndolo en retrospectiva, era probable que estuviera tan nerviosa como él- pero le pareció una eternidad y la ansiedad de pensar qué podría haber visto o pensado fue tanta que se sintió incapaz de probar bocado y lo llevó a excusarse, dejándola comer sola.
Realmente, era increíble que Shinobu hubiese aceptado ser esposa de alguien tan torpe como él.
Mientras reflexionaba sobre las miles de razones que podrían haber llevado a Shinobu a no aceptar su propuesta, o declarársele en primer lugar —un mal hábito que había adquirido durante el tiempo en que trató de convencerse de que era imposible que llegara a entablar una relación con ella—, su mirada cayó sobre las maletas que yacían amontonadas en una esquina de la sala.
Su ahora esposa había decidido ahorrarse el trabajo de deshacer siquiera una sola maleta y se limitaba a sacar la muda de ropa que ocuparía en el día, dejando un mini desorden que había persistido los dos días que llevaba en su casa. Giyuu pensó que era adorable descubrir ese lado infantil de ella que contrastaba con la impecabilidad con que la había visto manejarse en la escuela, pero de igual manera decidió poner un alto a la situación. Después de todo, el plan era terminar de empacar todo ese mismo día.
Y mientras ordenada la ropa que se había desacomodado, un papel se deslizó fuera de la maleta.
Giyuu lo tomó con la intención de devolverlo a su sitio cuando una súbita curiosidad se apoderó de él. Debatió consigo mismo sobre qué tan correcto era husmear en la privacidad de Shinobu aunque ya estuviesen casados… pero recordó que en ese preciso momento ella estaba haciendo lo mismo, así que sus reservas desaparecieron y abrió lo que parecía ser una carta.
Querido Tomioka-sensei Tomioka-san Tomioka Giyuu-san.
El motivo de esta carta
Te preguntarás el porqué de
Iré directo al grano: te amo y aunque sé que me ves como una niña, estos son mis sentimientos hacia ti.
Ahora, antes de que me rechaces
Con los ojos abiertos de par en par, Giyuu comprendió que estaba leyendo el ensayo de la confesión de Shinobu… que al parecer en un principio estaba planeada como un acercamiento más indirecto, a través de una carta.
En realidad, ella le había casi gritado a la cara sus sentimientos la noche de su décimo séptimo cumpleaños cuando la había acompañado a casa porque se había quedado hasta tarde ayudando en su club. En aquel momento le había parecido que la confesión había salido de la nada y que la forma agresiva de hablarle se debía a que sabía que se trataba de una batalla perdida —al menos hasta ese momento él había tenido la intención de que así fuera—.
Ahora, a la luz de ese borrador, comprendía que, si bien eso pudo haber sido parte de lo que Shinobu sentía en ese momento, al final se había confesado de esa manera porque su carácter impaciente —ese que mostraba ante muy pocas personas— había salido a la luz.
Giyuu no pudo evitar sonreír.
— ¿Sabes que sonreír mientras revisas el equipaje de una chica es de pervertidos?
Aún sin dejar de sonreír, Giyuu volteó para encontrar a Shinobu mirándolo con su típica expresión burlona en el rostro. No obstante, no se dejó amedrentar.
— Dudo que sea ilegal ser pervertido con mi propia esposa. – respondió ensanchando su sonrisa.
Apenas era el tercer día desde que podía llamarla “esposa” pero le encantaba tanto hacerlo que se preguntaba si un día se cansaría. Al menos la sonrisa tierna que ella ocultó rápidamente le indicaba que Shinobu compartía el mismo sentimiento.
La vio abrir la boca para replicar algo, pero antes de que pudiese hacerlo, Giyuu habló.
— Además, cualquiera sonreiría si encontrara algo como esto. – le mostró la carta que había encontrado y vio como el rostro de Shinobu palidecía dos segundos antes de enrojecer por completo.
— ¿¡P-porqué tenías que revisar mis cosas!? – protestó intentando arrebatarle el papel, pero Giyuu se levantó rápidamente y lo sostuvo en alto, muy lejos del alcance de su mano.
— Tú estabas haciendo lo mismo – replicó con simpleza. Shinobu hizo un puchero y trató de no saltar para alcanzar el papel. La sonrisa de Giyuu se amplió aún más antes de atraparla en sus brazos e inclinarse para mirarla directamente a los ojos – Realmente te esforzaste por mi ¿no? – dijo con una voz suave que distaba mucho del tono monótono por el que era conocido – Con esto creo que lo entiendo por completo. – cerró la corta distancia entre ellos para darle un beso dulce en los labios.
Pese que aún le avergonzaba que Giyuu descubriera el último sobreviviente de sus muchos ensayos de confesión, Shinobu no pudo resistirse a ese beso. Si bien todo de él le gustaba, cuando la besaba de esa manera tenía un efecto particular en ella. No solo por el hecho de que le encantaran los dulces, sino porque esa faceta tan tierna era una que Giyuu no le mostraría a nadie que no ocupara un lugar especial en su corazón.
Y aunque incluso sus rodillas amenazaron con flaquear a causa de la emoción que la embargaba, al sentir que el documento que había encontrado estaba a punto de deslizarse de su mano volvió a sus sentidos justo a tiempo para evitar quedarse embobada y abandonar el trabajo que tenían pendiente para dedicarse a disfrutar de su esposo.
Realmente la estaba corrompiendo si era capaz de volverla tan negligente.
Logró reprimir la sonrisa con la que hubiese querido corresponderle cuando él se apartó y fingió un puchero de molestia.
— Yo, en cambio, sigo sin comprenderte del todo, Giyuu-san. – dijo con un tono de voz lo suficientemente serio para provocar que él le dedicara una mirada confundida. Shinobu, a su vez, le mostró otro papel – ¿Por qué reescribiste esto?
Giyuu parpadeó varias veces mientras procesaba lo que ella había encontrado, luego desvió la mirada.
— …Tú me pediste que lo escribiera.
— Sí, pero solo era un seguro para mí. – respondió ella ocultando el temor que la había invadido de repente, el hecho de que él no la mirara significaba que no quería que se enterara de algo… y había un noventa por ciento de probabilidad de que se tratara de algo que no le gustaría – ¿Acaso escribiste la copia porque necesitabas… – vio a Giyuu tensarse, por lo que hizo una pequeña pausa para tomar valor – un recordatorio?
La realidad era que había ocasiones en las que Shinobu no podía evitar pensar que había forzado sus sentimientos en él. Lo había acosado y bulleado casi desde el primer momento en que su hermana se lo presentó. Había sido su forma de ocultar (expresar) su enamoramiento. Realmente, al mirar atrás se daba cuenta de que, incluso para tener trece años, había sido demasiado infantil. No era de extrañar que a Giyuu le hubiese costado tanto hacerse a la idea de que ya no era una niña.
Aun cuando se vio obligada a reprimirse cuando él dejó de ser estudiante y pasó a ser un profesor.
Por una parte, había sido positivo, porque la había llevado a comportarse de manera más madura y refinada —circunstancia que esperaba le hubiese ayudado a cambiar la imagen que Giyuu tenía de ella—. Pero por el otro lado, cuanto más intentaba contener sus sentimientos, la necesidad de expresarlos se hacía cada vez mayor.
Hasta llegar al punto en que no pudo más y se confesó en un arrebato de desesperación, volviendo a mostrar su lado infantil ante él. Ni siquiera había podido adoptar una actitud que pudiera considerarse “más femenina” en el momento.
La mirada sorprendida que Giyuu le había dedicado la hizo caer en cuenta de lo que había hecho y durante el largo silencio que siguió, preparó su corazón lo mejor que pudo para recibir el rechazo que reflejaba la profundidad de sus ojos.
No obstante, para su eterna sorpresa, cuando Giyuu empezó a enumerar los motivos por los que ella no debería estar enamorada de él, con la excepción de su relación de maestro y alumna, ninguno hacía referencia a su carácter infantil o a sus carencias, sino a los problemas a los que ella tendría que enfrentarse por estar a su lado. Ni siquiera mencionó que él sería quien pagaría las consecuencias si alguien llegara a enterarse de que mantenía una relación amorosa con una estudiante.
Cuando lo vio desviar la mirada y tomar aire supo que había llegado el momento y pensó que ni teniendo todo el tiempo del mundo estaría preparada nunca… pero él le pidió que esperara al menos hasta graduarse. Según Giyuu, para entonces habría tenido tiempo para plantearse mejor si quería tener una relación con él, y si ese era el caso, aceptaría sin dudar.
A decir verdad, el corazón de Shinobu se tambaleó confuso.
Por una parte, estaba feliz de no haber sido rechazada de tajo —peor conociendo el carácter brutalmente honesto de Giyuu—, pero no pudo evitar sentir que el tiempo para pensar no solo era para ella, sino también para él. En su infantil egoísmo y desesperación le pidió un capricho pequeño, legalmente insignificante, pero que fue lo único que evitó que se volviese loca cada vez que la inseguridad la atacaba.
— Entonces… escríbelo… ¡Hagamos un acuerdo! – había dicho en ese momento, sorprendiéndolo de nuevo – Escribe que ninguno de los dos saldrá con nadie y usará el año que falta para graduarme para pensar apropiadamente sobre esto.
— ¿Porqué? – la sorpresa tardó un tiempo en abandonar incluso la voz de Giyuu – ¿Por qué tú también tendrías prohibido salir con alguien?
— Porque sería injusto tenerte solo a ti atado, debo demostrar mi compromiso y seriedad ¿no? – en cambio, ella había logrado recobrar la compostura lo suficiente para sonreírle con confianza, como si estuviese ejecutando un plan fríamente calculado.
Shinobu sabía mejor que nadie el amable corazón que estaba oculto tras el exterior serio y estricto de Giyuu, así que había ocasiones como esa en las que no podía evitar preguntarse si se había aprovechado de esa amabilidad para forzarlo a cambiar sus sentimientos.
Era algo muy tonto seguir dudando cuando ya estaban casados, pero al recordar los sentimientos que la llevaron a pedirle que escribiese ese acuerdo hizo que la pregunta volviera a asaltar su mente.
El hecho de que Giyuu, igual que en aquella ocasión, siguiera sin mirarla al soltar un suspiro no ayudó demasiado, pero se esforzó por no dejar ver el miedo que la invadía.
— Más que un recordatorio, también era un seguro para mí. – igual que en aquella ocasión, sus palabras la tomaron por sorpresa – Supongo que lo más correcto sería decir que me daba fuerzas.
— ¿Fuerzas? – preguntó Shinobu, incapaz de disimular su confusión.
Giyuu asintió, luego pareció recordar algo.
— Cierto, no te lo he dicho apropiadamente porque fuiste la primera en confesarte y luego fui impaciente. – dijo, casi para sí mismo.
Y antes de que Shinobu pudiese volver a preguntar, Giyuu se hincó sobre una rodilla, igual que el día que le pidió matrimonio después de su primera cita oficial unos meses atrás.
— Shinobu, la verdad es que yo también te he amado durante mucho tiempo. – confesó tomándole las manos y mirándola a los ojos – No sé si a estas alturas sonará a excusa, pero la diferencia de edad siempre me hizo dudar si confesarte mis sentimientos sería aprovecharme de ti. Una de las razones por las que decidí convertirme en profesor fue para tener algún tipo de restricción, pero no podía evitar querer estar cerca de ti, por eso terminé aplicando a tu escuela. Verte ahí, donde definitivamente no podía acercarme a ti más de lo permisible para un profesor y una alumna, donde todos te admiraban por tu amabilidad, inteligencia y belleza, fue un placer y una tortura. Cuando me revelaste que era correspondido tuve que echar mano de todo mi autocontrol para no aceptar tu confesión de inmediato. Así que ver ese acuerdo me daba fuerzas cuando sentía que no podría resistir. Me hacía pensar que solo debía esperar un poco más, solo un poco más, y si tenía suerte, por fin podría estar contigo. – Giyuu acarició la alianza en la mano de Shinobu – Por eso estoy agradecido contigo, Shinobu. Hiciste realidad mi mayor sueño.
Sin querer, la mente de Shinobu intentó condensar una imagen del pasado con el presente. Sentía como si hubiera retrocedido en el tiempo, como si se encontrara en una discreta esquina del parque con las flores de cerezo cayendo como una suave brisa, Giyuu había estado ahí y la había tomado de las manos de la misma manera.
Pero en esa ocasión su rostro lucía serio y su discurso había sido mucho más corto, de no conocerlo bien, se habría intimidado por su tono de voz extremadamente controlado.
Ahora entendía que él simplemente había estado tan nervioso como ella cuando se confesó.
Sino ¿cómo era posible que Giyuu pudiese hablar ahora con tanta ternura en la voz? ¿De qué otra forma se explicaba que le mostrara una sonrisa tan abierta, tan amorosa y tan… feliz?
Shinobu realmente se sintió como una tonta por dudar de lo que su esposo sentía por ella, pero se alegraba de haber preguntado. Estaba tan feliz de escucharlo que una parte de ella pensaba que su corazón podría explotar.
Así que esta vez sí le devolvió la sonrisa, no reprimió ni un solo sentimiento de alivio, amor y felicidad al inclinarse hacia él.
— Esa es mi línea, Giyuu-san, tú también cumpliste mi mayor sueño y yo no podría estar más feliz.
Era una respuesta muy corta comparada a la confesión de Giyuu, pero el rostro y la voz de su esposa expresaban tantos sentimientos que él tampoco necesitaba nada más.
La distancia entre ellos se cerró. En esa pequeña sala casi vacía, donde se preparaban para mudarse al hogar que construirían juntos, Giyuu y Shinobu se besaron como si reafirmaran sus votos y promesas una vez más.
De ahora en adelante… durante el tiempo que me quede de vida… siempre contigo.
