Chapter Text
— ¡Eres el hombre de mi destino! — grita Gai, corriendo al lado de Kakashi a través del jardín de la Academia.
Kakashi ya ha oído eso algunas veces, aunque todavía no está seguro de lo que significa a pesar del tiempo que llevan conociéndose. Gai suele ser así después de todo, apareciendo de la nada y diciendo discursos extraños durante bastante tiempo hasta que Kakashi se queda abrumado por su palabrería sin haber entendido nada en general.
— Mnh — Kakashi tararea su intento de respuesta, algo suave y disperso para el gusto animoso de Gai, pero lo suficientemente presente para hacerlo emocionarse.
— ¡Tengamos un reto, Rival! — Gai brinca, mostrando sus manos todavía pequeñas para un niño de ocho años que quería volverse maestro en Taijutsu.
Gai ha estado esforzándose últimamente, empujando sus límites hasta el borde para intentar alcanzarlo, lo que en realidad parecía algo un poco imposible y lo hacía preguntarse por qué Gai todavía lo intentaba cuando todo lo que había obtenido hasta ahora eran palizas.
— ¿Por qué no entrenas con alguien más? — sus ojos apenas lo miran, levantándose de su camino hasta que encuentra aquel espectro de ojos negros profundos, brillando en un tartamudeo de ofensa.
— ¡No puedo! — Grita — ¡No quiero! ¡Tú eres mi Rival, Kakashi, no quiero entrenar con nadie más!— sus puños vuelven a golpear el aire sobre su cabeza, hundiendo los dedos en el borde de sus pantalones cortos.
Kakashi suspira un poco, arrastrando los pies en círculos mientras observa a Gai luchar por mantener el ritmo, obstinado en la idea de perseguirlo a donde fuera para estar a su lado.
— Mnh, ¿qué pasa si gano? — no tiene dudas en que lo hará, por supuesto, pero de todos modos la idea de apostar algo parece mucho más entretenido que los pocos segundos que le costaba derribar a Gai.
— ¡Entonces daré mil vueltas a la academia! — inmediatamente se mueve alrededor, como preparando las piernas para lanzarse al frente.
— No, eso no, ¿qué gano yo? — Gai frunce ante sus palabras, deteniendo sus pasos y llevando su mirada sobre Kakashi.
— Lo que quieras — declara, plantando las manos a los costados con un aire solemne — Haré lo que quieras.
Kakashi se ríe debajo de su máscara. Después de haber estado accediendo a los desafíos de Gai parecía el momento perfecto para burlarse un poco, pero apenas parece capaz de pensar en algo lo suficientemente entretenido para jugar un poco con la inteligencia de Gai y hacerlo rabiar.
— Mmmh, te lo diré cuando pierdas — Kakashi dice, esperando poder juntar alguna buena broma mientras disfruta la anticipada expresión enrojecida de Gai.
Gai azota la cabeza en un asentamiento vigoroso, asegurando que no perderá este desafío, así como lo había jurado la vez anterior, y la vez anterior, y todas esas veces había perdido tan fácilmente que Kakashi todavía no comprende de dónde saca el orgullo suficiente para creerse capaz siquiera tocarlo.
— ¡Ya verás, Rival! ¡Esta vez voy a ganarte!
No hace falta decir que en realidad Gai pierde, fácilmente, azotando en el suelo tras un golpe de Kakashi en la espalda después de apenas un par de minutos donde los puños de Gai golpearon las formas blancas de las nubes de sus clones.
— Bien… ¿y qué quieres qué haga? — Los ojos de Gai se angostan, mirándolo sobre la tela del polvo y el cansancio, todavía tendido en el suelo y con las manos extendidas.
Kakashi mira al cielo, arriba de las ramas que tamizan la luz, más allá de los pequeños pájaros y las flores de primavera que sobresalían de las hojas tiernas y translucidas.
Sus manos se esconden en sus bolsillos, y está seguro de que si se toma el tiempo suficiente encontrará algo bueno, lo suficientemente bueno para que algo de todo ese encuentro se sienta como una especie de realización.
— Cuando lo tenga, te lo diré — Suelta sus palabras, encogiéndose de hombros para darse la vuelta.
— ¿Cuándo lo tengas? ¿Y cuándo será eso? — Gai se endereza en la tierra, con el cabello sucio por la hojarasca y las mejillas salpicadas con una capa fina de lodo.
— No sé — dice — Pero cuando lo piense, jura que lo harás.
— ¡Lo juro! ¡No importa lo que sea! ¡Lo haré!
La determinación tan pura y absurda hace que Kakashi se incline al frente suavemente para reírse, sabiendo que Gai no era más que un pequeño niño, a pesar de todo, a pesar de todas las cosas terribles que algún día pudiera llegar a saber.
Sin embargo, a pesar de todo Gai era un hombre de palabra y juramento. Él nunca se lanzaría hacia atrás en algo que dice.
Kakashi lo sabe, él lo sabía, por eso asiente y camina, por eso no mira atrás cuando lo deja tirado en el piso.
A Gai no se le dirá nada de esto después, no al menos mientras Kakashi viva.
Y mientras Gai viva, nunca lo recordará.
Y probablemente si Kakashi hubiera sabido el final no lo hubiera permitido nunca.
Porque si él hubiera sabido como terminarían todas las cosas…
Bueno, pero en ese momento Kakashi lo permitió, probablemente porque era demasiado joven para imaginar lo que pasaría, sin entender el alcance de los sentimientos, ajeno a la muerte... y a la vida.
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PARTE I
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1
— ¡Kakashi! — Gai lo alcanza por un lado, sacudiendo sus manos para atrapar los hombros de Kakashi en el aire.
Kakashi se sacude entre sus dedos, desviando sus pies en un trastabillo rápido a través de la calle antes de girarse bruscamente en su sitio para mirar a Gai.
— ¡Es hora de un nuevo y radiante desafío juvenil! — Gai está sonriendo ampliamente de esa manera que sus dientes reflejan todo el sol, señalando con un dedo el cielo — ¡Ahora que ambos somos chunin tenemos que tener desafíos mucho más apasionados y exigentes! ¡Debemos retarnos hasta alcanzar nuestros límites, hasta llevarnos al siguiente nivel y…!
— Ahora no, Gai — Kakashi arrastra las palabras, dándose la vuelta lentamente a través del agarre de Gai.
Aunque un poco a regañadientes, Kakashi había estado siguiendo a Gai a sus aventuras por el tiempo suficiente para que Gai se acostumbrara a ellas, para que ambos chicos crearan una especie de rutina y compañía mutua donde se mantenían al día.
Sin embargo, hace apenas unos días que sus compañeros se habían ido, atrapados entre sus fallas como líder y el inevitable deber como ninja. Desde entonces Kakashi simplemente había arrastrado los pies alrededor, sin nada más que ofrecer que desafíos flojos y murmullos a fantasmas que lo perseguían a donde iba.
— Pero, Kakashi… ¡estamos en la primavera de nuestra juventud, si no aprovechamos ahora…! — el rostro de Gai se frunce cuando Kakashi comienza a caminar, ignorando sus palabras como si ni siquiera hubieran sido dichas.
Kakashi sabe que Gai no es el tipo de chico que se rinde, nunca se ha rendido con algo, no importa las muchas veces que alguien le dijera que no, por lo que apenas levanta la vista cuando Gai se cruza con las manos abiertas en su camino.
— Podemos hacer algo fácil — Gai jadea, intentando bloquear su camino lo mejor que puede, lo que tal vez funcionaba un poco ahora que Gai se había vuelto más fuerte de lo que se había esperado de él.
— No quiero hacerlo, Gai, no puedo, simplemente… — el nombre de sus compañeros hace un ruido ahogado en su garganta, incapaz de salir.
Y cualquiera podría pensar en que Gai no lo comprendía, que él probablemente solo saltaría buscando su propia diversión, quizá incluso entretenimiento o satisfacción con su rivalidad mientras trataba de sonreír a los problemas para pasarlos de largo.
Es, sin embargo, totalmente consciente del dolor de Kakashi. Tal vez mucho más que él, y el gesto que se extiende en su rostro casi parece desesperado cuando se aproxima.
— Un solo desafío, Rival — ruega, todavía intentando crear una jaula con sus brazos alrededor, como si Kakashi fuera una especie de humo o espuma.
— Ahora no, solo quiero… — no hay palabras para continuar, hace mucho que todas sus palabras estaban mordidas por las tapas de las tumbas.
Para Gai, sin embargo, no había huecos. Él sabía lo que significaba cada espacio, sabiendo también que lo único que Kakashi haría sería encerrarse en su departamento, imaginando muertos el tiempo suficiente para parecerse a uno también.
— Entonces, ¿qué te parece esto? — Gai finalmente baja su pose, recargando sus manos en sus caderas — Este reto lo elegirás tú.
Kakashi se encoge, frunciendo los labios detrás de su máscara — ¿A qué te refieres?
— Somos eternos Rivales, es injusto que solo sea yo quien elige que hacer. ¡Así que a partir de ahora nos turnaremos! Cada uno elegirá un nuevo reto — Kakashi sonríe suavemente a pesar de sí mismo, entendiendo casi dolorosamente la desesperación de Gai por mantenerlo fuera del dolor y los recuerdos.
— ¿Será lo que yo quiera? ¿No importa lo que sea? — Gai tararea un asentimiento, lanzándose a una pose de buen chico que comienza a lucir un poco extraña y exagerada considerando lo mucho que había crecido Gai el último par de meses.
— Lo que sea, Rival, mientras sea un duelo donde haya un ganador es correcto — dice Gai, con sus brazos un poco más gruesos apretándose en su chaleco.
Kakashi suspira, cerrando los ojos con el corazón todavía demasiado oscurecido latiendo en su pecho, pensando, drenando el perdido anhelo por algo.
De alguna manera, Kakashi recuerda el juramento de Gai que ha conservado por demasiado tiempo, considerando usarlo ahora para que lo deje en paz y hacerlo jurar no ser rivales nunca más.
No parece justo, sin embargo, después de todo el tiempo que han estado corriendo juntos, especialmente no parece justo luego de lo mucho que se había esforzado Gai.
— Bien —él acepta, balanceándose en su sitio y mirando fijamente a Gai — Entonces que así sea.
— ¡Excelente, mi Rival! ¿Entonces cuál será nuestro apasionado desafío de este día? ¿Correr por todo el país del fuego? ¿Escalar una montaña con los dedos? ¿Cruzar un lago con las manos atadas? — los ojos de Gai se abren ansiosos, expectantes, brillando como soles que casi lo hicieron doblarse por la intensidad.
De forma perezosa y extremadamente lenta, Kakashi se repone para extender su mano al frente — Será: piedra, papel y tijera.
El ruido frustrado y decepcionado de Gai lo hace sonreír, y también lo hace olvidarse por unos momentos de todo, distrayéndose con su gesto de mejillas infladas y hombros descuadrados que lo hacían lucir como un niño pequeño y no el ninja de nivel chunin que ya era.
Aun así, Gai participa, tomándoselo en serio, luchando con intensidad y con todo su espíritu mientras grita en voz alta cada resultado, emocionándose y entristeciéndose, llorando por una u otra razón tan fácilmente que Kakashi decide jugar eso un poco más solo por diversión.
Él decide guardar entonces el juramento de Gai para otro momento, arrastrándolo por más años, atesorándolo como una puerta donde podría obtener de Gai algo más que eso, algo que fuera más allá de los limites, algo como un milagro… o una maldición.
Y si Kakashi pudiera volver a ese momento, probablemente hubiera optado por usar esa promesa para alejarlo.
“Vete, vete, júrame que jamás volveremos a ser rivales. Promete que no me volverás a buscar”
Pero no puede.
No puede, y ahora es muy tarde para pensar en ese momento.
2
Las manos de Gai se sienten cálidas cuando lo atrapa, contrastando un poco con el golpe frío de su habitación en el tercer piso del edificio.
— Kakashi, ¿por qué siempre te sientes así? — las manos de Gai se mueven de nuevo, sosteniendo sus brazos para tratar de calentar la piel blanca de Kakashi, deteniéndose sobre el pequeño tatuaje rojo marcado en su brazo izquierdo.
Los hombros de Kakashi se encogen suavemente. Siempre había sido así, incluso en primavera su cuerpo parecía lo suficientemente frío para ganarse comentarios sorprendidos de los demás.
Gai solo se ríe suavemente, descansando sus manos en la piel descubierta de su traje de ANBU para regalarle un poco más de calor.
Era el final del invierno, pero la aldea todavía se sentía lo suficientemente fría para obligar a Gai a llevar ese atuendo grande y espeso sobre su ropa de entrenamiento habitual, lo que lo volvía incluso más cálido de lo que era.
— ¿Solo duermes con eso? — señala la manta a su lado, delgada, como una sábana de papel de arroz considerando lo cruel que había sido la temporada fría.
A pesar de todo, Kakashi se había acostumbrado a las noches miserables en las misiones y a la poca consideración consigo mismo que pensar en el frío colándose como un aliento puntiagudo por su ventana parecía la última de sus preocupaciones.
— Creo que nunca lo había tomado en cuenta — Kakashi dice, mirando la sábana y luego mirando la expresión dolorida de Gai.
— ¿Entonces no sabes lo que es una cama cálida, Rival? — la boca de Gai se tuerce en un gesto de pena, congelándose un instante después en renovado vigor que siempre significaba demasiado ánimo como para sobrellevarlo — ¡Bien, está decidido, calentaré tu cama entonces!
Con esas palabras Gai se lanza sobre sus almohadas, hundiéndose entre su sábana con ese atuendo gigante que lo hacía lucir como una especie de perro, enorme y cálido, como siempre habían sido los perros ninja de Kakashi.
Su cabello negro se riega en la almohada, cubriendo sus ojos pequeños y oscuros con el borde de su fleco, lo que le impide ver el gesto despectivo que hace Kakashi cuando se mueve delante de él.
— ¿Hablas en serio? — sus brazos cruzados en regaño y amenaza parecen no tener impacto en Gai, quien solo pega su mejilla en su sitio — Gai, en cuanto te pares todo tu calor también se va a ir.
Kakashi se balancea, inclinándose para picar el costado de Gai con un dedo. Gai sonríe con los ojos apretados, y Kakashi sonríe también mientras presiona sus manos en el costado de Gai para girarlo con la intención de arrojarlo al piso.
El toque es cálido a través de la ropa, lleno de una tibieza que Kakashi no percibe constantemente, acogedor de una manera que lo hace enterrar las palmas en el costado de su cuerpo, presionando las costillas de una forma que sería demasiado intima si no se tratara de Gai.
— Entonces me quedo — Gai murmura, todavía atrapado entre las sábanas delgadas y el toque de sus manos — Así no se enfriará.
Hay un pequeño gesto que se desliza en su rostro con esas palabras, algo que Kakashi quiere interpretar como disgusto. Gai tiene su mano atrapada un momento después, con los dedos presionando su muñeca mientras se agita para atraerlo al frente.
— Gai… no… — Kakashi se arrodilla en el colchón, intentando pensar en algo mientras trata y no de liberarse de su agarre de hierro.
— Ven… duerme cálido al menos una vez, Kakashi — insiste, moviendo con la otra mano la sábana para colocarla arriba de sus cuerpos.
Kakashi se hunde a su lado, mirando el movimiento colorido de las sábanas y el abrigo enorme y peludo de Gai que le hace cosquillas en el rostro, por debajo de la punta de la nariz.
Gai no se mueve, incluso cuando Kakashi se revuelve intentando acomodarse en el agarre e intentando no pensar en lo extraño que puede ser para ambos ese momento, una cercanía que quizá podría mal interpretarse para el resto de los hombres normales.
Kakashi observa el techo sobre ambos, un poco pálido y gris con el sol demasiado perdido en el horizonte como para percibir los relieves de las finas grietas que se inclinaban a los lados. Gai también sigue las líneas, o intenta seguirlas, por la simple idea de que Kakashi lo hacía también.
— ¿Cómo te sientes? — Gai habla, agitando el fondo de la cama con el tono un poco más grave de su voz — ¿Estás bien? ¿Tienes calor?
Por un momento Kakashi lo piensa, recordando como si hubiera sido una especie de bruma la idea de la noche anterior, envuelto en una tela delgada que dejaba pasar cada pequeña ventisca como un golpe que le llegaba hasta el fondo de su cuerpo.
— No — y entonces, se da cuenta de que está sonriendo — Estoy bien.
Gai golpea suavemente su costado, apenas a dos palmas de distancia que se sentía de alguna manera extrañamente lejano, como si el aire entre ambos fuera aluna especie de pista llena de obstáculos que lo volvían ligeramente doloroso de soportar.
— Me alegra, Rival — la cabeza de Gai hace un camino cuando se arrastra cerca, y Kakashi puede contar a esa distancia la cantidad de pestañas que cuelgan como plumas sobre sus mejillas — Que puedas pasar noches abrigadoras debe ser algo que te permitas, Kakashi, no puedes seguirte castigando así… durmiendo todavía como si lo hicieras a la intemperie… ya no hace falta que lo hagas, Rival, nadie te lo está pidiendo.
Kakashi se ríe. En algún momento, tiempo atrás, por un deseo autodestructivo o solo un tonto hábito absurdo producto de un deber que no le concernía, Kakashi solía arrastrarse al cementerio, durmiendo entre tumbas, siguiendo el pequeño sendero húmedo para descansar la cabeza, imaginando que así se sentiría dormir en un ataúd.
— Lo sé — dice, sintiendo el calor llegando de una manera diferente al centro de su pecho, arrastrándose debajo de su piel clara de una manera que lo hizo pensar en una flor reverdeciendo con los primeros rayos de sol de la primavera.
— Prométeme que vas a cuidarte, Kakashi — Gai mira sus ojos, luego, de alguna manera, sus pequeños puntos negros giran a la pared — Porque si no lo haces, tendré que hacerlo yo en tu lugar.
— No hace falta que lo hagas — Kakashi responde, con el rostro ahora vuelto hacia Gai como si acabara de darse cuenta de su presencia en su propia cama.
— Pero si no lo haces… entonces te cuidaré, ¡lo haría con mi vida!
Por supuesto, Kakashi sabe que es verdad tanto como sabe que no lo permitiría, no voluntariamente al menos. No había algo que Kakashi detestara más que el sacrificio que venía por él.
— No lo hagas — Kakashi se encoge, descansando su cabeza sobre el borde del abrigo de Gai con una expresión dolorosa — No es necesario.
Gai sonríe, guiñando un ojo —. Es necesario si se trata del hombre de mi destino.
Kakashi pestañea ante las palabras, observando la sonrisa amplia y honesta de Gai que hace que su corazón se acelere y su estómago se revuelva.
— Pero, Gai…
Obito. Rin. Sus nombres no son dichos pero parecen colgar desde algún lado en la pared del fondo, detrás de las líneas de luz blanca, como pequeñas motas de polvo entre las grietas del techo.
— No quiero que lo hagas. No tienes por qué hacerlo — En ese momento, Kakashi casi está listo para pelear, o para arrastrarse al cementerio y pedir disculpas inconclusas, tal vez nuevamente temiendo por la muerte de personas que no sabía cuándo perdería.
Gai, sin embargo, no parece impresionado por la actitud de Kakashi — Al igual que yo, sé que tú harías lo mismo por mí, ¿no? — dice — Solo haría lo que tú también harías.
Kakashi siente su boca abrirse y tartamudear, aprisionado por una fuerte emoción y sensaciones enrollándose en su cuerpo, sobre la parte central de su corazón.
Sabe que Gai tiene razón, por supuesto, pero se siente incapaz de admitirlo y se gira en la almohada, hacia las manchas en forma de telaraña que no conducían hacia ningún lugar.
— Aun así, es mejor que no lo hagas — un bloque frío se coloca en la punta de su lengua — No por mí.
— Lo haré — dice Gai con el entusiasmo demente de alguien que parece dispuesto a saltar ahí mismo a cualquier lado con tal de salvarlo — Porque eso es lo que haría cualquiera que cuida las cosas preciosas que ama. Lo haría. Siempre.
— ¿Cómo puedes siquiera decirlo, Gai? — Kakashi golpea su mejilla cuando se vuelve para mirarlo una vez más — Tal vez simplemente no puedas hacer nada, o yo no pueda hacer nada, porque de todos modos vamos a morir.
— Entonces será lo último que haga — un gesto firme se escapa de sus labios, marcándose en su corazón — No importa qué pase, prometo que lo haré.
Por una vez, Kakashi siente que detesta esa actitud necia y heroica de Gai, su obstinación por sus promesas autoimpuestas y juramentos que nadie pedía.
Sin embargo, no dice nada, no protesta, porque tal vez una parte de él deseaba la sensación de sentirse protegido, escondido detrás de algo que se sintiera confiable, cálido, como lo era el abrazo de Gai en ese momento, lleno de la tela gruesa del abrigo, con sus manos cálidas sobre su piel y el aliento despeinando su cabello.
Esa misma primavera Minato muere. De forma repentina, mientras las flores se aplastan debajo del fuego del zorro mucho antes del otoño. Ese año el invierno llega atrasado también, aunque mucho más frío, mucho más cruel, llenando su ventana de nieve y recuerdos hasta que Gai ya no tiene acceso a su habitación o su vida.
Sin embargo, la imagen de Gai todavía vive en su cabeza incluso ahora, acostado a su lado en su cama durante el resto de aquel único invierno, con la nieve derritiéndose en la calle y la ventana cerrada con los pequeños volantes de listones rojos, abiertos a los lados para mantener a salvo ese pequeño momento, incluso cuando los buenos instantes nunca duraban mucho tiempo.
“Te salvaré, no importa si es lo último que haga”
Y ese recuerdo reconfortante puede convertirse en agonía en un instante.
3
— Kakashi — Gai llama un día, cuando el verano comienza de nuevo y las flores todavía están salpicadas alrededor del bosque circundante, adornando el paisaje de regreso a la aldea después de su misión.
Kakashi apenas gira hacia él desde su posición de descanso, manteniendo su postura recta en el árbol y las manos firmes en el libro que ha leído por lo menos dos veces en el último par de semanas.
— ¿Qué quieres hacer?
Kakashi gira los ojos fuera de las páginas con esa pregunta, encontrándose con la imagen de Gai después de su último golpe de crecimiento, con sus cejas mucho más espesas y esas pequeñas líneas de tres pelos que crecían dispersas en su barbilla.
— Ir a la aldea, por supuesto — responde Kakashi, volviendo su atención casi de inmediato a las páginas del libro.
— No, eso no — la mano de Gai se engancha en el brazo de Kakashi, sacudiéndolo fuera de su anhelada comodidad — Me refiero, ¿qué quieres hacer cuando tengas tiempo? ¿Tienes algún deseo?
Kakashi se tensa, apretando las manos sobre la pasta de su libro antes de mirar nuevamente a él —. Soy un ninja. Eso es lo que tengo que ser.
La respuesta fría hace que la frente de Gai se arrugue en un puchero, con los puños apretándose en sus costados.
— Pero, ¿qué es lo que tú quieres hacer? — Gai se levanta, balanceando sus pies grandes sobre la rama delgada para acercarse a Kakashi de forma sorprendentemente suave — ¿Qué quisieras hacer cuando dejes de ser ninja?
Esta vez Kakashi cierra su libro, levantando la mirada para centrarse en la expresión animada de Gai, brillante como la primavera que estaban perdiendo.
— ¿Te refieres a cuando esté muerto? — no tiene la intención de sonar ácido, pero de todos modos las palabras logran que el rostro de Gai se ponga rojo por la indignación.
— ¡No! Cuando todo esto termine y te jubiles.
Kakashi aprieta los hombros, sintiendo su quijada tensarse de forma dolorosa sobre su lengua.
Por primera vez, Kakashi siente que no tiene una buena línea con la cual responder, y por primera vez, siente que Gai está buscando llegar hacia algo más.
— Eso no pasará — declara, volviendo a abrir las páginas.
El gesto de Gai decae brevemente, volviéndose de alguna manera más sombrío de lo que hubiera esperado, como si en el fondo hubiera adivinado la respuesta de Kakashi con una dolorosa anticipación.
— ¿Por qué? — se atreve a preguntar, dejando caer su fleco al frente para mirar sobre las manos de Kakashi hacia su libro.
— Porque moriré antes de que ese día llegue — dice.
Rin, Obito y Minato parpadean en su mente. El recuerdo del propio trueno en su mano, rascando la piel fresca de una niña, la voz de Obito, las promesas rotas, el canto que seguía taladrando sus oídos por debajo de sus huesos "Yo la maté. Yo la maté. Fue mi culpa"
— No lo sabes — dice Gai, mirando a Kakashi — Tal vez un día haya paz.
— No creo que ese día llegue, Gai — Kakashi nota el propio dolor en su voz, revuelto con sangre fresca y seca que todavía no dejaba sus manos, que seguía regándose en el piso de esa forma en la que despertaba de sus sueños, rogando "déjenme descansar".
— Pero, ¿y si llega? — Lentamente, la mano de Gai se arrastra por el árbol, merodeando la suya — ¿Qué quieres hacer si llega?
El estómago de Kakashi se hunde cuando la piel de Gai lo acaricia. Hay ternura en su toque, un ruego que Kakashi entiende al instante con la misma rapidez con la que lo rechaza.
— No puedo, Gai — sus ojos lo esquivan, arrastrando su brazo fuera de los dedos ansiosos de su compañero.
Sin inmutarse, Gai se queda quieto, todavía con la mano suspendida en el mismo lugar con la esperanza obvia de que Kakashi volviera a aproximarse.
— ¿Por qué no puedes? — Gai mira su mano vacía, su cuello, su rostro, y luego clava sus ojos en la boca cubierta de Kakashi con un deseo tan intenso que duele.
— Toda esta vida está apartada para pagar mis equivocaciones — Kakashi se encuentra diciendo, respirando pesadamente a través de la culpa y el miedo que luchaban tan intensamente con el desesperado anhelo que se encendía en su interior.
Gai se mueve hacia atrás, cerrando sus dedos para formar un puño flojo que se aferraba todavía a la sensación de la piel de Kakashi en la suya.
No hacía falta ser un genio para saber lo que decía, entendiendo que Kakashi se sentía demasiado culpable, ansioso por redimir sus fallas, castigándose por sus pecados como nadie lo haría solo para sufrir agobiado por la idea de que no podía merecer algo más que eso.
Entonces, cuando Kakashi piensa que Gai se retirará, él sonríe, con la esperanza brillando en su mirada nuevamente.
— ¿Y en la otra vida? — Gai dice — Cuando esta termine y finalmente hayas pagado todo lo que crees que debes, ¿qué quieres hacer?
Kakashi se estremece, mirando hacia el cielo, sobre la sonrisa soñadora e inocente de Gai.
No puede decirle nada, no puede decirle que algunas personas no merecían el futuro ni la esperanza.
Un silencio se extiende a su alrededor, un silencio plagado por una disculpa no profesada ante el hecho de que no puede ceder y ser lo suficientemente egoísta como para tomarlo ahora, para no maldecirlo como a todos los que conocía.
No, piensa, con el corazón latiendo dolorosamente en su pecho, porque si algo le pasa, también será mi culpa.
Y Kakashi no sabe que, en realidad, es verdad.
Fue su culpa.
Siempre fue su culpa.
4
El tiempo pasa rápido cuando tiene que cuidar niños pequeños, y con los años, Kakashi se da cuenta que es aún más rápido cuando los termina perdiendo a todos para volver a la inminente soledad.
Gai también ha crecido lo suficiente con los años, se ha mantenido cerca para cultivar su amistad, pero lo suficientemente lejos como para no volver a lanzarle una mirada a Kakashi con más mensajes de los que requería.
Sus conversaciones se llenaron entonces con las historias de sus misiones, y con el paso de la vida, también con las misiones de sus alumnos que crecían más rápido de lo que alguno de los dos era capaz de decir.
Eventualmente, los niños de Gai crecen también lo suficiente para alejarse, teniendo sus propias misiones y yéndose cada vez más lejos hasta que el tema entre los dos volvía a una caída simple, llena de miradas inconclusas y silencios largos, únicamente arrollados por el susurro suave de otra primavera viniendo hacia ellos nuevamente.
— Tengo una idea — Gai dice de pronto, enderezado esos hombros anchos dignos del mejor maestro de Taijust que nadie hubiera conocido jamás — Tengamos una carrera hasta la cima de la montaña, Rival.
Kakashi suspira, guardando sus manos en sus bolsillos mientras levanta su única ceja visible para mirar el camino largo que todavía les faltaba recorrer para completar su misión.
— El ganador será el que llegue primero al puente que cruza la montaña, ¿qué dices?
Kakashi finge no prestar atención, girándose suavemente sobre su costado para mirar al lado contrario del lugar donde señala Gai.
— ¡Kakashi! — el grito de Gai es fuerte e intimidante, ahora lejano a la voz aguda y dulce que solía tener hace muchos años, antes de que se convirtiera en el adulto sólido y confiable que era ahora.
Aun así, Gai es Gai, y el puchero que le muestra cuando se inclina sobre Kakashi hace que una sensación apasionada y secreta se encienda en su pecho.
— ¡Vamos! ¡Todavía podemos hacerlo como antes! — Dice sobre su oído — ¡No! ¡Incluso mejor! ¡Estamos en el apogeo de la juventud y la vida!
Gai ya está preparándose, trotando en su lugar y lanzando golpes al aire de esa manera que era difícil de seguir, unos movimientos que le recordaban a Kakashi todo lo que había luchado por ellos.
Finalmente suspira, sabiendo que de todos modos Gai encontraría la manera de convencerlo tanto como lo había convencido a través de toda su vida para participar en sus retos — Bien, hagámoslo.
Kakashi clava los pies en el piso, inclinándose y abrochando la bolsa de su chaleco, donde el pequeño libro viejo cuelga todavía en el interior de la tela.
— ¡Excelente! — la mano de Gai toca el suelo, recogiendo un poco de tierra y lanzándola al aire cuando vuelve a levantarse para mirar sobre Kakashi — Pero antes, ¿qué te parece si apostamos algo?
Una apuesta fuera del simple conteo que llevan sobre sus retos no es algo común en Gai, lo que le hace pensar a Kakashi que busca algo.
— ¿Una apuesta? — Kakashi suspira, rompiendo su pose de salida para sentarse en el piso con las piernas cruzadas — ¿De qué tipo?
En realidad, Kakashi cree tener una idea de lo que busca; antes habían utilizado apuestas pequeñas para ver quién pagaba la cena o en casa de quien irían a beber un par de tragos durante esas noches en las cuales ninguno de los dos podía dormir.
Esta vez, sin embargo, hay algo en el gesto de Gai que se pierde en una oscuridad antes de que parezca reponerse y lo mire — ¿Recuerdas la promesa que una vez te hice durante nuestra pelea, donde me hiciste guardar una apuesta incumplida para ti?
Kakashi se pone rígido.
El recuerdo vuelve de golpe a su cabeza, ha estado ahí por más de veinte años, siempre sonando como un eco enroscado al final de una botella vacía que es como un veneno o un elixir de un solo sorbo que no se atreve a beber.
Sin embargo, no le preocupa (no todavía), porque no puede pensar en algo que Gai no hiciera por él, incluso sin la necesidad de un juramento sinsentido como si fueran extraños.
— Lo recuerdo — asiente, mirando expectante el rostro de Gai.
— Hagamos una igual — Gai lo mira con una pasión absurda, el fuego siempre vibrante de una competencia apasionada y saludable que lograba mover incluso a alguien perezoso como Kakashi.
— Bien — de manera simple, Kakashi deja ir unan sonrisa y vuelve a levantarse, lanzando una mirada juguetona a su compañero — Me deberás dos juramentos entonces.
Gai solo se ríe suavemente, y por un momento Kakashi espera a que Gai comience a moverse para salir corriendo hasta que entiende que no se está moviendo en absoluto, y luego, extrañamente Gai está delante de él otra vez.
— Kakashi... si gano, entonces me deberás un juramento.
Su boca se tuerce ante las palabras, cayendo un poco hasta que siente su lengua entumida en el centro de su boca, sobre un charco de su propia saliva regada entre sus dientes, espesa e intragable como las palabras impronunciables que había entre los dos.
Pero Kakashi se traga su preocupación como si fuera una pequeña piedra de esquinas afiladas antes de encogerse de hombros — Si es lo que quieres — dice.
Gai se ríe, ansioso y con el bullicio floreciendo de su rostro de forma gentil y amable antes de correr a su lugar y motivar a Kakashi a volver a la suya.
— Muy bien, Rival, ¡entonces hagámoslo! — Grita — Uno, dos...
*
Kakashi pierde con una facilidad que no esperaba, inclinándose al frente para sostener sus piernas hasta que su respiración se vuelve lo suficientemente reconocible para decir algo.
— Gai, eso fue... — trampa, quiere decir, pero Kakashi sabe que nunca se han puesto límites reales en sus competencias y que la apertura de las puertas no estaba prohibida.
A su lado Gai se endereza sobre un árbol, recargando la espalda en la corteza mientras su respiración se tranquiliza. Hace algunos años que Gai lo superó realmente en muchos aspectos, al menos los suficientes como para que Kakashi sienta que cada día que pasa es realmente menos fácil de ganar.
— Bien — dice Gai, pasando una mano en su frente y despeinando su fleco recto antes de volverse a Kakashi — Eso nos deja en un empate.
Kakashi asiente. Recordar el puntaje de sus competiciones había sido un trabajo que llevaba Kakashi la mayoría del tiempo, porque el hecho de que Gai iniciara la mayoría de sus retos y los disfrutara no lo excluía de olvidarlas.
— La siguiente vez te ganaré — advierte Kakashi — Esta vez fue solo suerte.
— ¿Eso es una amenaza? — Gai se ríe, pero no hace ningún intento por comenzar una discusión amistosa.
Kakashi frunce ante su silencio, apretando los puños sobre sus guantes antes de volverse al frente y mirar.
La sonrisa de Gai apenas es algo visible, un destello por debajo del suave tono rosado de la piel de sus mejillas angulosas. Es fácil para Kakashi reconocer su preocupación, la vio algunas veces en el pasado, cuando ambos perdieron gente valiosa y temieron por perder algunas otras.
— Dilo — exige Kakashi con tono grave — ¿Qué pasa?
Gai mira sobre su costado. El cielo está despejado en ese momento y los tonos de luz blanca le dejan ver a detalle la expresión seria de Gai, esas pequeñas líneas alrededor de su boca que se habían grabado por ser una persona demasiado alegre por los últimos treinta años.
— Kakashi... — por un momento, un doloroso momento, Kakashi espera que Gai solo sacuda el rostro y sonría mientras elimina la tensión para seguir hablando.
No lo hace, sin embargo, y cuando sus pasos comienzan a avanzar en su dirección Kakashi aparta la mirada para observar la línea de árboles en contra del cielo.
— Necesito que hagas esta promesa — comienza Gai — Kakashi... prométeme que un día te permitirás amar. Promete que no te castigaras por siempre, que al menos lo pensarás, y un día...
— No — el corazón de Kakashi se aprieta — No.
Gai frunce los labios, luciendo más cercano a la rabia que a la preocupación — ¿Por qué? ¿Por qué insistes en castigarte así... en castigarnos así?
Kakashi arrastra los pies, alejándose de Gai mientras acomoda la mochila en su espalda para dirigirse de vuelta al camino sin detenerse a pensar en el hecho de que Gai se lanza inmediatamente detrás de él.
— ¡No es justo! — Grita — ¿Cómo puedes hacer esto?
Sus pasos avanzan más rápido, ignorando el gruñido de Gai y reiterando su negativa cuando hunde las manos en sus bolsillos para moverse a través de las piedras con una casualidad calculada y molesta.
— ¿Está bien para ti de ese modo? — Las manos de Gai lo alcanzan, doblando el hombro de Kakashi con su movimiento fuerte — ¿Por qué?
— ¡¿No lo entiendes?! — Finalmente Kakashi frena, dando media vuelta para mirar a Gai — No puedo permitir que esto suceda. Si lo hago... ¡te perderé! ¡Te perderé como al resto!
Las manos de Gai se presionan más fuerte, enviando a Kakashi en una sacudida hacia atrás hasta topar bruscamente con un árbol — ¡Pero lo harás! ¡De todos modos lo harás! Incluso si nunca te atreves a nada, ¡voy a morir, Kakashi!
No necesita ninguna palabra más para saber que es cierto, que perderá a Gai, que perderá a todos y no hay nada que pueda hacer al respecto incluso si no hace todo lo posible por evitarlo.
— ¿Por qué no quieres hacerlo entonces? — Kakashi se encoge mientras Gai se aprieta contra él, agobiado por la tristeza y la desesperación producto del amor intenso y negado, como un fruto prohibido para un hambriento.
— Sé que morirás... — Kakashi alcanza el brazo de Gai, golpeándolo suavemente para que retroceda — Pero prefiero que no sea mi culpa.
El bufido de Gai le empapa las mejillas cuando habla — ¿Entonces qué vas a hacer? ¿Vas a esperar a que esté en una tumba para hablarme, para aceptarme y buscarme, así como lo hiciste con Obito y con Rin?
Un dolor indescriptible se hunde en el interior de Kakashi, sintiéndose demasiado herido como para responder a eso.
Gai retrocede lentamente, soltando sus dedos y tratando de esconder el dejo de culpa que se marcaba alrededor de la humedad de sus ojos — Pensé que mi Rival podría ser cualquier cosa, menos un cobarde.
— No — Kakashi medio dice, pensando en el dolor, pensando en las tumbas silenciosas, en Rin, en Obito, en Minato, pero esta vez imaginando que es Gai. Una y otra vez, subiendo hasta convertirse en cenizas — No lo soy.
— ¿No? — Gai sopla, inclinándose al frente mientras trata de limpiar lo mejor que puede el llanto que pica el borde de sus pestañas — ¿Entonces lo harás?
Su visión se nubla, cubriéndose entre la luz y la mirada de Gai, sobre el trueno que todavía picaba en su mano y el derrumbe de las piedras. Quiere que todo se detenga, limpiar sus manos hasta que la sangre se haya ido y no tenga miedo de mirar a Gai y temer hacer lo mismo que ya hizo.
Él piensa, recuerda, todas las cosas que no pudo cumplir.
Palabras. Siempre palabras. Kakashi no sabía mantener la boca cerrada y todo sobre él nunca fue nada más que eso.
Y por una vez ya no quería que se tratara solo de eso.
— Lo haré — una parte de él no está seguro, pero de todos modos lo jura.
Los hombros de Gai bajan, y sus manos cayendo a sus costados raspan la tela en un ruido sordo.
— La guerra nos ha quitado mucho antes — dice Gai, con la voz más suave de lo que alguna vez recuerda — Así que asegúrate de que sea antes de que muera.
5
Hay algo en esa competencia que la distingue de las demás.
Es la última competencia.
Kakashi se balancea sobre sus pies, recargando la cabeza en la pared para mirar el suave movimiento de los pasos de Gai trotando en la habitación hasta detenerse a su lado.
Su compañero está sonriendo, ampliamente, sin un sorbo de rencor en su gesto mientras se desliza también en la pared, adoptando una pose parecida para quedarse cerca.
Había pasado un tiempo desde su discusión, muchos más desde que se conocieron. Ciclos de estaciones, momentos llenos de tragedias que los hicieron alejarse solo para volver a reencontrarse y hacerse mucho más fuertes, volviendo siempre el uno al otro más por instinto que por voluntad.
— Kakashi — su nombre en la boca de Gai se desliza como siempre lo ha hecho, pero hay algo en oír su nombre ahora que lo hace sentir que ha tragado un puñado rabioso de mariposas.
Sus ojos se mueven para mirar, encontrando a su lado aquel rostro que tanto conoce y que tanto ha significado, siempre alegre, aunque no del todo en los momentos exactos en los que había sufrido injustamente solo por él.
— Gracias — Kakashi baja la cabeza, tratando de minimizar aquella sensación abrumadora que lo consumía.
— No tienes que agradecer nada, Rival.
La guerra viene pronto, y Kakashi ha estado pensando en la manera de poner en palabras sus miedos para poder decírselos a Gai y terminar con todo eso, incluso si era un mar interminable de insufrible explicación.
Sin embargo, lo único que puede hacer es bajar la mirada y encogerse de hombros antes de decir la única línea que tiene sentido para ellos — Eres el hombre de mi destino, Gai.
Las lágrimas llenan los ojos de Gai, y Kakashi realmente cree por un instante que puede llorar también bajo los efectos de las emociones y los sentimientos irrompibles de su compañero.
Gai solloza, pasándose una manga verde por sus mejillas. Una vida entera al lado de Kakashi no lo ha hecho cambiar de opinión respecto a él, sobre lo que significaba. Incluso ahora, simplemente no es demasiado bueno para tratar de suprimir su emoción.
Aunque ambos saben que ya no lo necesita.
— Lo soy — el timbre emocionado de Gai vibra en su garganta apretada — Lo somos.
Las palabras para responder a eso no alcanzan, o no existen más allá de lo que es capaz de admitir. Después de todo, los discursos no se le daban muy bien, y Kakashi no se atreve a decir nada más en voz alta.
— Sobreviviremos — Gai se enciende. Ha estado guardando esa afirmación, calentándola en su pecho el tiempo suficiente para escucharse seguro— Ganaremos la guerra, Rival.
Tal vez la emoción en las palabras hace que por un segundo sueñe y las crea, de ese modo en el que casi parece capaz de olvidar como se sentía ver el mundo través de la muerte y la certeza del dolor.
— Y ahora que soy fuerte, podré protegerte, Kakashi — Gai infla el pecho, endureciendo los músculos de sus brazos para enfatizar su punto.
Kakashi niega, mirando sobre sus gestos que no logran llamar su atención tanto como lo hacen sus ojos — Estamos juntos en esto. Será mitad y mitad, Gai.
Gai asiente con entusiasmo, enderezándose y colocándose frente a Kakashi — ¡Mitad y mitad me parece justo! — Exclama— Entonces estaremos a partes iguales.
No habría podido decir que sí a alguien que no fuera él. Hay demasiadas promesas que rompió antes, pero quiere conservar al menos una de esas y protegerla.
— Entonces… me darás la mitad de tu vida, y yo te daré la mitad de la mía — dice Kakashi, enderezándose de la pared — Y ahí podremos estar juntos.
Lentamente, el rostro de Gai se hace suave, comenzando a llorar de manera desordenada, con las lágrimas gruesas y los mocos escurriendo junto a sus emociones por su barbilla.
Kakashi intenta sonreír, tocando los hombros de Gai con una delicadeza que no ha mostrado nunca antes para nadie, especialmente nunca antes de perder a todos los demás.
— Cuando volvamos… tengamos un desafío — el balbuceo de Gai hace que Kakashi sienta algo suave en su interior, con el corazón increíblemente cálido.
— Lo haremos — él promete y dice — Lo haremos como ahora, incluso si me vuelvo Hokage o lo que sea. Lo seguiremos haciendo… siempre.
Decir tal cosa es fácil. Parece natural entre ellos incluso si Kakashi realmente lo había pensado demasiado durante los últimos días en el silencio doloroso de su habitación.
A pesar de sus lágrimas, Gai es capaz de mostrar otra sonrisa, brillante y animada a través de cualquier miedo que pudiera guardar sobre su futuro en la guerra.
— Las flores... — dice Gai, señalando el pequeño ramo en la mano de Kakashi que le dio al final de su carrera — Las elegí por su significado.
Los ojos de Kakashi se entrecierran, mirando el ramo y luego mirando nuevamente a Gai — ¿Qué significan?
— Amor eterno.
La sonrisa de Kakashi se vuelve gentil.
— Cuando volvamos, habrá paz — Gai se ríe — Entonces, no importa la forma que tome o no tome nuestra rivalidad, siempre será al menos una relación eterna, ¿no?
Kakashi siente un calor quemar en sus mejillas debajo de su máscara. Sonríe, despegándose de la pared hasta que está a un paso de Gai.
— Sí. Entonces será una eternidad divertida para ambos.
— Y cuando lo hagamos, también podríamos ir a pescar juntos, como antes, y comeremos todo lo que queramos... ¡Y competiremos por ello!
La alegría en sus palabras es engañosa, tanto como adictiva, una tela de mentiras suaves y enmarañadas que le permite ser ingenuo y soñar.
— Sí — sonríe — Lo haremos.
Y que sea Kakashi quien lo diga hace que la afirmación se sienta cierta, más importante que cualquier palabra que se confundiría a través de los días.
Gai se recarga a su lado, cerca, pero no lo suficientemente cerca.
Nunca lo suficientemente cerca.
Y Kakashi cree que podría hacerlo. Tener el valor e intentarlo cuando vuelvan.
Intentar vivir.
Intentar amar.
Regresar a un mundo donde la gente no muera.
Donde nadie muera.
Donde Gai no muera.
Sin embargo, eso no sucede.
Es durante la guerra donde todo termina... o donde todo comienza.
Las manos de Kakashi están sobre su pecho, presionando las heridas, llorando, rogando como si de alguna manera el efecto pudiera revertirse después usar su último ataque en batalla.
— No — él gime, hundiendo nuevamente sus manos temblorosas en el pecho de Gai— ¡No puedes irte!
La boca de Gai se abre un poco, lentamente, como si intentara responder al dolor en su voz de alguna manera que lo hiciera guardar una esperanza imposible considerando las heridas.
— ¡Dijiste que volveríamos! — Sus manos siguen apretadas sobre la piel chamuscada, percibiendo su pulso agonizando debajo de sus dedos — ¡Dijiste que estaríamos juntos por siempre!
Gai no responde, no puede responder, y en cambio de su boca sale una salpicadura de sangre que escurre por su mejilla hasta empapar las manos blancas de Kakashi.
Él se inclina, cubriendo la poca luz con su rostro cuando clava la frente en el hombro carbonizado de Gai para susurrar — Me debes una promesa.
Gai apenas lo mira, o no lo mira en absoluto, porque ¿qué sabía él sobre la agonía de un moribundo, más allá de la esperanza de que lo siguiera escuchando?
— La usaré ahora — dice— No me dejes. No me dejes.
La sangre sigue brotando, esta vez a través de las hileras de grietas en la piel, hirviente como solo lo sería el fuego maldito de la octava puerta.
— ¡Dijiste que lo harías! — Su grito le corta la garganta desde adentro — ¡Dijiste que harías lo que fuera! ¡Júralo! ¡Júralo!
La mano de Gai se aprieta suavemente sobre la suya, solo un toque lo suficientemente suave como para haberlo confundido con un espasmo de su imaginación.
Sin embargo, tal vez es una señal, tal vez es una respuesta a sus palabras. Un juramento. La promesa.
Kakashi sigue llorando, sigue rogando, sigue esperando que Gai cumpla su palabra, que se levante y tome su mano para comenzar a hacer todas las cosas que se dijeron el uno al otro, esperando que no muera.
Sin embargo, Gai muere, fácilmente, arrastrado por el fuego de la octava puerta, sin dificultad, como moriría cualquier otro, quizá incluso simplemente porque tenía que morir.
Y Kakashi muere también, muchos años después de ese día. Él muere simplemente porque la muerte es parte de la vida, y eso es lo que le pasa a cada criatura que existe en la Tierra.
Sin embargo, a veces la muerte parecía irrelevante en contra de otras cosas mucho más fuertes; como el amor... o las equivocaciones.
Ellos murieron, sí, pero ellos también habían hecho una promesa.
Y las promesas siempre se cumplen.
¿No es así?
