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—Voy a seguir diciendo que esto es de tías.
—Jinpei, tu delicadeza no conoce límites.
Los cinco alumnos de la academia de policía habían decidido pasar la noche al raso para ver las perseidas: una lluvia de estrellas que ocurría en verano. Habían decidido subir con todas las mantas que habían conseguido recolectar bajo el plan de “si el instructor nos pilla, dejamos que Morofushi se encargue de darle pena porque nadie le dice que no al niño”.
Mientras Matsuda y Rei se encargaban de llevar las mantas a la azotea, Date y Hagiwara se encargaron de comprar provisiones para aquella noche especial.
—¿Y estas patatas? ¿No las había de bacon?
—Parece que estás en esas épocas del mes —le picó el rubio esta vez.
—¡A ver si vas a pasar tu una de esas épocas en el hospital, imbécil!
—Vamos, no le hagáis caso. Está así porque mi hermana le dio calabazas.
—¡Díselo ya a los periodistas, Hagiwara! ¡Tener amigos para esto!
El resto se echó a reír y Matsuda, viendo a sus amigos tan felices, se unió también a las risas. Esos momentos les daban la vida.
—Nos vamos a terminar perdiendo las perseidas al final —comentó Date tomando una patata.
—No sé si se podrán ver bien con las luces de Tokio —dijo Hiro mientras le pasaba la bolsa a Rei—. Lo bueno sería verlo en un bosque.
—¿Para que Jinpei se nos pierda trepando uno? Paso.
—Hagiwara, noto ciertas ganas por tu parte de meterte conmigo hoy.
—Nah, se te quiere mucho —y le guiñó el ojo.
Era un grupo que al principio no podían ser más dispares, pero con el tiempo se dieron cuenta de que eran más parecidos de lo que creían y lo que no tenía uno, lo tenía los otros.
Cada uno brillaba con luz propia, pero juntos deslumbraban (mejor preguntárselo al instructor que por poco se queda calvo en el último examen de tiro).
Date el líder, Rei el genio, Hiro la lealtad, Kenji la naturalidad y Matsuda el ingenio.
¿Quién necesitaba las perseidas teniéndolos a ellos?
Mientras comen y beben arropados por las mantas y por las conversaciones (casi todas en contra de Matsuda y su mala suerte), Hiro es el único que pregunta:
—¿No nos estamos olvidando de algo?
Años más tarde, Rei alza la vista para verlas desde el parque de Tokio, imaginándose que cada una de esas luces es uno de sus amigos, vigilándolo y alentándolo para seguir adelante porque la causa merece pena.
