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Cuando Sua está sola

Summary:

Mizi se ha ido a jugar con otros chicos, dejando a Sua a solas con sus pensamientos. El momento se rompe cuando Acorn se acerca con una confesión inesperada.

Ojalá Mizi estuviese con ella todo el tiempo.

Chapter Text

Había una corriente de aire artificial y un poco calor que provenía de su estrella azul, el sol. La incógnita de que sí es el mismo tipo de calor que tenían los habitantes de la tierra antes de que se los llevaran para preservarlos, se aloja en su cabeza dos segundos, antes de que una pregunta más importante surgiera de esa minucia; ¿Por qué?

 

Qué insensatez. 

 

Los seres humanos eran crueles y fueron secuestrados por seres que lo eran el doble. Ha leído suficiente como para sacar sus propias conclusiones, la única diferencia entre ambas especies era el tamaño. Los humanos de la tierra también tenían mascotas, y les ponían collar. Aunque no sabe si exponen sus emociones como el que portan.

 

Se pregunta cuándo llegará otra forma de vida, más poderosa y esclavizará a los segyeins. No puede imaginar a Nigeh cantando en su idioma extraño.

 

Sua, despatarrada bajo el árbol en el que solía estar con Mizi, está con los brazos extendidos dejando su mente inquieta ir en muchas direcciones. Imagina cómo le viaja la sangre por las venas. 

 

Sí se queda lo suficientemente quieta, puede sentir el cosquilleo del flujo en su cuello.

 

Hace unas horas estaba un poco molesta y triste porque Mizi había preferido jugar con otros niños a las escondidas con el espeluznante robot vigilante a estar con ella (Sua no entiende por qué Mizi se haría ese daño).

 

Después de lagrimear un rato, su mente se dirigió por un laberinto de teorías para explicar su existencia sin ella. La conclusión no tenía relación con Mizi, ni tenía mucho sentido. Pero la agotó lo suficiente como para despedir la tristeza de su pecho.

 

Ahora está en un estado de relajo inusual, como cuando descansaba sobre las piernas de su hermana mientras ella divagaba sin cesar de muchas cosas que no entendía y qué ahora por más que intente no puede recordar. La sonrisa de Hia le hacía pensar que eran cosas buenas, pero conforme pasaba el tiempo se iba volviendo aterradora. No sabía con exactitud qué parte la inquietaba, pero conforme notaba la diferencia en los pequeños microgestos de su rostro, sentía algo bajo su piel constreñirse.

 

Sua se quedaba muy quieta esperando que volviera a tener la misma sonrisa amable de siempre, que, por el amor al gran Anakt, se relajara para poder hacerlo ella también.

 

Se quedaba muy tiesa esperando, le dolía la mandíbula por lo que ahora reconoce como tensión. Hia al notarlo suspiraba y en esa exhalación se iba su extrañeza. Le decía tonta con su dulce voz llena de ternura y burla, luego la abrazaba. Solía abrazarla tan fuerte que pensaba que podrían volverse una sola persona. Recuerda desear que sucediera para entender qué estaba pensando.

 

Era demasiado pequeña y estúpida como para preguntar. Sabe que por más que estudie, no compensará lo que no dijo.

 

A veces se duerme imaginando que puede decirlo todo.

 

Se imagina que le disparan al cuello y en lugar de sangre, se desborda en palabras. Con un sonido difuso, similar a un megáfono, que sin mover los labios, se quejará hasta la muerte de todo y de todos. Se imagina que en ese último momento, será más valiente que nunca.

 

Le dirá a Nigeh que es una mala madre y que en realidad no tiene originalidad. Le diría a Till que es un cretino y que Mizi solo está siendo amable porque le teme al rechazo. A Iván que no son iguales, que deje de pensar en ella como una versión paralela de sí mismo.

 

A Mizi le pediría perdón y quizás le reclamaría por dejarla sola hoy.

 

Es una imagen cómica, le da menos miedo a qué le salga ese líquido rojo.

 

Se pregunta si su hermana mayor la estaría viendo desde algún lugar. No se le ocurre nada que decirle, sería demasiado tarde. 

 

Con ella el tiempo se vuelve una soga.

 

Sua se ahoga cada vez que piensa en ella, por lo que trata de pensarla poco. No siempre funciona.

 

Cada vez que regresa a casa con su madre, espera encontrarla. Camina por los pasillos de las habitaciones en forma de enjambre y se salta la visita a sus otras hermanas. Se va directamente a la que era la habitación de Hia, en un rincón que no tiene forma de nada. Siempre está oscuro. Hia quitó las luces para evitar que le viera la cara, aunque Sua nunca podía dejar de verla. Su hermana era hermosa, aún con la cicatriz atravesando su ojo.

 

La intuición le dice que ella ya se volvió cenizas, pero en su cabeza hay dos voces contradictorias. Una que le dice que escapó y espera por verla de nuevo;  y otra que le dice que es una idiota, que en lugar de estar pensando en ella aproveche el tiempo de otra forma. Cree que la segunda voz es una tonta, porque tampoco se le ocurre nada más que estudiar.

 

Sua puede que sea más tonta por hacerle caso. Sobre todo porque, como dice Iván, estudiar no sirve de nada allí.

 

Se pregunta si los demás también pueden oírlas y hablan con sus amigos de las voces de forma casual. Se pregunta si Mizi ya lo ha hablado antes con alguien y decidió que el tema no valía la pena para hablarlo con ella también.

 

O quizás ella no era lo suficientemente interesante como para hablar del tema.

 

Cierra los ojos un rato, necesita vaciar su mente de nuevo antes de que muera de tristeza.

 

No tiene sueño, pero quiere dormir para que el tiempo pase más rápido.

 

Bop.

 

Lo imagina, la sangre gorgoteando, ella sin poder decir nada. Sua trata de evitar esa imagen y pensar en Mizi, que ahora debe estar escondida en algún lugar donde no debería, pero en su lugar, ve a su hermana, diciéndole que es linda y débil.

 

Siente el sonido del pasto rozando con algo. Los pasos son tímidos, no los reconoce. 

 

No abre los ojos, pero ya se siente alerta.

 

Escucha un carraspeo, luego, como si alguien se estuviera sacudiendo la ropa, unos golpecitos secos e innecesarios, dado que el pasto ni siquiera es de verdad, mucho menos la tierra. A menos que los saquen del jardín artificial y los pongan en el real como cuando van de excursión.

 

Sea lo que sea que esté sucediendo, la distrae de seguir intentando quedarse dormida. Pasan unos segundos y ella agudiza el oído para saber cuándo se alejará. 

 

No siente pasos.

 

Comienza a sentirse incómoda, no le gusta que haya gente extraña a su alrededor. 

 

Si solo Mizi estuviera aquí, piensa.

 

—Hola —dice la voz. No suena femenina ni masculina. Quizás le habla a otra persona. Se hace la muerta esperando que se vaya— ¿Sua?

 

Entreabre un ojo esperando que no se note, no logra ver así que lo abre todo. Es Acorn, que se sienta al lado de Mizi en la clase de biología. Siempre luce fastidiado por alguna razón. Si bien su actitud no es buena, tampoco le resulta molesto.

 

Mizi le gusta a un montón de chicos, pero él no parece ser parte de ese grupo.

 

Gracias a los cielos. 

 

Sua no podría soportar a más chicos insistentes alrededor de Mizi. Pareciera que salen debajo de las piedras, aumentan cómo las hormigas.

 

—Hola.

 

—¿No estás con Mizi y Till?

 

La respuesta es tan obvia, que está segura de que es una pregunta capciosa, aun así no sabe lo que Acorn quiere obtener de ella exactamente, podría ser una forma para preguntar por qué no está con Mizi o bien una manera de iniciar una conversación.

 

Sua no responde de inmediato porque no sabe qué contestar. Solía hablar con Doroti, no con Acorn.

 

No tenía interés en comenzar ahora.

 

—Umh…, ¿necesitas algo de mí?

 

—No. Digo, sí. Espera, tengo algo que decirte —Ella asiente para que continúe, pero él parece asustado. Sua mira las flores que la rodean y presiona ligeramente el lente de una de las cámaras. Se pregunta cómo se verá la situación desde afuera y si quienes la están viendo se sienten tan incómodos como ella ahora mismo.

 

Los segundos pasan lentamente. Lo mira y ve su rostro ligeramente sonrojado, con la punta de los dedos tirando ligeramente de su flequillo. Es tan alto como Till, tiene el pelo corto como Iván, no se ve infeliz.

 

Antes esta persona se la pasaba triste, a veces se tiraba del pelo con fuerza, lo más cerca de la raíz que podía. Miraba a los chicos con anhelo y cuando se daba cuenta que Sua estaba mirando, ponía una expresión muy fea. Cómo si hubiera secuestrado a su insecto favorito.

 

Sua había recibido miradas de odio similares antes por parte de sus hermanas. Así que no se había ofendido demasiado.

 

Veía una desesperación idéntica en Hia, aunque en lugar de dañarse, la apretaba a ella, tan fuerte que le dejaba marcas en los brazos. En los peores días la agarraba del cuello o del estómago. Cuando volvía en sí la abrazaba con una disculpa verbal incómoda diciéndole idiota con tono cariñoso, antes de posar su frente sobre la suya. 

 

En otras ocasiones se ponía más afectuosa, le besaba las mejillas y la acurrucaba, como esperando algo de ella. Le recordaba a sus otras hermanas cuando acurrucaban a una muñeca para sentirse menos solas.

 

Se le apretaba el corazón cada vez que pensaba en eso. Recuerda cómo en esas situaciones se quedaba callada como madre le había enseñado aunque era más por temor que por obediencia. Había leído en alguna parte que si no te movías, los carnívoros dejaban de intentar atacarte. Fue una niña estúpida por asociar un libro de animales a su hermana mayor.

 

Debió decirle que estaba todo bien, qué no le dolía. Debió abrazarla de vuelta, en lugar de quedar paralizada. Quizás se fue porque se sentía sola y necesitaba encontrar amigos en otra parte.

 

Sua debió decirle que incluso si no se disculpaba la amaba, que no importaba cuántas veces la hiriera, eso no cambiaría. 

 

Es su más grande arrepentimiento.

 

En un acto autocomplaciente, había decidido mantenerse cerca de Doroti, esperando que su presencia le incomodara lo suficiente para que no intentara hacerse daño.

 

Sólo hablaron unas cuatro veces antes de que Doroti dejara de existir y naciera Acorn. De forma paralela, no volvió a herirse. 

 

¿Hacía cuántos años fue eso? No puede recordar.

 

No fue un hito importante en su vida, pero le trajo paz. El jardín había perdido a una niña trágica y llorosa con las mejillas abultadas como una ardilla para ganar a un niño con un corte de cabello soso que, aunque silencioso, ya no arremetía contra sí mismo cuando se sentía mal.

 

Quizás la razón de su malestar siempre fue no ser quien era.

 

No tenía idea si él quería hablar de eso con alguien y solo ella recordaba a Doroti. O incluso es posible que tenga un nuevo problema que le inquiete en la actualidad.

 

Sua no tenía amigos además de Mizi, lo que quisiera contarle estaba a salvo con ella. La idea no le parece muy atractiva pero no hay otra razón para que Acorn la busque. 

 

No quiere hablar con él, los hombres son raros.

 

Y él ha estado demasiado tiempo callado.

 

Justo cuando iba a preguntarle nuevamente, él habla con una voz temblorosa: —Me gustas Sua, ¿saldrías conmigo?

 

Ella parpadea tres veces en un segundo.

 

Doroti la odiaba, ¿cómo podía gustarle a Acorn?

 

No se parecen. Nada en ellos es igual. Le costaba pensar en ellos como la misma persona, pero aun así, ¿todo debía cambiar tan drásticamente?

 

¿Era necesario ser la antítesis de lo que fue para poder ser quien quería?

 

Lo observa intentando ver algún signo de broma. En cuanto sus ojos se encuentran él se pone más rojo y tiembla ligeramente.

 

Se pregunta si su cabeza explotará.

 

Recuerda la actitud de Till con Mizi y le dan ganas de golpearse la frente con la palma de la mano, pero decide que eso solo hará que la situación sea más incómoda de lo que es.

 

Que este chico antes hubiera sido Doroti hace que tenga menos temor a su reacción, aunque preferiría estar en cualquier otro lugar en este momento.

 

—Gracias, pero no, lo siento —Él no dice nada. Mira el suelo y ella espera que se vaya luego, cómo lo hicieron algunos otros antes que él.

 

Pero no se va.

 

—¿Puedo preguntar por qué?

 

—No me gustan los chicos —dice, aunque había otras razones. Muchas. Mizi, por ejemplo. Lo ha dicho antes, ama a Mizi. Nadie podría compararse a ella jamás.

 

Pero se siente triste cuando recuerda a Mizi y no quiere hablar de ella ahora.

 

La reacción de Acorn rara. Él sonríe. Es una buena sonrisa, no de esas que finge Iván.

 

—Gracias —Acorn se inclina, su voz también suena feliz. Sua no lo entiende, pero al menos no está enojado o triste. No la culpa y aunque no debería importar, eso la deja tranquila.

 

Ella se vuelve a tirar al suelo y cierra los ojos, pero no lo siente alejarse.

 

—¿No te vas?— pregunta con las manos entrelazadas en su estómago.

 

—¿Me puedo quedar?

 

—¿Por qué?

 

—Me peleé con mis amigos y el resto está jugando ahora. No quiero interrumpir.

 

Ella suspira: —Bueno.

 

—¿Puedo hablar contigo?

 

—No tengo ganas de hablar.

 

—No tienes que responder —dice un poco más rápido.

 

Sua no quiere. Quiere ponerse a soñar, pero no dice nada.

 

Él lo toma como su consentimiento.

 

—El otro día mamá me llevó con el padre del prodigio enfermizo, ¿sabes que puede hablar nuestra lengua? Fue muy amable, aunque era muy invasivo. No pude decir nada, él fue quién ayudó con mi tratamiento hormonal.

 

—Prodigio enfermizo… ¿Luka?

 

—¿Lo conoces? —Sua negó con la cabeza. Sólo había oído de él. Hace unos años, la dejaron usar una pista de violín que tocó él de niño. Le gustaba mucho. Sonaba tosca pero inocente, nada parecido a sus interpretaciones actuales.

 

Al no recibir una respuesta suya, Acorn siguió hablando.

 

—¿Sabes? Es agotador estar sentado entre esos dos. Uno sueña despierto y la otra babea mientras duerme. A veces habla tonterías. No sé si alguna vez podré salir de donde estoy. Me frustra porque ni siquiera lo intentan y no puedo concentrarme.

 

Eso llama su atención.

 

Está hablando de Mizi (también de Till, pero eso no es importante). 

 

Siente una ligera molestia.

 

—No es su culpa.

 

—Lo sé. No quise culparlos, pero estoy cansado y quería desahogarme… perdón.

 

Sua no sabe por qué le dice esto a ella y no a ellos dos, ni por qué se disculpa. Él sigue hablando, y muy de vez en cuando contesta.

 

Él le pide de regalo para curar su corazón roto un insecto como el que le dio a Till en su cumpleaños. 

 

Sua opina dos cosas al respecto; su corazón no está para nada roto y claramente no entendió el propósito del regalo. Así que decide explicarlo:

 

—Lo hice para que se asustara.

 

—¡Lo sé!— se ríe —Vi su cara, estaba tan pálido como el papel.

 

—¿Por qué te gusta alguien tan cruel?— Se incorpora y se abraza las rodillas, hay una sonrisa autocrítica en su rostro.

 

Se pregunta si a Mizi le seguiría gustando si supiera que es más egoísta de lo que le deja ver. Que en realidad no quiere compartir su tiempo con nadie más.

 

—Fue solo una broma. Además, se lo merecía.

 

—Era una amenaza.

 

—Él se lo buscó.

 

—No hizo nada.

 

—Está bien ser un poco mezquina a veces. Dejas que otros tomen tus cosas todo el tiempo. 

 

—No, no lo hago. Además no tomó nada mío.

 

—Compartes tu comida con Mizi, comes lo que no le gusta. Le diste una de las flores más bonitas que tenías. Le diste tu insecto más grande a Till —parece que va a decir algo más, pero no lo hace.

 

Lo del insecto lo hizo pensando que, entre más grande, más gritaría Till, que es un delicado. Sus intenciones eran malas.

 

Y Mizi, por otro lado, no es cualquier persona. Es la más importante.

 

No tiene ninguno de esos gestos con nadie más. Ella no habla con nadie más si puede evitarlo.

 

No lo sabe, ¿cierto? Pues ahora lo sabrá.

 

—Amo a Mizi. Soy mala con todos los demás.

 

—No eres mala. Eres más amable de lo que quieres creer.

 

—No.

 

—Sí.

 

—Eres un chico molesto.

 

—Soy un chico. Se supone que debo ser molesto.

 

—¿Quién lo dice?

 

—Esas cosas no se dicen… No es fácil ser una chica, mucho menos una de las hijas de Nigeh. Mantenerte derecha, no hablar sí no te lo piden, cuidar tu peso. Mi madre siempre me dice lo afortunado que soy por ser su hijo. Por dejarme ser, por eso intento mejorar. Quiero que se sienta orgullosa.

 

—Te manipula con culpa —dice ella con la rabia creciendo en su pecho. Sua no necesita de su lástima humillante— No te permitió ser, te lo permitiste y ella sólo aceptó porque no le quedaba de otra. Era eso o perder su inversión, ¿crees que mi madre siente orgullo de verdad? Descartó a mi hermana y la escondió. No nos quieren de verdad, ni a ti, ni a mí, ni a nadie.

 

Sabe que Nigeh no dudará en reemplazarla, ¿quién sabe cuántas más vendrán después de ella? 

 

Por eso Sua se descartará primero. Nigeh no esperaría que su hija más popular pierda tan pronto como concurse.

 

No quiere morir, pero es la única manera de que Mizi viva. No sabría qué hacer si pierde a alguien más.

 

Mizi debe sobrevivir, tiene muchos motivos para hacerlo. Es brillante, tiene amigos, tiene sentido que sea ella quien viva. La extrañará, pero no será para siempre.

 

Sua piensa que debería estar practicando en lugar de charlar con Acorn. Quiere pedirle que se vaya y la deje en paz.

 

Comete el error de mirarlo antes de hacer cualquier solicitud.

 

Él pone una expresión de dolor que casi puede sentir. 

 

La culpa la golpea inmediatamente. 

 

Debió dejarlo sentirse amado, nunca dejaba que Mizi sintiera lo contrario con respeto a Shine. Aunque ella tuviera sus dudas.

 

Sua estaba amargada y solo destilaba veneno. Puede que la madre de Acorn sí lo ame de verdad y ella solo está celosa.

 

—Vaya. Eso fue duro.

 

—Sí —dice apenas. Puede sentir una obstrucción molesta en su garganta. Aún así, no puede disculparse— Es… es mejor que no hablemos de nuevo.

 

—Fue duro, pero sigues gustándome.

 

—Mi respuesta siempre será la misma.

 

—Gracias.

 

Ella se ríe sin ánimo:—Eres raro.

 

—¿Puedo seguir conversando contigo a veces?

 

—No.

 

—Solo de vez en cuando, cuando no haya nadie más.

 

—Espeluznante.

 

—Duele, ¿sabes?

 

—No lo parece —responde.

 

Él se ríe y Sua se siente ligeramente aliviada. No es la peor conversación que ha tenido.