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Language:
Español
Stats:
Published:
2026-02-17
Words:
1,336
Chapters:
1/1
Hits:
15

El calor del amor en un bar

Summary:

Era una fría noche del catorce de febrero. Y si bien el bar de Shiki no era el escenario ideal para los enamorados, el amor de todas maneras cruzará sus puertas.

Notes:

Fanficsito de san valentin, ¡Y en tiempo record! a comparación al año pasado jajaja

Esta era un idea ambigua en la que fui improvisando sobre la marcha (y cambiando un montón) quería un primer encuentro suave, memorable y tierno... Creo que lo logré.

El título viene de una canción de antaño que descubrí en un bar cuando fui a desayunar y me pareció ideal para la historia. Pero, luego escuché la canción y es horrible, nada ver con esto (igual me quedé con el título)

Disfruten.

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

.

.

Era un sábado por la noche. Frío, ventoso, pero un cursi catorce de febrero. El día de las flores, los chocolates, los regalos caros, los abrazos y los besos bajo la luz de la luna… 

Sin embargo, un bar de un barrio sencillo, pequeño y modesto, no era precisamente el escenario ideal que tanto le gustaba a las parejitas de enamorados, todo lo contrario. 

Takamura Shiki, bartender calificado y dueño del bar que abre de 17:00 a 2:00 todos los días, había visto cada desdichado cruzar sus puertas en las noches de san valentín con el paso de los años. Hombres miserables por su soltería, otros despechados por un amor fallido y casos más especiales que no valía la pena mencionar. Y Shiki se preguntaba, con cada trago que les servía, cuándo el amor se volvió tan amargo en esos días. Era una pena. 

Hasta que una noche de san valentín lo visitó un cliente que no se parecía en lo absoluto a los otros desdichados. 

El llamativo cabello rosado caía hacia un lado en una trenza floja pero bien hecha, dejando algunos rizos alrededor de su delgado rostro. Iba muy bien vestido, de elegante abrigo color granate y bufanda más oscura haciendo juego con sus guantes, y su mirada, oh encantadora mirada, encarnaba el rosado de las joyas más preciosas. Shiki, aun en su labor, no le quitó la mirada de encima.

—Bienvenido, ¿En qué puedo servirle?

Shiki ignoró por completo al hombre que le pedía una copa más, qué importaba ese mísero borracho, entusiasta por su nuevo cliente que sin duda cambió su panorama esa noche. Y cuando la bufanda fue desenvuelta se reveló una sonrisita complacida por sus atenciones. Cómo le gustaba a Shiki su trabajo. 

—Quiero… — mencionó la voz fina suavemente, humedeciéndose los labios resecos por el frío. Qué tentación —¿Podría preparar un rum old fashioned?

Ron añejo, dulce y especias. Un trago intenso e ideal para las frías noches de invierno que solo un conocedor pediría. Shiki quedó encantado.

—Sus deseos son órdenes —y no se lo pensó dos veces para complacerlo.

Shiki se ocupó rápidamente del pedido, pero sin descuidar ni un solo detalle, ansioso por encontrarse con esa mirada rosada una vez más. Y pronto dejó sobre la barra el resultado, un vaso de vidrio preparado cuidadosamente, a su cliente más especial de la noche (Era su negocio, déjenlo fantasear con ello)

Oh, gracias —el hombre incluso lució impresionado por su rapidez y eficiencia. Shiki infló el pecho, orgulloso.

Entonces, una mano delgada se extendió, sin los guantes Shiki pudo apreciar el juego de anillos que la adornaba (¿Estará alguno vinculado a un serio compromiso? Si era así, ¿Por qué estaría solo un día como ese?) que inesperadamente se encontró con la suya, pues por sus divagaciones seguía en su lugar. Shiki sintió la chispa con apenas un roce, vivaz y suave que le recorrió todo el cuerpo, y retiró la mano solo para no parecer demasiado obvio ni incomodarlo, era lo que menos quería. 

Un cliente ya demasiado borracho fue el que lo sacó momentáneamente de su ensoñación, del hechizo en el que terminó absorto desde que ese hombre de rosado cruzó su puerta. Atendió su petición, esta y la de los otros que había descuidado por andar distraído, pero por supuesto que no se perdió de la expresión del otro hombre cuando probó la bebida. Los ojos se abrieron por un momento, su brillo demasiado evidente, y una nueva sonrisa se extendió, incluso su postura se relajó en su asiento. Qué satisfactoria reacción para algo que preparó con sus propias manos con tanto esmero. 

Shiki le dio su espacio, como lo hacía con cada cliente, y se entretuvo con el trabajo mientras tanto. Sirvió copas, cobró cuentas y despidió clientes. Pronto, el bar quedó casi vacío, salvo por cierta presencia que bebía en silencio, absorto en pensamientos. Shiki lo observó, no demasiado obvio, mientras limpiaba y ordenaba un poco. Era catorce de febrero, el día para celebrar el amor, y le parecía irreal que una persona tan especial, joven y atractiva, pareciera solitaria ante las luces tenues y el calor de su bar. Una parte de sí se sintió mal por eso, todos merecían a alguien a su lado, pero a la vez hubo alivio, esperanza, una oportunidad.

—¿Todo bien, caballero? 

Sin más que hacer, Shiki cayó en la tentación y finalmente volvió a acercarse, cuidadoso para no asustarlo ni incomodarlo. El otro hombre levantó la mirada, sus ojos encontrándose enseguida, y hubo un asentimiento y un suspiro de alivio sincero.

—Es justo lo que estaba buscando. 

Shiki no era precisamente el más astuto, pero tenía una corazonada. Tal vez, solo tal vez, lo que buscaba era más que un buen lícor en esta fría noche. Bueno, solo podía averiguarlo. 

—¿Es así? —inquirió a cambio, no queriendo ser demasiado entrometido, pero al final la gente venía a su bar a beber y a soltar la lengua un poco y cómo le gustaría escuchar a este cliente más que a cualquier otro. Su historia, sus preocupaciones, sus sueños… ¿Estaría entrometiéndose demasiado? 

El hombre se lo pensó por un momento y Shiki esperó, admirándolo en silencio pero no en secreto, después de todo tenía tiempo de sobra. Lo vio llevarse el vaso a los labios, sosteniéndolo de forma elegante y firme, y dar su último trago. Fue un trago considerable, a diferencia a como venía bebiendo hasta entonces, y cuando el vaso estuvo sobre la mesa, ya vacío, Shiki notó el rosado en su rostro que definitivamente le sumó encanto, robándole una sonrisa y un fuerte latido a su corazón demasiado cautivado. 

—Fue un largo día… 

Shiki lo escuchó. El trabajo, los contratiempos, la gente y las críticas. Llevaba años en su carrera, dando resultados con creces, y aun así muchos lo seguían tratando como un amateur, como si pudiera ser desechado en cualquier momento. Entendía su frustración, y cómo le gustaría remediarlo todo para él, pero que hubiera conseguido en su bar el refugio que buscaba, que tanto necesitaba, lo honró. 

Por ahora Shiki solo podía hacer una cosa: 

—Cuando lo necesite aquí habrá un rum old fashioned esperándolo —no tenía un consejo, pero si su sincero ofrecimiento. Sirvió un vaso con agua y se lo extendió, sabiendo bien que lo necesitaría luego de beber tanto de golpe —. Ya sabe donde encontrarme. 

La expresión frente a él se iluminó. Ilusión, esperanza, alivio, confianza… Si a Shiki le pareció atractivo cuando lo vio, y cómo no, en ese instante lo superó todo. Bum-bum

—Gracias… —mencionó al salir de la impresión, suave y audible—. Es bueno tener un lugar a donde ir —se sinceró a cambio.

Compartieron sonrisas y Shiki sintió mariposas en la panza. Si tan solo… 

—Debería irme. 

Cierto, la hora de cierre… Pero a Shiki no le molestaría extender su horario un poquito más. Definitivamente se estaba dejando llevar demasiado, ¿Era porque el amor había cruzado sus puertas en ese día de los enamorados? Sí, Shiki, a sus treinta y cinco recién hechos, era un romántico de primera. 

No dejó que pagara, excusándose con que era su último cliente y que la casa invitaba para compensarlo por su día largo, que tuviera algo bueno para finalizarlo. Su genuina intención fue bien recibida, aunque le insistió un poco al principio, y no desaprovechó la ocasión para insinuarle que regresara pronto. 

—Lo haré — su promesa vino acompañada de una nueva sonrisa que se embellecía cada vez, Shiki no podía dejar de admirarla, ¿Estaba bien de su parte? —. Para la próxima vez, ¿Podría pedirle algo diferente? 

—Seguro — le sonrió de vuelta, complacido y halagado por un próximo encuentro aunque no supiera cuando llegaría—. Debe probar mi between the sheets

Hubo una risita mientras el otro se terminaba de alistar para salir, el abrigo y los complementos a juego ya en su lugar, y luego una declaración que lo dejaría despierto el resto de la noche: 

—Bien… Pero no acepto between the sheets hasta la segunda cita. 

Oh. 

Oh. 

.

.

Notes:

Amo meter a between the sheets cuando tengo la oportunidad, siempre.

¡Gracias por leer!