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Amortentia | Mernoski

Summary:

En las mazmorras de Hogwarts, la Amortentia burbujeaba tranquila, ajena al caos emocional que provocaba. Cada alumno percibía un aroma distinto, siempre ligado a lo que más deseaba. Manuel frunció el ceño al aspirar.

Definitivamente, no esperaba oler aquello.

Notes:

Especial de San Valentín con one shot de almas gemelas (⁠◍⁠•⁠ᴗ⁠•⁠◍⁠)⁠✧⁠* .

Este O.S. no es mío, es una adaptación de la traducción de pinkmutantpotato y la historia en inglés es de countdracilya, yo solo hice la adaptación para que quede lo más fiel posible a la historia. Todos tienen edades similares.

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Una pila de libros se estrella sobre la mesa, casi dándole al pancito de Lautaro por centímetros. Su jugo de calabaza se derrama de su taza, unas gotas caen bruscamente en la parte superior del papel inacabado de Adivinación del rubio. Sofocando un suspiro, Lautaro levanta la vista a tiempo para ser empujado mientras Manuel sube al banco junto a él. Al otro lado de la mesa, Joaquina sonríe detrás de una tostada. 

"Buenos días a los dos amores de mi vida" dice Manuel, estirando la mano para revolver el cabello de la castaña. Ella le manda un beso y le lanza a Lautaro su servilleta para que él pueda secar su ensayo. 

"Más te vale que esto se seque antes de Adivinación, imbécil" murmura el rubio. 

Manuel pasa su brazo alrededor de los hombros de Lautaro y lo acerca más. "A la mierda Adivinación, yo ya conozco el futuro. Somos vos y yo, bebote". Se inclina y presiona un beso húmedo en la ceja del menor. 

Lautaro lo empuja, frotando la saliva con la manga de su túnica negra y roja. "Merlín, espero que no". 

El mayor se acerca y roba un pedazo de panqueque, metiéndolo en su boca bruscamente. Joaqui le lanza una mirada que Lautaro no puede descifrar, pero antes de que pueda tratar de sacarlo, Manuel se recuesta sobre él, aullando: "Oh, tú chico cruel, no tenes idea de lo que me haces cuando me rechazas así..." 

Lautaro es misericordiosamente salvado por un monólogo completo de Zaira, quien anuncia su presencia resoplando en voz alta y cayendo a la derecha de la otra chica. "Cállate, Manuel. Nadie tiene tiempo para tus dramas". 

"¿Y ahora incluso mi mejor amiga se puso en contra mía? Haciéndome a un lado como algún... como algún... dios, ¿Qué es algo asqueroso?" Manuel pregunta con la boca llena de avena. 

Lautaro lo mira con desdén. "Vos". 

Manuel deja caer la cabeza sobre su pila de libros con un ruido sordo distinto. Lautaro toma una nota mental para buscarle más tarde una contusión cerebral, cuando Merlo deje de ser tan insoportable para estar cerca. "Pium, pium, mi bebé me disparó" suspira Manuel exageradamente en la portada de su libro de texto de Defensa Contra las Artes Oscuras. 

Zaira atraviesa la mesa para palmear su cabeza con dulzura. "No sos mi mejor amigo. Es Lauti" dice, sin ninguna disculpa. Ella sonríe al rubio. Manuel lanza un suspiro aún más fuerte y deja escapar un sonido lamentable. 

"Te quiero, Manu" dice Joaquina, tomando un sorbo de su té de la mañana, "Incluso si sos tan odiosamente molesto". 

La cabeza de Manuel se levanta ligeramente y le lanza a ella una sonrisa torcida que hace que el estómago de Lautaro se mueva. El rubio se lleva la taza a la boca y bebe su café, deseando que su cerebro se despierte y deje de enviar tontos sueños sobre Manuel mirándolo así en primer plano. 

 "Una chica persiguiendo mi propio corazón. Joaquina Lerena de la Riva, ¿Queres casarte conmigo?" Manuel pregunta, estirando la mano sobre el plato de Lautaro para agarrar la mano de ella. 

"Obvio, corazón" dice Joaqui a la ligera, apretando la mano de Manuel con cariño. Lautaro apoya su taza sobre la mesa un poco más fuerte de lo previsto y Joaqui lo mira con el ceño fruncido ante eso. Pero él solo se inclina sobre su papel, releyendo la misma línea de apertura de su conclusión tres veces en lugar de mirarla a los ojos. 

"Más vale que Facu no se entere de este compromiso" dice Zaira, empujando a Joaqui con el codo "El pobre niño va a ser aplastado al saber que estás fuera del mercado". Joaqui pone los ojos en blanco y pellizca a Zai a su lado.  

Lautaro toma su pluma y trata de terminar su ensayo mientras discuten. Él va a tomar su taza de café, pero Manuel lo empuja suavemente y de repente serio, le dice "Eu, sabes que la cafeína te da ataques de pánico. Pensé que la ibas a ¿dejar?" 

Hay algo como preocupación en los ojos claros de Manuel, y Lautaro tiene que mirar hacia otro lado. Siempre se siente un poco desequilibrado cada vez que Manuel cambia de su ser molesto habitual al tipo de persona que se preocupa por la ingesta de cafeína de él. Lautaro sabe que debajo de toda la fachada, Manuel es amable. No soportaría esas estúpidas voces si el ojiverde no tuviera algunas cualidades redentoras. El problema es que Manuel tiene tantas cualidades hermosas que hace girar la cabeza de Lautaro. Es mucho más fácil luchar contra este estúpido enamoramiento cuando se olvida de que hay algo más allá de los chistes malos y las malas imitaciones. "Sí, yo... umh. No dormí bien anoche. Y realmente necesito terminar este ensayo antes de esta tarde". 

Manuel asiente, inclinándose a su lado para leer la introducción. "Es una buena tesis. No tengo clase hasta la una hoy. Si lo terminas antes, puedo corregirlo" ofrece. La gente siempre se ríe del hecho de que Manuel es un Slytherin. Y Lautaro es un Gryffindor, demasiado inteligente, pero le viene bien una mano y los demás tienden a olvidar que Manuel es el mejor de su clase, superado sólo en la Historia de la Magia por David y su memoria interminable. Sin mencionar el hecho de que Manuel lleva el 'ingenio más allá de la medida' a un nivel completamente nuevo con registros tan agudos que podrían cortar el vidrio. 

"Sí, eso estaría buenísimo. Gracias, Manu". 

La sonrisa de Manuel se vuelve cegadora. "Cualquier cosa por vos, bebote". 

Lautaro muerde su panqueque en lugar de darle una respuesta. Él piensa que estar solo con Manuel por cualquier cantidad de tiempo podría matarlo. Sería un poco irónico, porque la madre de Lautaro todavía intenta convencerlo de que se quede en casa todos los años antes del comienzo del semestre. Simplemente lo asienta y enumera cada cosa equivocada que cree que lo llevará a su fallecimiento temprano en Hogwarts, como si fuera una trampa mortal y no una escuela. La magia es impredecible, diría ella, y lo que es impredecible es peligroso. Se desmayaría si supiera que su bebé no solo era gay, sino que estaba enamorado del mago más talentoso e impredecible de su año. 

Termina su panqueque lentamente, dejando que Joaqui y Zaira absorban a Manuel nuevamente en su conversación. Demasiado pronto, es hora de la primera clase del día de Lautaro. Él tiene una habilidad especial para los Encantos (Manuel dice que es porque es tan encantador, lo cual es una broma), así que no le importa exactamente tenerla tan temprano, pero preferiría estar en la cama ahora mismo. Él y Zaira se levantaron de sus respectivos bancos, enviando saludos cansados al otro par. A la mierda Manuel, piensa Lautaro. El pelinegro no tiene clase hasta la una, mientras él ya se habrá sentado en dos clases cuando se encuentre con Manuel en la clase de Pociones.  

Espera. 

Lautaro frunce el ceño. "Manu, ¿Por qué mierda te levantas tan temprano si no tenes clases hasta la una?" 

Manuel, por un segundo, parece desprevenido. Se recupera tan rápido que Lautaro cree que tal vez lo había imaginado. Esa sonrisa suya de mierda está en su lugar antes de que Lautaro pueda siquiera parpadear. "Bueno, Lauti mi amor, mi día simplemente no puede empezar hasta que veo tu preciosa cara". Se inclina para pellizcar las mejillas de Lautaro, pero éste lo aparta y resopla. Agarra la muñeca de Zaira y la arrastra hacia la entrada del Gran Comedor, la risa de Manuel siguiéndolo. 

Para el momento en que Lautaro se encuentra con Manuel en la biblioteca, está agotado. Tienen media hora hasta Pociones, y Lautaro está a dos segundos de acurrucarse en las pilas de libros y evitar el mundo. Merlo está recostado en una silla, con los pies apoyados sobre la mesa y la nariz enterrada en un libro. Parece irritantemente alegre para alguien que ha estado despierto tanto tiempo como el rubio. Cuando ve a Lautaro, su rostro se ilumina aún más. "¡Mi amor, eu!" Grita, ganándose una mirada puntiaguda y un severo silencio de Madame Pince. Manuel le lanza un guiño exagerado y ella pone los ojos en blanco con cariño. 

"No me digas 'mi amor'" se queja Lautaro rotundamente, dejándose caer en la silla junto a Manuel. Rebusca en su bolso hasta localizar su ensayo. 

Manuel se lo quita y saca la lengua con concentración mientras lee la introducción. "Oh" dice de repente, dejando caer el pergamino y buscando su propia bolsa. Él arroja el contenido bruscamente sobre la mesa, apartando pedazos de pergamino y envoltorios de bombas fétidas. Lautaro arruga la nariz por el aroma. El más alto lo mira, sonríe con su típica sonrisa torcida y dice: "Que lindura" por su expresión tierna, antes de rescatar el ensayo de Lautaro de debajo de su montón de basura. Lo sostiene con seguridad sobre el desorden y lo lee mientras sigue buscando algo dentro de su bolsa con la otra mano, hasta que agarra- bueno, Lautaro no sabe qué. "¡Ja!" Grita Manuel, ganándose otro silencio más contundente. Minutos después, un paquete de Calderos de Chocolate aterriza en el regazo de Lautaro. 

"¿Son para mí?" Pregunta Lautaro, algo sorprendido. 

Manuel se agarra la cabeza y pasa una mano por su desordenado cabello, se recuesta aún más en su silla. "Sí, pensé que podrías usar un estímulo antes de que tengamos que lidiar con cualquier mierda que Slughorn haya cocinado hoy". 

Lautaro siente una sonrisa tirar de sus labios. "Si tengo una carie por todos los caramelos que me das de comer, mi mamá me va a matar". Sin embargo, rompe el paquete de Calderos de Chocolate como si desaparecieran si parpadea. En casa, su madre nunca le deja comer azúcar. Tal vez se pasa de la raya cuando está en la escuela, pero es principalmente culpa de Manuel. Él ha estado dividiendo sus barras de caramelo por la mitad para compartir con Lautaro desde el primer año. 

Manuel levanta la vista del ensayo del rubio y sonríe con sus labios. El estómago de Lautaro se revuelve. "Me provocas caries solo con mirarte, bebé". Hace una pausa y agrega, "Una carie es un pequeño agujero en tu diente, ¿verdad? ¿Qué arreglan los dentistas, sí?" 

Lautaro resopla. "Sí, Manu".

"Que enfermo" Manuel reconoce, viéndose orgulloso de recordar otro dato sobre el mundo muggle. Cuando Lautaro por primera vez cometió el error de decirle a Manuel qué era un dentista, Manuel había estado horrorizado del hecho de que los muggles perforan sus bocas. Manuel, un sangre pura, siempre había enjuagado sus dientes con cualquier poción necesaria para mantenerlos saludables e intactos. Durante aproximadamente una semana después, él había ido por ahí exclamando a cualquiera que escuchara (y algunos que no lo hacían) que los muggles estaban jodidamente locos. 

Lautaro se mueve en su asiento, mirando a Manuel leer. "Eu, eh" comienza Lautaro "Gracias... por leer mi ensayo y por las chucherías". 

"No hay problema, Lauchita" dice Manuel, y antes de que Lautaro pueda protestar por ese horrible apodo, Santiago aparece, luciendo perfectamente organizado como siempre. "¡Baulo, qué varonil! ¡Te ves fachero, amigo!" 

La esquina de la boca de Santiago se arquea. "Gracias, Manu". Él mira la basura en la mesa y su expresión se vuelve desdeñosa. Dirigiéndose a Lautaro, dice: "Parece que fue tu turno de cuidarlo, pero igualmente hizo un desastre enorme. Te estás volviendo demasiado bueno con él, Mosca". 

Lautaro suspira tristemente. Él mira de reojo el desastre y dice: "Me distrajo con Calderos de Chocolate. Soy débil". 

"Débil de rodillas para Manuel Merlo, eso es seguro," exclama el susodicho, levantando una mano hacia Santiago para chocar los cinco, pero él mira la mano ofrecida hasta que Manuel se rinde y la baja. 

"Es débil en las rodillas" corrige Santiago, al mismo tiempo que Lautaro grita: "¡No es así!" 

"¡Señor Moschini!" Madame Pince sisea desde la recepción con los ojos entrecerrados. 

Santiago pone los ojos en blanco. "Vamos, o sino llegamos tarde a Pociones". 

Manuel pasa un brazo sobre la mesa, volcando toda la basura en su bolsa en lugar de tirarla como un humano funcional lo haría. "Llegar tarde a Pociones suena mucho mejor que ir a Pociones" se queja Manuel, y Lautaro tiene que estar de acuerdo. "Esto, mi amor," agrega, extendiendo el ensayo de Lautaro "Fue perfecto como siempre, no sé por qué estabas enloqueciendo. Sos un loco inteligente, amigo". 

Con eso, se pone de pie y sigue a Santiago fuera de la biblioteca, seguro de que Lautaro lo seguirá, como siempre. El rubio siente su cara sonrojarse. Él mira hacia abajo al pergamino, notando que Manuel ha dibujado un corazón sobre la 'i' en su apodo 'Lauchita'. "Buenísimo" murmura Lautaro por lo bajo, "Buenísimo. Ponete las pilas, idiota. Es Manuel, por el amor de Dios". 

"¿Mi amor?" 

"Ya voy" dice con voz elevada Lautaro, lanzando una última mirada de disculpa en dirección a la señora Pince antes de salir corriendo de la biblioteca. 

 

"Hoy," anuncia graciosamente Slughorn, con los brazos extendidos "Aprenderemos sobre algo que creo que todos encontrarán bastante entretenido". 

Dice alguna variación de este saludo de todos los días, y generalmente es incorrecto. Lautaro odia las pociones. Sobre todo, Lautaro es malo en Pociones, y Lautaro odia cualquier cosa en la que no es inmediatamente bueno. Manuel es, por supuesto, fantástico en eso y es la razón de por qué Moschini siempre se sienta junto a él durante clases. Le gusta cuando su poción no explota en su cara, lo que inevitablemente hará si no trabaja con alguien lo suficientemente bueno en Pociones para cancelar lo malo que es. Hoy, sin embargo, Lautaro está sentado al lado de Santiago. Dos mesas más adelante, Manuel eligió sentarse entre Davo y Zaira. Lo cual está... bien, eso cree. Extraño, pero bien. Lautaro está bien. Manuel puede sentarse con otras personas si lo desea. 

Santiago ya comenzó sus notas para el día, un encabezado colocado perfectamente en el centro exactamente un centímetro debajo de la parte superior del pergamino. La mayoría de los días, Lautaro desea poder ser más como Santiago. Espera que, algún día, sea la mitad de organizado como él. Por ahora, está contento de que Bauleti le permita copiar sus notas. 

Más adelante, Manuel llama la atención de Lautaro y comienza a hacer muecas. El rubio tiene que morderse el labio para no sonreír, y casi se pierde el anuncio de Slughorn. 

"¡... aprendiendo sobre Amortentia! De hecho, tengo un frasco aquí..." 

Manuel levanta la mano y habla antes de ser llamado, como siempre. "Tire algo de eso por acá, profe, tengo algunas damas para cortejar". 

Slughorn se ríe. Es el único profesor que encuentra a Manuel incluso vagamente divertido. "Ahora, ahora, señor Merlo, eso es poco apropiado. Sin embargo, voy a pasar este recipiente para que cada uno pueda percibir su verdadero amor. Amortentia huele a lo que sea que les atraiga, por lo que será diferente para cada uno de ustedes. Pueden compartir, o pueden guardar ese conocimiento para ustedes mismos". 

Lautaro es inmediatamente poco entusiasta. Santiago, sin embargo, se anima y mira a Zaira. Lautaro lo empuja ligeramente a un lado. "¿Qué pensas que vas a oler?" Pregunta con tono burlón. 

"No tengo idea" dice Santiago rotundamente, enviando a Lautaro una de sus patentes miradas laterales, "¿Qué crees que vos vas a oler?" Lautaro abre la boca y luego la cierra. Decide renunciar a responder por completo y, en cambio, tararea una canción random. "Me parecía" murmura Santiago en complicidad y el rubio suelta la carcajada. 

"Ya sé que voy a oler a la mamá de Lautaro" Manuel anuncia a nadie en particular, "Nunca la conocí, pero somos almas gemelas. Me imagino que huele a productos de limpieza de limón y antiácidos. Muy sexy". 

Lautaro deja caer su cabeza sobre la mesa. Oye un golpe sobre la cabeza de alguien, seguido de gritos de Manuel. Lautaro silenciosamente agradece a Zaira o Davo por su servicio. Probablemente Zai. Davo es muy amable para golpearlo. 

"Tengan cuidado de no derramar una gota de esto mientras lo pasan por la clase, y no, repito, no lo beban," la voz de Slughorn se eleva ligeramente. Los estudiantes ya comenzaron a susurrar entre ellos, riéndose y preguntándose en voz alta a qué huele su alma gemela. Slughorn le entrega el frasco a Maggie, una valiente Gryffindor que hace sudar a Manuel. "¿Le gustaría compartir, señorita Lindemann?" 

Maggie respira hondo, con la nariz cerca de la abertura del frasco. "Sí, claro" dice ella, fácilmente, "Huele... ahumado, como si alguien acabara de apagar fuego. ¿Cómo a fruta también? Como un huerto de manzanas". 

La poción recorre la sala, pasando de estudiante en estudiante. Lautaro apoya su barbilla sobre sus puños cerrados y frunce las cejas. De repente está muy contento de no estar sentado al lado de Manuel. A su lado, Santiago comienza a inquietarse. Lautaro se acerca y le toca ligeramente el brazo para calmarlo. 

Robert Strom, un Slytherin tan hermoso como amable, coloca el frasco frente a Zaira. Sus manos se rozan y Zai sonríe, encantadora de una manera que hace que Manuel quiera vomitar. Robert se sonroja tan rojo como la corbata de ella. Lautaro llama la atención de Santiago y comparten una mirada plana. "Desearía que ya tuvieran una cita" dice Santiago con rigidez, sus dedos golpeando impacientemente la madera de su escritorio. 

"No, no lo haces" dice suavemente Lautaro, sabiendo que su amigo en realidad deseaba matar al tipo. 

"Me pregunto qué olerá Manuel" Santiago responde cambiando de tema a propósito, mirando a Lautaro de reojo. 

"Anda a la mierda" dice Lautaro enojado. Cuando mira de regreso, Santiago está sonriendo. Imbécil. 

Ambos callan y miran a Zaira sostener el frasco en su nariz e inhalar profundamente. Por un momento, suspira, sonando contenta. Manuel le sonríe, listo para abrir la boca y decir algo estúpido y sexual, pero antes de que pueda, los ojos de Zaira se abren de golpe. Se ve confundida. Ella mira desde el frasco a Robert, él le corresponde. De repente, los hombros de Zaira se ponen rígidos. 

Pasa el frasco tan agresivamente que Manuel, siempre la imagen de la gracia, casi lo tira. Davo se apoya con su brazo detrás de Manuel y agarra el codo de Zaira con el ceño fruncido. 

"¿Qué mierda le pasa?" Santiago murmura. Él entrecierra los ojos en la parte posterior de la cabeza de Zaira. 

Lautaro lo ignora, concentrándose en la espalda de Manuel. Su cabeza está encorvada sobre el frasco, oliendo con cautela como si fuera a estallar en su cara si se acerca demasiado. Suspira, en algún punto entre exagerado y aliviado, y Lautaro lo escucha susurrar "Jodido infierno". 

"Lenguaje, señor Merlo" dice Slughorn con calma, deteniéndose frente a su escritorio. Él mira a Zaira y agrega, "Señorita Nara, ¿está bien? Se ve como si hubiera visto un fantasma". 

"Toybien" murmura Zaira, y baja la cabeza sobre los brazos cruzados. 

Slughorn levanta una ceja pero la deja en paz. Volviendo a Manuel, pregunta "¿Le gustaría compartir, señor Merlo?" 

Y Manuel, que nunca ha mantenido la boca cerrada una vez en su maldita vida, sacude la cabeza en negación y en silencio. 

Slughorn le arranca el frasco de la mano a Manuel y se lo da a David, quién mira con cautela a sus amigos ahora catatónicos y huele con cautela. Después de un momento, deja escapar un suspiro de satisfacción. Su alivio es palpable. "Huele increíble" dice soñadoramente, distrayendo a Slughorn de dónde está flotando sobre Manuel y Zaira. "Como la primavera". 

"¡Maravilloso, señor Quint!" Dice Slughorn, sonriendo brillantemente. David se lo da a la chica detrás de él y Slughorn se acerca a su propio escritorio. Adquiere otro frasco pequeño de uno de sus cajones y lo lleva rápidamente hacia Santiago, agregando: "Aceleremos este proceso, ¿de acuerdo? Otro frasco va a pasar por el otro lado. Adelante señor Baietti. Olfatee". 

Santiago le da una mirada fulminante al frasco. "¿Tengo que hacerlo, profesor?" Pregunta, con las cejas levantadas y la boca hacia abajo con desagrado. 

Por un momento, Slughorn parece decepcionado. Obviamente, no es así cómo esperaba que fuera su clase. Lautaro decide tirarle un hueso al hombre y le da un codazo a Santiago en las costillas. "Hacelo, Santiago" sisea, enviando ojos grandes e inocentes a Slughorn. 

Bauleti resopla. "Bueno". Con cuidado, descorcha el frasco y se lo lleva a la nariz. Lautaro deja que sus ojos vaguen hacia la mesa de Manuel, quien tiene los ojos pegados al suelo. Zaira, sin embargo, llama la atención de Lautaro y le devuelve la mirada. El rubio inclina la cabeza, un silencioso '¿Estás bien?' Zaira niega con la cabeza una vez. Sus ojos van más allá de Lautaro y aterrizan en Santiago, ya respirando hondo. 

"¿Cómo huele, señor Baietti?" Pregunta Slughorn. 

"Bien" dice Santiago en un tono seco y se lo da bruscamente a Lautaro. 

Moschini lo intenta por un momento antes de ofrecerle a Slughorn una sonrisa de disculpa. Alrededor de la sala, los estudiantes charlan entusiasmados mientras se pasa el otro frasco. Son ajenos a la agitación interna de Lautaro. Si huele a Manuel, eso significa que... el enamoramiento, o lo que sea, es más que un enamoramiento. Significa que Lautaro no puede ignorarlo. Significa que tendrá que hacer todo lo posible para lidiar con sus problemas, lo que él no quiere hacer. Pero piensa que si Santi puede ser valiente y aguantar, él también puede hacerlo. 

Lautaro mira la poción por un momento, antes de hacer de tripas, corazón e inhalar profundamente.  

Inmediatamente, es Manuel.  

De nuevo, siempre ha sido Manuel, desde los primeros años. Lautaro nunca ha tenido ojos para nadie más.  

Huele a una tarde en los jardines, las manos casi pero no del todo rozando. El chocolate de sus Calderos de Chocolate compartidos, el humo del cigarrillo de Manuel, la tierra húmeda debajo de ellos. Huele como volver a casa. 

Lautaro inmediatamente quiere vomitar. 

Sus pulmones se tensan. A ciegas, agarra la mano de Santiago e, inmediatamente, los dedos del castaño se entrelazan con los de Lautaro, un ancla fuerte y estable. Se miran y comparten una mirada de comprensión mutua; los dos están completamente jodidos. 

Lautaro no suelta la mano de Santiago hasta el final de la clase; apenas puede concentrarse más allá del zumbido en su cabeza. Cuando Slughorn los despide, son los primeros en ponerse de pie, agachar la cabeza a la par y salir corriendo por la puerta.  

Las mazmorras están frías sin el calor del fuego en el aula de Pociones, pero ayuda a aclarar su cabeza. "Van a salir en cualquier momento, tenemos que irnos" murmura Santiago, tirando rápidamente de Lautaro por la escalera más cercana. 

"No podemos evitarlos" protesta el rubio, a pesar de que sus instintos de lucha o huida se han activado al máximo y todo su cuerpo está corriendo a gritos. 

"Sí, podemos" dice Bauleti con firmeza, y Lautaro se deja arrastrar. Terminan en algún lugar del tercer piso, justo afuera de la armería. Santiago se presiona contra la piedra, mirando hacia adelante y hacia atrás hasta que está satisfecho que el pasillo está vacío. Se miran el uno al otro por un breve momento.  

Lautaro da un golpe errático contra su pierna, incapaz de quedarse quieto. "¿Qué oliste?" Pregunta Lautaro bruscamente, porque nunca ha sido bueno con los silencios incómodos. 

"Zaira" Santiago responde simplemente. "¿Vos?"  

Lautaro suelta un suspiro. "Manu". 

"Buenísimo" suelta Santiago sarcásticamente. 

Lautaro mira detrás de él, contando las piedras en la pared. "¿Estás seguro que era Zaira?". 

Santiago se quita un cabello de la cara, luciendo molesto. "Sí. Era como si estuviera justo a mí lado y la brisa golpeaba el lado derecho y... sí. Podría reconocerla en cualquier lugar. Un poco de menta, ¡mucha! poción alisadora Sleekeazy y ese desodorante muggle que Manuel dice que la hace oler como una cualquiera". Sonríe y se ríe en silencio por un momento, antes de que se desvanezca y lo deje viéndose un poco perdido. 

Lautaro mira a su alrededor, impotente. "Entonces, eh... ¿Qué hacemos?". 

Después de largas pausas, Santiago decide: "Ignoramos todo esto y hacemos que no sucedió". 

Lautaro frunce el ceño. "Suena como una mala idea". 

"Estuviste evitando enfrentar tu enamoramiento por Manuel durante tres años-". 

"No fueron tres años, banca, fueron como..." Santiago levanta una mano y Lautaro se calla. 

 "Lauti, fueron tres años. Tres largos y desconcertantes años de verte obsesionado con alguien que piensa que hacerse la morsa con papas fritas es la cúspide del humor". 

"Mira quien habla" murmura Lautaro, cruzando los brazos, "Zai todavía escribe su nombre en toda su ropa interior. Su cantante favorita es Cyndi Lauper, sin ironía. ¿Sabes que es un cigarrillo electrónico? Porque Zaira encontró una manera de encantar uno y lo mantiene debajo de su almohada-" 

"'Ta bien, los dos tenemos un gusto cuestionable" interrumpe Santiago, con una pequeña y cariñosa sonrisa en sus labios. Lautaro está vagamente asqueado por sí mismo y preocupado por la situación. "Escucha, está bien, esto no cambia nada. Al menos, no tiene que hacerlo. Todo es esencialmente lo mismo. Todavía te gusta el horrible chico heterosexual y a mí la inalcanzable chica, que probablemente nunca nos van a querer". 

Lautaro suspira y se rasca la nuca. "Entonces ¿lo ignoramos?"  

Santiago asiente definitivamente. "Lo ignoramos". 

"Esto va a explotar en mi cara" se lamenta miserablemente. 

 

Lautaro finalmente regresa al dormitorio de Gryffindor, después de veinte minutos extra de deambular sin rumbo por el castillo, Zaira yace boca abajo en el suelo, con su cabeza apoyada en sus brazos. "Umh" dice Lautaro, tratando de llamar su atención. 

"Dejame acá para morir" se lamenta Zaira. 

Lautaro camina sobre ella sin pisarla y se dirige a su cama, bajando las cortinas de las cuatro columnas. Se instala en el borde y dice "No". Está un poco molesto porque es él quien se supone está teniendo una crisis existencial aquí. 

De repente, Zaira se da la vuelta. Ella mira de reojo a Lautaro acusadoramente. "¿Están en algo vos y Baulo?" 

Lautaro definitivamente no esperaba eso. "¿Qué?" 

"Estuviste agarrando su m-mano durante toda la clase después de oler la Amortentia" dice Zaira miserablemente, mirando al techo y suspirando profundamente. "Lo oliste, ¿no?" 

Lautaro no puede evitarlo; él ríe. Zaira se levanta y se siente ofendida. "No" aclara el rubio, incrédulo. Se ríe de nuevo, algo corto e infeliz "No, no olía nada que ver con Bauleti". 

"¿Lo prometes?" Pregunta Zaira, sonando lamentable y Lautaro le sonríe con pesar.  

"Lo juro como si atravesara mi corazón y esperase morir".  

Zai parece considerar esto por un momento. Luego, se lanza del suelo con un saltito para acostarse en su propia cama que, con los años, había podido cambiar a escondidas sin que sepan que ella estaba en el área de muchachos, solo para estar junto a la cama de su amigo. Se sienta frente a Lautaro con las manos cruzadas en su regazo. Ella, confiada e impenetrable, parece tan perdida como cuando Lautaro la conoció, apenas capaz de tartamudear un hola. "Lo hice" dice en voz baja. 

Lautaro frunce el ceño. "¿Hiciste qué?" 

Zaira respira hondo. "Yo... dios". 

Lautaro se mueve hacia delante rápidamente y agarra las dos manos de ella entre las suyas. "Está bien, tómate tu tiempo" dice suavemente. La cara de la castaña está roja por el esfuerzo de tratar de hablar. Lautaro no la vio tan agitada y angustiada en años. Zai creció y formó una piel gruesa, con el tipo de encanto que hace que los chicos caigan a sus pies, tartamudeando de timidez o no. Es la chica más tranquila que Lautaro conoce; deja que la mayoría de sus problemas resbalen sin dejar huella y los maneja con la clase de gracia con la que Lautaro, un desastre ansioso, sólo podía soñar. Pero ahora, Zaira se aferra a Lautaro como un salvavidas, con la cabeza inclinada por la derrota. Y el rubio no sabe qué hacer con esta Zaira. "Respira hondo para mí, Zai, ¿si? Toma tu tiempo. Está bien". 

Lautaro aprieta las manos de Zaira tranquilizadoramente y espera a que lo mire a los ojos. Se sientan allí por lo que parece una eternidad hasta que ella susurra muy bajito "Yo... yo olí a Santi". 

"La puta madre" se expresa asombrado Lautaro. 

"Sí" Zaira acepta. 

Este es el día más extraño de la vida de Lautaro. 

"¿Es por eso que estabas tan rara en clase?" 

"Sí, yo... yo pensé que iba a oler a Robert, ¿Viste? Estuvimos jugueteando durante unos meses y él estaba coqueteando aún más fuerte después de oler la p-poción y pensé que eso significaba que olía a mí y, probablemente lo hizo ¿Cierto? Pero yo olí a Baulo... olí al perfume que le roba siempre a Manuel, por lo que ya no tiene la esencia de Manuel, sino que pertenece a Santiago. También olí pergamino fresco y tinta, ¿Viste la forma en que mancha sus dedos después de que escribe un ensayo? Y... y olí al cuero de las pelotas de Quidditch que tanto le gustan y lleva a todos lados, sobre todo cuando no para de hacer pases con quien sea que le siga el juego en clase y..." Zaira mira impotente a Lautaro "olía a Santiago". 

Se miran el uno al otro por lo que parece una eternidad, pero probablemente sea solo un minuto. 

Lautaro se aclara la garganta. "Pareces prestar... mucha atención a Bauleti". 

"Sí, obvio que sí, él es mi amigo" se excusa con las cejas fruncidas. Dios, es tan tonta.  

"Zai" llama Lautaro suavemente "¿Qué tipo de perfume uso yo?". 

"Qué se yo" dice de inmediato "¿Por qué lo sabría?". Lautaro espera un momento. "Oh" dice Zaira en voz baja. 

"Y literalmente vivimos juntos durante seis años" aclara entre ofendido y divertido, sin amabilidad. 

Los ojos de la castaña se abren con horror abyecto. Ella suelta las manos de Lautaro y se deja caer sobre su cama. "Me gusta Baulo" susurra "La re puta madre, me gusta Santiago". 

Lautaro no tiene idea de qué hacer con está información. Podría terminar esto ahora mismo y decirle a Zaira que Bauleti también gusta de ella, pero se siente como una traición a la confianza de Santiago. Podría correr hacia él, decirle que ella siente lo mismo, pero eso se siente (otra vez) como una traición a la confianza de su amiga. En lugar de cualquiera de esas opciones, Lautaro elige el camino de menor resistencia y dice, suavemente, "Creo que deberías hablar con Santi". 

"Pero ni en pedo" niega, sentándose abruptamente. Lautaro se preocupa vagamente por el latigazo cervical. "Arruinaría nuestra amistad. Ni siquiera debería haberte dicho esto, pero tenía que saber si ustedes estaban en algo". Parece un poco enferma ante la idea. "Manu dijo-" 

"¿Qué dijo Manuel?" Pregunta Lautaro, exasperado y con temor en la boca del estómago. 

"Manu dijo que, ya que Santi no suele ser, ya sabes, tan afectuoso... que estabas teniendo un ataque de pánico o que olieron el uno al otro" dice Zaira, y luego hace una pausa. "Es raro decir eso, ¿no? Que oliste a alguien". 

El rubio resopla. "Sí. Suena tan raro". 

Zaira deja escapar una risa tranquila, pasándose una mano por el pelo. Ella mira sus pies y deja que una sonrisa caiga algo agridulce y triste. "¿Entonces tuviste un ataque de pánico?". 

"Yo... eh. Empecé a tenerlo" admite e inmediatamente quiere golpearse a sí mismo. 

Los ojos de Zaira se encuentran con los de él, preocupados y maternales, de manera que hace que Lautaro sea inmediatamente culpable de saber lo que sabe y no usarlo para tranquilizarla. "¿Por qué?" 

"No esperaba lo que iba a oler" responde Lautaro honestamente, porque siente que le debe eso a ella, como mínimo. "No quiero hablar de eso" agrega rápidamente, antes de que Zaira pueda hacer preguntas incriminatorias. 

Hay una pausa, y luego la muchacha dice: "Está bien". 

Lautaro suspira, aliviado. "Gracias, Zai". Se aclara la garganta. "Tengo que ir a entregar mi ensayo antes de la cena, ¿Te veo en el Gran Comedor más tarde?" 

Ella asiente. "Sí, Moski, seguro. Te veo más tarde". 

Lautaro asiente, y luego sale del dormitorio de los chicos de sexto año. Baja las escaleras de dos en dos, casi atropellando a un Robert Strom de aspecto bastante angustiado. Cuando pasa el retrato, finalmente se permite respirar. 

Para el horario de la cena, camina hacia el Gran Comedor con pies de plomo, arrastrando cada paso. No quiere encarar a Manuel, no quiere tener que mentirle a Zaira ni a Santiago, y de todos modos apenas tiene apetito. Cenar suena positivamente nauseabundo. Pero si no va, Zaira se preocupará y le hará preguntas, y Manuel mezclará bromas tontas con preocupación mal disimulada, y Facundo tratará de abrazarlo, y si alguien parece a punto de abrazarlo, Lautaro se echará a llorar. 

Su estrés solo se simplifica por el hecho de que todavía no sabe qué olió Manuel, o por qué reaccionó de la manera que lo hizo. Cualquier cosa que deje a Manuel Merlo sin palabras es peligroso. A Lautaro no le gustan las variables faltantes. Le gusta tener toda la información posible al entrar en territorio desconocido. Con Manuel, eso nunca ha sido del todo posible; siempre hay algo desconocido que lo mantiene adivinando y lo jode. Manuel siempre se las arregla para sorprenderlo. 

Lautaro odia las sorpresas. 

Mantiene la cabeza baja mientras entra al Gran Comedor. Todo es abrumador al instante, desde el olor de la comida hasta las voces fuertes de sus compañeros. Él camina aproximadamente sesenta metros más allá de la puerta antes de que una voz aguda grite "¡Moski!" 

"Jesucristo" murmura Lautaro en voz baja. Pone una sonrisa falsa y dice, en lo que espera sea un tono alegre "Hola, Sasha". 

Sasha Ferro es siete punto seis centímetros más baja que Lautaro y el ser humano más molesto que él haya encontrado. Para agregar, ella está muy enamorada de él, incluso después de que él y otras personas de Hogwarts le dijeron que él es muy, muy gay. "Hola, Moski" exagera su tono suave, sonriendo dulcemente. Se mete un mechón de pelo detrás de la oreja y se inclina hacia adelante de puntillas. Lautaro da un paso hacia atrás deliberadamente. Él no la odia, pero ella ha hecho demasiados comentarios homofóbicos con respecto a su "confusión" para que a él realmente le agrade.  

"Estoy yendo a cenar, vos viste... comer" él dice, moviéndose a un lado para caminar alrededor de ella. Más allá en la larga mesa, Lautaro puede ver a sus amigos sentados juntos. Facundo y Joaquina se toman de la mano, lo cual... es nuevo. No exactamente sorprendente, pero nuevo. 

"Capaz podríamos sentarnos juntos" sugiere Sasha y dos de sus dedos recorren juguetonamente el brazo de Lautaro. Él salta, alejándose como si hubiera quemado. Sasha no pestañea. 

"Umh, no, no creo que eso sea-" 

"¿Sabes lo que olí en la Amortentia hoy, Moski?" Pregunta con una voz que probablemente piensa que es seductora, pero que hace que la piel de Lautaro se erice. 

"No, y realmente no me importa, para ser completamente honesto" responde Lautaro ágil y listo para salir corriendo. Él trata de ser amable, realmente lo hace, pero ella es tan... Sasha. 

La rubia le pone mala cara. "Te olí, Moski, amor" dice ella, con los ojos brillantes, "Caramelos y shampoo natural. Oh, Moski, olía a destino-". 

"Soy gay" le recuerda Lautaro, reprimiendo rodar los ojos. 

"No, amor, estás confundido" ronronea y, justo cuando da un paso adelante, hay un brazo alrededor de los hombros de Lautaro y un cuerpo cálido presionando a su lado. 

"¡Hola, Ferro!" Dice Manuel, estirando las 'o' del nombre y sonriendo demasiado para ser genuino. Hay algo desagradable en sus ojos y su agarre se aprieta alrededor de la cintura de Lautaro. "Molestando a mi Lauchita, ¿cierto? Parecer ser casi todo lo que haces". 

Todo el comportamiento de Sasha cambia. Sus ojos se estrechan en pequeñas rendijas mientras dice, fríamente, "Merlo, ¿No tenes que ocuparte de los problemas de otra persona?". 

"Mira, cuando molestas así a mi pequeño budincito de limón, se convierte en mi problema. Él se enoja porque estar cerca de vos es horrible y no me gusta cuando está molesto. Entonces, ¿Por qué no corres y chillas al oído de otra persona, antes de que te hechice la próxima semana?". Manuel hace un movimiento de ahuyentar con su mano libre y tira de Lautaro por su cintura para rodearla. Ella deja salir un chillido indignado y sale del Gran Comedor, olvidando aparentemente la cena. "Merlín" murmura Manuel, expresa cansado por la insistencia de Sasha mientras dirige a ambos hacia sus amigos.  

Lautaro está siendo arrastrado a mucho lugares hoy. El brazo de Manuel todavía está alrededor de su cintura, pero ahora es casual, como cuando Lautaro ve a las parejas caminar por el pasillo. "Esa mina está re loca. ¿Cuándo va a entender el mensaje?". 

"Ella va a aparecer en mi puerta hasta el día de su muerte, probablemente" dice Lautaro de manera miserable. "Gracias por salvarme" agradece, tratando de concentrarse literalmente en cualquier cosa que no sea el peso del brazo de Manuel que subió y dejó sobre su hombro y la ridícula diferencia de estatura entre los dos, cómo su cuerpo encaja perfectamente contra el muchacho de Slytherin. 

Manuel lo mira y sonríe. De la nada, le da un fuerte y húmedo beso en la frente y susurra "Vamos, vamos a comer". 

Lautaro lo empuja y se ríe porque no puede evitarlo. Manuel, para todo efecto práctico, parece volver a la normalidad después de su colapso silencioso en Pociones. Lautaro no sabe si eso es bueno o no. Manuel tampoco pregunta dónde estuvo Santiago, lo que significa que Zaira ya lo ha contactado. Gracias a Merlín, porque Lautaro realmente tartamudea en la mentira a medias sobre un ataque de pánico que casi tuvo que fue literalmente por Manuel. 

Se desliza en su asiento habitual entre Manuel y David. Santiago está directamente frente a él, bebiendo agua y negándose a hacer contacto visual con cualquiera. Para alguien que está convencido de que ignorar el problema lo resolverá todo, de verdad está haciendo un trabajo de mierda actuando normal. Manuel se acerca a Lautaro y le susurra "No estuvo haciendo nada más que acostarse en su cama y escuchar Air Supply en un viejo tocadiscos muggle toda la tarde. ¿Qué le hiciste?". 

"Nada" sisea Lautaro y luego patea a Bauleti debajo de la mesa, quien se sobresalta, derramando la mitad de su agua por toda la parte delantera de su suéter. Esto hace que toda atención de sus amigos se dirija al castaño, quién mira a Lautaro como si estuviera tratando de convertirlo en piedra. 

"¿Estás bien, amigo?" Pregunta Davo, pasándole su servilleta. "Estás muy callado". 

Santiago toma la servilleta agradecido y se frota la camisa frunciendo el ceño. "Sí, gracias. Estoy bien" miente y le regresa la patada a Lautaro. "¡Ow!" grita el rubio por el asombro y el dolor, antes de cerrar la boca de inmediato. David frunce el ceño. "¿Vos ´tás bien, Mosca?". 

Lautaro puede sentir los ojos de Manuel sobre él. "Estoy de diez, en serio" dice, forzando una sonrisa en su rostro "Porque parece que Joaqui y Facu finalmente sacaron sus cabezas de sus culos y están juntos. ¿Qué mierda pasó?". Es una táctica barata de entretenimiento, pero funciona. Además, Lautaro está muy feliz por sus amigos y realmente curioso por saber qué cambió desde que vió a Joaqui está mañana y a Facu en Aritmancia. Todos inmediatamente se vuelven hacia la pareja, que parecen complacidos y tímidos.  

"Bueno, ya saben," comienza Facundo, "tenemos Pociones juntos, justo antes de que ustedes lo hagan. Entramos juntos y Slughorn estaba preparando algo que olía increíble-" 

"Y pregunté, en voz muy alta, si Facu había vaciado una botella entera de su perfume en él" se suma Joaqui a la explicación, encogiéndose de hombros "Resulta que era sólo la Amortentia y me sentí muy avergonzada delante de la mitad de nuestro año". 

Por supuesto es la Amortentia.

Lautaro no puede escapar de ella. Siente que su sonrisa se vuelve rancia y rápidamente mete una cucharada de puré de papas en su boca. 

"Supongo que es algo bueno que nunca piensas antes de hablar" ríe Manuel, a lo que Joaqui le arroja un guisante de su plato. 

Zai está sonriendo suavemente, y un poco triste, hacia los dos. "Eso es hermoso, chicos. Estoy muy feliz que ustedes finalmente lo descubrieran. Estábamos hablando de eso esta mañana, ¿Cierto, Joaqui?". 

Ella se ríe, despreocupada y feliz. Es un sonido hermoso. "Oh Merlín, tenes razón. Y yo seguía hablando sobre cómo perdí mi oportunidad, ahora que Facu es un bateador titular del equipo de Ravenclaw, porque todas las chicas hermosas de Hogwarts finalmente verían lo que yo veía" se sinceriza Joaqui, volviéndose hacia Facundo. Él coloca su brazo alrededor de su hombro, suelto y cómodo, y presiona un beso en su frente. Lucen como Lautaro imagina que él y Manuel lo hicieron hace unos minutos, excepto que ellos son reales. El cariño y el beso. Es real. 

"Vos sos la chica más hermosa y la única para que tuve y tengo ojos" dice Facundo suavemente y Joaqui presiona sus frentes juntas.  

Lautaro mete otra cucharada de puré de papas en su boca y la baja con fuerza. A su lado, Manuel resopla ruidosamente, una queja que está de acuerdo con las acciones del rubio. "Escuchen, sé que están compensando el tiempo perdido, pero traten de no ser tan asquerosos en frente de nosotros los solitarios solteros". 

Al otro lado de la mesa, Santiago se cruza de brazos y también resopla. Zaira lo mira sorprendida. Sus ojos se encuentran, por sólo un segundo y Zai abre la boca para hablar- 

"¡Santi!" Una mancha negra y dorada se engancha alrededor del cuello de Santiago. El castaño se pone rígido, se da cuenta de quién se aferra a él e inmediatamente lo abraza: el hermanito de Zaira.

"¡Jacob! Hola, amigo, ¿Qué onda?" La cara de Santiago se ilumina y tira de Jacob hacia el banco a su lado. La cabeza del niño cae inmediatamente sobre el hombro del castaño.  

"Manu me ayudó con la Astronomía y ahora tengo cuarenta y ocho diferentes estrellas memorizadas". Jacob se aferra a Bauleti como un salvavidas.  

"¡Eso es buenísimo!" Dice Santiago, revolviendo su cabello con cariño. Santi no es una persona cariñosa por naturaleza; recibir un abrazo de él es como tirar de los dientes. Jacob siempre ha sido la excepción. Desde que su grupo de amigos invadió la casa Nara en el verano después del segundo año, Jacob se unió a Santiago y nunca lo dejó ir. Ahora que el pequeño está en primer año, es constante su presencia al lado de Santiago. Lautaro tiene que admitir que es adorable. "¿Cuarenta y ocho estrellas completas? Merlín,  seguro sos el chico más inteligente de tu año".  

Zaira los mira con una expresión extraña en su rostro. De hecho, se ve un poco constipada. Lautaro no tiene idea como esa idiota no sabía que estaba loca por Santiago hasta hace dos horas. "Zai no quería escucharme decirlas a todas" Jacob pone mala cara, lanzando una mirada acusadora a su hermana. 

"Bueno, Zairita..." Santi hace hincapié en su nombre y pausa para darle a Zaira una sonrisa maliciosa. Ella se pone roja brillante, pero sostiene su mirada "No conoce el talento cuando lo ve. Me encantaría escucharte después de la cena". 

"Desearía que fueras mi hermano" suspira Jacob y Zaira se ahoga con su tos. 

Manuel levanta ambas cejas una vez y piensa en voz alta: "Podría ser, algún día". Inmediatamente, sus ojos se abren y su boca se cierra. "Uh la puta madre. ¿Dije eso en voz alta?". 

La cabeza de Santiago gira hacia Lautaro, con una mirada asesina en su rostro. "Vos le dijiste a Manuel. La concha de tu madre, obvio que le dijiste a Manuel". 

Lautaro golpea su cuchara sobre la mesa. "¿Qué querés decir con que obviamente le dije? No le dije nada a Manuel-". 

"¿Decirle a Manuel qué cosa?" El nombrado pregunta, mientras Zaira grita: "Merlín, no podes mantener tu geta de mierda cerrada por dos segundo-". 

"Creo que nos estamos perdiendo algo" le susurra Facundo a David, quien asiente lentamente.  

Joaquina pone los ojos en blanco y mete un pan con salsa en su boca. 

"No te la puedo creer, Lautaro-". 

"¡No hice nada!". 

Jacob, muy lentamente, se desliza fuera del banco y vuelve a la mesa de Hufflepuff. 

"Sos el peor amigo del mundo, Manuel, te juro" Zaira se calla y cierra los ojos "Banca, banca... ¿Por qué estás enojado?" Le pregunta a Santiago, quien tiene la cara roja y está a punto pelearse de nuevo con Lautaro, quien no se lo merece y ya está con la vena en su frente dispuesto a defenderse. No se había callado la boca para que lo culpen de botón de igual manera. 

Santiago respira tembloroso y se anima a hablar "Le dije eso a Moski en confianza y obviamente le dijo a Manuel-". 

"¡No hablé con él desde que ustedes dos corrieron como murciélagos del infierno de la sala de Pociones! ¿De qué me estás hablando, Santiago?" Argumenta Manuel, poniendo una mano con un montoncito y la otra protectora en la rodilla de Lautaro, acción que el rubio trata de no pensar demasiado. 

"Tuve muchas oportunidades para contarle a Zaira, pero no lo hice, ¡Porque no soy imbécil, Baietti! Y obviamente no le dije a Manuel, ¿Por qué carajo haría eso?" Lautaro grita en defensa propia y sigue: "Zai seguramente le dijo a Manu-" Zaira frena la oración con un ruido ahogado, como quien evita disimuladamente que su amigo diga algo de más, y Lautaro pone los ojos en blanco. "Oh, por el amor de Dios" murmura el rubio, antes de respirar profundamente y soltar: "Ambos se olieron en la Amortentia, ¿Ahí va? Los dos tienen un enorme enamoramiento mutuo. ¡Ahora vayan a tratarlo como adultos y dejen de gritarme!".

La mesa está en silencio. Joaqui mira a Zaira y Santiago, ojos brillando con buen humor e interés. La boca de Bauleti se cierra, mientras que a su lado, Zaira se queda boquiabierta como pez. Lento, dolorosamente lento, sus ojos se encuentran. "¿E-enserio?" Pregunta Zaira débilmente. 

Santiago logra un breve asentimiento. 

Toda la tensión desaparece visiblemente del cuerpo de la muchacha. "Oh, gracias a Merlín" exhala, y luego ella y Santiago se están besando. 

Facundo, bendito sea, comienza a aplaudir. Joaqui lo calla rápidamente, agarrando sus manos entre las suyas. Davo está radiante, con la cara a punto de estallar. Manuel se ha quedado en silencio, con los ojos fijos en su plato. Su mano se ha deslizado de la rodilla de Lautaro y éste se siente repentinamente perdido, sin una cadena. 

Cuando Zaira y Santiago finalmente se separan, están rojos y visiblemente aturdidos. "¿Estás segura?" Murmura él, con la cara aún muy cerca de la de Zaira. Ella se agacha y agarra su mano, sin dejar de mirarlo.  

"Nunca estuve más segura de nada en mi vida" confiesa sincera y honesta como siempre. 

Manuel se levanta bruscamente. "Bueno, siento que acabo de ver un momento increíblemente privado que no debería" dice con un alegre sarcasmo, pero la sonrisa no llega a sus ojos. "Salud por los recién casados, me alegro de que mi mierda masiva pudo resultar en algo hermoso". Con eso, se marcha, riéndose un poco histérico.  

Lautaro de repente se siente terrible y horriblemente solo. 

 

Esa noche, Zaira se acuesta con la sonrisa más tonta en su rostro, mientras Lautaro no duerme en absoluto. Él tira de las cortinas de las cuatro columnas, confinándose en su propia fiesta de lástima. No es que no esté feliz por Zaira y Santiago... lo está, pero eso no significa que Lautaro no pueda revolcarse un poco porque él no obtuvo un final perfecto de cuento de hadas. 

Después de la cena, había ido a buscar a Manuel. Quería preguntar qué significaba su arrebato, si estaba bien, si quería hablar, pero Manuel simplemente había desaparecido. Incluso había enviado a David a la sala común de Slytherin para hacer una búsqueda exhaustiva, pero regresó sin nada. Como Prefecto, Davo tenía acceso ilimitado a todos y cada uno de los dormitorios en la torre de Slytherin, pero nadie parecía estar albergando a Manuel debajo de sus camas o en sus baúles. 

"Disculpa, amigo" había dicho David, dando una palmada en el hombro de Lautaro. "Parecía un poco apagado durante todo el día, después de Pociones. Pero Santi estaba..." 

"¿Teniendo un colapso mental completo?" 

David soltó una carcajada. "Sí, básicamente. Le dije a Manuel que hablaríamos más tarde, después de que hiciéramos que Santi abriera las cortinas y actuara como un ser humano, pero después pasó la cena, y bueno... ahora se fue". Un segundo de silencio había pasado entre los dos, antes de que David se animara y agregara: "Capaz está dando un paseo". 

Lautaro frunció el ceño. "Es febrero". 

David se rió. "No sería la primera estupidez que hace Manuel". 

"Se siente como si hubiesen pasado muchas cosas hoy" soltó pesadamente, dando poco a poco fin a la conversación por su agotamiento. 

"Me voy a asegurar de alguna manera de que vuelva a los dormitorios esta noche" David le había asegurado, apretando suavemente el brazo de Lautaro. "Solo dormí un poco". 

Lautaro no ha seguido el consejo de David. 

Sin embargo, no por falta de intentos. Está agotado mental y físicamente, apenas puede mantener los ojos abiertos, pero su cerebro va a tres kilómetros por minuto. Desde otra cama, Zaira ronca ruidosamente. Lautaro se pregunta qué tan enojado se pondría Bauleti si él asfixiara a su nueva novia con una almohada. 

Lautaro se da vuelta, se pone el edredón sobre la cabeza. Lautaro, a veces, es el mejor amigo de Zaira Nara. La Chica Dorada de Gryffindor. Todo le resulta fácil a Zai, obviando su vida amorosa. Se dio cuenta de que estaba enamorada, entró en una crisis existencial durante aproximadamente tres horas, ¡Y luego todo estuvo inmediatamente bien! Resuelto con un beso, gracias a Lautaro, nada menos. Merlín sabe que esos dos idiotas nunca lo habrían descubierto y eso habría sido doloroso de ver. 

Mientras tanto, Lautaro ha tenido un enamoramiento ridículo y estúpido por Manuel Merlo durante años y no ha llegado a ninguna parte con eso. Simplemente continúa viendo a Manuel coquetear con cualquier cosa que parezca vagamente un ser humano, especialmente con él mismo, de esa manera tonta y burlona que hace que Lautaro quiera arrancarle el cabello. Todo es una broma para Manuel, incluida, aparentemente, la sexualidad de Lautaro. 

Pero eso no es exactamente justo para Manuel, piensa el rubio, porque su amigo había sido la primera persona a la que había acudido al salir del closet y la primera persona en defender a Lautaro contra cualquier tipo intolerante que lo insultaba por ser gay. Por supuesto, él haría todo lo posible por no tratar a Lautaro de manera diferente a como lo había hecho antes, lo que, para Manuel, significaba intentos horrendos y persistentes de coquetear. 

Y eso es todo, ¿No? Manuel es básicamente la mejor persona que Lautaro conoce. Es ferozmente leal y ama incondicionalmente. Es el mejor amigo de Lautaro, aunque él está casi seguro de que no es el de Manuel. Esa sería Zaira. Lautaro ya está muy bajo en el tótem de Manuel de lo que le gustaría estar, y admitir su enamoramiento empeoraría las cosas. 

Lautaro no tiene suerte como Santiago. No llega a tener un final feliz tan fácilmente. 

La mañana siguiente, Zaira prácticamente flota por las escaleras con Lautaro pisoteando detrás de ella. 

"Merlín, es un día hermoso" dice Zaira soñadoramente, con los ojos brillantes como el cielo mismo. 

Lautaro parpadea con cansancio a la luz del sol que entra por la ventana de la torre y frunce el ceño. "Sí, compañera. Es grandioso". 

Zaira se detiene tan repentinamente que Lautaro casi choca con ella. Ella se da vuelta, la cara acongojada de preocupación. Se aclara la garganta y, en su mejor aproximación a la voz de un adulto preocupado, pregunta: "Lauti, ¿Estás bien? Sé que ayer dijiste que no querías hablar de eso, pero sabes que estoy acá si me necesitas". 

Lautaro se siente inmediatamente culpable. No debería envidiar a Zaira por ser feliz, y definitivamente no debería arruinar el buen humor de la castaña debido a un enamoramiento tonto que ha tenido años para procesar. Él fuerza una sonrisa en su rostro y dice "Sí, no. Estoy bien. De verdad. Gracias, Zairi". 

Ante el antiguo apodo, Zai se ilumina un poco. "Solo recordalo, te quiero, Moski. Sos como un hermano para mí. Necesito que estés bien". Ella pasa un brazo alrededor del hombro de Lautaro y lo empuja un poco hasta que él se ríe. 

"Ya sé, amiga, gracias" lo dice en serio. "Yo también te quiero". 

Bajan a desayunar juntos, Lautaro se siente considerablemente más ligero. Es sábado, así que no está demasiado preocupado por no haber dormido. Sin embargo, beberá una cantidad considerable de café para mantenerse despierto.

Entran en el Gran Comedor, y el rubio queda inmediatamente cegado por serpentinas rosas y corazones rojos flotantes y- oh, mierda. Por eso Slughorn decidió que ayer era el día perfecto para la Amortentia. 

"Es el día de San Valentín, ¿No?" Pregunta Lautaro, su estado de ánimo se arruinó al instante. 

"¡Sí!" Dice Zaira alegremente, de vuelta a su vieja y despistada yo. Con su momento de claridad evidentemente desaparecido, hace una línea de abeja hacia su lugar habitual. Lautaro se siente aliviado de ver a Manuel allí, encorvado sobre su plato de avena, entre Santiago y Facundo. Zaira casi salta a su lugar al lado de su novio, abrazándolo y presionando un fuerte beso en su sien. Santiago, por su parte, permanece casi imperturbable, pero Lautaro puede espiar el rojo que le sube por las mejillas. Lautaro se toma su tiempo, arrastrándose un poco hacia atrás mientras observa a Manuel. Parece cansado, con la mirada baja. Él está tratando muy duro de aplastar su metro setenta y cinco para pasar desapercibido, la nariz casi sumergiéndose en su desayuno. 

Lautaro se desliza cuidadosamente sobre el banco, directamente frente al pelinegro. A su lado, David llama su atención y se encoge de hombros, a lo que Lautaro asiente minuciosamente y se endereza para saludarlo "Hola, Manu". 

Manuel levanta la vista, casi sorprendido, como si Lautaro no se hubiera sentado frente a él en casi todas las comidas desde que tenían doce años. "Hola, mi amor" responde con facilidad, tranquilo, casi como si estuviera despertando "¿Qué contas, budincito?" 

Lautaro responde tomando un sorbo intencionado del café que acaba de servirse. Manuel deja escapar un resoplido, quejándose. Esta vez, no comenta sobre la ingesta de cafeína de Lautaro y éste no sabe si sentirse aliviado u ofendido. "¿Dónde estabas después de la cena? Te busqué por todas partes".  

Manuel lo evita diciendo "Fui a caminar". 

Lautaro frunce las cejas. "¿Por qué?".

Manuel suelta una risa nerviosa y pregunta "¿Qué sos, mi niñera?".

Facundo abre de más los ojos mientras toma de su café, pero no dice nada, esperando la pronta respuesta de Lautaro, quien frunce el ceño hacia Manuel y dice: "Solo estaba preguntando. Estábamos preocupados por vos". 

"Nadie más me hizo el interrogatorio" murmura Manuel, empujando una cucharada de avena en su boca. Lautaro piensa, distante, que capaz Manuel odia la avena por como la mastica con bronca. 

"Bue, Dios" dice Lautaro, el apetito rápidamente se ha ido. Empuja su plato abruptamente. El ruido hace que Manuel haga una mueca. "Anda a la mierda, perdón por preocuparme". 

La mano de David cae sobre su hombro, un peso de anclaje. Lautaro respira hondo y se las arregla para controlar su temperamento, pero eso no le impide mirar con dagas a Manuel, que se encoge como si se hubiera quemado. Además, abre la boca para decir algo, pero su lechuza, Simón, lo interrumpe y deja caer un montón de cartas directamente en su avena antes de volar. Manuel cierra rápidamente la boca, arqueando las cejas. 

"Aw, mira eso" bromea Facundo "Manu tiene algunas admiradoras. ¿Qué chica vas a llevar al día de San Valentín? Parece que tenes de dónde elegir". 

Manuel saca las cartas de su desayuno y las deja caer sobre la mesa en una atontada pila. "No me interesa" murmura, levantando la barbilla con el puño. Está haciendo pucheros, por el amor de Merlín. Lautaro quiere golpearlo. 

"Capaz si tenes sexo vas a dejar de ser tan imbécil" murmura Lautaro, lo suficientemente fuerte como para que Manuel pueda escucharlo, a pesar de que la idea de que su amigo esté con alguien literalmente hace que Lautaro quiera vomitar y luego llorar. 

"No. Estoy. Interesado." repite Manuel, dándole a Lautaro una mirada sin expresión. Él empuja su cuchara en su avena, con la barbilla presionada contra la palma de su mano. No verá a los ojos a nadie. 

Santiago, envuelto con Zaira como un maldito canelón, resopla y pregunta, "¿Desde qué puto momento, Manuel? Siempre estás interesado. En literalmente todo lo que parpadea". 

Manuel sale del letargo lo suficiente para lanzar una mirada lasciva "Aw, Santi, bebé, sabes que te estuve esperando" bromea, como si Bauleti le hubiese propuesto acostarse con él con lo dicho.  

Zaira se estira sobre la cabeza de Santiago y golpea a Manuel en el oído. Lautaro frunce el ceño con su café en su boca, le da algo de asco cuando Manuel coquetea en broma con sus amigos. 

"Entonces, Facu" David dice alegremente, una distracción clara, "¿Que estaban pensando vos y Joaqui para el día de San Valentín?" 

Lautaro se desconecta de la conversación porque realmente no le importa. Empuja los huevos frente a él enojado. Al otro lado de la mesa, Manuel también está retraído en sí mismo y mira fijamente su jugo de naranja. Lautaro no sabe qué se arrastró por el culo de Manuel y murió allí, es decir, ¿qué pasó el día anterior? Pero no está dispuesto a lidiar con eso mientras Manuel lo resuelve. La Amortentia obviamente lo jodió, y Lautaro sería comprensivo, excepto que él está pasando por lo mismo y no está actuando como un gigantesco imbécil. 

Apenas se da cuenta cuando Joaqui se sienta, hasta que ella le tira un pedazo de panqueque a la cabeza. "Tierra a Moski" dice ella, mirándolo como si tuviera tres cabezas. 

"¿Qué?" Pregunta el rubio, recogiendo el paqueque de su regazo y colocándolo delicadamente en el borde de su plato. Manuel lo ve hacer eso, carraspea y roba el pedazo para sí mismo. Lautaro le lanza una mirada desagradable y acerca su plato a él. 

Joaqui los mira, vagamente divertida. "Te pregunté si querías venir a Hogsmeade con nosotros". 

Lautaro arruga la nariz. "¿Como el tercero en discordia? No gracias, no soy tan boludo". 

"No, idiota" Joaqui pone los ojos en blanco y mete una cucharada de huevos revueltos en su boca, "Con todos nosotros. Cita doble más vos, Davo y Manu. Solo almorzar en las Tres Escobas, nada especial. Merlín sabe que necesito ser ahorrativa como la puta madre y creo que Santi va a tener un ataque de histeria si Zaira pregunta por ir a Madame Puddifoot otra vez". 

Si bien no quiere estar solo el día de San Valentín, tampoco quiere estar cerca de Manuel por una variedad de razones. Aún así, se encoge de hombros y dice, "Sí, 'tá bien. Supongo que es menos boludo que esconderse en los dormitorios de Gryffindor hasta que toda esta mierda desaparezca". 

"No me acuerdo de que fueras tan anti-San Valentín el año pasado" Joaqui se ríe, "Sos tan dramático". 

"Lo dice la chica con el macho absoluto de novio" responde Lautaro secamente, señalando a Facundo con su tenedor. El muchacho de dientes grandes se sonroja y agacha la cabeza. Joaqui responde lanzando sus brazos alrededor de su novio y salpicándolo con besos hasta que toda su cara está tan roja como las decoraciones que flotan sobre ellos. 

"Aw, deja de avergonzar a Facu, pobre chico" dice Zaira, haciendo manos inquietas a la cara de Facundo. "Vamos a encontrarnos acá a las doce y vamos para allá juntos". 

Lautaro echa un vistazo a Manuel, quién ya lo está mirando. Sus ojos se encuentran por un momento, antes de que el menor levante desafiante la barbilla y Manuel vuelva a mirar la mesa. Lautaro toma el resto de su café de un solo trago imponente.

Va a ser un día largo. 

Lautaro se envuelve en aproximadamente treinta capas y su bufanda favorita, gruñendo por lo bajo todo el tiempo. Odia el frío, sobre todo cuando parece un Michelín. Zaira se ha empapado en aproximadamente ciento trece litros de perfume, cantando horribles canciones de amor con la parte superior de sus pulmones. Lautaro termina y se sienta en su baúl, mira a Zaira saltar durante exactamente diez segundos antes de estallar "Voy a matar a Manuel". 

 Lautaro espera a que ella siga hablando, pero no lo hace así que simplemente pregunta "¿Por qué?" 

"¡Porque estuvo actuando como imbécil y no sé por qué!" Zaira se toma su tiempo abrochándose la chaqueta sin mirar a Lautaro y- 

"¡Oh Dios mío, claramente lo sabes!" Se queja Lautaro. Se notaba demasiado que ella sabía algo y solamente estaba tratando de pincharlo para oír sus especulaciones. 

Zaira salta alrededor de la habitación con un pie en el aire, con los ojos muy abiertos. Sería divertido si Lautaro no estuviera tan enojado. En lugar de reír, él salta de su baúl y avanza hacia su amiga, golpeando su hombro con el dedo. Zaira levanta las manos inmediatamente y dice "No sé de qué me estás hablando". 

"¡Mentirosa!" Escupe Lautaro, girando dramáticamente para seguirla con la vista. Está siendo exagerado, está bien, lo sabe, pero han pasado veinticuatro horas muy estresantes y esto es solo la cereza de la torta de mierda. "¡Sabes por qué Manuel está enojado porque confía en vos y te lo dijo, pero no me lo dijo a mí!" 

"Lauti, esta no es una especie de competencia de amistad" protesta Zaira. Agarra el brazo abrigado de Lautaro, pero él se aparta y se cruza de brazos. 

"¿Está enojado conmigo?" Lautaro exige, y Merlín, siente que sus ojos comienzan a escocer, lo cual es jodidamente fantástico, si hablamos sarcásticamente. Zaira parece alarmada ante las lágrimas del rubio. "¡Porque estaba bien para joder con Santiago, pero me hizo la ley del hielo casi al toque de haberme sentado esta mañana!" 

Zaira extiende sus brazos, indefensa "Está s-solo... pasando por una mierda". 

Un pensamiento golpea a Lautaro como una bludger. Se queda completamente quieto, con los ojos muy abiertos. Es como si alguien arrojara un cubo de agua helada sobre él y se haya quedado atrapado en el momento justo antes de que la reacción golpee. 

Zaira frunce el ceño al notar la expresión blanca de su amigo "¿Lauti?" 

"¿Sabe...?" Lautaro hace una pausa, tratando de descubrir la mejor manera de formular su pregunta sin revelar toda la información por si está equivocado "¿Te... Santi te dijo algo? ¿Sobre mí? ¿Y vos... le dijiste a Manu?" 

El ceño fruncido de Zaira se profundiza. "Lauti, ¿Qué? No, yo-" De repente, sus ojos se abren. 

Lautaro da un paso adelante, apenas resiste el impulso de derribar a Zaira al suelo y cubrirle la boca y no dejarla ir nunca más, "No, Zai-" 

"¡Oliste a Manuel!" 

Lautaro se tira al suelo dramáticamente, como un charco de rojo y dorado de Gryffindor y la única franja verde de Slytherin cosida desordenadamente en el fondo de su bufanda por el propio Manuel. "Cállate" dice miserable, mirando al techo de piedra de su dormitorio y deseando que la torre de derrumbe sobre él, "No podes decir nada". 

Y Zaira, la imbécil, jodidamente se ríe. 

"Necesitas hablar con Manu". 

"No" dice Lautaro de inmediato y esto le resulta molestamente familiar a la conversación que tuvo ayer con ella. "En primer lugar, está siendo un imbécil. En segundo lugar, andate a la mierda". 

"Como quieras, amigo" se rinde, riéndose para sí misma. 

 

Más tarde, Lautaro, que tiene la peor suerte en el maldito planeta, termina atrapado entre Joaqui y Manuel en las Tres Escobas. 

Está bastante seguro de que es culpa de Zaira, porque ella y Bauleti estaban justo detrás de él y, por lo tanto, obviamente deberían haber terminado al lado de Lautaro en la mesa, pero Zaira llevó a su novio al otro lado y Manuel se deslizó en el único lugar disponible: a su lado. Lautaro está casi sentado en el regazo de Joaqui para mantener la distancia. Afortunadamente, ella está demasiado envuelta en Facundo para notarlo. 

Manuel se las arregló para encantar un Whisky de Fuego de la joven y bella camarera cuando Rosmerta no estaba mirando, y casi lo bebió tan pronto como se sentó. Lautaro lo ignora deliberadamente durante el almuerzo, en su lugar habla con Santiago sobre su última tarea de Encantamientos. Zaira parece estar manteniendo algún tipo de conversación no verbal con Manuel usando solo sus cejas. Resulta en algunas... expresiones faciales muy interesantes. 

Cuando terminan, Lautaro es el primero en salir. Está nevando, porque por supuesto que sí, y él baja un poco más su gorro, temblando ligeramente. Manuel aparece detrás de él y sin palabras le ofrece sus guantes. Lautaro espera un momento, tocando las puntas de sus dedos  y los toma con un gesto brusco. "Gracias" dice seco y Manuel sonríe tímidamente. Es una mirada extraña en él, porque Lautaro no cree que Manuel haya hecho algo tímidamente en su vida, así que se siente desconcertado al instante. 

Caminan unos metros en silencio, sus amigos charlan ruidosamente detrás de ellos. Manuel mete las manos en los bolsillos y se encorva. "Umh, sobre lo que pasó antes" comienza, haciendo una mueca de dolor, "Perdón. No dormí bien por la noche. No debería haberme desquitado con vos". 

Lautaro se toma un momento para sopesar sus opciones. Puede ser un imbécil y hacer un gran alboroto y arruinar el día de San Valentín para todos, o puede aguantar y tomar los guantes y las disculpas de Manuel como las ofrendas de paz que son. Manuel lo está mirando nerviosamente, esperando su respuesta, por lo que Lautaro suspira, cansado del mundo, y dice "Está bien. O sea, no estuvo bien, no lo vuelvas a hacer, pero... estamos bien". 

Manuel sonríe torcidamente. Se ilumina toda su cara. "¿Estamos bien?" 

Lautaro aparta la mirada y mira al frente. "Hasta la próxima vez que la cagues, al menos" dice, y Manuel deja escapar una sonrisa sorprendida que detiene la conversación de Zaira y Santiago detrás de ellos. Chusmas de mierda. 

"Bueno, esperemos que sea por un buen rato, entonces" dice Manuel, con las mejillas sonrojadas por la felicidad o el frío. Lautaro se niega a permitirse esperar que sea lo primero. 

"Esperemos" repite, golpeando sus hombros contra el bíceps de Manuel porque es lo más alto que puede alcanzar. Manuel agacha la cabeza, sonríe firmemente en su lugar, su cabello cayendo en la cara. 

"¡Honeydukes!" Joaqui grita, empujando a los dos y arrastrando a Facundo detrás de ella. "¡Sigamos adelante, muchachos! Me he quedado sin plumas de azúcar. Facu, podes conseguirme algunas para el Día-SV" 

Lautaro se voltea hacia Manuel, quién lo atrapa hábilmente y luego deja su mano alrededor de su hombro cómodamente. El rubio se encoge en su bufanda para ocultar su sonrisa e ignora intencionadamente la mirada que Zaira le da cuando ella y Bauleti pasan en la misma posición. Santiago se inclina para susurrarle al oído a ella y ambos comienzan a reír locamente. Lautaro resopla y camina con dificultad, dejando que Manuel lo arrastre a la cálida tienda de caramelos. 

"¡Manu!" Dice el empleado de la tienda, porque Manuel es amigo de todos. "Lauti, eu, ¿Ya te terminaste todos esos Calderos de Chocolate?" 

Lautaro frunce las cejas. "¿Eh?" 

El empleado se ríe. "Debes saber que Manuel compra la mitad de nuestra mercancía cada pocos meses para administrarte un suministro constante de azúcar". 

Lautaro ladea la cabeza hacia un lado. "No sabía eso, no" admite, volteando la mirada entre cortante, tierna y asombrada a Manuel, los ojos brillantes con risas ocultas. 

Manuel mira hacia otro lado, pero Lautaro puede ver el sonrojo en sus mejillas. "Tengo que hacerlo" responde el mayor, rascándose torpemente la nuca con su mano libre "Te pones realmente malhumorado sin tu azúcar intravenosa y solo estoy salvando a la pobre gente de Hogwarts de tu ira inevitable. Es un servicio, realmente, no pienses que sos especial ni nada". 

"No me atrevería" dice Lautaro, bromeando. 

"Bien, porque sos totalmente malo" murmura Manuel, finalmente mirando al rubio. Sus ojos se encuentran y se miran el uno al otro por solo un segundo demasiado largo para ser normal. Algo como esperanza se tuerce en la boca del estómago de Lautaro, cauteloso pero existente de todos modos. El empleado de la tienda mira entre ellos, con los ojos en alto. 

"Estás nervioso" Lautaro murmura para que solo Manuel lo escuche, lo observa detenidamente entrecerrando los ojos apenas, "¿Por qué?" 

"No'stoy nervioso" murmura Manuel, dando un codazo de buen humor a Lautaro, para luego depositar un golpecito en su nariz con un dedo y girar dramáticamente. Lautaro se sorprende de lo mucho que extraña el peso constante de Manuel contra su costado. Por otra parte, realmente no lo hace. "¡Estás buscando algo que no está allí, Lauchita de mi vida!" 

Y sí, ese es el problema, ¿No? 

La cara de Lautaro de desmorona en contra de su propia voluntad. Manuel ya está dando vueltas hacia otro pasillo, ignorando el interrogatorio sobre sus nervios. Santiago, como si sintiera la angustia de Lautaro, aparece a su lado en un instante. Sus dedos se enroscan alrededor de su codo. "Es simplemente tarado" dice de manera casual "Tenes que darle algo de tiempo para que entienda". 

"¿Entender qué, exactamente?" Murmura Lautaro, inclinándose hacia Bauleti. 

El castaño deja caer su cabeza sobre la de Lautaro. "¿Cómo decírtelo?". Permanecen así por un momento, el menor dejando que las palabras de Santiago resuenen en su cabeza.  

Cuando Lautaro finalmente se aleja, Santiago lo mira con una sonrisa amable y conocedora, y eso es todo lo que él puede soportar. "Creo que necesito un poco de aire" advierte Lautaro, la voz sonando apresurada. Bauleti le da un apretón tranquilizador en el codo y asiente. Lautaro sale por la puerta principal, justo cuando Manuel grita: "Baulo, boludo, ¿Viste a Lauti?" 

"Nop" miente Santiago, agarrando a Manuel y dirigiéndolo en la dirección exactamente opuesta. Por un momento, Lautaro piensa que está bien que Zaira sea la mejor amiga de Manuel, siempre y cuando él tenga a Santiago Baietti. 

Lautaro lamenta inmediatamente su decisión cuando tropieza con la nieve, pero su mamá no crió a un cobarde. Bueno, ella lo intentó, pero eso solo había hecho que Lautaro fuera más obstinado de lo que él ya estaba predestinado a ser. De todas maneras, dios, hace frío. Sus dedos se aprietan en puños dentro de los guantes de Manuel y los mete en los bolsillos para no tener que mirarlos. Avanza hacia el pequeño callejón al lado de Honeydukes y se apoya contra la pared de ladrillos. 

Apenas dos segundos después, oye a Manuel salir disparado a las calles, la campana suena ruidosamente y sus gritos comienzan: "¿Lauti? Lautaro, amor, ¿A dónde fuiste?" 

La campana suena de nuevo cuando Santiago asoma la cabeza y sisea: "Manu, volve a entrar". 

La nieve cruje y se hunde bajo los pies de Manuel mientras da unos pasos desafiantes hacia adelante, ignorando por completo al castaño. "¡Lautaro!" Manuel llama de nuevo, hay un poco de impotencia en su tono de voz que hace que Lautaro salga de las sombras hacia la calle. 

Santiago lo ve primero, porque siempre es el más observador de los dos, y Lautaro asiente con la cabeza, acto que Bauleti reconoce y corresponde, ofreciendo una sonrisa tranquila al entrar. "¿Por qué mierda gritas, Manuel?" Pregunta Lautaro y Manuel salta en su lugar. 

"¡Lauti!" Exclama en alivio, corriendo hacia adelante. Se detiene a dos punto cinco centímetros del rubio, con los pies casi tocándose, y frunce el ceño. "Tu nariz está toda rojita. Vas a agarrarte una neumonía. ¿Por qué estás acá afuera?" 

"Necesitaba aire" responde suavemente, la excusa suena patética incluso para sus propios oídos. 

Manuel arquea una ceja. "Odias el frío". 

"Vos también" replica Lautaro, "Y vos sos un bebé gigante cuando se trata de la nieve. ¿Por qué estás afuera?" 

Manuel frunce el ceño. "Porque desapareciste y me preocupé". 

Lautaro deja escapar un fuerte resoplido, sacando ese vaho de su boca y Manuel se sorprende, no entiende. "Ah, entonces está bien que preguntes dónde estuve porque estás preocupado, pero cuando yo lo hago, ¿me hablas para el orto?" 

El ceño de Manuel se profundiza imposiblemente. "Lauti, ya dije que me disculpaba-" 

"Creo que es hipócrita, nada más" dice Lautaro, abrochándose la bufanda con más fuerza. 

Manuel acerca su mano a su rostro sin llegar a tocarlo, y luego la deja caer, luciendo un poco perdido. Ambos están en territorio desconocido. Manuel nunca ha sido tan titubeante, tan cauteloso, y Lautaro nunca ha sido tan malo. Manuel se disculpó y Lautaro aceptó, lo que significa que ya pasó el tiempo de discutir esto, pero él rubio no puede contenerse, por lo que grita, "¿Por qué le dijiste a Zaira por qué estabas enojado, pero no a mí?" 

Algo parecido al horror cruza la cara de Manuel, pero se recupera rápidamente. 

"No sé de qué estás hablando" miente y hay un tono en su voz que no estaba allí antes. 

Lautaro fulmina con la mirada al pecho del más alto porque se niega a mirarlo a los ojos, básicamente. Él lleva una tonta chaqueta de cuero que se supone lo hace ver más genial, pero solo logra resaltar cuán idiota es Manuel. Está lamentablemente mal vestido para el clima y Lautaro no debería haber tomado sus guantes, no debería mantenerlo afuera en este momento. "Bueno" dice Lautaro, conciso. "Me voy, ¿Si? Decile a los chicos". 

Se da vuelta para irse, pero Manuel lo agarra del brazo y lo jala hacia atrás. Lautaro se deja dar vueltas, mirando a algún lado más allá del pelinegro. "Lauti, dale. Perdóname. Háblame" suplica Manuel, lloriquea, en serio, y no, no, Lautaro no va a llorar. 

"Obviamente estabas enojado conmigo, está bien, pero no sé lo que hice" dice Lautaro, cerrando los ojos y dejando caer las lágrimas "Y, tipo, supongo que lo superaste, pero me gustaría saber qué sucedió para, así, no volver a hacerlo porque no puedo soportar cuando estás enojado conmigo-" 

De repente se sentía abrazado, con su cara presionada en el cuero descolorido de la chaqueta de Manuel, lo que hace que todo sea mejor y peor a la vez. Es a la vez reconfortante y un horrible, horrible recordatorio de que nunca puede tener esto completamente para él. Lautaro respira hondo, inhalando el mismo aroma que olió mil veces, más recientemente en la Amortentia: el chocolate, casi abrumador después de vagar alrededor de Honeydukes, el humo del cigarro impregnado en las costuras de la chaqueta y la nieve húmeda fundiéndose en la tierra debajo de ellos. 

"Merlín, Lauchita" susurra Manuel en su cabello, apenas balanceando sus cuerpos "No'stoy enojado con vos. Nunca estuve enojado con vos, mi amor". 

Lautaro se obliga a ignorar el apodo para no explotar. "¿Qué pasó? Podes hablar conmigo, ya debes saber eso". 

Manuel suelta una risa un poco triste. "Obvio que lo sé". Respira hondo y finalmente suelta al rubio, dando un paso atrás y metiendo las manos en el bolsillo. Él patea la nieve, mandando a volar pedazos de ella. "Yo solo... No podía ¿arriesgarme?" trata de buscar las palabras correctas. 

Lautaro frunce el ceño. "Manuel..." 

"Tengo que sacarme esto de encima, ¿Si? Por favor," pide Manuel y no mira a los ojos de Lautaro, "No podía arriesgarme a decírtelo y que me odies, ¿Okey? O sea, sé que nunca lo harías, sos una persona muy buena, pero Merlín, sos la persona más importante del mundo para mí, Lautaro". 

"¿En serio?" Pregunta Lautaro, y odia lo pequeña que suena su voz cuando sale. 

Manuel lo mira afligido. "Obviamente". 

Lautaro asiente, principalmente para sí mismo, y dice "Vos también lo sos. Para mí, quiero decir". 

Se siente como una confesión. También parece darle a Manuel la valentía que necesita para continuar, porque da un paso adelante y agarra la mano pequeña. Lautaro responde agarrando la otra mano de Manuel y envolviéndola en la suya, frotando el enrojecimiento con los guantes que el propio Manuel debería usar. El pelinegro mira sus manos por un momento, antes de encontrarse con los ojos de Lautaro y confesar, suavemente: "Eras vos, Lauti"

Lautaro se queda quieto, sus ojos se encuentran lentamente con los de Manuel. "¿Qué cosa?" 

"Esa inútil poción de amor. Eras vos. Te olí. Como una cafetería y una pomada natural muggle, del tipo que siempre guardas en tu capa a pesar de tener acceso a la verdadera magia de mierda, y me cagué encima porque, bueno, estuve enamorado de vos por mucho tiempo pero esto lo hizo demasiado real para mi gusto, y-" 

Lautaro no lo deja terminar. Deja caer las manos de Manuel y, por un momento, éste parece paralizado por el miedo. Lautaro se pone de puntillas y pasa los brazos alrededor del cuello de Manuel, arrastrándolo hasta su nivel, más abajo. Presiona sus labios contra los de Manuel de forma demasiado agresiva, pero bueno, así es como Lautaro hace todo: un poco demasiado agresivo. 

Hay un momento horrible en el que Manuel no corresponde y, a pesar de su confesión de amor bastante obvia, Lautaro se pregunta si ha cometido un terrible error. Entonces, Manuel envuelve sus brazos alrededor de la cintura del rubio y lo levanta del suelo, devolviéndole el beso con entusiasmo, está vez siendo algo más profundo, en lugar de solo un toque de labios. Lautaro hace un pequeño ruido de protesta al ser elevado, lo que hace que Manuel se ría en su boca. Alguien silba desde la calle y Lautaro le muestra el dedo medio sin abrir los ojos ni separarse de Manuel. 

"También te amo, vos- imbécil de mierda" Lautaro susurra, "También te olí, en tu completa gloria de nicotina impregnada". 

"Deja de insultarme" Manuel finje ofensa con voz cálida, la nariz frotando contra la de Lautaro, "Me amas, ¿Te acordás?" 

"Obvio que me acuerdo" se ríe Lautaro "Y cuestiono mi gusto todos los días". 

Manuel deja al más bajo en el suelo y se inclina para presionar sus frentes. "Sí, vos y cualquier otro imbécil de la escuela" ríe Manuel, brillante y hermoso. Lautaro siente que está flotando. Hay una pausa en la que todo lo que pueden hacer es mirarse el uno al otro, tonto y ridículo, el verde claro conectando con su mirada avellana, ambos destacando entre los blancos de la nieve y de sus pieles pálidas, hasta que Manuel pregunta "¿Hablas en serio? Tipo, no me estás tomando el pelo, ¿Verdad?" 

Lautaro quiere reír, pero hay algo en la expresión del mayor que lo hace sentir que debería ser un poco más amable. "No, imbécil" dice suavemente, porque todavía tiene que ser él mismo, "Creo que, probablemente, sos para mí". 

La sonrisa de respuesta de Manuel es cegadora, esa sonrisa perfecta, y Lautaro se siente más cálido con solo mirarlo. Luego, la cara de Manuel hace algo extraño, arrugándose como cada vez que está a punto de arruinar un buen momento con un chiste terrible. Lautaro se prepara justo cuando Manuel pregunta: "Te das cuenta de que nuestro aniversario es el día de San Valentín, ¿Cierto? ¿Literalmente el cliché superior?" 

Lautaro arruga la nariz. "Bruto. No me gusta, voy a cortar con vos. Veni a hablar conmigo mañana". Con eso se da la vuelta y comienza a caminar. Detrás de él, oye a Manuel luchar para alcanzarlo, revoloteando entre la nieve. Cuando Manuel finalmente lo alcanza, derriba a Lautaro en la nieve, enviando su gorro y su dignidad volando.

Manuel lo besa antes de que Lautaro pueda protestar. Su trasero está empapado de nieve y sus mejillas están congeladas, pero Lautaro cree que realmente podría acostumbrarse a esto. 

Notes:

Si les gustan las historias de almas gemelas, voy a seguir subiendo adaptaciones y fics míos! Es que Manuel y Moski son muy almas gemelas.

Feliz día de San Valentín atrasado (⁠◍⁠•⁠ᴗ⁠•⁠◍⁠)⁠✧⁠* .