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Pide un deseo

Summary:

Es el Día de la Devoción y, aunque, al principio, no todo sale como quería, Azura, también conocida como Eco de Canción, descubre que éste es un día para dejarse sorprender.

Notes:

¡Te doy la bienvenida a este fic! ¡Muchas gracias por tu apoyo!

Para tener contexto de algunos detalles importantes en la historia, por favor consulta la serie completa.

Este fic es una secuela de la primera aventura de Ike Emblema y Azura Afín (AKA, Emblema y Eco).

¡Disfruta mucho este fic! ¡Feliz día de San Valentín! 💙🩵

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

A mediados de febrero, en el Reino de Askr, se llevaba a cabo una tradicional y encantadora celebración conocida como el “Día de la Devoción”, fecha que homenajeaba a todas las formas en las que el amor podía manifestarse, incluyendo la amistad y el amor filial. La manera más recurrente en la que se demostraba el afecto durante esa fecha, era a través de obsequios o experiencias que agradasen al receptor, yendo desde un simple ramo de flores, hasta el más romántico paseo inimaginable.

 

A diferencia de otras festividades, el Día de la Devoción no contaba con decoraciones deslumbrantes, atuendos espectaculares, ni canciones escritas para la ocasión; de hecho, las actividades diarias, tanto de todo el reino como de la Orden de Héroes, no se detenían ni se aligeraban, contrario a lo que ocurría durante el Festival de Invierno. Pese a ese pequeño inconveniente, algunos de los héroes invocados a ese mundo, de manera independiente, organizaban sus propios eventos para conmemorar esa alegre fecha.

 


 

Cuando llegó la soleada y templada mañana del Día de la Devoción, la mayoría de los miembros de la Orden de Héroes iniciaron su jornada realizando sus labores diarias, previamente asignadas por Kiran, las cuales abarcaban un amplio espectro de posibilidades, que iban desde ayudar en la cocina del castillo, hasta entrenar a sus compañeros menos experimentados.

 

Una de ellas, una hermosa cantante de largo cabello celeste, conocida entre sus compañeros como “Eco de Canción”, para distinguirla del resto de sus variantes, acababa de terminar una larga y complicada misión que su estratega le pidió realizar.

   - ¡Excelente trabajo, Azura! – Kiran, en su oficina, recibió las recompensas que la doncella de ojos dorados consiguió tras completar su cometido. – Estos recursos serán muy útiles para la Orden de Héroes, especialmente este colorido orbe. ¡Muchas gracias por tu arduo trabajo!

   - No necesitas agradecerme. Sólo hice lo que me pediste hacer. Fue bastante fácil. – la elegante joven sonrió suavemente. – ¿Hay algo más que deba hacer hoy?

   - Ya no. – negó con su cabeza. – Terminaste tus deberes diarios. ¡Y todavía es de día! – suspiró. – Hoy, más tarde, desplegaré un escuadrón de héroes acorazados, así que primero decidiré quiénes irán a la siguiente misión, y luego los haré venir aquí. – su estratega le devolvió el gesto. – Ve a disfrutar lo que resta del Día de la Devoción.

   - Muchas gracias. – hizo una sutil reverencia. – Espero hacerlo. – con pasos ligeros, salió de la oficina de Kiran.

 

Aunque no tenía un plan concreto en su mente, la cantante anhelaba pasar esa tarde con su querido amigo Ike, también conocido como “Emblema del Resplandor”. Ellos arribaron a Askr con un par de semanas de diferencia, hacía casi dos años. Se conocieron cuando, sin saber siquiera su nombre, el fulguroso espadachín se le acercó impulsivamente, y la invitó a comer un helado, recibiendo una sorpresiva respuesta positiva de su parte. Desde entonces, la doncella de ojos dorados y el hombre de cabello cerúleo habían pasado bastante tiempo juntos, ya fuera yendo a un riachuelo para meter los pies dentro del agua, a una pradera para contemplar el atardecer, o a la bulliciosa capital del reino para caminar y compartir un bocadillo dulce, salado, o hasta picante.

 

Recorriendo los lugares que su amigo más frecuentaba dentro del castillo, Azura buscó a Ike durante casi una hora, pero, por desgracia, no estaba en ninguno de ellos. Pensó, entonces, que tal vez se había enfermado o lastimado, así que se dirigió hacia la enfermería del castillo; sin embargo, su andar fue inesperadamente detenido por dos rostros conocidos.

   - ¡Prima! – con resplandecientes sonrisas en sus labios, Corrin y Kamui, vistiendo unos prístinos conjuntos inspirados en las prendas que una de las variantes de Azura usaba de forma regular, se acercaron a ella. – ¡Feliz Día de la Devoción! – exclamaron al unísono.

   - … Feliz Día de la Devoción, primos. – la cantante, todavía anonadada por su sorpresivo encuentro, respondió con gentileza. – Estoy contenta por verlos, pero…

   - ¡Ven con nosotros, por favor! – animada, la dama de mirada carmesí le pidió.

   - ¿Eh? ¿A dónde me quieren llevar?

   - Improvisamos una pequeña fiesta en honor al Día de la Devoción, con unos pocos familiares y amigos cercanos. Se nos ocurrió apenas antier. Es una reunión informal y relajada, para que ninguno de nosotros pase este día solo. – Kamui le explicó. – Y, como vemos que estás sola y sin planes, nos gustaría que te nos unieras, prima.

   - Agradezco mucho su invitación, pero…

   - ¡Anda, acompáñanos! – Corrin insistió. – ¡Estoy segura de que te vas a divertir mucho! – soltó una mirada tierna.

   - Por favor, Azura. – el chico de ojos rojos añadió, imitando la expresión de su “gemela”.

   - … – sabiendo que estaba acorralada, lo único que pudo hacer fue rendirse y ceder. – Está bien. Iré a su fiesta. – declaró en una voz calmada, tratando de ocultar su decepción.

   - ¡Hurra! – cada uno tomó una de sus manos y, con ella entre los dos, se dirigieron rápidamente al salón de baile del castillo.

 

Para ser una “reunión informal y relajada”, aparentemente planeada en menos de tres días, el lujoso evento que los dorados ojos de Azura contemplaron, al llegar al salón de baile del castillo, estaba a la altura de una elegante gala real, tanto por las decoraciones y entremeses, como por la cantidad de invitados que ya se encontraban ahí, sin mencionar a los que apenas estaban llegando. Era dolorosamente evidente que esa pequeña multitud incluía a muchas más personas que “unos pocos familiares y amigos cercanos”, observación que la doncella confirmó en cuanto se encontró con algunos asistentes que habían ingresado a la Orden de Héroes hacía apenas un par de semanas.

 

Aunque no se consideraba a sí misma como alguien totalmente antisocial, la cantante de cabello celeste nunca había sido exactamente entusiasta de las aglomeraciones sociales, especialmente cuando no podía controlar la asistencia o ausencia de individuos específicos. Entre el mar de gente reunido ahí, vio muchos rostros conocidos, algunos más apreciados por ella que otros, pero, para su descontento, el que más quería encontrar no estaba ahí. Debido a que no quería ser grosera con sus insistentes primos, y no tenía más alternativa que permanecer ahí durante, al menos, un par de horas, Eco de Canción suspiró y puso una cara valiente, preparándose para charlar de trivialidades con quienes sintiera mayor afinidad, y comer uno que otro aperitivo.

 


 

Para cuando la doncella de cabello celeste se dio cuenta, la tarde acababa de convertirse en noche. Aunque su estadía en la fiesta no había sido tan larga, todavía faltaba un mes para el inicio de la primavera, por lo que, cada día, el atardecer aparecía un poco más tarde. Por suerte, muchos de los invitados comenzaron a retirarse después de que se sirviera la cena; usando la poca energía social que le quedaba, se acercó sonriente a sus primos, les agradeció por haberla invitado y, con su característica elegancia, salió del salón de baile.

 

Queriendo alejarse de todos por un momento, la cantante se dirigió hasta el jardín central del castillo. Ahí, notó que el cielo nocturno estaba únicamente adornado por las lejanas estrellas, sin una sola nube que pudiera esconderlas. Lista para calmarse tras haber convivido con tanta gente en tan corto tiempo, se sentó en una estrecha banca de granito, alzó la mirada hacia la bóveda celeste, y respiró profundamente.

   - Tuviste un día duro, ¿verdad? – unos minutos después, una serena voz le habló afectuosamente.

   - … – en cuanto lo escuchó, volteó hacia él, con un semblante mucho más animado. – ¡Ike! ¡Hola! – parecía que su mera presencia le hubiera devuelto un poco de la energía que perdió en la tarde.

   - Hola, Azura. – le sonrió cálidamente, mientras sostenía una cajita blanca, amarrada con una cinta celeste. – Estoy feliz de verte.

   - ¡Yo también! – con su mano derecha, hizo un gesto para invitarlo a acercarse. – ¡Siéntate conmigo, por favor!

   - Con gusto. – caminó unos pasos, y se acomodó en la estrecha banca, quedando bastante cerca de su amiga. – ¿Estás cómoda? ¿Mi resplandor no te molesta? ¿Preferirías que nos sentemos en otra banca?

   - Estoy bien. Y no, tu brillo no me molesta. De hecho, me gusta todavía más cómo luce en la noche. – una bonita sonrisa apareció en sus labios.

   - Eso es un alivio. – la contempló con detenimiento. – ¿Por qué te veías tan afligida cuando llegué? ¿Pasó algo malo?

   - … No realmente.

   - ¿Entonces?

   - Mis primos Corrin y Kamui me invitaron a una fiesta por el Día de la Devoción. Fueron muy insistentes, y no tuve más opción que acudir. – suspiró. – Aunque sólo estuve ahí un par de horas, y todos los que hablaron conmigo fueron bastante amigables, había demasiada gente y ruido en ese lugar, por lo que terminé agotada y, siendo sincera, algo irritada. – le explicó. – De verdad aprecio las buenas intenciones de mis primos, pero la realidad es que esa clase de eventos no son de mi entero agrado. Y la peor parte fue que, pese a la gran cantidad de invitados, la persona a quien más quería ver hoy… no estaba en la fiesta. – admitió.

   - … Si hubiera sabido que ibas a estar ahí, hubiera aceptado la invitación de tus primos.

   - ¡¿También te invitaron?!

   - Sí, me encontré con Corrin y Kamui esta mañana, y me invitaron a su reunión, pero decliné.

   - Hiciste bien en no ir. – le ofreció una mirada comprensiva. – Conociéndote, te hubieras aburrido tanto o, incluso, más que yo. – agregó, sonriéndole. – Aunque, si hubiéramos coincidido en la reunión, seguro hubiésemos estado juntos todo ese tiempo, y nos la hubiésemos pasado mucho mejor.

   - Ciertamente. – asintió. – De todos modos, no podía asistir a su fiesta porque ya tenía planes.

   - ¡Ya veo! ¡Con razón no te encontraba! – finalmente, todo tuvo sentido. – Te estaba buscando para pasar la tarde juntos, pero, en ese momento, Corrin y Kamui me interceptaron, y no pude declinar su invitación.

   - Lo siento. – se entristeció un poco.

   - No te disculpes, por favor. No sabía que ya tenías planes. – intentaba animarlo. – Estoy segura de que hiciste algo importante, ¿verdad?

   - Sí. – de repente, puso la cajita blanca en sus manos. – Un obsequio para ti. – le entregó una tenue sonrisa.

   - ¡¿Fabricaste un regalo?! ¡¿Para mí?! ¡Ike, no te hubieras molestado! – exclamó al instante, conmovida.

   - No, pero yo quería hacerlo.

   - ¡Te lo agradezco mucho! ¡Lo aprecio desde el fondo de mi corazón! – soltó una emocionada risita. – ¿Puedo abrirlo?

   - ¡Por supuesto!

   - ¡Gracias! – alegremente desamarró la cinta celeste, y abrió la caja. – ¡Galletas de chocolate! – tomó una de ellas, examinándola cuidadosamente. – ¡Están cubiertas de chocolate, y…! – al tenerla cerca de su nariz, olfateó algo más. – ¡Espera! ¿Acaso estoy detectando un toque de menta?

   - Correcto. – su entusiasmo era contagioso. – Sé que te gusta mucho el helado de chocolate con menta, así que pensé en hacer un postre horneado con ese sabor. – acarició su propia mejilla, sintiendo un poco de inusual timidez. – Primero quería hornear un pastel, pero las recetas que encontré parecían algo complejas y, como no sé mucho de repostería, decidí buscar otra alternativa. – también tomó una galleta. – Fue entonces que encontré la receta de estas galletas de chocolate con menta. Me pareció que serían más fáciles de hacer. – seguía sonriendo. – Estuve practicando durante varios días hasta que, esta tarde, por fin quedaron presentables.

   - ¡Son mucho más que presentables! ¡Son adorables, y huelen delicioso! – sus miradas se encontraron. – ¿Ya las probaste?

   - No realmente. Probé una antes de cubrirlas de chocolate, pero…

   - ¡Vamos a probarlas juntos! – su sonrisa resplandecía casi tanto como su fulgor cerúleo.

   - Será un placer.

 

Al mismo tiempo, la cantante y el espadachín mordieron sus respectivas galletas, descubriendo un exquisito y delicado toque mentolado que, en conjunción con la intensidad del chocolate oscuro, creó una increíble combinación de sabores, nada parecida al helado favorito de la dama del cabello celeste, ni a las bebidas calientes de la temporada invernal. Era algo único, igual que la persona que las horneó, y la persona que las recibió.

   - ¡Son las galletas más deliciosas que he probado! – Azura exclamó con sinceridad, mientras tomaba otra. – ¿De verdad nunca habías horneado galletas antes? – la masticó.

   - No. – Ike negó suavemente con su cabeza. – Como sabes, cuando era un emblema en Solm, no necesitaba comer ni cocinar, así que sólo me empecé a preocupar por esa clase de cosas hasta que llegué a Askr. Además, sólo estaba familiarizado con la preparación de platillos básicos, como carne y verduras asadas. Hornear es más complicado de lo que parece, pero quería esforzarme por ti. – no pudo evitar sonreír. – Saber que te gustó tu obsequio, me hace muy feliz.

   - Gracias por ser tan amable conmigo. Eres mucho más dulce que estas galletas, o que cualquier otro postre. – sonriendo, besó su mejilla. – Gracias por todo, Ike.

   - … – su inesperado beso tiñó de rojo su rostro. – No necesitas agradecerme. Tú eres especial para mí. – tragó saliva, y su rubor aumentó. – No tienes idea de cuán especial eres para mí. – sin pensarlo, plantó un beso en su frente y, un segundo después, alzó la mirada. – ¡Azura, mira a hacia arriba!

   - ¡¿Qué?! – todavía impactada por el beso que sintió en su frente, dirigió sus ojos dorados hacia el cielo nocturno.

   - ¡Allá! – señaló un fulguroso punto en el firmamento. – ¡Es una estrella fugaz! ¿Puedes verla? ¡Se mueve muy rápido!

   - ¡Sí! – exclamó, emocionada al encontrarla. – ¡Es muy hermosa!

   - ¡Pide un deseo antes de que desaparezca! Dicen que, si pides un deseo a una estrella fugaz, sin duda te lo concederá, no importa lo que hayas deseado.

   - ¡En ese caso, tú también pide un deseo!

 

Quizá era porque ya habían comenzado a ser un poco más abiertos con sus sentimientos, quizá era porque, pese a todo, seguía siendo el Día de la Devoción, o quizá era porque ese indiferente meteoro realmente había cumplido el anhelo de sus corazones, pero, en cuanto el luminoso objeto desapareció de sus vistas, las miradas de Ike y Azura se encontraron y, sin decir una sola palabra, cerraron sus ojos y acercaron sus labios, compartiendo un cálido y amoroso beso.

 

Cuando se separaron, y volvieron a verse a los ojos, permanecieron en silencio por unos largos segundos, mientras sus rostros se ruborizaban desde las puntas de sus orejas hasta el principio de sus cuellos, con múltiples pensamientos recorriendo sus cabezas.

   - …

   - …

   - … ¿Esto significa que sientes lo mismo que yo? – tímidamente, la cantante preguntó.

   - … No lo sé. – el espadachín, desviando un poco la mirada, tragó saliva. – ¿Qué… qué sientes?

   - Yo… – llevó su mano izquierda a su acelerado corazón. – Yo estoy enamorada. Específicamente, estoy enamorada de ti. – su ya notorio sonrojo aumentó. – No estoy segura de en qué momento pasó, pero, para cuando me di cuenta, ya estabas en mi mente, y en mi corazón. – soltó un suspiro. – Desde el día que te conocí, cuando te presentaste conmigo y me invitaste a tomar un helado, me cautivaste e, inmediatamente, supe que eras un hombre muy especial. – sonrió nostálgica. – He sido consciente de este sentimiento desde hace un tiempo, pero preferí callarlo porque temía que, si lo mencionaba, nuestra amistad podría dañarse, y no quiero perderte. – juntó sus manos, y bajó la mirada. – Pero, bueno, ya no importa. Ya lo confesé, y ahora debo vivir con las consecuencias que vendrán a partir de ahora, sin importar cuáles sean.

   - … – con sus mejillas coloreadas de carmín, suspiró aliviado, relajando sus hombros, y ofreciéndole una gentil sonrisa. – Jeje. – su risa era casi un susurro.

   - ¿Eh? – su inusual respuesta la hizo fruncir el ceño. – ¡¿Te… te estás riendo de mí?! – cuestionó, razonablemente molesta.

   - ¡¿Qué?! ¡No! ¡No! – negó efusivamente con su cabeza. – ¡Por supuesto que no! ¡Nunca podría reírme de ti, y mucho menos por haber admitido tus sentimientos! – su hablar era acelerado, y su respiración estaba agitada. – Además, ¿por qué habría de reírme de ti, si siento lo mismo que tú?

   - ¡¿Qué?! ¡¿De verdad?! – su enojo se convirtió en expectativa. – ¡¿Quieres decir que…?!

   - Sí. – asintió, y sus ojos volvieron a encontrarse. – Estoy enamorado de ti, querida Azura. – contemplándola afectuosamente, tomó sus manos. – Desde la primera vez que te vi, sin saber siquiera tu nombre, captaste mi atención, como ninguna otra persona lo había hecho antes. Nunca había sentido algo parecido por alguien. – acarició el dorso de sus manos. – Cuando comencé a pasar tiempo a tu lado, haciendo algo tan simple como poner los pies dentro del riachuelo, empecé a experimentar emociones y sensaciones que, por haber sido un emblema incorpóreo durante tanto tiempo, jamás pensé que llegaría a sentir. Era algo nuevo, algo fascinante… algo que sólo podía sentir contigo. – llevó las manos de la doncella hacia sus labios, y las besó. – Ahí fue cuando comprendí que ya estabas en mi corazón.

   - Ike… – sin pensarlo dos veces, volvió a besarlo en los labios, siendo correspondida de inmediato. – ¡Te amo, Ike!

   - ¡Y yo te amo a ti, Azura! ¡Te amo! – dejándose llevar por el momento, compartieron un tercer beso, más largo que los primeros dos. – ¿Azura?

   - ¿Sí, Ike?

   - ¿Podríamos actualizar y oficializar nuestra relación?

   - ¿Eh? ¿A qué te refieres?

   - Creo que ya no podemos ser sólo amigos, así que… ¿te gustaría ser mi novia? – su sonrisa era radiante.

   - ¡Claro que sí! – asintió animada. – ¿Y a ti, te gustaría ser mi novio?

   - Déjame pensarlo… – puso una cara seria, y soltó una risita dos segundos después. – Nada me haría más feliz.

 

Todavía sentados en esa estrecha banca, la flamante pareja, compartiendo las galletas que el hombre de cabello cerúleo horneó con tanto esmero, volvieron a alzar la mirada, y contemplaron silentes el cielo nocturno, disfrutando de su mutua compañía. Mientras seguían procesando todo lo que acababa de ocurrir, los enamorados sintieron el pasar de una fresca brisa que les hizo tiritar un poco, así que, para mitigarlo, se abrazaron, en parte para mantener el calor, y en parte para seguir expresando su recién admitido amor.

 

Aunque anhelaban quedarse ahí hasta el amanecer, sabían que no podían permanecer mucho más tiempo en el jardín central del castillo, por lo que, sin muchas ganas de hacerlo, el espadachín y la cantante se soltaron, se pusieron de pie, acordaron que era hora de irse a dormir y, cariñosamente, se despidieron por esa noche.

   - ¿Podemos vernos mañana en la mañana, para desayunar juntos, antes de irnos a cumplir con nuestros deberes? – él le propuso, al centro del lobby del castillo.

   - ¡Claro! – ella asintió. – Así lo haremos. Podemos desayunar juntos todos los días, si tú quieres.

   - ¡Me encantaría!

   - Entonces así lo haremos. – le sonrió, y besó su mejilla. – Buenas noches, Ike. ¡Feliz Día de la Devoción!

   - Buenas noches, Azura. – plantó un beso en su frente. – Feliz Día de la Devoción. ¡Te amo!

   - ¡Y yo te amo a ti!

 

Fin.

 

Notes:

¡Muchas gracias por leer!
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Ike and Azura, from Fire Emblem, in pixel art. They’re holding red roses in their hands. Suddenly, Azura kisses Ike in the cheek, and he blushes.

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