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Language:
Español
Stats:
Published:
2026-02-13
Updated:
2026-02-13
Words:
1,559
Chapters:
1/?
Kudos:
3
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1
Hits:
31

Lamentos en Carmesí Pálido

Summary:

Una charca con una entidad sellada y un desafortunado chapuson en agua fria dan vuelco a la vida de cierto artista marcial desafortunado.
(Soy horrible con los resumenes)

Notes:

Entonces, el martes estaba en mi clase de teoria del estado y tuvimos debate, mi grupo fue el primero en pasar asi que tuve cerca de una hora y media sin nada que hacer y mi cuaderno de borradores en el bolso. Esta idea salio de una mente divagando en ese tiempo libre y hoy que cancelaron clases recorde que habia guardado este borrador; lo traslade y corregi y aqui estamos.
Probablemente escriba capitulos extra para esto de vez en cuando, en cuanto a la pareja estaba pensando en un Ranma-Kasumi, pero ya veremos.

Chapter 1: Prólogo — Un espectro iracundo... ah no, espera, ¿Es una chica? ¿Estás seguro?

Chapter Text

Prólogo — Un espectro iracundo... ah no, espera, ¿Es una chica? ¿Estás seguro?

Akane no estaba teniendo un buen día.

No, en realidad era uno bastante malo.

Claro, últimamente esos últimos eran mucho más comunes que los primeros, así que la frustración y la ira se iban acumulando lentamente. Algunos días mucho más que otros, los huesos de Kuno podían atestiguarlo.

Además, para mediados de la semana romper bloques estaba empezando a perder su encanto.

Así que, cuando su padre les lanzo la existencia de un prometido del que ninguna de ellas sabía nada, un hombre del que siquiera su padre sabía nada, que vendría aquí para heredar el dojo, su dojo, su derecho de nacimiento; digamos que, si creía que su día no podía empeorar, entonces estaba muy equivocada.

¡Y ni siquiera tuvo tiempo para recomponerse! ¡Mucho menos procesarlo!

El sonido del timbre en la entrada del complejo —ni siquiera sabía que esa cosa aún funcionaba— los alerto de visitantes; seguramente los invitados de su padre.

Y también tu posible prometido. Dijo una pequeña vocecita venenosa en el fondo de su mente.

Seguía lloviendo, fuerte; pero su padre ni siquiera se molestó en tomar un paraguas antes de salir corriendo a la puerta.

Ah, como le molestaba que esta fuera la mayor emoción que había mostrado en meses.

Ella y sus hermanos no tardaron en seguirlo, aunque ellas sí que se molestaron en al menos tomar un paraguas. Ninguna quería mojarse.

Lo que las recibió en la puerta no fue lo que esperaba.

Primero que nada, había un panda en su entrada.

Un panda gigante. Con mucho énfasis en gigante.

Un panda gigante y empapado, además.

No era lo más raro que habían visto en este pueblo maldito, así que la novedad paso rápido.

Y entonces ahí fue cuando noto la segunda figura, parada al lado del panda; no era muy alta, y estaba completamente cubierta por un impermeable negro.

La capucha cubría la mayor parte de sus rasgos y las sombras no ayudaban, pero bastaba para ver algunos rasgos de la persona frente a ella.

Lo que más le llamo la atención fueron sus ojos.

Sus ojos fueron suficiente para provocarle un escalofrió.

Eran de una especie de combinación de morado y rosa.

Verlos directamente le produjo una sensación de frialdad que le helo los huesos. Y tal vez fue un efecto de la luz, pero incluso parecía que brillaban entre las sombras.

No sabía porque, pero no le agradaba.

No confiaba en él, cada fibra de su cuerpo le gritaba que se alejara de la persona frente a ella, que pusiera la mayor distancia posible entre su familia y esta cosa.

Al mismo tiempo, la furia y la ira reprimidas le gritaban que le diera una lección al pequeño insolente que se atrevía a hacerla sentir insegura.

Entonces, la figura más pequeña hablo, y aunque su voz fue ahogada por el sonido de la lluvia, creyó haber entendido lo suficiente por el movimiento de sus labios.

“...lo siento...”

Oh, ella iba a enseñarle a no meterse con sus cosas.


Ranma no estaba teniendo un buen día.

Olvídate de eso, él no estaba teniendo un buen año.

Vayamos más allá, él no estaba teniendo una buena vida.

En realidad, ¿Aun podía decir eso?

Simplemente dejémoslo en que Ranma no era un Saotome feliz.

Las razones eran numerosas, y si se pusiera a enlistar a todas entonces no haría más que quejarse el resto del día. Pero tiempo es lo último que le falta ahora mismo, así que...

No. Limitémonos a los eventos más recientes.

Además de Jusenkyo y el hecho de que ahora está muerto. Algo que preferiría no tocar ni con un palo.

Lástima que sus deseos casi nunca son tomados en cuenta, pero eso no importa ahora.

Centrémonos en un problema más inmediato, como, por ejemplo, el hecho de que ahora tiene prometida.

Ah, su error; más bien el hecho de que hasta hoy mismo se enteró de que en realidad tiene prometida.

Claro, si fuera por él, habría huido de inmediato en cuando se enteró del porqué estaban de regreso en Japón. Pero en pleno día, ¿Contra un Pops en plena forma? Era imposible.

Tuvo suerte de que el anciano aun le tuviera suficiente miedo como para que se hubiera tomado las molestias de tomar la opción diplomática en lugar de arrastrarlo a la fuerza.

O tal vez se le había vuelto a escapar un poco del aura de miedo de la estúpida maldición durante su ataque de ira.

De cualquier forma, ¡No se iba a quejar!

En fin, cuando el anciano le explico que, en su estado actual establecerse era una buena idea junto con haber sacado la carta del honor familiar, lo siguió sin oponer resistencia.

No de buena gana, pero sin resistencia.

Y luego comenzó a llover y el viejo se convirtió en un panda.

Se lo merecía, en su opinión.

Pero eso no quitaba que ahora era él quien tenía que hacerse cargo de la conversación con los Tendo.

Ah, esto definitivamente iba a ser incomodo.

Preparándose para el inevitable contacto, se ajustó el impermeable, respiro hondo —como si lo necesitara— y toco el timbre.

A pesar del sello, la lluvia había fortalecido la maldición, así que, incluso a esa distancia pudo sentir la chispa de los vivos dentro del complejo; aunque no pudo discernir muchos detalles.

Sabía que había varias personas dentro, pero no sabía muy bien cuantas; con las limitantes, usar sus sentidos —y aún más los nuevos— se sentía como intentar respirar a través de un filtro.

Aunque sí que pudo sentir cuando la chispa más grande se dirigió a la entrada del complejo a gran velocidad.

Varios pensamientos pasaron rápidamente por su cabeza. Para empezar, ¿Como debería contarles de la maldición? Porque no era un si debía, no había opción en esto.

Incluso si intentaran mantenerlo en secreto, que su padre se convirtiera en un panda al más mínimo rose con agua a temperatura ambiente junto con que los malditos de Junsenkyo fueran tan propensos a mojarse como los sacerdotes a un buen sermón, ciertamente no les dejaba muchas opciones.

Pero entonces, ¿Qué hay de su maldición? ¿Debería decirles la verdad? ¿Una verdad a medias? Su maldición era muy distinta a la de su padre, y si bien estaba sellada, la fuerza del sello era circunstancial; la gente notaria cambios y no sería muy difícil atar cabos cuando Pops estaba ahí.

Antes de que pudiera llegar a una conclusión, la entrada se abrió de golpe, revelando un hombre de mediana edad con cabello hasta los hombros y un bigote poblado; completamente empapado gracias a la lluvia.

Un poco detrás de él lo seguían tres mujeres, quienes al menos sí que habían tomado un paraguas cada una.

La mayor entre ellas estaba probablemente cerca de los veinte, la menor era tal vez la más cercana a su edad.

Con la nueva proximidad también pudo captar algunos de esos detalles extra de las personas frente a él que antes se estaba perdiendo.

Para empezar, el hombre. Aunque su forma estaba algo descuidada, su chispa irradiaba qi como muy pocos maestros había visto en su camino a Japón. El hombre, quien presumiblemente era el patriarca de la familia, también era quien más emoción destilaba.

Curiosamente, también percibió algunas emociones complejas desde su padre: había decepción, acompañada de compasión, pero ambas eclipsadas por la una oleada de alegría que rivalizaba con la del propio hombre.

Parecía que, contrario a lo que podría esperar del anciano, este hombre realmente le importaba.

Luego estaban las tres mujeres que lo seguían.

Sus emociones no eran complejas, pero la crudeza le causo un dolor de estómago simbólico.

Estaba seguro de que en realidad era solo su reticencia a toda esta situación, y lo que percibió definitivamente no lo tranquilizo.

La mayor de ellas se sentía aprensiva.

La mediana estaba resignada, además de algo apática al asunto; pero también desprendía una sensación con la que estaba muy familiarizado gracias al anciano.

Avaricia.

Personalmente, preferiría mantenerse alejado de ella.

Y, por último, la menor de ellas; quien fue sin duda la que más cohibido lo hizo sentir, ya que emitía un aura de ira tan intensa que por un momento pensó que estaba en presencia de otro espectro vengativo en lugar de un humano.

Por si acaso, volvió a revisar la chispa de la chica.

Si, bastante vivo.

Uno muy saludable, además.

El cómo es que tanta ira podía caber en un cuerpo tan pequeño es algo que no quería saber.

Pero si algo estaba claro, es que, a excepción del hombre, su llegada no fue precisamente algo que fuera esperado con ansias.

El hombre hablo, interrumpiendo sus pensamientos y regresando su conciencia a su cuerpo.

“Tu... ¿No serás?”

Una pregunta simple, pero la incomodidad del asunto para él y las emociones del resto de las partes implicadas lo hizo empezar con la única respuesta que creyó correcta en el momento.

“Soy Ranma Saotome, lo siento por esto”

No estaba seguro de si se escuchó, con el ruido de la lluvia ahogando su voz, junto con la nueva costumbre de susurrar que había adquirido en los últimos meses.

Aunque el repentino abraso del hombre —que podría haberle roto las costillas a un humano sin entrenamiento— le dijo que al menos uno de ellos sí que lo escucho.