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Archive Warning:
Category:
Fandoms:
Characters:
Language:
Español
Stats:
Published:
2026-01-24
Updated:
2026-01-24
Words:
1,503
Chapters:
1/44
Kudos:
6
Hits:
59

Bad Boy - Mernoski

Summary:

Lautaro era un chico tranquilo, con buenas notas, bueno en el deporte, y sus radiantes ojos derretían a cualquiera; era popular en la escuela en que se encontraba. Pero, al momento de la muerte de su padre, el y su madre tuvieron que mudarse de Rosario a Buenos Aires...Su vida cambió 180 grados. No volvió a ser la misma de antes, su vida fue cambiada por un pelinegro especial, Manuel, que era conocido como un "chico malo".

Notes:

Hola hermanas encontre este que es uno de mis fanfics fav y senti que tenía que adaptarlo al mernoski🙏🏻
LES ACLARO DESDE YA que Moski va a sufrir en este fanfic asi que si son sensibles este no es su lugar jsksja

Chapter 1: Nuevo estudiante

Summary:

Lautaro era un chico tranquilo, con buenas notas, bueno en el deporte, y sus radiantes ojos derretían a cualquiera, sea hombre o mujer; era popular en la escuela en que se encontraba. Pero, al momento de la muerte de su padre, el y su madre tuvieron que mudarse de Rosario a Buenos Aires...Su vida cambió 180 grados. No volvió a ser la misma de antes, su vida fue cambiada por un pelinegro especial, Manuel, que era conocido como un "chico malo".

Chapter Text

Una nueva mañana, la alarma no dejaba de sonar y su cabeza trató de orientarse.

-¡Moski vení a desayunar!, vas a llegar tarde.-gritaba la madre de Lautaro desde el pequeño, pero acogedor departamento.

Lautaro se levantó de su cama y no dejaba de sentir esos extraños nervios en su estómago, se bañó para quitar lo que quedaba de sueño y se puso su nuevo uniforme. Al verse por quinceava vez en el espejo, se arregló su pelo rubio como podía, estirando este y tratando de darle un peinado acorde a su edad.
Vio si su corbata estaba bien puesta, se limpió el uniforme con las manos, tomó su mochila para irse del departamento no sin antes despedirse de su madre y robarse una galleta de chocolate que tanto le gustaban.

 

Él y su madre se habían mudado desde Rosario hasta Buenos Aires, ya que, el padre de Lautaro había fallecido hace unos años y el trabajo de su madre no alcanzaba para poder mantenerlos en esa casa. Entonces decidió trabajar para una de las empresas más importantes del país, pero se encontraba en Buenos Aires.

Lautaro no estaba muy de acuerdo con la decisión, ya que iba a dejar a todos sus amigos, sus familiares y sus recuerdos, pero siempre ayudaba a su madre y si ella tomaba esa decisión...era lo mejor.

La vida de Lautaro en Rosario era como la que cualquier adolescente quisiera tener. Era el más conocido, las mujeres se derretían al ver los ojos de este, los hombres lo idolatraban porque era el mejor en los deportes, tenía a cualquier persona en su mano, por el simple hecho de que era hermoso, por dentro y por fuera.

Moski era gay y no muchos lo sabían, sólo los de su círculo personal, pero a pesar de que le gustaban los hombres, las mujeres lo seguían persiguiendo y posiblemente se debía a que era muy lindo. Los profesores lo querían porque siempre les ayudaba con cualquier cosa de la escuela, aparte de tener buenas notas.
Todos sabían que Moski se preocupó mucho de las notas después de la muerte de su padre, porque no quería que su madre se preocupara por el.

A pesar de que ella no se preocupaba mucho por el.

La madre de Lautaro entró en una depresión profunda después de la muerte de su marido.
Por eso Lautaro llegaba cada vez a casa después de la escuela y su madre se encontraba con una botella de alcohol en la mano y su cara en el inodoro. Ahí es cuando el entraba y la limpiaba, la ayudaba a acostarse, se acomodaba al lado de ella y la cantaba canciones que su padre solía cantarle, pero eso había sido tiempo atrás y su madre ahora estaba preparada para salir al mundo laboral sin problemas. Gracias a su empleo en la gran empresa, esta le dió a Moski, por sus buenas calificaciones, una beca en un colegio de Buenos Aires, uno de los más prestigiosos y caros en el país, era una oferta que ninguno de los dos podía rechazar.

-Bueno, es este.- Dijo Lautaro al encontrarse en frente de las puertas de uno de los colegios más importantes de Argentina.

Caminaba por el pasillo y se sintió pequeño, nunca pensó en tener ese sentimiento en un establecimiento educacional, ya que siempre había sido popular, el jamás se presentaba primero, sino que la gente se presentaba a el.

Se dirigió a la parte de la secretaria, en la que le dieron su horario, un papel con la clave de su casillero y una carpeta de la escuela "Para que guardes todas tus informaciones, lindo", le dijo la señora, con una voz totalmente aguda.

-¿Te ayudo en algo?.- Preguntó un chico, que al parecer tenía la misma edad que él. "Unos 17" pensó, era bastante alto y atractivo.

-Emh...bu...bueno.-Tartamudeó, ¿Por qué se encontraba nervioso?-No tengo ni la menor idea de donde queda esta sala.

-Déjame ver.-Agarró el horario de sus manos y sonrió.- Esta sala queda al final de la escuela. Todas las clases artísticas son en esa parte del colegio, no te juzgo por no encontrarla.- Dijo calmado.- Seguramente jamás la hubieras encontrado.- Rió con sus dientes blancos y entrecerrando los ojos. Era un chico lindo, pensó Moski.

-Eh, si... gracias.-Dijo Lautaro y estaba a punto de irse, pero el otro lo detuvo un rato.

-Espera, no me dijiste tu nombre.

-Me llamo Lautaro Moschini.

-Oh, Lautaro Moschini, mi nombre es Ian, Ian Lucas- Dijo el contrario.- Pero podés decirme solo Ian.-Con una sonrisa pícara se despidió y se alejó. ¿Qué mierda fue eso?

Al llegar a la sala que estaba bastante alejada de las otras salas, se dió cuenta que estaba atrasado.

"Perfecto, que manera de llamar la atención Lautaro Moschini." Se dijo.

Podía notar como su mano sudaba al hacer un puño para tocar la puerta. No sabía por qué estaba tan nervioso.

-Adelante.

Al entrar se encontró con una sala bastante amplia, en comparación con las pequeñas de Rosario. Muchas caras miraban al chico, pero el no quería ver ninguna. Sentía sus mejillas algo calientes y trató de poner su atención en la profesora. Tenía tal vez unos 30 años, llevaba una camisa no muy adecuada para enseñar y un vestido pegado a su cuerpo que contorneaba sus caderas y terminaba en sus rodillas. Era bastante linda.

-Ah, vos debés ser...emh, espera.-La profesora sacó un papel de su escritorio y lo leyó.- Lautaro Moschini, ¿cierto?- El asintió.- Bueno Lautaro Moschini, yo soy la profesora de actuación o artes corporales, como le quieras decir.- Se acercó y pasó una mano por su brazo y se inclinó para susurrarle.-No creas lo que dicen de mí, dicen que estoy loca pero no lo estoy, de verdad que no.-Y con eso le sonrió y Moski le sonrió de vuelta pero solo por educación, ya que quería salir y enterarse debajo de la tierra.

Al pasar sus ojos por toda la clase que lo estaba mirando esperando que el dijera algo, no puedo contener las ganas de sonrojarse.

-Vamos, preséntate.- Tomó a Moski por los hombros y lo dejó frente a toda la clase.

-Emh, yo...emh.-¿Qué debía decir para no sonar como uno pelotudo?, al parecer ya lo era.

-Agh.-Suspiró la profesora- Solo decí tu nombre y lo que querés para este año, y termina tu tortura.-Dijo con una sonrisa encantadora.

-Eh...-Asintió.- Mi nombre es Lautaro Moschini, me dicen Moski y espero salir de este colegio con buenas notas para dedicarme a lo que quiero.

-Listo, podés sentarte.

Por primera vez en su vida se sintió muy observado, se dedicó a ver a cada alumno para encontrar un asiento, y se encontraba con cada una de las miradas que apuntaban hacia el.

-Ahí.- Apuntó a un banco muy atrás para las buenas calificaciones de Moski. El nunca se sentaba atrás, todos sabían que los problemáticos se sentaban ahí y Lautaro no quería pertenecer a esos, él era un chico de bien.

Se dirigió a la mesa rendido ante las órdenes de su profesora y se sentó en el banco.

Mientras la clase avanza lenta y cruelmente, se sentía por una razón inexplicable, observado, como si estuvieran quemando su perfil con la mirada, una sensación extraña y aunque mucha gente lo miraba en Rosario, jamás se había sentido así. Una sensación completamente distinta, quería saber de quien venía esa mirada, necesitaba saberlo. Con sus mejillas calientes, miró alrededor de la sala hasta encontrar esa mirada.

Era de dos asientos más lejos que el, pero que estaba un poco más alejado de las columnas en las que estaban separados los alumnos. Era de un pelinegro, que tenía la espalda apoyada en la pared de la sala, sus labios eran extrañamente atractivos, pero no tanto como los de él. La línea de su mandíbula estaba algo marcada y sus ojos verdes no dejaban de mirar a Lautaro, era una mirada lujuriosa, llena de petición mental, era como si llamara a Lautaro hacia el, era extraño y altamente peligroso, se notaba en su presencia, en su escencia. El pelo negro de ese chico bajaba hasta las pestañas de sus ojos verdes, creando un aspecto atractivo y malvado. Lautaro notó que el tiempo no se detuvo, sino más bien, no paraba de mirar al chico de al lado, así que, sonrojado por quedarse embobado mirando a su compañero, giró la cabeza rápidamente hasta la pizarra, todavía sintiendo esa mirada quemando todo su cuerpo.¿Cómo era posible?

Al terminar la clase, todos se empezaron a mover. Pero Moski todavía seguía bastante confundido por lo grande que era su extraño colegio.

Al terminar de guardar todas las cosas en su mochila y salir de ese salón, todavía podía sentir la mirada penetrante del pelinegro.

¿Quería intimidarlo? ¿Quería que se incomodara? ¿Qué quería?

Estaba a segundos de ir a preguntarle, pero al momento de darse vuelta...El pelinegro ya se había ido.