Chapter Text
El cansancio era lo único que todos compartían aquella noche.
Las grabaciones habían terminado tarde, los juegos, las risas y las entrevistas se mezclaban en recuerdos borrosos mientras cada uno buscaba descanso donde podía. Habitaciones de hotel, sofás improvisados, dormitorios silenciosos. Nadie pensó en nada más que cerrar los ojos.
Dormir.
Por eso, cuando el silencio fue reemplazado por un sonido desconocido, ninguno estuvo preparado.
Un llanto.
Force fue el primero en abrir los ojos, desorientado. El techo no era el de su habitación habitual, pero tampoco parecía extraño. Todo estaba… normal. Demasiado normal. Hasta que el sonido volvió a escucharse, más fuerte, más cercano.
—¿Book…? —murmuró, girándose en la cama.
Book estaba a su lado, despeinado, con el ceño fruncido.
—¿Escuchas eso? —preguntó, aún medio dormido.
Antes de que alguno pudiera levantarse, algo pequeño se movió entre las sábanas. Force bajó la mirada y el mundo pareció detenerse.
Un bebé.
No, no… un niño. Pequeño, de mejillas sonrojadas, con los ojos húmedos y las manos aferradas a la camiseta de Force como si fuera lo único seguro en el mundo.
—…Book —susurró—. No te muevas.
—¿Por qué? —respondió Book, hasta que también miró—.
—…
—…
—FORCE, ¿POR QUÉ HAY UN NIÑO EN NUESTRA CAMA?
El llanto aumentó.
---
En otra habitación, Gemini despertó con una sensación extraña en el pecho. Algo pesado, cálido. Abrió los ojos lentamente y vio una cabecita apoyada contra él, respirando con suavidad.
—Fourth… —susurró por costumbre.
Fourth estaba despierto, tan congelado como él.
—Gem —dijo en voz baja—. No respires fuerte.
—¿Por qué?
Fourth señaló con la barbilla.
Un niño dormía entre ellos, abrazando una pequeña manta. Tenía el ceño fruncido, como si estuviera soñando algo complicado.
—Yo… —Gemini tragó saliva—. Yo no recuerdo haber…
—Ni yo —respondió Fourth—. Pero si se despierta, creo que voy a llorar.
Como si el universo los hubiera escuchado, el niño abrió los ojos.
—¿Papá…? —murmuró.
Los dos se miraron, pálidos.
—¿Qué dijo?
—Dijo “papá”.
---
El caos no tardó en expandirse.
Joong tropezó con un juguete en el suelo que juraba no haber visto antes, despertando a Dunk y, con él, a un niño que apareció de la nada, abrazando la pierna de Dunk con total confianza.
—¿Desde cuándo tenemos un hijo? —preguntó Joong, en shock.
—JOONG, CÁLLATE —susurró Dunk—. Lo vas a asustar.
Off despertó con Gun apoyado contra su hombro… y un niño sentado en la cama, mirándolos fijamente.
—¿Por qué me miras así? —preguntó Gun, nervioso.
—Porque eres mi papá —respondió el niño, serio.
Gun gritó. Off también.
En otra habitación, Earth y Mix discutían en susurros mientras trataban de cambiar un pañal sin saber cómo demonios había llegado ahí. Tay estaba sentado en el suelo con New, ambos observando a un bebé dormir en una cuna que no recordaban haber comprado. Pond y Phuwin intentaban calmar a un niño que se negaba a soltar a Phuwin ni un segundo.
El patrón era el mismo.
Parejas.
Niños.
Confusión absoluta.
---
No fue hasta que lograron reunirse —niños en brazos, otros dormidos, algunos llorando— que la magnitud de lo ocurrido se hizo evidente.
—Esto no es una broma —dijo Tay, serio por primera vez.
—Ni un programa —añadió Krist.
—Ni una grabación —susurró Win, meciendo suavemente a un bebé que ya parecía conocerlo.
El ambiente estaba cargado de algo extraño. Un aroma diferente, más intenso. Dulce para algunos, fuerte para otros. Algo que ninguno podía ignorar.
—Esto es… —murmuró First—. ¿ABO?
El silencio fue inmediato.
—No —dijo alguien—. No puede ser.
Pero lo era.
Las pulseras, los objetos, incluso los niños parecían confirmar una realidad distinta. Un universo alterno donde sus vínculos eran más profundos, más biológicos… más reales.
—Entonces —dijo Book, mirando al niño que ahora dormía contra el pecho de Force—… ¿son nuestros?
Nadie respondió.
Porque, en el fondo, todos ya sabían la respuesta.
Los niños se aferraban a ellos con una confianza que no podía fingirse. Los llamaban por nombres que jamás habían escuchado, pero que sonaban… correctos.
—Tenemos que volver —dijo Dunk, con voz temblorosa.
—Sí —respondió Gemini—. Pero…
Miró al niño que seguía sosteniendo su dedo con fuerza.
—¿Y ellos?
El silencio regresó, más pesado que antes.
Porque, sin importar el universo, una verdad ya se había instalado en sus corazones:
habían despertado siendo padres.
Y nada volvería a ser igual.
