Actions

Work Header

From Me: The bright starlight shines bright. But where are you looking? It seems you'll be leaving soon.

Summary:

Decir “adiós” nunca ha sido fácil para Usopp. Ver cómo sus seres amados se marchitan ante sus ojos siempre será doloroso.

Tras regresar a Water 7, Usopp se enfrenta a sentimientos y recuerdos que ha intentado enterrar durante demasiado tiempo. Quizás ha llegado la hora de desenterrarlos… y de que alguien sea capaz de escuchar.

Notes:

Usopp durante la saga de Water 7 se volvió mi personaje favorito. Siento que el conflicto que se presenta ante la pérdida del Going Merry tiene tantas capas por explorar: la importancia de ser un regalo de Kaya, los crecientes desafíos a los que se enfrentan, y cómo todo esto lo hace sentirse impotente en ese momento; sus inseguridades, su valía y su lugar dentro de la tripulación.

En esta ocasión quise explorar una capa que no he visto mucho respecto a este conflicto: la relación y percepción que tiene Usopp con la muerte y la enfermedad.

Me imagino que el Going Merry no tiene género, pero por alguna razón me gusta pensar en el barco como un “ella”, así que en esta historia me referiré a Merry con pronombres femeninos.

Esta es mi primera publicación, así que de antemano pido disculpas por posibles errores o si los personajes resultan un poco OOC.

Espero que, de todas formas, si deciden leer, logren disfrutarlo ^^

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

“Adiós, es una palabra que no he aprendido a decir aún

Pero ahora lo comienzo a entender”

 

Se ha ido…

Merry se ha ido…

Cuando los Sombrero de Paja desembarcaron en el puerto bastaron unos segundos para que el Rey de los Tiradores, quien los había estado acompañando desde el inicio de la travesía hacia Enies Lobby, desapareciera de la vista de todos.

Nadie notó cuando el francotirador comenzó a correr lejos de la multitud, ni siquiera él mismo.

Usopp corría por las calles de Water 7, sin un lugar claro a donde ir. Con una máscara que ya se hacía demasiado pesada para él, y con la ridícula capa de súper héroe ondeando a sus espaldas, haciéndole parecer un simple niño que jugaba a serlo.

Bajo los lentes de tirador, a pesar de que la vista debía ser mejorada, el camino se presentaba como una mancha ante él, entre lágrimas que cubrían sus ojos y una niebla mental que le impedía ver claramente.

Corría sin parar por Water 7. La isla que se había presentado como una esperanza a lo que decía que era la mayor de sus preocupaciones. Esperanzas que fueron aplastadas rápidamente con un par de palizas y la inminente noticia de la realidad que ya conocía.

Esta ciudad lo había visto deshecho, con huesos rotos, el alma quebrada. Cargando más del peso que podía soportar de distintas maneras. Con el estómago vacío, dispuesto a dar todo lo que tenía por un par de materiales. Despertando la lástima que le habían permitido comer unas simples bolas de arroz.

Había pasado tan poco tiempo desde que llegaron, y tanto había cambiado.

Ya no tenía a qué llamar hogar, y no tenía un capitán ni una tripulación a la que llamar familia.

 

“¿Mejorará si lo dejo solo?

Ni siquiera sé por qué debería dejarlo”

 

Y Merry… Merry ya se había ido.

Cuando no pudo más de su corrida maratónica y sus pulmones no eran capaces de seguir llenándose, finalmente se detuvo. No se había dado cuenta a dónde se dirigía, ni una intención en su cabeza. Pero tenía sentido que acabaría en el mismo basurero donde Merry había estado anclada hacía apenas unos días, los cuales se sentían como años.

Su cuerpo terminó por desplomarse sintiendo al fin todo el peso para lo que el cuerpo humano no estaba preparado para soportar.

¿Cuántas veces había estado al borde de la muerte en tan solo tres o cuatro días, y cuantas más podría aguantar?

Pero lo que más le dolía no eran las heridas vendadas que hace mucho debían haber sido revisadas. O las heridas que dejó ese hombre lobo que casi había acabado con él, dejándolo impotente, como muchas otras veces, sin siquiera con tiempo de limpiar la sangre que ahora estaba seca llenando de costras su cabeza.

Dolía haber visto a su (no) compañera rindiéndose ante el Gobierno Mundial tan solo por protegerlos. Dolía haber visto a su (no) compañera negando su derecho a vivir hasta que no tuvo opción más que aceptar y decir sus más grandes deseos que tanto se había forzado a ignorar y esconder incluso de sí misma.

Dolía haber visto a su (no) capitán al borde de la muerte, rindiéndose, ante un enemigo más fuerte. Había sido tan grande el dolor que parecía más fácil para el terco francorirador soportar el dejar su orgullo y cobardía por un instante con la única intención de mostrarse ante él y alzar la voz.

Había sido tan grande el dolor, que el mayor pesimista de la tierra vio esperanza bajo el cielo gris que los cubría y el mar bajo sus pies, negándose a ver ese escenario como el infierno. No aún.

Y dolía más el hecho de que Merry ya se había ido.

En ese instante ella se había presentado ante todos, tal como lo hizo la primera vez sólo con él. Pero esta vez no había una promesa de seguir navegando. Esta vez solo se disculpó, dio las gracias y luego se marchó.

Y Usopp nuevamente no pudo hacer nada, otra vez fue un niño viendo como la vida de quien amaba se marchaba lentamente. Obligándose a decir adiós. Observando cómo se apagaba, y nadie lo culpaba, más que la voz en su cabeza que le decía que no había sido suficiente otra vez.

 

“Estoy presionando fuerte, para no ver mi cicatriz

Ya no quiero hacer esto, no quiero esconderme

Aunque me duele el corazón, incluso solo al amanecer

Lo admitiré todo, lo aceptaré”

 

—Así que aquí estabas. —La tranquila voz de Sanji interrumpió sus pensamientos con un pequeño sobresalto.

Usopp se limitó a dar una señal de reconocimiento con un simple movimiento de cabeza negándose a mirarlo. El cocinero tomó tal acto como una invitación y se sentó junto a él en esa playa abandonada antes de ofrecerle la canasta que sostenía firmemente en sus manos.

—Ya sabes, como cocinero, es mi deber mantener a todos bien alimentados. Y dudo que tú hayas estado comiendo bien estos días, así que ten. —dejó la canasta en el espacio entre ellos para después poner un cigarro entre sus labios mientras buscaba las cerillas en su chaqueta—. Necesitas recuperarte.

—Ya no eres mi cocinero. —el francotirador respondió con mucha más brusquedad de lo previsto, en su intento de sonar duro y que su voz no se quebrara por el llanto anterior—. Además, no tengo hambre.

Y como si de una mala broma se tratara, el salvaje sonido de su estómago se manifestó, dejando en evidencia al francotirador como el mentiroso que era.

—Tch… ¿quién te está hablando a ti, estúpido narizón? —Sanji fingó estar molesto dándole una mirada de pocos amigos—. Le hablaba a tu estómago. —el mayor señaló a la altura del otro, dando un pequeño piquete al traidor dentro del cuerpo de Usopp—. Él es mucho más educado que tú.

Una pequeña risa salió de los labios del francotirador al sentir el toque a su costado como también la actitud juguetona del cocinero.

—Gracias. —susurró finalmente dándole una mirada de cariño, que Sanji correspondió terminando su acto de fingida molestia.

Por un momento pareció querer decir algo más, pero se limitó simplemente a asentir, quizás con miedo de romper ese pequeño instante de alivio que habían obtenido.

Se instaló el silencio entre ellos, con Usopp rebuscando en la canasta mientras que el olor a cigarro se mezclaba con la brisa marina, dándoles un ambiente de seguridad y comodidad tan bien conocido.

Sándwiches de huevo junto a lucio lo esperaban en la preparación de Sanji, quien siempre era tan atento en las comidas que a cada uno de la tripulación le comió.

Cuando dio el primer bocado sintió como si se derritiera en su boca. El sabor le abrazó con calidez, era reconfortante, como un abrazo en su interior.

Todos los platillos de Sanji eran perfectos, pero este en particular se estaba peleando por ser uno de los mejores, casi tan bueno como…

Intentó recordar el momento en el que comió algo tan bueno como aquello. Masticando con lentitud, lo primero que llegó fue el temblor de sus hombres y la conocida angustia vibrando en su garganta. Después llegó la imagen y el recuerdo, junto a las lágrimas silenciosas.

Habían sido tal vez unos 10 años desde entonces. Quizás más, o menos, en esos momentos no era muy consciente del pasar del tiempo.

Recordaba estar solo en una casa, y habían sido unos pocos meses desde que Bachina se había marchado, aunque los suficientes como para que el pueblo olvidara a aquel molesto niño huérfano que vivía allá solo en la colina.

¿Y a quién quería engañar?, en aquel entonces, Usopp estaba más que cómodo con ese nuevo trato. No quería ver a nadie, nadie que fingiera preocuparse para después desaparecer como si se tratara de la caridad del día. Había dejado de intentar cocinar, y aunque no se le daba para nada mal, no veía el sentido a hacerlo si debía comer en soledad.

Quizás en ese entonces no lo sabía con claridad, porque era un niño, y eran conceptos demasiado complejos para su mente infantil, pero probablemente en ese punto ya se había rendido.

La voluntad de seguir, de intentarlo, de vivir se había apagado. Su madre acababa de morir, su padre no había regresado por más que lo deseo, y estaba completamente solo.

Eso fue hasta que ella apareció, Kaya llegó un día. No se habían visto hace bastante tiempo y lucía de una manera enferma que antes no lo había estado, pero su sonrisa estaba radiante al encontrarlo.

En esa ocasión solo había sido el trozo de Pie de manzana. Si era objetivo, la preparación no era perfecta, la decoración demasiado torpe y no se comparaba para nada con los dulces que preparaba Bachina. Pero en ese momento Usopp pensó que era la mejor comida que había probado en toda su vida.

No se trataba del sabor, sino de lo que esa comida representaba para alguien que se sumergiría en la desesperanza.

Sus mejillas ya estaban completamente húmedas, pero el silencio permaneció. Si Sanji lo notó el algo, tampoco reaccionó.

Incluso con la compañía del hipo que sacudía su pecho con violencia, su labio inferior y hombros temblorosos, Usopp continuó comiendo. A diferencia de su dramatismo habitual, y sus llantos desesperados en sus desbordes de emoción, esta vez hizo lo posible por mantener la tranquilidad, y aunque era consciente de que no estaba haciendo un buen trabajo, el cocinero no mencionó lo evidente.

Cuando finalmente la comida de la canasta había desaparecido, y una violenta respiración dio por finalizado el llanto de Usopp, ambos permanecieron en silencio por unos instantes, hasta que el francotirador terminó por romperlo.

—Yo… yo ya lo sabía. —Sanji a su lado le dirigió la mirada sorprendida ante la interrupción del momento que habían conseguido—. Antes de Water 7, incluso tal vez antes de Skypiea, sabía que Merry ya no tenía remedio.

Y con esa confesión, abrió una caja de Pandora que quizás nunca se había atrevido a mirar. El cocinero mantuvo la mirada atenta sobre el francotirador, quien, a su vez, mantuvo la suya fija en el horizonte y el mar que se agitaba frente a ellos, dándoles el espacio para que continuara, y que sí quizás todo ese peso que cargaba se aligerara.

—Yo siempre lo supe, pero fui tan, tan terco… creí… creí que esta vez podría ser diferente.

Y tras esas palabras, volvió a romperse con un fuerte jadeo y las lágrimas comenzaron a fluir nuevamente. Usopp se acercó las rodillas al pecho, e intentó despejar el líquido de sus ojos con brusquedad, aunque era inútil por lo que continuó su relato dejando el río correr sin mirar a su única y silenciosa audiencia.

 

“Parece que te irás pronto

Enciende las luces, mi corazón esta oscuro.

Pareces que mi presencia no está en tu corazón.

Me pregunto cuando me echaste”

 

« —Cuando mamá enfermó, fue de la misma manera. Inesperado para mí en un inicio, pero cuando lo notamos ya no había marcha atrás. Como si con cada día que pasaba, podía ver cómo se acercaba más y más la muerte.

Papá se había ido, y yo pensaba que, si él regresaba, ella mejoraría, la fiebre se marcharía, dejaría esa cama y se levantaría feliz de tenerlo de vuelta. Así fue cómo comenzaron las historias. Cada día corría gritando que los piratas venían, pero ellos nunca llegaron. Él nunca llegó, y ella no sobrevivió.

Por mucho tiempo pensé que habría sido mejor que él estuviera ahí. Él habría sido suficiente para que ella quisiera quedarse, no como yo, a quién ambos pudieron dejar atrás fácilmente.

Con Kaya había sido distinto, ella me salvó. Y cuando supe que también había perdido a sus padres y comenzaba a enfermar, quise ser yo la persona que la se quedara. Como pienso que papá lo era para mamá.

Por eso me quedé, a diferencia de papá, no quería ser él. Estaría cada día en su ventana contándole historias, haciéndola sonreír, ahuyentando a la muerte que de vez en cuando la acechaba más, trayéndole más palidez, más cansancio y ojeras. Aunque me sacaran a patadas casi a diario, aunque todos en ese pueblo pensaran que era un fastidio. Yo jamás la dejaría mientras me necesitara, porque eso significaría que ella también se quedaría.

Luego llegó Luffy y nos salvó a ambos, sacando a ese estúpido Pirata Mayordomo, quien había sido responsable de toda su enfermedad. Aunque hubiera un factor extra que la mantenía así, me gustaba creer que gracias a mí también pudo soportar todo ese tiempo, y que pude salvarla de alguna manera.

Cuando comencé a ver los mismos signos de enfermedad en Merry, comencé a ver las grietas, como su vida se comenzaba a apagar no quería creerlo, pero tenía esperanza, estábamos todos juntos, todos para ella, tal como estuve con Kaya, no había forma en que no sobreviviera, ella sería fuerte, tenía que serlo. Hasta que Luffy tomó la decisión.

Dios, fui tan tonto al luchar con él. —por primera vez que había desde comenzado el relato su voz cambio, la frustración se hizo presente, pero solo hacia sí mismo, apareciendo con pequeños golpes de sus puños sobre su cabeza y la voz cada vez más rota—. El pensar que yo solo sería suficiente para ella esta vez... Sé que no tiene sentido lo que pienso, pero se sintió igual que con mamá.

Ninguna de ellas me necesitaba a mí, necesitaban a alguien más fuerte, más valiente que se quedara, y yo… yo no soy nada de eso. Por eso no pude hacer que se quedaran. Y perdí lo que tenía con ustedes, lo arruiné por pensar que podría salvarla. »

Los golpes hacia sí mismo se hicieron cada vez más fuertes, al punto en el que Sanji al fin sintió que era momento de intervenir. El cigarro que sostenía había desaparecido y ahora, sus manos firmes y suaves a la vez, mantenían los puños de Usopp alejados de su objetivo.

—Ya basta de esto, Usopp, mírame. —la voz firme de Sanji trajeron al francotirador de vuelta al presente, paralizándolo por un pequeño instante.

—Fue toda mi culpa, empeoré todo, y lo hice por nada, perdóname, Sanji. —las palabras salieron rápidas y atropelladas, amenazando con un nuevo río de lágrimas.

—No arruinaste nada, Usopp, nada que no tenga solución. Gracias a ti Merry sobrevivió un poco más y todos estamos con vida. Robin también está aquí gracias a ti, no digas jamás que no eres suficiente.

Las palabras golpearon a Usopp anclándolo de la misma manera en que las manos del cocinero lo hacían al sostener sus muñecas, haciendo que al fin dejara de forcejear, siendo sólo un pequeño temblor la prueba de su compulsión anterior.

Cuando Sanji estuvo seguro de que Usopp ya no se lastimaría, lo soltó con suavidad posicionando sus brazos sobre las piernas del mismo. Al separarse mantuvo una pequeña cercanía dejando que las rodillas de ambos se tocaran, para asegurarse de no perder nuevamente al menor.

—No vuelvas a pensar que las personas se van porque tú no eres suficiente. A veces no se trata sobre ti, y menos cuando es la muerte quien se las lleva. Eso es lo único que nadie puede controlar, idiota.

La mirada de Sanji se mantuvo fija sobre él antes de que la apartara y el cocinero tomara de oportunidad de conseguir un nuevo cigarrillo. Ya no viendo a Usopp, pero con una evidente reflexión en el rostro sobre qué hacer y decir a continuación, la decisión fue inmediata.

—Antes de Zeff, del East Blue. —comenzó Sanji, siendo esta vez él quien se concentraba en el mar, llamando la atención de Usopp—. Viví otra vida en otro mar muy lejano.

Usopp lo recordaba, cuando conocieron al descendiente de Noland, y el cuento que fácilmente reconoció a Sanji, mencionó lo popular que era en el North Blue. En ese momento y hasta ahora nadie había preguntado al respecto. La verdad es que nadie en la tripulación pedía antecedentes al unirse, el pasado ya no importaba, a menos que este los alcanzara tal como lo hizo el de Nami y Robin respectivamente.

—Yo tenía a mamá, a quien siempre vi en una cama. —continuó Sanji con un suspiro atrapando finalmente a Usopp—. Ella era realmente hermosa, y podría decir que era lo único que tenía. No podía verla a diario, pero siempre que podía me escapara para poder estar con ella. Cocinaba para ella y atravesaba un montón de obstáculos. En ese tiempo era realmente un asco, pero ella siempre lo disfrutaba encantada y con una sonrisa. —Usopp fue capaz de vislumbrar ese recuerdo en la misma sonrisa que Sanji le ofrecía al atardecer que se ponía en el salvaje mar frente a ellos.

—Ella era realmente todo para mí, una luz en la oscuridad abismal. Hasta que un día llegué, y sólo encontré una cama vacía, con sirvientes limpiando el lugar, como si ella jamás hubiera existido.

—Lo siento. —la voz de Usopp salió como un susurro, mientras acercaba su mano a la del cocinero solo para rozarla con cuidado, en señal de consuelo y compañía, lo que fue correspondido con una suave sonrisa al horizonte.

—En ese momento no lograba comprender todo, pero creo que me sentí perdido, desamparado. Pero si de algo estoy seguro es que ella jamás habría querido dejarme, habría dado todo por quedarse conmigo por todo el tiempo en el que yo la necesitara. —la mirada de Sanji se alzó para atrapar la suya nuevamente, convirtiendo el roce de sus manos en un suave apretón—. Así como Merry hizo con todos nosotros, así como tu madre habría querido hacerlo contigo.

El temblor volvió a atraparlo, y las palabras del rubio volvieron a hacer correr el río que creía haber acabado, aferrándose con fuerza esta vez al ancla que tenía entre sus manos y llevándola a su pecho. Sanji simplemente se dejó y esperó.

 

“Ni siquiera sé si me estoy volviendo más fuerte todavía

(ni siquiera sé si tengo miedo)

Quiero que fluya y que fluya de mí para mí”

 

Ninguno de los dos volvió a hablar, y el tiempo había transcurrido. Hasta que el llanto se convirtió en una respiración suave y las mejillas de Usopp estuvieron secas dejando sólo un rastro asqueroso de lágrimas y mocos en su rostro como prueba de lo sucedido en aquella playa.

—Hasta que te encuentro, Usopp-Bro. —la voz escandalosa de Franky irrumpió en la tranquilidad haciendo que los dos voltearan a medias hacía donde provenía—. Debí haber empezado por aquí. Hola también, hermano Cejitas.

Con la mano libre, Usopp intentó limpiar como pudo su rostro con la parte superior de su overol antes de enfrentarse por completo al Cyborg.

—Ah, Franky, ¿necesitas algo con lo que el Gran Capitán Usopp pueda ayudarte? —habló con su clásica voz presumida y se felicitó internamente por haberlo logrado de manera casi perfecta después de haber llorado tanto.

—Nada en particular, hermanito, solo saber cómo estabas, ya que desapareciste muy rápido. Además, la casa Franky es un desastre por culpa de ciertos renacuajos. —dijo lo último con un poco de recelo mirando fijamente a Sanji—. Pero seguimos teniendo un ¡Súper lugar para ti! —gritó el Cyborg con su ridícula pose haciendo que Usopp diera un salto en su sitio y sacándole una estúpida risa—. En caso de que no tengas donde ir por ahora. Te ves asqueroso, de seguro necesitas un baño y unas cuantas revisiones, ¿qué dices?

La propuesta se sintió cálida en su pecho, pero se permitió dudar por unos segundos. Miró a Sanji en busca de alguna respuesta que dar o seguridad. La suave sonrisa del mayor y el leve asentimiento le dieron la respuesta.

—Sí, voy contigo. —respondió rápidamente y se levantó con entusiasmo de su sitio sin notar que sostenía la mano de Sanji aún.

Franky tras escuchar la respuesta positiva de inmediato soltó un escandaloso “ Súper ” y volvió por su camino esperando que Usopp fuera tras él. Sin embargo, éste último tomó ese tiempo para concentrarse en Sanji quien aún permanecía junto a él.

—Gracias por venir. —murmuró sólo para que los dos escucharan—. También por la comida, por todo en realidad.

—Ya sabes, no importa quien sea, bajo mi guardia, nadie pasará hambre, incluso si son narizones testarudos.

Ambos hombres sonrieron antes de que el más bajo se comenzara a alejar, dejando que sus manos se deslizaran lentamente antes de separarse finalmente y comenzar a correr en una carrera para alcanzar al Cyborg que mantenía su paso firme y velocidad constante.

—¡Oye, pervertido! —la voz de Sanji se escuchó a lo lejos, como un grito teñido de diversión junto a una pizca amenaza—. Ya sabes lo que te pasa si le das problemas a nuestro Narizón, así que ten cuidado.

—¿Sabrá ese cejitas que me halaga cada vez que me llama pervertido? —Franky reía escandalosamente contagiando a Usopp con su fácil humor.

El peso sobre los hombros de Usopp era más ligero esta vez, desde el retorno a Water 7. Así como también, todos los molestos ruidos que habían estado presente dentro de su cabeza desde antes del primer momento que pisaron la Isla, todos se estaban tomando un pequeño descanso.

No estaba bien. La presión permanecía, pero aún podía avanzar. Tal vez, por ahora, estaba bien no estarlo, y sólo bastaba con estar.

 

“Por siempre te recordaré y extrañaré

Aunque no estés aquí y no te pueda ver

Sé que siempre estarás conmigo

Es hora de decir adiós”

Notes:

Soy feliz recibiendo opiniones :)

Como inspiración para el título y algunos versos que aparecen a lo largo del fic (espero que no hayan cortado demasiado la fluidez, lo siento), tomé partes de canciones de GFRIEND, que es uno de mis grupos favoritos. Las canciones son “Bye”, “From Me” y “Time for the Moon Night”, por si desean escucharlas.

Dentro de mis headcanons está que Franky pudo “adoptar” a Usopp por un pequeño tiempo durante su estadía en Water 7. Él se lo había ofrecido, y también me parece gracioso que cada vez que Usopp espía a los Mugiwara esté junto a Yokozuna. Además, me gusta imaginar que Franky le pidió ayuda a Usopp para pintar la bandera y las velas del Sunny.