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Encontrar una y otra vez

Summary:

Después de tanto tiempo lograron acabar con Procustes de una buena vez. Pero... ¿qué sucede cuando Frankelda regresa al Topus Terrentus y Herneval no esta con ella?

Notes:

Fic para celebrar la llegada de la película a HBOMax mañana!

(See the end of the work for more notes.)

Chapter Text

Finalmente. Después de tanto tiempo lograron acabar con Procustes de una buena vez.

Vieron como la casa que los mantenía encerrados por un siglo y medio se hundía en las profundidades del mar de neblina. 

“Lo hicimos…” Frankelda se dijo a sí misma aun sin poder creerlo. Una incrédula risa salió de ella mientras aún analizaba lo que sucedió, Herneval se le unió a reír juntos. “¡Jajaja lo hicimos!”

Abrazo a Herneval con fuerza y emoción mientras él también aceptaba lo que pasó. “¡Frankelda lo lograste!”

Ella negó con la cabeza, levantandolo para mirarlo a los ojos. “No, lo logramos los dos. Con ayuda de los lectores, claro esta.”

A pesar de todo lo ajetreado que acababa de ocurrir Herneval la miró con adoro y asintió. “Tienes razón, mi amor. Lo logramos.”

Después miró alrededor insegura de que seguía. Sabía que debían salir de la casa y deshacerse de Procustes si deseaban ser libres pero el siguiente paso era desconocido.. Tanto tiempo enfocada en una cosa que no considero el siguiente paso.

“Mmhh ahora solo queda salir del sueño… de algún modo.”

Mientras el ruido de la mansión hundiéndose empezó a desvanecerse algo cambió alrededor de ellos, un raro sentimiento de incertidumbre similar a caminar en completa oscuridad.

La escritora fantasma flotó alrededor mientras intentaba averiguar la salida. Permanecieron callados y quietos unos segundos como si algo fuera a salir de la nada.

Ninguno se atrevió a hablar hasta que Herneval se estremeció a su lado como si alguien lo estuviera sacudiendo, casi lo arrastraba la gravedad si no hubiera sido por ella atrapándolo. Lo miró preocupada, antes de que pudiera preguntarle él habló con dificultad. “Algo malo está pasando- argh me siento-“

“¿Herneval?” Preguntó preocupada, esto le traía recuerdos de la desgracia que había pasado hace ya tantos años. “N-no sé qué está pasando pero estamos tan cerca, no te atrevas a hablar así.”

“Frankelda, yo me siento-“ dejo de hablar repentinamente como si le hubieran arrebatado la lengua.

Antes de que pudiera alzar la voz e insistirle que hablara a la misma Frankelda se le fue el aire (algo que pensó ya no le podría pasar con ella siendo un fantasma)

Y comenzó a caer.

Su habilidad de flotar la abandonó por completo, desplomándose entre las nubes que cubrían el sueño. No se atrevió a gritar, no tenía ni la menor idea que pasaba o que había hecho mal. Tenía miedo mientras sentía el aire pegar su espalda pero toda su fuerza se acumuló en no soltar a su querido libro. Ya habían pasado 150 años juntos y sobre su maldita alma lo dejaría ir ahora, incluso si era su fin cayendo al vacío donde todo se oscureció.

 


 

Frankelda jadeo y abrió los ojos de par en par, de la misma manera en la que lo hizo tantas veces en su vida humana o cuando salía de su tintero.

Pero en vez de ver el techo de su antigua habitación desde que era niña o la mansión de Procustes se encontró con inmensas ramas de las que colgaban largas telarañas.

Era la Arparaña.

Se sentó erguida inmediatamente mientras sus ojos captaron lo que había frente a ella. Era el salón del trono, el mismo lugar donde ella llevó a cabo su plan para derrotar a Procustes a pesar de no terminar como ella hubiera deseado.

“Este lugar…” se sentía real, la perfecta combinación entre lo ficticio y lo verdadero que sólo el Topus Terrentus podía tener. Habían llegado allí, lograron salir

Su agarre se hizo más fuerte alrededor del libro que no había soltado. “Herneval, esto es-“

Las palabras se quedaron atrapadas en su boca cuando se enfocó en el libro en sus brazos. 

Era solo un libro normal.

Si tuviera un corazón latiendo este se hubiera detenido en ese momento. Su querido libro era… nada más, sus ojos no estaban visibles entre sus páginas y no había rastro de sus plumas o el separador que funcionaba como lengua. Solo era una cubierta vieja con páginas amarillentas.

“¡Herneval!” Frankelda gritó horrorizada ante la falta absoluta de vida en el que era su amado. 

El silencio era rotundo, no estaba su voz, la forma en la que la elogia, sus regaños cuando estaba nervioso o ella hacía algo imprudente, ni siquiera el sonido de sus páginas al moverse.

“Herneval, vamos despierta.” Imploro mientras abre el libro y lo inspecciona con esperanza de que algo pase. Sus historias están allí mas no señal del susto en quien las escribió. “¡Yo ya desperté! Ahora es tu turno, se supone que lo haríamos juntos.”

Sin respuestas. Durante años nunca pensó en el hecho de que Herneval había perdido su vida en ese plano, o tal vez decidió nunca pensar en eso. 

La escritora fantasma sintió lágrimas caer por su cara y está vez Herneval no estaba allí para limpiarlas. 

De todas las posibilidades que tenía su encierro, perder al amor de su vida nunca pareció ser una estás. “Por favor, no me dejes.” Dijo ya en susurro mientras lágrimas caían entre las páginas.

No sabía que tanto tiempo estuvo allí aferrada al libro hasta que escuchó varios pasos caminando rápido en su dirección pero no le podía importar menos en ese momento.

“No puede ser…” dijo una voz femenina que no había escuchado en años.

Con el corazón pesado volteó a ver esa voz tan familiar. En la entrada se encontraban los gobernantes de aquel plano , ambos en absoluto sin palabras al reencontrarse con la escritora después de tantas décadas. Se veían tal y como ella los recuerda, como si nada de tiempo hubiera pasado. “¿Frankelda?”

“Sus majestades.” Se levantó del piso, a pesar de poder flotar nuevamente su cuerpo- o alma se sentía pesado, y ella sabía perfectamente porque.

Veritena fue quien tomó el primer paso hacia ella hasta que la pudo tomar gentilmente de los hombros, posiblemente creyendo que sus ojos le mintieron por un segundo. “Creímos que- la última vez que te vimos todo fue tan rápido y caótico.” la reina pausó al ver el estado en que se encontraba la fantasma. “Ay mi niña ¿qué te pasó?”

Frankelda hizo lo mejor para quitar sus lágrimas mientras los reyes la miraban con una mezcla de alegría por ver que ella estaba bien, también con confusión y preocupación. “Mucho, paso mucho. Cre-Creí que ahora todo estaba bien-” No pudo terminar de hablar al ver el libro normal sin señal de vida, pareció que Herneval de verdad se perdió para siempre.

El rey Ficturo fue habló después igual de cuidadoso que su esposa. “Frankelda, estamos felices de que estes bien después de tanto tiempo. Pero en serio debemos entender que fue lo que sucedió ¿Cómo es posible que estés aquí?”

¿Qué se supone que les debería decir ahora? Su hijo se convirtió en un libro, los 150 años juntos, ayuda de lectores de otro plano, vencer finalmente a Procustes solo para que al final Herneval muriera.

“Yo-“

Las historias nunca mueren.

Hace mucho tiempo Hernaval casi falleció a manos de un amigo que fue controlado, pero ella no lo permitió.

Sería posible… su mente se volvió un remolino de ideas y memorias mientras llegaba a lo que unos llamarían una falsa ilusión sin embargo para Frankelda ahora tenía perfecto sentido. Décadas juntos sin importar que, los lectores que volvieron una y otra vez a escuchar un nuevo relato, permitiendo que superar las probabilidades sin importar que tanto el antiguo pesadillero real los intentó subyugar. 

Herneval no pereció. Él debe estar en algún lugar del Topus Terrentus, esperándola, y ella lo va a encontrar.