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La tristeza de ese día

Summary:

Simplemente era hora de decir adiós, era una lástima que no supiera cómo hacerlo, y otra es que tampoco quisiera hacerlo.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

No es el mismo de hace años, ha cambiado, su manera de pensar y andar por el mundo es distinta, pero hay cierta agonía de la cual nunca se ha podido librar, como si estuviera condenado a sentir esa tristeza que aparece en las noches de debilidad y amenaza con apretar su cuello hasta que ya no pueda respirar, una constate lucha contra algo que no ve y solamente siente con intensidad.

Sus pasos hay días en los que no tienen rumbo, pero siempre lo guían al mismo lugar, días en los que su mente divaga entre escenarios que nunca tendrán vida más allá de su imaginación y en donde siempre termina en esa laguna de ansiedad en medio de la oscuridad, no entiende que necesidad tiene su mente de llevarlo al mismo lugar como si no bastara con el sufrimiento lento que hay en su cuerpo.

Hay días en los que siente que finalmente ha dejado eso atrás, pequeños instantes que duran mucho en donde siente que esta en la cima, donde nadie lo alcanza, a donde los temores no pueden llegar y en donde la vida le sonríe, es fuerte la caída y más levantarse al darse cuenta que de nuevo está de donde nunca puede escapar.

Mira con extrañeza sus manos, buscando aquella anomalía que solo él nota, siente miradas curiosas siguiendo sus acciones, pero se encuentran en su mundo y no tiene tiempo para lidiar con ellos. Alguien habla, posiblemente pregunta porque se detuvo y si se encuentra bien, la ruidosa voz de aquel ser de energía inagotable exigiendo que vuelva al juego.

Su voz habitual afirma estar bien, para después exigir al chico de baja estatura que guarde silencio. El juego se reanuda y nadie nota la diferencia que hay, pero él sí, sus levantadas son precisas como siempre, su ataque rápido funciona a la perfección y todos se lo hacen saber, pero él se siente frustrado y no sabe el motivo.

La brisa fresca que indica que el verano pronto acabará golpea con gracia su rostro y juega con su cabello, son cortos los minutos que puede disfrutar del silencio antes de que el parloteo de su compañero comience. A veces lo mira y se pregunta cómo es que puede ser así, lleno de energía y esa vibra extraña que te obliga a acercarte, como si fuera un agujero negro y por ende te arrastra así él, sin embargo, Hinata no podría ser llamado un agujero negro, es más similar al sol, radiante y de alguna manera de hace sentir alegre y vivo, puede ser a veces irritante por la luz que tanto desprende, pero también cálido y con una increíble determinación.

Se pregunta a que se debe que las personas piensen tan diferente, a que actúen de otra manera a la cual él tiene prevista, es agotador, las personas lo son y entenderlas es complicado. Nunca ha sido bueno con las relaciones sociales y lo sabe bien, y aún así lo intenta sin lograr nada.

Se siente cansado de repente, como si pensar en sus fallidos intentos de relacionarse con otros fuera la carga más pesada que lleva en los hombros, tal vez lo sea. Mira los tonos rojos y amarillos que hay en el cielo, no se entiende y piensa que nunca lo podrá hacer.

En ciertas ocasiones tiene esa necesidad de saber que cambio, o de cambiar, de repente simplemente no se siente bien con quien es. Esa necesidad de que alguien le diga que todo está bien con él, que no hay ningún problema con su manera de ser, pero no pregunta y nadie se lo dice.

Por un buen tiempo creyó que ese sentimiento se había quedado atrás, aún recuerda el día en que supo que todo fue momentáneo, posiblemente se acostumbró demasiado a las mismas personas, a las mismas escenas y en realidad nunca se adaptó. Esta en segundo año, a punto de pasar a tercer año en solo dos meses, sus sepáis se graduarán y más desconocidos vendrán.

—¿No es increíble? —niega con la cabeza, aunque no sabe a que se refiere, no escucho nada de lo que digo y solo estuvo asintiendo para fingir escucharlo.— No escuchaste nada —afirma el de baja estatura y él hace una mueca, pero no niega.— Eres cruel, YamaYama.

Y ese apodo, realmente el único que había tenido era aquel donde era llamado el rey de la cancha, el dictador egocéntrico que fue abandonado en medio de un partido, ahora tiene tantas combinaciones para su nombre que es imposible saber como lo llamara Hinata. Y sobre su pasado en la secundaria era tema cerrado, ahora no era algo que lo atormentaba como si lo fue hace más de un año, cuando tuvo que aprender de sus errores a la mala.

Mira a Hinata y le sorprende lo fácil que puede entender su entorno, es una persona transparente y a la vez llamativa, pero humana, él sabe que no puede empatizar como lo hace el pelirrojo y le alegra que así sea, ya tiene demasiado consigo mismo para tener que lidiar con sentimientos ajenos.

—¿Qué decías? —pregunta entonces y Hinata sonríe a pesar de que había sido ignorado hace unos segundos atrás.

—Seremos sepáis, ya quiero que me pregunten como recibir o me pidan consejos, últimamente han estado viniendo más a esta preparatoria, creo que dentro de poco será tan grande como Shirarizawa.

—El equipo de baloncesto también se posicionó entre los cuatros mejores escuelas de Miyagi, es normal que más elijan venir aquí.

—Sí, pero se todas formas seremos los mayores, también elegiremos un capitán.

—Eso ya fue decidido.

—Tal vez Ukai cambié de opinión y me elija a mí está vez.

Rueda los ojos y sigue mirando el cielo, Hinata de nuevo comienza con su charla sobre quien sabe qué, es extraño, hace tanto tiempo que nadie había caminado a su lado, a veces se siente como un pequeño instante en el gran universo caminar a casa en compañía de alguien, como si el tiempo fuera lento, pero no pasará algo increíble.

Recuerda con nostalgia que no puede expresar su rostro aquellos días en los cuales caminaba a casa acompañado de su abuelo y hermana. Seres queridos que no están presente, su hermana porque se encuentra en otro lugar buscando cumplir su sueño, ocupada de la vida adulta y en busca de estabilidad, su abuelo, él ya no está, los años le pesaron y su salud recayó en cuestión de meses, la esperanza iba y venía, pero jamás llegó y su abuelo se marchó. Hay cierto dolor al recordar eso, algo tan inmenso como el mismo sol, pero amortiguado por los años de ausencia que solamente crecerán.

—Nos vemos, Kageyama —Hinata sonríe como si todo fuera color rosa, pero sabe que el chico ni siquiera piensa en eso, solo es su personalidad, Hinata siendo Hinata.

Su camino se torna solitario durante unas cuadras, sus pasos lentos y el sol apunto de ocultarse. Sabe que cambio, pero siente que no. Ya no es él mismo de hace un año, sin embargo, la inconformidad sigue presente y esa agonía que no desaparece.

Tal vez siempre se sintió así, esa soledad que siempre amenazaba con tragarlo o esa tristeza que siempre se oculta en algún rincón de su habitación esperando su llegada, puede ser que nunca prestó atención a esos sentimientos que lo acompañaban, posiblemente porque siempre tenía a su hermana y abuelo que hacían que los días fueran maravillosos, pero lo más sensato de pensar es que esa ligera agonía que ya no podía contener empezó cuando ellos se fueron, cuando el silencio era demasiado y su único pasatiempo era pensar.

Nunca se sintió así antes, iba despreocupado de la vida, esperando que todo sucediera, ajeno a su entorno y perdido en fantasías que lo alejaron del camino. Fue duro darse cuenta de las cosas, cuando esos sentimientos que nunca supo expresar lo empezaron a consumir, como fuego ardiendo desde su interior y dejando cenizas de aquellos recuerdos y lo que simbolizan.

No sabe cómo afrontar ciertas situaciones, se pierde entre ideas que nunca se realizan, puede que siempre vaya con la mirada en alto y el ego en el cielo, una imagen intimidante para un chico herido, la realidad es que la mayoría de veces no se da cuenta de su manera incorrecta de actuar y cuando menos se da cuenta a cometido otro error.

Lo nota, hasta Tsukishima se lleva mejor con los de primer año que él mismo, sabe, de nuevo que las interacciones sociales son su talón de Aquiles, pero es agotador.

Sin embargo, no es todo lo que le preocupa, ni siquiera eso significa una gran carga, si es un problema que debe solucionar si quiere seguir su camino en equipos profesionales en donde los jugadores no tendrán la paciencia para adaptarse a él y en cambio él deberá hacerlo, mostrar que es valioso en la cancha y dejar atrás las cadenas que no lo dejan mejorar.

Mira el cielo otra vez, esperando que las nubes le digan que hacer, como aliviar el malestar emocional que años atrás lo atormentan, pero solo el cielo en tonalidades rojas es lo que encuentra, un hermoso atardecer que no tarda en desaparecer. Mete la llave y abre la puerta, el silencio lo recibe con alegría y una casa vacía lo llama a entrar.

Su hogar se siente nostálgico, y por primera vez siente que no tiene nada, sus padres trabajan hasta tarde y marchan en la mañana, nunca tienen tiempo ni para ellos mismos, ahora una casa con las luces apagada lo recibe en el corredor. Desliza su mano sobre la pared y aquella anomalía se siente en su ser, como si no fuera real, sentirse mal esta de más, pero aquel malestar no se detiene.

No prende las luces y sin alejar la mano de la pared recorre la casa, se guía por su tacto y siente un poco de vida, casi como si la casa le estuviera susurrando la hermosura del pasado que se empaña por el polvo de los años, cierra los ojos y sigue caminando, goza y teme de las emociones que siente, luego se siente un demente, pero no se detiene.

Tobio es raro, pero no especial, al menos él así lo cree, a veces ni siquiera siente que sea diferente, sino que el mundo lo es. Es difícil encajar en la sociedad, pero tampoco es como si alguien lo estuviera forzando.

Escucha el rebote de un balón, ya no está seguro de en qué parte de la casa está parado ni de donde viene aquel sonido, sin embargo, es familiar y por mero instinto camina sin abrir los ojos, tropieza sin llegar a caer con algo tirado en el suelo, pero eso no lo detiene y sigue con ese juego que risa le causa. Hay un cosquilleo en sus manos mientras más camina, algo lleno de nostalgia y alegría.

—¿Tobio? —abre los ojos y mira de donde proviene la voz, su madre está parada en la entrada quitándose los tacones— ¿Por qué no habías prendido las luces? Creí que no habías llegado.

—Me siento extraño —dice y su madre arquea la ceja sin comprender.— Siento muchas cosas.

—Son las hormonas, estás en pleno crecimiento, tienes dudas y emociones encontradas —deposita las llaves sobre la mesa que da la bienvenida. Tobio se pregunta dónde dejo tirada su mochila.

—No es eso —afirma, pero sabe que no llegará a ningún lugar con esa conversación— Voy a calentar la comida de ayer.

Y los días continúan y ese sentimiento aumenta lentamente, indicando que no debe estar ahí, que debe ir a otro lugar, su mente y cuerpo le gritan que debe acordarse y volver y él se siente irritado de no entenderse.

Estaba bien y ya no lo esta, todo va bien en su vida, ha progresado y todos lo notan, pero esa inconformidad no se va. Pensó en todo los últimos días, desde sus relaciones fallidas, sus derrotas, aquellos planes serios que algún día tuvo, su familia, pero la respuesta no aparece.

Hace más calor del frecuente y aunque nunca le ha gustado el verano ese año le parece enigmático, el aire siente que le habla, pero en susurros que no logra escuchar, el calor le da una calidez que hace tiempo no sentía y aquella vista tan azulada del cielo lo hace sentir ansioso, no de una mala manera, pero siente que hay algo que está esperando.

No entiende de donde vienen tantas interrogantes, pero siente que cada una lo ayuda a llegar a donde necesita llegar.

¿Qué si cambio? Miwa el año pasado le dijo que ahora se veía diferente, como otro, alguien renovado y con fuerzas para continuar, pero con una ligereza a su alrededor. ¿Sus relaciones son malas? Su abuelo le dijo que su rostro decía todo, pero no todos lo podían leer, tenía que hablar para darse a entender, Miwa al contrarío lo miro con pereza y dijo que podía mejorar, pero iba bien. ¿Qué se siente diferente? Miwa sin mirarlo respondió que posiblemente estaba triste, pero ni él mismo se daba cuenta, lo echo de su habitación y con burla le dicho que era muy cabeza dura y que solo sabía cuando estaba enojado o tenía hambre, pero también existían otras emociones y que no debía reprimirse. La recuerda con una mirada triste antes de que cerrara la puerta.

Ha salido temprano de la práctica, sin ánimos de seguir jugando y con ganas de llegar a casa. El verano parece tener una sensación sofocante, cada vez más calor en el día y noches frías, una extraña mezcla que lo desconcierta, por un momento siente esa calidez surgir del fondo de su ser y luego un viento que lo hace meterse debajo de las sábanas. Todo eso le recuerda el vacío de ese día, la emociones que no sabe expresar, el llanto, le teléfono, la puerta cerrada, el tiempo, la época, su madre derrumbada en el suelo, su abuelo que ya no estaba y ahora su hermana.

Mira sus manos y como tiemblan, ni siquiera tiene fuerza para girar la llave y abrir la puerta, en cualquier segundo caerá al suelo y no habrá nada que detenga su acción, lo sabe y obliga a su mano a seguir con la acción de antes, la cerradura hace un extraño clic al ser abierta, pero no tiene tiempo de pensar antes de caer sobre el suelo, no sabe como ni cuando pero termina al final del corredor, sentado en el suelo con las piernas abrazada, no llora porque apenas asimila lo que sucede, no llora porque su alma está seca, sin lágrimas por derramar y ni gritos para decirle al universo lo injusto que es.

Con los ojos fuertemente cerrados, con lágrimas que no hay en su interior, pero con un nudo en la garganta, recuerda aquel día. La tristeza de ese día.

Cuando su hermana vino a visitarlos desde Kioto, planes sencillos, quedarse toda una semana y luego volver para acabar su último año de licenciatura, aunque tenía planeado trabajar en una peluquería mientras conseguía un buen empleo en algún bufé. Aunque él no dijo nada se alegró de la visita de su hermana.

Todo iba bien, a inicios de verano había ido junto a su madre a la lápida de su abuelo, se sentó y le oró durante varios minutos, un extraño cosquilleo sintió en sus manos, pero no profundizó sobre aquella sensación camino a casa, estaba pensativo al darse cuenta de que haría calor y de alguna manera lo afectaba en cuanto jugar voleibol.

Los meses transcurrió con una extraña calma, todo indicando que algo malo sucedería, esa sensación que relacionó con la partida de su abuelo al comienzo del verano.

Nunca espero que todo cambiara en unos minutos. Uno, dos, tres, cuatro tonos antes de que su madre tomara el teléfono, menos de un minuto para decir que una vida de 23 años había acabado, dos segundos antes del gritó, tres segundos para que las lágrimas cayeran, treinta segundos para que él se enterara.

Sintió demasiadas cosas, pero el vacío fue lo primero que lo golpeó, luego una rabia que nunca supo de donde vino, luego un golpe duro que dolió hasta el alma y la fracturó, después un murmullo que ya no puede escuchar, una risa en el fondo se su memoria que parecía una burla a la situación. Que ironía, en la mañana estaba hablando con su hermana de lo malo que era para expresarse, hace unos meses atrás, por primera vez sintió alivio mirando la tumba de su abuelo, ahora quiere gritarle al universo que le regrese a su hermana.

Pero nada se puede hacer y ahora debe enfrentar el dolor del olvido. Ese al que condenó a su abuelo y hermana, era más fácil vivir con el vacío sin explicación que con el dolor de la partida, fue más fácil fingir que su hermana seguía en Kioto que pensar que ya no estaba en ninguna parte del mundo.

Y hubiera sido más fácil convivir con los asfixiantes veranos que vendría que tener que sufrir en cada uno de ellos por la ausencia de una familia que se convierte en polvo.

—Tobio, ¿quieres ir a visitarlos? —tan dulce y tranquila, no se parece a la mujer que se rindió en la vida en menos de un minuto.

—No.

No hay paz, no esa ligereza que sentía podía experimentar cuando miraba la tumba de su abuelo, le costó años aceptar que él ya no estaría presente en su vida, que ya no había más para Kazuyo, pero se alegraba de que al menos hubiera tenido una buena vida. Miwa tenía planes, deseos por cumplir, viajes que realizar, anécdotas que crear, años por vivir, ahora solo quedan sus huesos debajo de la tierra, no hay más peinados ni sonrisas en lo que un día fue el rostro de su hermana.

Ahora sabe que recordará el inicio del verano como el día en que su corazón se detuvo, pero siguió latiendo, y el fin como el día en que su corazón no tuvo más fuerza para latir.

—¿Crees que cambie? —era a la única a quien le tenía la suficiente confianza como para preguntar sin que ella lo mirara con preocupación o burla.

—Te ves diferente, como más ligero y tranquilo, antes parecías un toro furioso o perro rabioso, ahora eres más similar a un gato, son tranquilos la mayor parte del día, despreocupados pero atentos.

—No te pedí que buscaras similitudes entre los animales y yo.

Ella nunca lo miro, estaba concentrada en el cuaderno y bolígrafo, ¿qué escribe? Se preguntó.

—Cambiaste. Te ves renovado, caminas con ligereza y sin ira.

¿Cómo podría superar la muerte de un ser querido, si la persona que lo ayudó ya no está tampoco? No esta Miwa y nadie lo ayudara.

—Me siento diferente.

—¿Sabes que existe la puerta? Es para que toques y no entres de repente.

—Lo siento.

—Estás triste, solo sabes cuándo estás enojado o tienes hambre, ¿verdad? Tobio, estamos en una fecha importante, eso te hace sentir triste.

—No estoy triste.

—Tienes derecho a llorar, nadie te juzgara, está bien sentirse triste, el abuelo partió en estas fechas y duele, pero al menos piensa que él fue feliz hasta el último día de su vida y quiere lo mismo para sus seres amados.

—No volverá, me dejo solo.

—Yo estoy a tu lado y no me iré.

Mentirosa, ella y el abuelo, mentirosos todos, Kazuyo dijo que estaría bien, que era un simple malestar y termino internado por meses en el hospital hasta que ya no pudo más, Miwa afirmó quedarse, pero tardó más en decirlo que en cumplirlo.

Quiere llorar, pero no hay lágrimas, solo un verano que está por acabar y promesas que se quedan sin realizar.

Notes:

Escrita el 16 de marzo de 2024