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Cuentos de Garras y Plumas

Summary:

Una serie de one-shots, aprovechando la propuesta «ONE-TOBER», donde Zoro, Tashigi y/o su relación serán los protagonistas.

Primer disparador: Logia.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Chapter 1: Moku Moku no Mi

Chapter Text

Las señales estaban ahí y Smoker había elegido hacer la vista gorda durante demasiado tiempo. Sin embargo, el destino lo había empujado a trabajar nuevamente con los Mugiwara, dándole la oportunidad de confirmar sus sospechas de una vez por todas. 

La quinta unidad del G-5 había llegado a la isla siguiendo una llamada de auxilio, los Mugiwara guiados por la aguja del Log Pose. Las circunstancias del reino eran más apremiantes de lo que el vicealmirante había podido imaginar y muy a su pesar, la tregua con los Mugiwara había sido la opción más conveniente. Los habitantes llevaban demasiado tiempo esclavizados a merced de un tirano usurpador y su vil consejero, no había tiempo de esperar refuerzos. Fueron dos días de batallas intensas que culminaron con el golpe de gracia de Monkey D. Luffy que puso fin a la injusticia. 

La celebración se organizó de inmediato. A los piratas no parecía importarles lo heridos que estuvieran, el festejo sucedía, incluso, mientras su preocupado doctor los atendía. Smoker y Tashigi habían supervisado ellos mismos la detención de los delincuentes en los calabozos de su galeón y, antes de regresar a tierra firme, organizaron las guardias para que siempre quedaran custodiados.

El vicealmirante escogió un lugar apartado a la fiesta, en lo alto de unas escaleras frente a la entrada de un edificio gubernamental, desde donde podía supervisar adecuadamente. Por un fugaz instante, la gran mayoría de sus subordinados lo habían seguido, pero exceptuando Tashigi, ninguno fue lo suficientemente fuerte para negarse a una fiesta por mucho tiempo. Al parecer los Mugiwara tampoco tenían intenciones de dejarlos tranquilos, y tanto el cocinero como el mapache que decía ser doctor se acercaron eventualmente. Tashigi, indulgente como de costumbre, aceptó por ambos la comida que les ofrecía Pierna Negra y lo obligó, después de que el mapache se ocupara de ella, a dejarse tratar las heridas. Una vez que terminaron con su quehacer, los volvieron a dejar solos. 

La noche avanzó sin cambiar de ritmo: baile, comida y bebida. Tashigi, de pie a su lado, al igual que él, custodiaba atenta la celebración en la plaza. La Gata Ladrona intentó dos veces llevársela a beber junto a ella y sus amigos. Las dos veces Tashigi la rechazó con la misma respuesta: “Estoy de servicio”, como si existiera diferencia entre estar o no de servicio al fraternizar con piratas. Smoker prefirió ahorrarse el comentario. Su mira estaba puesta en un objetivo diferente. Tendría que ser ciego para pasar por alto lo inquieta que estaba. Sabía, sin necesidad de mirarla, que jugueteaba con el borde de su camisa como cuando esperaba un reporte. La ansiedad de Tashigi, invisible para ella misma, dejaba huella hasta en su más mínimo movimiento y era lo que Smoker estaba midiendo. No pasó mucho tiempo hasta que la postura de su subordinada cambió. Smoker sacó un puro de su chaqueta y lo encendió. Tashigi esperó unos segundos y se agachó hasta quedar a su altura y le dijo que volvería en un momento. Su excusa fue calculada, ambigua para no levantar sospechas, pero Smoker confiaba en que hiciera una movida así. Sabía que Tashigi había estado esperando algo, y muy a su pesar, se imaginaba qué podía ser.

Mientras la espadachina descendía las escaleras, una fina estela de humo se extendió desde el puro que reposaba en la boca de Smoker. El humo se precipitó serpenteando hasta tocar el suelo, y casi imperceptible, se extendió como una lombriz hasta quedar a un par de metros de Tashigi. El vicealmirante Smoker, comandante general del G-5 no estaba orgulloso de lo que haría, y pensaba llevarse el secreto a la tumba, pero ante circunstancias extremas, medidas extremas.

Con el poder de su fruta, Smoker tenía ojos y oídos donde quisiera, así sabía todo lo que sucedía en su barco. La habilidad de la fruta Moku Moku le permitía abarcar la totalidad del navío sin moverse de la cubierta, y atrapar a cualquier subordinado insurrecto con las manos en el acto. La única lo suficientemente afortunada para quedar fuera de su radar de vigilancia había sido Tashigi. No solo porque su confianza en ella era plena y tenían una larga historia juntos, sino, porque, además, Tashigi era transparente. O lo había sido, hasta que cierto pirata se cruzó en su camino y le despertó un sentimiento nuevo, que evolucionaba ante cada encuentro, y que Smoker nunca le había visto. El vicealmirante dio una pitada a los puros, y allí, sentado en lo alto de las escalinatas, esperó pacientemente por la confirmación de sus sospechas.

La serpiente de humo que seguía a Tashigi se detuvo a pocos metros de ella. La capitana había sido detenida por el doctor de los Mugiwara y Nico Robin. La conversación había sido breve, le habían dado un plato de comida humeante e indicaciones. Antes de que Tashigi retomara el camino, la arqueóloga le había susurrado al oído, haciendo que se le despertara un leve rubor en las mejillas. Smoker negó con la cabeza. Lo que la serpiente veía, él también lo veía. Además, podía usarla para materializarse en su lugar si lo necesitaba. Era uno de sus movimientos clásicos de cacería, solo que en ese momento lo estaba usando para algo completamente deshonroso, parecía un padre receloso vigilando a su hija. Tashigi no se libraría de un castigo por haberlo puesto en esa situación.

Ni uno de los Mugiwara se quedó con las ganas de hacerle un comentario a Tashigi mientras caminaba hacía la zona de los heridos. Por más que la mayoría hubiera dicho cosas sin sentido y Pierna Negra montado un espectáculo patético, detenido por Jimbei, el hijo del mar, era claro que la tripulación abogaba por ese encuentro. Al parecer estaban cómodos con la idea de que Smoker los persiguiera hasta el final de los tiempos con tal de verlos tras las rejas.

La zona que habían delimitado por los heridos estaba en una serie de galerías de unas pocas casas contiguas que habían quedado en pie. Roronoa descansaba en las más alejada de todas. Le habían armado una suerte de catre, similar al que le habían hecho a Luffy, pero en la plaza, para que estuviera cerca de la celebración y la comida. Smoker adivinó por la postura que el pirata estaba sentado con las piernas cruzadas. Tenía el cuerpo vendado como una momia y sus espadas reposaban a uno de sus lados. Tashigi subió con cuidado los dos escalones que la adentraban en la galería y se acercó despacio al pirata, como si se estuviera asomando a una habitación de hospital. Dejó el plato en el suelo, junto al catre, y se apoyó en la columna más próxima. Smoker podía ver su perfil, iluminado por un farol que colgaba de un pilar vecino. Parecía contrariada y nerviosa, y sus dedos no tardaron en empezar a jugar con el borde de su camisa. El único sonido que se oía era el rumor de la fiesta. Ninguno de los dos había dicho una palabra. La vacilación de ambos era sofocante, y si Smoker ya no se sentía muy a gusto con lo que estaba haciendo, la indecisión de los dos le estaba dando urticaria.

Por fin, Tashigi rompió el silencio ofreciéndole ayuda con la comida. Roronoa la desestimo e intentó tomar el plato. El grito que dio segundos después hizo que Smoker entendiera que se lo había volcado encima. Tashigi se precipitó sobre él y lo limpió, haciendo oídos sordos a sus quejas. Después, lo obligó a moverse para poder sentarse a su lado y le dio de comer, alegando que el doctor había pedido explícitamente que se alimentara. Al oír esto, Roronoa pareció ceder y dejó que Tashigi lo asistiera. Smoker solo podía ver las espaldas de ambos pero le bastaba para percibir el titubeo con el que se movían. Aunque la comida les había ayudado a relajarse, actuaban como si el otro fuera lava y solo hubiera una única forma de tocarse sin quemarse.

La conversación fue progresando muy de a poco. Primero alrededor de la comida, después sobre las espadas, hasta que finalmente abarcaron lo que había sucedido en esos dos días. Tashigi se disculpó por haberlo puesto en un aprieto durante la batalla. Sin embargo, para sorpresa tanto de Smoker como de Tashigi, el pirata insistió en que no fuera tan dura con ella misma. El error, por más que le pesara, había sido de los dos, y ella había salvado a Nami, por lo que los Mugiwara estaban en deuda con ella. Con su escasa habilidad verbal, Roronoa intentó preguntar por las heridas de la espadachina. Smoker, sin verla, adivinó perfectamente la expresión que había puesto Tashigi antes de responder que el amable doctor ya se había encargado y que, gracias a él, las heridas no habían sido tan graves. El pirata la retó. Tashigi lo había mirado con culpa. El espadachín le quitó importancia a sus propias heridas, esas mismas que lo habían dejado inconsciente durante horas y no le habían permitido sostener una cuchara. A Tashigi se le escapó una carcajada y Roronoa quedó hipnotizado escuchándola reír.

La atmósfera quedó cargada de una sensación tan íntima que se volvió muy pesada para los ojos escrutadores de Smoker. Era tan indigno tener que espiar a su subordinada de esta manera, maldecía su manía por controlarlo todo a su alrededor. Pero a la vez tenía que saber. Tashigi tenía un corazón demasiado grande, y él odiaba cuando lo lastimaban. Smoker no sabía cómo consolarla, no sabía ofrecer palabras suaves que reconfortan. Él era un hombre práctico, de palabras justas y contundentes. A veces deseaba que Tashigi pudiera aprender a endurecer su corazón solo un poco para que no sufriera tanto pero también sabía que si lo hacía se arriesgaba a perder su más grande fortaleza, así que estaba en él protegerla. El momento de partir había llegado, no sabía al final qué era lo que había esperado encontrar, ¿habría hecho la diferencia atraparlos besándose? Posiblemente, pero esos dos no podían ni rozarse la mano sin temblar, estaban a años luz de un beso.

Justo antes de que Smoker disipara el humo, Roronoa sacó una botella de alcohol de debajo de las sábanas. Smoker frunció el ceño. Ese pirata no podía agarrar una cuchara sin tirarse todo encima pero no tenía problema con destapar una botella. Roronoa dio un trago largo y se la ofreció a Tashigi. Tashigi dudó pero terminó aceptando y las mejillas se le pintaron de rosa cuando la boca de la botella alcanzó sus labios. En segundos, le surgieron a Smoker cientos de castigos con los que atormentar a su subordinada al día siguiente si se le ocurría regresar a penas mareada.

“Ya es hora de que vuelva”, dijo Tashigi con pesadez. El pirata asintió y el silencio los envolvió de nuevo. Sin embargo, antes de que la marina alcanzara la puerta, la voz de Roronoa la detuvo: “Tashigi…”. Smoker nunca lo había escuchado llamarla por su nombre, y su subordinada evidentemente tampoco, porque se llevó las dos manos al pecho como si le hubieran dado un martillazo. “¿Si?”, respondió ella, expectante, volviendole a dar la espalda al humo que la vigilaba. Roronoa tosió, aclarándose la garganta: “No seas una extraña… y gracias, ya sabes con esto…”. “Ni lo menciones, hasta la próxima”, lo interrumpió ella evitando que se enredadera con las palabras. “Si… la próxima”, murmuró el pirata antes de volver a dar un trago.

La fiesta había empezado a sucumbir muy lentamente. Del fogón casi no quedaban vestigios. Piratas, civiles y marines habían encontrado rincones para descansar bajo la luz de la luna. Eran pocos los que quedaban despiertos, y ninguno estaba cerca de Smoker. El vicealmirante se presionaba el tabique con dos dedos. Estaba tan molesto, tan irritado. Irritado con él mismo, con lo que había confirmado, irritado con Tashigi… Estaba seguro de que nunca olvidaría la expresión que había puesto su subordinada al escuchar el último murmullo de Roronoa. Había visto cómo se le encendían las mejillas con timidez y deseo, y cómo adoptaba su forma verdadera ese brillo que había aparecido por primera vez hacía tanto tiempo en Loguetown, cuando se cruzó por primera vez con ese canalla. Tashigi, su diligente capitana, se había enamorado de Roronoa Zoro. Y, fiel a su ceguera, no tenía ni idea de lo que sentía.

Smoker se sonó el cuello. Tenía mucho tiempo por delante para lidiar con este problema, lo primordial había sido confirmarlo. Por el momento, hasta que los Mugiwara no desaparecieran de la isla, Tashigi no se libraría de su vigilancia. Mientras que, por su parte, Roronoa haría bien en mantenerse alerta, porque Smoker estaba dispuesto a descargar en él toda la tensión de estar pasando por esa situación tan problemática.

Notes:

Por si se estaban preguntando, la propuesta del ONE-TOBER la compartió el dibujante Jondortona en IG.
Me pareció una buena idea para explorar la relación de Zoro y Tashigi desde diferentes puntos de vista o simplemente mientras interactuan con otros personajes.

Espero que les haya gustado el punto de vista de Smoker :3

El siguiente disparador es Zoan.
¿Será Luffy, será Chopper...?

Adiós~~