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George podía asegurar sin miedo al qué dirán, que está enamorado de Alexander Albon.
Tardó mucho en darse cuenta por sí mismo y tardó aún más en aceptar sus propios sentimientos gracias a sus seres queridos.
Empezó a notarlo por las dichosas mariposas en el estómago, por cómo sus manos sudaban cada que el otro se le acercaba a hablar, cuando sonreía de solo pensar en el mayor, y culminó por entenderlo tras sentir esa curiosa opresión en el pecho cada que veía al tailandés cerca de algún omega o beta.
Aceptarlo fue un cuento distinto; algo dentro de él le decía siempre que era incorrecto, que era fuera de lugar sentir algo por su compañero de trabajo, por su rival; pero también se sentía incorrecto sentir atracción por otro alfa. Vivían en un mundo de reglas y tradiciones tan marcadas que en un principio le costó creer que incluso eso era posible, que estaba mal por sentir algo fuera de lo común, algo antinatural.
La sociedad en la que vivían nunca aceptaría una relación entre dos alfas, no al menos dos alfas masculinos; ya eran cada vez más usuales las parejas de una misma casta mientras no fueran del mismo género; eso al menos aseguraba que pudieran tener un hijo propio, un alfa u omega puro.
Intentó negarlo por meses, intentó hacerse creer que estaba malinterpretando la gran amistad que tenían, forzándose a ignorar cómo su lobo pedía a gritos por estar cerca del piloto de Williams.
Si no fuese por su hermana y su madre, aunque Lewis ayudó bastante también, seguramente nunca habría terminado por aceptar lo que sentía. Le hicieron entender que no había nada de malo en él ni en sus sentimientos.
Fue un proceso largo, pero su cerebro terminó cediendo ante su corazón.
Y aceptar que lo amaba fue un punto de partida para todo lo siguiente.
Porque de nada le servía sincerarse con sus sentimientos si debía esconderlos de igual manera ante los demás; no lo confundan, ya no se avergonzaba de amar al tailandés, pero confesarse resultó ser mucho más difícil de lo que pensó.
Al principio no tenía el valor de hablar; no le salían las palabras de la boca o terminaba por salir corriendo antes de siquiera intentarlo, confundiendo al mayor. Pero cuando por fin reunió las fuerzas internas y de voluntad para realmente intentarlo, apareció Franco, o quizás siempre estuvo y solo fue él el que no logró verlo.
No tenía nada contra el joven omega de Alpine; si bien no habían hablado demasiado ni eran particularmente cercanos, lo consideraba un buen chico y pensaba que era bastante agradable. Pero, como dijo antes, el argentino siempre terminaba interrumpiendo y arruinando sus muchos intentos de confesar su amor por Alex; este, el chico presente o no, siempre encontraba la manera de entrometerse. Y aunque no pensara que lo hiciera a propósito, terminaba por ser agotador.
La primera vez fue justo tras la carrera del GP de Miami; George había conseguido hacer su cuarto podio de la temporada, justo detrás de los McLaren, y Alex se aseguró un más que buen resultado con un p5.
Un calorcito en el pecho del inglés le aseguró que ese era un buen momento para hacer su primer acercamiento al piloto de Williams; tal vez fue la adrenalina y la emoción del momento, pero llegó hasta el garaje de Albon antes de darse cuenta.
Lo saludo lleno de emoción, sacudiendo la mano en el aire y casi que gritando su nombre para que lo vea y escuche incluso desde lejos. Fue la sonrisa más amplia que había tenido en mucho tiempo y era exclusivamente dirigida al alfa tailandés.
El contrario, que se encontraba con el teléfono en la mano y el mono a medio sacar, le devolvió el saludo con la misma intensidad, compartiendo un pequeño y rápido abrazo cuando estuvieron uno frente al otro; acción que Russell aprovechó para aspirar las feromonas que escapaban por el parche de aroma usado y medio salido del cuello del más alto.
Hablaron un buen rato, de cómo sintieron la carrera, de los buenos resultados, de la fiesta de esa noche; hablaron de sus familias, de cómo les había ido en la semana y se lamentaron de que no habían hablado en todo el fin de semana.
Cualquier persona ajena a su pequeña burbuja podría notar sin mucho esfuerzo cómo el alfa inglés miraba al tailandés, cómo le brillaban los ojos y la sonrisa boba que se formaba en sus labios. Estaba tan embelesado con la voz de mayor que, por unos minutos, olvidó cuál era la causa principal del haberse acercado a hablar en primer lugar.
Tragó duro y dio medio paso adelante mientras el contrario seguía hablando, quedando casi dentro del espacio personal del más moreno; sentía como la respiración caliente de este llegaba hasta su piel y le erizaba los pelos de todo el cuerpo.
Tal parece que Albon se dio cuenta de su nerviosismo y raro actuar, ya que se calló un segundo, mirándolo, como si esperara algo.
━━ ¿Todo bien, Geo? ━━ese pequeño apodo, que el mayor decía con total naturalidad y confianza, provocaba un remolino de emociones en la boca del estómago del menor, su lobo aullando de felicidad por el diminutivo.
━━ Sí, sí ━━asintió con la cabeza a la vez que respondía rápido, los nervios creciendo como una pelota en la boca de su estómago; tardó unos momentos en volver a responder, tras relamerse los labios y hacer contacto visual directo con el más alto━━ Yo quería saber si podíamos hablar en privado, tengo algo muy… personal que decirte.
Declaro, el alfa mayor parpadeó un par de veces, confundido, curioso por sea lo que sea que George quisiese decirle, que no pudiesen escuchar los demás que pasaban a su alrededor.
━━ Claro, Geo. Espérame un segundo, que hable con James y... ━━pero su voz fue interrumpida a medio camino por el tono de llamada de su propio celular, un tono que nunca antes había escuchado Russell y que por un momento pensó que provenía del teléfono de alguien más. George había escuchado múltiples veces que, cuando alguien llamaba a su amigo, Alex usaba el ringtone preestablecido del dispositivo y no había visto que lo cambiara para nadie.
Una extraña alarma se encendió en el pecho del inglés cuando llegó a leer medio a escondidas el contacto que aparecía en la pantalla del teléfono de Alex cuando este lo elevó en el aire para revisar y contestar. El apodo “Fran”, sumado a unos símbolos que no logro identificar, pero que ahora puede saber que eran corazones, se muestra sin pena.
Albon le hace un gatito con la mano libre, disculpándose antes de atender y alejarse unos pasos, como si no quisiese que el menor escuchara la conversación. Escucho murmullos por parte del otro lado de la línea y pequeños monosílabos que salían de los labios finos de Alexander; a quien se le formó una sonrisa radiante que le contorsionó todo el rostro. Nunca me había dedicado a él una sonrisa de ese tipo.
━━ ¿Tenés el asiento? Dios mío, ya mismo voy. ¡Tenemos que celebrar! ━━lo escucho claro, la voz más elevada de lo usual. Cortó la llamada, que no duró más de un par de minutos, no antes de despedirse con unas palabras en español que no logró entender ni traducir. Su atención volvió a su amigo; tenía las pupilas dilatadas de la emoción y se le había acelerado levemente el pulso, provocando que respirara agitado como si acabara de correr medio kilómetro y no como si permaneciera parado justo a su lado en todo momento━━ Lo siento, Geo, tengo que irme. Nos vemos luego.
El moreno le dio la espalda y se encaminó hacia el lado contrario, como si hubiese olvidado lo que Russell le había dicho hace menos de cinco minutos atrás, sobre hablar en privado o su propio deber por hablar con Vowles; dejándolo con las palabras en la boca entreabierta y los sentimientos heridos a flor de piel.
Permaneció estático en su sitio casi un minuto; la gente a su alrededor lo rodeaba y lo miraba raro. Como si supieran todo lo que estaba pasando en su interior y cómo le recriminaba su lobo, y sintieran pena por él.
━━ Será la próxima… Ni siquiera pude decirle adiós ━━se lamentó en voz alta, revolviéndose los cabellos húmedos para despegarlos de su frente y comenzando a caminar hasta el hospitality de Mercedes.
La segunda vez fue dos semanas después, en Emilia-Romaña, decisión controversial hasta para sí mismo; porque dependía de la respuesta que pudiese obtener del mayor, su temperamento y, por ende, su rendimiento se iban a ver afectados en la carrera.
Ellos estuvieron hablando todo el fin de semana. Alex se disculpó por dejarlo tirado así de la nada la semana anterior y se lo recompensó con un almuerzo el sábado, ellos dos solos.
La mañana del domingo, desde que pusieron un pie en el paddock, se la pasaron juntos en todo momento; la idea le saltó en la cabeza de un momento al otro, cuando se dio cuenta de que no podía dejar de mirar los labios al tailandés.
Faltaban cuarenta minutos para que cada uno tuviera que ir para su garaje para prepararse para la largada; estaban en un lugar considerablemente apartado de todos los demás, detrás del hospitality de Mercedes, que era uno de los más alejados de la pista y las vías para la gente.
Albon no llevaba su parche de aroma, dejando sus feromonas a hierbas y cítricos a completa disposición del inglés, que disfrutaba cada respiración en que el aroma del contrario entraba por sus fosas nasales y llegaba hasta su lobo.
George tenía las mejillas teñidas de rojo en su totalidad; si alguien se lo preguntaba, podía simplemente atribuirlo al calor o inventar algo por el estilo. Agradecía que él tenía su parche nuevo bien puesto, porque si no, sus propias feromonas delatarían todo lo que estaba sintiendo.
━━ Alex, ahora que estamos medianamente en privado. ¿Será que te puedo decir algo importante? ━━repitió lo de dos semanas atrás; sus manos se juntaron delante de su estómago, jugando con sus propios dedos unos con otros, tronándolos, estirándolos, algo que solía hacer cuando estaba muy nervioso.
━━ ¡Claro! Te la debo de la carrera anterior ━━dijo entre risas, rascándose la nuca y sonriendo de forma tonta. Apoyó los codos contra las barandas de metal que marcaban el perímetro, su mirada fija en el inglés a su lado; esa pequeña atención hacía regocijar todos los instintos alfas de Russell.
Instintos que se alertaron al instante siguiente cuando unas feromonas demasiado dulces y empalagosas para su gusto aparecieron por los aires. Noto el movimiento sutil que hizo Alex con la nariz, olfateando fuerte y buscando desesperado más de ese extravagante olor; noto cómo se le tensaron los músculos del cuerpo y cómo su postura cambió a una más recta y nerviosa. Algo parecido a una pelota de celos se le formó en la boca del estómago.
━━ ¡Alex!━━el llamado agudo y deformado hizo que ambos alfas giraran la cabeza casi en simultáneo. La figura delgada y esbelta vestida de rosa dobló por la esquina dejándose ver; Franco, de quien provenían las fuertes feromonas, caminaba tan rápido que parecía que corría. El omega no estaba enterado de dónde estaban y tampoco los había visto aún, por lo que no quedaba otra explicación que estaba buscando al alfa recién nombrado.
El argentino logró por fin verlos a la distancia y apresuró aún más sus pasos; quizás no notó la presencia del inglés o solo lo ignoró, pero apenas estuvo dentro del espacio personal que habían formado los otros dos pilotos, se abalanzó sobre Albon.
Abrazándolo por el pecho y pegando su cabeza a su hombro, su mejilla se frotaba descaradamente contra la tela del mono de carrera ajeno, buscando marcarlo de su aroma y que el otro lo marque a él.
━━ Te estuve buscando toda la mañana ━━ronroneó el omega, sin molestarse en despegar su rostro del cuerpo ajeno.
George parpadeó incrédulo ante tal escena, por ver cómo el omega arqueaba de forma tan vulgar su espalda y que Alex solo llevaba su mano hasta la cintura del menor para acariciarla y dejar mimos sobre la ropa, como si fuera lo más normal del mundo.
La sonrisa amistosa que antes le brindaba el tailandés se contorsionó poco a poco en una boba que era combinada con una mirada llena de ternura.
El de Williams les sonreía de formas diferentes; siempre les sonrió diferente, solo que él no pudo verlo, o no quiso verlo.
━━ Perdónalo, Geo. Su celo debe caer el lunes o el martes, y siempre para esta parte de su ciclo se pone muy meloso y sensible. No le afecta en nada, pero demanda mucho contacto y feromonas ━━explica el mayor del trío con total naturalidad, dejando un suave beso en la frente de Colapinto y volviendo su vista al inglés. El omega solo vuelve a ronronear al escuchar la voz del alfa moreno, mantiene los ojos cerrados en todo momento y solo dejándose llevar por los aromas y el contacto━━ No sé por qué no tiene su parche de olor; se tomó los supresores esta mañana, pero igual debe llevar uno por reglamento. ¿Te molesta su aroma? Muchos estúpidos le dicen que es muy dulce.
A George le sorprende la cantidad de conocimiento que tiene Alex sobre el ciclo de apareamiento y los cuidados que lleva Franco en ese momento.
La pregunta lo descolocó un poco, más por el adjetivo negativo en insultante que utilizó para describir a aquellos que se atrevían a criticar las feromonas del menor.
Su cerebro pareció ignorar cómo Albon mencionó “esa mañana” casi sin pensarlo, cuando Russell lo vio, apenas llegó al circuito y le afirmó que venía directo desde su hotel. En ese momento tuvo que darse cuenta de cómo eran las cosas o al menos darse una idea.
Pero quiso creer que era posible que la amistad entre un omega y un alfa sea tan cercana, afectuosa y detallista sin llegar a tener que sobrepasar el límite mismo de su amistad.
━━ No, está bien ━━se apresura a negar, no quiere ofender al omega con un comentario criticando sus feromonas; si de por sí es de muy mala educación hacerlo en un día y momento cualquiera, hacerlo cuando este está cerca o en su celo es una falta total de respeto. Y si lastimaba los sentimientos del omega y esto se veía reflejado en su aroma, todos los alfas presentes que le tuvieran un mínimo de aprecio a Franco se le tirarían encima buscando arrancarle la carne del cuello con los dientes, e eso incluía a Alex━━ ¿Es seguro que esté así por el paddock estando solo? Si algún alfa se altera y le hace algo, nada bueno podría salir de eso.
La posibilidad dada por el inglés parece alarmar a Alexander, que abre grandes los ojos y mira otra vez al chico en sus brazos; su agarre contra el cuerpo más pequeño se hace más fuerte y visible, delatando inseguridad y miedo por parte del más alto.
━━ Tienes razón, ¿cómo no pensé en eso? Hay que llevarlo al hospitality de Alpine y que tome más supresores; aún falta para la carrera, un parche de aroma y un vaso de agua lo van a dejar como nuevo ━━afirma; quizás la segunda parte es para sí mismo, pero la dice en voz alta por pura torpeza. Los celos crecen en el pecho de George cuando ve cómo las manos de Alex descansan lo más bien en la cintura de Franco, como si fuesen dos piezas de un rompecabezas que encajan a la perfección━━ Eso sí, ¿de qué querías hablar? Te prometo que Fran ahora mismo no va a registrar ni recordar nada de lo que digas.
━━ Será en otro momento, no pasa nada.
━━ Te juro por mi monoplaza que no va a escuchar nada. Fran apaga algunos de sus sentidos para aumentar la sensibilidad de otros; aprendí por las malas que cuando se enfoca en buscar feromonas, no va a escucharte hasta que lo toques y lo llames ━━insiste, poniendo esa carita adorable que casi lo hace dar el brazo a torcer; niega divertido con la cabeza, escondiendo una sonrisa risueña que se esfuma tan rápido como vuelve a ver al omega aferrado a Alex━━ Y en caso de que lo haga, no va a decir nada, no es tan chismoso como vos.
━━ ¡Eu! ¿A quién le decís chismoso? Pero tranquilo, ahora vamos a llevarlo.
━━ Gracias, amigo.
“Amigo”. El pecho le duele.
━━ No es nada, dale, apúrate.
Y le duele aún más ver cómo, con cada paso que dan, Alex observa y cuida del omega como si fuese una joya preciosa o una pieza de cristal que tiene miedo de romper.
Acunándolo en sus brazos, llenándolo de su aroma, dejando besos por toda la piel sudada de su rostro, peligrosamente cerca de sus labios, y gruñéndole a cada alfa y beta que voltea a mirarlos por más de medio segundo.
Cuando llegan al hospitality de Alpine, George se va por su propio lado sin querer estorbar, pero Alex se queda. Los miembros y guardias de seguridad de la escudería lo saludan de lo más normal y lo dejan entrar. Una curiosidad incómoda e inusual lo envuelve por completo.
Repitiéndose una y otra vez que puedo volver a intentarlo más tarde, se prepara para la carrera.
Sin embargo, no lo intenta otra vez, sino hasta casi tres meses después. Y Alex parece haberse olvidado, porque no vuelven a tocar el tema de la conversación pendiente.
La tercera vez fue por la noche en la carrera antes del receso de verano.
Todos festejaban el inicio de las vacaciones y los buenos resultados que habían tenido; estaban en el bar más exclusivo y lujoso de toda Hungría, lo que les permitía actuar como seres humanos normales y despejarse un poco de las obligaciones que conllevaba ser famoso. Las luces de colores, la música electrónica a todo volumen, el alcohol y la mezcla de feromonas desorientaban los sentidos de todos.
Rozaban ya las dos de la mañana y Lando festejaba su pole apoderándose de la cabina del DJ. El alfa de tez bronceada y rizos oscuros de alguna manera había sido convencido por Franco para que ponga música de su país de origen; al omega medio borracho no le había costado nada convencerlo. Un poco de coqueteo travieso y ya tenía al inglés haciendo todo lo que le pedía.
Por lo que ahora tenían una mezcla rara de música argentina con electrónica, pero que no fue rechazada por nadie y solo ayudó a mover más a la gente.
George estaba sentado en una de las mesas más aisladas, junto a algunos pilotos que decidieron tomarse un rato para descansar el cuerpo. Tenía sus ojos fijos sobre Alexander, que se encontraba bailando a varios metros de distancia por una amiga beta llamada Lily que se encontró de casualidad, con los cuerpos pegados y los vasos medio vacíos en las manos.
Quedó embobado desde que lo vio llegar por la manera en que el tailandés estaba vestido. La camisa celeste suave tenía los primeros botones desabrochados, dejando el pecho al descubierto, y se tensaba en los brazos bien formados. El pantalón de vestir negro que se ajustaba deliciosamente a su entrepierna le había hecho agua la boca.
No tenía planeado hacer ningún movimiento esa noche y arriesgarse a arruinar el ambiente para todos, pero tal parece que su ex compañero de equipo no tenía los mismos planes.
Se sobresaltó al sentir una mano apoyarse de un momento al otro sobre su hombro, dando palmaditas suaves y soltando una risa estruendosa que fue ahogada por la música. Lewis, que estaba sentado a su lado, se acercó a su oído, en parte para que los demás presentes, chismosos, no lo escucharan y en parte porque el mayor sabía que la distancia y el alcohol en sangre no dejarían que el menor entendiera nada de lo que el otro le decía.
━━ La tercera es la vencida, dicen por ahí. Vamos, tigre, anda por tu alfa ━━le susurró Hamilton, apretándole el hombro y dándole un pequeño empujón en dirección de donde estaba la persona a la que se refería, casi que tirándolo del cómodo sillón y haciendo que se levantara. Por poco el vaso que tenía en la mano cae al suelo ante el sobresalto; si no fuese por su buen equilibrio, habría terminado en el suelo roto por completo━━ Además, no hay ningún omega argentino a la vista para entrometerse.
No se atreve a quejarse ni a negarse, porque en sí eran condiciones óptimas para una confesión; en caso del rechazo y confrontación a la mañana siguiente, podría fingir no acordarse de nada, atribuirle todo al alcohol y afirmar que fue un error de borrachera.
Tragó duro y dejó su bebida sobre la mesita; apenas escuchó los aplausos y los alientos para nada disimulados de sus amigos atrás de él mientras se dirigía hasta Alex.
Se acercó sin apuro, haciéndose espacio entre las personas que bailaban y se movían al compás de la música. Cuando llega hasta el dúo, Albon se encuentra dándole la espalda, así que le da pequeños golpecitos con la punta de su dedo índice en la espalda, cerca de su hombro.
El mayor gira la cabeza lento y George se da cuenta al instante de que está casi fuera de sí; tenía los cachetes prendidos fuego, las pupilas dilatadas; a simple vista no aparentaba poder coordinar bien sus movimientos y cuando lo saludó, notó cómo arrastró las vocales de su nombre de forma estúpida.
Lily estiró el cuello para verlo y lo saludó con una sonrisa y un movimiento de manos. La chica parecía sostener el cuerpo de Albon para mantenerlo en equilibrio y le había sacado el vaso, no confiando en que a su amigo no se le cayera.
━━ ¿Te lo puedo robar un rato?
━━ Sería un gusto delegarte mi trabajo de cuidadora de este borracho ━━soltó a modo de chiste, empujó al tailandés en su dirección tan pronto como la última palabra terminó de salir por su boca y se alejó sin decir nada más. El moreno rechistó, confundido por el repentino cambio de acompañante, pero abrazó a su amigo por el cuello y le sonrió contra el oído.
━━ ¡Geo! ━━gritó tontamente, tambaleándose lo mejor que podía al intentar seguir el ritmo movido de la música. Tarareaba la melodía pegajosa bastante bien, como si se supiera la letra desde antes; no le sorprendería que en los meses de compañerismo con Franco, el argentino le enseñara bastantes cosas sobre su cultura.
━━ ¿Te gustaría bailar?
━━ Eso ni se pregunta ━━y tan pronto como recibió la afirmativa, sus cuerpos se enredaron y comenzaron a moverse al compás de la música.
Permanecieron frente a frente; la mano del inglés se posaba en la cadera del mayor, sosteniéndolo con fuerza. Sus manos se juntaron y sus dedos se entrelazaron, sabiendo y danzando de forma improvisada.
George se acercaba esporádicamente, tanteando terreno y viendo si recibía algún tipo de rechazo al dar más contacto, pero solo consiguió sacarle unas risas a Alexander y que sus cuerpos quedaran cada vez más cerca.
Llegó un punto, después de media hora bailando y al menos unas diez canciones en su repertorio de pista de baile, donde solo podía mirar los labios o el cuello del tailandés, esos labios mojados por la cerveza que había estado tomando, ese cuello firme y grueso que me encantaría besar y morder.
Tenían los rostros tan cerca que sentía la respiración del contrario sobre su piel, moviendo las caderas hacia abajo y dejando que sus ojos se encontraran con los del otro que lo miraba desde arriba.
Cualquiera que lo viera, se daría cuenta de los ojitos de enamorado que el piloto de Mercedes tenía. Lleno de ilusiones amorosas que solo crecían a cada segundo, con cada movimiento que pasaban pegados, con cada mirada que parecía tener un doble sentido.
Russell se mordió los labios en más de una ocasión, guardando para sí mismo sus inmensas ganas de atacar los labios ajenos en un beso pasional e intenso. Disfrutaba de sobremanera que la atención del otro estuviera solo en él, un pensamiento posesivo que no le avergonzaba en lo absoluto.
Sus pelvis estaban pegadas la una a la otra; la mano del inglés en la cadera de compañero karting solo ayudaba a mantenerla en su lugar y marcar el ritmo de las fricciones temerosas que tenían.
George mentiría si dijera que no estaba excitado de sobremanera y le sorprendía que su miembro no se hubiera despertado para ese punto.
Pero los oscuros iris de Alexander se desvían una milésima de segundo y la burbuja en la que se encuentran se revienta. El ceño de este se frunce y forma una mueca tan rápido que George piensa que hizo algo mal. El otro le suelta la mano de golpe y retrocede un paso, asustándolo aún más. La danza improvisada se detiene y Albon permanece mirando un punto fijo a espaldas de su acompañante.
━━ ¿Qué carajos hace Lando con Franco? ━━suelta junto a un gruñido gutural; la pregunta y el insulto desorientan a George, acostumbrado al tranquilo y sereno Alex de siempre.
Russell gira el cuello en busca de los recién mencionados; el dúo de pilotos más jóvenes se encuentra aún en la cabina del DJ, aunque Lando ya se había retirado de su pequeño momento como encargado de música y el hombre que se encontraba antes había vuelto a su trabajo. Estaban un poco aislados, casi arrinconados contra la pared; tuvo que forzar la vista para lograr enfocarlos bien.
Las manos de Lando rodeaban y manoseaban sin vergüenza la pequeña cintura del omega y se colaban por debajo de la ropa, apresándolo contra el muro sin darle la opción de escapar. Su rodilla encontró lugar entre las piernas ajenas y hundía su rostro en el cuello del menor, oliendo, besando y chupando; Franco no parecía tener el control de sus cinco sentidos y solo se dejaba hacer, aunque sus manos empujaban sin mucha suerte el pecho del otro, intentando alejarlo.
Todos sabían que el alfa de McLaren tenía un gran flechazo por el piloto de Alpine, incluso desde que este se encontraba en la F2, y era el primero en hacer propaganda para su “ship” en redes sociales y darle contenido a las fans que los seguían.
Por lo que no le sorprendió demasiado tal escena, aunque no puede negar que ver la insistencia del inglés y cómo el menor parecía querer alejarlo ocasionalmente, pero no estaba en condiciones de hacerlo, le provocaron un poco de asco.
━━ Bueno, era claro que se tenían ganas, todos sabíamos que en algún momento iban a terminar juntos. Aunque sí es bastante bruto, va a ganarse un buen golpe en la mañana si le deja marcas ━━intentó tranquilizarlo George, acariciando la piel de su antebrazo con la yema de sus dedos para volver a tener su atención. Su respuesta no pareció satisfacer la curiosidad de Alex en lo absoluto y, por el contrario, solo hizo que lo mirara de mala gana y se pusiera de peor humor.
Alexander, sin decir ni una palabra y con el rostro contorsionado por la furia, comenzó a caminar en dirección del dúo más joven, empujándolo a él y a quien sea que estuviera en el camino sin molestarse en pedir disculpas. George parpadeó confundido al ser chocado e ignorado de tal manera; tardó poco más de un segundo en reaccionar y seguir al otro.
Utilizando el mismo camino entre gente desorientada y molesta que iba dejando el mayor a su paso, el inglés soltaba pequeños y avergonzados “disculpe” y “perdone” a todo el mundo al que le pasaba al lado.
Antes de darse cuenta, su enamorado ya estaba sobre la tarima en donde se encontraba el DJ, que se elevaba un metro de la pista de baile. Alex subió los seis escalones de dos en dos dando grandes saltos.
Aun con el alcohol en sangre y todo su enojo, que George considera bastante infundamentado e infantil, Albon fue bastante razonable a la hora de actuar. Agarró del bíceps al alfa de ojos claros, separándolo del omega, y lo arrastró hasta abajo, aparentemente no queriendo causar un escándalo a la vista de todos, ya que su posición dejaba una vista periférica perfecta para cada uno de los presentes del bar.
Lo arrastró sin importarle si al bajar las pequeñas escaleras se tropezaba y caía; una vez en el nivel normal, lo estampó contra una pared y lo acorraló como si estuviera a punto de golpearlo. El pánico se apoderó de Russell cuando la cabeza de Norris chocó contra la pared y este por fin reaccionó a lo que pasaba.
Las feromonas inestables del tailandés detonaban rabia y celos, cubriendo el cuerpo de Lando y haciéndolo temblar; el olor fuerte no llegó a surtir efecto en George, mantuvo una distancia prudente de tres metros y las fragancias corporales que desprendían todos los demás le impedían percibirlo con claridad.
━━ ¿Qué carajos te pasa, Albon? ━━reclamó, intentando sonar amenazante, los caninos mostrándose por debajo de la comisura de sus labios. La mano de Alex le apretaba el cuello de la camiseta, estirándola y dejando el puño cerrado muy cerca de la mandíbula del piloto más joven, una amenaza silenciosa de que podría golpearle esa bonita cara en cualquier momento.
━━ ¿Qué carajos haces vos con Fran? ━━preguntó con el mismo tono desafiante, enfatizando el “vos” con rabia. Los ojos se le tiñeron de un color dorado, dejando que su lobo tomara el control de su cuerpo, lo que no sería nada bueno si se terminaba desarrollando una pelea entre ambos alfas.
━━ Nada que te importe. Ahora, soltame ━━carraspeo, movía el cuerpo como un gusano bajo el sol, en intentos fallidos de zafarse del agarre del mayor.
━━ ¿Qué no me importa?
Albon se acercó para susurrarle algo al oído a Norris; este abrió los ojos por la sorpresa y tembló un poco. Tan pronto como lo soltaron, salió corriendo para volver a su mesa junto a sus amigos. Russell no logró escuchar lo que sea que su acompañante le dijo al otro inglés; tampoco quería imaginarlo, pensando que se trataba de alguna amenaza para mantenerse alejado de su mejor amigo.
Viendo cómo su pequeño rival salía huyendo como un niño, Alex giró sobre sus talones con un aire de autosuficiencia y caminó más tranquilo hasta Franco, que estaba sentado en los escalones con los ojos borrachos a medio llanto. Lo levanto por las caderas y lo puso de pie sin mucho esfuerzo.
━━ Lo siento, lo siento, lo siento. Juro que quería alejarlo, pero no podía hablar ━━lloriqueo en español, sin darle la oportunidad a George de entender la conversación, mientras rodeaba el cuello del más alto con sus brazos y se unían en un abrazo.
━━ No pasa nada, bebé, sé que fue así, yo te creo. Ahora nos vamos al hotel y te saco su feo aroma de encima mientras te lleno de mimos ━━le respondió en el mismo idioma; el inglés parpadeó sorprendido. ¿Desde cuándo Alexander hablaba español de forma tan fluida? ¿Qué le había dicho con ese tono tan meloso? ¿Dijo “bebé” o su cerebro le estaba jugando una mala pasada? Agarro al omega y se marcharon, ignorando la presencia del alfa contrario y dejándolo con más preguntas que respuestas.
La cuarta vez fue ya a mediados del receso de verano. Todos y cada uno de los pilotos aprovechaba sus vacaciones para pasar tiempo con familia y amigos, sin tener que estar pendiente del trabajo y siendo su única obligación el subir cosas a sus redes sociales para mantener conforme a sus fans.
Sorprendiendo a la gente que los seguía si algunos decidían juntarse entre ellos, y ese fue el caso que llevó a su nuevo intento.
Carlos, que ahora estaba en Williams siendo el nuevo compañero de Alex, había insistido para que se juntaran y pasaran un par de días juntos, tan solo uno o dos.
No había conseguido convencer a todos los pilotos para que asistan a dicha improvisada reunión amistosa, pero algunos dieron la afirmativa bastante rápido; como era de esperarse, Franco fue el primero en decir que sí; a él le siguió Alex casi diez minutos después.
Y cuando vio que el alfa había dado el visto positivo, George accedió también, aunque dejó pasar un par de horas de por medio para no parecer tan al pendiente.
Hamilton y Antonelli accedieron también; ambos le mandaron mensajes por privado con palabras de aliento sobre que aprovechara esos días para confesarse de una vez por todas. Diciéndole que le ayudarían a darles tiempo a solas con el tailandés y podrían distraer a Franco de ser necesario.
El plan consistía en juntarse a principios de la última semana libre que tenían; el lunes, cada uno llegaría por sus propios medios a lo largo del día y se iban a encontrar la mañana del martes en las exclusivas playas del Caribe que Carlos se había encargado muy amablemente de reservar incluso antes de que le confirmaran.
Y así se hizo. George llegó tranquilo por la tarde, con el cuerpo relajado y sin tensiones gracias a las vacaciones; el aire sereno que producía la ausencia de la Fórmula 1 siempre lo llenaba de vitalidad.
Estuvieron intercambiando mensajes y haciendo llamadas esporádicas con Alex desde que ambos confirmaron su asistencia; la confianza que produjeron los muchos años de amistad que tenían les permitía actuar con tanta cercanía que pudiese llegar a interpretarse con dobles intenciones desde ojos ajenos, pero a la vez siendo lo suficientemente sutil como para no delatarse por completo.
Alex, por su parte, llegó más bien adentrado en la noche.
La mañana siguiente, Russell se levantó con el mejor ánimo posible, una sonrisa radiante y una fe enorme en sus posibilidades.
Mando un mensaje al grupo de pilotos diciendo que ya estaba saliendo para la playa; los que habían accedido a ir al pequeño encuentro le reaccionaron el mensaje con un pulgar arriba.
No tardó más de veinte minutos en llegar caminando sin apuro; el hotel donde se hospedaba quedaba bastante cerca de las costas y el punto de reunión era casi al final de la playa, una esquina privada y casi nada concurrida.
Pasando la mitad de camino, se encontró con Lewis, que andaba en su característico scooter eléctrico; charlaron los pocos minutos de viaje restante hasta llegar a la seguridad costera, dieron sus nombres y código de invitación y pasaron enseguida.
Se sorprendió al ver que no eran los primeros en llegar; Alex y Franco se encontraban juntos en medio de la arena, sentados sobre un enorme mantel blanco con bordados celestes y pequeños detalles dorados y debajo de una enorme sombrilla que los cubría perfectamente a ambos, pero que no alcanzaría para una tercera persona.
La atmósfera que los rodeaba era casi hipnótica. Albon contaba un par de chistes malos que hacían reír al argentino de humor roto, el cual lo miraba con esos enormes ojos claros llenos de lo que George identificó como admiración, mientras sus dedos rozaban juguetonamente el borde del short playero del alfa.
Franco fue el que los vio primero, los saludó emocionado con la mano y se levantó para abrazar al inglés mayor. Lewis le devolvió el abrazo y le revolvió el pelo una vez se separaron, todo mientras se reían de forma exagerada; a veces se olvidaba que el más joven era un gran fan de Hamilton.
El dúo de ingleses tomó lugar al lado de ellos; Alex los saludó con un suave asentimiento de cabeza y una sonrisa suave. El omega volvió a su lugar junto al tailandés más rápido de lo que a George le hubiese gustado, tomando entre las manos el dichoso mate que siempre llevaba para todos lados y había varias facturas, como las llamaba él, en una bandeja; mientras ellos encontraban un espacio en el mantel de estos, que aún los dejaban bajo el sol.
En la próxima media hora llegaron los que faltaban: Carlos, Charles, Kimi, Gabriel y Fernando. Todos desparramándose alrededor de los primeros en llegar, tirándose en la arena para tomar el sol, contando las cosas que estuvieron haciendo o comiendo algunas de las cosas que trajeron el antiguo dúo alfa-omega de Williams. Antonelli le aceptó un mate a Colapinto para probar; el pobre tuvo que salir corriendo al baño por no estar acostumbrado.
Las horas comenzaron a pasar entre bromas, anécdotas, música saliendo del parlante del teléfono de alguien y Franco intentando enseñarles un juego de cartas típico de su país, el truco; juego que Alex se jactaba dichoso de ya saber a la perfección; incluso presumía que las señas, que tanto les estaban costando a Carlos y Fernando, eran su especialidad.
Intercambio miradas cómplices con Lewis; George señalaba al dúo con los ojos de forma insistente. Desde que habían llegado no había conseguido estar un segundo a solas con Alexander, que aparentaba no querer moverse de la comodidad que le brindaba la sombrilla. Lo que significaba también que no se había movido del lado de Franco.
Eran alrededor de las dos de la tarde y el estómago de todos rugía de hambre. Los aperitivos que había traído el argentino para el desayuno se habían acabado hacía un más que largo rato y nadie parecía tener voluntad de moverse un par de metros para ir a comprar a los puestos de la playa.
El moreno suspiró y se forzó a levantarse, captando la atención de todos los presentes, que lo miraron aliviados al ver que tomaba la iniciativa de ir por comida. Hamilton se tronó la espalda; no estaba sentado en la mejor posición, lo admite; gira el cuello y centra su atención en el omega del grupo.
━━ ¿Me querés acompañar a comprar, Franco? Así me ayudas a pedir y traer algunas cosas ━━pregunto el inglés; al menor se le iluminaron los ojos de emoción al ser la primera opción de acompañante de su ídolo. Russel se sintió un poco mal al utilizar el fanatismo de Colapinto en su contra.
Pero tan pronto como apareció la emoción en Franco, desapareció. Hizo un puchero adorable, George no podría negarlo, y parecía realmente apenado de tener que rechazar la invitación.
━━ Oh, sabes que me encantaría, Lewis, pero…
━━ Pero el muy tonto se olvidó su protector solar de factor super alto y el sol le hace mal a la piel; la última vez terminó con la cara toda roja y llorando porque le ardía todo ━━completó la frase el mayor, a sabiendas de que su acompañante no diría la verdad por miedo a sonar muy infantil frente a su ídolo. Al chico se le puso la cara roja al ser expuesto de esa manera por su mayor y le dio un pequeño golpe en el hombro, uno inofensivo. Así que no le va a quedar de otra que quedarse quieto en la sombrilla hasta que baje un poco el sol.
Apenas terminó de hablar el tailandés, Gabriel se echó a reír y a burlarse de su amigo, golpeando la arena de forma exagerada y contorsionándose de forma graciosa.
Fernando reaccionó más como un padre decepcionado con un “¿Otra vez? Casi que parecías una serpiente esa vez, por cómo se te caía la piel”, y eso le dio pase libre a Charles a reírse también.
━━ ¿Ya salieron juntos antes? ━━la pregunta de George resultó con un tono más celoso de lo que pretendía; incluso él mismo se sorprendió de ello. Los otros tres involucrados se miraron entre sí antes de responder.
Lewis parecía querer volver a sentarse, pero Carlos fue más rápido y lo terminó acompañando él a comprar para poder comer de una vez por todas.
━━ Eh, sí. Cuando terminó la temporada anterior, Franco y yo salíamos todo el tiempo, y de vez en cuando se unía Fernando, para ver algún partido o jugar al pádel, esas cosas.
Esas fueron las únicas palabras que intercambié con Alex en todo el día, y sin querer sonar pesimista, las últimas en el resto de los días que pasaron el grupo de pilotos juntos.
Incluso con la intervención de Lewis y la ayuda ocasional de Kimi, Albon parecía siempre tener una excusa para permanecer pegado en todo momento al omega hiperactivo.
Su lobo interno ya estaba resignándose al no poder confesar sus sentimientos, lo que sentía incluso peor que la posibilidad del rechazo.
Decidido a concretar su labor en el que sería su último intento, George se dirigía con paso decidido a la zona de los motorhomes de Williams.
Era el domingo del GP de Azerbaiyán, ya había caído la noche y el circuito de Bakú se encontraba casi desierto. Unas cuantas preguntas a los ingenieros y miembros del equipo de Albon, y le confirmo que el alfa tailandés aún permanecía ahí.
Ya no necesitaba reunir valor; lo había intentado tantas veces que solo le quedaba la insistencia y la perseverancia.
Una extraña combinación de opresión y un calorcito en el pecho lo llenaba por completo, absorto en sus pensamientos y en las palabras que diría.
Quizás fue por eso mismo, por estar desconectado de su entorno y que su lobo no prestara atención a las alertas, que no percibió el fuerte aroma que inundaba el área. Ese olor dulce y seductor que, si hubiese prestado atención, reconocería al instante. Por la situación demasiado parecida, pero a la vez menos severa, que había vivido pocos meses atrás.
Reconoció el motorhome de Alex a metros de distancia, de un color azul oscuro como el de Williams y con líneas blancas a la altura de las ruedas; las ventanas polarizadas no permitían que se viera el interior, pero dejaban ver sin mucha dificultad las luces prendidas dentro.
Repasaba en su cabeza cada una de las posibles en el abanico de respuestas que el otro podría darle, cuando dio golpecitos suaves pero decididos en la puerta. La cantidad de feromonas que rodeaban el vehículo lo golpearon de golpe, mareándolo por la reciente exposición, y se removió incómodo en su lugar.
Logró escuchar unos quejidos molestos proviniendo desde adentro, dos tipos muy diferentes; uno más grave y molesto, que no parecía estar contento con su llegada, con su interrupción, y el otro más suave, pero no agudo, lastimero y caprichoso.
━━ Dije que no me molestaran, ¿qué parte no entendieron de que Fran entró en…? ━━la puerta se abrió de golpe, dejando ver a un molesto Alexander que interrumpió sus propias palabras al darse cuenta de que era su amigo. No llevaba nada puesto en el torso, dejando su pecho al descubierto, y solo llevaba unos pantalones largos negros que caían por sus caderas, marcando esa V sensual, todo para gran deleite de George.
━━ Hola, Alex. ¿Le pasó algo a Franco? ━━intentó disimular su nerviosismo, pero está seguro de que sus cachetes pintándose de rojo lo delataron. El otro pareció tensarse ante la mansión del omega, estiró el brazo por sobre el marco de la puerta metálica, como si intentara cubrir la vista hacia adentro del motorhome.
La gran curiosidad del inglés lo llevó a estirar un poco el cuello y ladear la cabeza para lograr ver entre los músculos del cuerpo contrario. Y ahí fue cuando lo vio, lo vio y entendió todo.
Franco estaba sentado en el suelo casi directamente frente a la puerta, con una distancia de apenas unos pocos metros de ellos dos.
En contraparte de Alexander, el omega llevaba solo una remera de su anterior escudería, una que el alfa de menor edad logró identificar como propia de Albon. Era esa que usaba de amuleto de la suerte hace años; logró reconocerla gracias a una mancha amarillenta en la manga derecha que él mismo había provocado accidentalmente en una de sus primeras salidas como compañeros rookies. En la parte baja no llevaba nada a la vista; Russell no lograba ver si siquiera tenía ropa interior.
El omega estaba dentro de un rejunte improvisado pero muy bien armado de sábanas, almohadas y ropa; suya y de su amigo alfa, que ahora reconoce que no son solo amigos.
Era un nido con todas las letras, y los omegas solo hacen nidos en ocasiones especiales; solo dejan entrar a su nido a personas especiales. Cuando están en celo o cuando están esperando un cachorro; en el caso de Franco, apostó por la primera opción.
Los omegas suelen tener tres celos por año, cada cuatro meses; era obvio que caería en esas fechas, considerando que George lo había visto en el precelo anterior. Lo que le sorprendió fue lo abrupto que era.
En el rubro general del deporte, suele regimentarse de forma muy estricta las rutinas de apareamiento de los deportistas; controlan las fechas en que van a caer para que no interrumpan sus actividades y les hacen un seguimiento médico de alto nivel para seguir y prevenir cualquier anomalía.
Y esto era en especial a los omegas, que se llenaban el organismo con supresores y pastillas con tal de poder cumplir su sueño, sin importarles arruinarse el sistema nervioso y desestabilizar a su lobo con tal de permanecer en control.
Por lo que se le hacía muy irresponsable por parte de Alpine permitir que su piloto más joven tenga su celo inmediatamente después de una carrera, considerando lo peligroso que era para la propia integridad física de este.
En especial si era Franco, había escuchado varias veces a Fernando hablar de lo preocupado que estaba por la cantidad desorbitante de pastillas supresoras que el menor tomaba casi a diario.
Cuando volvió a centrar su atención en los otros dos, notó cómo ambos tenían las mejillas pintadas de un rojo intenso, los iris dorados mostrando la forma más pura de sus lobos, el pelo pegándose a la frente por el sudor, las respiraciones agitadas.
Los frasquitos vacíos de pastillas tirados en el piso, los paquetitos de parches de aroma abiertos, un desodorante de ambiente. Todo como si intentarán retener lo inevitable.
Y adentro del reducido espacio, el aroma mezclado era tan concentrado que cualquiera que permaneciera dentro con puertas y ventanas cerradas terminaría colapsando.
Fue en ese instante que su cerebro logró conectar todos los puntos: cómo siempre se enteraban de las cosas importantes del otro antes que todos los demás. Cómo Alex parecía saber cada detalle de las rutinas de apareamiento del menor. ¿Por qué se comportaba tan posesivo con el argentino cuando estaba Lando presente, esto después del incidente del bar? Porque pasaban tiempo a solas en sus tiempos libres sin que otros se enteraran.
Nunca se había sentido tan fuera de lugar, tan tonto.
El omega lloró con desesperación desde su lugar; ninguna palabra coherente salió de sus labios, pero el simple sonido fue suficiente para hacer temblar cada uno de los músculos del mayor y que apretara la mandíbula. Parecía como si su lobo reconociera al alfa menor como un posible rival, como otro pretendiente que quería pasar el celo con su omega.
━━ ¿Qué querés, Geo? Estoy algo ocupado, como te habrás dado cuenta ━━el tono brusco y distante le rompió el corazón a Russell, pero el diminutivo del nombre seguía ahí, un rechazo tan sutil como primitivo que le cayó como un balde de agua helada.
Tragó en seco; su lobo no reaccionaba como dictaban los instintos primarios, no tuvo reacción alguna ante el olor del omega en pleno celo, sus llantos y gemidos ahogados no le provocaron absolutamente nada.
━━ Quería que habláramos, hace mucho tiempo tengo algo que decirte y nunca puedo. ━━miró a su contrario con los ojos suplicantes, intentando que entendiera que no estaba ahí por Franco, que estaba ahí por él. Pero lo único que recibió fue indiferencia, rechazo━━ Porque siempre está él interrumpiéndonos.
Cuando enfatizó el "él", dando claramente a entender a quién se refería, el rostro de Alex se contorsionó de disgusto tan rápido que sintió como se le comprimió el corazón dentro de su caja torácica. Comprimió los labios en una línea recta mientras él, en otro, lo miraba de arriba abajo.
━━ Fran nunca interrumpe nada, mi omega siempre va a estar por sobre los demás ━━soltó seco, como un cachetazo de realidad para el pobre británico que tenía tantas ilusiones. Sintió un ardor creciente en los ojos, y un sentimiento asqueroso en el corazón, crudo y cruel.
━━ Alex, por favor, te necesito ━━susurró el menor, tan débil y sumiso que incluso algo primitivo se removió dentro de Russell, algo que no le gustaba en lo absoluto; más parecido al desagrado que al deseo.
Pero la forma en que reacomodó su cuerpo en su mismo lugar le dio mala espina a Albon, que tanteó en cerrar la puerta detrás de él, pero no llegando a hacerlo por completo por mero no dejar al omega solo en el reducido espacio.
━━ Sea lo que sea que me quieras decir, puede esperar. Adiós, George ━━reafirmó su posición, no dejando lugar a dudas el nivel de prioridades que tenía y dejando en claro que el alfa menor no tiene oportunidad, nunca la tuvo.
Y sin esperar una respuesta, le cerró la puerta en la cara, dejándolo completamente solo en la oscuridad del circuito desierto. Tardó unos segundos en reaccionar del todo; no fue hasta que escuchó unos gemidos y ruidos provenientes de adentro que su cuerpo le dejó tomar el control.
Dio media vuelta sobre su propio eje y comenzó a irse, con los ojos desbordándole de lágrimas y el corazón destrozado, se fue.
