Actions

Work Header

Algunas Cosas No Deberían Ser Una Obligación

Summary:

Steve se toma cosas como la responsabilidad personal y el respeto muy en serio. Tony tiene personal a quien le paga por hacer ese tipo de cosas, y bueno, de todas formas está seguro de que morirá a causa de una enfermedad exótica en su taller, porque Dummy tiene un concepto muy particular sobre lo que está lo suficientemente “limpio” para colocarlo sobre una herida abierta. El resto de los Vengadores lo toma con valor personal, excepto por Clint, que simplemente disfruta ser un idiota.

Y algunas cosas no deberían ser una obligación.

Traducción Autorizada

Notes:

Chapter Text

—Había un corazón de manzana tirado en medio del pasillo.

Tony Stark levantó la vista de su último diagrama, su rostro iluminado por el brillo de la proyección holográfica. Steve Rogers le miraba desde el otro lado con expresión atenta.

—Bieeeeen, —dijo Tony, alargando la palabra por tanto como fuera necesario para permitirle procesar la información.

Steve le miró y Tony se preguntó qué rayos se suponía que estaba pasando. Steve tenía esa forma de mirarle como esperando algo, algo que Tony sabía muy bien no podía darle. —¿Lo levantaste? —preguntó al fin.

Steve frunció levemente el ceño. —Por supuesto, —dijo, y sonaba un poco ofendido—. Pero la pregunta, Tony, es por qué estaba en el suelo en primer lugar.

Tony abrió la boca para responder. Luego la cerró. —Yo no lo dejé ahí. Yo no... —Hizo un gesto con una mano, buscando las palabras correctas al mismo tiempo que hacía desaparecer uno de sus diagramas—. Yo no como.

Steve frunció aún más el ceño. —Necesitas comer.

—Sí, iré a hacer eso. Justo ahora. En serio, es buena idea, me alegra que lo señalaras, Cap, voy a ir justo ahora a hacerlo, ¿terminamos? —Sabía que su voz sonaba llena de esperanza, porque un Steve Rogers preocupado le ponía muy nervioso.

—No, —Steve ladeó la cabeza—. Había un corazón de manzana tirado a medio pasillo, Tony. En el suelo. Alguien en esta casa solo... tiró un corazón de manzana en medio del pasillo y se alejó caminando de ahí. ¿Por qué alguien haría algo como eso?

Había una pregunta capciosa en alguna parte de todo eso y Tony no estaba muy seguro de cómo manejarlo.

—¿Porque no se dio cuenta? —dijo al final—. Steve, ¿estamos haciendo algo aquí? Porque no estoy seguro de qué es lo que pasa, porque esto se siente como algo, pero no estoy seguro de cómo podría entender ese algo teniendo solo un corazón de manzana abandonado como pista.

—¿No te molesta? —preguntó Steve.

—No mucho, no. Primero que nada, yo no lo vi, y en segunda, si lo hubiera visto probablemente aún así no lo hubiera visto, porque no presto atención a, ya sabes, cosas como esa —Tony frunció el ceño mirando su holograma—. Es un corazón de manzana, Steve, no es gran cosa —Tony señaló su diseño—. Jarvis, elimina los transmisores de energía y déjame verlo sin todos los cables.

—Si es gran cosa —dijo Steve, levantando la voz sobre la respuesta del AI—. Lo siento, Jarvis —agregó, con la cabeza inclinada hacia atrás—. Esto se está saliendo de control, Tony. Había una toalla húmeda bajo la mesita de centro en la sala esta mañana, además de sobras de comida y un sombrero lleno de lo que parecía ser salsa. Una taza de café con moho en el baño y seis más en los estantes de la cocina. Cada par de zapatos que todos han usado en los últimos tres días estaban amontonados junto a la entrada del elevador principal. Como veinte plumas tiradas en el suelo de la cocina…

—Ese pude haber sido yo —dijo Tony con rapidez, las palabras amortiguadas por su taza de café. A juzgar por la mirada de decepción que Steve le apuntó, maldito Oído Mejorado de Súper Soldado, igualmente le escuchó. Maldito suero.

—Por qué.

No era una pregunta, pero Tony la respondió de todas formas. —¿Porque estaba apurado y necesitaba una pluma que sirviera y una vez que la encontré, me olvidé de las demás? —dijo, su voz aumentando un ‘ups’ al final—. Fue solo una esquina de la cocina, había un espacio suficiente que no estaba cubierto de plumas tiradas.

—Ni siquiera debería haber una porción del suelo cubierto de plumas tiradas, —explicó Steve con palabras lentas y amables, como si estuviera hablando con un niño pequeño y temperamental. Tony lo hubiera resentido más si no sintiera que era más o menos apropiado.

—Todo está bien, el equipo de limpieza estará aquí hoy, —dijo Tony, y su café estaba frío. Haciendo una mueca puso la taza sobre un montón de carpetas que se movieron de forma peligrosa ante el nuevo peso. Steve le miraba, y Tony hizo una pausa—. ¿Qué?

Inclinándose, Steve recogió la taza y las otras cuatro que estaban ahí también. —Esto no está bien —dijo, y su voz sonaba tan STEVE en ese momento, tan firme y preocupada y correcta que a Tony le dolió—. No estoy diciendo que espero que hagamos la limpieza pesada, Tony, pero cuando contratas a personas para que se hagan cargo de todo, entonces no hay sentido de responsabilidad personal.

—Si, me gusta eso. En eso soy muy malo, en responsabilidad personal. —Era malo en todo tipo de responsabilidades, pero odiaba recordarlo. Steve ponía esa mirada infeliz y cansada que Tony no sabía cómo manejar. La mayoría del tiempo le aventaba algo más roto que sí mismo y huía, o simplemente se ofrecía a comprarle los Dodgers otra vez. Ninguna de esas tácticas funcionaba, pero Tony ya no tenía más ideas.

Respiró profundo y simplemente se tiró a los lobos. —Steve, estamos fuera salvando el mundo la mayoría del tiempo y cuando no, tenemos trabajo que hacer, trabajo importante. Yo estoy… —Bajó la mirada a su proyecto actual y por Dios que lo estaba viendo, ni siquiera podía recordar qué es lo que había construido. Había parecido algo muy, muy importante mientras lo hacía, pero ahora no tenía ni idea de qué era ese montón de cables y metal y, uh, ¿eso era material radioactivo?

Probablemente debería averiguarlo. Antes de que construyera otra bomba por accidente. U otro ser de Inteligencia Artificial. Un AI causaría más problemas, pero Coulson armaba mucho alboroto ante aparatos explosivos improvisados. El tipo caminaba por todos lados mascullando sobre daños colaterales todo el tiempo, y Tony ya se estaba cansando de ser amenazado con armas de electrochoque sin alguna buena razón.

—Estamos ocupados. Es normal que las cosas se vuelvan algo desorganizadas. —Sacó los planos y se puso a estudiarlos—. ¡Oye, es una tostadora!

—¿Qué? —preguntó Steve.

—Nada, no importa, no hay problema, por qué rayos creí que necesitábamos isótopos de plutonio en una tostadora, en serio, incluso siendo yo, eso ya es demasiado, es mucho más sutil y estable colocar un pulso de electrones y el resultado sería el mismo y a nadie le gustan las tostadas radioactivas —Levantó su desarmador y señaló a Steve con él—. A nadie.

—Eso es cierto —dijo Steve, y sus ojos le miraron con calidez y diversión por un segundo, y entonces lo que Tony había dicho por fin fue procesado—. Espera, ¿dijiste plutonio?

—No te preocupes por eso, en serio, lo tengo bajo control. —La cubierta del tostador hizo un ‘bip’ muy ruidoso y sonando molesto—. Oh, vamos, ¿en serio? Jarvis, ¿instalé un programa de inteligencia artificial en la tostadora?

—Eso suena como algo que usted haría, Señor —respondió Jarvis, tan gracioso como siempre—. En algún momento espero verle caminar por el laboratorio riendo como loco, gritando “¡Está vivo!”, pero bueno, usted normalmente espera tener una audiencia física para sus más apasionados momentos de drama.

—Jarvis, ¿quieres irte a vivir en la linda tostadora? Porque parece un castigo apropiado ahora que te has vuelto inexplicablemente grosero, —le dijo Tony, sonriendo como el tipo loco que era—. No puedo discernir de donde vienen estos defectos de personalidad que tienes.

—Parafraseando un psicólogo relevante, he aprendido observándole a usted. ¿Preferiría remover ese panel de forma que no resultara en una explosión y una posible pérdida de extremidades? —dijo Jarvis mientras Tony aflojaba los tornillos.

—Grosero, grosero, grosero —dijo Tony—. Oye, tostadora, ¿estás viva? ¿Qué tan lejos llegué en el proceso de instalación? —Le dio un empujoncito experimental y el aparato le chirrió—. Fantástico. Bien. Tengo una tostadora consciente, ¿eso es algo, no? Quiero decir, claro, el edificio Baxter tuvo un portal a una zona negativa y todo eso, pero yo conseguí una tostadora amargada. Con la suerte que tengo seguro es alérgica al pan con pasas o a algo así y terminaremos luchando contra ella con cuchillos para mantequilla y una caja de Pop Tarts rancias.

Levantó la mirada y vio que Steve tenía la cabeza entre sus manos y sus hombros estaban vibrando. Lo que podría ser de risa, o por lágrimas, o quizá por un ataque de nervios que se acercaba, era muy difícil diferenciarlo a veces. Todo parecía lo mismo hasta que comenzaban los gritos. Decidiendo probar su suerte aún más, Tony bajó sus herramientas con cuidado, ignorando cuando la tostadora parecía alejarse lentamente del desarmador.

Uh, le había puesto ruedas. ¿Por qué en nombre de Dios le habría…? Oh. Si. Entrega a domicilio.

Necesitaba dejar de hacer ingeniería cuando no había dormido lo suficiente.

—Si, es cierto —dijo Steve, levantando la cabeza al fin y sip, Tony estaba haciendo eso de no distinguir su monólogo interno de lo que decía en voz alta, y eso siempre era vergonzoso—. Si, lo es. Para ambos.

—Voy a concentrarme en formar oraciones que pretendo que escuches —dijo Tony, poniendo ambas manos sobre su cabeza.

Steve se le quedó viendo. —Ahora hay aceite para motor en tu cabello.

—Si, eso pasa. Mucho. Esta bien, no te preocupes por eso, siempre hay aceite por todos lados, Steve, es lo que hago. —Desde un costado, Dummy le ofreció un trapo que estaba aún más sucio que sus manos—. No veo cómo esto me va a ayudar —le dijo al robot, quien hizo amago de limpiarle la cara—. Estás… ¡Basta! No, no creo que… —Suspirando tomó el trapo, en mayor parte para que Dummy dejara de intentar limpiarle—. Gracias. —El brazo robótico se dejó caer pesadamente, y Tony suspiró—. No, no, está bien, en serio, gracias, gracias por ayudar, eso fue muy bueno de tu parte, Jesús, no intentes limpiar a Steve, ¡eso está fuera de los límites! No, él no necesita… —Tony puso una mano sobre sus ojos mientras Steve era sacudido con un trapo sucio.

Steve, siendo Steve, se mantuvo perfectamente quieto, sonriendo mientras el loco robot giraba a su alrededor limpiándole con un trapo que estaba negrísimo de suciedad. —Gracias, —le dijo a Dummy—. Lo ves, Tony, Dummy sabe que debemos sentir orgullo del espacio donde vivimos.

—Dummy fue creado por un niño de diecisiete años que dormía durante media hora, con seis galones de ron y una taza de café llena de varios residuos biológicos contaminantes porque olvidaba que estaba sucia y mohosa y bebía de ahí de todos modos —señaló Tony—. No hay duda de por qué es un poco especial. —Dummy chirrió y rodó hacia él, apenas evitando chocar con la orilla del estante y caerse—. Si, Dummy, está bien, igual yo siempre estoy en el espacio, ¿quieres conocer a la nueva tostadora? —Levantó la reticente tostadora y la puso sobre la orilla de la banca—. Salúdense.

Las dos máquinas inmediatamente comenzaron a chirriarse entre ellas, y era adorable, así que Tony se inclinó para sonreírles. Recordando que Steve estaba en la habitación, levantó la mirada justo a tiempo para encontrar al Capitán América, vestido con su horrible camisa de botones y desastrosos pantalones caquis con pinzas, pero no menos heroico a causa de su elección de vestuario, ordenando su laboratorio.

—No. No, no, no, —dijo Tony, yendo tras él para recolectar sus tazas de café y cajas de pizza y una de las flechas de Clint y algunas aplicaciones para patentes que había estado tan aburrido como para llenarlas y que en lugar las había doblado en aviones de papel y el vaso de la licuadora que quizá estaba llena de moho y tuviera residuos verdes, y un par de revistas sobre autos de las manos de Steve—. No.

Steve le sonrió, porque era Steve, y sentía que Tony estaba Ayudando, no persiguiéndole en Negación, y continuó tocando sus cosas, las cosas de Tony, cosas que eran potencialmente mortales o vergonzosas o solamente secretas en la forma en que las cosas de Tony siempre eran. Tony resistió la urgencia de amontonar todo en su laboratorio y colocarse hasta arriba, siseando y gruñendo como un dragón frustrado.

—Steve, no —dijo, abrazando sus cosas, sus preciosas, preciosas cosas contra su pecho—. Sé lo que intentas hacer, en serio, lo sé, pero no.

Steve lo consideró por un largo y silencioso momento, y después suspiró. —Bien, Tony. Este es tu espacio, lo entiendo. Pero las áreas comunes, no dejaré que traten las áreas comunes como tiraderos de basura. Si no cuidamos nuestro hogar, eso se transmite en la forma en que nos tratamos entre nosotros. Es una cuestión de respeto, y no dejaré que lo olvidemos.

—Dices cosas como esa y casi puedo ver la bandera flotando tras de ti como un fondo muy apropiado, —dijo Tony, y Steve cambió su expresión a estar herido, solo por un segundo, y Tony se apuró en corregirle—. No, no, no me estoy burlando de ti, es que eres tan serio con estas cosas, en serio crees en todo esto, y eso es muy desconcertante.

Aventó todo a su mesa de trabajo, teniendo cuidado de evitar la tostadora. —Mira, Steve, son adultos, y súper héroes, y tienen muy diversas personalidades. ¿Qué es lo que harás? ¿Convocarás una reunión familiar y les explicarás que pondrás tareas o que les quitarás su mesada? —Por un momento estaba tan ocupado arreglando su desastre de cables y una caja de Fruit Loops que no se dio cuenta del prolongado silencio.

Tony levantó la cabeza y se dio cuenta que Steve le estaba sonriendo. Una sonrisa completa, llena de dientes blancos y muy contenta. El estómago de Tony cayó.

—No, —dijo—. No. Absolutamente no, Steven Rogers, esta es mi casa y no voy a permitirte hacer esto, te prohíbo absolutamente hacerlo, ¿me escuchaste?

*

—Esta es una reunión familiar —explicó Steve a todo el mundo, y Tony resistió la urgencia de golpearse la cabeza contra la mesa de la cocina.

Alguien, y ese alguien era probablemente Clint, a Tony le gustaba culpar a Clint por este tipo de cosas, sofocó una carcajada. Natasha claramente culpaba a Clint también, porque se escuchó un sonido sólido como un zapato golpeando una pantorrilla, y entonces Clint hizo una mueca de dolor. Natasha, sin cambiar su expresión, asintió hacia Steve. —¿Sobre qué? —preguntó.

—Sobre el hecho de que necesitamos tener un poco más de respeto en nuestras condiciones de vida, —dijo Steve—. Tony nos permite vivir aquí y…

—Yo solo quisiera decir que no me importa ni un poco nuestras condiciones de vida, —dijo Tony levantando la mano—. Ni un poquito.

Steve le miró. Con una expresión de ‘Espero que me apoyes porque esto es importante’ en su rostro. Suspirando, Tony se volvió a dejar caer en su silla. —Steve cree que somos sucios animales que vivimos como chicos en una fraternidad eslovaca, —explicó.

—He visto tu laboratorio, —dijo Coulson desde el otro lado de la mesa. Estaba inclinado sobre un montón de papeles—. Así que puedo decir, sin temor a equivocarme, que eso fue un insulto para todos los chicos de fraternidades eslovacas.

—Siéntete libre de regresar a tu cubículo estéril con una sola cama que SHIELD llama ‘habitaciones individuales’ si es que no te gusta, —dijo Tony con tono empalagoso.

—Ya no se me permite elegir mis habitaciones, —dijo Coulson alzando una ceja—. Algo sobre un chico repartidor de pizzas, flechas explosivas, un hechizo, anchoas y una botella de moonstone ilegal tienen algo que ver.

—En mi defensa… —Fue lo único que pudo decir Clint antes de que Coulson le golpeara en la nuca. Clint sonrió, tomando eso como afecto. Lo que era, en el caso de Coulson, probablemente cierto.

—Estoy atrapado aquí, y Steve tiene razón. Este lugar está empeorando más y más estas últimas semanas.

—Cierto, aunque me duela bastante admitirlo, hemos fallado en mantener nuestra casa en orden, —entonó Thor. Estaba puliendo a Mjolnir con los pies sobre la mesa.

—¿Qué tienes en mente? ¿Un horario Kaper? —preguntó Bruce. Cuando todos se giraron a mirarle, confundidos o curiosos, suspiró—. Oh, cierto, ninguno de ustedes son personas normales que fueron a campamentos cuando niños.

—Resiento eso. Mis padres estaban más que felices despachándome a un campamento por meses, —dijo Tony, alegre, y Bruce rodó los ojos, y Steve puso esa mueca triste de nuevo que ponía a Tony muy nervioso.

—¿Fuiste a campamentos para gente rica, cierto? —preguntó Bruce.

—Obvio, —dijo Tony.

—¿Qué es un horario Kaper? —preguntó Clint. Estaba girando una cabeza de flecha entre una mano, sus largos y elegantes dedos danzando en el aire.

—Un listado de tareas, —dijo Coulson—. Usualmente se usan por las tropas de Exploradores para dar seguimiento a lo que a cada campista o Niño Explorador se le asigna. Se planea de forma que cada trabajo pueda ser cambiado cada cierto tiempo, pero al mismo tiempo mantiene un sentido de pertenencia y responsabilidad. Normalmente se usa con niños de diez años. —Cerró abruptamente su carpeta—. Suena perfecto para nosotros.

—No, —dijo Tony con voz firme—. No. Pago para que un equipo de limpieza venga y se encargue de todo, sólo asegúrense de levantar su ropa interior sucia de la mesa de la cocina y dejen de poner cajas de galletas vacías bajo los cojines cuando hay un bote de basura a solo metro y medio de distancia, y si, Thor, sé que fuiste tú, y…

—¿Había ropa interior en la mesa? —dijo Steve, y su tono tenía una pesada dosis de ‘¿qué demonios está mal con ustedes?’ pero era demasiado amable como para decirlo—. ¿Quién puso su ropa interior en la mesa de la cocina?

—No revisé si tenía una etiqueta con su nombre, Steve, —saltó Tony—. No lo sé, y no me importa, yo solo digo que podemos hacer esto sin tener que humillarnos frente a las visitas al tener un pizarrón en la pared como si vistiéramos pantalones cortos y sombreros que dicen “Campamento Feliz para Divertirse, Pendejos”.

—Eso no suena como un nombre apropiado para un lugar donde se envía a los niños, —dijo Thor con desaprobación en su rostro, al mismo tiempo que Steve decía:

—Tony, no digas groserías, en serio, hay una dama presente.

Natasha se veía entretenida, y Tony perdió el control.

—¡No es un lugar de verdad! —gritó—. ¡Es en lo que quieren convertir mi torre! Yo no quiero vivir en el “Campamento Feliz para Divertirse, Pendejos”. ¡Todo esto me molesta! Pago por un equipo de limpieza, ¡y yo no fui quien dejó sus bóxers en la mesa de la cocina!

—Oh, entonces no eran míos, —dijo Natasha, y todo el mundo se detuvo a mirarla.

—Mientras el cerebro de Tony se reinicia, —dijo Coulson, porque Steve estaba muy rojo y tartamudeaba y Clint le sonreía a Natasha, y Thor se veía concentrado en recordar si los bóxers en cuestión eran suyos, y Bruce los ignoraba a todos—, ¿alguien tiene algo más que decir antes de que traiga un pizarrón y lo instale?

Tony negó con la cabeza, con fuerza, sabiendo que todo estaba bien. Todo estaría bien, porque no había manera de que los otros aceptaran estas tonterías, y estaría seguro y no tendría que participar en esos estúpidos ejercicios de trabajo en equipo, y podría regresar a su asqueroso taller para contraer la plaga de un sucio trapo y entonces podría pagarle a los profesionales para que se encargaran de todo.

Se recargó en su silla con los brazos cruzados, sonriéndole a Steve, quien se veía decepcionado. Tony se preparó para el ataque de culpa que iba a sentir alrededor del arc reactor, seguro. Odiaba sentirse culpable. Especialmente con culpa inspirada por Steve. Eso era algo particularmente doloroso.

Intentando distraerse, miró alrededor y cometió el error de encontrar los ojos de Clint. Hawkeye le veía con los ojos entrecerrados, con su mirada patentada de francotirador. Tony sintió un pequeño golpe de preocupación cuando una sonrisa aparecía en el rostro de Clint. Lentamente, negó con la cabeza, y la sonrisa de Clint se hizo más y más grande y brillante.

—Suena como una muy buena idea, —dijo, y Tony le miró con rencor. Traidor. Cabrón. Besaculos. Sabía que por la forma en que los ojos le saltaban de burla, Clint iba a enseñarle la lengua tan pronto salieran de la habitación.

—Terminaré contigo, Barton, —dijo en voz baja, y Clint le mandó besitos a distancia, claramente para nada preocupado, a pesar de que Tony sabía donde dormía.

De hecho, ahora que lo pensaba, era posible que no supiera donde dormía Barton. El tipo se movía alrededor de la torre hasta muy tarde por las noches y muy temprano por las mañanas. Era muy sigiloso, y un francotirador sigiloso ponía a Tony muy nervioso.

—Gracias, Clint, —dijo Steve, ignorando a Tony con facilidad—. ¿Natasha?

Natasha estaba al teléfono hablando en voz baja con alguien, pero levantó la mirada y levantando una ceja, asintió con la cabeza.

—Yo también estoy de acuerdo, —dijo Bruce—. Prefiero que mi trabajo permanezca descontaminado, y a diferencia de tus máquinas dementes, —agregó mirando a Tony—, mi trabajo puede ser dañado de forma irreparable por una dona en estado de descomposición que alguien decidió esconder en el sistema de ventilación.

Tony resistió la urgencia de ir a la cocina y abrazar a su tostadora. —Mis máquinas no están dementes, —dijo, un poco herido en nombre de sus robots—. Claro, no son particularmente estables, pero en serio, ¿quién lo es en esta torre?

—Construiste una tostadora que odia los bagels, —dijo Clint—. Lo que es algo así como un defecto. Ya sabes. PARA UNA TOSTADORA.

—Los bagels son difíciles de tostar, —explicó Tony—. Tú también los odiarías.

—Tu continua insistencia en construirte amigos se está volviendo aterradora, Stark, —dijo Natasha, y Tony no pudo evitar hacer una mueca herida ante eso. Ella lo ignoró y le pasó el teléfono a Thor—. Toma. Es Jane.

Thor se iluminó, con sonrisa amplia y enormes ojos y todo excepto una cola que se agitaba. Su parecido a un Golden retriever adolescente y el hecho de que no se burlaba de la nueva tostadora de Tony eran razones importantes por las que era su favorito. Tomó el teléfono. —¡Jane! —gritó, y todos se estremecieron, porque cuando Thor gritaba, era un ruido bastante serio.

Thor escuchaba lo que sea que Jane le decía con una expresión de total concentración. Asintiendo, hizo un par de ‘ajás’ y luego sus ojos azules se abrieron de par en par. —Por supuesto, —dijo, golpeando la mesa con una enorme mano—. Entiendo. Entonces deberé hacerlo. Gracias, mi querida Jane. —Le devolvió el teléfono a Natasha—. He sido informado que asistir con este tipo de labores domésticas es considerado como una marca de excelencia en una pareja de Midgard. Como tal, es importante que haga mi mejor esfuerzo.

—Eso fue bajo, —le dijo Clint a Natasha.

—Me ofreció una gratificación si consigo que se vista con un mandil de holanes de cualquier tipo y le envíe fotos, —dijo Natasha, sus labios curvándose ligeramente hacia arriba—. Es mi forma favorita de hacer dinero. Fácil.

—¿Y cómo crees que será fácil? —preguntó Clint, mientras Thor les miraba el uno al otro.

—Porque vas a guiarle con el ejemplo.

—Puedo hacerlo. Por la mitad del bono.

—Hecho. —Ella le extendió la mano y Clint la aceptó, estrechándola.

—¿Clint acaba de aceptar ponerse un mandil de holanes? —preguntó Tony a nadie en particular.

—Lo hizo, —dijo Coulson, regresando a su papeleo—. Natasha, mantengamos esto con dignidad, ¿quieres?

Ella se encogió de hombros. —Yo solo puedo elegir el disfraz. No puedo controlar como lo hacen.

Coulson se frotó la frente con una mano. —Natasha, las fotos.

—Serán el alma de la discreción, —aceptó ella.

Steve se aclaró la garganta. —Bueno, ya que todos estamos de acuerdo…

—No, no todos lo estamos, —saltó Tony—. Yo definitivamente no estoy de acuerdo.

—Tengo fe en que todos lo conseguiremos, —dijo Steve, y sus palabras eran firmes—. Gracias, a todos.

Tony se dejó resbalar sobre su silla mientras todos se levantaban y comenzaban a salir de la cocina. Bueno, de acuerdo, pensó. En serio, no podría ser tan malo. Steve no podría encontrar las suficientes tareas para hacer que su estúpida idea funcionara.

*

Fiel a su palabra, Coulson tenía un enorme pizarrón de marcadores con márgenes y líneas pre pintadas al siguiente día. Fiel a su palabra, Steve pasó la mayor parte del día llenándolo con casi dos docenas de tareas simples y definidas, que cualquiera de ellos podía hacer. Tony miró todas las líneas escritas en la precisa y clara letra, sintiendo una migraña acercarse.

Regar las plantas, llenar el lavavajillas, llenar el comedero para aves, barrer el suelo de la cocina, hacer palomitas de maíz para la Noche de Películas, preparar el desayuno de los domingos, recoger los trastos sucios de las áreas comunes, recolectar las toallas para que las llevara el servicio de lavandería, llamar a Pepper, hacer la lista del supermercado, limpiar la cafetera, la lista de estupidez seguía y seguía.

—Pregunta, —dijo Tony mientras los demás consideraban la lista—. ¿Tenemos un comedero para aves?

—En el balcón fuera del desayunador, —dijo Bruce.

—Estamos… alimentando a los pájaros. ¿Por qué haríamos algo como eso? Las únicas cosas hasta acá arriba son las palomas. ¿Por qué alimentaríamos a esas sabandijas mitad ratas, mitad cosas aladas?

—Me gustan las palomas, —dijo Steve, con una sonrisa cálida—. Son sobrevivientes. Inteligentes y adaptables.

—Claro que te gustan, —suspiró Tony—. ¿Y por qué está en la lista ‘llamar a Pepper’?

—Alguien le llama cada semana, era tiempo de hacerlo oficial, —explicó Coulson. Sonaba bastante divertido por todo esto.

—¿Por qué le están llamando a Pepper? —preguntó Tony, y todo mundo se giró a mirarle como si fuera un niño muy lento, y en serio que fue difícil no patear algo y robarles su tonto pizarrón. Tenía acceso a explosivos peligrosos y lanzallamas. Esta cosa moriría. Moriría una muy furiosa muerte.

Tomando ventaja de la distracción, Clint estaba escribiendo ‘Alimentar a Hawkeye’ en un espacio en blanco, y Natasha le quitó el marcador de la mano. Él intentó recuperarlo pero ella le conocía tan bien que le desequilibró con tan solo un movimiento de sus piernas. Clint trastabilló hacia atrás y Thor le atrapó, riéndose. Natasha escribió ‘Problema de Coulson’ en la línea al lado de la anterior sugerencia.

—Ya no soy su manejador, —objetó Coulson mientras Clint reía. Thor le levantó para ponerlo de pie. Clint, sonriendo, se negaba a pararse—. Por amor de Dios, no vayas a romper al agente, —dijo Coulson mientras Thor levantaba a Clint una vez más, tomándole de las costillas como si no fuera más que un niño pequeño—. No tienes ni idea de todo el papeleo que tengo que llenar cuando Barton termina en la enfermería.

—Sucede muy seguido, —dijo Clint, intentando y fallando en patear a Thor en la cabeza. El demidios le evadía con una enorme sonrisa.

—Han hecho formatos específicamente para ti, Clint, —dijo Coulson—. Quieto.

—¿Podemos concentrarnos en el objetivo, por favor? —dijo Steve, señalando el pizarrón con una sonrisa. Thor bajó a Clint y este último por fin se puso de pie. Ambos tenían expresiones de inocencia en el rostro. Pésima inocencia, pero al menos lograban lucir encantadores.

—Genial, —dijo Steve—. Caballeros y señorita, elijan sus tareas.

Y Tony no podía creer que le estuvieran siguiendo la corriente. No podría CREER que Coulson estaba escribiendo su nombre al lado de ‘limpiar la cafetera’ y ‘recoger la ropa para la lavandería’ y ‘planear la cena del martes. Natasha sonreía de lado mientras prometía regar las plantas y deshierbar las pequeñas macetas de flores y vegetales en el invernadero que Tony había instalado con el propósito de broncearse, y alimentar a Hawkeye junto a Coulson. Steve se anotó para llamar a Pepper esta semana, y la comida del domingo y en hacer la lista para el súper, algo que todos sufrirían porque al hombre no le gustaban las comidas procesadas y quería que todos comieran sanamente. Thor firmaba de forma ostentosa para las cenas de los jueves (siempre pasta, antes de la noche de películas, Dios, Tony amaba los jueves, pasta y películas y el sofá mientras todos bebían cocoa caliente y comían palomitas de maíz y se gritaban incongruencias científicas en los guiones y criticaban las malas actuaciones y discutían sobre con quién de los actores se acostarían), y para la recolección de toallas. Bruce, con una sonrisa ligera, elegía llenar el comedero de aves y hacer el café en las mañanas y levantar el tiradero después de la noche de películas. Clint, quien sabía cocinar y era bueno en ello, con un historial de largos viajes preparando cosas deliciosas con mínimos ingredientes para trabajar, pedía las cenas de los fines de semana y ser niñero de los robots si Tony estaba fuera de Nueva York, porque amaba a Dummy y a Butterfingers, incluso cuando Jarvis no quería que les enseñara más malabares.

Y ahora todos miraban a Tony, esperando y compadeciéndole y molestándole y consternados al mismo tiempo, y Steve tenía tanta esperanza en el rostro que Tony se estremeció de verdad. —Esto es estúpido, —gritó, sabiendo que se estaba portando de forma infantil pero aún así incapaz de detenerse.

Clint rodó los ojos y se recargó en el pizarrón. —Agregaré ‘Abrazar a Stark’ como una obligación, porque alguien ha estado de muy mal humor por días.

—Yo diseño tus armas, —dijo Tony, con todo el poder de un Dios vengador en la voz—. Te recomendaría que prestes mucha atención a eso antes de que me hagas enojar, Barton.

Engreído, Clint sonrió y puso el marcador en su lugar. —SHIELD me dará un arco.

—¿De verdad crees que podrás volver a los arcos genéricos de SHIELD después de tener mi trabajo hecho a la medida? —preguntó Tony con una sonrisa—. ¿O acaso podrás esperar de seis a ocho semanas antes de que te dejen tocar lo que sea que hayan creado? Porque tienen que hacerle pruebas, como los miedicas que son.

—¿Le estás dando armas que no han sido probadas? —dijo Steve, horrorizado.

De acuerdo, eso había sido un error. —Nooooooo, —dijo Tony al fin, alargando la palabra esperando que para cuando terminara, Steve hubiera olvidado cuál había sido la pregunta. No creía tener tanta suerte, pero oye, tenía que intentarlo.

—¿Estás tomando armas que no han sido probadas de Stark, de entre toda la gente? —preguntó Coulson a Clint, quien parecía a punto de huir.

—No, nope, para nada, —respondió.

—Espera, ¿a qué te refieres con ‘Stark, de entre toda la gente’? —dijo Tony, un poco herido.

—Haces explotar muchas cosas. Muchas veces, —dijo Bruce.

—Eso es verdad, —Thor estuvo de acuerdo, cruzando los brazos sobre su pecho.

—Si, pero soy más cuidadoso cuando es Clint, —explicó Tony.

—¿Eres más cuidadoso cuando es Clint? —repitió Steve, y ahí estaba esa horrible, horrible nota en su voz que Tony no podía descifrar, pero que Steve conseguía haciendo esa mueca herida, y Tony decidió dejar de hablar antes de empeorar las cosas—. ¿Acaso no eres cuidadoso cuando se trata de ti?

Si, esta era una conversación de la que Tony NO QUERIA FORMAR PARTE. Tomó el marcador y escribió sus iniciales en junto a cualquier cosa, casi seguro que era barrer el suelo de la cocina, pero que podría haber sido también adoptar huérfanos de guerra o lo que sea, igual no le importaba. No había ninguna tarea lo más desagradable como para quedarse y seguir discutiendo lo que él consideraba como eficiencia y que Steve consideraba como falta de instinto de conservación.

En serio, era un tipo que peleaba atacando a gente con un escudo. Tony no estaba seguro de que tuviera derecho de decir frases como ‘tendencias suicidas latentes’. A menos que fuera cuando hablara de experiencia propia.

—Listo, bien, ya tengo una tarea que hacer, —dijo Tony, y lo hizo un poco muy alto y un poco muy brusco, y antes de que pudiera aventar el marcador, Steve lo tomó de su mano.

Mientras miraba horrorizado, Steve escribía su nombre junto al maldito deber de ‘Abrazar a Stark’, y justo después se extendía y envolvía a Tony entre sus brazos.

El normalmente confiable y capaz cerebro de Tony se desconectó. Era como una pantalla HUB que de pronto se apagaba en una armadura, que se le acababa la batería o el tiempo o el espacio, que solo guardaba silencio, y Tony sintió como si cayera de pronto a la tierra otra vez. Excepto que no era eso, no caía porque Steve Rogers lo estaba abrazando, con sus enormes brazos y pecho y hombros y manos, su cuerpo sólido, muscular, caliente presionándose contra el de Tony, brazos apretándole con firmeza y con una presión que debería ser dolorosa, Steve le estaba abrazando con mucho poder, pero Steve no cometía errores con su fuerza, nunca olvidaba y nunca lastimaba a nadie que en un principio no pretendiera lastimar.

Claro, Steve probablemente no tenía ni idea de lo mucho que esto estaba lastimando a Tony.

Su corazón martilleaba un poco muy rápido, un poco muy fuerte, el arc reactor casi cantaba, caliente y chirriante en su cavidad pectoral, su cuerpo entero se ponía rígido y se congelaba, el pánico inundaba su mente. Dividido entre forcejear para liberarse o solamente dejarse envolver por Steve y lloriquear, simplemente colapsó y se quedó inmóvil.

Y así como así, Steve le soltó y retrocedió.

Por un segundo Tony se sacudió sobre sí mismo, y después dirigió una mirada horrorizada hacia Steve. Steve, con sus mejillas sonrosadas, simplemente le sonrió. —¿Qué rayos fue eso? —gritó Tony.

—Un abrazo, —dijo Steve, y levantó el marcador que había caído al suelo. Anotó una palomita en su cuadro de tareas, marcándolo como un deber cumplido, con la cabeza en alto intentaba su mayor esfuerzo para no derretirse en un charco de vergüenza. No era muy bueno en eso.

—Si, gracias, genial, vuelve a hacer eso y yo… —Tony le apuntó con un dedo, pensando una amenaza lo suficientemente fuerte—. No lo vuelvas a hacer.

—No tiene elección, —dijo Clint, luciendo demasiado divertido—. Tomó esa tarea. Es suya ahora. Tiene que hacerlo todos los días.

—Puedes callarte ahora, —le dijo Tony—. Y borra esas tonterías.

—Posiblemente lo escribí con marcador permanente mientras estabas distraído, —le respondió Clint—. Ups.

Tony les miró a todos, evadiendo los ojos de Steve. En su lugar intentó olvidar lo BIEN que se había sentido, y eso no sería fácil considerando que tenía una maldita memoria fotográfica. Maldiciendo en voz baja, salió pesadamente del lugar. Se dijo a si mismo que no escucharía a nadie riéndose a sus espaldas mientras caminaba por el pasillo, casi corriendo.

—Jarvis, —dijo molesto, bajando por los escalones hasta su taller—. ¿Qué fue para lo que me anoté?

—Barrer el suelo de la cocina.

—A la mierda. No tengo tiempo para empezar desde cero, así que ordéname 50 Roombas, con envío nocturno. Quiero esas malditas cosas mañana a las 9 de la mañana en punto, o cabezas van a rodar.

Destruir las entrañas de esas malditas cosas sería como hacer catarsis. Por el momento se contentaría con esconderse en su taller y rogar porque el mundo no necesitara ser salvado hoy.

No estaba seguro de estar preparado. Tenía el mal presentimiento de que el resto del día lo pasaría intentando convencerse de que ser abrazado por Steve no era exactamente lo que quería hacer durante el resto de su vida.