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Se libre mi... HERMOSA AVE.

Summary:

El "𝗟𝗶𝗿𝗶𝗼 𝗱𝗼𝗿𝗮𝗱𝗼" de su amor secreto, tan cuidadosamente cultivado en la sombra, había sido brutalmente arrancado.

Y Shikamaru se quedaba solo, aferrado a los pétalos marchitos de un sueño que nunca florecería.

Con un movimiento lento y deliberado, Shikamaru se levantó, sosteniendo el cuerpo de Neji con una firmeza sorprendente. Sus ojos, antes nublados por el dolor, ahora brillaban con una intensidad fría y acusadora al posarse en Hinata. La miró fijamente, y en su mirada no había rastro de la habitual cortesía o respeto que profesaba hacia los miembros de la rama principal del clan Hyūga.

— Su clan… —, comenzó Shikamaru, su voz áspera y cargada de una amargura recién descubierta, — Su preciado clan principal solo se dedica a condenar vidas inocentes en nombre de una tradición arcaica y cruel. —

Notes:

Queridos lectores. Antes que nada, quiero agradecerles por tomarse el tiempo de leer mi fanfic. Sus votos, comentarios y apoyo significan muchísimo para mí y son el motor que impulsa mi creatividad.

Quiero aclarar que los personajes que aparecen en esta historia no me pertenecen; todos los derechos sobre ellos son de Masashi Kishimoto y los creadores de Naruto. Esta historia es un universo alternativo (AU), creados únicamente con fines de entretenimiento y satisfacción personal. Por lo tanto, no sigue la trama original del manga/anime.

Me encantaría saber qué opinan sobre mi trabajo, así que cualquier comentario constructivo será muy bienvenido, así como lamento si se llegase a cometer un error ortográfico, etc...

Espero que disfruten esta experiencia tanto como yo la disfrutare escribiéndola.

NINGUNA IMAGEN UTILIZADA ES DE MI AUTORIA, DOY CREDITOS A AUTORES ORIGINALES. SOLO LOS USO COMO REFERENCIAS PARA MI HISTORIA, SI A ALGUIEN LE MOLESTA AVISARME Y LO RETIRARE.

GRACIAS POR SU ATENCION, TODA LA INFORMACION DE ESTA HISTORIA ES FICTICIA Y NADA REAL A LO ORIGINAL.

𝗧𝗢𝗗𝗢 𝗘𝗦 𝗣𝗔𝗥𝗔 𝗣𝗥𝗢𝗣𝗜𝗢 𝗘𝗡𝗧𝗥𝗘𝗧𝗘𝗡𝗜𝗠𝗜𝗘𝗡𝗧𝗢, 𝗡𝗔𝗗𝗔 𝗦𝗘 𝗕𝗔𝗦𝗔 𝗔 𝗟𝗔 𝗛𝗜𝗦𝗧𝗢𝗥𝗜𝗔 / 𝗧𝗥𝗔𝗠𝗔 𝗢𝗥𝗜𝗚𝗜𝗡𝗔𝗟.

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

 

𝑺𝒆 𝒍𝒊𝒃𝒓𝒆 𝒎𝒊… 

𝐇𝐄𝐑𝐌𝐎𝐒𝐀 𝐀𝐕𝐄

 

 

 ┈┈ 𓅍 ┈┈

 

El suave susurro del viento entre los árboles del campamento aliado era un contraste doloroso con el nudo de ansiedad que atenazaba el pecho de Shikamaru. La noche anterior, bajo el manto estrellado que cubría las llanuras azotadas por la guerra, Neji había deslizado su mano entre la suya, un gesto fugaz pero cargado de una promesa silenciosa. 

 

— Ten cuidado. —, había murmurado Neji, sus ojos aperlados brillando con una intensidad que solo Shikamaru conocía, una intensidad que trascendía su lealtad al clan Hyūga. 

 

— Y tú también. —, había respondido Shikamaru, apretando ligeramente sus dedos antes de que la necesidad de mantener las apariencias los obligará a separarse, a volver a sus roles predestinados.

 

Su amor era un secreto cuidadosamente guardado, floreciendo en las grietas de un mundo implacable. Para Neji, la carga del sello del Ave Enjaulada grabada en su frente era un recordatorio constante de su deber, una cadena invisible que lo ataba irrevocablemente a la protección de Hinata. Shikamaru lo entendía, aunque le desgarraba el alma. Cada mirada furtiva, cada roce accidental de sus manos en las reuniones del equipo, cada conversación codificada entre estrategias de batalla, era un testimonio de un vínculo profundo que desafiaba las rígidas normas de su mundo ninja.

 

Ahora, en medio del caos ensordecedor de la Cuarta Gran Guerra Ninja, la distancia física entre ellos se sentía como un abismo insondable. Shikamaru, inmerso en la planificación estratégica junto a su padre y los demás líderes, intentaba mantener la concentración, pero una punzada constante de inquietud le recorría la espalda. Sabía que Neji estaba en el frente, luchando con su estoicismo habitual, su Byakugan escrutando cada movimiento del enemigo.

 

De repente, la voz aguda y tensa de Ino resonó directamente en su mente a través del enlace telepático del equipo de comunicación sensorial. — ¡Shikamaru! ¡Neji... está... protegiendo a Hinata y a Naruto! ¡Un ataque... es demasiado rápido...! —, La frase se cortó abruptamente, dejando un vacío helado en el corazón de Shikamaru.

 

Su mente, habitualmente un remanso de lógica y estrategia, se nubló por el terror. Neji... En peligro. Por primera vez en mucho tiempo, el miedo puro e irracional lo paralizó por un instante. Pero la imagen de los ojos serenos de Neji, de su determinación silenciosa, lo impulsó a la acción.

 

Sin decir una palabra, Shikamaru se levantó de un salto, derribando la mesa de mapas con un estrépito. Las miradas sorprendidas de los demás Jonin se clavaron en él. Su padre, Shikaku, entrecerró los ojos con preocupación. — ¿Shikamaru? ¿Qué sucede? —

 

Pero el joven Nara no respondió. Con una velocidad inusitada, impropia de su naturaleza pausada, corrió. Atravesó el campamento como un rayo, dejando tras de sí un murmullo de confusión. Los gritos de batalla, el choque de armas, todo se desvaneció en un zumbido distante mientras su único objetivo era llegar hasta Neji. Cada segundo se sentía como una eternidad, cada paso era una súplica silenciosa al destino.

 

Finalmente, en medio del campo de batalla devastado, lo vio. La escena lo golpeó con la fuerza de un puñetazo. Naruto, con el rostro desencajado por el dolor, sostenía un cuerpo inerte entre sus brazos. Los cabellos largos y oscuros, habitualmente tan pulcros, estaban ahora revueltos y manchados. El azul intenso de los ojos de Naruto contrastaba dolorosamente con el blanco lechoso de los ojos de Neji, ahora fijos y sin vida.

 

Shikamaru sintió como si el suelo se abriera bajo sus pies. Sin importarle las miradas de los demás ninjas, sin importarle la guerra que aún rugía a su alrededor, corrió hacia ellos. Se arrodilló junto a Naruto y, con una delicadeza sorprendente en medio de tanta brutalidad, apartó suavemente el cuerpo de Neji de sus brazos.

 

Lo atrajo hacia sí, acunándolo contra su pecho. El peso inerte de Neji era un testimonio mudo de la pérdida. Shikamaru cerró los ojos y lo abrazó con fuerza, aferrándose a la última calidez que aún emanaba de su cuerpo. Su rostro se hundió en los cabellos oscuros, y un susurro entrecortado escapó de sus labios, un torrente de palabras inaudibles para los demás, un lamento silencioso de un amor que nunca podría ser plenamente vivido a la luz del sol.

 

Las palabras eran fragmentos rotos de promesas susurradas en la oscuridad, de sueños compartidos bajo la tenue luz de la luna, de un futuro que ahora se había desvanecido como el humo en el viento. 

 

Neji... Neji... No... Por favor… No tú, mi amor… Mi perla… Mi pequeño canario… —, decía con una repetición era un mantra de desesperación, una negación visceral de la realidad que sus ojos veían pero su corazón se rehusaba a aceptar.

 

Lágrimas silenciosas resbalaron por sus mejillas y empaparon los cabellos de Neji. No le importaban las miradas de lástima o sorpresa de los demás. En ese instante, solo existían él y el cuerpo inerte que sostenía, el eco frío de un calor que se había extinguido demasiado pronto.

 

Naruto, aún tembloroso, posó una mano torpemente en el hombro de Shikamaru. Su rostro, habitualmente lleno de una determinación inquebrantable, estaba ahora marcado por el dolor y la culpa. 

 

— Shikamaru... yo... él me salvó... salvó a Hinata… — Las palabras eran un hilo apenas audible.

 

Shikamaru no respondió. Su agarre sobre Neji se intensificó, como si pudiera, con pura fuerza de voluntad, devolverle el aliento. Recordó la primera vez que sus miradas se habían cruzado, la intensidad competitiva que se había transformado lentamente en una comprensión silenciosa, en una chispa de algo más profundo. Recordó las noches robadas bajo los árboles de Konoha, susurrándose secretos y anhelos, construyendo un mundo propio en la clandestinidad.

 

Todo eso, ahora, era solo un recuerdo doloroso.

 

Hinata, con los ojos inundados de lágrimas, se acercó lentamente. Su Byakugan, ahora desactivado, no podía negar la verdad que se cernía sobre ellos.

 

— Neji... Nii-san… —, Su voz se quebró en un sollozo. Ella sabía, aunque no en detalle, el vínculo especial que unía a su primo con Shikamaru. Había visto las miradas significativas, los gestos sutiles, la forma en que sus presencias se buscaban en medio del caos.

 

Shikamaru levantó la vista brevemente, sus ojos oscuros inyectados en sangre. No había reproche en su mirada, solo un dolor profundo y abrumador. Sabía que Neji había actuado por su propia voluntad, por su lealtad y su sentido del deber. Pero la lógica, la razón que siempre había sido su ancla, no ofrecía consuelo alguno en ese momento.

 

El silencio que cayó sobre ellos fue pesado, interrumpido solo por los lejanos gritos de batalla. Incluso la guerra parecía detenerse por un instante, como si el mundo entero reconociera la magnitud de la pérdida. Para Shikamaru, el mundo se había reducido al cuerpo frío entre sus brazos, a la ausencia insoportable de la calidez de Neji, de su ingenio agudo, de la silenciosa comprensión que compartían.

 

Apretó los ojos con fuerza, como si pudiera borrar la imagen de Neji tendido sin vida. Pero la realidad era cruel e inamovible. 

 

El " Lirio dorado " de su amor secreto, tan cuidadosamente cultivado en la sombra, había sido brutalmente arrancado. 

 

Y Shikamaru se quedaba solo, aferrado a los pétalos marchitos de un sueño que nunca florecería.

 

Con un movimiento lento y deliberado, Shikamaru se levantó, sosteniendo el cuerpo de Neji con una firmeza sorprendente. Sus ojos, antes nublados por el dolor, ahora brillaban con una intensidad fría y acusadora al posarse en Hinata. La miró fijamente, y en su mirada no había rastro de la habitual cortesía o respeto que profesaba hacia los miembros de la rama principal del clan Hyūga.

 

— Su clan… —, comenzó Shikamaru, su voz áspera y cargada de una amargura recién descubierta, — Su preciado clan principal solo se dedica a condenar vidas inocentes en nombre de una tradición arcaica y cruel. —

 

Un murmullo de sorpresa recorrió el devastado campo de batalla. Las palabras de Shikamaru, pronunciadas con tal vehemencia y dolor, resonaron en el silencio momentáneo. Nadie esperaba tal arrebato, mucho menos dirigido a la heredera del clan Hyūga en medio de una guerra que libraban juntos.

 

Hinata palideció, sus ojos lilas se abrieron con sorpresa y dolor ante la acusación directa. — Shikamaru... ¿qué estás diciendo? —, Su voz era apenas un susurro.

 

— Digo la verdad, Hinata-sama. —, replicó Shikamaru, su tono cortante y desprovisto de toda formalidad. — Ustedes, con su jaula invisible marcada en la frente de otros, deciden quién vive y quién muere en función de proteger un linaje que se cree superior. Neji... Él dio su vida por usted, por su clan, por una obligación impuesta desde el nacimiento. ¿Y usted qué hace, Hinata-sama? Siempre dispuesta a sacrificarse, siempre sumisa, sin luchar verdaderamente por su propia vida, por su propia felicidad. —

 

Su mirada se endureció aún más al pensar en el futuro. — Y no tienes lástima por Hanabi, ¿verdad? La siguiente en llevar ese sello maldito, destinada a ser tu sombra, otra vida subyugada por el miedo y la tradición. —

 

Naruto, recuperándose de la sorpresa inicial, dio un paso adelante, con el ceño fruncido. — ¡Shikamaru! ¡No hables así de Hinata! —

 

Sakura también se movió, lista para intervenir. — Cálmate, Shikamaru. Entendemos tu dolor, pero… —

 

No… No lo entienden. —, pero Shikamaru fue más rápido. Con una agilidad desesperada, se giró y comenzó a alejarse del fragor de la batalla, el cuerpo inerte de Neji firmemente sujeto en sus brazos. No escuchó las protestas ni los llamados. Su mente solo podía concentrarse en una cosa: alejar a Neji de este lugar de muerte y sacrificio sin sentido.

 

Corrió entre los ninjas aliados, quienes se apartaban a su paso, atónitos por su repentina partida. La guerra, los enemigos, todo se desvaneció en un segundo plano mientras huía con su preciada carga.

 

No tardó en escuchar pasos apresurados detrás de él. Reconoció las firmas de chakra incluso en su estado de agitación. Rock Lee y Tenten. Ellos sabían. 

 

Neji, en sus momentos de apertura y confianza, les había contado sobre el floreciente amor que compartía con el estratega de Konoha. Habían sido testigos de sus encuentros secretos, de las miradas cargadas de significado que intercambiaban.

 

Rock Lee lo alcanzó primero, deteniéndose en seco al ver la escena. Sus ojos redondos se abrieron con incredulidad y horror. Un grito desgarrador, un lamento puro y visceral, escapó de su garganta, resonando en el aire cargado de tensión. 

 

¡Neji! ¡No... Neji! —, Sus puños se apretaron con tanta fuerza que sus nudillos se pusieron blancos.

 

Tenten llegó justo detrás, su rostro pálido como la cera. Al ver a Shikamaru sosteniendo el cuerpo sin vida de su compañero de equipo, las lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos, silenciosas al principio, luego convirtiéndose en sollozos incontrolables. Se cubrió la boca con una mano, incapaz de articular palabra alguna ante la brutal realidad que se presentaba ante ella. El "genio" Hyūga, el estoico compañero, el hombre que siempre fue como un gran hermano y con tanta intensidad uno de sus amigos más queridos... Se había ido.

 

Shikamaru se detuvo, sin girarse. El grito de Lee y el llanto de Tenten eran un eco de su propio dolor. Sabía que ellos entendían su pérdida de una manera que los demás no podían. Eran los únicos que conocían la profundidad de su conexión con Neji. Y en ese campo de batalla desolado, rodeado por el horror de la guerra, los tres compartieron un momento de silenciosa y devastadora tristeza por el amor que la guerra les había arrebatado.



┈┈ 🎕 ┈┈



Un años después, la paz se había asentado sobre el mundo shinobi como una suave nevada tras una tormenta. Kakashi Hatake, ahora el Sexto Hokage, velaba por la reconstrucción y la armonía entre las aldeas. Las heridas de la Cuarta Gran Guerra Ninja aún estaban presentes, cicatrices imborrables en la memoria colectiva, pero la esperanza de un futuro mejor florecía entre los jóvenes.

 

En el tranquilo complejo del clan Nara, alejado del bullicio de la reconstruida Konoha, un nuevo montículo de tierra descansaba bajo la sombra de los ancestrales y hermosos árboles. Shikamaru, con la ayuda silenciosa de su padre y su madre, Yoshino, había enterrado allí el cuerpo de Neji. La decisión no había estado exenta de conflicto.

 

Poco después del funeral improvisado en el campo de batalla, cuando la magnitud de la pérdida comenzó a asentarse, miembros del clan Hyūga, liderados por un anciano de rostro severo, se presentaron en las puertas del complejo Nara. Su Byakugan, aunque inactivo, irradiaba una frialdad implacable.

 

— Shikamaru Nara. —, la voz del anciano resonó con autoridad. — Exigimos la entrega del cuerpo de Neji Hyūga. Por derecho de sangre, debe descansar junto a sus ancestros en las tierras de nuestro clan. —

 

Shikaku Nara, con su habitual semblante serio, se interpuso entre los Hyūga y su hijo. — Neji fue un héroe de la Hoja. Su lugar de descanso es asunto nuestro. —

 

Yoshino, con una firmeza sorprendente, añadió: — Neji es integrante de nuestra familia. —

 

Pero el anciano Hyūga permaneció inamovible. — La tradición debe prevalecer. Su sello lo marcaba como miembro de nuestra rama secundaria, destinado a servir y morir por el clan principal. Su cuerpo pertenece a los Hyūga. —

 

La tensión en el aire era palpable. Los ninjas Nara se preparaban para defender su territorio, mientras los Hyūga mantenían una postura amenazante. Shikamaru, que hasta entonces había permanecido en silencio, dio un paso adelante. Su rostro, aunque aún marcado por la tristeza, mostraba una determinación inquebrantable.

 

— No. —, dijo Shikamaru, su voz firme y resonante. — Neji no será enterrado en el complejo Hyūga. —

 

La sorpresa se reflejó en los rostros de los presentes. — ¿Cómo te atreves a desafiar la voluntad de nuestro clan? —, espetó uno de los Hyūga más jóvenes.

 

Shikamaru suspiró levemente antes de alcanzar el interior de su túnica. Extrajo varios pergaminos cuidadosamente doblados y sellados, desplegándolos con lentitud. — Neji y yo estábamos casados legalmente desde hace tres años. —

 

Un silencio atónito cayó sobre el grupo. Los pergaminos, con los sellos oficiales de la Aldea de la Arena y las firmas de los testigos, eran irrefutables. La incredulidad se mezcló con la sorpresa en los rostros de los Hyūga.

 

— Esto... Esto es imposible. —, balbuceó el anciano, sus ojos recorriendo los documentos.

 

— No lo es. —, replicó Shikamaru con una calma sorprendente. — Después de la alianza entre las aldeas, Neji y yo viajamos en secreto a Suna. Allí, ante la ley de esa aldea, unimos nuestros destinos en matrimonio. Estos papeles lo demuestran. — Señaló los sellos y las firmas con un dedo firme. — Legalmente, Neji Nara, por su propia voluntad, eligió su familia y su lugar de descanso. Ustedes no tienen ningún derecho sobre su cuerpo. —

 

El clan Hyūga quedó en silencio, la rigidez de su postura comenzando a desmoronarse ante la evidencia irrefutable. La ley de otra aldea, un matrimonio secreto celebrado bajo el manto de la diplomacia y el amor, los había desarmado por completo. No había argumentos, no había tradiciones que pudieran invalidar un vínculo legalmente reconocido.

 

El anciano Hyūga apretó los labios, la frustración y la rabia luchando por imponerse a la sorpresa. Finalmente, con un suspiro derrotado, bajó la cabeza. — Esto... Esto cambia las cosas. —

 

Sin decir una palabra más, el clan Hyūga se retiró, dejando a Shikamaru de pie junto a la incipiente tumba de su esposo. El sol de la tarde proyectaba largas sombras sobre el complejo Nara, iluminando el lugar donde Neji, finalmente libre de las cadenas de su destino, descansaría en paz, amado y recordado por la familia que él mismo había elegido.

 

Cada atardecer, cuando el cielo de Konoha se teñía de naranjas y violetas, Shikamaru encontraba refugio junto a la tumba de Neji. La lápida sencilla, adornada con una delicada talla de un lirio blanco, parecía absorber la luz crepuscular, proyectando sombras danzantes sobre la hierba suave. Era su ritual silencioso, su forma de mantener viva la presencia de Neji en un mundo que seguía girando sin él.

 

Se sentaba con la espalda apoyada en el tronco de un cerezo cercano, sus ojos oscuros fijos en la lápida. El aire se llenaba del suave susurro de las hojas y el lejano canto de los grillos, una melodía melancólica que acompañaba sus recuerdos.



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La luz de la luna se filtraba entre las ramas, iluminando sus rostros entrelazados. Estaban sentados en el tejado del cuartel general aliado, lejos del bullicio de la guerra. Neji, con una rara sonrisa jugando en sus labios, trazaban constelaciones imaginarias en el cielo estrellado con su dedo.

 

"¿Ves esa, Shikamaru? Se parece a un halcón en vuelo."

 

Shikamaru, con su cabeza apoyada en el hombro de Neji, suspiró con satisfacción. "Hmm, problemático, pero sí, lo veo. Aunque yo diría que se parece más a una bandada de nubes perezosas dejándose llevar por el viento."

 

Neji soltó una pequeña risa, un sonido que siempre hacía que el corazón de Shikamaru se acelerara. "Siempre con tu visión única de las cosas."

 

"Alguien tiene que serlo." respondió Shikamaru, apretando suavemente la mano de Neji entre la suya. El silencio que siguió no era incómodo, sino lleno de una comprensión tácita, de un lenguaje que solo ellos dos conocían.



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Un leve viento agitó las hojas del cerezo, haciendo caer algunos pétalos rosados sobre la tumba. Shikamaru extendió una mano y recogió uno, su textura suave y efímera como los momentos que compartieron.



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El aroma a incienso y madera recién pulida llenaba el pequeño santuario improvisado que habían encontrado en un templo abandonado durante una misión. Neji, con una seriedad solemne, le ofrecía una flor silvestre que había encontrado en el camino.

 

"Es una 'forget-me-not'." había dicho Neji, sus ojos aperlados brillando con una ternura inusual. "Para que nunca olvides este día."

 

Shikamaru había tomado la flor con cuidado, su corazón latiendo con fuerza ante el significado implícito del gesto. "Como si pudiera olvidarte." había murmurado, acercándose para dejar un suave beso en la frente de Neji.



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A veces, durante sus visitas, Shikamaru hablaba en voz baja, compartiendo los acontecimientos del día, sus frustraciones con los papeleos del consejo, o simplemente el silencio que ahora llenaba su vida. Sabía que Neji no podía responder, pero la necesidad de hablarle, de sentir su presencia de alguna manera, era irresistible.



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Estaban en su pequeño apartamento en Konoha, un espacio que habían llenado con sus pertenencias y sus silenciosas costumbres. Neji estaba concentrado, practicando sus katas en el pequeño espacio disponible, cada movimiento preciso y elegante. Shikamaru observaba desde el futón, un libro a medio leer apoyado en su regazo.

 

"Eres increíble, Perlita." había dicho Shikamaru, sin apartar la vista de la fluidez de sus movimientos. "Tu taijutsu es... Problemático de seguir."

 

Neji había detenido su práctica, una leve sonrisa curvando sus labios. "¿Problemático en el buen sentido?"

 

Shikamaru había cerrado el libro y le había dedicado una de sus raras sonrisas genuinas. "En el mejor sentido. A veces olvido que eres tan... Intenso."

 

Neji se había acercado y se había dejado caer junto a él, apoyando su cabeza en su hombro. "Solo cuando es importante."



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El sol finalmente se ocultó, tiñendo el cielo de un profundo azul oscuro salpicado de las primeras estrellas. Shikamaru se levantó, su cuerpo entumecido por estar sentado tanto tiempo. Antes de irse, se inclinó y rozó la fría superficie de la lápida con sus dedos.

 

— Problemático. —, murmuró, una pequeña sonrisa melancólica curvando sus labios. — Siempre serás problemático, Neji. Pero... Eras mi problemático. —

 

Con una última mirada a la tumba solitaria bajo el creciente manto de estrellas, Shikamaru se dio la vuelta y se alejó lentamente, llevando consigo los ecos silenciosos de un amor que la guerra no pudo borrar, un amor que vivía en los recuerdos que atesoraba en su corazón.

 

Unos días después, el aire en la oficina del Hokage era denso con el peso de las responsabilidades futuras. Kakashi, con su habitual aire tranquilo aunque sus ojos revelaran una profunda consideración, se dirigió a Shikamaru. La reconstrucción avanzaba, pero la transición de liderazgo era un tema delicado que requería la sabiduría y la perspicacia del joven Nara.

 

— Shikamaru. —, comenzó Kakashi, apoyando sus codos en el escritorio lleno de informes. — Naruto pronto asumirá el título de Hokage. Su energía y determinación son inigualables, pero necesitará una guía sólida, alguien que pueda ver las estrategias a largo plazo y ofrecer un contrapunto lógico a su impulsividad. Pensé que... Tú serías perfecto como su consejero. —

 

Shikamaru, que había estado observando el paisaje urbano a través de la ventana, se giró lentamente. Su rostro, aún sombreado por el duelo, reflejaba una resolución firme. — Hokage-sama, agradezco su confianza. Pero debo declinar su oferta. —

 

En ese preciso momento, la puerta se abrió y Naruto entró, su sonrisa habitual ligeramente apagada por la seriedad del momento. Había estado esperando fuera, intuyendo que la conversación involucraría su futuro. Al escuchar la respuesta de Shikamaru, su expresión se tornó inquisitiva.

 

— ¿Declinar? —, preguntó Naruto, frunciendo el ceño. — ¿Por qué, Shikamaru? Serías el mejor. Siempre tienes un plan para todo. —

 

Shikamaru lo miró directamente, sus ojos oscuros transmitiendo una profunda tristeza y una determinación inquebrantable. — Naruto, si alguna vez me consideraste tu amigo... No me pidas esto. No me ordenes ser tu consejero. —

 

La sorpresa se reflejó en el rostro de Naruto. — ¿Qué... qué quieres decir? —

 

Shikamaru suspiró, apartando la mirada hacia la ventana, como si buscara las palabras adecuadas entre el bullicio de la aldea. — No puedo... No puedo soportar ver ni estar cerca de tu esposa. —

 

El silencio en la oficina se hizo palpable. Kakashi observaba la escena con una comprensión melancólica, mientras Naruto permanecía inmóvil, la confusión y la incredulidad grabadas en sus facciones.

 

Shikamaru finalmente volvió a mirarlos, su voz cargada de un dolor apenas contenido. — Hinata... Ella me recuerda constantemente todo lo que sufrió Neji. Su sacrificio, su lealtad inquebrantable hacia su clan, hacia ella... Todo lo que perdió por ese sello maldito. Verla... Verla feliz, viviendo la vida que a Neji le fue arrebatada... Es un recordatorio constante, una herida que no termina de cerrarse. —

 

Su mirada se endureció ligeramente, aunque no había hostilidad en ella, solo un profundo pesar. — Cada vez que la veo, recuerdo el peso inerte de Neji en mis brazos, la frialdad que invadió su cuerpo. Recuerdo sus ojos apagados, la promesa de un futuro juntos... Destrozada. —

 

Hizo una pausa, tomando una respiración profunda para controlar la emoción que amenazaba con quebrarlo. — Ser tu consejero significaría trabajar codo a codo contigo, estar inevitablemente cerca de ella en muchas ocasiones. Simplemente... No puedo hacerlo, Naruto. No puedo soportar ese recordatorio constante. Necesito... Necesito espacio para procesar mi duelo, para honrar la memoria de Neji a mi manera, sin que cada día sea una punzada en el corazón. —

 

Naruto lo miró en silencio, la comprensión comenzó a filtrarse a través de su sorpresa inicial. Vio el dolor genuino en los ojos de su amigo, la profunda herida que aún sangraba. Por primera vez, quizás, entendió la magnitud de la pérdida de Shikamaru, un dolor que trascendía la camaradería en el campo de batalla.

 

Kakashi asintió lentamente, su único ojo visible lleno de empatía. — Entiendo, Shikamaru. Es una petición razonable. —

 

Naruto bajó la cabeza, su expresión sombría. Después de un momento de silencio, levantó la vista y miró a Shikamaru con una nueva comprensión. — Está bien, Shikamaru. No te obligaré a hacer algo que te cause tanto dolor. Lamento... Lamento no haberlo pensado. —

 

El peso en el aire de la oficina se aligeró ligeramente con la aceptación de Naruto. La amistad, aunque tensa por el dolor, aún prevalecía. Shikamaru asintió en silencio, un pequeño gesto de agradecimiento hacia su amigo. El camino hacia la curación sería largo y tortuoso, pero al menos, en ese momento, se le permitía recorrerlo a su propio ritmo, lejos del constante recordatorio de la pérdida que lo consumía.

 

Shikamaru salió de la oficina del Hokage con un peso menor en el pecho, aunque la tristeza aún lo envolviera como una sombra persistente. Mientras caminaba por el pasillo, sus pasos resonando en el silencio solemne del edificio administrativo, se encontró de frente con Hinata.

 

Ella lo miró con sus ojos lila, en los que se reflejaba una mezcla de preocupación y timidez. Se acercó lentamente, sus manos entrelazadas nerviosamente frente a ella. — Shikamaru... Yo... Quería saber cómo estás. ¿Aceptaste el puesto de consejero de Naruto-kun? —, su voz era un susurro apenas audible.

 

Shikamaru se detuvo, su mirada fría y distante. La visión de Hinata, con su gentileza inherente y su aura de bondad, solo exacerbaba su dolor. Ella era un recordatorio constante de la persona que Neji había jurado proteger, la razón última de su sacrificio.

 

— ¿Cómo debería estar, Hinata-sama? —, respondió Shikamaru, su voz cargada de un sarcasmo amargo. — ¿Qué hipocresía es esta de preguntar? Su clan egoísta intentó arrebatarnos el cuerpo de mi amado Neji, como si él fuera una posesión más que una persona, un ser amado. —

 

Hinata retrocedió ligeramente, como si hubiera recibido una bofetada invisible. Sus ojos se llenaron de lágrimas. — Yo... Yo no tuve nada que ver con eso, Shikamaru. No estoy de acuerdo con las tradiciones de mi clan… —

 

Shikamaru soltó una risa seca, desprovista de humor. — Ah, claro. La heredera del clan Hyūga, siempre tan... Discreta. Tu timidez innecesaria, tu debilidad para enfrentarte a las arcaicas costumbres de tu clan... Eso también contribuyó a la muerte de Neji, ¿no crees? Él se sintió obligado a protegerte, a dar su vida por ti, por una carga que nunca debió llevar solo. —

 

Su mirada era acusadora, atravesando la suave fachada de Hinata. — Si hubieras sido más fuerte, si hubieras luchado con más determinación por tu propia libertad y por la de los demás miembros de la rama secundaria... Tal vez él aún estaría aquí. —

 

Sin esperar una respuesta, Shikamaru se giró y continuó su camino, dejando a Hinata parada en medio del pasillo, con lágrimas silenciosas corriendo por sus mejillas. Varios ninjas que pasaban por allí habían presenciado el intercambio, sus miradas cargadas de incomodidad y comprensión.

 

Después de la Cuarta Gran Guerra Ninja, el secreto del sello del Ave Enjaulada y el trato desigual dentro del clan Hyūga se habían convertido en un tema de debate silencioso entre muchos en la aldea. La muerte de Neji, un héroe reconocido, solo había exacerbado el sentimiento de injusticia. Todos al final sabían de la profunda conexión romántica entre el líder del clan Nara y el talentoso Hyūga, y la confrontación entre Shikamaru y Hinata no era una sorpresa.

 

Muchos esperaban que Hinata, como futura líder del clan Hyūga, tomará medidas para abolir el sistema opresivo del sello y reformar las tradiciones de su clan. Sin embargo, hasta ese momento, no se habían visto cambios significativos. La gentileza y la bondad de Hinata eran innegables, pero su aparente falta de acción en este tema crucial generaba una creciente frustración entre aquellos que valoraban la igualdad y la justicia.

 

Mientras Shikamaru se alejaba, dejando atrás el eco de sus palabras cargadas de dolor y acusación, la atmósfera en el pasillo permanecía tensa. Los ojos seguían a Hinata, una mezcla de lástima y silenciosa crítica reflejada en ellos. La carga de las expectativas y la sombra del sacrificio de Neji pesaban sobre sus hombros, recordándole la urgente necesidad de un cambio que aún no llegaba.

 

Días después, el sol de la mañana se filtraba entre las hojas del cerezo, iluminando la lápida de Neji con un brillo dorado y suave. Shikamaru depositó un ramo de lirios blancos a sus pies, sus pétalos inmaculados contrastando con la tierra oscura. Se sentó junto a la tumba, el silencio del complejo Nara ofreciéndole un respiro del bullicio de la aldea.

 

— Buenos días, problemático. —, murmuró Shikamaru, su voz suave como una caricia. — El cielo está despejado hoy. Me recuerda a aquella vez en Suna, después de esa misión con Temari y Kankuro... ¿lo recuerdas? —



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El sol del desierto comenzaba a descender, tiñendo las dunas de tonos rojizos y anaranjados. Estaban sentados en la azotea de una posada, el aire cálido y seco acariciando sus rostros. Neji, con su habitual compostura, bebía un sorbo de té.

 

"La misión fue... Eficiente." comentó Neji, sus ojos enfocados en el horizonte lejano.

 

Shikamaru suspiró con alivio, estirando sus brazos perezosamente. "Problemáticamente eficiente. Demasiada arena para mi gusto." Se giró hacia Neji, una sonrisa pícara jugando en sus labios. "Oye, Hyūga. Ya que sobrevivimos a ese montón de bandidos, ¿qué te parece si celebramos? Con una cena decente, tal vez... ¿Y después vemos las estrellas desde algún lugar tranquilo? Tengo algunas teorías sobre las constelaciones que me gustaría compartir contigo."

 

Neji lo miró con una ceja ligeramente alzada, una pequeña sonrisa apenas perceptible en sus labios. ¿Me estás... Invitando a salir, Nara?

 

Shikamaru se encogió de hombros con una falsa despreocupación, aunque su corazón latía un poco más rápido de lo normal. "Tal vez. ¿Tienes una mejor propuesta para pasar la noche?"

 

Una sombra de sorpresa cruzó el rostro de Neji antes de que su compostura habitual regresara. "No... Creo que tu propuesta es... Interesante."



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Shikamaru sonrió ante el recuerdo, una punzada de nostalgia agridulce atravesándolo. — Eras tan formal al principio. Quién diría que detrás de esa fachada se escondía... Bueno, tú. —

 

Una suave voz lo interrumpió. — Shikamaru-san.—

 

Se giró y vio a Hanabi Hyūga acercándose, su rostro serio y sus ojos mostrando una madurez que iba más allá de su edad.

 

— Hanabi. — saludó Shikamaru con un leve asentimiento.

 

— He venido a hablar sobre mi hermana. —, dijo Hanabi directamente, deteniéndose a una distancia respetuosa. — Sé que estás sufriendo, y entiendo tu dolor yo también estoy sufriendo por la pérdida de nii-san. Pero tal vez... Tal vez deberías dejar a Hinata-nee-san en paz. No te pido que la perdones, simplemente... Qué la ignores. Que la dejes en la indiferencia. —

 

Shikamaru la miró con fijeza. — ¿Indiferencia? ¿Después de todo lo que Neji sacrificó? ¿Después de que su propio clan intentara profanar su descanso eterno? No, Hanabi. La indiferencia no es una opción. Lo que se necesita es un cambio. Tú lo sabes mejor que nadie lo que significa ser de la segunda rama. —

 

Hanabi apretó los labios. — Lo sé. Y lo he intentado. He hablado con los ancianos del consejo, he presentado propuestas... Pero se niegan a escuchar. Dicen que la tradición debe mantenerse. —

 

Shikamaru soltó una risa amarga. — ¿Tradición? Es una jaula, Hanabi. Y la razón por la que no puede Hinata hacer un cambio es simple: no es capaz de tomar el control de su clan. No sabe cómo manejar tal magnitud de poder. No entiendo por qué Hiashi-sama sigue considerando a Hinata como la heredera cuando tú, Hanabi, has demostrado ser mucho más digna. Más fuerte, más decidida... Y mereces mucho más que ser rebajada a llevar ese sello. —

 

Hanabi lo miró con sorpresa, sus ojos se abrieron ligeramente.

 

Shikamaru continuó, su voz firme. — Pero no te preocupes, Hanabi. Ese sello... No te lo pondrán. Neji se aseguró de eso. —

 

La joven Hyūga frunció el ceño, confundida. — ¿A qué te refieres? —

 

Shikamaru volvió su mirada hacia la lápida de Neji, una suave sonrisa melancólica adornando sus labios. — Neji juró ser leal y proteger a Hinata con su vida. Pero su verdadera motivación, lo que realmente lo impulsó a soportar esa carga y a arriesgarlo todo... Era asegurarse de que su dulce y linda prima Hanabi la única persona en el clan qué siempre quiero como familia, nunca recibiera la marca de ese sello de esclavitud. —

 

— ¿Qué quieres decir con que Neji se aseguró de que no me pongan el sello? —, preguntó Hanabi, su voz ahora teñida de una urgente curiosidad y una creciente confusión. Sus ojos se clavaron en Shikamaru, esperando una explicación que desentrañara el misterio en sus palabras.

 

Shikamaru suspiró, su mirada aún fija en la lápida. El recuerdo de una conversación dolorosa con Neji danzó en su mente.



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Habían pasado varios meses desde que su relación había dejado de ser un secreto a medias entre ellos y se había convertido en un noviazgo oficial, aunque discreto. Estaban en la enfermería de Konoha. Hinata yacía inconsciente en una cama, vendada después de una emboscada durante una misión. Hiashi Hyūga se encontraba de pie junto a Neji, su rostro pétreo y su Byakugan inactivo pero aún intimidante.

 

"Neji." la voz de Hiashi era fría y acusadora. "¿Cómo permitiste que Hinata sufriera heridas de esta magnitud? Tu deber es protegerla por encima de todo."

 

Neji permaneció en silencio, su orgullo herido pero su postura respetuosa. "Fallé en mi deber, Hiashi-sama. Asumo la responsabilidad."

 

Hiashi entrecerró los ojos. "Recuerda tu promesa, Neji. La promesa que hiciste para que Hanabi no llevará el sello. Si quieres que siga honrando ese acuerdo, debes cumplir tu trabajo sin fallas. La seguridad de Hinata es primordial."

 

Hiashi se marchó sin dirigirle una mirada a Shikamaru, quien esperaba en silencio al otro lado de la habitación. Cuando el líder del clan Hyūga se había ido, Shikamaru se acercó a Neji y lo abrazó con fuerza, sintiendo la tensión en sus músculos.

 

"Lo siento, Neji." murmuró Shikamaru, besando suavemente su sien. "No debiste pasar por eso."

 

Neji se aferró a él, su voz apenas un susurro lleno de una antigua angustia. "Cuando éramos niños... El consejo también quería ponerle el sello a Hanabi. Decían que su habilidad y su potencial eran perfectos para convertirla en otra guardiana de Hinata, junto a mí. Pero Hanabi y yo... Nos comprendíamos. Éramos como hermanos. Supliqué a Hiashi-sama, rogué que no la condenaran a esa vida. Dije que yo sería su guardia... Qué yo protegería a ambas."

 

Las palabras de Neji quebraron el corazón de Shikamaru. Lo abrazó aún más fuerte, besando sus labios con ternura. "Lo hiciste por amor, Neji. Siempre lo hiciste todo por amor."

 

Neji cerró los ojos, lágrimas silenciosas resbalando por sus mejillas. "Perdóname, Shikamaru. Perdóname por hacerte sufrir, por verme castigado, por tener un destino tan cruel. Te amo... Eres lo mejor que me ha pasado en la vida, aparte de Hanabi y mi ruidoso equipo."



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Shikamaru volvió a la realidad, la imagen de Neji en sus brazos aún vívida en su mente. Miró a Hanabi, cuyo rostro reflejaba una creciente comprensión.

 

— Él lo hizo por ti, Hanabi. —, dijo Shikamaru suavemente. — Suplicó, luchó para que tú no tuvieras que llevar esa marca. Su lealtad hacia Hinata era inquebrantable por el amor de un día liberar al clan de esa marca, sí, pero su amor por ti era igual de fuerte. Quería protegerte a su manera. Y al final... Lo hizo. —

 

Los ojos de Hanabi se llenaron de lágrimas, una mezcla de dolor y una comprensión tardía brillando en su Byakugan desactivado. Nunca había entendido completamente la magnitud del sacrificio de Neji, la verdadera razón detrás de su estoicismo inquebrantable y su dedicación casi fanática a Hinata. Siempre había asumido que era su deber como miembro de la rama secundaria, una obligación impuesta por el sello. Ahora, las palabras de Shikamaru pintaban un cuadro mucho más complejo, teñido de un amor fraternal profundo y una determinación silenciosa.

 

— Él... Él hizo eso por mí… —, susurró Hanabi, su voz quebrándose por la emoción. — Todo este tiempo... Pensé que era solo por Hinata-nee-san y el clan. —

 

Shikamaru asintió lentamente, su mirada llena de una tristeza comprensiva. — Él te quería mucho, Hanabi. Ustedes dos compartían un vínculo especial, una comprensión tácita que iba más allá de las rígidas divisiones de su clan. Ver el potencial que tenías, la brillantez que poseías, lo aterraba la idea de que fueras encadenada de la misma manera que él. —

 

Hanabi se llevó una mano a la boca, reprimiendo un sollozo. La realización la golpeó con la fuerza de un puñetazo. Neji no solo había cumplido con su deber, sino que había luchado silenciosamente por su libertad, cargando con un peso aún mayor para asegurarse de que ella no sufriera el mismo destino.

 

— Nunca lo supe. — murmuró, las lágrimas ahora cayendo libremente por sus mejillas. — Siempre fue tan reservado... Nunca dijo nada. —

 

— Neji era así. — respondió Shikamaru con una pequeña sonrisa melancólica. — Sus acciones siempre hablaron más que sus palabras. Su lealtad era inquebrantable, y su amor... Su amor era un escudo silencioso que nos protegía a ambos. —

 

Un largo silencio se extendió entre ellos, roto solo por los sollozos suaves de Hanabi y el susurro del viento entre las hojas del cerezo. Shikamaru esperó pacientemente, dándole espacio para procesar la revelación.

 

Finalmente, Hanabi levantó la vista, sus ojos ahora llenos de una nueva determinación. — Entonces... Entonces tengo que hacer algo. Por él. Por su sacrificio. No puedo permitir que su lucha haya sido en vano. —

 

Shikamaru la miró con una chispa de esperanza encendiéndose en sus ojos oscuros. — Lo sé, Hanabi. Tú tienes la fuerza para hacerlo. Siempre la has tenido. Solo necesitabas ver la verdadera razón por la que Neji cargó con ese peso. —

 

Hanabi asintió con firmeza, limpiándose las lágrimas con el dorso de la mano. — Cambiaré el clan, Shikamaru-san. Lo juro. Por Neji, por todos los que han sufrido bajo ese sello. Haré que su sacrificio signifique algo más. —

 

Una sensación de alivio, la primera en mucho tiempo, recorrió a Shikamaru. Tal vez, solo tal vez, el legado de Neji trascendería su muerte, ya sean sembrando las semillas de un futuro más justo dentro del clan Hyūga. Y aunque el dolor de su pérdida siempre permanecería, la idea de que su sacrificio protegería a la persona que él tanto amaba, más allá de las obligaciones impuestas, ofrecía un pequeño consuelo en medio de la oscuridad. El sol continuó ascendiendo en el cielo, iluminando la tumba de Neji, ahora bañada no solo por la luz, sino también por la promesa silenciosa de un cambio venidero.



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Unos días después, la oficina del Hokage se llenó de una tensión palpable. Kakashi, con su rostro sereno, observaba a los miembros del consejo del clan Hyūga, a Hiashi con su porte severo, a Hinata acompañada de un Naruto visiblemente incómodo, y a Hanabi, cuya mirada irradiaba una determinación inusual. La joven Hyūga había solicitado esta reunión, y el aire estaba cargado de una expectación silenciosa.

 

— Padre. —, comenzó Hanabi, su voz clara y firme, rompiendo el silencio. Sus ojos se clavaron en Hiashi, desafiando su autoridad como líder del clan. — He solicitado esta reunión para cuestionar su decisión con respecto a la posición de heredera del clan Hyūga. —

 

Hiashi la miró con frialdad, su Byakugan inactivo pero su presencia imponente. — ¿Cuestionar mi decisión? Hanabi, has mostrado un crecimiento notable, pero tu falta de experiencia… —

 

— ¿Falta de experiencia? —, interrumpió Hanabi, su voz elevándose ligeramente. — O tal vez, ¿falta de voluntad para perpetuar tradiciones injustas? Al fin me he enterado de la verdad sobre Neji-niisan. El líder del clan Nara lo confesó. La condena que él llevó sobre sus hombros para protegerme de la misma. —

 

Un murmullo recorrió la sala. Hinata miró a su hermana con sorpresa, mientras Naruto notablemente incómodo. Los ancianos del consejo Hyūga fruncieron el ceño, visiblemente molestos por la audacia de Hanabi.

 

— Sí. —, continuó Hanabi, su mirada desafiante recorriendo a los presentes. — Al final, la verdad siempre sale a la luz. —

 

Kakashi intervino con su tono calmado. — Hiashi-sama, Hanabi-san ha solicitado esta audiencia. Permítale expresar sus preocupaciones. —

 

Hiashi suspiró con pesadez. — Se que el Hokage solo es un mediador aquí. Ya que este es un asunto interno del clan Hyūga. —

 

Varios miembros del consejo intentaron reprender a Hanabi por su falta de respeto hacia su padre y las tradiciones del clan, pero ella los ignoró, su atención fija en Hiashi. El silencio incómodo se prolongó hasta que el líder del clan Hyūga cedió.

 

— Prosigue, Hanabi. —

 

Tras un intercambio tenso y sin resoluciones claras, el consejo Hyūga, con un Hiashi visiblemente irritados, y molestos dentro de la oficina del Hokage. Hinata se acercó a Hanabi, con la intención de reprenderla por su confrontación con su padre. 

 

— Hanabi. —, dijo Hinata con un tono suave pero ligeramente reprobatorio. — No debiste hablarle así a padre. Él solo… —

 

Antes de que pudiera terminar, Hanabi giró sobre sus talones y abofeteó a Hinata con fuerza, el sonido seco resonando en la habitación. Los ojos de Naruto se abrieron con sorpresa, y Hinata se llevó una mano a la mejilla, con el rostro enrojecido por el golpe y la incredulidad.

 

— ¡Cállate, Hinata-nene-san! — exclamó Hanabi, su voz temblaba de rabia contenida. — ¡Cállate con tu eterna sumisión y tu incapacidad para ver la verdad! Neji-niisan murió protegiéndote de un destino que él nunca quiso para mí. ¿Y tú qué haces? Sigues siendo la misma niña tímida y dependiente. ¡Madura de una vez! Ya no eres una niña. Es patético que te comportes así, ¡más aún siendo la futura esposa del futuro Hokage y la líder que guiará y defenderá esta aldea con su vida! —

 

Naruto estaba a punto de intervenir, pero una mirada de advertencia en los ojos de Hanabi lo detuvo. La tensión entre las hermanas era palpable, un volcán de emociones largamente reprimidas finalmente en erupción.



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Mientras esto sucedía, oculto en las sombras de un pasillo cercano, Shikamaru observaba la escena en secreto. La confrontación de Hanabi, la sorpresa de Hinata, la frustración del consejo... Todo encajaba en un patrón que comenzaba a tomar forma.

 

Estaban acurrucados bajo las estrellas en el complejo Nara, mucho antes de que la guerra se hubiera iniciado y la paz comenzará a sentirse intangible. Neji hablaba en voz baja, sus ojos mirando hacia el cielo nocturno.

 

"Shikamaru." dijo Neji, su voz seria pero suave. "Tengo un sueño... Un sueño que sé que será difícil de alcanzar, pero... Quiero terminar con la tradición de usar ese sello dentro del clan Hyūga. Quiero darles la libertad a todos... A todos los Hyūga de escoger sus destinos, de vivir como seres libres, sin estar enjaulados por un linaje o un deber impuesto desde el nacimiento."

 

Shikamaru lo abrazó con fuerza, besando su cabello oscuro. "Es un sueño problemático, Neji. Pero si alguien puede lograrlo, eres tú, además de que me tienes a mi a tu lado el mejor estratega de nuestra generación."

 

Neji se giró y lo miró a los ojos, su mirada aperlada llena de una determinación silenciosa. "Tal vez no yo solo. Pero con tu inteligencia... juntos, tal vez podamos encontrar una manera."



Shikamaru entrecerró los ojos, una leve sonrisa curvando sus labios. «Neji» , pensó, «Tu sueño está avanzando. Lentamente, dolorosamente, pero está avanzando. Hanabi tiene la fuerza. Solo necesitaba la verdad para encender la chispa. El plan para destruir desde dentro al viejo consejo Hyūga y su maldita condena hacia los "Esclavos" del clan Hyūga... Estaba en marcha.»  



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La atmósfera en la oficina del Hokage se había espesado, cada respiración parecía cargada de una tensión eléctrica. Hanabi, con la mejilla de Hinata aún roja por el impacto de su mano, se giró hacia Kakashi, su mirada firme e inquebrantable.

 

— Hokage-sama. —, dijo Hanabi, su voz resonando con una determinación que contrastaba con su juventud. — Solicito formalmente una contienda por el liderazgo del clan Hyūga. —

 

Kakashi, con su ojo visible escrutando la intensidad en la mirada de la joven Hyūga, asintió lentamente. — ¿Y a quién va dirigida esta solicitud de contienda, Hanabi-san? —

 

Los ojos de Hanabi se clavaron en Hiashi, cuyo rostro permanecía impávido, aunque una sombra de sorpresa cruzó fugazmente su expresión. — Va dirigida a mi padre, Hiashi Hyūga-sama. Pelearé contra él por la posición de líder del clan. —

 

Un jadeo colectivo recorrió la sala. Hinata se encogió aún más bajo la mirada de su hermana, una profunda vergüenza tiñendo su rostro. Los ancianos del consejo Hyūga murmuraban entre sí, indignados por la audacia de Hanabi.

 

— No sería capaz de pelear contra Hinata-nene-san. —, continuó Hanabi, su voz ahora cargada de un matiz de desdén. — Ella... Ella no lo vale. —

 

Las palabras de Hanabi fueron como un latigazo para Hinata, cuyo rostro se encendió de una vergüenza aún mayor. Bajó la cabeza, sintiendo el peso de la mirada de todos sobre ella.

 

En ese instante, la puerta se abrió nuevamente, revelando a Sasuke y Sakura. Sakura, con su aguda percepción médica, notó de inmediato la marca roja en la mejilla de Hinata.

 

— ¿Qué ha pasado aquí? —, preguntó Sakura, su tono preocupado mientras se acercaba a su amiga.

 

Hanabi tomó la palabra antes de que nadie más pudiera responder. — En los próximos días se sabrán noticias importantes con respecto al liderazgo del clan Hyūga. Y advierto a Hinata-nene-san… —, dijo, girándose para mirar directamente a su hermana, sus ojos llenos de una fría determinación. — No te interpongas en esta decisión. Si deseas seguir ostentando la posición de heredera, no dudaré en presentar también una solicitud de reclamo contra ti. —

 

La amenaza velada colgó pesadamente en el aire, dejando a Hinata temblando y a Hiashi a punto de explotar. Sasuke permaneció en silencio, observando la dinámica familiar con su habitual intensidad.

 

Mientras la tensión en la oficina del Hokage alcanzaba su punto álgido, Shikamaru, aún oculto en las sombras del pasillo, observaba la escena con una mezcla de satisfacción y cautela. «Hanabi tiene la determinación» , pensó. La verdad sobre Neji finalmente ha encendido su espíritu de lucha.

 

En otro rincón de la aldea días después, Tenten y Rock Lee, quienes habían escuchado rumores sobre la confrontación en la oficina del Hokage y siempre habían conocían el secreto del amor entre Shikamaru y Neji, encontraron al estratega Nara cerca de la tumba de su amado.

 

— Shikamaru. —, dijo Tenten con cautela, su rostro reflejando preocupación.

 

— ¿Todo esto…? ¿Es parte de tu plan? —, preguntó Rock Lee directamente, sus ojos llenos de una intensidad inquisitiva. — ¿Para cumplir el sueño de Neji? —

 

Shikamaru los miró, una leve sonrisa curvando sus labios. — Mi perla… Mi canario al fin libre, tenía un sueño muy noble. Y a veces, para desmantelar una casa podrida hasta sus cimientos, se necesitan movimientos problemáticos desde dentro. —

 

Tenten se arrodilló junto a Shikamaru, su mirada comprensiva. — Siempre admiré la determinación de Neji. Incluso bajo esa fachada estoica, se notaba su anhelo por un Clan Hyūga más justo. —

 

Rock Lee asintió con vehemencia, sus ojos brillantes con una mezcla de tristeza y respeto. — ¡Su espíritu era tan fuerte como su taijutsu! ¡Siempre luchó con todo su ser, por sus ideales y por sus seres queridos! —

 

Shikamaru suspiró, su mirada perdida en la distancia. — Él... Él veía la injusticia del sello más claramente que nadie. Lo había vivido en carne propia. Cada vez que veía a los miembros de la segunda rama, especialmente a Hanabi, sentía una punzada de rabia e impotencia. —



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Estaban sentados en el campo de entrenamiento, observando a los jóvenes genin practicar sus katas. Neji, con su Byakugan activado, corregía los movimientos de un niño de la rama secundaria con una paciencia sorprendente.

 

"Mira, Shikamaru.", había dicho Neji en voz baja, señalando al niño. "Tiene un talento increíble, una fluidez natural. Pero su mirada... Siempre hay una sombra de resignación en sus ojos. Sabe que su destino ya está escrito."

 

Shikamaru había suspirado, comprendiendo la frustración en la voz de su amante. "Es una tradición estúpida y arcaica. Condenar a gente por su linaje... No tiene sentido."

 

Neji se había girado hacia él, sus ojos aperlados llenos de una intensidad apasionada. "Mi sueño... Mi verdadero sueño es ver el día en que ese sello desaparezca para siempre. Quiero que todos los Hyūga, sin importar su rama, tengan la libertad de elegir sus propios caminos, de vivir sin el peso de una obligación impuesta. Quiero que Hanabi... Quiero que nadie más sufra lo que yo estoy sufriendo."

 

Shikamaru había tomado su mano, apretándola con firmeza. "Lo lograremos, Neji. Encontraremos una manera."



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Una leve sonrisa melancólica curvó los labios de Shikamaru. — Siempre fue tan idealista, a pesar de su realismo en la batalla. Soñaba con un clan Hyūga unido por el respeto y la libertad, no por el miedo y la opresión. —

 

Tenten asintió, sus ojos llenos de determinación. — Entonces debemos honrar su sueño, Shikamaru. Apoyaremos a Hanabi en lo que necesite. —

 

Rock Lee apretó el puño contra su pecho. — ¡Por Neji! ¡Lucharemos con la llama de la juventud ardiendo en nuestros corazones para ver su visión hecha realidad! —

 

Shikamaru los miró, una calidez genuina reemplazando por un momento la tristeza en sus ojos. — Gracias, chicos. Sabía que podía contar con ustedes. — Volvió su mirada hacia la tumba de Neji, el viento susurrando suavemente entre los lirios blancos. — Tu sueño está en buenas manos, problemático. Lo haremos realidad. Por ti.



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El campo de entrenamiento del clan Hyūga se había convertido en una arena improvisada, rodeada por los miembros del clan, sus Byakugan activados, observando con una mezcla de asombro e incredulidad. En el centro, Hanabi y Hiashi se enfrentaban, la tensión palpable como una cuerda tensa a punto de romperse. El aire vibraba con la intensidad de sus chakras.

 

Hiashi, con su porte marcial impecable, adoptó la postura de combate del Puño Suave, sus ojos blancos fijos en su hija menor. 

 

— Hanabi. —, su voz era grave, cargada de una mezcla de decepción y advertencia. — Esto es una locura. Retrocede ahora y olvidaremos esta insolencia. —

 

Hanabi no vaciló. Sus propios ojos, aunque más jóvenes, brillaban con una determinación feroz, imitando la intensidad de su Byakugan. — No puedo, padre. No después de saber la verdad. No después del sacrificio de Neji-niisan. —

 

Su postura era firme, cada músculo de su cuerpo preparado para la batalla.

 

El enfrentamiento comenzó con una explosión de velocidad. Ambos Hyūga se movieron como fantasmas blancos, sus puños y Palmas de Ocho Trigramas chocando en una danza vertiginosa de chakra. Los golpes resonaban como truenos sordos, cada impacto llevando consigo la fuerza suficiente para destrozar la roca. La precisión de sus ataques era milimétrica, buscando los puntos vitales del cuerpo del oponente con una habilidad perfeccionada durante generaciones.

 

Hiashi, con su vasta experiencia y poderío, ejercía una presión implacable, sus ataques buscando abrumar la defensa de Hanabi. Pero la joven Hyūga se movía con una agilidad sorprendente, esquivando y redirigiendo los golpes con una intuición que asombraba a los presentes. Su Byakugan escrutaba cada movimiento de su padre, anticipando sus ataques con una claridad asombrosa.

 

A medida que la pelea se intensificaba, la frustración comenzaba a aparecer en el rostro de Hiashi. La velocidad y la ferocidad de Hanabi eran inesperadas, impulsadas por una convicción que trascendía el mero deseo de poder. Cada uno de sus golpes llevaba consigo el peso del sacrificio de Neji, la rabia contra la injusticia, la esperanza de un futuro diferente para su clan.

 

Hinata observaba desde el borde del campo de entrenamiento, su rostro pálido y sus manos temblorosas. El poderío desplegado por su hermana y su padre la aterraba. Nunca había presenciado una confrontación tan brutal dentro de su propio clan. Naruto estaba a su lado, su mano reconfortante en su hombro, su rostro mostrando una preocupación palpable.

 

En las sombras de los árboles circundantes, Shikamaru, Tenten y Rock Lee presenciaban la batalla en secreto. Los ojos de Shikamaru analizaban cada movimiento, cada estrategia, con una calma tensa.

 

— Increíble. —, murmuró Tenten, sus ojos siguiendo la danza mortal de los Hyūga. — Hanabi ha mejorado muchísimo. —

 

— ¡Su espíritu arde con la intensidad de mil soles! —, exclamó Rock Lee, sus puños apretados con admiración.

 

Shikamaru permaneció en silencio, su mente trabajando a mil por hora. Cada golpe de Hanabi es un paso más hacia la libertad que Neji anhelaba, pensó. Las viejas estructuras se tambalean.

 

El clímax llegó en un intercambio cegador de golpes. Hanabi, aprovechando un breve descuido de su padre, lanzó una ráfaga de Palmas de Ocho Trigramas acompañado del ataque de “Danza de la Flor Silvestre” con una precisión y una fuerza inauditas.

 

Hiashi intentó bloquear, pero la velocidad y la potencia del ataque lo tomaron por sorpresa. Uno de los golpes impactó directamente en un punto vital de su pecho.

 

Hiashi se tambaleó hacia atrás, su respiración entrecortada, un hilo de sangre resbalando por la comisura de sus labios. Sus ojos, antes llenos de autoridad, ahora reflejaban un dolor y una sorpresa incrédulos. Cayó de rodillas, incapaz de mantener la compostura.

 

Un murmullo de shock recorrió a los miembros del clan. Nunca habían visto a su líder, el formidable Hiashi Hyūga, ser derrotado de una manera tan contundente.

 

Hanabi se quedó inmóvil, su respiración agitada, su Byakugan aún activo, observando a su padre con una mezcla de triunfo y un atisbo de arrepentimiento.

 

Varios miembros del clan corrieron a auxiliar a Hiashi, quien yacía en el suelo, visiblemente debilitado. La noticia se extendió como la pólvora: el líder del clan Hyūga había sido derrotado en combate por su propia hija menor y se encontraba en estado grave.

 

Hinata observaba la escena con los ojos muy abiertos, el miedo atenazándola. La brutalidad del enfrentamiento y la caída de su padre la habían dejado en shock.

 

Shikamaru entrecerró los ojos, una sensación fría recorriéndole la espalda al ver la gravedad de las heridas de Hiashi. «Las piezas se mueven» , pensó, pero el tablero de juego se ha vuelto más peligroso de lo que anticipé. Los primeros brotes del plan de Neji habían florecido, pero el jardín que buscaban cultivar aún estaba lejos de ser seguro.

 

Hiashi, con la respiración entrecortada y el rostro pálido, logró levantar la mirada hacia Hanabi, quien permanecía estoica sobre él. Su Byakugan, aunque atenuado por el dolor, aún escrutaba a su hija con incredulidad.

 

— Ese movimiento… —, jadeó Hiashi, su voz apenas un susurro áspero. — Esa técnica... ¿Quién... Quién te la enseñó? —, sus ojos se entrecerraron con un esfuerzo por recordar, por comprender lo que acababa de presenciar. — Es... Sagrada... Oculta. Solo... Hizashi... Mi difunto... Dulce hermano gemelo... La conocía. —, una sombra de dolor y un recuerdo fugaz nublaron su mirada.

 

Hanabi lo observó sin rastro de triunfo, solo una firmeza inquebrantable en sus ojos. — Neji-niisan me la enseñó. —

 

Un murmullo de sorpresa recorrió a los miembros del clan que rodeaban a su líder caído. ¿Neji conocía una técnica secreta perteneciente a Hizashi Hyūga,  su difunto padre encargado de la rama secundaria que había sacrificado su vida por la rama principal?

 

— ¿Neji? —, repitió Hiashi con incredulidad, su voz débil. — ¿Cómo...? —

 

— Él lo encontró en viejos libros y pergaminos de su difunto padre, tu hermano, mi tío. —, explicó Hanabi, su voz clara y resonante. — Los descubrió después de su muerte. Neji-niisan dijo que era una técnica hermosa y poderosa, pero también peligrosa si caía en las manos equivocadas. Juró enseñársela solo a alguien en quien confiara plenamente. Confió en mí, padre. Así como en su momento Hizashi-sama iba a confiar en ti. Pero por culpa del consejo y tu avaricia lo traicionaste. —

 

En las sombras de los árboles, la mente de Shikamaru retrocedió en un recuerdo fugaz.



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Estaban en un claro apartado del campo de entrenamiento, la luz del sol filtrándose entre las hojas. Neji, con una expresión de concentración serena, movía sus manos con una gracia etérea, el chakra fluyendo a su alrededor como una seda blanca. La técnica era delicada pero poseía una fuerza latente, como una flor que esconde espinas afiladas.

 

"Es el 'Golpe de la Flor Silvestre'." , había explicado Neji en voz baja, sus ojos brillando con un orgullo contenido. "Mi padre me mostró los fundamentos antes de... Antes de que se fuera. Siempre dijo que era una técnica que requería un corazón puro y una mente enfocada para dominarla."

 

Luego, la escena se desvaneció y Shikamaru recordó a Neji enseñándole los mismos movimientos a Hanabi, su paciencia infinita, corrigiendo cada pequeño detalle, transmitiendo la belleza y la letalidad de la técnica con una dedicación amorosa.



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Shikamaru entrecerró los ojos, la comprensión asentándose en su mente. Neji no solo había querido proteger a Hanabi de la jaula del sello, sino que también le había legado un arma secreta, una herencia de su padre, confiando en su fuerza y su rectitud para usarla en el momento adecuado. 

 

Y ese momento, aparentemente, había llegado. El legado de Hizashi, a través de Neji, se había manifestado en la derrota de Hiashi, marcando un punto de inflexión en la historia del clan Hyūga.



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La derrota de Hiashi resonó por todo el complejo Hyūga como el golpe de una campana fúnebre para las viejas costumbres. El consejo, reunido de urgencia y con sus rostros lívidos, no tuvo más opción que reconocer la victoria de Hanabi. Las reglas de la contienda eran claras, y la joven Hyūga había ganado de manera innegable, demostrando una fuerza y una habilidad que nadie, ni siquiera ellos, habían anticipado.

 

Con Hiashi postrado en el hospital, su autoridad temporalmente suspendida, el consejo, aunque reacio, accedió a la solicitud de Hanabi de convocar una audiencia con todo el clan para el día siguiente. 

 

La noticia corrió como la pólvora, generando una mezcla de expectación, temor y una silenciosa esperanza entre los miembros de la rama secundaria.

 

Esa misma tarde, bajo la tenue luz de las lámparas de papel en el tranquilo complejo Nara, Hanabi se reunió con Shikamaru. Su rostro aún mostraba rastros de la batalla, pero sus ojos brillaban con una determinación recién descubierta.

 

— Shikamaru-san. —, comenzó Hanabi, su voz ahora más grave y segura. — Necesito tu consejo. ¿Cómo debo proceder ahora? —

 

Shikamaru, recostado perezosamente sobre un cojín, la observó con una sonrisa apenas perceptible. — Inteligente de tu parte buscar guía. Bien, Hanabi. Primero, debes actuar con decisión. Despide a los viejos concejales. Han demostrado ser obstáculos para el progreso y defensores de una tradición opresiva. Reemplázalos con jóvenes de ambas ramas del clan, aquellos que tengan una visión de futuro y comprendan la necesidad de un cambio. —

 

Hanabi asintió, absorbiendo cada palabra. — Entiendo. Debo consolidar mi poder. —

 

— Exacto. —, continuó Shikamaru. — Una vez que tengas un consejo leal, debes cortar de raíz la fuente de su poder. Habla con todos los concejales, los nuevos y decreta una prohibición total de acceso al pasillo secreto del clan Hyūga, donde se encuentra la técnica prohibida del Sello del Ave Enjaulada. Asegúrate de que comprendan las consecuencias de desobedecer. —

 

Mientras Hanabi asimilaba esta información, Shikamaru añadió con un tono estratégico: — Y hay un último paso, uno delicado pero crucial. —

 

Poco después, en el salón apartado del complejo Nara, Sasuke Uchiha, con su aura de poder tranquilo y misterioso, se encontraba frente a Shikamaru y Hanabi.

 

— Hanabi-san, Shikamaru. —, dijo Sasuke, su Sharingan girando brevemente en sus ojos carmesí. — ¿Cómo puedo ayudarlos? —

 

Hanabi dio un paso adelante, su mirada seria. — Necesitamos un favor que solo alguien con tu poder ocular puede concedernos, Sasuke-san. —

 

Shikamaru tomó la palabra. — Queremos que uses tu Sharingan para dañar los recuerdos específicos de cómo activar y usar el jutsu del Ave Enjaulada en la mente de los viejos concejales y de aquellos que aún saben cómo realizarlo. —

 

La sorpresa cruzó brevemente el rostro de Sasuke. — Un borrado selectivo de memoria... Un jutsu peligroso y delicado. —

 

— Es necesario. —, replicó Hanabi con firmeza. — Es la única forma de asegurar que esa técnica opresiva muera con la vieja guardia. Entre aquellos cuyos recuerdos deben ser alterados... Se encuentran mi padre, Hiashi-sama... Y mi hermana, Hinata-nene-san. —

 

El silencio en la sala se hizo denso, cargado con el peso de la decisión. Sasuke observó a Hanabi y luego a Shikamaru, su Sharingan analizando la determinación en sus ojos. El plan para desmantelar el corazón mismo de la opresión Hyūga, urdido en secreto bajo la sombra del duelo, estaba a punto de dar un paso audaz y potencialmente irreversible.



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El salón de reuniones del clan Hyūga bullía con una tensión palpable. Miembros de la rama principal y secundaria llenaban la estancia, sus Byakugan escrutando con incertidumbre a los seis jóvenes concejales elegidos por Hanabi, quienes se encontraban de pie frente a los ancianos del antiguo consejo. Detrás de Hanabi, dos figuras encapuchadas permanecían en silencio, irradiando un aura de misterio y poder. Uno era Sasuke, su Sharingan oculto bajo el manto, el otro, Shikamaru, su mirada analítica recorriendo a la multitud.

 

Hanabi avanzó hacia el centro del salón, su porte ahora imponente, su voz resonando con autoridad.

 

— Miembros del clan Hyūga. —, comenzó, su mirada recorriendo a ambas ramas. — Hoy marca un nuevo comienzo para nosotros. Durante generaciones, hemos estado divididos por una tradición cruel e injusta: el Sello del Ave Enjaulada. Hoy, juro ante todos ustedes que esa tradición... Termina. —

 

Un murmullo recorrió la sala, cargado de sorpresa y una creciente expectación. Los ancianos del antiguo consejo se removieron inquietos, sus Byakugan brillando con hostilidad.

 

— Para asegurar que esta abominación nunca más vuelva a afligir a nuestro clan. —, continuó Hanabi, su voz firme como el acero. — Se utilizará un jutsu mental de borrado selectivo de memoria en todos los integrantes del clan Hyūga. El conocimiento de cómo activar y usar esa técnica... Será erradicado. —

 

En ese instante, una oleada de energía sutil recorrió la sala. Los miembros del clan se llevaron las manos a la cabeza, sintiendo una punzada extraña en sus memorias, un ligero temblor en sus pensamientos. En sus mentes, una advertencia silenciosa, pero inconfundible, resonó: un dolor agudo e insoportable se manifestaría cada vez que intentan recordar o utilizar el jutsu del Ave Enjaulada.

 

Los ancianos del antiguo consejo y algunos miembros recalcitrantes de la rama principal se levantaron, sus Byakugan brillando con furia.

 

— ¡Insolente! ¡No tienes derecho a hacer esto! —, bramó uno de los ancianos. — ¡Esta es una afrenta a nuestras tradiciones! —

 

— ¿Tradiciones? —, replicó Hanabi, su voz elevándose por encima del clamor. Sus propios Byakugan se activaron, irradiando una intensidad helada. — Tradiciones construidas sobre la opresión y el sufrimiento. Yo soy la líder ahora, y el futuro de este clan será construido sobre la igualdad y la libertad. —

 

Con un movimiento rápido y preciso, Hanabi desató una ráfaga de su Puño Suave avanzado, golpeando puntos de presión clave en los ancianos más vociferantes. Cayeron al suelo, paralizados y sin aliento, sus intentos de resistencia sofocados antes de que pudieran comenzar.

 

El resto del clan observó en silencio, el poderío recién descubierto de Hanabi y la presencia imponente de las dos figuras encapuchadas detrás de ella silenciando cualquier intento de rebelión. El mensaje era claro: El viejo orden había terminado, y Hanabi era la arquitecta del nuevo futuro del clan Hyūga. 

 

El sueño de Neji, silenciosamente cultivado en las sombras, finalmente comenzaba a florecer a la luz del día.

 

Un silencio se cernió sobre el salón, pesado con la incredulidad y con la nueva realización. Lentamente, los miembros de la rama secundaria comenzaron a levantar sus manos hacia sus frentes, donde durante generaciones había residido la marca de su subyugación. Sus dedos trazaban los contornos invisibles del sello, una cicatriz espiritual más profunda que cualquier marca física.

 

En sus mentes, el eco de la advertencia persistía, una promesa de dolor ante cualquier intento de invocar la vieja servidumbre. Pero sobre ese temor, una nueva sensación comenzaba a florecer: la libertad.

 

Una ligereza desconocida invadía sus corazones, la paz y tranquilidad de que sus destinos ya no estaban irrevocablemente ligados a la voluntad de la rama principal.

 

Lágrimas silenciosas comenzaron a brotar de sus ojos, lágrimas de alivio, de gratitud largamente contenida, de la esperanza de un futuro que por fin les pertenecía. Un anciano de la segunda rama, con su rostro marcado por años de sumisión, cayó de rodillas, sus manos temblorosas cubriendo su rostro.

 

— Libres… —, susurró, su voz quebrándose por la emoción. — Finalmente... Somos libres. —

 

Uno a uno, otros miembros de la segunda rama se unieron a él, sus rostros iluminados por una dicha vacilante pero genuina. Miradas agradecidas se dirigieron hacia Hanabi, quien permanecía en el centro del salón, su Byakugan ahora desactivado, su rostro mostrando una mezcla de determinación y una profunda satisfacción.

 

Una joven Hyūga de la segunda rama, con sus ojos llenos de lágrimas brillantes, se adelantó vacilante. — Hanabi-sama... No tenemos palabras para agradecerle. — Su voz temblaba. — Por Neji-sama... Él siempre soñó con este día. —

 

Un murmullo de asentimiento recorrió la multitud. Los nombres de Hanabi y Neji se elevaron en susurros reverentes, una plegaria silenciosa de gratitud hacia aquellos que habían luchado por su liberación.

 

— Neji-niisan… —, dijo Hanabi, su voz ahora suave y cargada de emoción, mirando hacia un punto invisible en el salón. — Espero que puedas ver esto. Tu sacrificio no fue en vano. Tu sueño... Finalmente comienza a hacerse realidad. —

 

Un sentimiento colectivo de duelo y liberación inundó el salón. La memoria de Neji, el genio caído que había anhelado la igualdad por encima de todo, se convirtió en un faro de esperanza para el futuro del clan Hyūga. En ese momento trascendental, la división ancestral que los había marcado durante generaciones comenzó a desvanecerse, reemplazada por la promesa de una unidad forjada en la libertad y el respeto mutuo.  

 

El legado del " pájaro enjaulado " finalmente comenzaba a volar libre.



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En silencio, Hanabi, flanqueada por las dos figuras encapuchadas, se dirigió al hospital de Konoha. El aire en los pasillos olía a desinfectante y preocupación. Al llegar a la habitación de Hiashi, encontraron a Hinata y Naruto sentados junto a su cama, sus rostros reflejando una mezcla de inquietud y tristeza. Hiashi yacía pálido, con vendas cubriendo parte de su torso, sus ojos cerrados.

 

Hinata y Naruto se levantaron al verlos entrar. La sorpresa y una pizca de aprehensión se reflejaron en sus rostros.

 

— Hanabi. — dijo Hinata suavemente. — ¿Qué sucede? ¿Cómo está el clan? —

 

Hanabi avanzó con determinación hacia la cama de su padre. Sus ojos, aunque llenos de una pizca tristeza, también irradiaban una firmeza inquebrantable. — Padre. —, dijo, su voz clara pero sin rastro de la antigua sumisión. — Necesitas saber lo que ha ocurrido en la reunión del clan. —

 

Hiashi abrió lentamente los ojos, su mirada aún débil pero inquisitiva.

 

Hanabi les explicó la decisión unánime de los nuevos concejales y el apoyo de la mayoría del clan para abolir el Sello del Ave Enjaulada. Describió la liberación sentida por la rama secundaria y el inicio de una nueva era de igualdad.

 

Hinata escuchó en silencio, su rostro palideciendo gradualmente a medida que comprendía la magnitud del cambio. Naruto permaneció a su lado, su mano ofreciendo un apoyo silencioso.

 

— Sé que tú, Hinata-nene-san. —, continuó Hanabi, su mirada ahora fija en su hermana. — Conoces los intrincados sellos y la forma de activar el jutsu del Ave Enjaulada. Fuiste entrenada para ello, como heredera. —

 

Hinata asintió lentamente, sus ojos lilas llenos de una creciente angustia.

 

— Por el bien del futuro del clan. —, prosiguió Hanabi, su voz ahora desprovista de toda vacilación. — Y para asegurar que esta abominación nunca resurja, también requerimos que tanto tú como padre se sometan al jutsu mental de borrado selectivo de memoria. —

 

En ese instante, Hinata se tambaleó, llevándose una mano a la cabeza con una expresión de dolor repentino. Hiashi gimió levemente, sus párpados apretados. La sutil pero inconfundible oleada de energía mental los había alcanzado.

 

— ¿Qué... qué está pasando? — susurró Hinata, su rostro contorsionado por el malestar.

 

Hanabi los observó con una determinación inquebrantable, aunque una sombra de tristeza cruzó levemente sus ojos. — Como la nueva líder del clan Hyūga, con el apoyo unánime de los nuevos concejales y la voluntad de la mayoría de nuestro clan, este es el nuevo futuro. Un futuro donde nadie más sufrirá bajo el peso de una tradición cruel. Un futuro donde todos los Hyūga... Finalmente serán libres. —

 

El silencio se apoderó de la habitación, roto solo por las respiraciones entrecortadas de Hiashi y los débiles gemidos de Hinata. Naruto apretó la mandíbula, su mirada oscurecida por la ira ante lo que consideraba una invasión de la mente de su esposa. Sin embargo, la firmeza en los ojos de Hanabi y la presencia silenciosa de los dos encapuchados lo mantenían en un tenso estado de espera.

 

— Hanabi. —, dijo Hinata con voz débil, su rostro pálido. — ¿Cómo puedes hacernos esto? Somos tu familia… —

 

— Precisamente porque somos familia, Hinata-nene-san. —, respondió Hanabi, su voz cargada de una tristeza ineludible. — Una familia que ha estado dividida y herida durante demasiado tiempo por una tradición bárbara. Este es el único camino para sanar esas heridas, para asegurar que las futuras generaciones de nuestro clan no conozcan el yugo de la opresión. —

 

Sus ojos se posaron en su padre, cuyo rostro mostraba una mezcla de dolor físico y una creciente comprensión. — Padre, sé que esto es difícil de aceptar. Pero reflexiona sobre el sacrificio de Hizashi-sama, sobre el sufrimiento de Neji-niisan. ¿No merecen que su sacrificio signifique un verdadero cambio? ¿No merece nuestro clan un futuro donde la libertad no sea un privilegio, sino un derecho? —

 

Hiashi permaneció en silencio durante un largo momento, su mirada perdida en el techo. Finalmente, suspiró con pesadez, una derrota silenciosa reflejada en sus ojos. — Parece... Qué la voluntad del tiempo... Ha tomado un nuevo curso. —

 

Naruto dio un paso adelante, su chakra comenzando a agitarse ligeramente. — Hanabi, entiendo tu deseo de un cambio, pero dañar la memoria de Hinata... Eso es ir demasiado lejos. —

 

Antes de que Hanabi pudiera responder, la figura encapuchada junto a ella, dio un paso adelante, su mirada fría bajo el manto. Su mirada penetrante se clavó en Naruto. — Este es un asunto interno del clan Hyūga, Uzumaki. Nuestra intervención es solo para asegurar que la voluntad de la nueva líder se cumpla sin derramamiento de sangre innecesario. — Su tono era frío y definitivo, dejando poco espacio para la discusión.

 

Naruto apretó los puños, pero la presencia imponente de los encapuchados y la determinación inquebrantable en los ojos de Hanabi lo hicieron retroceder. Sabía que interferir directamente podría desencadenar un conflicto aún mayor.

 

Hanabi volvió su atención a Hinata, su voz ahora más suave, casi apologética. — Lo siento, hermana. Sé que esto duele. Pero confío en que, con el tiempo, comprenderás que esta es la única manera de romper las cadenas que nos han atado durante tanto tiempo. Por Neji. Por todos nosotros. —

 

El silencio volvió a reinar en la habitación, cargado con el peso de las decisiones irrevocables. La nueva era del clan Hyūga había comenzado, forjada en el dolor del pasado y la esperanza de un futuro libre, incluso si eso significaba borrar una parte de su propia historia.



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Diez años después, el complejo del clan Hyūga había experimentado una transformación palpable. La atmósfera, antes cargada de una formalidad rígida y una jerarquía inquebrantable, ahora vibraba con una energía diferente, una sensación de libertad recién descubierta. Los jardines florecían con una diversidad de colores, reflejando la apertura que había llegado al corazón del clan.

 

Los miembros de la rama principal y secundaria entrenaban juntos, sus movimientos fluidos y coordinados, sin la sombra de la antigua división. Los niños Hyūga, con sus ojos aperlados llenos de curiosidad y potencial, aprendían sin el conocimiento de la marca opresiva que una vez había definido el destino de sus ancestros.

 

En las reuniones del clan, las voces eran diversas, las opiniones de todos los miembros valoradas por igual. Los jóvenes concejales elegidos por Hanabi habían demostrado ser líderes visionarios, implementando reformas que fortalecían los lazos internos y proyectaban al clan Hyūga hacia un futuro de colaboración y respeto mutuo con las demás aldeas.

 

Hanabi, ahora una líder joven pero sabia, observaba con una suave sonrisa una sesión de entrenamiento conjunta. Su Byakugan, maduro y poderoso, escrutaba el talento floreciente de cada miembro, sin distinción de su antigua rama. A su lado, Shikamaru, con su cabello ahora ligeramente más largo y canoso en las sienes, asentía con satisfacción.

 

— Mira, problemático. —, murmuró Shikamaru, su voz cargada de una nostalgia afectuosa, como si Neji pudiera escuchar. — Lo logramos. Tu sueño... Lo logramos. —

 

En ese momento, una anciana de la antigua segunda rama se acercó a Hanabi, su rostro arrugado surcado por una sonrisa cálida. 

 

— Hanabi-sama. —, dijo con una reverencia sincera. — Bajo su liderazgo, nuestro clan ha florecido como nunca antes. Ha traído la verdadera armonía que siempre anhelamos. —

 

Otros miembros del clan se acercaron, sus voces uniéndose en un coro de agradecimiento. 

 

— Hanabi-sama, usted ha sido la mejor líder del clan Hyūga en todos los años pasados. — 

 

— Gracias por liberarnos. — 

 

— Neji-sama estaría orgulloso. —

 

Hanabi escuchó sus palabras con humildad, sus ojos recorriendo los rostros llenos de esperanza. 

 

— Todo esto es gracias al coraje de Neji-niisan y a la visión que él siempre tuvo para nuestro clan. Yo solo he seguido su ejemplo. —

 

Mientras el sol de la tarde proyectaba largas sombras sobre el complejo Hyūga, iluminando un futuro donde la libertad y la igualdad eran la piedra angular de su comunidad, el legado de Neji Hyūga vivía en cada corazón liberado, en cada talento floreciente, en el rostro sonriente de cada miembro del clan. Su sacrificio no había sido en vano. Su sueño, finalmente, había echado raíces y florecido, transformando para siempre el destino del clan Hyūga.

 



 

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El tiempo, como la arena en un reloj cósmico, había seguido su curso inexorable. En el tranquilo complejo Nara, rodeado del susurro de los pinos ancestrales, Shikamaru exhaló su último aliento. Su cuerpo, marcado por las batallas y los años de liderazgo estratégico, finalmente encontró descanso. A su lado, con los ojos llenos de una profunda gratitud y tristeza, estaba Hanabi.

 

La ahora respetada líder del clan Hyūga tomó la mano fría de Shikamaru entre las suyas, sus dedos acariciando suavemente su piel arrugada. 

 

— Gracias, Shikamaru-san. —, susurró, las lágrimas brillando a la luz de las velas. — Gracias por tu guía, por tu sabiduría inquebrantable. Gracias por ayudarme a mantener vivo el sueño de Neji-niisan. El clan Hyūga es libre, florece en la igualdad que él tanto anhelaba. Tu legado vivirá en cada corazón de nuestro clan. —

 

En el instante final, una suave sonrisa se dibujó en los labios de Shikamaru, como si pudiera escuchar sus palabras. Y luego, la oscuridad lo envolvió, llevándolo a un nuevo reino.

 

Shikamaru se encontró en un espacio etéreo, bañado en una luz cálida y serena, un lugar donde los pensamientos danzaban como hojas en la brisa. Y allí estaba él.



Neji.

 

                Su pequeño canario.  

 

                                           Su hermosa perla. 



Su figura era la misma que recordaba, la juventud eterna grabada en sus facciones perfectas, sus ojos aperlados brillando con una intensidad familiar y un amor incondicional. Una sonrisa radiante iluminó su rostro al ver a Shikamaru.

 

— Shikamaru. —, su voz, tan añorada, resonó en el espacio onírico.

 

Un torrente de emociones embargó a Shikamaru. Corrió hacia Neji, acortando la distancia que los años y la muerte habían impuesto. Se abrazaron con fuerza, uniendo sus almas una vez más en un abrazo que trascendía los límites del mundo terrenal.

 

— Neji. —, susurró Shikamaru, las lágrimas brotando de sus ojos. — Te extrañé tanto. —

 

— Y yo a ti. —, respondió Neji, su agarre firme. Se separaron ligeramente, sus miradas entrelazadas. — ¿Lo hiciste? ¿Lograste...? —

 

Shikamaru asintió, una sonrisa orgullosa iluminando su rostro a través de las lágrimas. — Lo hicimos, Neji. Hanabi fue increíble. Desmanteló el viejo consejo, liberó a la segunda rama. El clan Hyūga es libre, tal como siempre lo soñaste. —

 

Neji sonrió, una alegría pura irradiando de él. — Sabía que ella podía hacerlo. Sabía que tú la guiarías. Gracias, Shikamaru. Gracias por no dejar morir mi sueño. —

 

Pasaron un tiempo indeterminado en aquel reino de ensueño, compartiendo historias, reviviendo recuerdos, sus corazones entrelazándose una vez más en el amor que la vida les había negado plenamente. Se abrazaron, se besaron con la intensidad de un anhelo eterno, encontrando consuelo y felicidad en su reencuentro.

 

Pero el tiempo, incluso en la tierra de los sueños, seguía su curso.  

 

Una suave luz comenzó a envolver a Neji, una señal de que su ciclo estaba llegando a su fin, que un nuevo comienzo lo esperaba.

 

— Es hora. —, dijo Neji, su voz llena de una dulce tristeza.

 

Shikamaru asintió, su corazón latiendo con un dolor familiar pero ahora teñido de esperanza. — Lo sé. —

 

Se tomaron de las manos, sus miradas fijas la una en la otra, grabando cada detalle en sus almas.

 

— Te esperaré, Shikamaru. —, susurró Neji, su luz haciéndose más brillante. — En cada vida, te buscaré. Juro que nos encontraremos de nuevo. Y la próxima vez... Seremos libres. Juntos . —

 

— Y yo a ti, Neji. —, respondió Shikamaru, sus lágrimas cayendo libremente. — Juro que te encontraré. Y finalmente... Seremos libres juntos.

 

Con una última mirada llena de amor eterno y una promesa silenciosa, Neji se desvaneció en la luz, listo para un nuevo ciclo de existencia. Shikamaru permaneció en aquel espacio onírico por un momento más, el eco de su amor resonando en el silencio, la certeza de un futuro reencuentro grabada en su alma. 

 

Y con esa esperanza como guía, también él se preparó para el siguiente viaje, llevando consigo el amor de Neji y la satisfacción de un sueño cumplido.






 

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El bullicio vibrante de Tokio en un día soleado de primavera envolvía el Parque Ueno en una sinfonía de risas, conversaciones y el suave murmullo del viento entre los cerezos en flor. Shikamaru, con sus audífonos reproduciendo un jazz melancólico, caminaba absorto en sus pensamientos, su mente divagando entre las complejidades de su trabajo como analista de datos.

 

De repente, un choque inesperado lo sacó de su ensimismamiento. Tropezó con alguien que venía en dirección opuesta, ambos perdiendo el equilibrio. Los audífonos de Shikamaru cayeron al suelo, y los papeles que la otra persona llevaba en sus manos se esparcieron por el adoquinado sendero.

 

¡Lo siento mucho! —, exclamaron ambos al unísono, sus voces mezclándose en una disculpa torpe.

 

Shikamaru se agachó para recoger sus audífonos, mientras la otra persona hacía lo propio con sus papeles. Al levantar la vista, sus miradas se encontraron por primera vez.

 

La persona frente a él era un joven de una belleza serena y singular. Sus ojos, de un único y especial color aperlado y pálido, poseían una profundidad inusual, como si albergaran la sabiduría de incontables vidas. Su cabello negro castaño y azabache caía pulcramente sobre su frente, enmarcando un rostro de líneas suaves y elegantes. Llevaba una camisa de lino blanca y pantalones oscuros, su aura desprendiendo una calma y una compostura innatas.

 

Una punzada extraña, una sensación de familiaridad inexplicable, recorrió el interior de Shikamaru. Era como si una cuerda invisible se hubiera tensado en su pecho, despertando una melodía olvidada en lo profundo de su ser.

 

El joven también lo miraba fijamente, sus ojos aperlados reflejando una sorpresa similar, un reconocimiento silencioso que trascendía el simple encuentro casual. Una leve sonrisa, tímida pero sincera, se dibujó en sus labios.

 

— No, la culpa fue mía. Estaba distraído. —, dijo el joven, su voz suave y melodiosa, con un ligero matiz que Shikamaru encontraba inexplicablemente familiar. Se irguió, sosteniendo los papeles ordenados en sus manos. — Mi nombre es Neji. Neji Hyūga.

 

Shikamaru se levantó también, sus propios ojos oscuros fijos en los de Neji. Una calidez inusual lo invadió, una sensación de haber encontrado algo que no sabía que había perdido.

 

Shikamaru Nara. —, respondió, su voz ligeramente más grave de lo habitual. Extendió una mano, sintiendo una necesidad imperiosa de contacto.

 

Sus manos se unieron, el roce de sus pieles enviando una corriente eléctrica sutil a través de ambos. En ese instante, rodeados por el bullicio del parque y el suave aroma de las flores, el tiempo pareció detenerse. 

 

Sus miradas permanecieron entrelazadas, profundas y significativas, como si cada uno hubiera estado buscando al otro a través de incontables sueños y existencias. Una necesidad visceral, un anhelo profundo, resonaba en el silencio de sus miradas, la certeza tácita de un reencuentro largamente esperado. 

 

El parque Ueno, con sus cerezos en flor y el murmullo de la vida moderna, se desvaneció en un segundo plano, dejando solo la conexión innegable entre dos almas que, finalmente, se habían encontrado de nuevo.




 

 





"A través de los velos del tiempo y la memoria, nuestras almas tejieron un hilo invisible, esperando el instante en que, una vez más, el destino nos encontraría en la danza eterna del amor."




 






Playlist :

 

¬ ONLY - Lee Hi

¬ Heartbeat - BTS 

¬ Gilded Lily - Cults 

¬ Those Eyes - New West

¬ River Flows in You - Yiruma

¬ Stay With Me - Chanyeol y Puch

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Notes:

➯ Amaría leer sus comentarios, <3 .

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