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Odiame

Summary:

|Ódiame por piedad yo te lo pido
Ódiame sin medida ni clemencia
Odio quiero más que indiferencia
Porque el rencor hiere menos que el olvido|

“…se queda mirando fijamente las vías, sin ningún interés, hasta que, con un vistazo a su alrededor, se queda congelado. Ojos azules lo miran fijamente. Un hombre humano está a unos pocos metros observándolo.”

Legato Bluesummers lleva tres años viviendo en la infernal Hellsalem's Lot, a pesar de lo caótica que puede ser su día a día, tiene una vida sin muchas complicaciones, pero una fría noche de otoño alguien aparecerá nuevamente en está trayendo consigo recuerdos y heridas del pasado.

Chapter Text

—…Pasemos al siguiente tema. Esta canción fue compuesta por Cole Porter para el musical Gay Divorce en 1939. En el otro mundo, Zalmud le Zamwel hizo un cover. En esta fría noche, mientras regresan a casa mirando el cielo de Hellsalem's Lot, escuchen a la grandiosa Ella Fitzgerald y su interpretación de Night and Day.

Desconecta sus auriculares y los guarda al ver el aviso de la próxima estación. El vagón está medio vacío por la hora, y son pocos los humanos y seres del otro mundo en él. Tomando sus bolsas, se levanta de su asiento y se acerca a las puertas del vagón.

Como en la mayoría de los lugares alejados del centro, todo se encuentra descuidado: el graffiti en las paredes, las sustancias pegajosas en los asientos y muchas de las luces sin funcionar en las estaciones.

—La próxima estación es Houston St. Por favor, no olviden sus pertenencias. Tasa de supervivencia actual: 45%.

El día había sido ajetreado. La criatura que lo fotografió no estuvo satisfecha hasta que tomó más de un centenar de fotos. La nueva marca de ropa para la que posó se especializaba en beyondianos, pero ahora estaban ampliando su mercado para llegar a los humanos, por lo que era importante que las cosas salieran bien.

O eso cree haber oído.

Estuvo más preocupado por pensar en qué cenaría.

La comida de la noche sería sencilla; tenía una nueva receta de estofado que planeaba preparar y por la cual había tardado más en volver a su departamento, al ser exigente y elegir los mejores ingredientes. Esperaba que sus vecinos tuvieran la amabilidad de mantener el volumen de la música bajo.

Las puertas del metro se abren y una avalancha de humanos y no humanos se apresuran a subirse, desesperados por conseguir asiento. Logra deslizarse por un costado y bajar con todas sus bolsas aún en medio del caos.

Todavía tenía que tomar un tren más para llegar a su departamento. Atravesó la estación por sus pasillos mal iluminados y asquerosos hasta las escaleras que lo llevaron al andén. Mira la pantalla que muestra los horarios, pero faltan algunos minutos para que el tren llegue a la estación. A su alrededor, los pocos transeúntes que quedaban son en su mayoría beyondianos. Al vivir en uno de los barrios con mayor concentración de estos, ya está más que acostumbrado a ellos.

Legato se queda mirando fijamente las vías, sin ningún interés, hasta que, con un vistazo a su alrededor, se queda congelado. Ojos azules lo miran fijamente. Un hombre humano está a unos pocos metros observándolo.

Desvía su mirada al escuchar la bocina del tren entrando a la estación. Las puertas se abren frente a él, pero se queda paralizado cuando siente una presencia acercándose. Saliendo de su estupor, toma sus bolsas y sube. Allí se sienta cerca de las puertas y vuelve a colocarse sus auriculares.

En el gran esquema de las cosas, la probabilidad de cruzarse nuevamente con Knives no era descabellada, Hellsalem's Lot no era un lugar pequeño, y entre los miles de habitantes de la ciudad y lo caótico del lugar, creyó que podría librarse de un escenario como ese.

Hubo un tiempo en el que se hubiera sentido gustoso de tener su completa atención; ahora, Legato desearía estar en otro lugar que no fuera bajo la mirada indiscreta de Knives. Trata de ignorar al hombre que se sienta a cinco asientos de él, pero le es imposible, ya que no puede pasar más de unos minutos sin sentirse acorralado en un vagón completamente vacío. El destino le estaba jugando una mala pasada.

Algo feo crece en su pecho mientras más lo piensa.

A pesar de todas esas veces que afirmó haber superado esa etapa de su vida, la verdad es que aún sentía un profundo dolor y resentimiento hacia quien alguna vez lo fue todo para él.

—Próxima estación, St. Nicholas Av. Por favor, no olviden sus pertenencias. Tasa de supervivencia actual: 10%.

Ni siquiera espera a que el tren entre en la estación cuando se levanta de su asiento y se para frente a las puertas. Inquieto, golpetea el suelo con la suela de sus zapatos al ritmo de la música con la que intenta distraerse. No desvía su mirada hacia donde está Knives sentado, pues eso solo empeoraría las cosas. Espera diligentemente a que las puertas se abran. La estación hubiera estado vacía si no fuera por las personas que usaban el lugar para dormir.

La caminata hasta su departamento, que se encontraba a solo unas calles de la estación, parecía durar una eternidad. La niebla de la ciudad y la poca iluminación de las farolas le recordaban viejas películas de terror. Para él, que llevaba viviendo más de dos años en Hellsalem's Lot, era normal ver un paisaje así: humanos y no humanos caminando por las calles en una noche de octubre, rodeados de niebla y sonidos extraños provenientes de la ciudad. Pero para alguien que se aventurará a conocer lo que antiguamente fue Nueva York, sería un shock. Los videos que se filtraban de este lugar nunca podrían hacerle justicia a la vida en las calles.

Al llegar a las puertas de su edificio, siente que alguien está detrás de él. Su corazón le dice que enfrente sus problemas, pero su conciencia le pide que abra esas puertas y olvide su encuentro. Al final, decide darse la vuelta. A pocos metros, Knives carga las bolsas de mercadería que quedaron olvidadas en su apuro por salir del vagón.

Quedándose congelado, observa cómo el hombre sube los escalones hasta estar frente a frente.

Los años no parecían haber pasado para Knives: algunas ojeras más pronunciadas, pero nada que no tuviera antes. Su cabello seguía igual de corto y vestía ropa semi formal, como siempre acostumbró.

—Olvidaste esto. —directo al grano, como siempre.

Es embarazoso, cómo ninguna palabra sale de su boca.

Tomando las bolsas, sus dedos rozan la mano de Knives, causándole un escalofrío. Sin querer prolongar su encuentro, se apresura a entrar al edificio, cerrando la puerta detrás de sí con llave.