Chapter Text
《No intervengas, no cambies la línea del tiempo, si lo haces solo atraerás dolor en tu vida, cierra los ojos y cubre tus oidos》
Murmullos y rumores de extendieron como pólvora; Harry Potter está en el tren. Era lo que hablaban la mayoría de los estudiantes, y se convirtió en un tema de conversación en dónde quedará el nuevo estudiante, lo cual no debería ser un tema de interés, y sin embargo lo era, ya que era Harry Potter, el niño que había sobrevivido a Voldemort. Soltó un pequeño suspiro mientras volvía su vista hacia su libro mientras caminaba por los pasillos del tren para buscar un compartimento en el cual sentarse, quería tranquilidad en ese momento antes que los gemelos Weasley lo encontrarán para que planearan alguna broma este año de recibimiento para los nuevos alumnos. Normalmente él estaría contento de participar en alguna travesura, pero sentía su pecho aprisionarse y su estómago revuelto, sabía que todo cambiaría en unas cuantas horas.
El fin de sus tranquilos días escolares había llegado, ya nada sería normal, no habría seguridad y toda la diversión de los años pasados acabaría. Él no sabía que haría ya que conocía lo que pasaría en el futuro, y solo deseaba que fuera un sueño, un sueño que nunca se hiciera realidad. Camino por los pasillos del tren viendo a un chico de primer año seguramente, de cabello negro rebelde, unas gafas enormes y ropa demasiado grande que casi se le deslizaba por el hombro. Estaba siguiendo a los gemelos Weasley que llevaban un gran baúl, el niño se giró y pudo ver aquellos ojos verdes encontrarse con los suyos.
Ojos verdes escondidos detrás de aquellas grandes gafas.
Se giró con brusquedad caminando por el mismo camino por dónde había llegado, el sonido distante de disparos resonaron en su cabeza, los gritos de la gente, en aquel recuerdo que marco el comienzo del caos que se convertiría su vida.
Él había amado más películas donde él protagonista tenía que sobrevivir, sin embargo ese día había estado en el banco haciendo un trámite para poder tramitar su tarjeta de ahorros cuando unos asaltantes entraron al banco disparando hacia el techo. No supo reaccionar, ni siquiera lloro o el temor lo inundó por completo, su mente se quedó en blanco y no reaccionó, se encontró en estado de shock, hubiera pensado que eran ladrones de bancos, y esperado que se fueran una vez que hubieran robado todo.
Les pidieron sus celulares a punta de pistola y fácilmente dió el que tenía en la mano, normalmente cargaba dos celulares, uno viejito de hace 10 años que solia sacar en la calle por si alguien trataba de robarle. El ladrón le miró con desagrado obvio, pero paso de largo.
El lider se quitó la máscara de ladrón y allí comprendió que nadie saldría con vida.
Iba a morir.
Su celular vibró.
¿Desea comprar un seguro de vida?
Si. No.
En ese momento no dudo en dar click.
Quizá eso lo trajo e este mundo.
—¡Hey! ¿Que diablos haces? —Recuerda aquella voz profunda, ni siquiera se dió cuenta cuando el líder del asalto se acercó a él apuntandole con el arma a su barbilla y haciendo que levantará el rostro, podía sentir un escalofrío recorrer su espalda mientras miraba los ojos azules de aquel hombre; frío y despiadado. No podía ver humanidad en ellos.
—Nada...
—No te hagas la lista, nene, te vi con un celular, ¿A quien enviaste mensaje?.
La mano estaba en el gatillo. Él respiro profundo antes de responder...
Algo duro impacto contra su rostro volviendolo a la realidad y alejándolo de ese recuerdo distante, levanto la vista pero no veia nada, todo era borroso y sus pulmones ardían.
—Nick... Nick...
Aquella voz llamándolo por aquel nombre que no había escuchado en años hizo que tratara de respirar correctamente, podía ver aquellos labios moverse, sin embargo no podía saber quien lo llamaba.
Sus labios podían sentir la aspereza de aquellos labios, era diferente, diferente al recuerdo que yacía en su cabeza. Y a diferencia de lo que recordaba estos labios no le correspondieron. Unas manos lo tomaron de los hombros y lo obligaron a apartarse con brusquedad.
—Señor Benedicte, ¿Qué cree que hace?.
Había murmullos a su alrededor pero no lograba comprender que sucedia, su cabeza en ese momento no podía registrar demasiado.
—... No quiero morir.
Salió tan débil de su boca aquella súplica que posiblemente nadie escucho.
Severus Snape sabía que será un año bastante complicado en especial porque el hijo de Lily estaría en hogwarts ese año, él no queria ver a ese niño porque por él se sacrificó Lily, sabia que si lo veía la recordaría, así que se aseguro de ocluir sus emociones, no tenía tiempo para trivialidades como los sentimientos, su deber era cuidar que él niño no se metiera en problemas para que cumpliera la profecía y por si fuera poco todavía tenía que lidiar con su estudiante acosador.
No entendía que pasaba en la mente de los jóvenes o porque no entendía un 'no' por respuesta, Snape no había creído que su estudiante estrella fuera un dolor de cabeza desde que cumplió 15 años, quizá el error de Severus fue que dicho estudiante parecía tan perfecto, sabía acatar órdenes y seguía indicaciones, no se equivocaba en las pociones que más de una vez lo puso de ejemplo: grave error. El niño tenía un gran ego o al menos eso pensaba Severus, ya que recibía confesiones del joven, lo rechazó constantemente, pero él siempre volvía a él, quiza debia dejar de darle clases particulares, sin embargo sería una tontería no aprovechar tal talento, aparte que el director consideraba a Benedicte alguien que debia estar bajo supervisión, hasta el momento Severus no había visto nada fuera de lo normal, solo era un niño obsesionado.
Severus tenía en claro que nunca le gustaría dicho joven, aparte de llevarse varios años, a él no le gustaban los hombres, no era un desviado.
Mientras caminaba por el pasillo del tren para asegurarse que Potter estuviera en el tren, había chocado contra alguien, aquel nido rojo lo reconoció como el cabello rebelde Benedicte que siempre tenia un olor característico a fresa, la presencia de Benedicte era inconfundible. Sus ojos verdes estaban manchados de lágrimas, su respiración acelerada.
—Benedicte, Benedicte...
Lo llamo un par de veces, sabía que él joven estaba teniendo un ataque, Pero no podía descifrar si era de ansiedad o de pánico. Cuando sus ojos se encontraron los labios de Benedicte chocaron contra él.
Severus coloco sus manos en los hombros del pelirrojo.
Cereza. Los labios de Benedicte tenían un sabor a cerezas, sus labios se movieron un poco antes de empujar a Benedicte para romper aquel beso.
—Señor Benedicte, ¿Qué cree que hace?.
Los murmullos de los estudiantes no tardaron en escucharse, algunos señalando, otros burlándose o mirando con asco, Severus sabía que dicha escena podría traerle grandes problemas a Benedicte, incluso arruinar aún más la reputación del joven. Su propia reputación no le importaba, después de todo ya estaba arruinada y todos le temían para decir algo imprudente frente a él.
—... No quiero morir.
El susurro de Alexander, tan débil y sin embargo lo suficiente fuerte para que él lo escuchará.
Severus se negaba a creer en la videncia o profecías, apesar que decían que Alexander podía predecir el futuro, aunque era un joven particularmente extraño e insiste que decia cosas extrañas difíciles de creer.
—Señor Benedicte, le sugiero que vaya a su vagón, el tren comenzará andar.
Severus ordena, ve al joven con lágrimas en los ojos, sin embargo trata de que no le importe aquellas lágrimas en esos ojos verdes, el joven abre la boca antes de cerrarla aún no está completamente consiente, sin embargo antes que Severus haga algo más, dos manos son colocadas en los hombros de Alexander, una mueca de disgusto aparece en los labios de Snape, al ver a ambos gemelos Weasley.
—Los príncipes llegaron por la princesa —comenta burlonamente.
Ambos gemelos hacen una mueca, uno de ellos tira de Alexander para llevarlo hacia él, puede que Benedicte sea más mayor que los gemelos sin embargo, tienen la misma altura, es raro lo pequeño que es el joven mago.
—Y como príncipes, nos llevaremos a nuestra princesa.
Comenta uno de los gemelos mientras se llevan a Alexander lejos de él, el chico parece conmocionado, una mano está alrededor de la cintura de Alexander, mientras que el otro gemelo lo rodea de los hombros. Severus gira la vista negándose a mirar aquella escena que lo hace sentir inquieto, el olor y sabor de los labios de Alexander aún están sobre él.
—¡Se acabó el espectáculo, vuelvan a sus vagones!.
La orden es suficiente para que todos se giren y vuelvan a lo que estaban haciendo antes de aquel encuentro molesto. Severus camina por los pasillos, llevando una mano de manera inconsiente a sus labios, el calor se ha ido, lo único que queda es la sensación fantasma del beso y le molesta que dicho estudiante lo haga sentir confundo.
"Solo es un juego". Se dice mentalmente, él es un juego para Alexander, es obvio que en algún momento se aburrira de acosarlo y se enamorara.
El amor era un sentimiento pasajero y era un estúpido si caía en el juego, era mejor ser perseguido hasta que él se aburriera.
No caería en deseos vanales.
