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Goedemorgen

Summary:

Cuando los mecánicos se retiraron de la pista para que los pilotos hicieran la vuelta de formación, hacía ya un rato largo que Franco tenía la vista fija en el alerón trasero del Red Bull de adelante. Trataba de adivinar los movimientos de Max para imitarlos. Se los imaginaba como si no hubiera de por medio un montón de capas de diferentes materiales definitivamente nada transparentes. La respiración pausada. Los ojos fijos en el repaso de los botones del volante entre las manos. El oído ajeno a los sonidos que no fueran el propio motor del monoplaza. Las piernas largas un poco flexionadas en contacto con el acelerador para mantener la velocidad constante de la vuelta de formación. La piel de la cara sensible a las leves variaciones de la brisa. El olor amaderado…

¿Por qué estaba pensando en el olor amaderado de Verstappen?

Franco sacudió la cabeza.

Notes:

Este fic fue pensado y escrito en español. Para darle más verosimilitud me serví de traductores online para algunos diálogos. Pido disculpas por cualquier probable error cometido al usar el neerlandés, son todos involuntarios. No pido disculpas por cualquier error cometido al usar el inglés, los involuntarios y los voluntarios.

Lo empecé a escribir en noviembre de 2024, así que todas las novedades que hubo en F1 después de ese mes no están incluidas en la historia.

Chapter Text

Franco Colapinto se miró en el espejo de la habitación de su hotel. La imagen le devolvía un rostro de ojos brillantes y labios relajados. Se había cortado el pelo castaño claro hacía dos días y todavía no se había acostumbrado a que el flequillo estuviera tan corto. María, su representante, le había dicho que era mejor para las carreras. Cuando transpirara no se le iba a pegar tanto pelo a la frente y probablemente sintiera menos calor. Como si hubiera alguna manera de no sentir calor dentro de un traje de Fórmula 1, sentado en un auto de Fórmula 1. La próxima vez le iba a pedir al peluquero que no se pasara tanto con las tijeras. 

También esperaba que la próxima vez no tuviera que hablar con un peluquero que sólo sabía alemán. En realidad debía agradecer que no lo había dejado pelado. Franco sólo se manejaba muy bien con el inglés y el italiano. Ni una palabra de alemán. Y recientemente estaba aprendiendo neerlandés. Muy de a poco.

—Goedemorgen —le dijo a su reflejo—. Ju-de-mor-gen . Goedemorgen.

Se pasó una mano por el flequillo y lo levantó todo lo que pudo. Tomó un poco de pomada con dos dedos y se ayudó con las manos para formar un jopo un poco pobre para sus propios estándares. Iba a tener que alcanzar con eso.

Salió de su habitación justo cuando María estaba por golpearle la puerta.

—Buen día, Franquito —lo saludó María con una sonrisa. —¿Estás listo?

—Más que listo. Goedemorgen, Maru.

María se rió y estiró la mano para despeinarle el flequillo. Franco Colapinto, con reflejos de conductor, se alejó a tiempo.

 

 

Los terrenos que rodeaban la oficina de Red Bull en Austria estaban cubiertos por una capa gruesa de nieve. El cielo celeste estaba salpicado con algunas nubes esponjosas de extremos blanquecinos y panzas blancas. “Mamá diría que son nubes de frío” pensó Franco. Sonrió. Claro que eran nubes de frío. La temperatura era de un grado como mucho. No podía sacar las manos de los bolsillos sin que se le congelaran los dedos y estaba seguro de que tenía la nariz colorada por el viento helado.

Levantó la vista para observar el edificio vidriado. Había un grupo ruidoso de periodistas en las puertas ávidos de noticias después de unas largas semanas de receso de invierno sin novedades. Sin novedades para ellos, claro. Desde que se había anunciado que Franco iba a ser el segundo corredor de Racing Bulls, la constante en su vida había sido el cambio. Cambio de casa, cambio de equipo de trabajo, cambio de expectativas propias y ajenas. Lo único que no había cambiado eran sus seguidores. La fidelidad de los argentinos se mantenía igual que el primer día, intensa y constante. Y el resto de Latinoamérica no se quedaba atrás. Pero ahora estaba recibiendo la atención de otras partes del mundo y no era extraño encontrarse con comentarios en inglés en sus publicaciones de instagram, cuando hacía unas semanas eran casi exclusivamente en español y acompañados por banderas celeste y blancas.

María le apoyó una mano en la espalda para que no se entretuviera hablando con los periodistas. Era importante que estuvieran enfocados en la primera reunión del año. Ya habría tiempo para declaraciones más tarde. 

Al cruzar las puertas Franco se quedó con la boca abierta frente a la escalera de vidrio que ocupaba una parte central en el hall de entrada. Cada centímetro del espacio que lo rodeaba gritaba plata. Mucha plata. Los escalones eran del mismo grosor que su cuello y el vidrio estaba sostenido por metales dorados que relucían. No podía creer que estaba allí, a punto de reunirse con las más altas autoridades de Red Bull, con Christian Horner, con… 

Un hombre vestido de traje que llevaba un pin de un toro rojo en la solapa interrumpió sus pensamientos. Desde la cima de la escalera le señalaba una puerta abierta que revelaba una gran mesa de reuniones. Dos helechos verdes flanqueaban el umbral desde macetones que parecían pesar como medio auto de Fórmula 1.

El hombre de traje lo hizo pasar a la habitación y Franco entró con una sonrisa. A un costado de la gran mesa blanca que ocupaba el centro de la sala, estaban Sergio Pérez y Yuki Tsunoda. Sergio, apoyado en el respaldo de una silla también blanca, le tendió la mano y le apretó el antebrazo.

—¿Cómo estás, Franco? ¿Cómo te trata la nieve?

—Todavía no me acostumbro. ¿Vos? ¿Todo bien? —respondió.

Sergio le palmeó la espalda y Franco miró hacia el otro lado de la mesa.

—How are you, Yuki?

Se alegraba de que Sergio Pérez formara parte del equipo hacía tantos años. Sabía que el español se manejaba casi como una segunda lengua dentro de Red Bull, aunque no iba a esperar tanto de Yuki. Después de todo, Franco tampoco entendía japonés. También estaba tomando clases japonés, pero era más difícil de aprender de lo que había anticipado. Con suerte antes de que terminara la temporada iba a saber intercambiar unas pocas palabras en ese idioma.

No había mucha gente más en la sala. Algunos mecánicos y una mujer de pollera y saco que estaba parada con posición firme junto al hombre de traje completaban el cuadro. En pocos minutos se entabló una conversación cordial entre todos, en las que se intercalaban frases en español y en inglés, y hasta algunas palabras en japonés de Yuki hacia su representante. El tono era amigable. Franco se encontró enseguida muy cómodo comentando con Sergio la definición de la temporada anterior. Cuando vieron que el corredor japonés los escuchaba, cambiaron el idioma al inglés. Yuki hizo pocas pero atinadas intervenciones.

Un murmullo afuera de la habitación llamó la atención de Franco. La puerta se abrió de un golpe. Precedido por un aroma amaderado, entró un joven de pelo dorado y ojos de un celeste tan profundo que casi llegaba a ser gris. Sus espaldas anchas estaban vestidas con ropa deportiva. Era media cabeza más alto que Franco y usaba una gorra azul de Red Bull.

—Goedemorgen, Max.

Max Verstappen se detuvo con la mano en el picaporte y lo miró.