Chapter Text
—Oye, ¡esta es una soga de alta calidad!
Después de declarar esto, Sokka vuelve a inspeccionar la soga, sus vueltas cortadas colgando tristemente en su mano. Está doble trenzada, fuerte y firme pero liso bajo sus dedos, con un leve tinto de rojo que sugiere sus orígenes lamentables en la Nación de Fuego, pero también la hace más agradable a la vista. Más notablemente, la soga se ha mantenido completamente seca, aunque acaba de pasar horas expuesta al clima polar y ser arrastrada por el agua congelada por Zuko.
De acuerdo, tal vez Sokka tiene cosas más importantes que una soga hermosa de las que preocuparse. Cosas como el asedio que sigue rugiendo a sus alrededores mientras toda la fuerza de la armada del Nación de Fuego se enfoca en la Tribu Agua del Norte. Como Aang, recientemente rescatado de la soga con la que Zuko lo ató. Aang está en pánico porque esta vez, son los espíritus los que están en problemas y necesitan ser rescatados, una locura que enfría a Sokka más que la noche polar.
Sokka aprieta la soga en su puño y sube a Appa, al lado de Yue, en camino a rescatar a los espíritus de lo que seguramente es otro complot diabólico de la Nación del Fuego. Frente a él, Aang agarra las riendas…
—Esperen —dice Aang, inclinándose hacia Zuko—. No podemos dejarlo aquí.
—Claro que podemos —dice Sokka despreocupado. Zuko está inconsciente ahora, pero dentro de poco se despertará y usará su fuego para escapar. Es una ley del universo, como la salida del sol cada mañana: se pondrá de pie y resumirá su «misión para su honor», tan persistente como un pingüino nutria mendigando peces—. Apuesto que está trabajando con quién esté lastimando a los espíritus. Si lo llevamos al oasis ahora, no acabará bien.
Aang echa un vistazo anhelante hacia Zuko—. Okay, regresaremos por él. ¡Yip-yip!
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La luz de luna se apaga.
Sokka abandona la soga. Abandona todos sus pensamientos aparte de «estamos condenados» y «Yue se fue».
De alguna manera, sale la luna otra vez.
(Después de la batalla, Aang regresa a donde habían dejado a Zuko, pero solo encuentra una manta plana de nieve. Obviamente, Zuko ha escapado para molestarlos otro día, pero a Sokka no le importa eso ahora.)
Cuando sale el sol, la luna tiene que hundirse de nuevo. Sokka siente que una mano le roza el cuello mientras avanzan los rayos del sol.
Seguramente es su despedida.
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Pero no lo es.
Sokka sonríe otra vez cuando sube a su hamaca y siente un leve cosquilleo mientras duerme, tan ligero que no está seguro si lo hubiese imaginado. Cuando se despierta, siente un capirotazo en el mentón. Se frunce el ceño, porque eso le dolió un poco. Tal vez se necesita practicar ser el espíritu de la luna.
Hipótesis 1: La presencia de Yue le está siguiendo, regalándole roces del otro lado.
Pero hace sol, y la luna no está en el cielo. Así que la parte racional de Sokka señala que, desafortunadamente, puede que no sea Yue.
Hipótesis 2: Sokka está imaginando todo esto porque está sufriendo nervios sobrantes de la batalla y/o pesar no procesado.
Está distraído todo el camino a su reunión con el general Fong del Reino Tierra; no para de echar vistazos sobre el hombro, vigilando a Momo con recelo siempre que esté lo bastante cerca como para darle golpecitos. Pero aparte de un zumbido irritante en la mejilla (que resulta ser una mosca milpiés ordinaria, ahora aplastada contra dicha mejilla), no nota nada más fuera de lo normal. Una vez está seguro en la guarnición de Fong, la adrenalina del polo norte disminuye. La inquietud se desvanece con ella. Hipótesis 2 se ha validado: esto se curará con una noche de sueño reparador.
(Siente un leve jalón en el tobillo esa noche cuando está intentando convencer a Aang que siga el plan de Fong y mate al Señor de Fuego instantáneamente con el Estado Avatar. Sokka se dice que es un truco de su imaginación. Un valor atípico que no debe ser contado.)
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El general Fong pone a prueba su propia lista de hipótesis, tratando de arrastrar a Aang al estado avatar. Le da un té para aumentar su chi, pero no tiene ningún efecto aparte de la hiperactividad típica de Aang. Otra estrategia involucra un sabio del Reino Tierra, que viste a Aang con prendas ceremoniales de todas las naciones y combina los cuatro elementos en un tazón. Agua. Tierra. Fuego…
El sabio saca una antorcha encendida de la pared y la trae hacia ellos con ganas de añadirla a su tazón de lodo, pero de repente, el fuego salta al aire. Forma un gran arco mientras se lanza de la antorcha, estirando dedos ardientes hacia Aang -
Que lo sopla con una ráfaga poderosa.
El general Fong se inclina hacia delante con una expresión de fascinación—. ¿Ya has estudiado el fuego control?
—Apenas. —Aang menea la cabeza—. Yo no hice eso. Al menos, no a propósito.
—Entonces es una prueba de tus destrezas inconscientes —declara el general—. Esto tiene que ser un paso en el camino al Estado Avatar. Tráenos otra antorcha; ¡vamos, Avatar, muéstranos tu poder!
El sabio trae otra antorcha. Aang sopla y resopla e imita varias poses del Fuego Control que vio a Zuko usar (los ángulos se ven incorrectos, pero Sokka tampoco es experto en esto), y el fuego no hace nada. Parpadea irregularmente, pareciendo perfectamente ordinario, casi como si estuviera intentando fastidiar a Aang. Al fin, Aang lo sopla por accidente con su Aire Control.
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La luna está menguando esta noche. Sokka duerme como una roca, libre de manos fantasmales o cualquier otro fenómeno sobrenatural.
Caso cerrado.
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Fong resulta ser más que un poquito loco, porque aparentemente viajar con el Avatar significa que no puedes tener cosas buenas. Sokka le golpea a la cabeza con Boomerang y suben a Appa de nuevo. Solo él, Katara y Aang, de camino a Omashu.
(Sokka se sobresalta cuando siente un dedo en la parte baja de su espalda. Pero cuando da la vuelta, no hay nadie aparte de Momo, que le está echando una mirada llena de recelo).
—¡Túnel secreto, túnel secreto! ¡La montaña tiene un túnel, túnel muy secreto!
Escapan de Fong y se encuentran con una troupe de nómadas no aire, liderada por un músico desafinado, Chong, que posiblemente tiene amnesia a corto plazo. Uno de los nómadas los cuenta con entusiasmo sobre una cascada que hace un arcoiris eterno. Más útilmente, Chong dice que hay un paso secreto a Omashu bajo las montañas.
Después de probar la ruta no secreta y casi morir ante las catapultas de la Nación del Fuego, Sokka regresa a los nómadas a regañadientes y les sigue al paso. Es solo un túnel subterráneo grabado en el territorio de los Maestros Tierra. No hay nada malo en eso…
—En realidad, no es solo un túnel —Chong dice—. Los enamorados no querían que nadie descubriera su amor, así que construyeron todo un laberinto.
—¿Laberinto? —Sokka espeta.
—Todo lo que hay que hacer es confiar en el amor —otra nómada le aseguro—, de acuerdo con la maldición.
—¿Maldición? —Sokka gañe. Nadie más parece escucharlo. Los demás nunca lo escuchan.
De acuerdo con la supuesta maldición, solo los que «confían en el amor» pueden salir de las cuevas. Esa es una frase muy vaga, y por un segundo Sokka piensa que preferiría volver a arriesgarse con las catapultas de la Nación del Fuego. Entonces Aang (el maestro del equilibrio y de estar patéticamente enamorado con la hermana bebé de Sokka) anula su decisión, y la Nación del Fuego los alcanza y los atrapan dentro del laberinto maldito, rodeados por estatuas dracónicas que parecen estar vigilándolos.
Nada espantoso para nada.
La Nación del Fuego ha explotado la entrada, atrapándolos en la lúgubre oscuridad, y Sokka confía en el amor cada vez menos con cada segundo que pasa. No obstante, no pierde la compostura. Es un explorador experto sin miedo, a fin de cuentas, así que hace lo que haría cualquier otro hombre racional atrapado en un laberinto posiblemente maldito. Hace balance de sus suministros: cinco antorchas, cada una capaz de durar dos horas. Entonces, saca una pluma y papel y empieza a dibujar un mapa.
Sería un plan perfecto si las paredes se quedaran quietas por un minuto.
—Sokka —Katara se queja después de que se acaba su primera antorcha—, ¡es el décimo pasaje sin salida al que nos has guiado!
Él lanza una mirada ofendida hacia el montón de rocas que bloquea su camino. Entonces mira su mapa—. Esto no tiene sentido, ¡ya pasamos por este lugar!
—No necesitamos un mapa —dice Chong en voz cantarina—. ¡Solo necesitamos amor!
Sokka sigue deambulando, ignorándolo. Entonces algo roza su nuca, y él suelta un chillido y deja caer el mapa. Sorprendidos, todos lo miran.
—Había algo detrás de mí —él insiste.
—¿No? —Aang se encoge de hombros—. Al menos, yo no vi nada.
—Yo tampoco —dice Katara con una expresión de preocupación—. Tal vez estás inquieto. ¿Te sentirías mejor si tuvieras una antorcha?
A Sokka le molesta eso. Él no tiene que llevar su propia antorcha, aunque caminar por un sistema de túneles malditos y científicamente enfurecedores le dé escalofríos.
—...Sí, me gustaría. —Chong le pasa una antorcha, y Sokka enrolla su mapa y anuncia el resultado de su experimento científico—. Solo hay una razón por la que un mapa no funcionaría: los túneles están cambiando.
Eso inspira un pequeño pánico en su grupo.
—Sabía que no debíamos venir aquí —aulla Chong.
—Claro —dice Sokka sarcásticamente—. Si solo te hubiéramos escuchado.
Hay una ráfaga de aire en su cuello como una risa, pero Sokka agarra su antorcha y la ignora.
—Silencio, todos —dice Katara—. ¡Escuchen!
Y ahora hay un estrépito fantasmal resonando por las cuevas, y claro, no debían haber venido aquí. Aún así, Sokka intenta no mostrar miedo, enfrentándose a la oscuridad con una antorcha en la mano.
Entonces un murciélago lobo se lanza del túnel y baja en picada hacia él. Sokka se agacha para evitarlo, pero mientras la criatura vuela en círculos entre ellos con los colmillos al descubierto, él levanta la antorcha y la agita en el aire. Solo está intentando ahuyentarlo, pero para su sorpresa, el fuego salta por el aire como si lo hubiera lanzado. Le prende fuego al ala del murciélago lobo. La masa de humo y pelaje revolotea en espirales, haciendo que todos se lanzan de su camino. Al final, cae con un chillido en la pierna de Appa. Gracias a los espíritus, su lana no prende, pero él muge de dolor y empieza a correr frenéticamente de aquí para allá, chocando contra las paredes de la cueva. Sokka se queda inmóvil, mirando sin comprensión mientras los túneles empiezan a derrumbarse, pero hay un jalón doloroso en su cola de lobo, arrastrándolo para atrás mientras un enorme bloque de piedra cae exactamente donde estaba.
Se pone de pie, tosiendo por el polvo, la antorcha todavía agarrada en una mano. Ve el muro de rocas que lo separa de los demás, chilla como el murciélago lobo y empieza a excavar, sus brazos girando como molinos mientras intenta horadar el bloqueamiento.
Excava y excava más, pero no sirve de nada.
Él está solo.
A juzgar por el dolor en sus miembros, había excavado por al menos una media hora, pero la antorcha aún está cerca de su largo original. Sokka piensa en eso y se encoge de hombros; probablemente está sobreestimando por cuánto tiempo había trabajado. Culpa al agotamiento sobrante de, bueno, todo.
Se pone de pie y empieza a caminar adelante. Cree que está caminando adelante. Aún tiene su mapa bajo un brazo, pero ahora tiene dudas sobre esa idea. Es posible que el lógico haya fallecido. Aún así, seguramente los instintos de Sokka pueden guiarlo.
Así que continúa adelante, luego a la izquierda, y para atrás y a la derecha y un poco maś para atrás, y bam, sus instintos han funcionado (¿ves eso, Katara?) Hay una gran puerta circular de piedra, y esa tiene que ser la salida. ¡Está salvado!
Entonces repara en que es una gran puerta de piedra sin ningún pomo.
Frunciendo el ceño, levanta la antorcha para estudiar la puerta más de cerca. Es un poco como la puerta en el Templo Aire que se abrió con el Aire Control, o la que las Sabios de Fuego abrieron con el Fuego Control.
—La clave es el Tierra Control —Sokka murmura para sí mismo. A veces le ayuda hablar de sus planes en voz alta y fingir que alguien lo está escuchando. No es raro. No para nada.
Se agacha y inspecciona la puerta más de cerca. Tiene un patrón complicado, un ribete circular con ranuras al borde, pero parece más antigua y más sencilla que las de los otros templos.
—Tal vez el Tierra Control falso podría funcionar aquí —dice.
Alcanza una mano hacia la escultura posiblemente maldita. Entonces, llega a conocer muy bien el borde, metiendo una mano en una de las ranuras.
Hay algo allí dentro.
Sokka mueve su antorcha, y la lumbre del fuego revela una cerradura primitiva. Si encuentra una llave, una pieza de roca que puede meter allí, tal vez podrá abrir la puerta. Da un paso para atrás y escruta sus alrededores.
Otra estatua dracónica le está vigilando. Cuando la mira otra vez, repara en que no, esos son tejones topo, reimaginados con espinas raras en la cabeza.
Espinas raras de aproximadamente el mismo tamaño de las ranuras en la puerta.
Sokka contempla los pros y contras de profanar una estatua antigua del animal patrón del Tierra Control y decide que sí, vale la pena. Lanza a Boomerang, y cae al suelo un pedazo de roca del tamaño perfecto para una llave. Lo saca del suelo y lo arrastra a la puerta.
Sí, el tamaño es correcto, al menos en un lado del fragmento. El otro lado está áspero donde estaba cortado de la estatua, pero Sokka supone que ese lado puede quedar hacia arriba.
Mete el lado liso en una ranura y siente un clic satisfactorio.
—Bien pensado —se dice a sí mismo, porque no hay nada malo en un poco de jactancia merecida—. Ahora solo necesito uno, dos, tres… siete más de esos.
Hay ocho ranuras, y al principio parece que solo necesita meter ocho llaves al mismo tiempo. Pero eso no parece correcto; las cerraduras en los otros templos requerían hazañas impresionantes de un maestro experimentado. Pero cualquier niño con el Tierra Control podría encontrar ocho rocas y meterlas en los agujeros. Tenía que haber otro truco en ello.
Eso esperaba Sokka, porque solo quedaban cinco espinas en las estatuas.
Saca la roca y da la vuelta, esperando ver otra pista. ¿Tal vez hay otra estatua de la que pueda robar espinas? Pero ve de reojo que la llama de la antorcha se extiende hacia un lado como si hubiera una brisa, aunque Sokka no siente ninguna.
—¿Estoy muerto? —le grita al laberinto—. ¿Morí y me hice inmune al viento? Porque no me malinterpretes, eso será muy útil en el polo sur durante el invierno, pero ¡no me apunté a eso!
La llama de su antorcha se calma y Sokka se ríe. Hay una explicación perfectamente racional para la que el fuego está saltando de forma errática. El Mecanicista añadía polvos especiales a sus velas para que parpadeen y suelten ruidos. Obviamente los nómadas hicieron algo parecido a sus antorchas, solo para disfrutar del caos.
Aún así, por ninguna razón, mira en la dirección en la que el fuego se había extendido. La puerta está flanqueada por columnas grabadas de la piedra, y algo está escrito en el pedestal de una. «Que todo esté en orden».
Sokka comprueba el otro pedestal y encuentra el mismo mensaje.
—Por supuesto —masculla Sokka—. Al laberinto espantoso con las paredes que se mueven le importa mucho el orden. Eso tiene sentido.
Se sienta en el pedestal con un suspiro frustrado. Mira la antorcha que se acabará en menos de dos horas, aunque todavía se ve como nueva.
(Eso es otro misterio, pero es uno a favor de Sokka por una vez. Decide no cuestionarlo.)
—Que todo esté en orden —murmura para sí mismo. Salta a sus pies y mira las ocho ranuras—. Tal vez hay una combinación. Solo tengo que encontrar el orden correcto.
Entrecierra los ojos, haciendo unos cálculos rápidos en su cabeza. Hay 40.000 órdenes posibles para ocho ranuras, redondeando. No es posible que una persona ordinaria abra la puerta, pero tal vez un Maestro Tierra hábil sentiría cuando la roca caiga a su lugar correcto. Tiene mucho sentido. Lástima que él es todo lo contrario a un Maestro Tierra hábil.
—Probablemente hay un mecanismo metal en el lado interior —adivina, ignorando la forma escalofriante en la que su voz hace eco—. Así que esto no es posible para cualquier Maestro Tierra. Solo los que sienten el orden correcto.
Aprieta su oído contra la pared y mete la roca en una ranura aleatoria. Hay un clic, justo como antes. Prueba las siete otras, trepando la puerta y aferrándose a la decoración como si fuera un saliente. Hay siete clics más. Todos suenan idénticos.
Se baja con un gruñido de frustración. La antorcha sigue ardiendo alegremente.
Mira los túneles infinitos y comprueba el mapa que había hecho, cubierto de líneas cruzadas y tachadas. En este momento, no tiene un mejor plan.
Así que lo intenta otra vez, moviendo la roca de una ranura a otra, escuchando un clic que esté diferente de los demás. En su cuarto intento, algo toca sus nudillos, como si la piedra se hubiera levantado hasta sus dedos, aunque eso es imposible. Él no es un Maestro Tierra.
Sokka mira la ranura y decide confiar en sus instintos.
Empieza un diagrama al otro lado de su mapa—. La más a la derecha al fondo es la primera, así que quedan siete opciones para la próxima.
Prueba las siete otras de nuevo. Nada.
—¿Qué? —dice Sokka—. ¿Tengo que hacer todo en el orden correcto?
No hay respuesta. De repente, Sokka se entera de que es posible que tenga que repetir ranuras; en este caso, hay infinitas combinaciones y nunca saldrá de aquí.
Gruñendo, mete la roca en la primera ranura y prueba la otra dirección. Cuando mete la roca en la próxima posibilidad, escucha el clic y siente el mismo toque que sintió antes.
—...Hm.
Continúa así, llenando las ranuras que ya ha averiguado y probando las otras hasta que siente el toque. Obviamente está sintonizada con las gachetas de la cerradura, porque están crujiendo con su edad o porque él es tan asombroso. Poniéndose de puntillas para alcanzar la parte superior de la puerta, mete la llave y esta vez la puerta tarda un poco más en producir el clic.
Entonces toda la puerta tiembla, tirándolo al suelo, y se desliza a un lado para revelar…
No la salida.
—¿En serio? —Sokka se queja. Puede darse el lujo de un berrinche ahora que nadie lo está vigilando.
Entra en este nuevo cuarto maldito que está lleno de polvo y tan oscuro como una tumba.
Espera.
Sí es una tumba.
Sokka se dirige al fondo del salón. Al centro hay dos sarcófagos, levantados en un gran círculo de piedra: un pedestal con dibujos grabados en los lados. Se agacha para examinarlos, y seguramente está imaginando la forma en la que la antorcha brilla más para que los vean mejor.
—Así que habían dos enamorados —farfulla para sí mismo—. Son de aldeas diferentes, en lados opuestos de una guerra. Bastante normal. Aprenden el Tierra Control para encontrarse, y… crean un laberinto maldito juntos. Bueno, lo que te caliente. Y… oh.
De la nada, el hombre muere.
Sokka siente que no se supone que la historia acabe así.
Entonces la mujer se enloquece y termina la guerra con una demostración masiva del Tierra Control, y crea una nueva ciudad y le pone Omashu, porque ella se llamaba Oma y su amante se llamaba Shu. En la opinión de Sokka, combinar los nombres de una pareja no es una buena forma de hacer ningún tipo de nombre, pero nadie le preguntó.
—Buena historia —dice Sokka—. ¿Cómo salgo de aquí?
Levanta la antorcha, buscando otra pista. Encuentra dos gigantescas estatuas besándose, con la inscripción «el amor brilla más fuerte en la oscuridad». Sokka contempla esto y se sienta en el suelo con un gruñido.
Está dispuesto a admitir, después de considerar toda la evidencia, que es posible que este lugar sea un poco mágico. Se ha perdido demasiadas veces como para creer que vaya a salir de aquí sin alguna intervención sobrenatural. Eso significa que tiene que jugar el juego que Oma diseñó hace unos siglos.
(¿No podría haber aclarado las reglas un poco más?)
—El amor brilla más fuerte en la oscuridad —repite para sí mismo—. Puede ser un tópico sin sentido. Puede ser una pista, como lo del orden. Tal vez sí tengo que «confiar en el amor».
Mueve su antorcha de un lado a otro, esperando descubrir otra inscripción útil. No tiene suerte.
Si es un laberinto mágico, tal vez lo está escuchando. Que es super espantoso, pero Sokka suspira y acepta que esto ya es su vida.
—Amo a mi familia —empieza—. Sé que molesto a Katara, pero ella es simpática y tan lista y espero que ella salga de aquí, aunque… yo no. —Respira profundamente—. Extraño a mi papá todos los días. Sé que yo era demasiado joven para la guerra cuando salió, pero… aún deseo haber ido con él. Extraño a mi mamá también. Y la quiero, aunque no la recuerdo bien, no después de que la Nación del Fuego…
Se queda en silencio. A su lado, su antorcha extraña parece brillar un poco más. Entonces empieza a temblar tanto como Sokka.
Por fin, recupera el control de su respiración—. Y también amo… a Aang. ¡No así! Bueno, los chicos son hermosos y geniales y él es el Avatar, pero él tiene doce años. Y es calvo. No es que ser calvo necesariamente descalifica a alguien de la competencia- —se de cuenta de que Zuko sería en dicha competencia, y eso es un pensamiento asqueroso que él lanza de su mente- —pero de todos modos, a él le gusta Katara. Quiero a Appa y a Momo. Y… amaba a Yue. Quiero pensar que de alguna forma, ella sabe eso.
Espero unos minutos antes de girar hacia las estatuas besantes y gritar—, ¿Eso es lo que quieres? Sabes mi historia trágica de fondo, ahora ¿puedo salir de aquí?
No hay sonido. No hay señal de que a nadie o a nada le importe.
Sokka salta a sus pies, sintiéndose solo y un poco loco—. De acuerdo, tal vez quieres que lo tome literalmente. ¿Eso es lo que quieres? ¿Un beso literal?
Se agacha y aprieta sus labios contra un dibujo en el lado del pedestal, el en el que Oma y Shu se están besando. Puede ser la llave para otra cerradura rara del Tierra Control.
Nada.
Da la vuelta y sube a las rodillas de las estatuas para alcanzar la inscripción de «el amor brilla más fuerte». Busca algún mecanismo de cerradura allí. Cuando no encuentra ninguno, besa la inscripción también.
—¿En serio? —grita.
Pone su antorcha en el suelo (asoma la llama por el borde del pedestal y apila rocas sobre el otro extremo, para que no se mueva) y mira las estatuas con las manos sobre las caderas. En unos segundos, ha averiguado un camino hacia arriba. Salta y trepa las estatuas (uy, a Oma probablemente no le gusta dónde está su mano ahora) y aprieta sus labios contra donde se tocan los labios de los dos. Lo intenta unas veces más, variando el ángulo para el óptimo… algo.
Por fin, baja al suelo y considera admitir la derrota.
—Nop —le dice al polvo—. Tengo un plan más.
Recoge su antorcha y salta en el pedestal, acercándose a los sarcófagos.
—Hola —dice, acercándose al más cercano—. No tengo ni idea si eres Oma o Shu, así que es bueno que ambos estén bien por mí.
Se tapa la nariz y deja que sus labios rocen ligeramente la tapa del sarcófago. Entonces prueba el otro. Entonces frega su boca con su camisa, ya que hay unos siglos de polvo que cubre sus labios como el peor carmín del mundo.
No pasa nada. Frunce el ceño y registra el sarcófago, buscando bisagras o cerrojos o-
¡Grietas!
Hay una abolladura en la tapa de un sarcófago. No es bastante grande para sus dedos, pero Boomerang puede hacerlo.
Se encoge de hombros—. No es gran cosa. Solo una cuestión de apalancamiento.
Respirando profundamente para prepararse, saca a Boomerang y lo desliza en el agujero. Si lo sacude correctamente, podrá quitar la tapa, entonces podrá salir de aquí…
La antorcha brilla más, como si está intentando llamar su atención. Él la ignora. Empuja su palanca improvisada y levanta la tapa un par de centímetros…
La tapa cae en su lugar con un estruendo que hace eco por el gran salón. Entonces, Sokka se lanza hacia atrás con un grito.
Se tambalea hacia la pared porque algo le golpeó la boca y oh, espíritus, no lo está soltando. Se da cuenta de que lo que se ha pegado a él siente un poco como una boca, aunque cuando levanta las manos ya ha desaparecido, pero no puede comprobarlo con los ojos porque dejó caer la antorcha y se extinguió y por los espíritus, basta ya-
Hay una luz en la oscuridad.
Sokka gira y ve una luz verde procedente del techo fuera de la puerta. Dejando la antorcha, recoge a Boomerang y corre, siguiendo los cristales verdes que brillan en la oscuridad, y eso tiene mucho sentido, por supuesto que había una explicación no mágica para lo de «el amor brilla más fuerte en la oscuridad». Y el golpe en la boca tampoco fue mágico. Supuso que había dejado caer la antorcha primero, entonces fue atacado por alguna criatura de la cueva. La criatura huyó cuando los cristales empezaron a brillar, dejando a Sokka con un labio hinchado y sangre en los dientes.
Él no ofendió a ninguna entidad sobrenatural profanando los restos de los primeros Maestros Tierra. ¿Cómo podía hacerlo? Ni siquiera logró abrir la caja.
Definitivamente no acaba de besar a un fantasma enojado. ¿Por qué sugerirías eso?
Se encuentra con Aang y Katara en el camino.
—Espíritus, Sokka, ¿qué pasó a su boca? —exclama ella.
—Gané una pelea con un murciélago lobo super-rápido —anuncia él. Eso ya es la verdad, y se aferrará a ello para siempre.
—Te estábamos buscando por unas horas —dice Aang—. ¡Nos acabaron tres de las antorchas!
La antorcha de Sokka aún estaba brillando fuertemente hace una media hora. Decide que eso muestra la imprevisibilidad de todas las cosas relacionadas a Chong.
Cuando sale en la luz del sol, sonríe—. ¿Lo ven? No hay maldición. No hay nada sobrenatural pasando aquí.
