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Juegos Olimpicos 2024

Summary:

— ¿En qué estabas pensando?

— ¡Culpo totalmente a las mallas! — Exclamó escuchando como era la décima vez que en el canal noticiero, tanto en Francia como en otros países era televisado en bucle y con comentaristas de fondo su entrevista.

— Lo bueno, eres noticia mundial. Ahora todos conocen tu nombre.

— Increíble. — Hastiado hundió su rostro en su almohada, a como estaban las cosas no deseaba salir de su habitación.

— Lo malo, son los memes, aunque son muy graciosos. — Beckman murmuró en lo último. — ¿Los has visto?

Work Text:

Le habían dicho por años que su entrenamiento algún día rendiría frutos, y ahí se encontraba, París “La Ciudad del Amor” paseando en barco por el Sena y siendo televisado en cada momento. Podría ser franco en decir que estaba emocionado en ser uno de los representantes de Escocia, aunque también podría admitir que los nervios le carcomieron de dentro hacia fuera en más de un trayecto.

— C'est un plaisir dêtre ici. — Mencionó en voz baja, una y otra vez como un mantra mientras batía la pequeña bandera que le había sido otorgada al inició del paseo. 

Cuando el paso de los barcos acabara serían abordados con todos los medios posibles de Francia, no era su primera vez hablando ante las cámaras, pero había una ligera diferencia entre la televisión nacional a la mundial.

— C'est un plaisir dêtre ici, dêtre ici… — Afirmó el último pase de la frase en un intento de sonar lo más parecido al traductor en su teléfono.

— El “dêtre ici” necesita más enfoque, Jefe. Considera a la “ê” como muda y continúa por el “tre”. Es “d'être ici”.

— C'est un plaisir d'être ici. Oh, gracias Benn. — Palmeo la espalda del pelinegro en euforia.

— Estás muy nervioso, será mejor que relajes tu lengua antes de decir cualquier cosa frente a la prensa.

— No puedo evitarlo, son mis primeros juegos.

— Te acostumbraras, no es tan glamoroso como lo hacen ver, imagina que estás en los juegos de Highland. — Río saludando en alto cuando los paneles televisivos mostraron sus rostros en el barco de Reino Unido.

— Esto es muy diferente a Highland, para empezar no hay nadie con falda. — Bromeó intencionalmente en un nudo de nervios. — Tu ya llevás tres olimpiadas, ¿Algún consejo? 

No cojas con alguien de otro país, menos en las camas de cartón de las habitaciones no se caen pero la espalda realmente duele al siguiente día, tampoco lo hagas si hay más gente en las habitaciones. No cojas en las habitaciones en general.

— ¿Qué mierda has estado haciendo en las olimpiadas? 

Arquería es aburrida la mayor parte del tiempo, pasamos por los terceros días y nos retiran con las medallas, necesito distraerme la otra parte del tiempo. — El arquero ganador de dos medallas de oro mantuvo su mirada en el reflector de luces blancas que aún enfocaba su paso.

Cada persona que era detallada por el canal, saludando con euforia y alegría era clasificada bajo el nombre de Reino Unido, después de todo Escocia, Gales, Inglaterra e Irlanda del Norte encabezan en distintas razas y colores la federación de sus países en un solo conjunto único. Obviamente había una rivalidad existente entre ellos, conseguir la mayor cantidad de meritos de manera individual era la meta de cada nación, y no podían evitar que esa emoción se concentrará en cada uno de sus deportes individuales como en natación, el cual era su caso, tendría contrincantes de otros países además del grupo que viajaba junto a él.

— La delegación de Gimnasia no es un chiste. — Beckman silbó apoyándose en el barandal del navío, mirando la imagen que detalla la cola del barco.

— ¿Gimnasia? Creí que los fanfarrones tendrían un barco solo para ellos. — No podía evitar mirar al espectáculo mayor de las olimpiadas, típicamente las vistas subían en las competencias de natación. No era una sorpresa que las gradas estuvieran llenas en las diferentes destrezas pero una gran diferencia se implementa en las competencias de gimnasia artística. Cientos de millones, por no decir casi todo el globo terráqueo podría conocer Nadia Comaneci pero no a alguien como Michael Phelps.

— Habla por tí, el cuerpo de los gimnastas es algo que no es de este mundo.

— Debes estar bromeando. — Y estaba equivocado, Benn no bromeaba y lo supo cuando el entallado músculo de delgada cintura se apareció en el mismo uniforme que usaba, un chico rubio de ojos celestes sonreía a las cámaras mientras saludaba a la audiencia amenamente.

— Recuerda, no en las habitaciones. 

— Oh dios…

 

 

.

 

 

— Shanks Figarland, c'est un plaisir de vous voir à Paris, dites-nous ce que ressent la promesse de la natation pour ses premiers Jeux Olympiques? — Rápidamente al pasar por el pasillo de periodistas, un hombre de tez clara y aspecto a un extraño pelícano le abordó en perfecto francés, para su pesar era un mal momento para no tener un traductor.

— C'est un plaisir d'être ici. — A su gran fortuna las palabras que práctico salieron casi a la perfección.

— Oh, Parles-tu français?

— No, fué algo que aprendí en mi traslado hasta acá. — Aseguró en inglés, carcajeando alegré y dando una ligera disculpa ante la confusión.

— No se preocupe. — Respondió en el mismo idioma — ¿Que siente al estar en los juegos olímpicos? 

— Bueno, estoy feliz y algo nervioso… También agradecido. — No pudo concretar alguna respuesta lo suficientemente clara, viendo el mismo cabello dorado cruzar por su costado, siguiéndolo con la vista que caía levemente entallando las mallas ajustadas que se cernían sobre sus piernas tonificadas — Y estoy muy agradecido por… Dios, que bien se ve.

— ¿Habla de Marco Newgate? ¿De la clasificación de Inglaterra? 

Solamente había logrado procesar su nombre, Marco — Hasta su nombre es lindo.

 

 

.

 

 

— ¿En qué estabas pensando? 

— ¡Culpo totalmente a las mallas! — Exclamó escuchando como era la décima vez que en el canal noticiero, tanto en Francia como en otros países era televisado en bucle y con comentaristas de fondo su entrevista.

— Lo bueno, eres noticia mundial. Ahora todos conocen tu nombre.

— Increíble. — Hastiado hundió su rostro en su almohada, a como estaban las cosas no deseaba salir de su habitación.

— Lo malo, son los memes, aunque son muy graciosos. — Beckman murmuró en lo último. — ¿Los has visto?

— Si, por desgracia ya mi familia me mandó unos cientos, el chat familiar ahora se titula con mi nombre y una bandera del orgullo. — Lanzó su teléfono hace no mucho en algún rincón desolado apenas entrar, su Padre y demás tíos, sin contar a sus sobrinos, enviaban enlaces de TikTok con recurrencia en donde varias personas habían elaborado ediciones al video que reveló la prensa — Odio la tecnología.

— Pues la tecnología, me dice que la persona a quién desvergonzadamente llamaste “Lindo” es nada más y nada menos que Marco Newgate, ganador de trece medallas olímpicas, un genio de la gimnasia con talento desde joven. Participó en sus primeros juegos a los catorce y ganó tres de las categorías donde participaron los veteranos. 

— Mierda…

— Te metiste con la joya de Inglaterra, no es cualquier persona, pero lo que te puedo asegurar es que tiene treinta y dos años y es gay. Felicidades, si a la avecilla le atraen los jóvenes siete años menores que él de seguro tendrás una oportunidad. — Se levantó de su asiento retirándose de la habitación mientras afirmaba sus últimas palabras en total sorna.

Por su parte lo único que rondaba la cabeza pelirroja del nadador, es que había una posibilidad y no la iba a desperdiciar.

 

 

.

 

 

Shanks no podía conciliar el sueño por dos simples razones, pena y curiosidad. Su interés por el Fénix de Inglaterra era genuino, había pasado toda la noche en su celular averiguando más sobre su vida, hasta tuvo la osadía de seguirlo en Instagram e inesperadamente la atención fué recíproca. Ya podía imaginar a su familia y a los columnistas amarillistas empeorar la situación entre escándalos, pero aquello no podría importarle menos.

Navegó sin parar entre las pocas historias destacadas, las actuales que daban un ligero tour por su habitación y las antiguas que databan de entrenamientos o cenas familiares. Al parecer era un chico sencillo, amante de la buena comida y cuidador de un perro llamado “Stefan”, un ciudadano británico en su esplendor.

Donde quiera que lo vieras parecía ser el hombre más perfecto y sexy que podías imaginar, se tomaba fotos con sus fans, guardaba los regalos, solía hacer en vivos mostrando su vida y hablando de cosas sin sentido. No parecía estar envuelto en chismes desenfrenados, y toda su comunidad quedaba en acuerdo de que era gay solo por sentido común, eso y que solía marchar los días de lucha.

Rogaba firmemente que si lo fuera, y que existiera aún la mínima posibilidad que les dejará estar juntos, podría parecer un amor tonto, pero un amor a primera vista tan real como aquel no haría enloquecer a su corazón como lo estaba haciendo ahora.

Una notificación llegó a su pantalla, había optado por descargar “Tik tok” ante la insistencia de sus hermanos y familiares, se había mantenido renuente por muchos años a dejar que su vida sea consumida por otra aplicación. Aún con ello solamente basta con conocer que su amado sube contenido por allí para hacerlo aceptar.

Rápidamente al registrarse, todo bajo un nombre falso; busco la cuenta del rubio encontrándose con un directo que había iniciado hace un par de horas, al pulsar el círculo destellante y rogando que su celular aún tuviera señal, el rostro del gimnasta inundó toda la pantalla con una espléndida sonrisa.

— ¿Que si vi el video? Claro, no paraban de enlazarme, y que la página de los juegos lo hubiera subido tampoco ayudó a esconderlo. — Musitó divertido, bebiendo una botella de agua y dejándola a un costado de la mesa en la que estaba apoyado.

Aplastó rápidamente el teléfono contra la cama, hundiéndose en su almohada y gritando totalmente avergonzado por sus acciones, no sabía a quién culpar si a su estupidez o al buen cuerpo que se traía el inglés. Ambas cosas lo perseguirán toda la vida, una era mejor que otra pero eso no quitaba el hecho de que estaría relacionado con este caos hasta que muera.

— ¡Cállate y duerme! ¡Maldita sea! — Una almohada fué arrojada fuertemente a su cabeza junto a la maldición orquestada.

— Si… Lo siento, Yasopp.

Apagó su móvil, dispuesto a descansar su mente de todo lo ocurrido y esperar que mañana fuera un día mejor en Francia. Después de todo, si ya era reconocido mundialmente por un error, debía esforzarse en no cometer más durante su estancia.

 

 

.

 

 

— Aunque si soy sincero, eso fué muy tierno, yoi.

 

 

.

 

 

— ¿A dónde me estás llevando? — 

— Conocí unos chicos ayer mientras bebía. — Comentó Benn mientras tomaba su tercera botella al día, de lo que esperaba fuera agua. — Son de Tokio y Francia, son algo raros pero son buenos en los recorridos por las instalaciones.

— Y me trajiste aquí para…

— Debo sacarte del hoyo depresivo al que decidiste condenarte. Faltaste el respeto de una estrella olímpica, metiste la pata. Pero ahora arregla tu mierda y sal a caminar. — Con la botella vacia dio unos leves golpes en su cabeza, queriendo denotar algunas de sus ideas en un gran intento de sonar severo.

— Él sabe lo que dije. 

— Todo el mundo sabe lo que dijiste ¿Que importa? Eres muy joven para desgraciarte. — Saco un cigarrillo y calo algunas respiraciones mientras se detenía a encenderlo — Despeja tu mente y olvida todo por hoy. 

— ¿Y que haremos hoy?

— Asistir a la competencia de Gimnasia. — Respondió tranquilamente, esbozando una alegré sonrisa entre dientes con la colilla colgando del papel.

— Estas demente…

— Vamos, debes enfrentar tus pesares. Ve esto como una terapia de exposición prolongada.— Benn apresó su camisa entre sus manos en un intento de no dejarlo huir, era un hecho que no podría escapar del brazo del arquero, aún si observaba la posibilidad de quedarse sin ropa.

— ¡Tanto licor te daño el cerebro! ¡¿Como esto tendrá el mínimo sentido?! 

— Oh, lo tiene. — Una voz secundo la conversación, de aspecto elegante y rubio en mechones largos y muy bien cuidados se presentó ante ellos, detrás suyo le siguió un joven de tez morena y un teñido verde opaco.

— ¿Tus amigos? 

— Jovenes del bar.

— ¡Señor Borracho! Casi pense que era mentira que también eras atleta. — Exclamó el primero.

— Más respeto, niño. — Beckman inició el camino liderando el pequeño grupo dentro de la edificación, sin darle más opción que seguir a la pequeña formación.

— ¿Tienen edad para beber? 

— Desde hace un par de años… — Comentó el francés.

— Desde que tengo memoria — Replicó el faltante.

— Benny, temo enormemente que termines en prisión ¿Cómo es que se hicieron cercanos?

— Me regalaron una botella, ya son amigos para mí. — Se deshizo del humo y el generador de este al pasar por algunas zonas de seguridad y obviamente por los reclamos del personal en estos.

— Temo por tu hígado.

— Y yo por tu líbido.

— Espera, por eso te me hacías conocido. ¡Eres el nadador de Escocia! ¡El que se declaro a Marco Newgate!

— Demandame. 

— Es un placer conocerlo. Soy Sanji, división de Francia en taekwondo. — Estiro su mano amablemente a su dirección, dando un suave estrechon ante su entusiasmo.

— ¿Y tu? ¿Eres el de Tokio?

— Zoro, división de Esgrima, Japón.

— Pareces gentil. — Asumió antes la larga de sus palabras, caminó rápidamente en dirección a las gradas, tomando asiento e intentando esconder su rostro y cabello tan característico ante las diferentes cámaras.

— ¿Sabes que ahora eres una celebridad en los Juegos? Todos hablan de una posible relación entre Marco y tu.

— Creeme, al paso que voy no creo tener oportunidad. — Medito observando por el rabillo como el color de su propio uniforme atravesaba las puertas con un bolso de entrenamiento y licras ajustadas — Dioses.

— Hablo sobre tí en el directo de ayer.

— Si, si. Lo ví, soy una vergüenza hasta para el Fénix de Inglaterra.

— ¿Vergüenza? Hablo sobre ti la hora restante del en vivo ¡La prensa se volvió loca esta mañana! 

— ¿Qué? 

— Según malas lenguas, él también parece estar interesado. — Señaló el entrenamiento que se llevaba a cabo cerca de la arena, Newgate portaba una liga que era sujetada entre las puntas de sus pies, se estira a medida de que sus piernas eran separadas y se recoge cuando la distancia es regresada al mínimo. Asombrosamente llegó a un grado que la misma cinta junto con las extremidades del gimnasta pasaron por detrás de su espalda y se mantuvieron allí sin problema, revelando lo perfecto de su flexibilidad y la magnitud de esta.

Y después de todo Benn parecía tener razón en algo.

El cuerpo de los gimnastas es magnífico.

 

.

 

Podría agradecer a quien fuera por la gran decisión de apagar las luces en las gradas del estadio, de esta forma no era visible su rostro y no temía el ser enfocado por las cámaras. Habían pasado dos eventos que eran comunes en la gimnasia varonil, según Zoro, el inglés solo participará en tres de los cinco este año, por lo que verlo en los últimos dos no sería posible.

La razón de esto era desconocida, algunos atinaron que podía deberse a su edad, pero el calentamiento previo podría demostrar lo errados que estaban en suponer algo sobre su aptitud. Dos eventos pasaron, dos eventos donde Marco participó y ganó el oro derrotando a sus contrincantes con una victoria arrasadora.

Salto Masculino y Barras Paralelas, en ambos mostro un extraordinario rendimiento, no lograba entender como un humano lograba hacer tantos movimientos en el aire sin cansarse o caer rápidamente por la gravedad. Aparentaba algo totalmente inhumano y de otro mundo. Y aún faltaba la presentación individual.

— Cierra tu boca, podrían entrar moscas. — Aseveró Roronoa en leves risas en conjunto con el grupo que se instaló en la parte más oscura y recondita del estadio.

— Benn, te debo una botella.

— Me debes más que eso, Jefe.

— Shh, ya van a empezar. — Sanji acalla rápidamente a ambos, señalando como el rubio nuevamente golpeaba sus manos con tiza y caminaba a la arena para tomar posición en la esquina opuesta, el público daba rimas y aplausos en apoyo del atleta una vez se instaló en la colchoneta.

— En Artística General Individual Masculino. Ganador de Trece Medallas de Oro y Diez de Plata, Marco Newgate. — La voz del presentador resonó en énfasis a su nombre, llevando consigo el vitoreo de más de una persona en el lugar, incluso peluches de pájaros azules fueron arrojados a la arena y la pequeña risa del competidor se hizo asomar entre las pantallas.

Pronto cuando el tiempo empezó a contar en su contra el silencio y expectativa inundo el lugar. Rápidamente y sin perder el compás inició una rutina, varios saltos y pasadas entre manos, energía en cada uno de sus movimientos y acabados perfectos donde sus manos se estiraban en una hermosa puesta al recibimiento de más aplausos.

Cada giro y vuelta realizado no tenía algún ápice de error en las marcadas piruetas, e incluso los jueces asentían ante la técnica realizada. Perfección expuesta de pies a cabeza, hacía parecer aquellos movimientos tan únicos que hasta pensarías fueran fáciles de realizar, una vuelta, otro salto y un aterrizaje. No supo en que momento se encontró al filo de su silla, con su cuerpo sobresaliendo del asiento en expectativa y emoción.

Y al click de la hora, detallo una posición diferente a las otras, las personas comenzaron a acercarse aún más al límite de las gradas o a filmar con sus celulares. Desconocía el hecho que ocurriría, y al voltear a sus allegados, ellos se encontraban igualmente expectantes.

Entonces, la musica comenzo a ascender gradualmente y con mayor fuerza, una mirada determinada era visible en la pantalla televisiva a su costado. De repente tomo velocidad y varias maromas fueron realizadas impulsandolo hasta arriba, en la mayor altitud posible. Y en ese instante, como si dominará el tiempo mismo, dió tres vueltas seguidas con los brazos sujetando sus piernas para finalmente tener un aterrizaje limpio y seco.

El público guardó luto por algunos momentos, ese callar que solo es de respeto a la acción que acabas de presenciar, hasta que en un estallido de gritos provenientes de varias personas ovacionaron al atleta, llevando su nombre en alto con exclamaciones repletas de euforia.

— ¡Esto es histórico! ¡Marco Newgate ha realizado un triple pike! ¡Un triple pike! 

El fervor del comentarista le emocionó, en contra de lo que en un inició consideraba, se levantó a aplaudir y silbar ferozmente, sin detenerse hasta que sus manos enrojecieron y su aliento se acabará por completo, la historia estaba frente a sus ojos y parecía amarla en cada instante.

 

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— ¿En que estabas pensando?

— ¿No tuvimos esta conversación antes? 

— Pues pareces que no lo recuerdas, porque sigues comentiendo los mismos malditos errores. — Beckman apoyado a uno de los casilleros le recriminó severamente, había llegado a su lado tan pronto su competencia terminó y recibió el oro, ya era conocido por evitar a la prensa así que su ausencia no era tan extraña de imaginar.

— ¡Estaba haciendo historia! 

— ¡Y tú estás haciendo historia como el mayor enamorado de los Jodidos Olímpicos!

El día anterior, después de la magnífica presentación de Newgate, se difundió cierto video en el que aparecía completamente su rostro, desde varios ángulos habían estado grabando el inició y fin del evento, donde hasta festejo y felicitó a gritos al gimnasta por su mayor record alcanzado, se veía estúpidamente enamorado. Pero no era como si contradijera lo mismo.

— Te agradezco por venir a apoyarme, ve a las gradas o quedate aquí. Ciertamente ya me da igual, solo pienso en nadar toda esa piscina y ganar.

Aunque pasó toda la noche nuevamente lamentándose por el hecho de ser captado en su momento más vulnerable, no había forma de regresar el pasado y mucho menos de eliminar lo puesto en internet, si estaba en ese lugar la vergüenza sería eterna y no podría escapar de ella.

— Suerte, Jefe. Si no regresas aquí con el oro, me deberás mucho licor.

 

.

 

Ya su división había comenzado, ya había probado en más de una ocasión el cloro de la piscina, y lavado sus ojos con gotas oftalmológicas hasta el cansancio, clasificó según sus cuentas, tres veces en los rankings, y su primer lugar se obtenía en esa prueba, el nado de cuatrocientos libres era en lo que se especializaba desde jóven, tenía un gran aguante y una gran capacidad pulmonar que lo pondría en ventaja, podría aceptar el plata y el bronce en las demás clasificaciones pero en esta debía asegurar el oro.

Tomo posición, el traje cubierto de los patrocinadores dejaba sus brazos lo suficientemente sueltos como para no ser totalmente incómodo, las extremidades lograban bracear lo suficientemente fuerte como para no quedarse de último, solo hacía falta de energía y mayor fuerza para superar en el regreso y adelantar al rival.

Respirar era innecesario, cuando el disparo anunció el inicio de la ronda y se impulso al frente directamente a la piscina, donde inmediatamente comenzó a nadar con fuerza, empujando una y otra vez en contra de la corriente y exhalando una combinación de oxígeno, cloro, agua corriente y lo que esperaba que no fuera orina.

Un golpe tras otro, era una lucha interminable contra la propia sustancia, en la que esperaba estar por lo menos ganando. Se aventuró con mayor potencia en el retorno, desconocía si llevaba la delantera o si siquiera podría llevar el camino de los grandes, pero nuevamente atacó un brazo tras otro, una patada tras otra y se sintió cada vez más cerca del final hasta que su mano golpeó el material rocoso y un nuevo disparo se detonó.

Saco su cabeza para buscar aire puro, quitando sus lentes y los protectores para luego subir la orilla de la piscina hasta estar completamente fuera del cuerpo acuoso. Al acostumbrarse a la luz, notaba como varios compañeros y los relevos se acercaban a felicitarlo, confundido observó el tablero que asegura su puesto como el ganador de la clasificación, rió fuertemente y celebró en alto, con pequeños estallidos y abrazos a sus entrenadores y colegas, las cámaras se fijaban en él y cuando la medalla adorna su cuello fríamente sintió que no podría ser más afortunado.

 

.

 

— ¡Shanks! ¡Shanks! ¿Qué se siente ganar el oro? 

— ¿Algún mensaje a los jóvenes que también avanzan en este deporte?

— ¿Cuando supo que la natación era su profesión?

— ¿Cual es su opinión sobre la política de Reino Unido y su monarquía?

La rueda de prensa había iniciado de manera explosiva, apenas había tomado asiento cuando era atacado por todas las cuestiones existentes. Algo abrumado intento tranquilizar a las voces que replicaban una sobre otra en preguntas dirigidas a su persona.

— Vamos uno a la vez, tenemos mucho tiempo. Y creo que mis oídos aún tienen agua así que iniciemos contigo. — Señalo a una joven pelinegra de ojos celestes.

— Nico Robin, reportera de la revista “Croco 's” ¿Que se siente al ganar el oro? 

— Aún sigo temblando, ni siquiera pense en ganar el oro realmente, aún sigo verificando mis datos con temor a que sea un error. — Carcajeo de manera nerviosa, apuntando a otra joven cercana a ella.

— Nami, del noticiero “East Blue”. ¿Que opina que el atleta Marco Newgate estuvo en las gradas apoyándolo? — Saco una grabadora rápidamente a su dirección, esperando impaciente la respuesta mientras él la formulaba en su cabeza.

— ¿Qué? Lo siento, aún debo estar escuchando mal.

— El ganador del oro Marco Newgate de Inglaterra, le apoyó y victoreo en las gradas cuando ganó ¿Sabía esto? 

— ¿No? ¿Si? Espera… ¿Él me vió? — Un sonrojo se acumuló en sus mejillas rápidamente, su corazón golpeó contra su pecho y perdió rápidamente el aire ¡Su amado le había visto ganar!

— Y hasta aquí serán las preguntas, muchas gracias. — Su entrenador Rayleigh lo retiró rápidamente, como buen amigo de la familia y casi como un tío para él, supo la forma exacta de llevarlo tranquilamente a los vestidores y dejarlo en un asiento para retomar la sorpresa — Respira, niño.

— Rayleigh…

— Dime.

— Creo que moriré de felicidad. 

 

.

 

Mas tarde el mismo día, reviso en su teléfono las historias del gimnasta, cada una de ellas se trataba de su competición, varias eran con fans y otros competidores extranjeros pero hubo una en específico que se trató únicamente sobre él. Un video de cuando salía de la piscina totalmente desconcertado mirando las pantallas y revisando a su alrededor antes de caer en cuenta de que había ganado, escribió en la parte de arriba una pequeña leyenda que le hizo enloquecer.

¡Extraordinario!

— ¡Marco Newgate cree que soy Extraordinario! 

— Si, es la tercera vez que lo dices hoy. — Resopló Yasopp ya cansado por la competencia de tiro que llevó ese día.

— ¡Me considera extraordinario! ¡¿Puedes creerlo?! — Camino en circulos observando el mismo video en bucle por decima vez en el día, había ganado el oro y había sido reconocido por Marco Newgate.

— ¡Cállate! ¡Largo! ¡Quiero dormir! — Yasopp luego de perder ante Turquía, a cientos de kilómetros de su hijo y esposa no era el mejor compañero de habitación pero podían trabajar con eso.

Abandonó la habitación disculpándose en frenesí con su amigo, y dirigiéndose a la cocina para tomar el paquete de cigarros de Benn, se supondría que no fumaría, pero luego de la locura que fueron los últimos tres días, sentía que podia permitirse un pequeño gusto. Se escabullo con el objeto escondido en los bolsillos traseros de su pantalón, y busco en el pasillo la ventana más cercana en la cual apoyarse.

Encendió el primero, y una enorme calada de su esencia atravesó su garganta. Lo amargo rápidamente llegó hasta su traquea y el humo se disfrazo ante el frío de la helada noche que se disperso junto a la leve brisa parisina. Repitió el relajante movimiento y rito un par de veces con la suficiente delicadeza y detalle al inhalar nuevamente el aroma.

Escucho algunos pasos, era normal que un piso fuera compartido por más de un país, si aquello no afectaba la convivencia o a la competencia, no habría mayor daño en las pijamadas que se podrían llevar a cabo. También llegó a imaginar a Benn buscándolo para recuperar su propiedad, pero nuevamente descartó la idea al considerarla muy absurda.

De pronto un olor similar a un cigarrillo recién encendido se hizo presente a su costado, el desconocido había tomado lugar en el gran ventanal que llenaba de luz el espacio, no le importo mucho, un poco de compañía no era molestia, y había el suficiente terreno para ambos.

— Eres más alto en persona. — Murmuró la voz por lo bajo, soltando una bocanada y nublando su vista al regresar a mirarlo.

A su derecha, con una elegancia incluso al fumar se encontraba Marco Newgate, sonriendo plenamente mientras apoyaba su espalda contra la pared cercana, ya no llevaba el uniforme ahora solo era poseedor de un pantalón y una camisa sin mangas grisácea, que desde su perspectiva entallaba totalmente su figura.

— No sabía que fumabas. — Continuo con la conversación al no conseguir una respuesta más allá de balbuceos incoherentes.

— No, no. No suelo hacerlo tan regularmente. No es que diga que fumar está mal, bueno si está mal pero a lo que me refiero es que para mi no es favorable. Eso tampoco significa que no sea favorable para otras personas. Yo solo… Soy Shanks. — Estiró su mano en un intento de salvar la conversación o lo que sea que sus palabras a medias conducían.

— Si, lo se. Nos seguimos mutuamente en Instagram.

— Si, eso. Siento el desastre de los medios, sé que también fué mi culpa pero creo que mereces una disculpa. — Afirmó bajando su mano con lentitud, antes de que la misma fuera apresada por el contrario.

— No es como si me hubiera molestado, Shanks.

Escuchar su nombre deslizarse por los labios del gimnasta fue la mayor sensación que alguna vez pudo experimentar en la vida — ¿Te han dicho que tu voz es malditamente caliente? 

— Creo que esta sería la primera vez, yoi. — No guardo distancia, en su lugar se acercó aún más a su dirección, aún manteniendo el contacto piel con piel.

— Eso es una pena, creo que tu voz sería una de las tantas cosas atractivas de tí. Resaltando las otras por mención honorífica, pollito.

— ¿Pollito? Esta es la primera vez que escucho un apodo así. — Río por algunos instantes, acomodándose para quedarse de espaldas a la ventana.

— Tu emblema es el fénix ¿Que diferencia tendría con un pollo? — Recitó dejando caer su cigarro para posicionar cada mano a un costado del cuerpo del rubio, una disminución de su espacio que no pareció molestarle.

— ¿Y el tuyo? ¿Una falda escocesa? — Atacó en su contra moviendo un poco sus piernas, rozando con las suyas en momentos únicos que hacían helar su sangre con rapidez.

— Me veo bien en falda si es eso lo que imaginas. 

— Estoy imaginando muchas cosas, y puede que tu falda sea una de tantas. — Bromeo exhalando el humo gris a su rostro, lo que le llevó a toser un poco por lo repentino de la acción.

— Puedo ver distintas cosas en tu cuerpo, pero mi idea favorita sería que no tuvieras nada puesto. 

El mensaje logró su cometido, un carmín se apoderó rápidamente de las mejillas del fénix, apagó su cigarro en medio de una sonrisa y fijó sus ojos afilados en su persona únicamente. La luz que chocaba con su cuerpo proyectaba la imagen más angelical posible, aunque su mirada le tentara a pecar de maneras inimaginables.

— ¿Idea o Fantasía?

— La fantasía sería en caso de no volverla realidad…

— Felicidades por el oro en natación, estuviste… — Shanks se adelanto en un intento de volverlo a acorralar.

— ¿Extraordinario?

— Exacto, extraordinario. — Bufó cubriendo parte de su risa por detrás de su muñeca.

— ¿Porque fuiste a verme?

— Tú también lo hiciste. Sería grosero no ser recíproco. Y por curiosidad.

— ¿Curiosidad?

— Por saber que tan bueno es el niño que recorrió mi cuerpo en televisión internacional. — Ahora fue su turno de sonrojarse, moviendo de forma altiva una sonrisa en sus labios.

— ¿Y entonces? ¿Que opinas de mí, pajarito?

— Lo mismo que tu dijiste sobre mí. “Dios, que bien se ve”... Con tranquilidad y tiempo paso su diestra por su muslo, escalando por su cintura ante el pantalon que aprisionaba las hermosas piernas que en algún momento de su rutina fueron por sobre todo perfectas.

— Me veo mucho mejor de cerca, así como tus piernas se sienten mucho mejor al tacto que a la vista.

— Muchas cosas se sienten mejor al tacto que a la vista. — Condujo una de sus manos a su pecho, donde su corazón latía rápidamente y de manera desenfrenada contra el tórax, al parecer él no era el único nervioso por lo que ocurriría.

— ¿Sí? — Condujo la mano restante por debajo de la tela — Aunque los detalles no están afinados puedo imaginar otra situación en la que ambos podamos sacar provecho. Puedo mostrarte lo que tengo planeado antes de ponerlo en práctica.

— La habitación está cerca de aquí, Pelirrojo. — En un rápido movimiento enredo firmemente las piernas a su cadera dejándose llevar por su guía, los brazos se aferraron a la tela de su uniforme en lo que besos apasionados eran golpeados sin orden alguno. Podía sentir el sabor a licor entremezclado con el humo del tabaco y aquella mezcla no podía considerarse más perfecta. 

A ciegas tanteó la entrada de la habitación, girando la perilla para entrar abruptamente y golpear su espalda en las paredes de marfil de los alrededores, tras cada movimiento, una prenda nueva era desechada en el camino y el encuentro se tornaba aún más salvaje y desenfrenado, abriendo una nueva puerta que conducía a su habitación, esperaba por todas las deidades existentes y por existir que no hubiera alguien durmiendo a un costado, ocupando la otra cama.

Para su gran sorpresa y gran beneficio, la recamara parecía estar totalmente desolada. Quizás fué por ello que el pajarito se veía tan seguro de avanzar a tener intimidad en aquel lugar, podría estar más tranquilo al saber que no recibiría un regaño por parte de Beckman si resultaba que sus advertencias acertaron en algo. Dejó caer el cuerpo del rubio por sobre la cama de cartón, para su fortuna ante las acciones abruptas no se había desmantelado y mucho menos caído abajo. 

Todo indicaba una luz verde a proseguir, mordiendo sus labios y atacando la cavidad con locura, envueltos en éxtasis Marco comenzó a levantar su camisa con necesidad, tampoco puso mucha resistencia alzando los brazos y rompiendo el beso para deshacerse de la molesta prenda. Aún con ello, nunca espero que el rubio detalle con sus pulgares y huellas los espacios complementarios de su musculatura.

— ¿Estás observando algo que te guste? Porque yo sí. — Tomo con delicadeza la muñeca pasándola entre los rincones de su pecho y abdomen, para luego atraparla contra sus labios, arrastrando su lengua contra la piel y sintiendo lo dulcemente amargo de su sudor golpeando sus sentidos.

— Veo algo definitivamente “Extraordinario”, yoi. — Río estirándose entre las sábanas, vagando con su mano libre el cierre de su pantalón — También algo aquí que me gustaría detallar.

— Pervertido. — Mordió su tez con fuerza provocando una reacción casi inmediata ante un gemido ahogado y un sollozó de dolor emitido.

Soltó la extremidad con ligereza, conduciendo nuevamente su cuerpo en contra del mayor, subiendo ahora la pijama para observar aún más la blanquecina tonalidad en que sus pechos se pintaban, descubriendo entre telas una vez liberados está de su cuerpo, el color que guardaban sus pezones. Un rosa intenso, tan tierno y suave a la vista, con las protuberancias extendiéndose en todo su esplendor ante su vista astuta.

— Creo que encontré mi parte favorita de tí. — Se aproximó a lamerlos, sin darle oportunidad de procesar la nueva información al ave, quién aún luchaba con la tela entre sus brazos.

Removiendose por debajo de su cuerpo, lanzando maldiciones entre dientes por la dicha que inundaba su cuerpo entre cada pase rasposo por su intimidad. Ajustando entre dientes la carne pudo notar como lo claro se manchaba de rubor, tirando de ellos podía percibir los escalofríos bajo sus palmas, y cuando ejerce más presión casi lo puede imaginar volteando los orbes más allá de donde su iris puede llegar.

— Te lo ruego, deja de jugar. — Reclamó tirando de su parte baja, apoyando y frotando sus caderas en movimientos insistentes contra la fricción entre telas.

— Mi querido Marco, si pasamos al postre antes de la comida, no tendría sentido haber empezado a comer. 

— ¿Qué son esas analogías? — Carcajeo enormemente cuando el paso de sus besos y la atención de su boca condujo a su cuello, la vibración se hizo retumbar entre paredes y se sintió aún más amena las acciones entre ambos, tal como si estuvieran haciendo el amor entre un viejo matrimonio.

Se deshizo de sus pantalones, incursionando entre las cálidas piernas que el gimnasta aprisionaba entre los joggers claros que había llevado puestos no hace tan poco, pasó las yemas de sus dedos por cada músculo tonificado que llevaba historias de largas jornadas de entrenamiento y exhaustivas pruebas. La facilidad que fué colarse entre ambas montañas de carne junto con la flexibilidad con las que las separó lo llevó a un paso de la gloria.

Podía atribuir a Beckman el hecho de que el cuerpo de los gimnastas eran otro mundo muy distinto al acostumbrado, mientras se deshacía de sus propios e incómodos bombaches, no podía parar de imaginar las diferentes posiciones en las que podía llegar a colocar su cuerpo, los límites solo estaban en su imaginación y cuando esta se lleno de imágenes cuál Kamasutra, supo que una ronda no era suficiente.

Acarició su miembro una vez fué liberado del apretado algodón, el fénix frente a él con las piernas abiertas y su propia virilidad alzada con fuerza contra su vientre, suspirando y prácticamente babeando por la extensión que alberga entre sus piernas. Se acercó, bajando un poco para frotar uno contra otro en movimientos precisos y tortuosamente lentos, el calor de sus penes al chocarse y simular embestidas, junto el calor de los jadeos de Marco alzándose en diferentes tonalidades a medida de que la velocidad crecía cada vez con mayor intensidad que antes.

Sus dedos se hundieron entre la carne de sus glúteos abriendo el camino con fuerza y dureza, dos en un solo golpe fueron suficientes para que el rubio saltará y varios chorros de semen cubrieran su torso. Aún sin haber llegado a penetrar totalmente con su miembro, la estimulación fué suficiente para que la mancha se extendiera por su piel en una concentración muy espesa.

— Qué hermosa vista tengo desde acá. — Pasó los índices por la figura que se delineaba entre los bultos de su estómago dirigiendo una primera probada a sus labios para ahogar la sed ante lo dulce que se contrarrestaba al calor de la habitación y sus propios cuerpos.

Condujo el resto a la entrada para usarse como lubricante, escuchando el hipo que expresaba su acompañante ante la falta de aire por su orgasmo más reciente, ser estimulado mientras aún recuperaba el aire parecía que era contraproducente para sus pulmones, exclamando ante la fuerza ejercida y la profundidad lograda por sus dígitos, sujetando con fuerza las frazadas y agrupandolas entre ambos puños.

— Ya… Entra. — Alcanzó a pronunciar entre tomas de aire y gemidos entrecortados, nuevamente la verga del pájaro se mantenía erguida y expectante ante las estocadas que no tardaron tanto en aparecer.

Al inicio el glande se abrió camino entre la gruesa carne que se ajustaba con fuerza en un impedimento algo débil al ejercer presión. Movió la cintura con algo más de fuerza, entre gruñidos retenidos entre dientes y suspiros por la calidez con la que era recibido amablemente, enlazo las piernas contrarias alrededor de sus caderas.

Ante esto, se aferraron con desespero sus extremidades ajustándose perfectamente entre sus talones y espalda, una unión que fué acompañada cuando al descender enlazó nuevamente sus labios con los ajenos, agitando el vaivén de sus embestidas con mayor fuerza entre cada instante en que sus alientos se entremezclaban y los minutos afianzaban la pasión entre ellos.

En un instante donde el punto dulce de Marco había sido abusado hasta el cansancio, decidió extender su terreno al alzarlo entre brazos y una vez arriba comenzar a golpear nuevamente la próstata sin dejar lugar a algún reclamó por parte de su amado. Los gemidos evolucionaron a quejidos entre la escala de un grito amortiguado por la parte trasera de su mano, las uñas eran clavadas en su hombro con insistencia y sus ojos parecían perderse ante la satisfacción y la lujuria.

El sudor que les llenaba entre apegos de piel era liberado un aroma de entre tabaco, alcohol, cloro de piscina y la canela del perfume de Marco. Era como si su excitación creciera a medida de que pasará el tiempo, manteniendo el ritmo fuerte y arrasador entre las caderas que eran enganchadas una y otra vez contra su cuerpo.

— Dios que bien se siente. — Exclamó en contra de su hombro aún ahogando las palabras entre el contacto de la piel con la intención que lo sucedido en esa habitación no escapara de los muros de concreto y mucho menos más allá de la villa olímpica.

Tan pronto como esas palabras fueron abandonadas un nuevo golpe de calor azotó la unión de ambos. El fénix se había corrido nuevamente, dejando ahora la evidencia entre la larga tez bronceada y la palidez conectadas a través de los hilos blancos y transparentes. Le dejó respirar y retomar el aire, dando bocanadas enteras sin alguna interacción consecuente a los esfuerzos que daban sus pulmones para volver a retomar el oxígeno.

— Ya puedes bajarme, siento que si me muevo volveré a quedarme sin aire. 

— ¿Bajarte? — Preguntó extrañado aún sosteniendo su cintura con fuerza, podría incluso llegar a asegurar que su huella dactilar está impresa en la figura de sus huesos.

— Shanks, sal de mí, yoi. — Se removió en un intento de escapar al percibir su miembro aún erecto en contra de su estómago formando un bulto en su vientre por la posición que aún mantenían.

— Oh, Cielo. Creo que estás equivocado, yo aún no me he corrido…

 

.

 

— ¿En qué estabas pensando? 

— En que esto ya es muy recurrente entre nosotros…

Nuevamente se encontraba siendo regañado por su superior, ahora el motivo de sus reclamos era infundado a través del hecho de desaparecer por más de un día sin dejar rastro y sin avisar a qué hora pensaba en regresar o incluso responder el celular en algún momento entre la madrugada tan ajetreada que tuvo. 

Obviamente la preocupación incrementó cuando no lo podían encontrar en los alrededores inmediatos haciendo que la mayoría se quedará en vela esperando que no fuera secuestrado por algún parisino obsesionado en el camino. Beckman desde el inicio sabía que su repentina desaparición no se debía a una casualidad y no fué hasta que lo vió entrar nuevamente a su recámara en busca de ropa y con ausencia de algunas prendas que pudo deducir lo que había sucedido.

Eso y el rotundo hecho de las marcas en su cuerpo; cuello, espalda y extremidades próximas.

— Una maldita llamada, aún si estabas cogiendo podrías responder una maldita llamada, descarado. — Obviamente no estaría tan enojado si tampoco hubiera hurtado sus cigarros, la abstinencia lo tenía mal y no dejaría que los estafadores se aprovecharán rápidamente de su necesidad.

— Lo lamento… 

— Oh, Dios. Mira tu cara, no lamentas absolutamente nada, creo que tampoco lamentas el hecho de haberme robado. — Recrimina nuevamente, recostado contra la pared cercana a la intersección del pasillo entre la habitación donde el crimen había sido cometido y su propia alfombra — Considera esto tu celebración del oro. Pero me deberás mucho más que los licores.

— Te compraré un bar si así deseas. Pero no me delates con los demás.

— Eres sabio comprando mi silencio, pero un estupido al encubrir pasar la noche con el tipo que te volvió loco por días.

— Aún no le he preguntado a dónde quiere que vaya todo. — Admitió con pena mirando fijamente la reja que les separaba de aquella conversación tan importante.

— ¿Y que haces aquí conmigo? Ve con tu príncipe azul, y si regresas llorando te llevaré a un lugar para que te olvides. — Golpeó el hombro de su compañero en un modo de alentar un poco más de valentía y suerte.

— ¿Eso es para reconfortarme o para disfrutarlo tú solo?

— Depende de quién pague la cuenta.

 

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— ¿Te atraparon? — Insinuó Newgate una vez que su cuerpo atravesó por completo el umbral.

El fénix recostado en contra de la encimera de la cocina, solamente portando el chaleco del uniforme de su equipo bebiendo tranquilamente un café entre sus manos. La vista que descendía por su piel, el camino de sus piernas y lo poco que alcanzaba de revelar su cuello que estaba cubierto de manchas, mordidas y signos de un agarre fuerte y abrasador.

— Benn tiene ojos de halcón, por algo es un buen tirador. — Expresó caminando con rapidez hasta el cuerpo contrario, apretándolo contra la superficie de mármol en la que se apoyaba con tanta tranquilidad.

— ¿Piensas volver a cogerme en la cocina? — Indagó pasando su palma por los bordes de su rostro, teniendo una sonrisa lasciva y atrayendolo aún más a su cuerpo.

— … Marco ¿Esto es una aventura de una sola noche? — La seriedad en sus palabras le hizo detenerse antes de reír enternecido, alejando la bebida para rodear sus hombros entre sus brazos y dejar leves besos alrededor de sus mejillas.

— Shanks, si esto fuera una aventura de una sola noche en un principio no te habría traído a esta habitación, yoi. Tal como lo piensas, ya lo he considerado mucho antes de abordarte en el pasillo. — Dejó un casto beso en sus labios sonrojando sus mejillas y sujetando el cuerpo del rubio con un ligero abrazo para mantenerlo contra sí mismo.

— ¿Eso significa?

— Que me gustas, mucho más de lo que tu puedes llegar a imaginar.

En ese instante una nueva serie de besos apasionados inicio y por supuesto entre caricias más cálidas que antes, una delicadeza más explícita y un amor aún más transpirable en el aire, inundando el apartamento y cada una de sus paredes ahogandolos en su propio anhelo y desesperación. Más pronto que tarde, los noticieros empezaron a hablar sobre el repentino distanciamiento de las redes sociales por parte de ambos atletas, algo extraño ante las recientes noticias sobre ellos.

Y en un instante, imágenes se filtraron del pasillo de aquella noche. Un alboroto total se armó ante lo ocurrido, afortunadamente nada escaló a mayores gracias a las imágenes tan borrosas y la poca iluminación que esa noche les brindó. Aún así todo se basó en especulaciones, las cuales no eran tan erradas al confirmar su relación días después ante la prensa y los medios.

Al final las advertencias de Benn no eran tan descabelladas, definitivamente ya no había que tener sexo en las villas olimpicas.

 

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Una mañana Marco se levantó en Escocia, una de las tantas noches que paso en el país antes de mudarse en su totalidad se basaban en lo mismo, despertar mucho antes que el pelirrojo y detallar su rostro hasta que él mismo decidiera despertar y sonreír para luego colmarlo de besos como le era habitual en su vida juntos.

Acomodando los mechones carmín que ahora descendían hasta sus hombros en pequeños bucles entre sus dedos. Aún sentía que todo aquello era irreal, dormir lado a lado del niño que alguna vez vio en compañía del amigo de su padre, con el que paso tantas tardes jugando y siempre le seguía con su carisma tan característico, ahora descansar a su costado y llevar un anillo a juego con el suyo, era un sueño cumplido en su totalidad.

El enamoramiento de su infancia se había vuelto realidad.