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Retirarse de la Fórmula Uno no fue nada sencillo para Max Verstappen, se esperaba que la estrella que coronaba la mayoría de las carreras en la categoría reina permaneciera por muchos años más hasta que los huesos le dolieran y la repercusiones de su edad lo obligaran a desistir.
Max derramó sangre, sudor y lágrimas para ser llamado campeón, sacrificó años importantes de su vida sufriendo el abuso de su padre, escuchando un sin fin de reprimendas y discursos sobre lo que era ser un ganador. Simplemente no podía tirar la toalla después de tanto esfuerzo.
¿Valía la pena dejar su sueño atrás?
Mucho antes de que se casara con Sergio, cuando era más joven y sin tantas preocupaciones que no fueran ganar las carreras y el campeonato, hubiera dicho que no.
Que no lo valía.
El Max de ese entonces era inmaduro, egoísta y muy impulsivo, su antigua novia, Kelly, ni siquiera fue una excusa para tomar descansos y mucho menos para pensar en dejar su carrera como piloto cuando ella se lo sugirió. Él pensó que estaba loca, ¿por qué lo haría? ¡Las carreras eran su vida! Vivía, comía y respiraba por ellas desde que era un niño, no las dejaría por nada en el mundo ―eso fue su creencia por bastante tiempo.
Rompió con Kelly después de diversos problemas que ya tenían acarreando desde el comienzo de su relación, Max estaba más enfrascado en ganar y en seguir luchando por llegar al podio y en llegar a ganar su primer campeonato. Y lo logró con la ayuda de su actual compañero y pareja, Sergio Pérez era tan malditamente llamativo y atractivo que no fue una sorpresa para muchos que Max terminara enamorándose de él.
Cuando Sergio le anunció que estaba embarazado (aguardando por su hijo, su cachorro), fue algo que nunca esperó Max. La toma de decisiones fue lo más complicado para los dos.
¿Qué iban a hacer?
Ambos amaban la adrenalina que les provocaba correr a más de trescientos kilómetros por hora, el solo pensar que ya no podrán estar arriba de sus monoplazas los entristece y los llena de rabia. Fueron bastante complicados los primeros meses del embarazo, hubo desacuerdos, discusiones, distanciamientos temporales y demasiados antojos apenas soportables que le negaban a Sergio poder convivir a gusto con Max.
Ninguno quería dar la mano a torcer. Sus propios instintos sabían cómo sobrellevar el embarazo y ayudarlos a confrontar la situación, pero ambos hombres preferían llevar la paciencia del otro al límite y hacer todo más complicado.
Por su parte, Max no estaba de acuerdo en el hecho de que Sergio siguiera corriendo, culpen a su instinto o a su preocupación paranoica, pero por mucho que Sergio insistía que nada le sucedería, no puede evitar sentir miedo. ¿Es qué su omega no entendía? ¡Era arriesgado! Su trabajo no era trotar por un campo de flores y recolectar zanahorias, era manejar un maldito vehículo tan veloz que con cualquier desliz o impacto se podía hacer mierda.
Si algo le sucediera a Sergio, Max se volvería loco. De por sí, ver a su esposo subir al monoplaza como si nada lo ponía con los pelos en punta y los nervios carcomiendo sus intestinos. Su necesidad por tomar a Sergio de los hombros y encaminarlo a un lugar más seguro y menos peligroso para él y su bebé, crecía conforme la temporada avanzaba.
Cada que se daba la oportunidad, Max intentaba que Sergio se diera cuenta del peligro constante en el que está. Intentaba convencerlo de que su única preocupación fuese su bebé, su cachorro, que él, Max, vería por ellos ‒su pequeña familia‒, que nada les faltará, que será el proveedor, y si fuera necesario fingiría una enfermedad terminal para estar con él cuando él se lo pida.
No quería que Sergio se retirara, estaba en un buen momento de su carrera, pero las preocupaciones de Max eran tan grandes que no lo dejaban ver más allá de sus propias opciones precipitadas.
Sin embargo, aunque Sergio pareció conmovido con sus sinceras palabras, nunca dejó de correr ‒para infortunio de Max‒.
Siguió compitiendo, subiendo al podio junto con él, con una gran sonrisa plasmada en la cara, fueron carreras llenas de felicidad, preocupaciones y una que otra pelea, pero Sergio no dejó de hacer lo que amaba hasta que su terquedad tuvo que culminar una vez que su vientre comenzó a ser difícil de ocultar bajo su traje nomex.
Su panza había crecido considerablemente, más notoria que sus primeros meses y más pesada de lo habitual, ya no se sentía cómodo dentro de la cabina de su monoplaza, todo le irritaba y los ejercicios a los que estaba acostumbrado se volvieron más agobiantes y extenuantes.
Fue inevitable su retiro.
Christian acordó que sería temporal hasta que el niño naciera y pasarán al menos los primeros dos meses del bebé, aún con la palabra de su jefe y un contrato donde estipulaban que respetarán sus derechos y su asiento, Sergio no estaba seguro de que así sucedería.
Tuvo que comunicarlo con la prensa tarde o temprano, fue una reunión breve para evitar el estrés innecesario y el hostigamiento de los reporteros. Max no se apartó de su lado aún cuando un oficial de la FIA le ordenó que lo hiciera ‒Sergio nunca antes estuvo más agradecido de la necedad de su esposo, además, ver a Max gruñirle a ese imprudente oficial fue excitante‒, estuvo todo el tiempo que Sergio anunciaba su embarazo y su necesario retiro.
Muchas personas estaban enojadas con él, lo rebajaron a un simple omega, a que lo único que servía era para abrir las piernas, mientras que otros lo apoyaban en su decisión y lo llenaron de palabras bonitas en todas sus redes sociales y gritaban su nombre en cada una de sus apariciones.
A Sergio le costó adaptarse, lloró de impotencia y tristeza por un mes completo, extrañaba su vida como piloto mientras veía a sus amigos y compañeros de la parrilla correr sin él a través de la televisión, o a lo lejos cuando visitaba a su alfa en el paddock. Cuando quiso colocarse su playera de Red Bull tras sentirse nostálgico, descubrió que ya no le quedaba holgada como antes sino apretada, lloró tanto que Max pudo sentir sus fuertes emociones a través de su vínculo compartido.
"¡Te culpo por esto Max Verstappen! ¡Ahora estoy gordo!".
Lo maldijo innumerables veces.
Su dolor era tan profundo que expulsó a Max de su nido y lo hizo pasar por días de abstinencia absoluta. Max se moría por tocar a su muy embarazado omega, probar lo que el estado de gestión había hecho en Sergio; pero mientras Sergio lo mantuviera lejos como si fuera la peste, su único consuelo era su mano.
Los antojos se volvieron más extraños que los primeros meses, la cocina se llenó de frutas tropicales y bastantes salsas picantes que han dejado a Max llorando tras probar el infernal cóctel de fruta picante que Sergio se preparaba de vez en cuando. Él admiraba mucho a su esposo por su valentía por comer tanto picante, no quiere ni imaginar lo tremendo que será su bebé una vez que nazca.
La enorme cantidad de chile que Sergio era capaz de comer... Cielos, de solo verlo ya tenía una úlcera y un caso crítico de gastritis.
El quinto mes transcurrió turbulento, pero el sexto mes fue completamente una tormenta sin calma. Dolores de espalda, hinchazón en los pies, patadas de su pequeño Pato ‒Patricio fue el nombre que Sergio decidió para su cachorro‒, incontinencia urinaria, emociones inestables, sensibilidad en piel, hinchazón en los pezones, lactancia...
¡Concéntrate, Verstappen!
Sergio pasaba por demasiadas cosas, su propio cuerpo era más susceptible a su entorno, más sensible de lo normal y conforme los días pasaron, más necesitado de tener a Max de su lado. Ya no utilizaba su propia ropa, se pasaba todos los días vistiendo las prendas de Max, ronroneando y recostado en su nido en medio de su cama matrimonial.
Hay días que Max encontraba a su esposo llorando viendo una película o leyendo un estúpido cuento sobre gatitos siendo abandonados en la calle; enojado ante la falta de algún antojo o alguna prenda perfumada para su nido; o completamente feliz por el simple hecho de ver a Jimmy y a Sassy hacer un nuevo truco.
Ha habido ocasiones que Max casi se vuelve loco por tantos cambios emocionales, una cosa era leer las experiencias ajenas de un autor que dedicó parte de su tiempo hablando de la paternidad antes y después del nacimiento de su hijo, y otra muy diferente era vivirla.
Lo único que le quedaba hacer era asentir y estar de acuerdo con su omega incluso si fuese la cosa más estúpida de todas. Porqué la última vez que hizo lo contrario, Max terminó durmiendo en el sofá todo un fin de semana.
Pero cuando Sergio comenzó a distanciarse y a negar ser tocado, Max no estuvo de acuerdo con ello.
Max estaba justo detrás de su esposo, besando la glándula marcada y deleitándose por el delicioso aroma de su omega en cinta. Sus manos que antes intentaron meterse debajo de la playera de algodón de Sergio, ahora estaban en los costados, acariciando suavemente con sus pulgares los relieves y rollitos que sobresalen de la cintura del short deportivo. Siente que Sergio se tensa bajo sus manos y su boca, su aroma dulce ahora olía amargo.
"¿Por qué me alejas, Checo? ¿Hice algo malo?" Pregunta sin poder evitar sonar dolido.
"Nada, Max. No pasa nada."
Sergio intenta alejarse dando un paso al frente, pero Max se lo impide. El alfa gruñe confundido y un poco molesto por la falta de respuesta sincera, aunque no pueda ver bien a su esposo, sabe que miente. Puede sentir las emociones conflictivas a través de su vínculo.
"Checo, dime que pasa cariño, no es normal que me rechaces. Siempre que intento llegar más lejos, te apartas y no sé por qué. ¿Hice algo que te molestara?"
Hablar con Sergio nunca fue complicado, el mexicano siempre fue abierto a la conversación y siempre tenía con qué responder, sin embargo, últimamente se veía más reservado, más callado, no tan comunicativo y más distinto.
"Amor."
Estaba decaído.
"N-No hiciste nada malo Max." Sergio se gira para poder verlo, en sus ojos se ve la tristeza de algo que Max no logra comprender, están cristalinos y a punto de soltar a llorar.
"¿Entonces?"
El omega se muerde el labio inferior, indeciso. Max suelta un poco de su propio aroma y ronronea suavemente para que Sergio se relajara, el hombre frente a él parece menos rígido, aunque no parece querer admitir cuál era su problema. Lo que sea que tenía Sergio para que incluso se sintiera incómodo con el propio toque de su esposo, era grave.
Si Max acaso tuviera la culpa, no podría perdonarse así mismo.
"Últimamente me he sentido mal conmigo mismo, antes no me importaba mucho, estaba demasiado ocupado como para preocuparme de algo tan banal como la apariencia física, pero ahora, cuando me veo al espejo, no puedo evitar pensar que soy feo." Sergio acaricia su vientre, agachando la mirada para no tener que ver a Max. "Cada día estoy más gordo e hinchado, no puedo parar de comer, mi cuerpo se está llenando de estrías conforme va pasando el embarazo e intento hacer ejercicio, ser más lindo al menos para tí, Max, pero Patito no me deja y siento que algún día me vas a dejar por alguien más."
Sergio suspira, haber confesado sus inseguridades fue cómo quitarse un peso de encima. Sonaba estúpido, es obvio que Max no lo dejará por nada ni nadie, el alfa era el hombre más leal que haya conocido.
Estaban casados, marcados y esperaban un hijo.
Max preferiría golpear a su padre que dejarlo ir.
Pero ¡mierda! Ya tenía baja autoestima mucho antes de su embarazo y su relación con Max, no se había enfrascado tanto en sus propios pensamientos negativos sobre su físico porque estaba demasiado ocupado con inversionistas, ingenieros, marketing y una temporada entera con la que necesitaba conseguir puntos para su escudería, además de llevar a su esposo por otro campeonato.
Sin su trabajo, ocupado únicamente en preocuparse en su cachorro y en ser un padre omega, era imposible que no se crearan ideas o malos pensamientos. Lo que antes era un cuerpo delgado y ejercitado, ahora era redondo, blando y malditamente suave.
Probablemente estaba atosigando a su alfa con casas que no importaban.
"A lo mejor un omega menos exigente, delgado y más-"
"Omega" Max lo interrumpe, "cállate."
Sergio no sabe en qué momento su alfa lo apresa contra su pecho y comienza a besarlo. Max presiona para que abra la boca, cuando siente las manos de su esposo apretar su trasero y la rodilla abrirse paso entre sus piernas, Sergio gime sonoramente y Max se aprovecha de ello.
Comienzan a caminar torpemente hasta chocar contra el borde de la cama, en dónde yace su nido; Max se sienta y lo coloca sobre su regazo, llenando de besos el rostro de Sergio.
La habitación huele a amor, a deseo y a excitación.
Max se encarga de despojarlo de sus ropas, de tocarlo y de adorarlo, sus labios acarician su piel y sus dientes dejan suaves marcas sobre ella, cuando se da cuenta de su repentina desnudes, Sergio se siente avergonzado y se quiere levantar, pero las manos en su cintura se lo niegan. Max gruñe enojado y Sergio responde con un gimoteo.
"Max, no era mi intención-"
"Checo, ¿qué te hace pensar que buscaré a alguien mejor que tú? ¡No sabes cuanto te amo, carajo! Eres mi todo en esta vida, nunca te dejaría por nada en el mundo, ni siquiera por este cambio en tu cuerpo", Max coloca al omega suavemente sobre el nido.
"Verte triste por algo tan normal me hace pensar que no he hecho bien mi trabajo como tu esposo y alfa, debí llenarte más de cariño y amor todo este tiempo. Discúlpame Checo." Le da un beso en la coronilla y limpia las pequeñas lágrimas en las mejillas de Sergio.
"Tal vez no lo creas, pero para mi eres precioso. Me gusta como nuestro bebé te hace ver más adorable, la redondez de tu vientre solo me hace pensar en lo grande que será nuestro Patito." Max pasa su mano por el estómago de su esposo, en donde siente un suave movimiento de su cachorro debajo de él.
"Las estrías no me importan en lo absoluto, me gusta tocarlas y deslizar mis dedos en ellas al igual que cuando toco tus bonitas pecas del rostro." Sergio ríe un poco cuando los dedos de Max tocan sus mejillas y su nariz.
"La redondez de tu rostro solo te hace ver más hermoso de lo que ya eres, cariño, esas mejillas solo me invitan a querer besarlas todo el tiempo." Besa de nuevo la cara de Sergio y posteriormente los labios.
"Y tampoco podemos olvidar algo muy importante, Checo"
"¿Qué- ¡Aaah. Max!"
El hombre aprieta el pecho del omega debajo de él, al ser el pequeño seno tan sensible Sergio gime con fuerza. Su alfa, tan descarado como cualquier otro, sonríe bajo la luz tenue de su habitación.
"No puedo esperar hasta que tus bonitas tetas estén completamente llenas, con solo olerte ya puedo saborear la leche que salga de ellas en mi boca. ¿Sabes los problemas que me has dado en solo imaginarte con tu bonito pecho desnudo? Casi pierdo la concentración en una carrera cuando te imagine sobre mí con tus tetas rebotando."
Max puede oler el dulce olor del flujo de su omega en el aire, "¿Eso te gustaría, verdad, omega? Vamos Checo, déjame mostrarte cómo me gustaría tenerte todos los días desde que supe que estabas embarazado. No sabes cuanto me excita tu cuerpo."
Esa noche, si hubiera sido posible concebir otro hijo lo hubieran logrado. Max le hizo el amor a Sergio de todas las maneras posibles que el vientre de su omega se los permitió, por cada nuevo pensamiento negativo que surgía, Max le mostraba a Sergio cuánto lo quería y lo deseaba con besos y un nudo nuevo.
No había alfa en la parrilla más enamorado que no fuese Max, siempre al lado de su esposo abrazándolo de manera cariñosa y protectora. Las cámaras sólo podían captar el brillo en los ojos de un hombre cautivado y rendido ante su pareja.
La tensión de su relación fue amainando poco a poco, todos lo notaban, eran insufriblemente cursis por mucho que Max intentaba mostrar lo contrario.
"¿En serio? ¿Pequitas?"
"¡Deja de reírte, Carlos! ¡No tienes derecho a hacerlo, eres igual o mucho peor cuando se trata de Charles!"
Era gracioso ver al dominante y fuerte Max Verstappen convertirse en alguien tan distinto cuando estaba cerca de Sergio.
Y más se vio reflejado ese cambio tan brusco cuando el día más esperado por la feliz pareja -más de la mitad de la parrilla, dos escuderías, un grupo de fans enorme y casi toda una nación completa- llegó.
Le avisaron a diez minutos de empezar la carrera, el piloto de Red Bull pasó de estar enfocado en las estrategias estudiadas y en ganar el gran premio, a ser un hombre a punto de entrar en pánico.
"¡¿Qué Sergio acaba de romper fuente?!"
Ni Christian, ni su padre, ni los oficiales de la FIA y los Miles de aficionados que viajaron de tan lejos para verlo, lo detuvieron en su ardua travesía llena de adrenalina para llegar al paddock y encontrarse con su esposo.
"¡Vas a estar bien cariño, ya vamos a llegar! ¡Todo estará bien!"
"Max, amor, solo rompí fuente."
"¡Ya sé, pero esto es más para mí que para tí!"
Acompañado de sus cuñados y sus suegros, Max agarró -robó- una de las camionetas del equipo de ingenieros y llevó a Sergio directamente al hospital. Al llegar, Paola y Toño comenzaron el proceso de registro lo más rápido posible, Antonio intentaba por todos los medios que la habitación se la dieran de inmediato, su hermano no podía estar parado en esa sala de espera cuando tenía un bebé en camino, pero la maldita recepcionista no parecía cooperar.
"¡Un pinche hospital privado que cobra como si uno cagara oro y no tiene habitación!"
Antonio estaba que echaba espuma. Max estaba más preocupado por su esposo como para enfocarse en el problema burocrático que se estaba provocando frente a sus narices, no fue hasta que Paola resolvió -amenazó- el asunto con la beta con cara de querer morirse, o sino Toño habría insultado de mil maneras a la mujer.
Una vez dada la habitación, mientras los padres de Sergio acomodaban un nido en la cama, Max daba vueltas y vueltas, mucho más inquieto y angustiado que el omega que ya estaba en sus primeras horas de contracciones y gimoteaba ante los espasmos de su bebé.
"Alfa, por favor, deja de dar tantas vueltas, harás un hoyo en el suelo."
"Lo siento." Se disculpa Max, "No puedo evitar sentirme así, mi alfa me está molestando mucho."
"Tranquilo mijo," intenta tranquilizar el patriarca de la familia Pérez, Antonio, "entiendo ese sentimiento, pasé lo mismo con mi mujer. Mi Chequito es fuerte, podrá aguantar todavía hasta que nazca Patito."
"Lo sé, sé que Checo es fuerte. Solo que... no sé cómo explicarlo."
"Max", habló Marilú, tomando de la mano al alfa y dándole un suave apretón, "es totalmente normal, es tu instinto hablando y pidiéndote que cuides a tu omega. Sé que es estresante porque es su primer cachorro, pero una vez que pase esto, todo se volverá más tranquilo."
Las palabras reconfortantes tranquilizan un poco más a Max, Marilú siempre se comporta como una madre incluso cuando no se trata de sus propios hijos, agradece bastante que estuviera ella en ese momento. No sabría que habría hecho sin haber escuchado esas palabras, tal vez golpear al enfermero que presionó demasiado el vientre de su omega hasta que lo hizo gimotear de dolor.
Max recibió llamadas de casi todo el mundo -sobre todo de su jefe y su padre-, preguntando qué había ocurrido con él y con Sergio, Daniel y Lando le dijeron que era noticia en todas partes, cuando revisó Twitter su nombre era primero en la lista de tendencias, fotos y videos de él saliendo de su monoplaza con sus ingenieros desconcertados, corriendo fuera de su garaje como si se lo estuviera persiguiendo el mismísimo diablo.
Sus acciones precipitadas podrían traer una mala imagen a él y al equipo, los inversionistas podrían romper contrato con la escudería y hacer que su carrera terminara.
Y, sinceramente, eso a Max no le importaba nada.
Su hijo estaba por nacer y su omega lo necesitaba más que nunca.
Cayó la noche y las contracciones se volvieron más insoportable, Sergio lloriqueaba ante el dolor agudo que su propio bebé le provocaba, intentaba calmarse con el aroma de Max y su propia presencia, pero conforme las horas pasaban en vez de sentirse tranquilo, se sentía al borde querer sacarse el mismo el niño que insistía en salir.
"En serio Emilian, el próximo que llevará un bebé serás tú".
Max parpadeó, "¿Tendremos otro?"
Sergio frunció el ceño y le dio un golpe en el brazo. "Ni en tus sueños, alfa".
Después de dieciséis horas de dicha tortura, de escuchar a Sergio llorando de dolor e insultando a Max por preñarlo, Patricio Verstappen Pérez llegó al mundo un seis de Mayo con un grito fuerte y ensordecedor, olía a dulce vainilla y a los aromas de ambos padres.
Max y Sergio miraron enamorados a su pequeño bebé. Su hijo, su amado cachorro, era hermoso.
"Ten Max, carga a tu hijo."
Cuando su cuñada le entregó a su cachorro y lo tuvo entre sus brazos, todo el mundo de Max cambió por completo.
Cachorro. Manada. Mío
Fue imposible retener las lágrimas, Patricio era un peso confortable y una alegría a su vida, su bebé ahora era una nueva luz a su cielo nocturno a la que cuidaría hasta su lecho de muerte. Su propio alfa aulló bajo su pecho y marcó a su bebé con su aroma para hacerle saber a todos que él era suyo.
Se parecía tanto a él y a Sergio.
"Gracias omega, gracias por darme tan bello niño. Es fuerte y hermoso como tú, amor mío". Besó a Sergio innumerables veces sin sentir pena que la familia de su esposo estuviera presente ¡No lo pueden culpar, estaba que irradiaba de felicidad!
Si tuviera una cola, Max la tendría meneando sin parar de un lado a otro.
Dos días pasó Sergio en el hospital, muchos de sus amigos y conocidos llegaron a felicitar a los recientes padres y llevar regalos para el pequeño Patito. Christian fue el primero en hacer aparición junto con Alice, Jo, Bird y bastantes miembros del equipo de ingenieros -casi toda la manada del garage de Red Bull-, el inglés regañó a Max pero con Sergio fue todo un maldito abuelo comprensivo que exigió ver al niño amenazando con despedirlos si se lo negaban.
También llegaron muchos de los pilotos de la parrilla, Yuki casi se echa a llorar a mitad del pasillo justo cuando Max abrió la puerta de la habitación, el pequeño alfa tenía los ojos rojos e hinchados mientras veía a Sergio en la cama con el pequeño Pato en sus brazos.
"¡Es tan lindo, tu hijo!"
El japonés escondió su rostro en el regazo de mexicano y lloró igual que un niño. Entre lágrimas pesadas de felicidad dijo repetidas veces que estaba contento de que todo haya salido bien, que estaba muy preocupado desde que Max salió despavorido y nunca contestó sus mensajes, y que se alegraba bastante por ellos y su reciente hijo.
Sergio, conmovido y alegre, acarició el cabello de Yuki y ronroneó para calmar los hipos del joven alfa.
"Muchas gracias, Yuki. No sabes lo mucho que me importa que me digas esto."
"Eres muy importante para mí Checo, eres el omega y miembro de mi manada al igual que Max, y ahora tu cachorro."
Esas bonitas palabras alborotaron las hormonas de Sergio y lo hicieron llorar, Yuki le siguió el paso y por último Patricio. Max no sabía qué hacer con dos adultos y un bebé llorando. Fue una extraña escena pero que alegró sin duda a su propio alfa.
Cada piloto siguió yendo y viniendo, y ninguno se fue sin escuchar a Max jactarse de qué él ayudó en hacer a tan hermoso bebé.
Todos estaban felices por la llegada del pequeño Patricio, fue tan bien recibido que Sergio lloró incontables veces por los dos días, agradecido por el apoyo que le brindaron y los días que soportaron su malhumor.
Los días posteriores al nacimiento de Patricio fueron un subir y bajar lleno de emociones y vértigo que llevaron a Max y a Sergio a conocer nuevas facetas de sus vidas y a aprender a ser padres con la ayuda de sus familias y amigos -Jos no se involucró tanto a comparación de Sophie y Victoria, le dió algunos consejos a Max de como cuidar a Patricio y le regaló un enorme peluche de pato.
Muchos fans estaban expectantes ante la aparición del hijo del campeón mundial y de la leyenda mexicana, querían conocer al futuro corredor y promesa de la categoría reina, todo el mundo enloqueció cuando la foto de Max agarrando una pequeña mano regordeta apareció en Instagram.
Sergio se abstuvo de subir algo por privacidad para mantener alejado a su hijo de un mundo al que aún no estaba preparado.
Mantuvo un perfil bajo mientras acompañaba a su esposo en algunas carreras de la temporada, escondía perfectamente bien a su Patito bajo una suave mantita que colocaba para cuando alimentaba a su bebé, y con la ayuda de Alice podía esquivar reporteros que intentaban tener una toma del rostro de su hijo.
El campeonato estaba asegurado para el equipo de Red Bull con Max y Yuki encabezando cada gran premio, conseguían puntos en cada una de las carreras en las que corrían y llegaban a la mayoría de los podios compartiendo los números uno y dos al igual como Sergio lo hacía antes del embarazo.
De todos los dúos que pudieron haberse formado después del retiro del número once, con las teorías de que Carlos Sainz o Daniel Ricciardo compartirían asiento con Max, nadie imaginó que el segundo piloto sería Yuki Tsunoda. Eran un par con diferencias bien marcadas y personalidades completamente distintas que era difícil creer que ambos pudieran congeniar tan bien.
Christian siempre fue muy inteligente en sus decisiones, no siempre cometía errores y haber juntado a ambos alfas no fue uno de ellos, di algo unía a Max y a Yuki ese era Sergio. Aunque cada quien tenía una relación distinta con el piloto mexicano, ambos compartían un cariño hacia él.
Yuki era un cachorro más para Sergio, el omega lo ha demostrado en cada carrera, dinámica o evento en el que han participado, marcando al pequeño japonés con su propio aroma y comportándose como todo un padre omega protegiendo y cuidando del bienestar de Yuki.
A Max, para sorpresa de Christian, no le costó aceptar a Yuki al contrario de lo que muchos creían de él, acepta que era celoso y posesivo con Sergio, pero su alfa reconoce a Yuki como parte de su pequeña manada, y por mucho que a veces su propio instinto quiera gruñirle a Yuki, no lo hace.
Porque mientras que Yuki encuentra consuelo y una figura paterna en el omega, Max encuentra un compañero de vida, un esposo amoroso y leal, y un omega que le acaba de dar un bello cachorro el cual protegerá con toda su vida.
Para él no había mejor premio que el que tenía esperando en el garaje de su equipo o en su hogar en Mónaco, amaba tener a Sergio y a su cachorro acompañándolo y apoyándolo.
Desde el momento que supo que sería padre se prometió a sí mismo ser el mejor de todos, el que siempre quiso desde que era un niño. Su adorado Patricio siempre contará con él aún cuando no esté a su lado y siempre lo querrá.
Cuando veía a su omega siendo tan paternal y doméstico con su hijo en su pecho, alimentando y cuidando de él, amándolo y consintiendo cada uno de los jugueteos, la mente de Max se llenaba de fantasías y escenarios que no mermaban inclusive a mitad de entrenamiento. Intentaba que su propio deseo se acoplara a sus necesidades de correr y ganar el campeonato, pero conforme los meses pasaban y veía cada vez más grande de a su hijo, Max no pudo evitar sentirse triste y un poco alejado de su manada.
Su niño crecía y había días que no podía verlo.
¿Será acaso el fin de su carrera?
Pensó y sopesó sus opciones, los pros y los contra de sus decisiones, ser piloto siempre fue su sueño y pensar en una posibilidad de volver lo veía lejana, tenía todo lo que ha querido, desde éxito hasta una hermosa familia ¿Pero realmente vale la pena perderse etapas importantes de su cachorro para seguir corriendo?
No.
Y cuando anunció que se iba a retirar después de su sexto campeonato, el mundo se volvió un caos total.
«¡Max Verstappen, campeón mundial, anuncia su retiro!»
«¡Retiro de Verstappen de la Fórmula 1!»
«¿Cuáles son las razones del León Holandés para retirarse?»
«¿Problemas en el paraíso? Los rumores dicen que su decisión fue influenciada por el piloto Sergio "Checo" Pérez».
«¿Han domado al león? Max Verstappen declara que una de las razones por las que renuncia es por su familia».
Las noticias, los encabezados, el amarillismo, los chismes y la crítica no se hicieron esperar. Cayeron como un diluvio después de una sequía e inundaron todo internet con publicación tras publicación.
Lo criticaron fuertemente sus fans, criticaron a su omega hasta el cansancio y culparon a su cachorro por su decisión.
Insultaron a su familia e incluso les desearon la muerte para que regresara a la Fórmula Uno
Cada que un reportero o comentarista hacia comentarios extraoficiales y se metían con su manada, Max estaba tirando espuma de la boca y volviéndose en un alfa hecho furia.
De lo que restaba de su última temporada, Max fue penalizado varias veces por mal comportamiento, por arremeter contra fanáticos molestos y golpear a oficiales de la FIA por tratar mal a Sergio.
Fue casi un martirio correr los últimos meses, estaba harto de las especulaciones, de las malas lenguas.
¡De todo!
Antes de su último gran premio, Max habló públicamente que si se retiraba era porque él quería, no porqué Sergio lo obligó o se lo sugirió; era un hombre adulto, un padre de familia y un alfa que quería estar junto a su hijo y su esposo, cuidándolos y asegurándose de que su cachorro creciera bien, y si eso significaba dejar atrás las carreras y la mierda de las personas, entonces no estaba perdiendo nada.
Mandó a todos al infierno.
Inclusive a su propio padre que intentó persuadirlo, cuyas acusaciones y reproches casi rozan la culpabilidad de su esposo e hijo, Max no le permitió hablar más y acabó la conversación con un rotundo no.
El escuchar a Max defendiendo sus decisiones e ideales al punto de irse contra el mundo para proteger a su familia, enamoró más a Sergio y la felicidad y el placer rebozo por todo el mes de diciembre.
Para el cuarto mes de la temporada del año siguiente, Sergio regresó mucho más enérgico y lleno de vida a las carreras junto con su nuevo compañero Yuki, Christian no lo había defraudado y protegió su asiento aún cuando ejecutivos e inversionistas le habían dicho que dejará ese lugar para alguien más prometedor.
Fueron meses de cambios apresurados para todos, pero Sergio estaba listo para volver a poner su trasero en el asiento de su monoplaza y competir contra diecinueve hombres que corrían por la misma victoria.
Sin embargo, así como hubo alegría por su regreso, también hubo veneno corrosivo que Sergio ya tenía previsto mucho antes de firmar nuevamente para Red Bull. No dio muchas explicaciones ni hechos del porqué de su regreso, al igual que su esposo, permaneció estoico y firme ante sus convicciones y no permitió que un reportero o reportera chismosa le quitara un pedacito de felicidad.
¿Y que si quería correr?
Max lo apoyó en el momento que se lo comentó, nunca le dio peros y tampoco trabas ¿por qué eso parece molestarle a las personas? Era un omega y padre de un hijo, pero eso no quiere decir que su vida deba rondar en solo eso.
Ante las críticas, Max nunca se apartó de su lado, podía estar a metros de distancia pero siempre permaneciendo como un compañero que le da estabilidad y apoyo en los momentos más difíciles. Inclusive su esposo se metía a mitad de las entrevistas cuando estás se volvían más amenazantes e intimidantes con sus preguntas, y lo llevaba a un lugar más seguro y tranquilo junto con su Patito, que ahora podía caminar y gritar papá y mamá.
Max se volvió el wag más popular del paddock y del mundo deportivo, apoyando a su esposo desde el garaje y maldiciendo y gritando cuando algo salía mal. A veces se quedaba en el motor home y otras veces en el driver room de su omega, aguardando por él.
No va negar que extraña correr, que extraña la sensación de subirse a su monoplaza y cruzar la línea de salida, pero extraña más el calorcito que su omega le hace sentir cuando lo abraza y no cambiaría para nada la forma en cómo le brillaban los ojitos a Sergio cuando los veía a él y Patricio esperando debajo del podio.
La vida hogareña era cansada, Max trabajaba el doble de lo que trabajaba en la Formula Uno, manteniendo su hogar limpio y estable mientras tenía a su cuidado un niño hiperactivo que le gustaba rayar paredes, comer azúcar antes que a sus verduras y sacar su ropa en su búsqueda de su disfraz de león o pato que tanto le gustaban.
Durante el primer año del regreso de su omega a las carreras, Max se dedicó a organizar, a planear y a manejar todas sus empresas que tenía durante su carrera como piloto, en la comodidad de su hogar.
Muchos de sus inversionistas se bajaron del barco después de retirarse, pero varios permanecieron con su contrato con él y otros llegaron ante su imagen como un alfa ejemplar que les daría una buena imagen por su fuerza y determinación por cuidar a los que ama.
Porque si había algo que amara más el mundo que fotos de gatitos, eran ver el lado sensible y vulnerable de los alfas.
Patético, pensó Max, era por lógica que debía actuar así, su omega necesitaba todo el apoyo posible y su hijo necesitaba quien lo cuide; no es su culpa que muchos alfas en el mundo sean unos imbéciles que deban pensión alimentaria. Pero fue eso lo que mantuvo a Max y a sus negocios a flote, sin olvidar que su esposo era el maldito Checo Pérez, a quien muchos querían y serían capaz de cortarle el pene si se atrevía a lastimarlo.
La temporada del 2027 concluyó con Ferrari cómo campeón, Lewis al fin había ganado su noveno campeonato, pero Red Bull estaba debajo por solo diez puntos, Christian aseguró que para el año entrante ese campeonato volvería a ser de los toros.
Sergio estaba radiante de felicidad y entusiasmo, el omega se veía mucho más hermoso de lo que ya es. Durante la gala, la presencia de Max fue muy llamativa, todos querían hacerle preguntas sobre su nueva vida como alfa de familia y Max no dudó en contestar con una gran sonrisa.
"Estoy contento con mi vida, he alcanzado mis metas cuando estaba en la Fórmula y experimenté por bastante tiempo el poder y la victoria, sin embargo, mi felicidad es más grande ahora que estoy con mi hijo en mi casa viendo a mi esposo correr y siempre deseándole buena suerte a pesar de no estar a su lado todo el tiempo."
Sus palabras conmovieron a miles de espectadores y sobre todo a Sergio, antes de que empezara la ronda de fotos con el equipo y los demás pilotos, el omega derramó algunas lágrimas que Max procuró limpiar con un pañuelo y delicadas caricias.
"Te amo mucho."
"Yo también, pecas."
Sergio y él disfrutaron cada minuto antes de la nueva temporada, viajaron entre México y Países Bajos para visitar a sus familias y que pasaran un tiempo con su pequeño cachorro; conocieron nuevos lugares con Patricio, y cuando la noche cayó, y su hijo junto con ella, hicieron el amor hasta quedar dormidos.
Max conoció la vida más allá de las presiones, la fama, la crítica y el esfuerzo físico, se relajó completamente dentro de su hogar en Mónaco y disfrutó de otras actividades que no fuera entrenar en un simulador.
Se ejercitó, probó otras comidas que mucho antes no pudo probar debido a su estricta dieta y porque Kelly se lo negó durante su relación; conoció más gente al unirse a un club de madres y padres primerizos -la mayoría omegas y betas- que le ayudaron a cómo educar a su hijo y poder hablar de cosas que no entendía de la paternidad, tuvo su primera pelea con Patricio por escoger a Lewis antes que a él como mejor piloto -¡Ni siquiera escogió a su madre!-; y tuvo bastante sexo durante los descansos de Sergio.
Demasiado sexo.
Ninguno sabe si es por el distanciamiento, sus instintos o el mero hecho de que a Max le excitaba la forma en cómo el traje ignífugo le quedaba mejor a su esposo; o el hecho de que a Sergio se le alborotaba la hormona por ver a su alfa actuar como todo un buen padre; cuando las necesidades llamaban por ellos y sus lobos se aullaban por unirse y tener un maldito revolcón, ambos llamaban a Fernando o a Daniel para que se hicieran cargo de su hijo hasta el día siguiente.
El resultado de tanto sexo, nudos y palabras sucias sobre el oído, fue la inesperada noticia de que otro cachorro estaba creciendo en el vientre de Sergio. Para ese entonces, Patito ya tenía tres años, saltó de alegría cuando supo que sería hermano mayor.
Sergio tomó nuevamente su licencia de maternidad, pero está vez regresaría una vez que su hijo cumpliera el mes y estuviera acostumbrado al aroma de Max. De todas maneras, su pequeña Carlota siempre estaba presente en sus carreras, y gracias al nuevo diseño de su traje nomex era más sencillo alimentarla sin ningún problema.
Max se dedicó al cien por ciento con sus hijos mientras Sergio seguía corriendo. Patricio seguía siendo hiperactivo y hablaba hasta por los codos, le daba un poco de consuelo que Carlota fuera más tranquila y no llorara tanto a comparación de su hijo.
Las actividades eran más extenuantes y terminaba demasiado agotado como para hacer ejercicio, o inclusive comer bien.
Comenzó con algo pequeño, aperitivos de un solo bocado, pero con el tiempo, fue escalando tanto que no había algún punto del día que no encontraran a Max masticando algo.
Hacía ejercicio e intentaba seguir en forma, pero en la vida de padre ocupado de dos niños que exigían su total atención, esas actividades no tenían cabida.
Fue inevitable, Max subió de peso, quiso gritar de frustración cuando se dió cuenta en el momento que quiso utilizar sus pantalones favoritos, su maldito estómago había crecido y ahora su ropa se le ajustaba demasiado.
Al principio no le dió mucha importancia -que es un poco de fritura en la cintura-, siguió con su vida rutinaria siendo un amoroso padre y un grandioso esposo, encontraba espacios en su día a día para realizar algunos ejercicios e intentaba reducir su consumo de pequeños bocadillos para evitar que crezca otra talla más.
Sergio nunca mencionó nada, demasiado ocupado en correr para fijarse en algo tan trivial como el peso de su alfa, pero se convirtió en un foco de atención cuando una foto de Max salió a la luz después de su aparición en el Gran Premio de Las Vegas; su esposo estaba más robusto, más ancho, su rostro perfilado y delgado ahora tenía cierta redondez, y su estómago se podía notar aún con esas playeras holgadas que utilizaba para cubrirlo.
El omega no comprendía el revuelo del físico de su esposo, para él, Max seguía siendo el hombre más guapo y apuesto de todos, un alfa fuerte con un atractivo muy especial que lo cautivó mucho antes desde que fueran pareja.
¿Qué tiene que haya subido de peso?
Amaba así a Max, se lo ha hecho saber incontables veces. No saben lo sexy que era su alfa todo rellenito y robusto.
Por mucho que Max quisiera hundirse en la miseria de la baja autoestima y la inseguridad que el mismo mundo le provocaba, Sergio nunca se lo permitió con la cantidad de besos y encuentros fogosos por los que ha pasado antes y después de cada carrera. Todas esas veces que Sergio lo besó con amor, deseos y cariño, fue para Max como un salvavidas en el mar tormentoso de su mente; no hubo momento en dónde el omega no estuviera declarando su amor eterno y agradeciendo al cielo y posiblemente a Dios por darle tan buen alfa para compartir su vida.
No importaba mucho que él haya subido de peso y que su cuerpo con el que Sergio lo conoció este desapareciendo poco a poco, porque en vez de que el deseo y amor mermen por un poco de grasa y piel abultada, solo aumentaban más las ganas que se traían alfa y omega.
"¡Más, más, alfa!"
Entrar y salir de Sergio era una tarea tan conocida para la mente de Max que no tenía que ver como su nudo se hincha en el agujero de su omega para saber si hizo un buen trabajo, el cuerpo de su esposo se estremece a su alrededor y lo ordeña para ser criado y cargar un nuevo miembro de la familia. Aunque Sergio ya no era tan joven y la probabilidad de quedar embarazada no eran muchas, era lo suficientemente fértil para darle un par más de cachorros y, quien sabe, tal vez otra dulce niña como su Carlota.
A Sergio nunca le importó el cómo se veía su alfa, es más, el nuevo físico parece excitarlo más, siempre estaba encima de Max, frotándose sobre su regazo, ronroneando y oliendo a feromonas excitadas, listo para ser criado varias veces hasta quedar en cinta.
Cada vez que Max se quitaba sus playeras, Sergio se lo comía con la mirada, se imaginaba esos fuertes brazos a su alrededor, cargandolo y tomando sus piernas para luego tener el bulto que estaba escondido debajo de esos pantalones, dentro de su agujero necesitado.
Sentir los costados abultados, la piel suave y fofa del vientre de su esposo, y esas mejillas tocando las suyas... Carajo, Sergio a este paso tendrá que conseguir un consolador para cuando no pueda tener a su esposo a un lado.
Su alfa era hermoso, guapo y masculino.
Un gran padre protector y cariñoso.
Y un esposo fiel que siempre lo satisfacía de todas las formas posibles.
Amaba su nuevo físico. Amaba tocar los costados abultados -los gorditos que su alfa siempre intentaba ocultar.
Amaba besar las mejillas regordetas y posteriormente besar los suaves labios que lo han dejado suspirando y gimiendo sobre el lecho de su nido.
Amaba sentarse sobre los muslos fuertes y grandes de Max, sentir su carne debajo suyo y frotarse contra ellos.
Amaba estar recargado sobre ese pecho grande que lo hace sentir seguro, ronronear mientras escucha el latido del corazón de Max y sentirlo bajo sus manos cuando monta al alfa.
Amaba todo.
Amaba todo de su alfa grande y fuerte.
"Max, alfa, críame, dame un cachorro."
Se mojaba debajo del nomex cuando veía a su esposo cargando a sus hijos, ronroneaba y soltaba su aroma cuando esas grandes manos abrazaban sus delgadas cintura.... Le excitaba de sobre maneras que si no fuera por los parches y supresores, Sergio entraría en celo en cada Premio al auf Max asistía.
Su alfa. Suyo y de su pequeña manada.
"¿Eso quieres, amor? ¿Qué te haga otro hijo?" Max levanta la cadera y penetra profunda y lentamente el agujero de Sergio, suficiente para llegar hasta el cuello del útero que espera para recibir su esperma.
El omega chilla sonoramente al sentir la cabeza del pene golpearlo, el nudo está justo en el borde de su agujero, a poco o nada de explotar dentro de él; pone sus manos sobre los hombros fuertes y recarga su frente en el cuello en donde yace una visible marca de apareamiento que él le dió a Max cuando fue su luna de miel, huele a madera quemada, a petricor y a tulipanes cosechados, huele a casa y a familia. Lame una línea desde la marca hasta la unión de la mandíbula y gime cuando otra estocada le da de lleno.
Sí. Sí quiere otro cachorro de ese dulce y amable alfa que lo trae loco desde que unieron sus vidas, quien lo cuida y le da el mejor sexo de todo el mundo. Aquel alfa que lo mira con anhelo y lujuria a pesar de que los años pasan y comienzan a no ser amables con él.
A ese alfa que le dijo sí y ahora tenían una linda familia.
"Sí, sí, sí, alfa. Quiere a todos tus hijos, por favor, por favor, lléname Max."
Ni siquiera Max puede explicar el estado en el que a veces Sergio entra cuando tiene sexo, siempre drogado y con corazones en los ojos.
Ni siquiera Max puede entender o comprender el desenfrenado deseos de Sergio de ser anudado y criado, entraba en alguna clase de trance en el que su propio omega manejaba cada una de sus acciones, pero al mismo tiempo era él quien exigía ser tomado innumerables veces.
Siempre gimiendo su nombre.
Siempre pidiendo para que se lo cogiera.
Siempre abriendo las piernas y poniendo sus ojitos llorosos para que Max le haga caso.
Diablos.
Si seguían así, dentro de poco, Christian implementará una norma de abstinencia porque a este paso, si fuese posible, Sergio tendría a toda una maldita parrilla dentro de su vientre.
Y por mucho que Max quisiera poder negarse, él es débil. Tan débil que con solo oler a Sergio, en un abrir y cerrar de ojos ya lo tenía debajo suyo, o arriba de él rebotando.
Estás eran las consecuencias de sus decisiones y Max no se arrepentía de ellas.
