Chapter Text
1.
La primera vez que Hoshina vio a Narumi Gen fue durante un viaje a la base marítima Ariake. Como una forma de mantener la unión entre las fuerzas del este y del oeste, eligieron cinco jóvenes promesas para visitar la base de la primera división para que observaran el entrenamiento de Isao Shinomiya de primera mano. Soushiro Hoshina estuvo entre los elegidos, algunos mencionaban que era sólo por ser hijo de una familia tan famosa como los Hoshina y otros pocos aceptaban a regañadientes que Soushiro era, de hecho, un joven con potencial (si no fuera por su bajo potencial en armas).
En ese instante se encontraban recibiendo un tour por la base para darles a conocer las instalaciones y que no se perdieran durante su estancia. Mientras caminaban por los pasillos su guía, un líder de pelotón alto y lindo, abrió una de las puertas para revelar la sala de tiro que se encontraba ocupada por el mismísimo Isao Shinomiya y un joven de cabello de dos colores.
Los cinco jóvenes soldados se sorprendieron de ver al capitán de la primera división con un chico tan explosivo, pero su guía no lo estaba e incluso bromeó sobre si esa era la décima derrota de Narumi en el día. Soushiro inclinó la cabeza ligeramente, confundido, el chico parecía de su edad gritando palabras inapropiadas frente a su superior como si no tuviera miedo a las reprimendas. Isao no se veía afectado y seguía observando al joven con cierto desdén que incluso Soushiro encontró duro, pero debajo de esa mirada había algo más, pero ¿qué?
“Ah, disculpen esto” dijo el líder de pelotón cerrando la puerta y sacando a Soushiro de sus pensamientos. “Olvide que a esta hora iban a hacer la práctica de tiro.”
“¿Quién era ese?” preguntó uno de sus compañeros sin ninguna pizca de tacto, el guía levantó la ceja sorprendido por el tono usado, eso fue suficiente para que el chico notará lo irrespetuoso que había sonado su pregunta. “Ah, disculpe, líder de pelotón, me refería al chico”
“¿Narumi? Oh, es un nuevo recluta, pero ignórenlo por su propia paz mental” bromeó el hombre continuando su camino hacia la siguiente habitación. “Ahora nos dirigiremos hacia la sala de entrenamiento número tres.”
Soushiro dejó que su mirada regresara a esa puerta cerrada, no había ningún sonido saliendo de allí sin embargo estaba seguro que el tipo aún estaba gritando alguna tontería. Se veía interesante.
I
El pie de Soushiro se deslizó ligeramente hacia la derecha para mantener su centro, sus dedos apretaron con un poco más de fuerza la espada de madera y la elevó con firmeza. En un parpadeo su compañero estaba fuera de combate y el líder de pelotón que los vigilaba señaló su victoria. Soushiro bajó la espada y se quitó el casco con cuidado, escuchó los murmullos de las personas que estaban mirando su entrenamiento y captó los intimidantes ojos de Isao Shinomiya por unos segundos antes de que el hombre desapareciera por la misma puerta por la que vino. El rostro de Soushiro se mantuvo sereno, pero por dentro sentía su orgullo hincharse por conseguir llamar la atención que deseaba.
Dio una reverencia a su contrincante y volvió a su lugar a una esquina de la habitación mientras otros dos compañeros se preparaban para su turno.
“Ni siquiera me dejaste intentarlo, Soushiro” se quejó su compañero, había cierta molestia en su tono, algo a lo que ya se había acostumbrado.
“Una disculpa, no pensé que eras de los que preferían hacer un espectáculo antes de caer” respondió, la sonrisa en su rostro solo sirvió para irritar al otro.
“No te creas la gran cosa, cuando comencemos la práctica de tiro veremos lo patético que eres” gruñó, Soushiro permaneció impasible incluso cuando por dentro se imaginaba las diferentes maneras para que su compañero se retorciera de dolor.
“Si, supongo que es en lo único que puedes confiar para destacar ya que eres malo en todo lo demás” contestó, sin perder más el tiempo regresó su atención a sus compañeros al centro de la habitación. Su pelea llevaba más tiempo que la que protagonizó y mientras veía los movimientos su cerebro seguía señalando cada abertura en la que podría contratacar.
“Maldito imbécil” escuchó. “Si no fuera por tu apellido ni siquiera hubieras logrado ingresar a las fuerzas” otro de sus compañeros se rio, fue apenas audible para no interrumpir el entrenamiento, pero Soushiro lo escuchó alto y claro. “Oye, no me…”
“Rise, dejaló” llamó aquel que reía. “No vale la pena desperdiciar tiempo en él.”
“Pero Tsumo”
“Un día, su técnica de espadas no lo salvará de la muerte y ese será el fin para el genio ¿no crees?” continuó echándole un vistazo a Soushiro esperando sacar una reacción del joven estoico.
Soushiro mantuvo la falsa sonrisa.
Si durante su pelea contra Tsumo realizó dos movimientos extra antes de hacerlo caer al suelo y golpearle la frente con su espada, nadie lo señaló.
“Hmp y tú eras el que se veía más tranquilo de todos esos tipos” dijo alguien.
Soushiro estaba saliendo de la sala de entrenamiento, era el último en recibir retroalimentación (eso fue excepciona, Hoshina, no creo que tenga algo que corregirte en realidad, dijo el entrenador. ¿Has pensado en unirte como maestro de esgrima? Creo que tus habilidades serían más útiles de esa forma) y planeaba encerrarse en su habitación durante la siguiente hora para sacar la frustración que sentía de la mejor manera que conocía: leyendo. Su plan fue detenido por una presencia silenciosa que estuvo esperando por él. Consciente de quien era se dio vuelta para enfrentarlo, lo sabía porque Soushiro estaba seguro que vio a Narumi Gen escondido en un rincón jugando algo durante toda la sesión e ignorando efectivamente a todos en la sala.
Al menos, creyó que los ignoraba.
“Creo que no nos hemos presentado” mencionó sin mostrar su sorpresa. Narumi lo escaneó de pies a cabeza, los ojos rosados analizaron a Soushiro como si fuera una presa que quería cazar.
“Pudiste acabar ese penúltimo combate con un movimiento” continuó, ignorando lo que Soushiro había dicho. “Pero decidiste jugar con él ¿es porque te molestó lo que te dijo?”
“No sabía que escuchaba conversaciones ajenas” Soushiro hizo una señal para darle paso al otro de que le dijera su nombre y se presentará como lo haría alguien normal.
Narumi puso los ojos en blanco. “No actúes como si no supieras quien soy, ojos de zorro” sus manos se escondieron en los bolsillos de su chaqueta y la consola que guardaba en uno de ellos se tambaleó precariamente. “Entonces ¿lo hiciste porque te molestó?”
Soushiro arqueó la ceja, ahora que lo tenía de frente podía señalar las horribles ojeras que colgaban bajo sus ojos y el desastre que era su cabello. También diría que su voz era mucho más bonita cuando no estaba gritando impropios. “No sé a qué te refieres, Narumi” respondió dejando que la practicada sonrisa se deslizará por su rostro como una familiar mascara que se acostumbró a llevar. “Mis compañeros querían mostrar lo que podían hacer así que sólo les di margen para ello”
“Tch” Narumi frunció el ceño, su rostro cambió rápidamente ante la mentira que escuchaba. “Eres un terrible mentiroso ¡Y deja de darme esa falsa sonrisa que me irrita!” gritó tan estruendosamente que Soushiro se preguntó si las personas en otras habitaciones podían escucharlo. “No me gustas, ojos de zorro, así que pelea conmigo la próxima vez”
¿Eh? Soushiro no podía entender a ese chico. Su sonrisa tambaleó ligeramente, pero logró conservarla. “No te agrado ¿pero quieres pelear conmigo?”
“El viejo sigue diciendo que eres un buen luchador cuerpo a cuerpo, no se calla acerca de eso desde que llegaste, entonces si te venzo demostrare que soy mejor y al fin me dejará pelear con él otra vez” Infló el pecho orgulloso de su conclusión.
Soushiro no pudo evitar la risa que se le escapó ¡era un niño!
“¿De qué mierda te ríes? ¿Es que no me tomas en serio? ¡Por qué te hare saber que soy el mejor jodido soldado que ha pisado este lugar en décadas y…”
“¡Narumi!” rugió una voz al final del pasillo. El mencionado se congeló y de su boca salió otra maldición al verse descubierto, Soushiro observó a Hasegawa Eiji apareciendo con la furia escrita en todo su rostro. “¿Qué crees que estás haciendo? ¿No te dije que tenías un horario que cumplir?”
Narumi se quejó. “No quiero, ¿por qué tendría que rellenar tantos formularios? ¿No basta con que les diga que pueden hacer lo que quieran conmigo y ya?”
Hasegawa frunció el ceño y su mano se elevó para darle un golpe en la cabeza. “Será mejor que regreses a leerlos correctamente y me los entregues al final del día” Soushiro se preguntó si debía señalar que ya eran las siete de la tarde. “Soushiro” saludó. “Una disculpa por Narumi”
“¡Hey, no hice nada!” gritó Narumi ganándose otro golpe.
“Espero que todos se encuentren bien en tu familia.”
Soushiro, más divertido que nunca, asintió observando el intercambio con especial interés. “Sí, mi padre manda saludos, dijo que espera poder asistir a la próxima reunión para ponerse al día con usted, señor”
Hasegawa asintió complacido. “Estaré esperándolo, espero tu estancia en la base sea fructífera.”
Soushiro asintió. “Gracias” miró a Narumi que se veía un poco perdido ante la charla familiar entre su superior y el chico que estaba retando a una pelea. Fue gracioso, se preguntó que más podría descubrir de ese joven explosivo. “Narumi” llamó, la mirada rosácea se posó sobre él. Bonito, pensó. “Será un placer tener una sesión de entrenamiento contigo, si consigues tiempo”
Tras eso hizo una reverencia y se alejó de allí. Tenía la tentación de mirar la reacción de Narumi Gen ¿se sorprendió? ¿estaba sonrojado por la ira de no tener la última palabra? ¿fue reprendido por Hasegawa al estar buscando pelea contra soldados de otras divisiones? Deslizó su lengua por el labio inferior, no era normal sentirse tan emocionado por un desconocido.
“¡Oye, ojos de zorro! ¡Será mejor que no te vayas sin darme esa pelea!” Gritó Narumi, pero su voz ya se escuchaba lejana debido a que Hasegawa lo arrastraba de vuelta a su habitación. Soushiro asintió internamente, él igual lo esperaba.
II
La promesa no pudo cumplirse hasta un día antes de que su estancia en la base de la primera división terminará. Acabaron su itinerario temprano para que tuvieran tiempo de empacar y descansar ya que su vehículo vendría al día siguiente a primera hora de la mañana así que actualmente se encontraba en su habitación.
Soushiro ya había recibido un mensaje de su hermano preguntando acerca de su pelea con Narumi y lo impropio que era de él, resulta que alguien escuchó toda la discusión y fueron el tema de conversación de los soldados que no tenían nada mejor que hacer. Ignoró a Soichiro, por supuesto, y fingió no ver el resto de mensajes que le llegaron tras dejarlo en visto.
Ahora mismo estaba leyendo las noticias del ataque kaiju que hubo en la ciudad de Himeji y el cual se perdió por estar en Tokio. Una toalla colgaba de sus hombros ligeramente húmeda por atrapar las gotas que se deslizaban de su cabello, sus compañeros estaban reunidos en las literas de enfrente comiendo frituras que les fueron dadas por su superior como regalo de despedida y compartiendo sus experiencias con las lindas reclutas que se habían topado en el último entrenamiento. Soushiro pensó seriamente en salir a dar una vuelta para poder tener paz, pero Narumi se encargó de tomar una decisión por él.
De un momento a otro la puerta fue abierta con tal fuerza que los cuadros colgados en las paredes temblaron, la silueta imponente de Narumi Gen se alzaba sobre ellos y su rostro prometía no irse de allí hasta conseguir lo que quería, lamentablemente eso era arrastrar a Soushiro a la sala de entrenamiento más cercana y obtener el esperado combate.
“Tú, ojos de zorro” llamó señalándolo groseramente con su dedo índice, una sonrisa maniaca creciendo en su rostro. “Pelea, ahora”
“¿Has perdido toda la capacidad de hablar o de repente te convertiste en un cavernícola, Narumi?” preguntó, su tono fue sereno, pero la burla escondida irritó de sobre manera al joven en la puerta.
“¡Mueve tu maldito trasero, no tengo todo tu tiempo!” Gritó y casi enseguida se dio vuelta para hacer su camino hacia algún lugar, la puerta se mantuvo abierta dejando el mensaje claro: volvería si Soushiro no lo seguía.
Cansado, Soushiro se levantó de su lugar colocándose la chaqueta en el camino. Los días previos habían sido de gran aprendizaje, no solo sobre técnicas para subyugar kaijus sino también sobre el extraño personaje que era Narumi Gen: un prodigio que fue encontrado hace poco y que demostró tener una fuerza abrumadora humillando incluso a líderes de pelotón veteranos. El único obstáculo en su perfecto historial era Isao Shinomiya y aquello ya era una hazaña digna de admirar.
Claro que, tal diferencia de poder entre los soldados y él lo habían puesto en una posición solitaria, en opinión de Soushiro, sumado al hecho de que Narumi ignoraba a cualquiera que no considerara lo suficientemente fuerte para obtener su atención.
Sus compañeros de cuarto le enviaron miradas cargadas de celos, después de todo Narumi nunca les había dado ni un solo vistazo desde que llegaron a pesar de que aquel chico había estado revoloteando en las mismas salas que ellos, buscando una oportunidad de pelear contra Soushiro, gritándole a través de los pasillos por ese horrible apodo y siendo una molestia absoluta para Soushiro, pero una nueva causa de envidia por parte de sus otros cuatro compañeros.
Salió de la habitación a paso lento cerrando la puerta detrás de él, les daría la privacidad que querían a sus compañeros para expresar su desacuerdo sobre la atención que atraía. Era molesto, pero normal, hace mucho se había acostumbrado a las miradas desdeñosas y los susurros enojados contra su persona.
Apresuró ligeramente el paso para alcanzar a Narumi y cuando lo tuvo a la vista disminuyó su velocidad quedándose ligeramente rezagado. Desde su lugar decidió analizar a Narumi en silencio: su postura ligeramente encorvada lo hacía ver más pequeño de lo que realmente era, sus manos se encontraban escondidas en los bolsillos del uniforme (un hábito que había descubierto a través de los días, cuando no se encontraba jugando su consola portátil Narumi solía guardar sus manos en su chaqueta), su cabello era un desastre con el flequillo rosa cayendo descuidadamente sobre el bonito rostro del joven. Su cuerpo era delgado, una muestra del poco tiempo que llevaba entrenando de manera profesional, pero empezaba a notarse sus esfuerzos en la manera en que sus piernas se veían más trabajadas o las finas líneas de sus brazos donde los músculos empezaban a formarse. Su rostro mostraba una expresión concentrada, aunque sus ojos cubiertos por el cabello no dejaban ver bien si había algo más debajo de toda esa petulancia que destilaba. Le hizo preguntarse qué clase de persona era Narumi cuando fue reclutado
“Entonces” Soushiro entrecerró los ojos deseando captar lo que provocaría su siguiente declaración. “¿Qué piensas lograr si me ganas?” acentúo el ‘si’ por el puro placer de molestar cosa que consiguió sin problemas.
“Cuando gane” corrigió Narumi con la nariz arrugada. “Cuando gane le restregare en la cara al viejo que no eras la gran cosa”
Las palabras se repasaron lentamente en el cerebro de Soushiro, no causaron la irritación que Narumi buscaba sino un interés especial en por qué Narumi estaba tan decidido en demostrar que Soushiro no era tan bueno como se planteaba. Millones de probabilidades pasaron a través de su cerebro hasta que una destacó con un letrero en luces neón, sus ojos se abrieron revelando mejor aquel rojo sangre que helaba a las personas que recibían su mirada. Su sonrisa creció al encontrar la respuesta, era como un niño terminando de armar un rompecabezas de trescientas piezas.
“Estas celoso” declaró, ni siquiera fue una pregunta. Soushiro observó con placer como Narumi se giraba de inmediato y su rostro se volvía rojo brillante por la ira o la vergüenza de ser descubierto. Fue magnifico, Soushiro se preguntó que era esa nueva emoción que tenía cuando lograba desarmar al joven prodigio.
“¡¿De qué carajo hablas?! ¡¿Celoso?! ¡¿De qué habría de estar celoso?!” comenzó a gritar, era un alivio que fuera la hora del almuerzo para el resto de los soldados y nadie presenciara tal escena.
Soushiro estalló en carcajadas, su cuerpo entero temblando por la diversión que lo invadía. Narumi siguió gritando y señalándolo por una respuesta que Soushiro le dio cuando pudo calmarse. “Estas celoso” repitió ganándose otra queja entusiasta. “Porque el señor Shinomiya sigue alabando a alguien más que a ti, estas celoso que alguien más te robe su atención ¿no es así?”
“¡¿Ja?!” Si fuera posible el rostro de Narumi se habría puesto más rojo por aquella acusación. “¡¿Qué clase de ridiculeces estas diciendo?! ¡No estoy celoso, mucho menos por alguien como tú!” Soushiro prefirió no preguntar a que se refería con esa última declaración y asintió moviendo la mano en el aire.
“De acuerdo, te seguiré el juego” tomo aire y trató de calmar su agitado corazón, hace mucho que no se reía de esa forma.
“No me seguirás nada porque lo que dices es mentira” escupió Narumi dándose vuelta para continuar su camino, esta vez sus pasos fueron más fuertes pisoteando como si de un animal enjaulado se tratase.
Soushiro lo siguió en silencio, por dentro se encontraba satisfecho de su descubrimiento. Le era emocionante poder armar el complicado rompecabezas que era Narumi Gen, alguien tan volátil como él debía ser fácil de leer, pero bajo esas capas y capas de orgullo y altanería se encontraba un enigma que requería de paciencia para descubrir.
Tal vez tenían algo en común.
Finalmente llegaron a la sala de entrenamiento. Narumi ahora se encontraba enojado demostrándolo cuando arrojó su chaqueta descuidadamente y se giró hacia Soushiro con la promesa de hacerlo sufrir intensamente. Soushiro por su parte fue más calmado, imitó su acción de quitarse la parte superior del uniforme presintiendo que necesitaría toda la libertad de movimiento que pudiera conseguir si se enfrentaba contra ese chico.
Se mantuvo a una buena distancia de su oponente separando los pies ligeramente, pasó un brazo detrás de su espalda y el otro lo elevó frente a él en una clara señal de desafío. Ven aquí, decía con su postura y Narumi no lo decepcionó.
Con una ferocidad digna de alguien como Narumi, el primer golpe se elevó contra el rostro de Soushiro, uno que esquivó fácilmente solo para detener el segundo que buscaba conectar contra su costado derecho luego de que el primero fuera una distracción.
O con ambos siendo una distracción, pensó tras detener un tercer golpe. Fue increíble la velocidad con la que Narumi se recuperaba para ir al siguiente movimiento, algo que Soushiro esperaba incluso si nunca lo vio en ninguna pelea durante su estancia en la base.
El joven se movió con agilidad, su delgado cuerpo fue de ayuda para moverse en sucesión rápida buscando que Soushiro trastabillara para hacerlo caer. Fue intenso, Soushiro sintió que estaba peleando contra una bestia por la pura fuerza que Narumi le ponía a cada uno de sus golpes, casi sentía los moretones que saldrían mañana. Sonrió ligeramente, eso era exactamente lo que esperaba, no, estaba superando sus expectativas.
Por la personalidad de Narumi muchos de sus compañeros juzgaron que su forma de pelea sería exactamente igual: explosiva e impulsivamente, con golpes fuertes pero fáciles de esquivar, un ser irracional que se dejaba llevar por la adrenalina.
Que pensamiento más estúpido quiso decirles y ahora mismo lo reafirmaba.
Narumi Gen se había ganado el respeto de toda su base. Un chico que recién comenzaba había escalado rápidamente en la pirámide de fuerza con la que la primera división se media y consiguió con acciones que todos aceptaran lo grandioso que era. No había forma que un orgulloso líder de escuadrón dijera con tal admiración que Narumi Gen lo superaría y mucho menos que otros más afirmaran que podían ver a aquel joven como el próximo capitán de su división cuando Shinomiya Isao subiera de puesto.
Narumi no podía lograr obtener todo ese respeto peleando como un adolescente de secundaria buscando atención, absolutamente no. Soushiro esperaba mucho más que eso y ahora estaba orgulloso de no haberse equivocado.
“¿Estas tomándote esto enserio, maldito ojos de zorro?” Gruñó Narumi luego de que Soushiro pusiera distancia entre ellos nuevamente, el joven estaba cansándose de que su oponente se mantuviera a la defensiva.
Soushiro no quería decir que sí cuando Narumi parecía un detector de mentiras humano, por lo que eligió responder con acciones. Habiendo analizado la forma en que el chico peleaba, decidió que era hora de actuar.
La próxima vez que Narumi se impulsó para atacar, Soushiro se preparó para contraatacar. Tomó un pequeño impulso y saltó para evitar la barrida que hizo el otro para hacerlo caer, apenas volvió a tocar suelo su pierna se disparó hacia Narumi, el joven apenas tuvo tiempo para detener la patada gruñendo cuando la fuerza de la misma impactó contra su brazo. Soushiro sonrió, no sería una pelea rápida.
Durante los siguientes diez minutos sus cuerpos se movieron por toda la sala entre golpes, esquives, patadas y saltos. La potencia de sus golpes seguía sin disminuir a pesar del tiempo que llevaban y ninguno de los dos estaba cediendo terreno. Narumi estaba complacido por el reto que se le imponía y Soushiro se sintió extasiado al conseguir al fin una persona capaz de seguirle el ritmo. Era una pena que, como todo en la vida, su pelea tuviera un fin.
Soushiro se lamentó cuando dio aquel golpe final sabiendo que Narumi caería y lo tendría apresado debajo suyo, la tentación de fingir fallar estuvo allí, pero sabía que su contrincante despreciaría cualquier acto de duda o falla intencional así que, sin más, terminó el combate en un movimiento.
Narumi jadeó cuando el aire escapó de sus pulmones, su visión se tornó borrosa por un segundo y luego se aclaró dejando ver la sonrisa engreída en el rostro de Soushiro. El cuerpo de Narumi estaba apresado por los fuertes muslos del otro, así como la palma de Soushiro presionando su hombro de una manera que se sintió como si lo estuviera clavando al suelo. Frunció el ceño, molesto por la conclusión de la pelea, no quería aceptarlo sin embargo Soushiro no dejó ninguna abertura para que pudiera contraatacar.
Fue frustrante.
Fue emocionante.
“¿Te rindes?” preguntó Soushiro, la diversión pintada en cada palabra que salía de él. Narumi intentó zafarse una vez más sin éxito. Finalmente, con un último gruñido, Narumi aceptó su derrota en un susurro. “Vaya, es la primera vez que te escuchó decir eso ¿debería sentirme especial?” cantó lo último mientras dejaba de presionarlo contra el suelo, sus brazos se movieron al frente aplaudiendo. “Tal vez consiga que tus superiores me den un premio por ponerte en tu lugar”
“Quítate de encima, maldito corte de tazón” gritó Narumi empujándolo con fuerza, Soushiro se dejó cayendo a lado en un ataque de risas. Narumi apretó los labios al ver como el chico se revolcaba en el suelo, se estaba riendo tan fuerte que no sería una sorpresa que alguien apareciera para llamarles la atención. “Otra vez”
Soushiro se detuvo tratando de calmar su respiración agitada, limpió la lágrima que salía de su ojo y negó. “Me temo que, por mucho que me haya divertido, esto no puede repetirse” se relajó, su cuerpo lentamente filtró la adrenalina que corría por sus venas, una extraña calma comenzaba a alcanzarlo y el peso del día finalmente lo reclamaba. “Debo ser capaz de levantarme temprano mañana y tengo el presentimiento que, de seguir así, ninguno de los dos tendrá fuerzas para siquiera salir de aquí”
“Ja, eso es porque eres un debilucho” se burló, su mano se elevó a su cabello para sacarlo de su cara, le comenzaba a molestar que el sudor hiciera que se le pegara a la piel. “Si no puedes moverte entonces te arrastraré hasta tu habitación”
“Grosero, lo mínimo que podrías hacer es cargarme” se quejó.
Se fundieron en un agradable silencio, ninguno se movió de su lugar y, sin saberlo, ambos repasaban el combate anterior. Soushiro no podía negar que, para alguien que no tenía un gran entrenamiento, Narumi se desenvolvía maravillosamente. Sus movimientos eran salvajes, pero pensados; su cuerpo se movía con una gracia que rivalizaba con los mejores luchadores de su familia y Soushiro se preguntó cómo sería pelear contra un Narumi que tuviera más años de experiencia.
Su cabeza se deslizó a un lado, su mejilla presionó contra el frío suelo de madera sin molestarle lo pegajoso que se sentía por el sudor, por el contrario, apreció la vista. Narumi aún estaba perdido en sus pensamientos y desde esta nueva perspectiva Soushiro pudo admitir que el chico era lindo con esa cara de facciones afiladas, los ojos de un llamativo rojo pareciendo caer en un rosado intenso y finos labios rosa pálido.
Puaj, odiaba su debilidad por los tipos fuertes y capaces.
Su cuerpo se movió por sí solo sentándose y gateando para acercarse al otro chico en la sala, cuando estuvo lo suficientemente cerca, se inclinó invadiendo el espacio personal del otro lo que fue suficiente para despertar a Narumi. Rojo contra rojo, sus ojos chocaron en una batalla silenciosa sobre lo que deberían hacer a continuación. Soushiro observó con deleite como la mirada de Narumi descendía al sur sobre sus labios y como casi de inmediato regresaban al frente, fue el momento, la adrenalina, la combinación de múltiples factores lo que le dio la valentía para inclinarse más hasta que sus narices se rozaron y sus respiraciones chocaron.
Una mirada interrogante, un destello fugaz de aceptación.
Sus labios se unieron con ligera vacilación, una presión que apenas duro medio segundo. Fue incomodo, tímido, sin embargo, algo dentro de ambos ansiaba buscar aquella sensación escondida que no podían entender del todo, pero estaba allí cuando se besaron. La separación duro lo mismo que el beso antes de que sus bocas se encontraran de nueva cuenta, esta vez un poco menos temerosos, un poco más salvajes.
Las manos de Soushiro se apretaron contra la madera buscando no perder el equilibrio durante el beso mientras que las de Narumi flotaban cerca del cuerpo de su compañero sin estar seguro que debía hacer. El beso no duro mucho, pero tampoco lo hizo el tiempo que permanecieron separados porque siempre volvían a buscarse, como si el no besarse fuera a matarlos.
“Mi habitación está más cerca” dijo Narumi cuando finalmente se tomaron más de medio segundo separados, Soushiro levantó la ceja ante el descaro. Sonrojado y avergonzado, Narumi lo empujó. “Solo decía, maldita sea, como si me importara…”
“No dije nada” respondió Soushiro levantándose del suelo, su cuerpo protestó por el movimiento y le hizo recordar cuando deseaba una cama y descanso adecuados. Sin embargo… “Guía el camino”
Esa noche sus compañeros ignoraron el hecho de que Soushiro jamás llegó a dormir a su habitación compartida.
III
“Parece que te divertiste allí” comentó Soichiro viendo el inusual buen humor de su hermano.
Soushiro rodó los ojos. “No sé de qué hablas”
Soichiro arrugó la nariz cuando Soushiro esquivo su intentó de iniciar una conversación, el menor de los Hoshina desapareció entre los pasillos de la sexta división como si no acabara de mostrar un irrespetuoso desdén hacia un superior. Soichiro no le importaba, en realidad, no estaba buscando hablarle como Soichiro Hoshina, líder de pelotón, sino como su hermano mayor que notó un extraño moretón en la base de su cuello mal cubierto por su ropa.
“Ese mocoso ¿que se supone que hizo allí?” murmuró, un puchero presente al pensar a su dulce hermano menor jugueteando con gente desconocida. Tal vez era hora de darle la charla, solo por diversión.
