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Adore you

Summary:

Abel Walker, el frío líder de Magia Lupus, tiene un secreto. Después de perder a su madre, Abel creía que no volvería a amar a alguien más, hasta que conoce a Abyss Razor. Se pregunta si el miedo le permitirá ir más allá con la única persona que le permitió conocer de nuevo el amor y la lealtad. Él espera que su confesión esté a la altura.

Notes:

Hola, gente. Es mi primer fic de esta shipp y de la historia en general, y aunque soy pésima escribiendo resúmenes, espero que les guste. Amo a Abel y a Abyss no solo como pareja, sino también individualmente, ya que ambos poseen las voces de mis seiyuus favoritos: Yuuichirou Umehara y Hiroki Nanami.
Espero que la historia sea de su agrado en español, aunque originalmente pensé en subirla en inglés, pero soy algo torpe. 🤧 ¡Abracitos! 🩷

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Su corazón late fuertemente en su pecho, mientras sus ojos intentan visualizar la figura que lo llama una y otra vez.

—Abel, mi pequeño y dulce Abel. –Repite la voz. —Estaré aquí, siempre te estaré protegiendo. No importa la decisión que tomes.

Una mano se extiende ante él y Abel corre para tomarla, pero cuando logra alcanzarla ésta se desvanece. Abel grita "Mamá" varias veces, hasta que siente que se queda sin voz. Llora por la pérdida de la única persona que lo ha amado. Se mantiene en pie, frío y destrozado. Se pregunta por qué siempre es lo mismo, ¿por qué cuando está a punto de lograr su objetivo éste se desvanece en sus manos?

El paisaje onírico se transforma y la oscuridad que lo envolvía se disipa hasta que sus pies tocan tierra. Siente como unos fuertes brazos lo toman por detrás formando un abrazo. Es cálido, es amable y dulce. Reconoce ese olor en cualquier lugar, proviene de su persona favorita, de la única que ha logrado que él abra su corazón de nuevo. Se siente débil ante el tacto, cualquier estatus, cualquier logro es nada ante el deseo de permanecer siempre en sus brazos, su lugar seguro.

—Abyss, Abyss, por favor no me dejes. –dice mientras las lágrimas abandonan sus ojos. Abel intenta ver la cara de la persona que lo mantiene aprehendido entre sus brazos, y aunque no logra su objetivo, se derrite ante el toque. Abel conoce la dulzura que emana de sus labios, las palabras amorosas que desprende para apaciguar cualquier dolor que se filtra en su pecho. Abyss es especial, educado, conoce cada parte de él a la perfección.

Después de la muerte de su madre, Abel renunció ante cualquier afecto que alguien pudo haberle ofrecido, hasta que conoció a Abyss Razor: cabello azul claro, su ojo rojo –con un iris amarillo y la forma de pentagrama que resaltaba junto a su pupila negra– lo hacía lucir imponente, atractivo, hermoso e inigualable. Abel siempre ha sabido que su debilidad fueron sus ojos –su ojo–, que más que una atracción para él fue la salvación. Se pregunta cuándo dejará de ser un cobarde y logrará demostrarle a Abyss que es importante para él, que no es solo un seguidor más en su lista. Espera tenerlo entre sus brazos y besar sus mejillas, sus ojos, su cabello y finalizar besando la fea cicatriz que tiene en su cuerpo: la prueba irrefutable de que Abyss Razor, el Segundo Colmillo de Magia Lupus, es capaz de dar su vida por él. Abel se siente especial y a la vez miserable por ser débil y dejar que saliera lastimado.

—¿Qué pasaría si te dieras cuenta de que también soy capaz de morir con tal de mantenerte a salvo? No soportaría perderte. Creo que me enamoré de ti y nada se compara a lo que siento cuando te veo. –Abel se confiesa apretando los brazos que le rodeaban. Sus ojos se van cerrando, y antes de caer de nuevo en la niebla del mundo de los sueños, escucha a Abyss susurrar su nombre.

 


 

Después de reunirse con los miembros de Magia Lupus para concertar cuál será la sorpresa que le darán a su líder por su cumpleaños, Abyss se da cuenta que quizá no es buena idea confiar completamente en sus compañeros. Así que busca la ayuda de Mash y sus amigos para concordar hacer un pastel delicioso para festejar su cumpleaños. Él lo merece, así como merece la gran bolsa de mini tomates que consiguió junto a Love en una tienda.

Mientras Abyss se dirige a su habitación compartida, pasa por la sala de reuniones y escucha una voz conocida. Se dirige hacia ella contento de por fin ver a la persona que estaba buscando. Cuando abre la puerta nota una figura acostada en el mueble. Abyss sabe que está dormido, pero lo que llama su atención no es la postura en la que se encuentra, sino las lágrimas que salen de sus ojos y las palabras que salen de su boca. Quita a Madre, la muñeca que está en su brazo, para colocarlo adecuadamente en el mueble. Sin embargo, cuando está por acostarlo nuevamente en el sofá, siente unos brazos que lo atraen.

—Abel-sama... Abel-sama, estoy aquí, estoy aquí. –susurra Abyss sentándose en el sofá y ahuecado la cabeza de Abel entre sus brazos.

El cuerpo del más bajo se retuerce. No es la primera vez que lo ve teniendo una pesadilla, sin embargo, el sentimiento que le embarga al verlo en ese estado es doloroso; escucharlo llamar a su madre es aún más doloroso. Pero las palabras se transforman lentamente, los sollozos van menguando hasta que escucha claramente su nombre salir de sus labios. Abyss se pregunta si es normal sentir calidez en su pecho al escucharlo, aun sabiendo su estado. Se limita a no pensar de más y, en cambio, mece a Abel entre sus brazos hasta maniobrar para que su cabeza y su torso queden en su regazo.

No sabe cuánto tiempo se queda con el cuerpo de Abel entre sus brazos, pero cualquier pesadilla que haya tenido ha llegado a su fin. Abyss se dedica a darle masajes en su cabello y besa su frente amorosamente. Puede sentir sus párpados caer, ya no siente sus brazos, pero no le importa, él hará cualquier cosa para asegurarse que esté bien. Y después de todo, Abel tampoco lo suelta.

 


 

Cuando abre sus ojos lo primero que ve es una cabellera azul clara acariciando su mejilla izquierda. Quita delicadamente el cabello y ve fijamente a la persona más importante de su mundo. Después de saber que volvió a tener el mismo sueño con su madre, Abel se cuestiona cómo llegó a los brazos de Abyss. Estaba solo y sabía que el peliazul había salido con Love a comprar algunas cosas para la reunión que tenían prevista en la semana, lo demás es un misterio. No se queja, ni se mueve, se siente afortunado de tenerlo cerca y contemplar su rostro sin esa máscara horrible que oculta su belleza.

Levanta su mano lentamente y se deja llevar por la tentación de tocar sus mejillas regordetas. Son rosadas y suaves; luego sus ojos se dirigen a sus labios y lucha por no devorarlo ahí mismo. Se queda contemplando por varios minutos hasta que ve a Abyss abriendo sus ojos y descubriendo la íntima posición en la que están.

Aun no puede creer que Abel siga encima de él, o peor aún, que lo esté observando con fascinación. Cree que no se merece tanta atención.

—¿Abel-sama, se encuentra mejor? –pregunta con sus mejillas sonrojadas por la vergüenza. Ruega que Abel lo perdone por atreverse a tomarlo entre sus brazos cuando le confiese lo que sucedió.

—Abyss, dime Abel, solo Abel. –Susurra. Su voz ronca y profunda produce un efecto en el peliazul, quien ha estado obsesionado con ella desde que lo conoció. Suena exquisita.

Abyss solo asiente sin atreverse a decir algo más. Espera a que Abel tome la iniciativa de levantarse para dirigirse juntos a la habitación, pero, en cambio, Abel se acerca peligrosamente a su cara e insiste.

—Abyss, dime Abel. –Es más como un ruego que una orden. Y el peliazul no sabe qué hacer. Abre la boca, pero tartamudea cuando pronuncia su nombre.

—Abel-sam... Abel. –Se corrige. —¿Te encuentras bien? Yo... te estaba buscando para hablar sobre la reunión, hasta que te vi...

Abel interrumpe el discurso de éste y se acerca para depositar un beso en su mejilla. Verlo nervioso por la cercanía y sonrojado conmovió a Abel al grado de querer besarlo en ese mismo instante. Sin embargo, no quería asustarlo. Primero tenía que confesar lo que sentía, no obstante, el miedo lo comenzaba a invadir. Perder a su madre a tan corta edad lo hizo vulnerable al sentimiento de pérdida. Amar a alguien significaba entregarse por completo y él sabía que de alguna u otra forma Abyss se había ganado su amor; y era tan intenso, tan intenso que no soportaría perderlo.

Quizá no era correspondido, pero la duda lo carcomía día a día: cuando miraba a Abyss divertirse con alguien más –cuando su atención estaba en alguien más– Abel se preguntaba qué pasaría si fuese arrebatado de su lado gracias a su cobardía. Solo tenía una oportunidad y su madre se lo había hecho saber: “Estaré aquí, siempre te estaré protegiendo…”, la voz se repite en su mente.

—Soñé de nuevo con mi madre, como lo hago casi todas las noches después del incidente con Cell War. Hace algunos días atrás me di cuenta de algo, sin embargo, no fui capaz de aceptarlo como lo que realmente es por miedo a perderte. –Con su mano izquierda comienza a tocar los mechones azules que se desprenden de la cola de caballo.

—Siempre me había sentido solo y sin ningún sentimiento de por medio que me impidiera seguir mi objetivo. Desde que mi madre murió no logré amar a alguien más porque no me creía digno de recibirlo si primero no mostraba mi valía… hasta que te conocí. Tu lealtad, tu poder y fortaleza, a pesar del trato que te dieron los demás, del que te di cuando te conocí, fue lo que me hizo… –Abel respira profundamente, sabiendo que ya no hay vuelta atrás. Era hora de confesarse.

—Y cuando estuviste a punto de morir por mi culpa, por mi debilidad y negligencia, tuve miedo de perderte. Creo… creo que me enamoré de ti y tengo miedo. –Susurra el peliblanco mientras abraza fuertemente a Abyss temiendo haberlo asustando al ver su cara sorprendida.

El silencio reinó en la habitación, mientras el peliazul aun no creía lo que acababa de escuchar. Sabía que Abel le tenía aprecio al ser el líder de Magia Lupus, pero ese tipo de amor –que creía que no merecía– no era algo que él esperaba. Abyss simplemente le devolvió el abrazo, meciéndolo lentamente, reconfortándolo, pensando en lo sensato que sería si le confesara que él se había enamorado primero. Desde que lo eligió; desde que le permitió mudarse a su habitación cuando se enteró del trato de los demás hacía él.

Abyss creía que no lo merecía, y aun así, estaría dispuesto a estar a la altura. Y cortando la brecha que los separaba, Abyss lentamente se acercó a su rostro para unir sus labios con los de Abel. Fue corto, pero sincero y aclaró cualquier duda que tenía el peliblanco.

En la sala se escuchaban susurros llenos de cariño, mientras la pareja que se encontraba en el sofá se abrazaba con gratitud. Había besos de por medio y también felicidad. “Al final, todo valió la pena”, piensa Abel.

 


 

—Y con ustedes, mi novela favorita. –Dice entre aplausos Love, que, junto a Lemon, Mash, Dot y Finn estaban haciendo un baile de festejo al ver por la ventana como su pareja favorita por fin estaban de novios… bueno, aun no, pero faltaba poco para eso.

—Silencio, silencio… que nos van a escuchar. ¿Qué! ¿Ustedes también? –grita Wirth al ver a Lance junto a los demás miembros de Magia Lupus uniéndose al baile de celebración.

—Vamos, Wirth, solo por esta vez déjanos ser feliz, además, también estás gritando. Si Abel-sama se da cuenta que los estamos vigilando… –Milo hace un gesto con su mano derecha simulando una pistola apuntando su cabeza. —Estamos muertos… todos.

Wirth suspira con frustración no solo por escuchar el festejo de los demás, sino también porque ahora debe soportar a la pareja de tortolitos, que al menos ya eran conscientes de sus sentimientos.

—¿Alguien quiere un pastelito de crema? –Wirth escucha a Mash hablar con los demás, sacando bollos de crema de dudosa procedencia. Estos chicos serán su nueva migraña.

 

Notes:

Muchas gracias por leer hasta el final. Agradeceré si dejan un comentario.
Quizá más adelante traiga algo más sobre ellos. ¡Gracias totales! 💜🫶🏽