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Nunca le habían gustado los abusones. En casa, en el colegio, había un niño que no dejaba de meterse con los demás y que en más de una ocasión la había tomado con Frisk, hundiéndole la cara en el lavabo y restregándole el rostro por la tierra, pero eso no era lo único que hacía: lo había visto en más de una ocasión pegándole a otros niños y robándoles el dinero para el almuerzo o extorsionándolos para que le hiciesen los deberes. A Frisk no le gustaban los abusones ni la violencia, por eso se negaba a comportarse como uno en aquel nuevo mundo. Sí, todo aquello le asustaba, era demasiado diferente de su casa y todo el mundo parecía estar empeñado en capturarle, encerrarle y hacerle quién sabía qué cosas a su alma, pero eso no significaba que tuviese que comportarse como los abusones. Además, si miraba más allá de sus rostros terroríficos y extraños, podía ver que también ellos estaban asustados, tan asustados como Frisk, y por eso actuaban del modo en que lo hacían. Lo había leído en los libros que tenía en casa y su madre se lo había repetido en más de una ocasión, la gente hacía cosas terribles cuando tenían miedo, que aquel chico de su colegio era infeliz y que por eso se comportaba de aquella manera tan desagradable. Al principio había odiado a aquel niño por el daño que le había hecho, pero las palabras de su madre le habían hecho recapacitar y ahora tan solo sentía pena al pensar en qué podía estar haciéndole tan infeliz. También había odiado aquel sitio al llegar, pero la calidez de Toriel y su amabilidad le habían hecho ver aquel mundo de tinieblas con otros ojos: los monstruos que lo habitaban también tenían sentimientos, también tenían miedo y eran infelices, y si querían capturarle era porque pensaba que de ese modo dejarían atrás todos sus males, todo lo que los atormentaba. Frisk podría haberse comportado como el abusón, atacándolos a todos y abriéndose camino hasta la superficie a costa del sufrimiento de todos aquellos seres, pero el rostro de Toriel y la voz de su madre le llamaban una y otra vez, recordándole que todos tenían miedo, y que Frisk, al saberlo tenía el deber de ayudarles.
Regresaría a la superficie, pero no haciéndole daño a nadie, sino reparando todo el mal que pudiese a aquella gente.
Su corazón estaba lleno de determinación.
