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Once believed love would be burning red, but it's golden.

Summary:

Julián y Erling están enamorados, pero no saben que es correspondido hasta que ambos tienen la magnífica idea de piropear al otro para conquistarlo. El problema es que a veces las traducciones de los piropos no son del todo correctas.

Notes:

Cuando pienso que por fin salí de esta locura se me ocurre otra idea, y acá me tienen, delirando y escribiendo como una demente por dos días seguidos para regalarle esta chota a ustedes.

ya ni sé que decir, disfruten y aguante Erlian loco.

Work Text:

It’s not my fault that I fell for you, you tripped me.

Ya no puede negarlo más, ya han pasado semanas. Su pequeño crush y los sentimientos por el argentino no han bajado las revoluciones, sino que los mismos se han apuntado a una carrera de Fórmula 1 de las vueltas infernalmente rápidas que dan sobre él. No es una locura decir que no ha podido quitárselo de su mente por mucho que lo intente.

No puede dejar de sentirse atraído por el otro, de querer agasajarlo y protegerlo de cada minúsculo daño o momento incómodo, no puede evitar cuanto lo quiere en sus brazos. Cuanto desea probar sus labios en algún momento, las ganas insaciables que el deseo puro le generan, por lo qué, siendo iluminado por la mejor idea que quizás jamás tuvo en su vida empieza a practicar español.

Aprender palabras sueltas para hablar con el castaño, entenderse mejor con él, pero principalmente para intentar conquistar al campeón del mundo.

¿Y qué mejor manera de practicar con el hombre de sus deseos que piropeándolo?

— No es mi culpa haber caído por ti, tú me empujaste — está nervioso, se siente tonto y quizás ni se entiende lo que dice en español por su acento y la poca práctica que su lengua pesada tiene con el idioma, pero quiere que el hispanohablante le entienda mejor.

Al parecer no lo logra, porque Julián solo frunce su ceño, borrando su sonrisa. — ¿Qué? Erling I don't… No te empuje nunca, no estuve ni cerca tuyo hoy.

— Huh? — El argentino habla muy rápido como para que él lo pueda entender, y en serio nunca antes le había molestado tanto no tener un idioma en común con el diecinueve hasta el momento.

— Wait. — Julián parece frustrado, por lo que procede a agarrar a Ruben que pasaba por ahí, trayéndolo a la conversación. Y le pregunta, — ¿Empuje a Erling hoy?

— ¿No? — responde el otro extrañado, pero ahora metido totalmente en la conversación — ¿Qué está pasando?

— Dice que lo empuje — Erling no entiende nada, no comprende porque ahora Julián está hablando con el portugués o porque los dos lo miran con el ceño fruncido y señalándolo. Quizás la cagó de alguna manera, quizás al más bajo no le gusta este tipo de atención y él fue lo suficientemente tonto como para leer mal las intenciones y la química entre ellos.

Tal vez, está buscando rechazarlo con la ayuda del portugués. Lo cual le rompe un poco el corazón, pero no sería la primera vez que le pasaría.

— Erling, what did you say? — pregunta Ruben, intentando aplacar la situación.

Se avergüenza mínimamente ante la idea de repetir sus palabras, hacer consciente a su amigo y compañero de equipo de su enamoramiento por el campeón del mundo. Pero confía en Ruben, en él, en su calidez, en sus convicciones y lo buena gente que puede llegar a ser.

— I just… I said, — esta vez se siente más inseguro, consciente de todo lo que puede ser que esté tal vez pronunciando mal. — No es mi culpa haber caído por ti, tú me empujaste.

Su compañero solo se palmea la cara, entendiendo el problema al instante parece. — I get it, but translated it sounds kinda weird… It doesn't show exactly what you wanted to say.

Un poco preocupado por el malentendido, Erling le pregunta qué es lo que Álvarez cree o entendió de lo que dijo.

— He thinks you are blaming him for something that didn't happen… He thinks you said that he pushed you.

Horrorizado con la idea de la persona que le gusta pensando que él está corriendo rumores de algo que no pasó, para dejarlo mal parado, se dirige directamente a la araña. — Julián, I'm sorry. I was just… joking.

Esta vez el unico que lo mira frunciendo el ceño es Dias, criticandolo por dar marcha atrás con tanta brusquedad. Pero Erling no puede evitarlo, va a intentarlo nuevamente otro día, con otra frase. La vergüenza de ahora no se la va a quitar nadie.

— Ah, entendí mal entonces… It's okay, I thought you were… no sé.

Las palabras son un atropello y rápidas, y en cuanto Máximo Perrone aparece Julián se escapa trotando detrás de él, rompiendo la incomodidad generada.

Y es así que Haaland falla por primera vez.

Me acabo de mudar a la ciudad, ¿podrías darme instrucciones sobre cómo llegar hasta tu casa? + Perdí mi número, ¿me podés dar el tuyo?

Julián sinceramente creyó que lo iba a tener mucho más fácil, él es cordobés y los cordobeses ya de por sí tienen el carisma excepcional para levantarse quien sea cuando quieran a pesar de todo. Y él donde pone el ojo es donde generalmente gana, por más que sea tímido.

Y Erling Haaland ciertamente le quita todo rastro de inseguridad, tiene un magnetismo particular en él, ese algo que lo hace casi embriagante. Ese aire particular de buen tipo, de alguien a quien te le podrías acercar con cualquier problema e intentaría ayudar por más que no tenga la respuesta exacta.

Julián no es lo suficientemente tonto como para no darse cuenta de lo que quiere, de que detrás del respeto que le tiene como jugador de fútbol también hay una atracción puramente romántica y carnal.

El noruego no es nada feo a la vista, es más, lo podría describir como su persona perfecta, como la concepción de todos los conceptos e ideas que alguna vez tuvo en su cerebro adolescente. Como si el noruego hubiese sido fabricado para él, como si fueran verdad los apodos sobre su compañero.

Así que nadie lo puede culpar por intentar levantarse al gigante. Por aprender chamuyos en inglés, o mejor dicho, por traducir los que conoce del español al inglés.

— Just moved to the city, can you tell me how to get to your house?

— Ah, yeah. I can send you my location later. — le sonríe, amistosamente, continúa comiendo, el barullo del comedor no afectándoles en la charla. Y el chamuyo se le pasa por arriba, no lo toma como nada más que el sentido literal de la pregunta.

Posta que pensó que iba a ser muchísimo más fácil, pero le encanta, le encanta que no lo sea. Luchar por Haaland quizás sea la única lucha merecida de pelear.

Así que lo intenta de nuevo, haciendo un dos por uno. — Lost my number, can you give me yours?

Simplemente el noruego asiente, entregándole el celular en la mano, y Julián no quiere nada más en esta vida que darse la cabeza contra la mesa hasta que se rompa él o el objeto, lo que venga primero.

No puede ser que el rubio de verdad no agarre ni una, que no se dé cuenta de lo mucho que le quiere saltar arriba, lo que le duele respirar el mismo aire que él sin poder decir que le pertenece.

— Thank you. — le dice derrotado, devolviéndole el celular con su contacto ahora puesto. En verdad, hasta cierto punto cumplió uno de sus cometidos, así que medio tiene derecho a festejar.

I looked hot today. You missed out.

El próximo intento de Haaland va por un lado totalmente distinto, esperando con ansias lo que la araña le podría contestar al llamarse a sí mismo caliente o sexy.

Quiere saber su opinión sobre sí mismo, ver si ya cayó a un extremo sin retorno de locura o sí en verdad Julián lo aprecia tanto como el noruego lo aprecia a él. Lo ha encontrado varias veces mirándolo, y quizás Erling es un iluso romántico que espera que no sea su propia imaginación, pero la esperanza es lo último que se pierde.

Por lo que, temprano en la mañana, antes de empezar el entrenamiento lo saluda, con un simple, — Yo me veía cálido hoy, te lo perdiste.

— ¿Cálido? — pregunta el diecinueve mientras estrechan las manos.

— Hot — aclara, asegurándose que lo que dijo es correcto. Soltando el agarre del otro, pero todavía intentando generar más conversación. Intentando que sus intenciones sean vistas como tales, que no sean malinterpretadas como algo amistoso o maligno.

— Oh, — dice entendiendo, y sus ojos se turnan en un brillo particular, sonrisa plantada allí — You are hot, always.

Esta vez el que queda sin habla es Haaland, sorprendido, solo observando como el más bajo le guiña el ojo coqueto y se va directo hacia el otro argentino del equipo, intercambiando abrazos y palabras entre ellos.

Se siente embobado, y no es hasta que Jack le pega detrás de la nuca que el sistema se le reinicia, volviendo a la realidad y dejando el mundo de los sueños.

Moviéndose para por fin empezar la práctica se siente sobre una nube, estúpidamente feliz cada vez que pasa cerca del mayor y aspira el perfume delicioso tan característico del más bajo.

Para su muy mala suerte Álvarez lo tiene comiendo de la mano.

Quisiera ser patata frita para acompañar ese lomo.

No quiere admitir que a este punto ya tuvo que perder todo rastro de orgullo, que tuvo que googlear nuevos piropos porque no le da la cabeza para pensar en unos originales. Y la verdad que el que piensa usar le pareció gracioso cuando lo leyó a las 3 de la mañana en una noche de insomnio, así que, aquí está, después de traducirlo.

Mira al rubio a los ojos y dice — Want to be a fry, to go with that meat.

— ¡Julián! — Grita escandalizado Phil a su lado, su cara un poema al escuchar las palabras del argentino. Y es que Foden se da vuelta rápidamente para ver si alguien más escuchó al Argentino, si en verdad el diecinueve ha perdido la cabeza lo suficiente como para decirle algo tan sexual al rubio en medio de una práctica. Siente sus mejillas arder solo de la implicación, del descaro presente.

— There's no meat here— respondió por su parte Erling, confundido cuando sus dos compañeros se giran para mirarlo como si fuera la persona más estúpida del mundo.

Phil se turna hacia Julián, ignorando al rubio, todavía sin creer que el otro se haya propuesto al noruego de una forma tan lanzada y que el hombre de sus afectos no entendiera, — You sure you want this one?

Julián tan solo asiente a la pregunta, sí, está segurísimo que quiere a Haaland como suyo, pero igual no quita el hecho de que exhala con fuerza, recordando las veces que intento chamuyarse al noruego sin logro alguno. A veces se pregunta si es cierto eso de que la gente rubia es tonta.

— You shouldn't say that here, though. — y susurrando Phil le explica bajo la mirada atenta del noruego que "meat" como término puede ser usado burdamente para referirse al pene en el mundo anglosajón.

Julián se sonroja, la timidez no está perdida en su totalidad al menos. — That's… no quería decir eso.

Igualmente Erling, todavía sin entender nada, mete más leña al fuego, — Do you want to eat meat? We can, together.

Foden parece un pez al cómo abre y cierra la boca, no puede creer la conversación, y sabe que todo va a empeorar cuando Julián sonríe, con esa picardía digna de un descansero de primera. Se prepara mentalmente para la peor colección de palabras juntas, ya lo conoce a él y a sus otros compatriotas argentinos.

— Oh, would love to eat your meat, I mean… break our diet together. — y lo peor es que se hace el inocente, como si de verdad se hubiese equivocado en sus palabras, usando su manejo simple del idioma a su favor. El inglés no sabe si debería de estar impresionado o si le debería de molestar la facilidad que tiene su amigo de salirse con la suya.

— ¿Tu casa? — pregunta Erling, haciendo planes, y Phil está casi suplicando a cualquier Dios posible de que de verdad sigan hablando de comida.

El mediocampista le pregunta a al Señor que hizo para merecer esto, para ser partícipe de esta conversación con sus compañeros que parecen ser lo suficientemente imbéciles como para no darse cuenta de que ambos se quieren por más que ya han pasado semanas intercambiando coqueteos nada inocentes.

— Yeah.

— Cool.

If you were a vegetable, you’d be a ‘cute-cumber.’

Erling se le acerca en la barrera, segurísimo de la pronunciación y lo que va a decir, los cantos de la hinchada se meten en lo más profundo de su cerebro, pero Julián es más fuerte que eso, es una estrella, tan impresionantemente brillante que nada más es importante.

Es como si un foco estuviera posado sobre su cabeza siguiéndolo solo a él, todos los demás desaparecen al centrar su vista en él. Y Erling no es nadie como para negarse a los encantos de los ojos más dulces del mundo, está hasta las manos de enamorado. Se arma de valor, y con su corazón latiendo desesperado contra sus costillas deja las palabras caer de su boca con facilidad. — Si fueras una verdura serías un pepilindo.

— ¿Gracias?

Le sonríe y se va corriendo al instante cuando se da la contra. Concentrándose en el partido, habiendo cumplido su objetivo.

La felicidad le llena el pecho y pone todo de sí para romperla toda, para meter tantos goles como pueda en agradecimiento a Julián, al astro del cual es un discípulo indiscutido.

Agradeciéndole solo por existir, por generarle tanto siendo solo él, apoyándolo en las jugadas. Y cuando Erling es capaz de asistirlo lo hace, logrando que la araña meta la pelota al ángulo en un alarido que llena el estadio en cantos que dicen: "Argentino, Argentino."

Está orgulloso y feliz, y no le cabe en el pecho la dicha que recorre sus venas al abrazar al más bajo con más fuerza de la necesaria en las celebraciones, huele como paraíso y hogar. Si estuvieran solo ellos, sin los otros 20 hombres en el campo de juego y la hinchada de miles, Erling está casi seguro de que lo hubiese alzado en el aire girando con él en sus brazos.

Quizás que si estuviera 100% seguro de los sentimientos del otro por él lo hubiese besado también.

¿Están lloviendo estrellas o solo tú caíste del cielo?

Desde que a Julián Álvarez le cayó la ficha de que Erling Haaland lo desea de la misma manera y que lo está intentando piropear torpemente también, se ha planteado el objetivo de no quedarse atrás, de hacerle lo mismo en mayores cantidades, quiere verlo sonrojarse o avergonzarse gracias a él.

Quiere hacerle sentir las mariposas, la jungla de sentimientos que el rubiol le genera. Quiere hacer que su corazón se le aceleré, quiere que Haaland lo ame como él lo ama, sin cuidados, totalmente entregado.

Quiere tomarlo desprevenido, verlo desarmarse bajo su mirada y palabras dulces. — Is it raining stars, or is it just you who fell from the sky?

Erling le sonríe, entendiendo el juego por fin después de tanto histeriqueo, dándose cuenta de que ha sido un tonto y que los sentimientos son definitivamente correspondidos. Es entonces que teniendo la oportunidad perfecta servida en bandeja de plata de cobrarse una, hace lo mismo que Julián ama hacer, hacerse el boludo. — It's 2 pm. There are no stars.

— Tarado — le contesta en un bufido Julián, a lo que el otro se ríe guiñando, para después disculparse e irse detrás de Grealish trotando, dejándolo a Álvarez solo sin haber ganado nada todavía.

Hi, I’m just planning my future and I wanted to ask you: Are you free for the rest of your life?

Cae rendido sobre la cama después de la ducha, acomodándose en el hotel, mirando fijamente a su compañero de cuarto en la suya. Está medio cansado de la manera que su cerebro está constantemente yéndose por las ramas cada vez que lo mira, cuanto su cerebro imagina un futuro con el argentino, cuando el otro solo está ahí, mirando su celular sin más. Es casi vomitivo el poder que tiene sobre él, lo hermoso que Erling lo percibe en cada una de sus facetas sin importar qué.

Moviendo su cabeza vuelve a la realidad, dejando de lado mirarle cada detalle e imperfección al diecinueve. Tiene cosas más importantes que hacer, una meta que cumplir, práctica mentalmente la frase, y la suelta sin más. — Hola, estoy planeando mi futuro y quería preguntar ¿estás libre el resto de tu vida?

Julián se ríe, dejando su celular de lado, acomodándose sobre su cama y mirándolo divertido. Siguiéndole la corriente, le contesta, — I play football, I am not free for the rest of my life.

Erling también le sonríe, acomodándose para mirarlo fijamente, su mentón sobre su mano, — Oh, you do?

Están coqueteando, viendo hasta donde el otro llevará la conversación, cuanto pueden tirar de la cuerda antes de que esta se rompa. No hay nada que Haaland desee más que el otro delantero pescando el anzuelo, comiéndose la carnada que ha dejado allí para hablar de ello.

— Yeah... I am pretty good, but not as good as someone I know.

Erling siente la respiración cortándosele, los pulmones apresando el aire involuntariamente mientras su estómago da vueltas sobre sí mismo. Trata de revolver su mente por la palabra, por la traducción, y con las mejillas rosadas, emocionado por la expectativa dice, — ¿Quién?

Julián le regala esa sonrisa hermosa, una mueca preciosa de un niño pequeño portándose mal, y totalmente serio, como si estuviera diciendo una verdad universal, aporta. — Messi.

Erling solo logra agarrar un almohadón y tirárselo por la cabeza, mientras Álvarez se desarma a carcajadas limpias, rompiendo todo tipo de momento o tensión creada.

Realmente creía que hoy sería el día que avanzarían más, pero quizás es hasta mejor que Julián esquive la situación un poco más, para estar concentrados en este partido de la Champions.

Son sobre todo profesionales, o lo intentan ser, por más que Erling a veces quisiera mandar todo un poco a la mierda si es que le permite estar con la persona que quiere antes.

Igual, no quita el hecho de que se había emocionado expectante, por lo que le dice fingiendo enojo, — Te odio.

Y Julián, con toda su sabiduría, sin creerle responde, — Sure you do, baby.

Se me da fatal el inglés: confundí el pasado simple con un futuro contigo.

Es justo decir que el argentino ya no entiende lo que están haciendo, qué están esperando para unirse en uno, porque continúan con el coqueteo constante que no llega a nada más que intercambio de palabras.

Igualmente no puede mentir, está disfrutando demasiado el juego de gato y ratón que tienen. Le encanta tener que casi hacer deberes antes de encontrarse con el hombre del cual está enamorado, tener que buscar las frases correctas y traducirlas para conquistarlo, aun si sabe que ya lo logró.

Es divertido, una demostración de que nunca se va a aburrir en una relación con el noruego.

Igualmente cree que sus compañeros del Manchester City deben estar un poco hartos de ellos y del flirteo constante, pero eso no es su problema. Y hasta que Pep no les prohíba hacerlo, lo va a seguir haciendo.

— I suck at English. I mixed up past simple with a future with you.

Le tira esa, un día normal, frente al grupito de Haaland que se está preparando para jugar, y después de los silbidos, chistes y celebraciones de Kevin y Jack, Erling tan solo lo mira, diciéndole sin intercambiar palabras que no se quedaría así.

Minutos más tarde, mientras están haciendo extrañamente de defensa y delantero en un circuito delirante de Guardiola, Erling lo invita a su casa, es un acto de valentía, la extensión de una rama de olivo.

Ambos saben que no queda mucho tiempo más de esto, del tira y afloje constante. Y lleno de expectativas Julián acepta.

Sabe lo que va a posiblemente suceder y está totalmente entregado a las posibilidades que apostar conlleva, el azar siempre fue su hobby preferido.

I always thought happiness started with an ‘h,’ but it turns out mine starts with ‘u.’

Están hace media hora aproximadamente juntos, y la tensión se podría cortar con tijeras, ambos son muy malos actores, actuando como si no supieran, como si no fueran conscientes de lo mucho que se desean. De lo que esté día va a traer a su relación, de cómo ya no hay vuelta atrás, no hay más recambios.

Erling decide romper la tensión, hacerla añicos como si se tratara de un martillo contra una ventana, — Siempre pensé que la felicidad empezaba con F, pero resulta que la mía empieza con U.

— ¿U?

— You… Tú — admite en un susurro contra la oreja del diecinueve, pegándose a la espalda del más bajo, presionándolo contra la mesada de la cocina, y dejando la excusa de hacer té de lado.

En el silencio de la habitación escucha la respiración entrecortada con claridad. Apoya su mano en la cintura del otro, tentativamente, y al ver que no hay intento de salirse del toque o de apartarse, aprieta.

El sonido que deja la boca del mayor es celestial, es la culminación de todos estos juegos que han estado jugando sin vergüenza alguna.

Es un permiso, es el pase libre a que pase lo que tenga que pasar entre ellos. Y Haaland sería muy tonto para negarse, para negarse a la imagen espectacular frente suyo, para no cumplir con su propósito. Julián es cerámica moldeable bajo sus palmas, es permisivo, no se queja cuando Erling se acerca incluso más, presionando contra él, intentando casi unificarlos.

Simplemente están ahí, el más bajo siendo acompasado por el cuerpo más grande de la estrella de la Premier League. Con besos húmedos detrás de la oreja, un camino hecho desde ahí hasta el comienzo de la clavícula, las manos en la cintura dejando marcas, el dedo pulgar de la derecha frotando delicadamente la zona.

— Erling — murmura, el cosquilleo insoportable en su piel erizada, sus manos sobre la mesada congelada. Obtiene solo un ruidito como respuesta, el rubio todavía ocupado en dejar marcas y mordidas en su cuello. Si no para ahora, va a perder la cabeza, y verdaderamente antes de hacerlo preferiría saborearlo, consumirlo por primera vez. — Let me kiss you.

Haaland obedece, se aparta rápidamente, y al instante que están frente el uno al otro se le tira prácticamente encima. Atrapándolo nuevamente, pero esta vez en un beso, que racionalmente tendría que ser desenfrenado por la cantidad de tiempo que lo han aplazado, lo mucho que han esperado a que se diera, pero que al contrario es suave, es dulce.

Son ellos dos conociéndose, tomando cada segundo con suma importancia, haciendo de unos segundos una eternidad de amor intercambiado.

No hay fuegos artificiales, ni colores neón detrás de los ojos, sino que se siente como estar al lado de una estufa en invierno, como tomar chocolate caliente. Se ve como una gama de rosados pasteles y un resplandeciente dorado cortando la tranquilidad.

Los besos se convierten en hogar al instante, en júbilo, un puzzle finalizado. Todo lo que querían y más.

Tienes la sonrisa que quiero darle a mis hijos.

Se acaban de despertar hace menos de 20 minutos, el sol brilla a través de la ventana bañándolos en dorado y hace un rato que solo están disfrutando la compañía del otro. No es necesario el habla cuando solo tienen que ser, acompañarse y disfrutar en la nueva etapa que ahora embarcan.

Julián descansa sobre el pecho fornido de su ahora novio, trazando pequeñas formas, imaginando y formulando planes con ellos en mente. Mientras que Erling lo peina, hunde sus dedos en el pelo castaño desenredando con delicadeza, tarareando una canción desconocida.

Igual las costumbres nunca mueren, mucho menos cuando ya habías planeado con antelación. Así que, Julián aniquila la comodidad al levantar la cabeza y girarse para mirarlo, diciendo — You have the smile I wanna give to my children.

Erling tiembla debajo de él en una risita, y luego, tomándolo por las mejillas lo besa, dejando pequeños besitos en el resto de su cara cuando se separan. La araña está segurísimo que nunca había estado más enamorado en sus 23 años de vida, que nadie nunca le había hecho sentirse de esta manera, tan indispensable y amado.

Igualmente, levantando sus cejas en un movimiento demostrativo de picardía, Erling responde. — We can try.

— Bobo. — le dice, golpeándole el pecho sin intención de hacerlo con fuerza. Pero igual no miente, dejando ver cuánto lo desea, cuanto se quiere fundir cuerpo y alma con su amado. — Me encantaría… trying with you.

Y si se pasan el resto del día libre intentando tener hijos sobre toda superficie posible de la casa cuando saben que es imposible, solo es problema de ellos y de nadie más. Al fin y al cabo, no tienen nada que hacer hasta un par de dias.