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Novato

Summary:

Yuuri nunca tomó interés en sus clases verse, por lo que cuando los síntomas aparecieron no supo reconocerlos. Ahora es un novato en hacer nidos, pero su instinto ha despertado lo suficiente para intentar hace uno por primera vez. Así que se ve en la necesidad de preguntar y pasar por mil y un charlas vergonzosas para crear su lugar feliz, y compartirlo con su amado.

Notes:

Este OS también esta disponible en wattpad c:
Nuevamente Agradecer a mis amixes Makka-chin (por el beteo) y Mystique Mikkikyu (por el dibujo al respecto, aunque esta en wtt)

Siento que el omegaverse tiene mucho potencial en más cosas que sólo bebés. Así que dejo este granito de arena expandiendo un poco mi concepto de nidos en el omegaverse. Con suerte pronto subiré también otro donde expando el omegaverse como una religión.

Kudos y comentarios son muy apreciados <3

Work Text:

Su celo está cerca y hay algo fuera de lugar en su sistema. Su olfato se siente especialmente atraído ante las prendas de su pareja, antes de meterlas a lavar se aferra a ellas y se encuentra ronroneando largos minutos, para cuando salen de la secadora su omega se inquieta al no percibir el olor. Por primera vez en años Yuuri no entiende que es lo que quiere su lado omega, lo que lo inquieta mucho, ¿sería la edad?, pero descarta la idea de volada recordando que ni siquiera ha llegado a los treinta. Así que debe de hablarlo con alguien. Le da mucha pena, por lo que no va donde un especialista a pesar de tener tiempo por su descanso de pre celo. Este tema siempre es complicado y desconocido para él.

Sus dedos se deslizan por la pantalla de su móvil con lentitud, en su cabeza se habla así mismo para que sus sentimientos de timidez y vergüenza bajen su intensidad, y le permitan hablar correctamente y sin tartamudeos como Porky. Su mente enfocada en a quien preguntar. Sus opciones se dividen en dos, Pichit o Yuko.

El primero, su mejor amigo, omega comprometido y con varias parejas con las que aún mantiene una saludable amistad. Segunda opción, Yuko, omega casada y con tres lindas e hiperactivas niñas traviesas, con algunas parejas antes de casarse con Takeshi quién es su bromista esposo. Lo medita y termina llamando a Yuko.

—Hola ,Yuuri kun, que agradable sorpresa —se saludan, se ponen un poco al día sobre sus vidas y al final, comenta su dilema. Su amiga lanza un gritó de la pura emoción al escuchar sus síntomas y no sabe qué pensar de lo que sea por lo que atraviese su cuerpo.

—¡Yuuri, te dije que tomarás atención en las lecciones verse! —tanto alfas como omegas tenían clases de verse tres veces a la semana en su último año de primaria.

Yuuri hubiera tomado atención como en los otros cursos, de no ser porque estaba más ocupado sintiéndose miserable por ser "fuertecito" y lidiando con el cambio hormonal, junto a burlas mal disimuladas que lo llevaron directo a subsanación, donde solo tomaron el tema del celo en cada respectivo segundo sexo. ¡Upsi!. El único curso que le servirá de por vida y él decide no darle importancia. ¡Bravo Katsuki!.

—¿Qué tengo?

—Eso es simple querido Yuuri, tu lado verse quiere...

Escucha tres carcajadas conocidas y una voz ajena dirigiéndose a Yuuko, la que reconoce como la maestra de las niñas. Seguramente sus diablillas habían corrido hacía ella, porque en Japón debía ser hora de salida en los colegios.

Sonríe imaginando la escena familiar.

—Disculpa Yuuri, se me adelantaron las pequeñas.

—Descuida, te llamó luego.

Makkachin llega sobándose entre sus piernas, la suavidad del esponjoso pelo del animal, le hace regalarle una caricia en el lomo que dura unos segundos antes de que el animalito se suba al sillón, y apoyándose en sus piernas suspira acomodándose a tomar su siesta en compañía de su omega favorito.

—Okey, Makkachin, esto parece una tarea complicada, pero no imposible —Busca la B donde Pichit, se encuentra con el nombre de Bff que tiene un hámster al costado— Hora del plan B, el confiable Pichit.

Marca rogando por no interrumpir nada, ya que la diferencia horaria no es mucha, pero quizás aún se encuentra saliendo a su almuerzo de medio día.

Un elocuente tailandés le saluda efusivamente. Le calma asegurando que esta de camino a casa y gracias al hands free puede charlar tranquilamente mientras va de compras al mini market más cercano a su casa para hacerse un Maruchan. Yuuri quiere preocuparse de las cantidades de sodio que consume su amigo, pero recuerda que es temporal por los antojos de embarazo, algo de lo que ya habían hablado varias noches.

—Entonces, ¿qué tal va tu vida de casado con tu maravilloso Victor?

Las mejillas le arden y el corazón le pica un poco ante la descripción que el moreno da de su relación, sabe perfectamente que ellos sólo llevan conviviendo apenas un año. Claro que ese tiempo no ha hecho más que fortalecer su decisión de quedarse juntos.

—Pichit, no sé cuántas veces debo repetirte que son anillos a juego, sin ninguna proposición de por medio.

—Tonterías —escucha a su amigo sisear—, Ustedes actúan como mis padres todo el tiempo. Parecen mariposas llevando su amor como polen por donde van y eso mi amigo, los casa en espíritu, quieras o no. La ceremonia sería maravillosa porque, obvio, yo la organizaría, pero es una formalidad innecesaria en ustedes bebé.

Las carcajadas de ambos estallan en cuanto el moreno termina de hablar y puede que las palabras sean algo exageradas, pero la sinceridad y entusiasmo en la voz de Pichit le hace valorar su amistad. También llena su pecho de burbujeantes sensaciones, porque esas palabras le hacen sentirse orgulloso de su relación Victor. En tres años siente que ha encontrado a un mejor amigo, mejor amante y novio increíble.

—Entonces, ¿al fin me invitarán a su boda?

—No

—¿Al civil?

—Tampoco

Sí, su mejor amigo es insistente cuando quiere, pero ya que Pichit suele ser el que llama a Yuuri para hablar, comprende el entusiasmo del otro. Ya que él sólo llama para dar noticias importantes (lo cual le hace reprocharse esa mala costumbre) .Debe hablar más con Pichit por cuenta propia, pero su indecisión ante el hecho de interrumpir algo le hace cojear en ese punto de su lista de propósitos de año nuevo cada año.

—De hecho, quiero comentarte algo raro que me pasa con mi lado omega

—Oh... ¿no sería mejor ir al médico?, ¿tiene que ver con tu celo?, ¿algo te duele?

—No, no es algo con un síntoma doloroso y... Posiblemente tenga que ver con mi celo. Ya que está cerca. Pero sinceramente no lo sé, por eso quería saber si a ti también te pasó

—Claro, dime que tienes o que pasa

Suspira de alivio y mientras hace una lista mental de todas las pequeñas cosas extrañas que ha notado la última semana, espera con la mano en el pecho no tener que ir al doctor si es que Pichit no se identifica con lo que tenga.

—Verás, hace una semana mi olfato se ha incrementado, puedo sentir el olor a una cuadra de distancia más o menos, he tenido apego por las cosas que tengan el sudor o un fuerte aroma de Victor. También he ronroneado antes de meter toda la ropa a la lavadora, mi omega esta intranquilo después de lavarla, hasta he tenido ganas de agarrar las sábanas y acomodarlas alrededor mío... —toma unos minutos antes de decir lo siguiente— Probé hacerlo para una siesta ayer y sentí mi olor incrementándose, junto a mis músculos relajarse.

Unos segundos de tensión ante el perturbador silencio de Pichit le hacen apegar su oído lo más que puede, con la esperanza de escuchar al menos una reacción. Oye algo cayendo del otro lado de la línea y luego un gritito agudo de su amigo que casi lo deja sordo. Como si su equipo favorito de Hockey hubiera ganado un partido importante.

—Disculpa, se me cayeron las cosas de la canasta —escucha la risa avergonzada deslizándose suavemente— Te llamo cuando termine de pagar todo y esté en casa.

Cuelga. Los minutos le dan tiempo para pensar y el tiempo para pensar le causa nervios, las posibilidades se amplían. La espera de la llamada le da la suficiente tensión para crear mil escenarios, los pesimistas sobrepasando a los buenos.

Yuuri termina mordiéndose las uñas, no es higiénico, pero lo distrae un poco. Las palabras de su psicólogo volviendo a él, "la ansiedad es exceso de futuro". Sabe eso, porque es algo que le repite el profesional constantemente. Sabe que debe aceptar esa emoción y hablarlo para desahogarse, pero ahora con quién puede hablar está ocupado. Así que debe esperar, debe ser fuerte, respirar hondamente para alcanzar la tranquilidad par...

¡Su celular está vibrando!

Una exclamación sale de los labios de Pichit, ¿tan rápido había contestado?. Bueno, eso no le interesa mucho porque enserio necesita esa respuesta, antes de agarrar un abrigo y tomar el primer taxi al hospital más cercano.

—Pichit, ¿qué tengo? —Unos segundos donde sólo le responde el sonido del agua hirviendo en la olla, este es seguido de una risa calmada.

—¿Enserio no sabes que tienes? —escucha la incredulidad a larga distancia y ese algo que no encaja se vuelve más real y aterrador— Eso se aprende en primaria Yuuri, es cultura básica.

—Pichit, si lo supiera no te estaría preguntando —hasta él pudo sentir el toque de clara molestia en su voz. Una parte suya le dice que eso no estuvo bien, que le pida una disculpa a su amigo, la otra que se mantenga firme en pro de una respuesta inmediata.

—Es tu instinto diciéndote que hagas un nido, querido Yuuri —otra vez esa suave risa atraviesa el auricular, aunque ahora cobra otro sentido—, Victor es muy afortunado.

—Oh... —sus labios sólo alcanzan a soltar aquello antes de ponerse a reflexionar la información obtenida.

Un nido, ¡un nido! Se supone que un omega sepa de eso, por cosas de la vida y charlas ocasionales con compañeros del trabajo. Lo poco que sabe es que el nido es la zona segura de un omega, donde este invita a un alfa para pasar un candente celo. Muchos de sus compañeros han vuelto de celos involucrados con nudos en cinta al trabajo, así que es inevitable saber un poco del tema cuando él es el encargado del personal que da el permiso de descanso por maternidad.

Lo que no tiene idea, es como rayos luce uno o como se hace, ¿Por dónde se supone que comienza?

—Yuuri debo almorzar o se me pasará la hora, cualquier cosa escríbeme al whatsapp —la llamada termina y Yuuri observa la hora, es diez de la mañana pero sus preguntas son muchas, debe esperar una hora prudente, pero lo que menos quiere es esperar. Entra a su buscador y pone "nidos" en google imágenes. Salen cantidad de ellos y ahora ve que hay una variedad monstruosa de ellos, son tan diferentes como las personas. Incluso hay categorías, algo que ni siquiera pasó por su mente hasta ver la información en la pantalla.

Entra a la primera página que parece confiable, descartando wikipedia en el proceso. Los más comunes son los individuales, estos varían de la zona donde viva el omega. Estos son los más comunes que constituyen un círculo de ropa del omega y su pareja, otros más elaborados como el pergolero, que tienen plantas de interior como parte de la construcción o como adorno, están hechas en forma de una pequeñas chozas amplia pero baja. Se maravilla de los nidos de tejedor, llamados así porque la ropa está, tal y como el nombre indica. Tejida como si fuera lana, entre mezclada con una forma de trenzas, algunas hasta tiene un pequeño túnel que las hace un lugar más privado. Un nido que le hace humedecer la vista son los nidos brújula, nidos grupales de omegas que han perdido a sus verses o han sido abandonados, encontrando consuelo en compañía de los omegas más cercanos.

Hay datos curiosos de que en las comunidades nativas se dan casos increíbles, como los nidos de tipo hornero. Donde el omega vuelve a sus instintos más básico y usando arcilla con barro construye un nido que al endurecer llena de comida, prendas y fruta verde como guarnición. Los nidos ahora le parecen un mundo amplio que tal vez debió averiguar cuando supo que su relación con Victor era tan estable como para vivir juntos. Su instinto pide que haga uno, aunque su mente está en blanco, pero eso a su lado omega le vale lo suficiente como para hacer que sus feromonas de tensión inunden el ambiente. Suspira, ¿ahora que se supone debe hacer?, si antes estaba tímido, nervioso y algo preocupado, ahora está en blanco ante la indecisión que pinta sus pensamientos con nada.

—Un nido —una palabra que es su respuesta y su dilema— un nido...

Su última opción a llamar para información más precisa es su madre. Marca con las manos sudándole como si fuera verano, sus piernas temblando como si fuera invierno, los pitidos antes de conectar la llamada son como la paz en medio de la guerra o al menos eso siente Yuuri. Puede que se hubiera soltado un poco con sus amigos, pero es porque sabe que estos son casi de su misma edad, han hablado de parejas antes. Con su madre el tema es distinto. Su sociedad es reservada en esos temas más allá de las clases especiales de verse o sexualidad en general que son cortas. Explicar una relación amorosa entre verses o todo lo que esto conlleva, un año antes de entrar a la secundaria ahora le parece absurdo si lo medita, un aspecto tan importante debería ser un curso de al menos toda la secundaria y preparatoria. Se lamenta de no haber tomado atención en sus clases verses, si tan sólo pudiera retroceder el tiempo y decirle al Yuuri del pasado "sé que el ejercicio te molesta, ¡pero vas a lograrlo! Luego tendrás algunas relaciones cortas, pero bonitas y la tercera será la vencida, ¡tu novio es casi un ángel caído del cielo y con un cuerpo de demonio que incita al pecado!", ríe ante eso. La llamada conecta y un amable hola le saluda, es mamá.

—Yuuri, perdón por hacerte esperar, aún no me acostumbro a usar el celular que Mari me regalo —es verdad, tiene el aparato desde su cumpleaños del año pasado y a penas lo toca porque no está acostumbrada, y sus amigas la llaman a la casa o le chismean todo cuando se encuentran en el mercado— ¿Qué tal todo por allá?, ¿hace mucho frío?

Yuuri decide que si quiere hablar es el momento, que para soltarse debe abordar primero una buena charla con su progenitora. Habla como normalmente cuando van de vacaciones allí junto a Victor, respira y después de cinco minutos de buena charla entre risas y anécdotas que les han pasado a ambos, eventualmente llega el momento de la verdad.

—Mamá, pronto iniciará mi celo —inicia, la sangre empieza a acumularse en sus pómulos— y he tenido síntomas raros.

—¡¿Estas bien hijo?! —le responde lo mismo que Pichit le ha dicho— Oh...

Si, su misma reacción, por algo eran parientes, ¿no?

—Yuuri, tú eras muy malo en tus clases de verse —le recuerda. Porque claro, ella fue la que le ayudo a estudiar sobre el examen final— ¿ahora entiendes la importancia del estudio?

Ambos ríen ante la nostalgia que envuelve esas palabras.

—Bueno Yuuri, he de suponer que no llamaste sólo para contarme —el suspiró de su madre es suave y por extraño que suene sabe que eso depara una charla de esas en las que estarás horas— Cuando yo y tu padre concebimos a Mari...

—¡Mamá, omite detalles por favor!

—Yuuri, ¡juro que no iba a decir lo que piensas que iba a decir!

—¿Qué piensas que yo pensé que me ibas a decir?

—Pues... eso, ya sabes Yuuri, ¡no me hagas decirlo!

Una risilla incómoda brota y crece de los labios de la mujer hasta volverse una auténtica por la situación que han creado, pronto Yuuri la acompaña de puros nervios. Este tema es delicado y bochornoso, si hay algo que uno nunca espera es saber cómo fue concebido o como sus hermanos fueron concebidos.

—Lo que iba a decir —aclara— es que construí mi nido sola la primera vez. Así que te contaré como yo lo hice, sería bueno que lo anotes para no olvidar nada bebé.

Yuuri busca lo más cercano que tenga para ese propósito y termina con un lapicero mascado por Makkachin de hace tiempo, junto a una pequeña agenda en que Victor suele anotar números muy de vez en cuando.

—Primero, atender a las clases de verse.

—¡Mamá!

—Para que nunca lo olvides.

—Sí, mamá —responde con tono de niño regañado— ¿seguimos con la clase?

—Anota —escucha la risa de su madre y sabe que ya obtendrá su respuesta— Tu nido es tu templo de paz. Así que es importante que recolectes cosas que te gustan, no importa que tan raro sea, junta todo e iras descartando o agregando cosas.

—Lo que no sirva para armar, puede servir para decorar. El nido es como una segunda casa, más íntima ya que sólo la formas al encontrar a una pareja que tu lado verse ve como estable o cuando estés por da a luz.

—¿Por da a luz?

—Sí, Yuuri —como adivinando sus pensamientos, agrega— cuando Pichit esté en su último semestre de embarazo hará un nido hasta que su pequeño dejé de lactar.

Esa información no estaba en internet, definitivamente tomó la decisión correcta al llamar.

—Cuando construyes el nido es posible que tu cuerpo no quiera salir de ahí hasta que termines tu celo en él. Así que lleva algo de comida adentro, enlatados, mucha agua y frutas no muy jugosas, porque si tu nido es inundado por un olor o fragancia que te molesté, saldrás del celo con dolor en la glándula de olor, experiencia propia.

—Entendido

—No olvides dejar alguna fuente de luz, ya que tus ojos pueden sufrir por el cambio de luz cuando salgas de un oscuro nido. La tía Saori sufrió de ceguera temporal luego de un cambio de luz muy fuerte. Al salir de tu celo tu cuerpo aún sigue en cambios, eso es más fuerte después del nido ya que esos celos son más intensos por estar en una zona segura.

—¿Hablaste esto con la tía Saori? —Yuuri procesa la información mientras su mano aún se desliza anotando lo dicho por su madre— digo... ¿no es incómodo?

—Al inicio de estas clases de charlas, sí, al menos por mi parte siempre —admite divertida—, pero con el tiempo te das cuenta que compartir experiencias es parte de crecer Yuuri. Que me pidieras consejo me hace ver cuanto a crecido mi pequeño que un día quiso apellidarse Yuuri Katsudon.

Hiroko es una buena maestra, le da a su hijo toda la información que cree útil, porque desea que esta sea una experiencia enriquecedora para su retoño que brota a un mundo nuevo. Un nido también indica una etapa del progreso de una sana relación y eso le hace feliz, su niño ha encontrado en Victor, lo que ella ha encontrado con Toshiya. Ese amor que no es blanco o negro, sino que vive en escalas aceptando de todas ellas, afrontándolas juntos.

Makkachin despierta de su siesta después de que termina la llamada, lo que le dice que ya ha pasado un buen rato desde que se sentó en el sillón a hablar. El animalito posa su atención en él, le ladra y luego baja para guiarlo hasta sus platos de comida. El de croquetas esta vació, mientras que él de agua esta con un cuarto de su contenido. Recuerda que olvido llenarlos, su querida mascota debe estar hambrienta, lo que remedia trayendo su bolsa de alimentos y llenando el plato de croquetas, para después votar el agua de ayer para poner agua fresca. La mascota de la casa vuelve a sobarse en las piernas de uno de sus humanos favoritos para así demostrarle su gratitud y luego corre a comer.

Yuuri observa satisfecho como su peludo amiguito está moviendo la cola de felicidad. Vuelve al tema de no saber qué hacer con respecto a su nido y cuando observa la cama de su amigo peludo hace una comparación, ¿Y si hace su nido como la cama de Makkachin? Simple, sencilla y con forma circular de ropa, nido simple.

Se pone manos a la obra, pero descubre que la ropa que ha lavado no es de su agrado, quiere sentir el olor de Victor de manera sucia e intensa (lo que le hace sonrojarse, porque suena más atrevido de lo esperado, aún si es sólo un pensamiento), la ropa sudada era la que lo ponía como gato a ronronear, así que rebusca en los cajones de Victor, toda prenda pasa por su nariz. Ahora es un seleccionador, aunque no encuentra más que un buen trabajo de ambos con la limpieza de sus prendas. Busca debajo la cama y bingo, encuentra calcetines, un polo, va al armario de trajes de noche, su olfato le indica que hay un tesoro oloroso ahí. Toda la ropa que se supone su pareja debió lavar hace una semana esta desperdigada, normalmente Yuuri se enojaría por eso, pero ahora está feliz por tantas prendas. Ya tiene una media luna y cuando pone la suya que aún no ha metido a la lavadora, tiene un circulo completo. Su omega interno esta más relajado y se toma unos momentos disfrutando de su primer nido.

Examina el lugar, pero después de un rato se le hace muy asfixiante y hasta algo pequeño. Es la cama que comparte con su amado desde que viven juntos, pero no termina de convencerlo.

Camina por la casa sin saber qué hacer para mejorar su nido. Se pone a buscar imágenes de nidos en pinterest, salen algunos de omegas, otros de aves e incluso madrigueras de conejos. Conejos... lugar oscuro pero con una entrada de luz, eso le gusta y le recuerda a un tipo de nido, ¡el tejedor!, ese túnel le da plena confianza de privacidad, pero ya que no tiene tanta ropa como quisiera para eso. Busca sus sábanas —esas sucias por el sexo de hace unos días cuando su olor se intensifico por el pre celo— también lleva las limpias de su cama, las acomoda como gusanos, una sobre otra, pero pronto descubre que no tiene idea como hacer que su idea funcione en la alcoba principal. Debe buscar otro lugar, un lugar cómodo, con luz, que tenga el olor de ambos. Se le ocurre el baño, pero obviamente sería asqueroso en cierto punto, la cocina, pero es estrecha y hay muchas cosas peligrosas que podrían herirlos. La sala, ahí está la televisión, hay gran variedad de muebles cómodos, está cerca del frío bar donde puede poner comida para su guarnición, la luz del balcón es perfecta, el lugar es simplemente perfecto. Mueve la mesa de centro, barre el lugar, junta muebles, usa su ambientador favorito y antes de acomodar sus ropas ya es hora de almuerzo para él.

Cocina algo simple, con vegetales, un poco de pollo en salsa y arroz de ayer. Los disfruta invitándole pedazos pequeños de carne al engreído de la casa que parece entretenido con lo que hace. El poodle, termina siendo más cariñoso que nunca cuando siente que está en su celo, es como su calendario de este. Tiene la costumbre de empezar a sobarse en sus piernas o rodillas, le gusta pensar que es parte de su instinto siendo cariñoso, así que el devuelve el cariño en forma de mimos y largas sesiones de caricias al bonito pelaje esponjoso.

Su labor continua, tal cual le recomendó su mamá. La ropa doblada como gusano ayuda a dar forma, los cojines junto a la mesa ayudan y almohadones de los sillones ayudan a dar vida al pequeño túnel que tanta ilusión le hace. Algunas mantas extras para el al lado de casacas abrigadoras forman un techo junto al soporte de los muebles y algunas sillas. Las salidas y entradas del lugar le ayudan a medir su longitud con respecto a la de Victor para que ambos entren sin problemas, algunas de sus plantas favoritas y largas están atadas con pequeños alambres que ayudan a sostener la tela servirá para el traga luz. Yuuri nunca había hecho eso, pero ahora le parece tan entretenido que no puede parar de traer cosas, libros, cómics, figuras acción, una que otra mercancía de Victor. Incluso esa corbata fea que el adora, pero Victor odia por ser "fea", ahora esta de adorno colgada en una de las mini palmeras que ha puesto de soporte. Cuando cree haber terminado se hecha en la alfombra admirando su creación, es una mezcla de varios nidos que vio y eso le gusta.

—Creo que ya terminé —le dice a Makkachin que da vueltas alrededor de todo. Yuuri se siente inquieto de que el perrito mueva algo sin querer, sus nervios por algún desperfecto en su querida construcción le crispan la piel hasta el punto de apretar fuertemente los dientes— Makkachin cuidado...

Su voz temblorosa le hace dar cuenta que tal cual predijo, el posible daño a su nido lo estresa de manera profunda. Hasta el punto en que quiere gritarle al perrito, pero se contiene porque ama a ese lindo animalito y su impulso omega no es lo suficientemente fuerte para vencerlo. Cuando el peludito se aleja con sus patitas sonando en el machinbrado de la sala, Yuuri vuelve a respirar hondo, la tensión lo estaba presionando como la presión de la gravedad en el agua. Al rato el animalito vuelve con uno de sus tantos peluches favoritos en el hocico y lo pone como adorno. Makkachin quería ser parte de la construcción del nido y Yuuri se siente miserable por haber pensado que esa criatura pudiera hacerle daño a su nido. Sin poder evitarlo va donde el animal, lo abraza y lo besa en su cabecita, dándole caricias porque es la mascota más adorable y bien portada que ama muchísimo junto a Victor.

Faltan sólo cuarenta y cinco minutos para que su pareja llegué, así que hace los últimos preparativos. Se baña, se pone su pijama, vuelve a mirar los platos de comida del peludito, prepara una cena simple, prende la televisión a esperar mientras devora palomitas en compañía de Makkachin, mientras responde a su amigo, Yuuko y hasta a su madre en llamadas cortas, ya que está exhausto.

—¡Yuuri, ya llegué! —los pasos veloces y el sonido de bolsas le hace saber que hoy su conviviente tiene un regalito para él— te compré las sábanas que vimos el otro día en...

Y llega la tensión, la maldita tensión. Así como cuando esperaba la llamada de Pichit, la saliva parece más espesa, el pecho se le infla aguantando la respiración y ahora su tic nervioso es acariciar a Makkachin.

—Wow —sí, su pareja también tiene reacciones parecidas a las suyas de vez en cuando— ¡no enserio mira eso, yo, wow!

La forma en que sus palabras no tienen sentido, le hacen suspirar para luego empezar a reír, Victor es tan lindo a veces.

—Te serviré la cena —pasa a su lado y se besan brevemente como saludo. La breve caricia en la cadera le indica que Nikiforov está a punto de echar el grito al cielo de felicidad y si no lo hace es por sus vecinos que ya antes han llamado a la policía por un grito de felicidad que es confundido con el de algún robo, pero es que el ruso vive las emociones tan intensamente— ,así que ponte cómodo.

—Claro que sí, capitán.

Se levanta y calienta la cena en el microondas con calma. No había pensado en la posibilidad remota de que a su pareja no le gustase su nido y aunque flaqueo en última instancia, se ríe de eso, Victor le ha demostrado por años que sabe entender, preguntar y ser paciente, lo ha amado en los peores de sus momentos de la misma manera que le ha abierto los brazos para reconfortarlo con su calor en sus triunfos.

Vuelve a su sitio en la sala, toca el hombro de Victor indicándole que lo miré, entra con cuidado por la bandeja de comida, abre la parte que servirá como traga luz y observa complacido el gesto sorprendido de su pareja.

—¡Ta da!

—¡Wao, amazing!

Unos aplausos junto a un aullido de Makkachin le hacen sentir que todo su esfuerzo ha valido cada gota de sudor.

—Entra cariño —le ronronea, porque muere por que esté dentro de su nido.

Ve como este apaga la luz y entra con calma seguido de Makkachin, sus engreídos están ahí y su pecho se llena de una felicidad intensa que lo envuelve como una manta, por todo su cuerpo.

—Te traje esto —le muestra una manta azul, su color favorito. Es de un material que no sabría cómo llamar, pero es caliente y acolchada, le encanta— un regalito para que disfrutes tu celo bebé.

—Normalmente no acepto sobornos —comienza— pero este me encanta.

Ambos ríen mientras se acomodar con la manta en sus espaldas y cenan. Makkachin está por sus pies durmiendo una de sus tantas siestas y todo parece en su lugar.

—No sé cómo armaste esto —admite Victor— es la primera vez que veo un nido tan de cerca, no se parece al de los libros.

Su cara de confusión le recuerda al Yuuri de la mañana, ese que no sabía que había tipos de nidos.

—Es una mezcla de muchas cosas —un suave y delicada risita se desliza por su garganta— pero todo lo que me gusta está aquí.

—Ya veo que sí...

Sigue la mirada de Victor y nota ese katsudon instantáneo que se prepara en tres minutos, ese que siempre está en su canasta del súper o la lista de compras.

¡Pensaste en todo! —admira el pecho por el que puede ver la televisión que está colgada en la pared— Me enterneció que pusieras el juguete de Makkachin de adorno.

—Eso lo trajo Makkachin, me ayudo en los toques finales.

Y tal como a él, Victor termina con los ojos humedecidos mimando al perrito que merece todo el amor que esos dos puedan darle.

—¿Mañana debería llevar a Makkachin al veterinario? —cada que será el celo de alguno, llevan a su querida mascota a su veterinario favorito a que pase unos días jugando con otros perros en una especie de guardería canina— ¿o tal vez pasado mañana?

—Llevémoslo juntos, así nos despedimos de este buen chico como se merece.

La pareja le da varias caricias al esponjoso pelaje de su amigo, por lo que este a pesar de tener los ojos cerrados, mueve la cola en señal de alegría.

La felicidad lo rodea de una manera muy literal con su nido hecho, así que sabe que esta será una gran experiencia, que no sólo lo hace crecer como omega y persona, sino que lo acerca aún más a Victor. Lo ama, se aman y por más que quiera comparar lo que siente ahora con algo u alguna cantidad, se limita a sólo sentir. Porque su amor es grande, sigue creciendo. Al mirar lo que tiene sólo puede agradecerlo, disfrutando el momento.