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Leo Messi se encontraba sentado frente a la computadora de su casa con una expresión que denotaba una mezcla de exasperación y enojo.
“Es muy fácil, boludo”, le había dicho su amigo Kun. “Solo tenes que entrar a Twitch, crearte una cuenta, buscar mi canal y suscribirte. Una boludez”.
“Una boludez… Una boludez es como te voy a romper la cara, Sergio”, refunfuño Leo con el ceño fruncido luego de haber intentado por 3 horas sin éxito. ¿Por qué la tecnología tenía que ser tan difícil? ¿Por qué Kun lo hacía sonar todo tan fácil?
Aguantando las ganas de darle un puñetazo al monitor, Leo respiró profundamente y decidió intentar de nuevo.
Otra vez abrió el navegador y escribió las palabras que Kun le había mandado por mensaje de texto: Twitch. Hizo click en la primera pestaña que le apareció, aquella con el logo del fantasmita violeta o lo que sea que fuera esa cosa.
Ante él se desplegó una página llena de ventanitas que mostraban a personas de distintas partes del mundo grabándose en sus habitaciones. Leo no entendía por qué alguien querría mostrar así su vida, su intimidad, a personas completamente desconocidas.
En la esquina superior derecha se encontraban las palabras “Iniciar sesión” y apretó sobre ellas. Ya había logrando crearse una cuenta, pero no le había resultado sencillo. Encontrar un nombre de usuario que no estuviera usado fue más difícil de lo que se imaginaba. ¿Quién mierda se había puesto @leomessicampeon antes que él? Ya encontraría al impostor, pero hasta entonces se tendría que contentar con @soyleomessicreanme.
Luego de iniciar sesión, apretó en la barra de búsqueda y escribió lo que Kun le había mandado: SLAKUN10. Intento ignorar las cosquillas que sentía en el estómago cada vez que veía que Kun había elegido usar el número 10 para su nombre.
Al apretar buscar, le apareció automáticamente una cuenta con una foto de Sergio levantando la copa. No pudo evitar sonreír.
La victoria del mundial aún era muy reciente. Leo más de una noche se despertaba con una gran sonrisa en su rostro y cuando hacía memoria de porqué sonreía, se acordaba de que había estado soñando con Kun levantando esa copa, su sonrisa más brillante que cualquier reflector en todo el estadio. Noche tras noche el sueño se repetía, y noche tras noche Leo deseaba volver a ese momento.
Apretó el nombre y la pantalla cambió. Ahora estaba viendo lo que Leo suponía era el perfil de Twitch de Kun. Habían muchas pestañitas para clickear, algunas eran videos y otras no. Acá era donde Leo se perdía y no sabía dónde tocar.
El mensaje de Sergio decía que tenía que meterse a su directo, apretar un corazón y escribir en el chat, pero Leo no entendía cómo saber si Kun estaba en directo o no.
Como si de una señal del destino se tratase, de repente una de las pantallitas se actualizó y empezó a sonar música mientras mostraba una imagen con dibujos realistas del Kun. Leo apretó sobre esta pestaña y lo redirigió a una versión más grande con un rectángulo a la derecha donde no paraba de aparecer texto que se movía a la velocidad de la luz.
Leo se estaba empezando a poner nervioso. ¿Y si había tocado algo mal? ¿No se suponía que tenía que estar Kun del otro lado en lugar de unos dibujos? ¿Por qué el texto del costado estaba tan pequeño y se movía tan rápido? ¿Acaso eran los Términos y Condiciones de Twitch? No pensaba leer todo eso, pero quizás debería agarrar sus lentes de lectura…
Mientras se cuestionaba todas estas cosas, la imagen de la pantalla volvió a cambiar y ahí estaba su querido amigo, con una sonrisa de oreja a oreja. Sin darse cuenta, Leo empezó a sonreír de igual manera, e inconscientemente levantó su mano para saludarlo, como si fuera una videollamada, pero al no recibir un saludo igual se acordó de que su amigo no podía verlo y bajo la mano avergonzado.
“¿Cómo andan, gente? ¿Qué tal están los campeones del mundo, wacho?”, sonreía Sergio, un globo terráqueo dorado girando a un costado suyo. Si el texto del costado antes se movía rápido, ahora parecía que lo habían metido en un lavarropas. “Yo estoy bien, un poco cansado, aún no me acomodo después del jetlag, ¿vieron? Muchas horas desde Qatar a acá.”
Leo se distrajo escuchando a su amigo hablar, hasta que un mensaje con ruido y todo apareció a un costado de Kun, asustándolo. ¿Había tocado algo por error? Sergio, por su parte, no se asustó, en su lugar sonrió y le agradeció a alguien por haberse “suscripto” a su canal.
Ahí fue cuando Leo se acordó de que tenía que darle al botoncito del corazón violeta abajo de Kun. La mano le tembló un poco mientras dirigía el cursor hacia el botoncito, y una vez apretado saltó un mensaje similar al anterior junto a Kun. La sonrisa del morocho se iluminó aún más al leer el mensaje.
“¡Leoooo! ¡Al fin te uniste, pá! Te llevo tiempo, ¿eh? Mirá que te mandé un tutorial paso a paso y todo, pero ya te imagino todo enojado en tu silla puteándome”.
Sergio se acomodó en su silla y frunció el ceño, supuestamente imitando a Leo según su imaginación. Por supuesto, a Leo se le escapó una carcajada por lo acertado que era. Su amigo lo conocía muy bien.
“Escribí en el chat, dale, no seas tímido, boludo”, lo alentó Kun. “Se escribe abajo a la derecha, como si fuera un comentario de Facebook o Instagram”, agregó y Leo le agradeció internamente por la dirección, ya que no tenía ni idea de donde se escribían los comentarios.
Poniéndose sus lentes de lectura, escribió en el recuadro gris:
soyleomessicreanme : Hola. :)
Apenas apretó enviar, su mensaje se perdió en el mar de texto que tanto lo intimidaba, pero para Kun no pareció ser ningún problema, encontrando rápidamente su mensaje entre todos los demás.
“¡Pero escribí algo más que un hola, boludo!” Se rió su amigo.
En ese momento apareció un nuevo mensaje a su costado y una voz robótica empezó a leerlo. Decía lo siguiente:
< HOLA MESSI, GRACIAS POR GANAR LA COPA, TE AMO, ¿ME FIRMARÍAS LA NALGA DERECHA?>
Con una gran carcajada, Kun siguió hablando.
“Mirá, ya descontrolaste al chat. Dos segundos en mi stream y ya te robaste toda la atención, vó. Hay más gente saludándote a vos que a mi”.
Leo no podía parar de sonreír y lanzar risitas, su rostro completamente rojo. Ver a Kun siempre lo ponía de muy buen humor.
soyleomessicreanme : Perdón. No puedo evitarlo. :)
“Que humilde sos, ¿eh?”, le contesto Sergio sin dejar de sonreír. “Vamo’ a poner el modo suscriptores, así podemos hablar más tranquilos…” Antes de que Leo pudiera escribirle qué era eso, Kun pareció darse cuenta de un problema. “Ah, pará, no sos suscriptor, boludo… A ver… Esperá que te regalo una, pá”.
Leo esperó mientras su amigo miraba concentrado la pantalla. Intento leer el chat mientras tanto, distinguiendo algunos “LEO ADOPTAME” y “MAMÁ ESTOY HABLANDO CON MESSI” antes de perder por completo los mensajes.
“Ahí está, pá. Te tendría que haber llegado una notificación de que te regalé una suscripción, fíjate en la coronita de arriba de todo”, le indicó su amigo.
Efectivamente, en la parte superior de la pantalla, junto a su usuario, había una corona con un número 5 al costado. Al hacerle click, se encontró con 5 notificaciones, algunas dándole la bienvenida a Twitch, otras con propagandas y una que efectivamente decía algo de una suscripción de regalo de SLAKUN10. Apretó sobre el mensaje y otra ventanita apareció felicitándolo.
“¿Y? ¿Ya la tenés?” Preguntaba Sergio.
soyleomessicreanme : Si. Gracias. :) Aunque no se para qué sirve una suscripción.
Ante su respuesta, Kun volvió a reír. A Leo no le molestaba quedar en ridículo frente a un montón de personas siempre y cuando fuera para hacer reír a Kun.
“Otro día te lo explico bien, ahora dejame que pongo el modo subs para poder leerte mejor… Ya está, ahora sí, ¿quién tiene ganas de hacer algo divertido? Mi plan hoy era jugar un rato al FIFA, pero ya que está Leo podemos hacer una ronda de preguntas y respuestas, contar algunas anécdotas y después quizás unas partiditas de FIFA…”
Kun empezó a hablar y hablar, enfrascado en todas sus ideas para el directo, y Leo sonrió embobado. Se lo veía tan cómodo, tan feliz…
Cuando los médicos le habían dicho a Kun que no podría volver a jugar al fútbol como antes, Leo había tenido mucho miedo de que su amigo cayera en depresión. Después de todo, el fútbol lo era todo para ellos, la cancha un hogar. Si hubiera sido Leo en esa situación, definitivamente no hubiera podido cooperar con las noticias.
Pero Sergio sí lo había logrado. Había encontrado algo que lo hacía tan feliz como el fútbol, algo que le daba motivos para seguir día a día. Leo observó detalladamente el rostro de Sergio, su sonrisa, sus ojos, su postura relajada…
Aún lo entristecía saber que no volvería a compartir una cancha con él, la adrenalina de correr con la pelota entre los pies, sabiendo que el otro estaría ahí para recibir su pase y anotar.
Quizás ya no pudieran compartir eso, pero ahora podían compartir este nuevo espacio, y quizás (¿Quién sabe?) Leo algún día también consideraría este lugar como su nuevo hogar feliz, junto a Kun. Porque cualquier lugar con Kun, es un lugar digno de llamarse hogar para Leo.
