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Rating:
Archive Warning:
Category:
Fandom:
Characters:
Language:
Español
Series:
Part 7 of El Efecto de Ondeo
Stats:
Published:
2023-01-12
Words:
3,987
Chapters:
1/1
Kudos:
3
Hits:
31

La Procedencia del Chocolate

Summary:

Traducción de "The Source of Chocolate" de sheankelor. Año 3 de Potter. Los Dementores abundan causando miedo a todos quienes están cerca de ellos y el chocolate es el único agente restituidor conocido. ¿Cómo lidia el colegio con esto? Vaya, alimentando a los estudiantes con chocolate todo el tiempo. La cuestión es, ¿de dónde obtener el chocolate? Ah, y hay un licántropo allí, además.

Notes:

  • A translation of [Restricted Work] by (Log in to access.)

N/A Quiero agradecer tanto a Yen como a Slytherin66 las ideas incorporadas en esta nueva sección del Efecto de Ondeo. Puede que no lo recuerden ya que me las sugirieron cuando les conté que estaba desconcertada acerca de cómo continuar este universo allá cuando fue publicado el último capítulo.

Work Text:

Severus miraba fijamente a Gritz mientras el Elfo Jefe le hablaba de la escasez que estaba aconteciendo en la cocina. “Seguramente Albus os dijo que os abastecierais de chocolate.”



El elfo asintió. “Compramos todo lo que pudimos a nuestros a nuestros proveedores, pero chocolate una vez al día, preferiblemente en todas las comidas… es un montón de chocolate. Se nos agotó, y también a nuestros proveedores.”



“¿Y el Director desea que yo vaya a comprar más?” Severus se recostó, los planes ya llenando su mente sobre dónde podría ir a comprar.



“El Director no sabe que nuestros proveedores están agotados, Severus. Gritz quiere que cojas el dinero del presupuesto y consigas chocolate para la cocina. Gritz sabe que puedes hacerlo sin preocupar al Director.” El elfo se retorcía las manos levemente mientras esperaba una respuesta.



Severus asintió. Iría. Le serviría para alejarse del castillo y los Dementores por un rato. Podía alegar que necesitaba abastecerse de ingredientes de pociones. Siempre había algunos que tenían que comprarse frescos. “¿Cuánto necesitáis, y en que forma se necesita?”



Gritz le entregó una lista y una bolsa de dinero. “Todo eso, y si puedes comprar más, sería estupendo, Severus.”



Metiéndose la faltriquera en la túnica, Severus asintió hacia Gritz y salió para hacer saber a Albus que necesitaba abandonar Hogwarts durante el día.



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El Callejón Diagon no estaba tan concurrido a mediodía. Severus se pasó por Slug y Jiggers para comprar los ingredientes frescos para su clase de EXTASIS de mañana antes de dirigirse a Gringotts. Los duendes cambiaron el dinero a billetes Muggles con mínimas preguntas. Ayudaba que el cajero estuviera acostumbrado a que Severus cambiara dinero.



Saliendo al Londres Muggle, Severus buscó los anuncios locales para determinar qué tienda de comestibles tenía chocolate en oferta. En diez minutos, estaba dirigiéndose a la primera tienda.



Cogió un carrito ya que sabía que iba a comprar montones de cosas y fue en busca del pasillo de la bollería. Sabía que estaba en una misión, pero Severus se distrajo por las especias y otros ingredientes que estaban disponibles. Por fin llegó al chocolate de hornear y procedió a sacarlo todo de las estanterías. Incluso cogió el chocolate blanco para poder comprobar si tenía el mismo efecto que el chocolate normal.



Tras vaciar el pasillo de la bollería, encontró la sección de dulces y casi vació sus estanterías. Evitó los chocolates que tenían otras cosas añadidas ya que Coriander y los demás iban a cocinar con ellos. Cuando regresara les preguntaría si querían probarlos.



Mirando las diferentes tabletas de chocolate, cada una marcada con su porcentaje de cacao, apareció un experimento en su mente. ‘¿Quién puedo conseguir que acceda a acercarse a un Dementor de modo que pueda comprobar cuál funciona mejor?’ Sabiendo que probablemente iba a ser un experimento que no podría ejecutar, aun así apartó algunas tabletas de cada chocolate para pagarlas con su propio dinero. ‘Quizá pueda tentar a Albus a hacerlo.’



Con un carrito lleno, pasó por caja. La dependienta comentó la cantidad de chocolate que estaba comprando. “A alguien le gusta de verdad el chocolate, ¿no? ¿Va a dar una fiesta? ¿Tiene una máquina de fondue? Eso estaría bien.”



Severus alzó una ceja a las preguntas pero respondió. “Una gran cena, y sí les encanta su chocolate.”



Pagando la cuenta, empujó el carrito fuera de la tienda y hasta un pequeño callejón junto a la tienda, muy probablemente utilizado para entregas. “Coriander.”



Un pop sonó a su lado y la elfina le sonrió. “¿Severus llamó a Coriander?”



Severus hizo un gesto hacia el carrito. “Aquí está la primera carga para llevar al castillo. Deja el carrito. Volveré a llamarte para el siguiente.”



Coriander chasqueó los dedos y las bolsas flotaron en el aire. Entonces ella y ellas desaparecieron.



Severus devolvió el carrito a la tienda y se dirigió a la próxima. Durante las siguientes horas agotó sistemáticamente todas las formas de chocolate de cada tienda de comestibles.



Una vez hubo terminado, se detuvo en un parque, una taza de chocolate caliente en mano, y se tomó un momento para disfrutar del entorno libre de Dementores.



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Gritz sonrió a todo el chocolate sobre las mesas de la cocina. Esto era más que la lista. “Severus, esto es mucho chocolate. ¿Cómo hiciste -?”



Severus cortó su pregunta. “Fui al Londres Muggle, que no tiene idea de que estamos sitiados por Dementores, y por lo tanto no nos cobrarán de más por él. Además, encontré una tienda de comestibles que lo tenía en oferta. Varias de ellas, en realidad. Cuando volváis a quedaros sin él, estaré dispuesto a ir a comprar siempre que mis amos no tengan una tarea para mí en ese momento.”



Los elfos de la cocina vitorearon y Gritz asintió.



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Severus removía el caldero con cuidado esperando a que la Poción de Acónito se volviera de color iridiscente y humeara. Era una poción más en su lista para este año. No era la más delicada, ésa era la poción que elaboraba para la reacción alérgica al sol de uno de las Ravenclaws. ‘Al menos esa alergia no es bien conocida, los estudiantes jurarían que es una vampiresa.



Una callada llamada sonó desde su puerta.

“Entra.” Fue dicho sin pensar ya que sabía que tenía que ser un elfo. Incluso después de todos estos años, nadie sabía dónde estaba su laboratorio. Ni siquiera Albus tenía idea, ni venía nunca aquí, lo que para él era lo mismo.



Fennel cerró la puerta tras de sí y luego fulminó con la mirada a Severus, sus brazos en jarras. “Severus no está tomando el chocolate en las comidas.”



Dejando la varilla de agitar en su soporte, Severus se volvió a encarar al elfo. “No lo necesito. Así queda más para los demás.”



Saltones ojos verdes lo fijaron con una mirada fulminante. “Sí lo necesitas. Las criaturas del alma están succionando la felicidad de todo en el castillo. Incluso de los elfos. Tomarás tu chocolate.”



Cancelando las llamas bajo el caldero, Severus tomó un cáliz medidor y se preparó para verter la poción en él. “No lo quiero, Fennel. No me gustan tanto los dulces.”



“¿Cómo le gustaría a Severus que Fennel le preparara el chocolate?” Fennel no estaba desistiendo. Todos los elfos habían acordado que su Maestro de Pociones merecía el chocolate que estaba comprando para ellos. Incluso había encontrado uno con pedazos de fruta, coco, y caramelo mezclados en él.



Vertiendo la Poción de Acónito en el cáliz, Severus conjuró un encantamiento de contención sobre él antes de dirigirse hacia la puerta. Su respuesta llegó tan cansada como estaba sintiéndose en ese momento. “No quiero nada, Fennel.”



Saliendo por la puerta, comenzó su larga ascensión por las escaleras hasta el despacho de Lupin. Ésta era una cosa que desearía poder evitar. Le había dicho la verdad a Fennel, no quería el chocolate que se le daba a cada persona, incluso a aquéllos que eran alérgicos. El antídoto a la reacción alérgica era sólo una poción más que estaba elaborando. El chocolate no estaba sólo en los dulces sino que había sido incorporado en muchos de los platos que se estaban sirviendo.



Cuanto más arriba subía en el castillo más estaba afectándole el efecto de lixiviación de los Dementores. Sus pasos nunca vacilaban, había entrado en multitud de lugares en que nunca quiso estar, enfrentado terror tan agudo como el que estaba filtrándose en sus huesos con cada paso del camino. Para el momento en que llegó a la puerta del despacho de Lupin, tuvo que cerrar los ojos y reunir el coraje para abrirla. Nunca dejaría que Lupin viera su miedo.



Abriendo la puerta, Severus la atravesó a largas zancadas. “Lupin, tu poción.”



Tendiendo el cáliz, se aseguró de que su mano estaba firme mientras el licántropo lo tomaba de él. “Bébela toda y luego devuelve el cáliz.”



Dándose la vuelta, salió a largas zancadas de la habitación, su túnica ondeando a su alrededor. Mantuvo el paso rápido mientras se retiraba a la seguridad de sus mazmorras. Cerrando la puerta de su laboratorio tras de sí, sintió deslizarse una sonrisilla. Fennel había limpiado lo que él había ensuciado.



Severus se recompuso y fue a chequear el caldero que estaba burbujeando alegre en el rincón más lejano. Una rápida agitación y una comprobación de la viscosidad más tarde, y Severus sintió una rara sonrisa curvar sus labios. Estaba listo; ahora era hora de ver si funcionaba.



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El desayuno era temprano en la cocina las mañanas lectivas, y Severus era conocido por unirse a los elfos antes de dirigirse escaleras arriba al Gran Comedor. La atmósfera era típicamente más alegre allí. Eso no era cierto este año. Los elfos domésticos estaban tan afectados por los Dementores como los demás en el castillo, pero el chocolate no les ayudaba. Ni siquiera el chocolate blanco, que Severus había probado tras su primera excursión de compras.



Sentándose a la mesa, Severus frunció el ceño a Gritz. “Sólo uno de vosotros necesita probarlo. No os hará daño, eso puedo prometerlo, y podría ayudar.”



Ojos azules parpadearon, pero el ceño no cambió. “Tú rechazas el chocolate que mejoraría esto para ti, Severus. Gritz está rechazando la poción que podría mejorar esto para Gritz.”



Severus se levantó del banco y fulminó con la mirada al elfo desde su altura completa. “¿Estás rechazando dejar que os ayude sólo porque no quiero nada de chocolate?”



Fennel respondió, “Porque Severus está rechazando nuestra ayuda.”



Severus miró hacia los elfos que estaban sentados alrededor de las mesas. Todos ellos estaban obviamente sufriendo el efecto de los Dementores, pero también parecían tan obstinados como Gritz y Fennel. El único modo de averiguar si su poción ayudaría era aceptar chocolate de ellos.



“Vale.” La palabra salió gruñida, su reticencia y agravio evidentes en su tono. “La única forma en que me gusta el chocolate es el chocolate caliente. No puedo soportarlo de ninguna otra forma.”



Coriander se apresuró a prepararle una taza y la tensión en la cocina se desvaneció mientras Severus la sorbía despacio.



Sacándose un vial del bolsillo, Severus lo levantó para mostrárselo a Gritz. “Dos gotas en tu bebida. Yo he aceptado el chocolate, tú debes probar esto para mí.”



Gritz levantó su taza hacia su Maestro de Pociones y observó mientras él le añadía las pociones.



Severus se metió el vial en el bolsillo mientras su atención nunca abandonaba a Gritz. “Necesitas decirme exactamente cómo te sientes durante todo el día.”



El Elfo Jefe sólo asintió mientras apuraba la bebida de un trago.



El desayuno concluyó con Severus observando a Gritz atentamente mientras vaciaba despacio su propio vaso.



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Severus casi se arrepintió de decirles a los elfos que le gustaba el chocolate caliente. Le traían una taza entre clases, antes del almuerzo, y después de cenar. En cualquier momento que resultara que visitaban su laboratorio, estaba seguro de que le ofrecerían una.



Sólo había algunas cosas que evitaban que perdiera los nervios a causa del chocolate forzado. Una era que estaban tomando su poción, que por suerte había funcionado. La segunda era la cara de Albus. Desde que las comidas llegaban condimentadas con chocolate, Severus había estado viviendo de fruta y quizá pan. El Director pareció aliviado cuando comenzó a comer una mayor variedad de nuevo.



Severus sintió la mano de Eboni palmearle la pierna y su plato fue servido ante él mientras aparecían los otros. ‘Ayuda que sé que no están condimentados.’ Se preguntó si los demás Profesores tenían curiosidad sobre por qué su comida era a veces diferente de la que se servía a todos los demás. Él sabía que era porque le servían la comida de los elfos.



Hundiendo una cuchara en el espeso curry de pollo, deseó un poco de naan para acompañarlo.



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“¿Tu poción funcionará con los estudiantes, Severus?” Gritz echó un vistazo alrededor de la cocina, complacido de ver a los demás elfos en sus felices yos de nuevo. Habían estado tomando la poción de Severus y se notaba. Ninguno estaba ya deprimido. No temía perder a ninguno de ellos por accidente causado por los efectos de los Dementores. Incluso Severus parecía más feliz ahora que le hacían beber chocolate caliente regularmente.



Severus sacudió la cabeza. “Desafortunadamente, la química corporal de los humanos y los elfos es enormemente diferente.”



Gritz asintió despacio. Sí, habían escogido sabiamente a su Maestro de Pociones. Severus comprendía a los elfos e incluso había sido capaz de crear una poción enteramente nueva para ellos. Eso era algo que no se había hecho en siglos. Dejando a un lado esos pensamientos, volvió a centrarse en el hombre. “Estamos volviendo a quedarnos sin chocolate. Sé que estás ocupado con las clases ahora mismo, así que chequeé a nuestros proveedores.”



Severus sacudió la cabeza y dejó escapar un suave gruñido. “Te dije que te cobrarían de más. Déjame ir de compras. Me llevaré a Byro conmigo esta vez.”



Gritz suspiró pero empujó la bolsa del dinero hacia Severus. Esta vez estaba llena de billetes Muggles, había enviado a un elfo anteriormente a cambiarlos. “¿Qué le diremos al Director mientras estás fuera?”



Severus sonrió ampliamente. “Hacedle saber que voy en busca de un ingrediente necesario. Simplemente no le diremos que es para la cocina.”



No mucho después del desayuno, Severus estaba Apareciéndose. En pie en el Londres Muggle, sintió el siempre presente frío abandonar sus huesos. Estaba bien estar fuera del alcance de los Dementores.



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Fue durante las Fiestas de Navidad cuando Severus convenció a Albus para ayudarle con su experimento de chocolate.



“Sólo acérquese a las puertas caminando, quédese allí durante diez minutos, y luego regrese conmigo. Dígame cómo se siente, valórelo en una escala del uno al veinte – siendo uno con ganas de suicidarse y veinte normal. Le daré un tipo de chocolate para consumir. Luego quiero que me diga cómo se siente además de volver a valorarlo. Esperaremos hasta que esté sintiéndose normal y luego repetiremos con un tipo diferente de chocolate.” Severus esperó a ver si Albus tenía una pregunta.



“Creo que deberías hacer que todos los profesores probaran esto, Severus.” Albus sonrió y entonces se dirigió hacia la puerta.



Severus lo observó alejarse, sabiendo que los otros no participarían. Albus era el único lo suficientemente inquisitivo para afrontar los efectos de los Dementores sólo para poner a prueba el chocolate. Tenía la esperanza de averiguar si era sólo la manteca de cacao lo que causaba la recuperación o si era una cantidad óptima de licor de chocolate. Si podía determinar esto, entonces podría ser capaz de hacer una poción para contrarrestar los efectos de las criaturas.



Para el final de las vacaciones, Albus había convencido a los demás profesores de participar en su experimento. De esa pequeña muestra de datos, Severus determinó que el licor de chocolate era necesario, así que el chocolate blanco solo no funcionaría ya que estaba hecho de manteca de cacao y no de licor de chocolate.



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“¡Severus! El lobo…” Nilly aspiró un rápido aliento antes de continuar. “¡El lobo, no bebió sus pociones! Nilly fue a recoger el cáliz para devolverlo a tu laboratorio pero seguía lleno.”



Severus se lanzó fuera de su asiento. Iba a enviar al Director a encargarse de esto. Albus podría hacer que Lupin se bebiera esa poción.



Angio apareció justo fuera de su puerta, haciendo que Severus se detuviera de repente. Los elfos de los terrenos no aparecían dentro habitualmente. “¿Qué ocurrió, Angio?”



“Angio vio a un gran perro arrastrar al Weasley de Potter bajo el Sauce Boxeador. Potter, Granger y Lupin los siguieron.” La elfina esperó a ver qué hacer. Severus siempre tenía una respuesta.



“¿Qué?” Severus frunció el ceño, los labios comprimidos en una línea apretada. Lupin no había tomado su poción, el perro obviamente era peligroso, y esto estaba convirtiéndose en una aventura habitual de Potter de final de año. “Angio, ¿puedes llevarme contigo allí?”



“Sí, Angio puede, Severus.” La elfina extendió la mano, esperando a que Severus la tomara.



“Nilly, haz saber al Director que el lobo no ha tomado su poción y está fuera en los terrenos con Potter.” Esperó hasta que ella accedió antes de tomar la mano de Angio. Desaparecieron sólo para aparecer junto al Sauce Boxeador.



“Gracias, Angio.” Severus aturdió al árbol. Localizó la capa de Potter sobre el suelo. La cogió y entró en el sendero que conducía bajo el sauce. Angio se pegó a su lado. Cuando llegaron a la puerta, le hizo un gesto para que permaneciera allí. Lo último que quería era que fuera mutilada por un licántropo.



Con la mano preparada y cubierto por la capa, atravesó la puerta y esperó hasta que tuvo una buena ocasión de sorprender a sus dos enemigos. Una sonrisa burlona cubrió su rostro cuando logró atar al licántropo. Esperaba tener a la criatura a buen recaudo antes de que pudiera hacer daño a alguien, pero primero tenía que lidiar con Black – el que había causado la muerte de Lily.



Cuando el criminal accedió a regresar al castillo pacíficamente, Severus supo que el hombre iba a escapar a la justicia una vez más. Aun así, podía burlarse de Black con los Dementores. Disfrutó la palidez del rostro del hombre mientras se mofaba de él. Tuvo que reprimir el deseo de tomarse la justicia por su mano, sentía que la marca en su brazo estaba incitándole a revivir los días en que podía hacer justo lo que estaba sugiriendo.



Pudo sentir su agarre en su cordura deslizándose y no le complació cuando Potter se interpuso entre él y la puerta. La pequeña hebra de control que estaba evitando que desatara su cólera, que perdiera la cordura por completo, se despedazó un poco más. No le gustaba ser desafiado por estudiantes. Ciertamente no esperaba que los tres estudiantes le atacaran.



Lo último que recordaba fue el temor de que todos iban a ser devorados por el licántropo.



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Angio se quedó fuera de la puerta esperando. Podía oír a Severus y sabía que éste no era el mejor lugar para él. Estaba enfrentándose a dos de sus enemigos, que le habían perseguido y atormentado cada vez que pudieron. Severus podría cometer otro error, uno del que se arrepintiera. El fuerte golpe contra la pared le preocupó, especialmente cuando no oyó más la voz de Severus. Combatió el impulso de entrar, Severus le había dicho que permaneciera aquí afuera.



No pasó mucho tiempo antes de que las otras personas salieran de la habitación, haciendo flotar a Severus entre ellas. Siguiéndolas en silencio, se preparó para defender a Severus a toda costa. No había manera de que esos acosadores fueran a hacerle daño bajo su vigilancia. Ya no tenía órdenes que la mantuvieran alejada. No llevó sino un momento de pensamiento conjurar un hechizo protector alrededor de la cabeza de Severus ya que Black no estaba teniendo cuidado de por dónde lo levitaba.



Cuando emergieron del túnel, Lupin se transformó y reinó el caos. Durante ese caos, Black dejó caer a Severus.



Angio se aseguró de que Severus aterrizara suavemente en el suelo. Sentándose a su lado, hizo todo cuanto pudo por curarle la cabeza y despertarle. Si ese lobo se acercaba a ellos, mejor que tuviera cuidado. Esta pequeña elfina no estaba de humor simpático.



Cuando Potter se largó tras de Black y el lobo, Angio los observó marcharse. ‘Buen viaje. Sé que Severus no quiere herido a Potter, pero ese muchacho le ha hecho daño y dejado que otros le hirieran. Puede descubrir lo que es valerse por sí mismo, sin Severus allí para asegurarse de que sobrevive a sus atolondrados planes y estúpidos impulsos.’



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Los elfos se apiñaban alrededor de Severus, sus ojos muy abiertos y las manos cruzadas. Podían ver la ira en esos ojos oscuros, y podían comprenderla. Una vez más, sus torturadores habían escapado y prácticamente habían sido recompensados por su comportamiento.



En aquel momento, los elfos domésticos no estaban contentos con Harry Potter ni sus amigos. Estaban aún menos contentos con Lupin y Black.



Severus sacudió la cabeza, sus labios se apretaron antes de dejar escapar un profundo suspiro. El suspiro pareció liberar toda la tensión en su cuerpo y se desplomó contra su asiento. Miró al grupo que le rodeaba. “Ellos ganaron. Eso es todo lo que hay. Ellos siempre ganan, así que no hay sorpresa aquí. Habría sido sorprendente que se hubiera hecho justicia. Aunque, de acuerdo con Albus, no habría sido justicia. Black es inocente del acto que creía había hecho. Lupin, por otra parte, es culpable de no tomar su poción. Es una amenaza para los estudiantes de aquí.”



Una mano callosa descansó en su brazo y otra en su pierna. Mirando a Nilly y Angio, suspiró. “Gracias a ambas. De algún modo evitamos que los estudiantes sufrieran daño por la negligencia de Lupin. Creo que deseo irme a la cama ahora.”



Los elfos se filtraron lentamente por la puerta dejando solo a Severus.



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Gritz empujó una taza de chocolate caliente hacia Severus, que sólo la fulminó con la mirada.



“Los Dementores se han ido. Ya no hay necesidad para la dependencia del chocolate.” Apartó la taza y continuó llenando su plato con un poco de esto y aquello.



Angio volvió a empujarla. “Severus estuvo demasiado tiempo cerca de los monstruos anoche. Bebe esta última taza y no te ofreceré ninguna más hasta que los monstruos regresen.”



Severus bajó la mirada a los ojos púrpura pálido, notando la preocupación y la culpa en ellos. Sabía que Angio sentía que era culpa suya que todavía le doliera la cabeza, y que estuviera expuesto al licántropo una vez más, a pesar de que no tenía recuerdo de Lupin transformándose. Fue muy consciente del lobo merodeando por el bosque cuando se adentró corriendo para buscar a Potter. Echando un vistazo a los demás elfos, vio la misma preocupación reflejada en su mirada.



Cogiendo la taza, suspiró. “Estoy bien. Al igual que vosotros, estoy acostumbrado a que las cosas no vayan del todo del modo que me gustaría, y al igual que vosotros, puedo adaptarme y trabajar con lo que me dan.”



Poniendo una mano sobre la de Angio, volvió a bajar la mirada hacia ella. “Gracias por protegerme anoche.”



Apurando el chocolate caliente lo más rápido que pudo, Severus desterró la taza al fregadero y sonrió ampliamente cuando una taza de té fue puesta ante él. “Ahora, todo eso queda atrás. Disfrutemos el desayuno y volvamos a la normalidad.”



Las sonrisas destellaron a través de los rostros y todos se instalaron a desayunar.



Fue después de que Severus se marchara a trabajar en su laboratorio cuando los elfos iniciaron su plan. El Director iba a pagar por su desdén de los sentimientos de Severus. Potter y sus amigos iban a pagar por poner en peligro a Severus anoche. El resto de los estudiantes y profesorado también iban a pagar, por todas las ofensas y cosas así que habían dedicado a su Maestro de Pociones.



No sería nada grande, ni grandioso. No, iba a ser algo de lo que Severus pudiera reírse después y no sentirse culpable cuando se enterara de ello.



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Albus se quedó mirando la mesa, su mirada fijándose en los cuencos con asombro. Echando un vistazo a las mesas de los estudiantes, notó que todos ellos tenían lo mismo. Por alguna razón los elfos sólo estaban sirviendo unas gachas sosas esa mañana. No había fruta, miel, ni nada para endulzar o sazonar las gachas, y ni un solo elfo estaba respondiendo a sus señales.



Mirando hacia sus profesores, notó que Severus no estaba. Esperando que su Maestro de Pociones no se encontrara peor que anoche, tomó una cuchara. Parecía que el desayuno iba a ser soso hoy.

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