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Cajas apiladas, una estancia vacía y el jardín cubierto de nieve es lo que los ojos de Petunia Evans podían describir sobre su nueva vivienda. A decir verdad habían sucedido muchas cosas en un corto lapso de tiempo; Sus padres habían fallecido meses atrás, y la casa familiar tuvo que ser vendida para pagar la deudas familiares que ahora caían sobre sus hombros, y aunque sonara egoísta quería enterrar sus pasado lleno de deseos de amargura ahí antes de empezar de nuevo en este lugar, sola, como siempre fue ¿Contar con su familia? No, ningún tío divertido, ni abuelos cariñosos, nada de eso… Claro, estaba su hermana menor, Lily. Pero ella pertenecía a otro mundo, literalmente, y se encontraba en su último año escolar por lo que habían concordado que ella pasara navidades allá y se concentrará en sus estudios, ya que alguna de las dos tenía que tener un futuro seguro.
La joven rubia tenía muchos sentimientos encontrados al respecto, pero por más que quisiera evitar ese sentimiento enfermo de envidia le resultaba difícil. Ella no era especial, ni espectacularmente extrovertida como lo era su hermanita que era un rayo de sol para cualquier persona que le conociese, excepto Petunia, claramente. En su infancia había anhelado ser especial, esforzándose en ser la más inteligente, la más pulcra, la más educada, reforzando todos esos aspectos en los que la pelirroja fallaba, pero su entorno no admiraba toda esa dedicación y ahora todo eso hacía estragos en una petunia reprimida y un poco amargada de la vida. Como toda joven tenía sueños, la universidad era uno de ellos pero dadas las circunstancias tendría que esperar, apenas tenía dinero para comer alimentarse decente al día y pagar el alquiler de aquella pequeña choza destartalada a las afueras de Londres. Su aplicación a Oxford ahora sería solo un sueño lejano, solo tardaría un poco más si tenía suerte, aceptando un puesto como secretaria en una empresa local de taladros llamada Grunnings, lugar en el que se la pasaba ignorando las insinuaciones apestosas de su incompetente jefe Dursley Vernom; Un “hombre” con la apariencia de una morsa mórbida y apestosa.
Dejo por momento esas divagaciones, camino a un grupo de cajas apiladas en la estancia, rebuscando en una de ellas por alguna manta para cubrirse de aquel frío terrible que estaba haciendo, odiaba el invierno. Mataba todas las flores, y ser friolenta no ayudaba en nada, avanzó en dirección a la cocina para poner agua para el té, cuando el sonido de unos golpeteos le puso alerta. Espero un poco de tiempo, volviendo escuchar aquellos golpecitos que venían de la puerta. Frunció ligeramente la nariz, el clima no era el adecuado para presentarse lo que hizo que su sentido de alerta se disparara por los aires. Lily había sido muy clara al respecto, volviendo a reflexionar, si fuera ese grupo de magos nazis lo último por lo que ellos se preocuparían serían los modales, se encamino a la puerta envolviéndose mucho más en aquella cobija, mirando por el rabillo de la puerta.
Una chaqueta de cuero y cadenas fue lo primero que diviso, debería ser una persona alta. Petunia era alta, no conocía a nadie más alto que ella. La presencia agacho dejando al descubierto una mata de cabello negro y alborotado, vagamente familiar, abrió la puerta ligeramente, asomando la cabecilla en el pequeño espacio"¿Se le ofrece algo?..."Aquel joven de aspecto vagabundo le miro, unos ojos brillosos y profundamente grises miraban hacia ella con calidez.
"¡¡¡Petunia!!! Encantado de volver a verte"Su silencio pareció hacer reaccionar al joven "Oh claro, una disculpa. Me vuelvo a presenta, Sirius Black, soy amigo de Lily" Claro, es el chico rockero que venía en combo con el novio de su hermana en las vacaciones pasadas. Frunció los labios, no era de su agrado aquel joven. Muy ruidoso y coqueto para su gusto ¿Pero que diantres hacía ahí? Fue como si leyera sus pensamientos, reaccionando de ipso facto "Lo sé, muy descortés presentarme aquí sin una invitación-"
"¿Mi hermana está bien?" Le paro en seco antes de contener una respiración profunda. Porque alguien de su clase estaría en su puerta si no fuera para portar malas noticias. El chico pareció notar la creciente incomodidad, abriendo su boca suavemente para hablar
"Ella está perfectamente bien, se quedó en el colegio con James, ya sabes, último año... Debería darles un poco de privacidad"
Ella digirió aquella desagradable información, asintiendo y disponiéndose a cerrar la puerta de aquel tipo, pero el joven puso un pie antes, obligando a levantar la cabeza para mirarle enfurecida "Vienes a mi casa, dices absolutamente nada y ahora me impides volver a mis cosas ¿Quién diantres piensas que eres?"
"Solo necesito un lugar para pasar la noche-"Derrotado, pero sin apartar esa mira anhelante de refugio "No tengo a donde ir, realmente no quisiera estar tan desesperado pero estoy aquí. Sin nada, solo esperando algun tipo de especie de milagro navideño"
El estómago de la rubia dio un vuelco, apretando sus labios tan fuertemente, dándole vueltas a sus palabras. Era mala y egoísta, pero nunca una persona cruel, no ahora. Refunfuño, quitando el pasador de la puerta permitiéndole el ingreso al chico punk. Él se limpió las botas un poco de nieve de la chaqueta negra. Petunia cruzo sus brazos dentro de la manta.
"Como observaras no tengo mucho en estos momentos. No hay calefacción, tampoco muebles" No despego ni un segundo la mirada del joven, que observaba todo atentamente con una curiosidad casi infantil, anonadado por la tetera que estaba burbujeando en la estufa, paso a su lado, rodeando la barra para ir apagar aquello. La incomodidad comenzaba a florecer en su piel, evitando la rasquiña.
"Y se puede saber Sirius ¿Está bien que te llame así? Diste con este lugar, dudo mucho que mi hermana te haya dado la dirección, sabe lo delicada que soy en ese aspecto"
Una sonrisa surco el rostro del joven, Petunia coloco dos tazas para servir el agua ardiente "Estas en lo correcto, solo recordé la dirección una vez que te estaba escribiendo ¿Para qué sirve esa cosa llamada computadora? Lily dice que son una perdida tiempo, yo creo que es genial, se lo que sea que eso signifique" Sumergió la bolsita de esencias varias veces y luego bebió de un tirón. Al parecer los peculiares como ellos escaseaban de modales.
"El futuro para personas como yo es la tecnología, no lo entenderías" Sirius la miro como un bicho raro, apoyando su labio inferior en el bordillo de la taza
"¿Personas como tú? Hasta donde se tenemos la misma cantidad de huesos y los mismos órganos, así que creo ser una persona como tú también ¡Oh no! Acabo de recordad de que no tengo apéndice, lo siento, somos de universos opuestos lo había olvidado" La miro expectante, esperando una risa que jamás llego, solo una mirada de unos gélidos ojos azules. Ella y Lily eran criaturas diferentes, era evidente. Lily era grácil, como una onda que se fluía con su entorno, pero Petunia Evans era líneas rectas y puntiagudas, un ser que calculaba cada uno de sus movimientos como una partida de ajedrez, lo noto desde la primera vez que la vio. Era el tipo de mujer que pasaba inadvertida para la mayoría, era delgada y alta, claramente no su tipo, pero cuanto más la observabas más fascinante se volvía; Pómulos altos, enmarcados por una nariz griega y unos labios carnosos que estaban agrietados por el frio. La joven tomo finamente su taza y dio un pequeño sorbo, solo un roce negando un tanto exasperada ante sus palabras.
"Habrá una tormenta de nieve en los próximos días, y dado que no tienes a donde ir me niego a dejar a un menor de edad deambular por las calles. Te quedaras aquí hasta que pase, iré a abastecerme de provisiones un rato más. Ayudaras aquí manteniendo eso" Señalo directamente a la chimenea que parecía alarmantemente moribunda "En llamas, busca algunas cobijas y prepara tendidos"
" Eso es bastante fácil Pétunia" Remarco con un descarado acento francés, sacando su varita de roble avivando las llamas de la chimenea, elevando el pecho orgulloso hasta que vio a la joven, que derramo su bebida sin percatarse y el color beige de su piel palideció hasta el tono de sus huesos. Alarmado corrió hacia ella, pero la joven aparto su toque, mirándole molesta y dolida, como si hubiera cometido el mayor de los pecados, saco un pañuelo de su bolsillo, limpiando la barra y las gotas que comenzaban a gotear de la superficie, confundido por aquello, había hecho lo que le pidió ¿Qué le pasaba a esta mujer loca?
"Una sola cosa Black, solo una cosa… Y espero ser muy clara…
En esta casa está estrictamente prohibido el uso de magia."
