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A los recuerdos el tiempo le resulta ajeno.
Para sus adentros ella lo sabe.
La fresca mañana de ese día aún resuena en su memoria.
Pequeños rayos de sol se cuelan por la corona de ramas iluminando sus facciones junto al camino venidero, entre la brecha de los árboles el viento surcaba en delicados tramos meciendo las hojas
que se cernían sobre ella mientras el tenue olor del petricor aún permanecía en el aire.
La emoción de encontrarse en un lugar nuevo siempre era bienvenido, fue vigorizante, y con algo de prisa recorre el camino para encontrar a su objetivo.
Cómo si de una cazadora ágil se tratara pasa desapercibida cuidando sus pasos con suaves pisadas, pudiendo así llegar al lugar que buscaba sin ningún problema, más sin embargo, a causa de la emoción se precipitó lo que la llevó a cometer un error alertando a la presa de su su llegada.
–"Oh, mi niña, eres tú la que oigo" – dijo una voz cantarina con sorpresa y, al no haber una respuesta de su parte prosiguió –“Dónde te podrás encontrar, Arya…? ”– esa fue una pregunta lanzada al aire llena de recelo mientras buscaba por los alrededores.
El temor a ser descubierta la embargo, llevándola a un estado de silenció y rigidez para no poder ser ubicada, esperando que eso fuera suficiente.
–'' Aquí estas '' – exclamó la voz con malicia al cabo de haberla descubierto.
Eso la tomo por sorpresa, los papeles se habían intercambiado ahora ella era la presa, esa fue su última línea de pensamiento antes de ser sujetada por unos brazos que la sacaban de su escondite para luego ser lanzada por los aires y ser atrapada a los pocos segundos.
Risas llenas de jubiló provenían de ella mientras era atrapada por su padre.
– ''Te Tengo, mi niña'' –dijo el hombre que la cargaba entre sus brazos con una suave voz llena de diversión.
La calidez que le inundaba cada vez que él la sostenía entre sus brazos era abrasador y con el tiempo nunca pareció menguar, aún sin importar cuán grande ella se encontrara él la recibiría con los brazos abiertos mientras castos besos eran depositados en su rostro con premura, era una sensación embriagadora.
Un ciclo irrepetible de una y otra vez.
Ella aún lo extraña.
En su corazón, Arya aún aguarda por su padre.
