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Characters:
Additional Tags:
Language:
Español
Stats:
Published:
2022-04-19
Updated:
2024-04-21
Words:
21,795
Chapters:
10/11
Kudos:
15
Hits:
268

𝑔𝑎𝑠𝑜𝑙𝑖𝑛𝑒 ℎ𝑒𝑎𝑟𝑡 𝑜𝑛 𝑓𝑖𝑟𝑒 • 𝑟𝑜𝑛𝑖 •

Summary:

La vida no ha sido sencilla para los Gambino, teniendo que dejar Italia atrás, recorren el mundo hasta llegar a la hermosa y sosegada ciudad de Marbella, en España, donde la aventura les espera. De mano de José Heredia, Raúl Salinas y Emily Cruz, las cosas pueden ponerse candentes.

Es decir, esto es lo que la mamma hubiera querido, ¿no? ¿O es que acaso sus corazones llenos de gasolina ya se han prendido en un ardiente fuego imparable?

Toni Gambino, Raúl Salinas, Roni GTA

Notes:

Bueno, he empezado otra novela a pesar que ya tengo una en curso y no he terminado; pero no me podía sacar esta idea de la cabeza

Chapter 1: 𝑑𝑎𝑛𝑐𝑖𝑛𝑔 𝑤𝑖𝑡ℎ 𝑡ℎ𝑒 𝑚𝑜𝑜𝑛𝑙𝑖𝑔ℎ𝑡

Chapter Text

La noche es estrellada, la luz de la luna entrando por la ventana abierta que deja que la corriente fresca digna de tan bella noche entre al recinto, ondeando las suaves telas de los pijamas de ambos rubios en la sala, quienes absortos en su inocente e infantil mundo, bailan al son de las canciones reproduciéndose en la radio.

Sus pies solo siguen el ritmo que marcan sus corazones, riendo de vez en cuando, llenando la habitación con tan exquisita melodía. Carlo, el menor de los descendientes de los Gambino, atrapa a su hermano cuando este realiza una vuelta que lo termina mareando y lo hace tambalearse, sonriendo y mostrando los hoyuelos en sus regordetas mejillas.

Toni, con el rubor escondiendo los besos de ángel en sus aperladas mejillas, hace a su hermano girar también, sosteniendo su mano derecha en alto, como si fuera una bailarina y seguido, lo abraza contra su pecho, brindándole calor al verlo temblar por la ventisca otoñal.

Solo están bailando con la luz de la luna.

Sus risas cesan junto a su diversión cuando la mamma los llama desde el marco de la puerta que da a la sala, recargada con su hombro tocando el marco y una sonrisa bobalicona en sus rosados labios. Sin realmente reprocharlos, solo fingiendo la tonada, les pide detener la radio e irse a dormir.

A regañadientes aceptan, pues ya son pasadas las doce de la noche y mañana hay escuela. Toni es el primero en besar la mejilla de su madre hincada en el suelo, secundado por el menor. Un abrazo de oso por parte de la mamma y ambos niños, arrastrando los pies, se dirigen a la cama. Son arropados en los calientitos cobertores felpudos, la mamma dándoles un casto beso a cada uno en la coronilla, antecesor de un buenas noches y finalmente apagar el interruptor de la luz, dejando el cuarto oscuro.

—Oye, Carlo, pst —llama Toni, bajando su cobija y sentándose en el mullido colchón—. La mamma ya se fue, ya puedes venir —avisa, sabiendo que su hermano aún le presta atención, pues todas las noches hacen lo mismo de dormir acurrucados. Toni ve a su hermano salir de las cobijas y descalzo para minorizar el ruido y no advertir a la mamma, se escabulle hacia la cómoda cama del Gambino mayor.

—Buenas noches, fratello (hermano) —dice cuando ya está abrazando al mencionado por la cintura, con su cabeza recargada en el centro del pecho, ahí donde reside su acompasado corazón. Escucha los latidos de su hermano, apreciándolos como la canción de cuna más perfecta que jamás haya existido.

—Buenas noches, Il mio bambino (mi niño) —deposita al final de su oración, un dulce beso en la nariz del menor, quien, a los pocos segundos de estar apegado al calor irradiado de su fratello, se queda profundamente dormido.

La noche avanza sin más disturbios, hasta que el reloj indica que son pasadas las dos de la madrugada. Es cuando, en medio de sueños, el Gambino mayor comienza a escuchar sonidos de cosas rompiéndose, gruñidos y gritos de desesperación, por lo que todavía con los ojos cerrados y adormilado, frunce el ceño. Se remueve al sus oídos percatarse del grito de una mujer pidiendo ayuda; este grito se prolonga por unos segundos y se calla.

Es de nuevo algo arrojado al piso que lo obliga a despabilar por completo y todo queda en un sepulcral silencio. Voltea a ver a su bambino y lo encuentra con las cobijas tapando hasta su nariz, inmóvil, pero viendo fijo a la puerta de madera con una expresión indescifrable que no hace más que ponerlo alerta, porque de nuevo algo se rompe y ahora está consciente que es en la habitación de la mamma. Con precaución, se destapa y baja los pies al gélido suelo.

—Quédate aquí —pide, no obstante, el menor niega repetidas veces y se pega a su brazo como si de ello dependiera su vida—. Voy y vuelvo, si no regreso, te escondes —de nuevo, otra negación.

Ve-vengo con te (voy contigo) —su voz tierna tiembla, pero sus ojos demuestran lo cuán decidido se encuentra y Toni suspira, resignado a que no lo hará cambiar de parecer, por lo que, sin más tiempo perdido, ambos se levantan de la cama y con paso cauteloso, se encaminan a la habitación principal de la casa.

Abren despacio la puerta, haciendo chirriar mínimamente la bisagra de esta, por lo que se quedan quietos unos instantes; nada sucede. En puntillas, Carlo haciendo crujir por accidente la madera del suelo, esa que lleva toda una semana rota, de modo que recibe un susurrante regaño del mayor, no obstante, sin deparar mucho en ello, avanzan al cuarto con la puerta cerrada, lo único cortando el silencio atronador del hogar siendo los búhos ulular a la lejanía.

Carlo está en frente de él cuando decide girar el picaporte y lentamente, abrir la puerta, sacando un jadeo de terror cuando sus ojos procesan lo que está sucediendo en el interior de la habitación. Está hecha un desastre, con los muebles tirados en el piso, hecho trizas. Divisa el jarrón que Carlo y él le regalaron a la mamma en su cumpleaños, roto y desparramando el agua de su interior, formando un charco mezclado con rojo en el piso; las flores pisoteadas alrededor de la cama.

Junto a la cama, hay un tipo, alto, de complexión delgada. Por la poca luz, Toni no puede saber si su cabello realmente es azabache, tampoco puede ver su rostro al este estar de espaldas, pero sí puede decir que sus hombros no son tan anchos.

Con asco, observan al tipo misterioso hincado entre las piernas de su madre, propinar un cuchillazo en la espalda baja al inerte cuerpo de esta. En el cuarto, al lateral de la cama, su padre tirado en el piso boca arriba, con una expresión petrificada en el martirio y la garganta abierta, con la burbujeante sangre saliendo, manchando la pulida madera de roble; eso de seguro molestaría a la mamma, diciendo que nunca saldría esa mancha.

Claro, solo si ella estuviera viva, porque con el mismo destino final, ella está en la cama, boca abajo, con las manos amarradas tras su espalda como un vulgar cerdo y un pedazo de tela amordazándola; tiene un corte profundo en la mejilla, que sangra y tiñe por completo la sabana blanca bajo ella; hay otra herida en un costado de su abdomen y pequeñas más en lo largo de sus brazos; hay también un charco de sangre bajo ella.

Toni ahoga un grito, sin embargo, su hermano Carlo no, por consecuente, atrayendo la atención del asesino, quien, dejando de arrancar la carne de las vértebras lumbares de su madre, gira sobre sus rodillas, torciendo su cuerpo y viéndolos. Suelta el cuchillo pintado de rojo de su mano derecha y sus dementes y almendrados ojos ven fijamente a los azules Tifanny de Toni y sonríe, complacido por los espectadores.

—Hola, Toni —pronuncia antes de que todo se vuelva borroso en la mente del Gambino.