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Language:
Español
Stats:
Published:
2022-02-06
Words:
2,059
Chapters:
1/1
Kudos:
14
Hits:
159

Inferno

Summary:

Su mente le atormenta, cada noche es lo mismo, el llanto de un bebé, la voz de aquel que quiso.

Ahora le tocará vivir un infierno porque la muerte viene por él.

" Dije que seríamos una familia feliz los tres, pero antes de que lo seamos de verdad, tendrás que ser torturado en el infierno.
Debes pagar tus pecados, todo lo que nos hiciste sufrir en vida Seungho".

Notes:

Hola a todos.
Mi primer trabajo en este maravilloso fandom en colaboración con una bella persona quién tiene los créditos por ayudarme en varias partes de esta historia, realmente ambas somos las autoras de esta historia, sin embargo ella aún no posee cuenta en esta plataforma por ende la mencionaré por su nombre " Skarlet Antares".
Aclaro es terror psicológico la historia.
Las cursivas son recuerdos del personajes.

Work Text:

 Desde hace un año, Yoon Seungho, despertaba a una hora específica. Desde hace un año, Yoon Seungho vivía atormentado y viendo entre sueños el rostro pálido de su último novio.

Esa noche era igual que las anteriores, sudoroso y con el corazón latiendo como caballos encabritados, desató un poco los botones de su camisa de dormir mientras permanecía aún acostado en la cama.

Con aprehensión se incorporó castañeando los dientes. Bufó molesto mientras prendía la lámpara de la mesita de noche y tomaba su celular para mirar si era la misma hora.

Una lechuza que habitaba cerca al árbol que colindaba a su casa chilló lastimeramente, no recordaba a ciencia cierta desde cuando aquella molesta ave vivía en ese árbol. 

—Murió a las cuatro y diez minutos, señor Yoon.

Otra vez ese recuerdo.

Volvió a mirar la pantalla del celular, cuatro y cinco de la madrugada.

— El niño estaba muerto dentro suyo, el golpe del auto provocó que…

—No importa, ya nada importa.

Tal vez necesitaba una calada de un cigarrillo, sentía sus pulmones ahogados en una angustia indecible que tal vez sus cigarros de marca lo ayudarían. Liberó su cuerpo del peso de la sábana y acostumbrando sus ojos a la aún incipiente oscuridad salió de su habitación rumbo a la cocina.

Ya con el cigarrillo en la boca salió al portal de su casa, de nuevo la lechuza impertinente soltó su chillido, se disponía a insultarla cuando el llanto de un bebé rompió por completo la quietud nocturna.

¿ Qué demonios?

El llanto fue más cercano y doloroso que hizo que él apagara el cigarrillo y entrara a buscar un abrigo, se aseguró de tomar su celular en caso de querer necesitar llamar a urgencias.

Cuatro y ocho, genial protestó mientras cerraba la puerta de entrada a su propiedad, el llanto había cesado por el momento.

Y si tal vez alguien más en el transcurso que fue a buscar el abrigo lo oyó y acudió a ver al bebé…

 Su semblante lucía calmo, aún tenía manchas de sangre en sus mejillas mientras que en su frente y los pequeños mechones de su nuca lucían húmedos por el sudor. El color azul ya comenzaba a teñir los labios carnosos del fallecido joven cuyos últimos minutos de vida fueron una tortura, a su lado el bebé que aún mantenía una expresión enfurruñada con el cordón umbilical que señalaba que aún sin vida permanecía atado a su “ madre”.

¿ Es su único familiar? indagó una enfermera mientras soltaba una sábana para envolver al niño inerte?

Si respondió mientras un profundo dolor producto de un real remordimiento nacía en su interior soy el único que tenía…

Suspiró nervioso ante esa ola violenta de recuerdos, sintiendo las piernas flaquear, Seungho se sentó en la vereda. Si no oía nada más regresaría a la comodidad de su dormitorio.

Cuatro y diez.

Justo cuando se disponía a ponerse de pie,  vio una figura menuda  vestida con una chaqueta rosa y pantalones grises oscuros que caminaba frente suyo con un bulto en sus brazos, sintió que la sangre se le iba a los pies ante la espectral imagen, imagen que él conocía bien.

Seunghoooooo el arrastre de la última vocal de su nombre cayó como una piedra en su pecho, el tiempo se detuvo y él incapaz de moverse se tapó el rostro con ambas manos.

¡Maldición, maldición! él no creía en cosas de fantasmas y aparecidos, se creía un hombre sin supersticiones pero eso que sentía estaba fuera de la comprensión humana.

No había sido capaz de mantener una relación amorosa luego de la muerte de Nakyum, el bello joven con el que estuvo cinco años de novio y casi un hijo. La verdad era que Seungho no deseaba hijos y así se lo hizo saber al joven cuando le anunció su estado.

Te quiero si, pero fui claro en no desear hijos, Nakyum. 

Fue suficiente, Nakyum tomó la decisión de separarse de Seungho y vivir su embarazo en paz, sin embargo no todo fue felicidad.

A los siete meses, el joven sufrió el accidente que le quitaría la vida.

¿ Por qué recordaba todo eso?

¿ Acaso?

Buscó su celular en el bolsillo y chequeó su pantalla, vio la fecha y el pánico se instaló de nueva cuenta. Imposible.

La fecha maldita.

El llanto fue más atronador hasta casi perforar sus tímpanos, cerró los ojos y dejó caer el celular con tal estrépito que su pantalla se partió.

Ahora la angustia subió de su estómago donde inicialmente se instaló hacia su garganta quitándole la respiración, sus manos se crisparon y se enterraron en sus muslos con fuerza. 

La espectral figura solo se quedó quieto en su sitio, mirándolo con la intensidad de sus abismales ojos que en vida eran dos bellos olivos besados por el sol de mediodía,  quería gritarle que dejara de atormentarlo todas las noches, a la misma hora...

 Desde hace un año.

Seungho juraba que una gota de sudor frío se deslizaba por su nuca, se relamió los labios y trató de pronunciar palabra alguna, más de su garganta no salió ningún sonido humano posible, solo un débil resuello.

La figura con sus ojos muertos abismales decidió hablar, el bulto de sus brazos se movía sin cesar.

Te quería

¿Por qué podía escuchar la voz de Nakyum y el llanto de aquel bebé que nunca quiso?

Él no tuvo la culpa de su muerte, no fue su asesino.

No eres real.

Fue un murmuro sin aliento, su voz no quería salir con prepotencia y altanería como siempre lo hacía.

Pero se convenció que todo era producto de su imaginación debido al estrés y cansancio que había acumulado en meses luego de la muerte de Nakyum donde se vio obligado a hacerse cargo de su funeral y deudas producto de su malogrado estado.

Lo soy, puedes verme y escucharme.

Su voz, la dulce y cálida voz que le susurraba en sus oídos cada vez que tenían intimidad, eran como miles de dagas y ecos de ultratumba que se filtraban en su zona auditiva y cerebro.

¡¡Estás muerto!! ¡¡Déjame en paz!!.

Se levantó abruptamente de la acera, su cuerpo temblaba ligeramente, se quitó el abrigo y lo lanzó con aprehensión a la calle,  Nakyum dejó de hablar, pero las voces seguían murmurando, le reprochaban y gritaban lo injusto que fue.

Tiró de sus cabellos negros y empezó a negar, por primera vez se sintió culpable, pero....

¿De qué?

Sólo él y su conciencia lo sabían.

Esta no tardó en enumerar sus pecados, desinterés, apatía, desconsideración y lo peor… No acudir a tiempo al hospital porque prefirió intoxicar su cuerpo con alcohol y sexo casual.

Su vista no se apartaba de Nakyum, retrocediendo lentamente sus pasos lo dirigieron en medio de la calle. Un frío se coló entre sus huesos a medida que retrocedía, Nakyum volvió a hablar.

Sólo cuando mueras podrás estar en paz y así seremos felices los tres, como una familia, por siempre.

Seungho sin ser consciente de su alrededor y donde se encontraba, seguía repitiendo que él estaba muerto, nada era real.

Una luz blanca lo cegó, todo pasó tan rápido y no le dio tiempo a reaccionar cuando fue arrollado por un auto que pisando el acelerador se dio a la fuga.

El cuerpo de Seungho rodó tres metros por la fría acera con múltiples golpes, huesos rotos y trozos de piel desprendidos en carne viva.

El impacto del vehículo contra su cuerpo fue brutal, juraba que pudo oír como su corazón se encogía y luego expandía violentamente, al igual que el crujido de sus huesos romperse y la piel ardiendo al rojo vivo.

Su vista quedó clavada en el cielo nocturno, no había estrellas, pensó que esos eran sus últimos minutos de vida, moriría ahí mismo.

Una voz llena de amor y ternura lo distrajo de sus últimos pensamientos. 

Yo te libraré del dolor Seungho, a mi lado todo será felicidad, sólo debes tomar mi mano.

Su mirada se desvió hacía la figura frente a él, vio a Nakyum con su diestra extendida, éste le sonreía cálidamente. Sin embargo se negó porque creía que era una cruel treta de la figura, Nakyum para animarlo le acercó más el bultito de sus brazos a su rostro.

Seungho, te presento a tu hijo. Nuestro hijo.

Con su mano sana, apartó la manta azul que lo cubría, sus ojos un poco empañados lograron advertir un bebé rollizo, con pelusilla negra en su cabecita y unos preciosos ojos ámbar. Era una copia exacta de él, su regordeta manecita lo señalaba y reía como si estuviera feliz de verlo.

Más cuando quiso tomar una de sus manecitas, la sonrisa del bebé se tornó simiesca, retorcida y entonces comenzó el horror de sus últimos minutos de vida.

Donde hubo unos regordetes labios infantiles, una hilera de filosos dientes apareció,  su rostro, su carne rubicunda se desprendía como la piel de la cebolla, un nauseabundo olor penetró por sus sentidos heridos aplastando lo poco que palpitaba en su pecho. Finalmente los dedos de sus manos se tornaron garras oscuras y el chillido se convirtió en una voz horrenda que hirió su cerebro inflamado.

¡ Padre! bramó la criatura infernal.

Ya no era un cuerpo lo que Nakyum tenía entre sus brazos sino un montón de huesos, una risa macabra retumbó en el silencio, el ambiente se sintió pesado de repente.

En medio de aquel oscuro espectáculo, Nakyum volvió a hablar.

Dije que seríamos una familia feliz los tres, pero antes de que lo seamos de verdad, tendrás que ser torturado en el infierno. Debes pagar tus pecados, todo lo que nos hiciste sufrir en vida Seungho.

Agh…. No…

Trató de mover una de sus piernas, más estaba rota, cerró los ojos e intentó de hacer oídos sordos a la condena, pero el hedor de la osamenta penetraba por su nariz; nadie pasaba por ahí, nadie lo auxiliaría.

La voz volvió a hablar, era glacial, dura y lapidaria. Condenatoria.

Muere así como nos  dejaste morir a mi madre y a mi.

Conmocionado no vio que el montón de huesos se disolvía y eran levantados por la brisa fría de la madrugada para luego erigirse como una alta figura vestida de negro que se agachó ignorando la fresca sangre que salía de las heridas de Seungho. La mano pálida de ese ser se cerró alrededor de la garganta del moribundo que en vano trataba de buscar la redención en sus últimos momentos de vida.

Cuatro y veinte... Este es el minuto en el cual exhalas tu último suspiro. Este es el minuto dónde comenzarás a vagar eternamente todas las madrugadas, pero antes, pagarás tus pecados…

Fue arrastrado a un pozo lleno de oscuridad, donde un ser amorfo cruelmente lo castigaba con latigazos.

 Así como nadie lo oyó gemir mientras su alma era llevada al escarmiento, nadie oiría su castigo.

Nakyum antes de morir prometió que no descansaría en paz hasta que Seungho estuviera con él y su hijo.


Cuando las primeras luces del alba se asomaban tímidas, varios trabajadores que iban a sus trabajos descubrieron el cadáver de un hombre que en vida fue muy atractivo, en medio de un charco de sangre no tan copioso que ya comenzaba a secarse.

Aunque tenía los ojos cerrados, su expresión era de tormento como si en vez de hallar paz en los brazos de la muerte, esta lo castigase. Alguien hizo una oración por su alma mientras era llevado a la morgue.

Nunca notaron un fragmento de hueso cerca de él ni tampoco las huellas de manos en su cuello que le provocaron la muerte definitiva. Quién hacía la oración por él, mencionó que se llamaba Yoon Seungho y que hace un año había perdido a su novio e hijo por lo que vivía solo.

¿ Un año? incrédulo un anciano cuestionó  la información.

Su novio cumple un año de fallecido hoy justamente prosiguió el extraño mirando el charquito de sangre casi seco ¿ Qué fea coincidencia, no?

Pronto el accidente fue olvidado, cada curioso volvió a sus labores y Seungho fue sepultado junto a flores y rezos.

A final de cuentas, Nakyum logró su cometido, atormentó a Seungho por un año hasta casi llevarlo al borde de la locura y ahora que está muerto los tres vagarían eternamente, como las almas en pena que eran.

Como la familia que debieron ser desde un principio.