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Fría calidez

Summary:

HOGWARTS AU

Había pasado el verano entero pensando en ese plan.

Lo había practicado decenas de veces en su mente.

No era difícil, sólo tenía que acercarse a Erwin y pedirle una cita.

Notes:

Quise escribir algo bonito de Eruri, el ship que me ha tenido obsesionada por más tiempo que ningún otro y pues se me ocurrió este AU.

Harry Potter es de mis cosas favoritas pero lo leí hace como cuatro años y aunque he visto las películas muchas veces tal vez algo se me haya pasado así que una disculpa por si algún manejo de algo se me fue mal.
Para mí Levi es Hufflepuff y Erwin Slytherin pero si tú los consideras en otra casa está bien, sólo es mi opinión.

Disfruta la lectura.

Chapter 1

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text


Desde que había despertado se había sentido terriblemente ansioso. Es más, diariamente dormía máximo cinco horas pero esa noche sólo pudo pegar el ojo dos horas. Había estado viendo el techo de la cama por lo que pareció una eternidad y pudo salir de su trance cuándo escuchó el despertador sonar.

Con un suspiro se levantó de un brinco en la cama y como de costumbre fue el primero en ir al baño de la habitación para tomar la ducha primero que todos sus compañeros de cuarto.
Minutos después, luego de una fría ducha que tomó rápidamente se vistió con el uniforme de manera automática, dirigiéndose al lavabo para cepillar sus dientes evitando a toda costa su reflejo en el espejo. Sin embargo tenía que arreglarse el cabello y con pesar se miró en la superficie.

Levi tuvo que ahogar una sarta de maldiciones; grandes círculos negros rodeaban sus ojos grises que resaltaban aún más con la palidez que su piel había adquirido en el transcurso de la noche.

–¿Mala noche?

El reflejo de Farlan apareció detrás de él viéndose cómo un ángel al estar al lado de Levi.

–¿Tú qué crees?–y ni hablar del mal genio que la desvelada le causaba. Era un alivio que conociera a Farlan desde hace mucho tiempo porqué él sabía las formas en las que se debía de tratar cuándo no soportaba a nadie.

Su amigo inclinó la cabeza ligeramente cómo si lo estuviera analizando y le lanzó una sonrisa tranquila.

–Todo saldrá bien, ya lo verás–y salió del baño cómo si huyera con antelación de un reclamo.

Levi se quedó quieto ante sus palabras. Con una exhalación temblorosa abrió el grifo y se lavó la cara queriendo despejar su mente porqué sus clases iniciaban con Defensa contra las Artes Oscuras y debía de poner atención aunque fuera de los mejores en la clase.

Sus compañeros al terminar de arreglarse esperaron por él pero él les dijo que se fueran y que los alcanzaría en unos minutos.

Cuándo los corrió sutilmente diciéndoles eso no había pensado qué eso significaba que tendría que llegar al Gran Comedor él sólo. Se insultó a si mismo por su decisión tan estúpida mientras caminaba enfurruñado por los pasillos hasta que llegó a las puertas dobles del comedor.

Cómo de costumbre el bullicio no era tanto como los de la hora de la cena pero se distinguía desde fuera el ruido distintivo de las pláticas y de los cubiertos al chocar con las mesas.
Antes de entrar esperó unos momentos detrás de las puertas de roble, tallándose los ojos con los dedos armándose de valor para entrar.

Sin más preámbulos entró con rapidez y con la cabeza gacha evitando a toda costa la mesa de Slytherin ya que ésta estaba pegada a la puerta, pasando por Ravenclaw y la de su casa, Hufflepuff.

En su corto recorrido para llegar a la mesa de Hufflepuff varios alumnos lo saludaron y le gritaron unas felicitaciones por haber ganado la semana pasada el partido contra Ravenclaw. Milagrosamente asintió levemente con la cabeza ante los saludos, había veces en las que ni siquiera les correspondía y sólo pasaba de largo.

Se dirigió al lugar dónde estaban desayunando Farlan e Isabel, sentándose frente a ellos con un poco de brusquedad.

El rubio le estaba enseñando a Isabel unos de sus tantos apuntes de Cuidado de las Criaturas Mágicas. Al ser de segundo año la joven aún no podía tomar las materias optativas pero se moría de ganas de ello y la única forma de tranquilizar su hambre de conocimiento era mostrándole sus escritos y libros de sus años pasados.

Los dedos de Isabel recorrían con asombro las líneas dibujadas del demiguise en las páginas arrugadas. Al verlo ella le sonrió con su alegría de siempre.

–¡Hola, buenos días Levi!–aunque su expresión se oscureció un poco cuando lo miró a los ojos.

Saludó con un "Hmm" estirándose para servirse té.

–Hermano mayor, ¿te sientes bien?–se inclinó sobre la mesa recargando sus brazos sobre el libro.

–Sí–respondió más cortante de lo que quería.

–Te ves muy...–la pelirroja parecía tratar de encontrar una palabra que sustituyera "mal"–. Te ves más pálido de lo normal.

–Estoy bien.

Su respuesta no pareció satisfacer a Isabel. Sus grandes ojos verdes brillaban con ese coraje que tanto caracterizaba a los Gryffindor y pudo saber que ella seguiría insistiendo. A pesar de que a veces lo irritara con esa inagotable energía que siempre parecía tener le había tomado muchísimo cariño queriéndola como una hermana pequeña.
La habían conocido el año pasado encontrándola llena de tierra y ramas a pies del Bosque Prohibido protegiendo con fervor un pajarito de unos alumnos de mayor grado. Obviamente la habían defendido y a partir de ese día Isabel aunque tuviera amigos en Gryffindor había sido inseparable de ellos dos.

–¿Es por los T. I. M. O? Sabes que te irá bien en todo, eres de los mejores...

–Isabel–Farlan quién había estado demasiado ocupado comiendo su desayuno interrumpió a la joven–. Créeme, Levi ha pensado en todo menos en los T. I. M.O.

A diferencia del pelinegro, Farlan desde finales del ciclo escolar anterior había comenzado a repasar sus apuntes de primer año para prepararse de a poco para los exámenes que se les aplicaba a los alumnos de quinto año.

–¿Entonces qué tiene?-se cruzó de brazos frunciendo su rostro.

–Nada–gruñó por lo bajo Levi harto de qué quisieran ahondar en su estado psicológico de esos momentos pero ambos lo ignoraron.

–Ya sabes–el tono burlón y pícaro de Farlan le dió ganas de arrojarle una maldición de parálisis–. Su plan.

Ante la indirecta Isabel hizo una mueca de confusión pero segundos después pareció entender porqué alzó una ceja burlona soltando unas risitas.

–Ya veo, con que el plan.

Levi optó por ignorar a ambos para demostrar que supuestamente sus burlas no le interesaban.
Ellos dos siguieron en lo suyo, leyendo en voz alta párrafos del libro al mismo tiempo que desayunaban .

–¿No vas a comer nada?

A través de su flequillo miró a Farlan con desdén.

–Con el té me basta.

–¿Es una broma, verdad?–Isabel se irguió en su asiento sin despegar las manos del libro viejo–. Tienes que comer algo, ten–le acercó un plato que contenía empanadas de calabaza.

–No tengo hambre–no empujó el plato a través de la mesa pero la mirada de desagrado decía que no iba a comer nada.

–Tienes que desayunar algo no sólo tú patético té, no quiero que te desmayes en plena clase–la pelirroja se cruzó de brazos comenzando a exaltarse.

–Isabel–esperaba que el tono firme hiciera que ya no insistiera–. No tengo hambre, no voy a comer nada.

Isabel pareció obedecer al principio pero su cara hizo una mueca molesta y sus pequeñas coletas parecieron esponjarse.

–Que no fuera Smith quién te lo pidiera porqué...–no acabó su frase porqué Levi le lanzó una patada por debajo de la mesa al mismo tiempo que se atragantaba con el té.

–Cállate–el tono afilado de su voz era contrario al gesto de ligero horror en su rostro.

–Tocaste la fibra sensible–Farlan comentó divertido mientras sorbía de su jugo de calabaza.

–¿Qué? es la verdad–se sobó la pierna por debajo con un mohín amargo–. Smith le podría decir que se arrojará desde la Torre de Astronomía y lo haría sin dudarlo.

Farlan soltó una risotada casi derramando su jugo contagiando su risa a Isabel.

–¿Recuerdas cuándo el otro año dudó en jugar en el partido contra Slytherin?

–Ni que lo digas, de todos modos dio igual porqué mi hermano mayor aplastó a Slytherin.

–¿No quieres largarte a tu mesa a fastidiar a alguien más?–Levi podía tener un mal genio y haberse levantado de mal humor y tratar a todo mundo con la punta del pie pero siempre tenía un trato especial con sus mejores amigos, quienes estaban rebasando sus límites ahora mismo.

Isabel siempre tomaba el desayuno con ellos aunque perteneciera a Gryffindor y ganas no le faltaban para arrastrarla de vuelta a su mesa. Con alarma dio una mirada rápida a su alrededor y aunque todos parecían estar en lo suyo tenía miedo de que los dos alzaran demasiado la voz para que las mesas de Ravenclaw y Gryffindor los pudieran escuchar. Moblit estaba en Hufflepuff y aunque le preocupaba que pudiera escuchar sabía que no diría ni una palabra sobre ello. Mike, Nanaba y Hange eran otro asunto y ni hablar del rubor que seguramente se notaba más por la palidez de su rostro.

"Oh Erwin, elige lo que quieras confió en tu juicio"–con voz soñadora Farlan lo imitó poniéndose una mano en el pecho.

Isabel tomó la mano desocupada de Farlan, actuando anhelo y poniendo ojos de enamorada.

"Ervy, por ti le echó ganas a la escuela"–rompieron en carcajadas que fueron reemplazadas por jadeos sorprendidos.

Levi guardó su varita en un movimiento rápido levantándose y bebiéndose de un trago el té.

–El efecto del Arresto Momentum se quitará en unos veinte minutos, tal vez–pudo ver cómo el rubio trataba de quitar el encantamiento ralentizador de movimiento–. No te preocupes Farlan llegarás a clases. Tarde pero llegarás.

Se despidió con un gesto en la mano y se encaminó a las puertas no sin antes armarse de valor para echarle una mirada a la mesa de Slytherin.

A estas alturas no servía de nada negar que con el hecho de sólo haberlo visto sus emociones se tranquilizaron. Parecía estar discutiendo con el idiota de Nile, aunque probablemente era una charla argumentativa por el constante movimiento de sus manos. Su gruesas cejas estaban fruncidas y desde esa distancia pudo distinguir el brillo seguro de sus ojos. Sus orbes zafiros se movieron en su dirección y esa anterior seriedad fue reemplazada con una suave sonrisa.

Desde dónde estaba sentado Erwin lo saludó con la mano. Levi trató de no quedarse parado como idiota desde dónde estaba así que sólo movió la cabeza correspondiendo el saludo haciendo lo posible por no sonreír y mantener los labios en una línea apretada.

Salió del comedor dirigiéndose al aula donde tendría la primera clase del día, con el constante pensamiento de su plan.

 

***

 

Cómo había dicho, Farlan llegó veinte minutos tarde al aula de Defensa contra las Artes Oscuras lanzándole cuchillos por los ojos. Levi se encogió de hombros desinteresadamente viendo cómo el rubio a pesar de su molestia se sentaba a su lado.

Aunque observará la pizarra y leyera algunos fragmentos de su libro la verdad es que no estaba enfocado en nada de lo qué haciendo por qué su mente se desviaba a Erwin y cómo había llegado a ese punto de sonreír con la mirada al verlo.

Todo había comenzado hace casi cinco años, en su primer año de Hogwarts, cuándo era tan sólo era un chiquillo de once años que no se podía mantener quieto en las frías mañanas de los fines de semanas.

Cuándo el sol todavía no pintaba los prados del colegio ni ningún alumno o profesor estaba a la vista se colaba en el campo de Quidditch tomando unas de las tantas escobas del almacén que se usaban para los niños de su grado.

Y volaba.

Levi amaba la sensación de sentir el gélido viento, acariciando con brusquedad su infantil rostro, con el corazón palpitando en el pecho y el constante silbido del aire en sus oídos. Se sentía libre.

Siempre procuraba terminar cuándo el cielo se pintaba de las tonalidades grises y naranjas que anunciaban la salida del astro rey, pero una mañana, a principios de noviembre se había olvidado por completo de la noción del tiempo concentrándose sólo en ir más rápido. En una voltereta cuándo rozo el césped levantando con su paso pequeñas gotas de rocío pudo sentir un par de ojos mirándolo en la entrada del campo.
Se detuvo en seco, frenando y casi cayendo de la astillada escoba.

Un chico rubio, de grandes y espesas cejas del mismo tono, con ojos gélidos azules lo contemplaba desde la entrada con la boca entreabierta en lo que parecía ser una sonrisa asombrada.

Levi se mantuvo quieto aferrado con sus delgadas manos a la escoba sin saber que hacer realmente sintiendo el temor reemplazar la anterior adrenalina. De reojo observó el cielo dándose cuenta que había excedido su límite.

–Siento que te tenga que decir esto pero el equipo de Slytherin había apartado el campo para practicar–el chico ladeó la cabeza señalando todo el panorama.

Levi bajó con lentitud de la escoba, no sin dejar de sentirse avergonzado porqué lo descubrieron. Se sintió como un tonto al no recordar que la próxima semana los partidos comenzarían con Gryffindor y Slytherin. Se ajustó la sudadera que traía puesta y con rapidez trató de abandonar el lugar lo más pronto posible.

–Eres muy bueno–fue lo qué el rubio le dijo al pasar a su lado, soltando una ligera nube de vapor–. Deberías audicionar para ser buscador.

A través de su flequillo Levi se esforzó por no soltar un jadeo de sorpresa ante el repentino halago. Lo miró por encima del hombro tratando de encontrar algún rastro de burla pero no halló nada, nada más que una sonrisa curiosa.

No dijo nada y se marchó de ahí, aunque un año más tarde, cuándo ganó su primer partido contra Ravenclaw en el puesto de buscador, Erwin lo había felicitado a pesar de sólo haber hablado una vez con él.

Levi nunca había sido una persona amistosa o amable lo cual lo hacía un excepcional Hufflepuff. No era cómo Farlan, su mejor amigo, qué rápidamente había hecho más amigos de los que jamás hubiera imaginado. Pese a que consideraba al chico de cabello rubio cenizo casi como un hermano, Levi disfrutaba de la soledad así que se escabullía por los pasadizos del Colegio algunas noches.

Una vez en febrero, cuando ya iba en tercer año, había salido casi a medianoche de la sala común porqué no podía pegar el ojo. Camino sigilosamente por los pasillos alerta de cualquier ruido o silueta que delatara su presencia. A veces se cansaba de deambular por la noche deslizándose como un fantasma, y esa era una de esas noches en las cuales sólo quería sentarse en un lugar desolado a la luz de la luna.

Sus pasos lo guiaron a los baños de las chicas del primer piso, baños abandonados porqué la presencia del fantasma de una estudiante, Ilse, ahuyentaba a todas las chicas que iban a hacer sus necesidades ahí.
Dobló el pasillo y entró al baño encontrándose con una escena que lo sobresaltó.

Había un caldero humeando en el centro del baño y un montón de libros regados por el suelo. El chico, Moblit, qué era el jefe de su propia casa se encontró con su mirada y se congeló dejando su lectura a un lado. Advirtió a los demás de su presencia qué sólo lo voltearon a ver. Levi huyó antes de que alguno dijera algo y sin más se fue a su habitación de regreso.

Días después fue a hacer sus deberes en la biblioteca, buscando uno libros para terminar su ensayo sobre soluciones para él encogimiento. El libro se hallaba sobre unas repisas no tan altas aunque para una persona de su estatura debía de estirarse.

Se puso de puntillas y cuando sus dedos rozaron el lomo del libro una mano más grande lo tomó.

–Hey, yo lo...–se calló su reclamo porque le extendieron el libro.

–Toma–Levi tomó dudoso el libro arrebatándoselo más rápido de lo que quiso–. A propósito soy Erwin Smith.

–Lo sé.

Y claro que lo sabía. Como no iba a estar enterado de la existencia del chico que lo había descubierto volando a escondidas en el campo de juego, además de que era el alumno estrella de Slytherin por no decir que de todo el Colegio. Resaltaba mucho el hecho de que era un hijo de muggles y que hubiera sido sorteado en la casa de la serpiente.

Sin nada más que decir se fue a sentar a la mesa dónde tenía sus pergaminos y plumas. El rubio se sentó a su lado sin invitación y el pelinegro sólo alzó las cejas atónito pero fingió qué él no estaba ahí, cosa que resultó difícil cuándo parecía que Erwin sólo lo miraba atento ante cualquier movimiento.

–¿Se te perdió algo o que carajo quieres?–preguntó en tono afilado sin despegar los ojos del libro cuándo ya no pudo soportar esos orbes zafiros sobre él.

No lo vio pero por su voz pudo adivinar que él estaba sonriendo.

–Sobre el otro día...

–Créeme no me importa lo que tú y esos raritos hacían a mitad de la noche en unos baños abandonados. Sólo olvidaré que eso pasó.

Sabía en el fondo que podría sacar provecho de la situación pero la verdad es que no tenía las ganas para ello. Se había obligado a sí mismo a olvidar que los chicos estrella del colegio: Hange, Mike, Nanaba, Moblit y Erwin. Los cinco chicos que eran prefectos de sus respectivas casas, los que tenían las mejores calificaciones y demasiados talentos estaban haciendo quién sabe qué cosa en los baños . Tal vez era un nuevo método de estudio para idiotas.

Erwin río y colocó los codos sobre la mesa.

–No te preocupes. De hecho estaba pensando una propuesta. Ya se lo mencioné a los chicos y todos accedieron ¿Te gustaría unirte?

Levi despegó los ojos anonadado.

–¿Qué?

–Qué si te gustaría ser parte de nuestro grupo.

–¿Me estas pidiendo que me una a tu secta?

El rubio reprimió una risa mientras observaba a los lados.

–No es una secta. Sólo... ahondamos más en nuestro conocimiento de las artes mágicas.

–Sigue sonando como una secta o un culto.

Erwin se levantó de su silla sin despegar la mirada azulada de él.

–Estaremos en el mismo lugar hoy a la medianoche–se giró pero segundos después regresó sobre sus pasos–. Si te soy franco me gustaría que fueras. Tienes talento y no lo digo por tu apellido. Es cómo si fluyera de ti.

Levi era un Ackerman, una familia de sangre pura de las más antiguas en la historia. Años atrás cuando su madre era sólo una niña, magos tenebrosos habían atacado la mansión llevándose a Kuchel. Por razones que aún no se terminaban de entender ella había acabado en un orfanato muggle y de ahí en los barrios bajos de Londres donde trabajó como prostituta; se embarazó de Levi y una gran parte de su infancia fue criado en el burdel hasta que una noche un hombre con gabardina negra había entrado por su puerta diciendo que por fin había encontrado a su hermana pequeña. Kenny los sacó de esa vida llevándoselos a vivir a la mansión Reiss donde trabajaba como protector de Uri quien los acogió con los brazos abiertos.

Levi hizo un mohín ante lo que pareció ser un cumplido volviendo a enfocar su atención en su libro.

Horas más tarde había decidido ir a esa secta o lo que fuera, puesto que no perdía nada porque siempre tenía problemas para dormir. Y aunque no lo admitiera si le causaba curiosidad la razón por la que esos alumnos desgastaban su tiempo estudiando aún en la noche.

Al entrar a los baños, Erwin le sonrió y después las demás miradas se enfocaron en él. No eran necesarias las presentaciones porque a pesar de que ellos fueran de quinto año y el de tercero todos se conocían gracias a lo partidos de Quidditch. Había competido contra los cuatro en más de una vez y no era por presumir pero siempre les había ganado a sus respectivas casas en cada partido.

Había pensado qué sus reuniones o lo que fueran consistían en repasar o hacer juegos tontos que básicamente eran cuestionarios pero estaba equivocado. Contrario a lo que llegó a pensar lo que hacían si era estudiar pero rebasando sus límites, llevando consigo libros de la Sección Prohibida de la Biblioteca, aprovechaban sus privilegios robando ingredientes del almacén para crear pociones de alto nivel y aprender hechizos y encantamientos que usualmente no enseñaban o estaban prohibidos en Hogwarts.

Le contaron que su máxima meta era poder convertirse en animagos y qué lo llevaban practicando desde que iban en tercero.

Las reuniones de la secta eran dos veces por semana, aunque más tarde Levi se encontró deseando que ojalá y fueran más días los que se veían en la noche. Le había contado a Farlan lo que últimamente hacía cuándo salía de la habitación en las noches y su amigo rubio se lo tomó demasiado bien alegando que era bueno que por fin Levi hiciera amigos.

Fuera de los baños no hablaba mucho con los demás debido a la diferencia de año y por las obligaciones que ellos tenían; cuándo se los encontraba en los pasillos o en el Gran comedor sólo les saludaba con la cabeza y ellos le respondían.

Excepto que de pronto empezó a convivir más con Erwin.

No supo en que momento o cómo pero sin querer (Levi quería creer eso) la mayoría de las veces se lo topaba en el lugar que estuviera ya sea la biblioteca, los pasillos y que más da, en todo el jodido castillo.

–Oye Levi, ¿te molestaría si este sábado te pidiera que me ayudaras a estudiar? Ya sabes, para los T. I. M. O.

Fue la pregunta de Erwin cuándo en el desayuno se había acercado a su lugar en el Gran Comedor. No pudo evitar sentirse ligeramente apenado cuándo los ojos de todos los de Hufflepuff, no, todos los alumnos, –hasta los propios fantasmas de cada casa: María, Rose, Sina y Helos– que estaban ahí enfocaron su vista en ellos dos.

–Como sea–aceptó en tono desinteresado contrariamente a una extraña emoción que sintió que le recorrió el estómago y un poco más debajo.

Esperó ansioso el sábado y como habían acordado, se vieron frente al lago del castillo.

Su sesión se estudios consistió en Levi haciendo preguntas sobre todas las materias de Erwin y éste respondía o aplicaba el hechizo con su varita.
Todo cuestionamiento, toda fecha o encantamiento qué le preguntaba era contestado o aplicado correctamente y Levi se preguntó cómo diablos el sombrero no lo había sorteado en Ravenclaw pero luego recordó esa determinación y brillo persistente; esa astucia, el ingenio y encanto que persuadía a muchos y sobre todo esa ambición en los ojos de Erwin qué sólo podían pertenecer a un Slytherin.

No lo diría en voz alta aunque realmente nunca se lo había planteado, pero, creía qué esas cualidades fueron lo que hicieron que Levi encontrara reconfortante su presencia desde que habían empezado a verse.

–Tch, ni si quiera necesitas estudiar–le comentó cerrando de golpe un libro de pociones–. Ahora mismo podrías ir al Ministerio y querer postularte como Ministro y apuesto a que no habría ningún problema.

Erwin río acomodándose unos cabellos que se le habían soltado de su flequillo bien peinado.

–¿Eso piensas? ¿Crees qué sería un buen Ministro?

–Créeme qué no era un cumplido. Sólo un idiota se sabe al pie de la letra cada suceso de la rebelión de los duendes–vio con disgusto el título de uno de los capítulos de uno de los tantos libros.

–Quiero mostrarle al mundo mágico que los muggles y sus hijos son iguales, que no hay ninguna diferencia con algún mago de sangre pura–dijo pensativo después de una pausa. Levi entendía eso, Erwin al ser un hijo de muggles había sido criticado y juzgado, además por haber quedado en Slytherin. No importaba la época en la que vivieran que y que a muchos no les importara de dónde venías porqué los prejuicios siempre existirían en el mundo, mágico o no, pero parecía que él estaba decidido con ser quien terminara eso.

–De hecho por eso me gustaría ser auror o maestro de Hogwarts para enseñarle a los jóvenes que deben de ignorar la sangre.

–¿En serio? Lo primero lo entiendo completamente pero ¿salir de aquí para regresar y enseñarle a mocosos?

–Si lo hiciera probablemente regresaría para tu séptimo año y tendría que ser tu profesor–comentó en broma Erwin tomando otro libro y buscando una página.

El rubio no lo había notado pero Levi se quedó con la boca un poco abierta ante el pensamiento que le provocó un suave sonrojo en las mejillas.

Erwin como su profesor.

–¿Y? Puedo decir que eres mi maestro desde que me junto con ustedes–dijo tratando de aliviar el calor en su rostro objetando lo que era cierto. Como ellos cinco eran más grandes, en ocasiones habían ayudado a Levi con sus tareas o a mejorar sus hechizos y posturas.

–Es cierto. Sobre eso, ¿te va bien en tus clases?

–Da igual–no es que hubiera de que avergonzarse, después de todo no le iba mal pero tampoco tan bien.

–Si tienes buenas calificaciones podrías ser prefecto–aclarando lo obvio Erwin se acomodó el suéter que traía puesto.

–No es cómo que me interese mucho.

–¿Ni siquiera por los baños?

El baño de prefectos era el sueño de Levi porque como había escuchado era un lugar grande con decenas de jabones y fragancias que hacían que se relajara con el sólo hecho de imaginarlas.

–Tal vez si me vuelvo Capitán del equipo–susurró apenado.

–¿Tal vez? Si te vuelves capitán de Hufflepuff no sería una sorpresa para nadie. Es más, si no te nombran Capitán yo mismo me encargaría de que lo hicieran.

Trató de esconder su rostro con los mechones de su cabello para que el idiota de Erwin no viera el asomo de sonrisa que tiraba de la comisura de los labios.

–De todas formas no estaría de más que te volvieras prefecto, podría ayudarte con las materias que se te compliquen si quieres.

–Ajá, cómo si tuvieras tiempo.

–Te podría ayudar si quieres–Erwin simplemente se encogió de hombros levantándose de su lugar extendiéndole un brazo a Levi quién ignoro el gesto–. ¿Te gustaría ir a la cocina por bocadillos?  Conozco a unos elfos,  soy amigo de algunos.

–Me sorprendería que no lo fueras.

Muy a pesar de que hubiera objetado sobre el apoyo de Erwin en algunas de sus materias, semanas después se encontró después de clases en tutorías simples en compañía del rubio.

Tutorías que tenían los miércoles y jueves que pronto se convirtieron en una costumbre.

Las sesiones con "El Club de los veteranos" (les apodo así por llevarse dos años con él) cambiaron de lugar. Dejaron los baños y se mudaron a una salón que había encontrado Nanaba, la Sala de Menesteres.

–¡Levi!—Hange le había gritado una vez con voz cantarina–. ¿Puedes hacer un Patronus?

–No lo aturdas Hange–Mike le dijo tirando de la bata de Ravenclaw de Hange–. Sólo va en tercero.

–Podría intentarlo–Levi se levantó del cojín dónde estaba sentado.

Los cinco aprobaron emocionados y lo miraron expectantes.

Levi carraspeo y sus ojos grises buscaron los azules de Erwin quién sólo asintió animándolo.

No tenía que ser tan difícil, según él sólo era un movimiento específico de varita y pensar en recuerdos felices.

Exhalo lentamente.

Expecto Patronum.

Pensó en su madre y su rostro pintándose con felicidad, en la amistad de Farlan, en el compañerismo que había desarrollado con esos cinco chicos, en los regalos raros pero bien intencionados de Kenny y sin querer en la inmaculada sonrisa de Erwin.

De su varita brotó una bruma azulada con destellos blanquecinos que rápidamente tomaron la forma de un animal.

–¡Por Ymir! Es tu primer patronus y es corpóreo.

–Hange olvida eso. Es su primera vez intentándolo y le salió perfecto corpóreo o no.

Distinguió la voz de Nanaba reprender felizmente a Hange.
También escuchó a Moblit y Mike jadear asombrados, aplaudiendo con suavidad. Aunque lo que él quería era escuchar algo de parte de un rubio en específico.

–Con que un lobo, ¿eh?–la voz de Erwin lo sobresalto viéndolo parado detrás de él aunque segundos después se colocó a su lado–. Había pensado que tal vez sería un cuervo.

–¿Habías pensando en mi Patronus?–preguntó cuidadosamente Levi.

–Algunas veces–admitió cruzándose de brazos–. Había imaginado que tal vez sería un ave ¿sabes? Por lo fácil y grácil que pareces volar pero da igual, sólo eran pensamientos incoherentes míos.

El rubio hizo una pausa relamiéndose los labios.

–Pero el lobo es más adecuado para ti por no decir que es el indicado. ¿Sabes qué simbolizan los lobos Levi?

Negó con la cabeza con lentitud. El pelinegro pensó en contar mejor cada pelusa que tenía su propio suéter porque si se concentraba al cien por ciento en Erwin su corazón iba a explotar en el pecho.

–Los lobos simbolizan inteligencia, libertad, lealtad, compasión. Intuición,  poder y confianza. Y creo que tú tienes cada una de esas características Levi.

La mano de Erwin se posó sobre su hombro sacándole un jadeo que disimuló con un carraspeo. Alzó la mirada y pudo jurar que su corazón se detuvo unos momentos, ahogándose en el mar interminable que eran lo ojos de Erwin.

–Bien hecho Levi.

Los meses pasaron y en el transcurso de éstos, finalmente, después de lo que para ellos fueron años y para Levi meses, lograron convertirse en animagos.

Anotaron en sus cuadernos el hecho de que los seis se habían convertido en el mismo animal que su Patronus; Erwin en un león, Levi en lobo, Mike en un Bedlington Terrierr, Moblit en una ardilla, Nanaba un lince y Hange se había vuelto un pulpo (acto que provocó una gran euforia por ser un animal de océano)

A pesar de las obvias distracciones que tuvieron eso año escolar, los mayores habían pasado con excelencia sus T. I. M. O y con tristeza Levi se había dado cuenta de la forma en que les había tomado cariño. Él no era sociable pero con las personas correctas se encariñaba demasiado rápido y se sintió un poco mal al saber que ellos saldrían de Hogwarts primero que él.

Habían prometido seguirse viendo el siguiente ciclo escolar, cuándo él pasaría a cuarto y ellos a sexto, tratando de seguir teniendo esa frecuencia en sus sesiones puesto que las responsabilidades para ellos aumentarían.

Cada vez hacían más, así como cada vez Levi quería recibir más halagos y atención de Erwin.

Se dijo a sí mismo que todo eso era producto de la infinita admiración que le tenía al rubio. 

Unas semanas del mes de enero, Levi se hallaba terminando su tarea de Transformaciones al lado de Farlan en la sala común junto con varios alumnos que también hacían sus deberes ahí.

–Ackerman.

Levi dejó de escribir dejando su pluma a un lado.

Un chico, (Marcel o algo así se llamaba. Nunca le prestó atención) se le acercó con una caja y se la entregó.

En el momento en el que Levi tomó en sus manos la caja, ésta se abrió en una explosión de confeti en forma de corazones sonando con una suave melodía. La caja tenía puras ranas de chocolate y en medio había un papel con una frase

 

"No vayas por el sol que los bombones se derriten"

 

Sólo arrugó la frente en un gesto de desprecio, haciendo bola el papel.

Compartió las ranas de chocolate con Farlan regalándole las imágenes coleccionables.

No lo esperó pero los regalos siguieron en los días venideros con frases que le creaban una mueca en el rostro.

 

"Perdona, ¿llevas hora? Al verte he perdido la noción del tiempo".

 

Cada frase escrita en papel la quemaba con un simple movimiento de varita porqué parecían empeorar con el transcurso de los días. 

Lo único bueno que podía sacar eran los dulces que mejoraban de calidad con cada empaque.

–Leviii.

La voz cantarina de Hange lo detuvo en el pasillo cuándo se dirigía a su clase de encantamientos.

–¿Qué quieres cuatro ojos? Tengo prisa.

–Créeme, esto te interesa.

Impaciente Levi puso una mano en su cadera instando a Hange a hablar.

–De una buena fuente–fingió tos y entendió la palabra "Pieck"–hoy en el desayuno, en mi mesa escuché una pista de tu querido admirador.

–¿Qué?—no es que se muriera de ganas por saber pero no pudo evitar interesarse. Quería saber quién le estaba mandando esas notas basura para darle una patada a ver si así tenía mejor imaginación.

–No es mucho en realidad.

Levi bufo molesto y comenzó a seguir su camino cuándo escuchó a Hange.

–Sólo una característica de su apariencia, que es rubio.

Cuándo se giró para volver a encarar a cuatro ojos, Hange había desaparecido.

Es rubio.

Había demasiados en Hogwarts, cada minuto podía verse una cabellera dorada en los pasillos pero aún así eso resonó en su mente una y otra vez en todas sus clases que siguieron, su cerebro creando inconscientemente la imagen de un rubio.

Los regalos continuaron así cómo los días y cuándo recibió otra que tenía varitas de regaliz y, por Ymir, hojas de té decidió preguntarle al chico que siempre le daba los regalos.

–Oi, ¿quién te da toda esta mierda?.

El castaño del que no recordaba su nombre se encogió de hombros.

–Un chico de Slytherin–dijo con simpleza y se fue.

Los comentarios sonaron en la sala común pero Levi los ignoro porqué eso no tendría importancia si no tuviera a alguien en mente.

De pronto, los regalos que le daban repulsión no se vieron tan mal y comenzó a tomarles aprecio.

Su corazón aleteaba con el pensamiento de que Erwin le enviara regalos anónimos y que le escribiera esas frases que, por más malas que fueran, tenía sentido que Erwin las escribiera puesto que había veces que tenía el sentido del humor de un señor de treinta años diciendo bromas tan malas que eran buenas aunque no importaba porque Levi siempre sonreía un poco ante sus intentos de ser gracioso.

Cada noche un nuevo obsequio llegaba a sus manos y él los recibía complacido pero llegado un punto se empezó a preguntar porqué Erwin no sólo se los daba de frente.

Esa noche, en la Sala de Menesteres, cuándo se habían emparejado entre los seis estaba con Erwin mezclando unos ingredientes para crear Felix Felicis.

–Oye.

El rubio alzó sus espesas cejas.

–Si te gustara... Bueno en el hipotético caso de qué alguien te gustara, ¿le enviarías regalos anónimos?

–Esa fue una pregunta algo específica, ¿no crees?–preguntó sonriendo con esos perfectos dientes.

–Sólo se me ocurrió, ya sabes, porque ya casi es San Valentín.

Literalmente en dos días era catorce de febrero lo que mantenía en un estado de furor a todos los chicos y chicas.

Erwin tarareó pero después respondió.

—Tal vez, pero pienso que si me gustara de verdad se lo daría yo mismo en persona.

Le dedico a una mirada que quizás fue más larga de lo que pretendía porque rápidamente volteó a ver el caldero.

La tarde siguiente el regalo no tenía una frase que diera vergüenza ajena si no un aviso.

 

"Mañana donde siempre te sientas estaré esperándote en el desayuno"

 

Era Erwin, tenía que ser él.

La revelación había causado que Levi tuviera mariposas en el estómago durante el resto de la noche, teniendo un subidón de alegría y emoción combinadas con los nervios de que podría decirle a Erwin cuándo lo viera.

Sonrió enternecido en la almohada sabiendo que esas frases asquerosas habían tratado de ser tiernas y que más daba, algunas si le habían provocado un sonrojo en el rostro. El rubio había gastado su galeones comprándole infinidad de dulces con el fin de ser romántico.

Tenía sentido que fuera él. Erwin a lo mejor era un tipo tímido en el amor y por eso siempre habían sido anónimos además de que siempre llegaban después del toque de queda cuando sólo los prefectos podían estar afuera. Lo más probable es que ayer las palabras de Levi lo hubieran instado a tener el valor para declararse.

Se despertó más temprano de lo normal arreglándose por un largo rato queriéndose ver lo mejor posible para la declaración de Erwin.

Cómo había tardado más de lo normal en el baño, sus compañeros lo habían dejado solo, así que se encaminó lo más rápido que pudo para no hacerlo esperar.

El salón tenía algunas decoraciones como corazones o pétalos de flores pero eso lo pasó por alto dirigiéndose con el corazón retumbando a su lugar de siempre en la mesa de Hufflepuff.
Comenzó a sentirse nervioso por no haber pensado en que le diría porqué tenía miedo de quedarse congelado de la emoción pensando en sus palabras cuándo súbitamente se detuvo en seco.

En su lugar, en frente de de Farlan había un rubio.

Un rubio. 

 

Un rubio de Slytherin...

 

... que definitivamente no era Erwin.

Cuándo vio a Levi llegar éste se levantó de un salto acomodándose las estúpidas gafas circulares.

—¡Buenos días Levi! Verás yo soy tu admirador secreto...—

Levi no escuchó nada de su palabrería, sus ojos escanearon el comedor dándose cuenta que todos lo miraban con una sonrisa por no decir de las risas, silbidos y gritos emocionados que muchos soltaban. Farlan se tapaba boca con la mano y Hange se acomodó sus lentes para ver mejor la escena. Mike y Nanaba cuchicheaban entre ellos y Erwin a lo lejos lo veía imperturbable.

Trató de recordar el nombre del idiota, ¿Zack?, no, Zeke Jaeger. Un chico que para él tenía fama de siempre apestar a cigarro y tener siempre pelo de animal (suponía que de su mascota) en el uniforme.

—... ¿así que te gustaría salir conmigo?

Con esa pregunta tuvo suficiente. Se acercó a él y seguramente el muy infeliz había pensando que lo iba a besar pero sólo lo pateó. Sacó su varita y derramó sobre sus pantalones el té que estaba en la mesa.

—Vete a la mierda—masculló provocando que todos estallaran a carcajadas.

Levi salió de ahí apurado, por no decir avergonzado de si mismo. ¿Cómo no lo había pensado? Finger era amiga de Zeke y Hange la había escuchado a ella hablar de eso. Se puso la capucha de la bata del uniforme muriéndose de vergüenza porqué su acción en el comedor sólo fue una forma de desquitarse por su decepción.

Estuvo de mal genio todo el día bloqueando lo sucedido durante enero y febrero y todo lo relacionado con ello pero se le pasó un poco cuando los cinco se reunieron en la Sala de Menesteres. Se suponía que ese día no se juntaban pero Hange y Moblit los habían citado para mostrarles un producto que venderían a escondidas de los profesores.

Ninguno mencionó el incidente del Comedor. 

—¡Taraann!—exclamó Hange frente a un caldero que soltaba delgadas tiras de humo rosadas—. Pasamos días perfeccionándola para que se venda pero finalmente quedó: Amortentia.

Moblit interrumpió nervioso diciendo que era una opción su venta pero Hange hizo a un lado sus angustias diciéndole que no había nada de lo qué preocuparse.

Escuchó a los tres alabar su creación diciendo que desde esa cercanía era más que perceptible los olores que la poción exudaba. Cada quién contó lo que aspiraba de la pócima amorosa pero Levi estaba demasiado absorto pensando en nada particularmente, dedicando su atención en examinar qué partes de la sala debían de limpiarse cuando tuviera tiempo. De hecho eso había pensado todo el día fastidiándose un poco más si era posible viendo que a los pisos les faltaba una lustrada, que muchas esquinas de los salones tenían telarañas y los alféizares de las ventanas rebosaban de polvo...

—¡Acércate Levi!—Nanaba tiró de su manga—. ¿Qué hueles tú?

El pelinegro salió de su actividad mental con molestia pero de todas formas se acercó inhalando las volutas rosadas que formaban corazones en el aire.

—¿Qué hueles, eh?—todos le dejaron su espacio pero podía sentir a Mike erguirse detrás de él inclinándose y ensanchando las fosas nasales aunque él no pudiera percibir.

Levi inhaló más a fuerzas que de ganas y sintiendo los cinco pares de ojos clavados en la espalda no le quedó más que hablar.

—Huelo... productos de limpieza muggle... té negro... jabón de lavanda creo y...—se calló sintiendo el calor esparcirse por todo su cuerpo. La sangre se le subió a la cara y su boca se secó.

—¿Y?—Nanaba preguntó curiosa.

—Sólo eso, me confundí—retrocedió unos pasos colocándose detrás de todos.

Procesó ese último olor que le causó que la piel se le pusiera de gallina.

Era colonia, gel para el cabello, tela de uniforme y varias cosas más que daba igual que fueran porqué eran olores que relacionaba o que directamente venían de Erwin.

Había evitado el pensamiento durante todo el día y aterrado se dio cuenta que la declaración de Jaeger no le habría molestado; en otra ocasión tal vez sólo lo hubiera rechazado con una respuesta mordaz pero tímida al mismo tiempo si él no se hubiera hecho ilusiones con otra cosa.

No es cómo que hubiera imaginado que el día de hoy comenzaría a salir con Erwin y qué el fin de semana irían a la tienda de té en Hogsmeade y podían ver el cielo nocturno acurrucados dándose besos castos.

Tampoco es como que la sola presencia de Erwin lo pusiera de buenas y que era el único alumno de mayor grado al que obedecía sin dudar, no es como que hubiera soñado despierto que era lo que sentía ser abrazado por esos brazos que ni debían ser tan anchos para alguien de su edad ni que su rostro era como una escultura, no, mejor que las esculturas que estaban en la mansión Reiss.

Se había burlado innumerables veces de la mirada de perro y actitud de Kenny cuándo Uri estaba alrededor y no se había percatado de que era la misma forma de ser que había adoptado cuando ese maldito rubio estaba cerca de él.

Desde que se había empezado a acercar a él había tenido muchas clases de pensamientos que le causaban un cosquilleo en el vientre y plasmaban una sonrisa tonta en su rostro acompañada de un rubor. 

¿Cómo diablos no se había dado cuenta de que se había enamorado de Erwin?

Todo el día había tenido el humor por los suelos porqué no fue Erwin quién se le había declarado.
Y por lo que veía no era un enamoramiento tonto ni pasajero, porque de serlo no estaría pensando diario en Erwin, sobre lo bien que se veía y como impresionarlo aún más porque le encantaba recibir halagos de él y que le dijera lo bueno que era.

Nadie más aparte de Farlan e Isabel sabían de eso, y eso porqué sólo se habían enterado porqué habían tomado sin permiso unos pergaminos de Levi para practicar el hechizo revelador de secretos.

La vergüenza que Levi sintió era indescriptible al ver sus caras de asombro y escuchar sus risas cuando seguían viendo con picardía las anotaciones con muchos corazones alrededor.

 

Levi Smith-Ackerman
Erwin Ackerman-Smith

 

Aun no sabía que le pasaba en la cabeza cuándo tuvo esa idea y tampoco se decidía qué nombre se escuchaba mejor.

—¡Ackerman!

Se irguió de un brinco en su asiento viendo a los lados asombrándose de encontrase en el salón de Pociones.

—¡Sí no respondes a la siguiente te reprobaré y ni si quiera necesitarás de los T. I. M. O!

Shadis le gritó y desvió su atención a otro alumno preguntándole quién sabe qué cosa.

¿En qué momento había llegado a su última clase de hoy? ¿En serio se había pasado todo el jodido día pensando en cómo se había rendido ante Erwin?

Daba igual, eso sólo indicaba que las clases terminarían pronto y que tenía que llevar a cabo su plan.

Desde que el ciclo escolar pasado había acabado y todo el verano estuvo planeando y organizando el momento en el que se acercaría a Erwin pidiéndole una cita.

Septiembre, Octubre y parte de noviembre habían pasado y todavía no encontraba el valor para acercarse a él. Y eso le preocupaba puesto que era el último año de Erwin en Hogwarts y cada minuto a su lado contaba y estaba desperdiciando tiempo glorioso. Por eso le había hecho jurar a Farlan y a Isabel que si el día de hoy (ayer tuvo la oportunidad pero la desperdició) no hacía nada al respecto lo hechizaran para que vomitara babosas por la boca toda la semana.

Cuándo Shadis los corrió del salón Levi se fue casi corriendo saliendo del sótano buscando en los pasillos a su rubio con el corazón palpitando fuerte en el pecho. Según el horario de séptimo año, la última clase del día de hoy era Historia de la Magia pero ese maldito profesor siempre los dejaba salir tarde por...

—¡Levi!

Tragó saliva deteniéndose frente a las escaleras que iba a comenzar a subir.

Alzó la cabeza y vio a Erwin bajar unos pocos escalones para quedar más o menos a su altura.

—Te estaba buscando—aclaró Erwin acomodándose sobre el hombro su mochila.

—Ah, también hacía eso—dijo lo más natural posible cruzándose de brazos para tratar de tranquilizar el golpeteo constante en la caja torácica.

—¿En serio? Bueno dime tú...

—No, dime tu primero tal vez sea más urgente—Levi le quitó importancia al asunto poniendo los ojos en blanco aunque en el interior pensaba en ganar tiempo.

—Oh. Está bien, me preguntaba si tenías planes para el sábado—Levi negó con la cabeza sacudiendo su flequillo—. ¿Te gustaría ir conmigo a Hogsmeade? Necesito ir a comprar unas plumas.

—Supongo, ¿los demás...?

—¿Qué?—preguntó sorprendido—. Pero si sólo te estoy invitando a ti—aclaró plasmando una sonrisa más cálida.

—¿Eh? ¿Sólo tú y yo?

—Sí, después de ir a la Casa de las Plumas podríamos ir a Las Tres Escobas o a dónde tú quieras.

Estaba shockeado, se quiso dar un pellizco o darse palmadas en el rostro para verificar que no estaba imaginado nada de lo que Erwin decía.

—¿Cómo... cómo una cita?— la pregunta salió más cómo un susurro en voz chillona.

—Mmm, sí. Como una cita—lo último lo dijo guiñando el ojo sonriendo de lado.

Si Levi no murió de emoción en ese instante sólo fue porque quería llegar vivo al sábado. No pudo no ocultar el gozo en su rostro ni mucho menos el júbilo en su tono porque Erwin, el perfecto Erwin Smith le estaba pidiendo salir con él.

—Claro, está bien—sólo pudo decir eso porque la lengua se le enredaría si trataba de hablar más.

—Perfecto—dijo Erwin con el regocijo iluminando su rostro—. Bueno, te veo más tarde Levi, tengo que ir a la sala común para dejar esto. Nos vemos—bajo las escaleras y cuando paso a su lado rozo delicadamente su mano sacando de su boca un jadeo de sorpresa.

Erwin no se volteó pero sabía que tendría una expresión socarrona.

Levi se quedó unos segundos más ahí parado repitiendo la escena una y otra vez para asegurarse que no fue una fantasía suya lo que acababa de suceder. Soltó unas risas tontas volviendo a cruzarse de brazos porque su cuerpo no podía manejar todo lo que estaba sintiendo en esos momentos.

Como un mantra repitió una y otra vez

—Erwin me invitó a una cita.

Notes:

La segunda y última parte la tendré lista el sábado si es que tengo tiempo libre.

La idea de los Patronus fue sacada de unos comentarios que me ayudaron en un grupo de Erwin y Levi en Facebook así que mil gracias ❤️

Gracias por leer.