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— Ahí está de nuevo, tonteando con Kanroji – Obanai Iguro observaba con acritud desde la ventanilla por la que pasaba los platillos a cierto par de meseros. Como venía siendo costumbre desde hacía unas semanas, dirigía sus quejas a la única empleada del lugar a la que superaba en estatura – Espero que hagas algo al respecto, Kochou.
— Repíteme una vez más porqué tengo ser yo quien haga algo, Iguro-san. – le respondió Shinobu mientras observaba, con cierto rencor, la curva que se había formado en los labios de Giyuu mientras escuchaba algo que su amiga Mitsuri le contaba. Él no sonreía para nada cuando hablaba con ella… o mejor dicho, cuando la escuchaba.
— Tú lo reclutaste, que él esté aquí es tu culpa. – respondió Obanai sin dejar de asesinar con la mirada al ojiazul. Uno podría preguntarse como era posible ignorar tal sed de sangre, pero ellos dos ya tenían una teoría al respecto – Ahora, o lo alejas de Kanroji o haces que deje el trabajo. – sentenció.
— O… – el tono cantarín de Shinobu atrajo inmediatamente la mirada asesina heterocromática del joven chef – podrías tener un poco más de iniciativa con Mitsuri-san para variar. – Obanai entrecerró los ojos, sabiendo que no había terminado el ataque – Tal vez si te decidieras a confesarte, ella te tendría más en cuenta y no necesitarías preocuparte de que otro hombre se te adelante.
— Kochou… – el tono de Obanai era amenazante, pero no podía ocultar el hecho de que no tenía nada para refutarle, Shinobu se felicitaba a si misma por ocultar lo mucho que le disgustaba tener la impresión de que Tomioka actuaba de manera distante únicamente con ella y revelarle un punto débil – más te vale vigilar tus próximas comidas, especialmente si no haces algo.
— Tranquilo, mi estómago es fuerte~ – canturreó, luego sonó la campanilla de la entrada, haciendo que el cocinero volviera a su lugar y Shinobu saludara a los clientes que entraban en perfecta sincronía con sus otros dos compañeros – ¡Bienvenidos!
La pareja que había entrado ya era conocida por la mayoría, se trataba de dos amigos de Tomioka que aparecían siempre que él estaba de turno. En días como ese, en los que casi no había movimiento, aprovechaban para hablar un poco con él, incluso se les permitía bromear y hacer algo de ruido. Claro que el ruidoso era siempre el chico con el cabello color salmón, Giyuu y la otra chica se comportaban de manera más discreta, pero estaba claro que él también participaba en algunas payasadas de su amigo, ella parecía ser la voz de la razón.
Dado que no había más clientes en ese momento, Giyuu se encargaría de atender a sus amigos y Mitsuri -inconscientemente- evitaría que Obanai se desesperara e intentara asesinar a alguien, por lo que Shinobu decidió que podía tomar su descanso.
Cuando llegó a la sala de descanso, de dejó caer en la silla y luego sobre la mesa, antes de soltar un largo suspiro. Como si no estuviera ya mortificada por recibir un trato diferente al de su compañera, encima tenía que escuchar los reclamos de su pretendiente secreto. Había días, como ese, en los que quería gritarle a Obanai "¡Déjame tranquila, por favor! Yo no puedo hacer nada porque ni siquiera le caigo bien ¡Tú haz algo para alejar a Mitsuri-san!", pero tal pensamiento era muy desconsiderado y egoísta con su amiga, por lo que trataba de deshacerse de él en cuanto aparecía en su mente. Mitsuri anhelaba entablar una relación romántica con alguien, y si Obanai no se decidía a dar el paso, entonces merecía ahogarse en sus propios celos, además, nada le impedía a su amiga relacionarse con alguien que sí estaba dispuesto a mostrar su interés por ella.
Porque esa era la conclusión a la que había llegado junto al muchacho de mirada heterocromática: a Giyuu Tomioka le gustaba Mitsuri Kanroji, y a ella nada le impedía iniciar un noviazgo con él si se lo proponía.
Shinobu se sentía un poco mal por el chef, ya que conocía la naturaleza de sus sentimientos desde hacía tiempo, pero no se comparaba a lo molesta que estaba consigo misma. ¿Qué le importaba a ella si sucedía lo inevitable? Como mejor amiga de Mitsuri, su deber era alegrarse por ella, no sentir la tentación de unirse a las quejas de Obanai y tener ganas de tramar algo para alejar a Tomioka de su amiga, cosa que jamás haría.
Tras un arduo análisis, Shinobu había llegado a la vergonzosa y mortificante conclusión de que estaba celosa. Pero no de la misma manera que Obanai, no, a ella simplemente le molestaba no recibir el mismo trato que las demás. Giyuu era siempre amable y solícito con Mitsuri, la escuchaba y sonreía con ella. Con Nezuko -la única empleada femenina aparte de ellas- también era solícito y le sonreía, incluso lo había escuchado aconsejándola en alguna ocasión, como si fuera otro hermano mayor para la chica. Pero con ella… cuando Shinobu lo llamaba siempre tardaba un poco, como si dudara o tuviese que prepararse mentalmente para soportarla, su trato era más cordial, más distante, y cuando "hablaban" era ella quien hacía la mayor parte de la conversación, en ocaciones incluso tenía que pincharlo para asegurarse de que no estuviese durmiendo con los ojos abiertos mientras le hablaba.
Si tomaba en cuenta su comportamiento con Nezuko, su teoría de que le gustaba Mitsuri flaqueaba un poco y dejaba espacio para la duda. Pero si de algo Shinobu estaba completamente segura, era del hecho de que ella no era del agrado del chico de mirada azulada.
Aunque, si recordaba su primer encuentro, el día que lo reclutó, podía ver señales de que su teoría era correcta, lo que aun no identificaba muy bien era el momento en el que empezó a odiarla a ella.
El día había empezado tranquilo, con un cliente entrando quizá cada media hora, algo que les dio confianza, dado que Mitsuri y Shinobu estaban solas -con Tokitou ejerciendo de chef, pero el chico apenas salía de su mundo para cocinar los platillos que le indicaban, por lo que su presencia apenas era notada-. El resto del personal no había podido tomar turno para ese día por una u otra razón.
Shinobu había reparado en el chico alto, de cabello negro alborotado y ojos tan azules como el océano en cuanto entró. Intercambió una mirada con su amiga, quien no dudó en darle un discreto -aunque no tan suave- empujoncito con el codo para que se encargara de atenderlo, dado que ella rara vez mostraba interés por los chicos.
Por tanto, fue, le ofreció el menú y tras vacilar un momento, él le dedicó una sonrisa discreta al recibirlo. Pero esa fue la única interacción tranquila que tuvieron durante un par de horas.
Para cuando él se decidió a pedir, el café se había llenado de personas, entraron un par de familias que celebraban algo, dos parejas en una cita doble y lo más increíble: un club de football femenino completo que había decidido discutir sobre los oponentes de su próximo partido ahí.
Ambas llevaban un tiempo trabajando como meseras y Tokitou era muy diligente, por lo que aún habrían podido arreglárselas, pero surgió otra complicación…
— Shi… Shinobu-chan... – la llamó Mitsuri con una voz tan baja que apenas logró escucharla. Al acercarse, le preocupó notar que su amiga estaba un poco pálida y que se retorcía las manos en señal de nerviosismo.
— ¿Qué sucede? – lamentablemente, por mucho que le preocupara verla así, tampoco podía olvidar que tenían una considerable cantidad de clientes esperando ser atendidos, por lo que su voz sonó tensa.
— Me temo que… tengo un problema… – anunció la pelirrosa.
— ¿Problema? – Shinobu hizo un esfuerzo por olvidarse de los clientes y centrarse en ella – ¿Estas enferma? – las mejillas de Mitsuri enrojecieron al tiempo que ella bajó la mirada hacia su falda.
— No exactamente… – murmuró – pero… creo que es esa época del mes…
Shinobu no necesitaba más explicaciones.
— ¿Necesitas algo? – preguntó bajando la voz por completo. Mitsuri negó con la cabeza – ¿Te duele? – su amiga asintió con mucho pesar – Entonces será mejor que te vayas.
— ¡No puedo dejarte sola atendiendo a tanta gente! – protestó la pelirrosa.
Pero Shinobu sabía que tampoco podía pedirle mucho en ese estado y que se le dificultaría mucho -por no decir que sería imposible- hacerse cargo de la cafetería sola.
— Está bien – suspiró, dado que no podía desestimar su ayuda, no insistió en que se fuera – pero no dejaré que te exijas mucho. – advirtió, ya empezando a cavilar a toda velocidad la manera más efectiva de sobrevivir a esa oleada de personas – Te quedarás tras la barra preparando los cafés y pasándome las órdenes, yo me encargaré de tomarlas y llevarlas.
El plan no era descabellado, de esa forma, Mitsuri no tendría que esforzarse en recordar caras y pedidos, el papel de las órdenes le ayudaría a no confundirse con lo que debía preparar y a sacar la cuenta, por lo demás solo debía pedirle a Tokitou lo que necesitaran y pasárselo a Shinobu, quien se encargaría del trabajo de transportar la comida y cuya mente estaba perfectamente despejada para concentrarse en los pedidos, además, aun si estuviera en la situación de su amiga, era mucho mejor que ella disimulando cualquier dolor.
Habían funcionado muy bien durante la primera media hora, pero entonces entró otro equipo deportivo al completo, esta vez se trataba de un club de baseball masculino. Shinobu se preguntaría toda la vida si habría sido capaz de encargarse de ellos también, porque Mitsuri, convencida de que no, decidió salir de su puesto para tomarles la orden.
El grupo, al que Shinobu luego tendría tiempo de calificar como «patanes despreciables» -y por quienes Obanai probablemente habría terminado en prisión-, al ver el semblante nervioso de Mitsuri decidieron gastarle una broma haciendola confundir lo que cada uno había pedido.
— Señorita ¿acaso es su primer día? No me creo que no pueda recordar el pedido de una sola mesa – se burló uno.
— Lo siento mucho…
Shinobu se había abstenido de intervenir porque no tenía idea de lo que habían ordenado, pero al escuchar la temblorosa voz de su amiga a punto de romper en llanto, se acercó con intención de ponerlos en su lugar. Pero alguien se le adelantó.
— ¿Porqué no dejan de molestarla de una buena vez? – la voz firme y mirada fría del único muchacho que ocupaba una mesa solo -justo la mesa de al lado- tuvo un efecto inmediato en el grupo. Pero el insolente burlón no tardó en reponerse.
— ¡No la estamos molestando! No es nuestra culpa que ella no pueda recordar lo que pedimos.
Shinobu dio otro paso adelante, hirviendo de furia, pero esa voz firme, serena y fría la detuvo una vez más. El muchacho quitó la bandeja de las manos de Mitsuri y empezó a repartir los pedidos a medida que enumeraba cada uno en voz alta, dejando a todos anonadados.
Quizá el tipo insolente habría podido volver a la carga y alegar que se había equivocado si uno de los menores no hubiera exclamado:
— ¡Es increíble! Después de lo mucho que la confundimos a ella… – de inmediato fue callado por la mirada severa del otro tipo y de su entrenador, quien intentó salvar la situación.
— Bien, chicos, ya basta de tonterías, pensé que tenían hambre. – fue su excusa de regaño.
— Disfruten su comida – dijo el muchacho manteniendo la frialdad en su voz y luego volvió a sentarse en su mesa como si el resto de personas en la cafetería -con excepción del retraído cocinero- no lo estuviesen observando.
Mitsuri miró a Shinobu con una sonrisa de admiración antes de hacerle una reverencia al cliente.
— ¡Muchísimas gracias!
— No fue nada. – respondió él con expresión seria, pero su voz era considerablemente más amable y cálida.
— ¿Cómo podría… – la pregunta de la pelirrosa fue interrumpida por su amiga, quien había decidido que no tenían nada que perder excepto tiempo.
— Disculpe, ¿me permite hablar con usted por un momento?
El muchacho la observó por unos segundos antes de asentir y seguirla en completo silencio.
— Resiste solo unos minutos más por favor, Mitsuri-san. – le secreteó a su amiga antes de llevar a su cliente a la trastienda.
Como esperaba, Tokitou apenas les dedicó una mirada antes de seguir en lo suyo, de cualquier forma estaba muy atareado.
— Primero que todo quiero agradecerle su intervención de hace un momento. – Shinobu hizo profunda reverencia, realmente agradecida.
— …No fue nada. – fue la extrañada respuesta que recibió.
— Me sorprende que pudiera memorizarlo todo desde su posición… – se aventuró la chica al tiempo que levantaba la cabeza y con su mirada le dejaba claro que, pese a su tono, se trataba de una pregunta.
— ...Estaba esperando el momento para pedir la cuenta… y presté atención a lo que decían… por casualidad…
— Ya veo, tiene una muy buena memoria. – señaló con una sonrisa.
— ...No, para nada…
— Claro que sí. – insistió Shinobu, y poniendo su mejor mirada de cachorro abandonado dio un paso en dirección al muchacho. No tenía tiempo que perder – Es por eso que, aunque es nuestro cliente, quisiera pedirle un favor.
— ¿Favor? – él se veía cada vez más confundido.
— Sí… como puede ver, hoy estamos un poco escasos de personal. Normalmente este nivel de personas no sería un problema, por supuesto, pero mi compañera no se encuentra bien de salud en este momento y no puede trabajar con toda su capacidad. Por eso – pese a saber que era una maniobra arriesgada, tomó ambas manos del muchacho entre las suyas para intensificar su súplica – por favor ¿podría prestarnos su prodigiosa memoria y ayudarnos al menos hasta que la cafetería esté un poco más vacía? Le pagaremos el turno completo.
Sabía que estaba cometiendo un abuso, no solo con un cliente, sino con la administración de la cafetería al hacer eso, pero Mitsuri necesitaba urgentemente un descanso y con una mesa llena de patanes despreciables a ella le sería imposible encargarse de todo. Y aunque no tenía la menor idea de quien era ese muchacho, al menos había tenido los suficientes escrúpulos para ayudar a su amiga antes, así que suponía que en el peor de los casos no sería tan mala persona.
Por supuesto, aun pidiéndoselo de esa forma, esperaba un poco de resistencia, después de todo ella también era una extraña para él. Por lo tanto, no le molestó que él se tomara su tiempo en responder, aunque quería pensar que el hecho de que no apartara sus manos era buena señal. Pero Shinobu a duras penas contenía su ansiedad, porque no dejaba de escuchar a los demás clientes cuchicheando sobre lo sucedido e imaginaba lo mal que la estaba pasando Mitsuri.
— …Está bien – respondió por fin el muchacho, soltando sus manos de entre las de Shinobu. Ella parpadeó sorprendida, pero cuando procesó su respuesta, le sonrió con alivio y agradecimiento desde el fondo de su corazón.
— ¡Muchísimas gracias! – una vez más hizo una reverencia para enfatizar sus palabras. Pero su mente ya estaba maquinando como deberían proceder, por lo que en cuanto levantó la cabeza, empezó a darle indicaciones – En ese caso, puede traer sus cosas mientras yo busco un uniforme adecuado para usted. Cuando se cambie, trabajaremos los tres juntos durante unos minutos para que empiece a familiarizarse con el ritmo que deberemos mantener, luego de eso enviaré a mi compañera a descansar y nos encargaremos nosotros juntos. Si tiene cualquier duda, por favor consúlteme.
El muchacho asintió, aunque por la falta de expresión en su rostro, Shinobu supuso que aun estaba procesando todo lo que le había dicho. Sin embargo, levantó la mano como lo haría un niño de primaria para hacer una pregunta en clase.
— ¿Si?
— ¿Cuál es su nombre?
Shinobu se reprendió mentalmente. Estaba tan desesperada por resolver la situación que tenían entre manos, que se había olvidado incluso de presentarse.
— Oh, – le sonrió avergonzada – me llamo Shinobu Kochou – le sonrió luego de una corta reverencia – perdóneme por no empezar por las presentaciones. Por favor, dígame su nombre.
— ...Giyuu Tomioka.
— Entonces, cuento con usted, Tomioka-san.
La decisión de Shinobu fue la correcta. Gracias a la sorpresiva adición de Tomioka al personal, no solo mejoraron su eficiencia en la atención de las mesas, él también evitó que el club de baseball causara mayores problemas e incluso se las arregló para que el club de footbal consumiera un poco más de lo que habían planeado -pese a que Shinobu intentó que se limitara a atender las mesas con menor cantidad de personas-. La única queja que la chica tenía era que Mitsuri se negó a regresar a su casa, tomó solo un descanso de media hora y volvió para ubicarse una vez más tras la barra. Según ella, no podía quedarse de brazos cruzados viendo como los demás se esforzaban tanto.
Tomioka probó que su buena memoria no había sido algo casual, además era obediente, amable y tenía iniciativa. No tardó mucho en acoplarse al ritmo alocado que requirieron durante las siguientes dos horas. De hecho, se adaptó tanto que incluso se quedó después de que la mayoría de mesas se había vaciado. Y ni a Shinobu ni a Mitsuri les pareció extraño hasta que una peculiar pareja entró a la cafetería faltando quince minutos para el cierre.
— Ten un poco de calma, no es un niño de cinco años. – decía una voz femenina con cierto cansancio.
— Si no esta aquí, lo siguiente será llamar a la poli… ¿¡GIYUU!? – gritó el muchacho de cabello color salmón.
— ¿Ves, Sabito? Esta sano y sal- ¿Porqué traes esa ropa? ¿Trabajas aquí? – preguntó la chica de cabello negro. Giyuu asintió.
— ¿¡Desde cuando!? – preguntaron al unisono.
El muchacho de mirada azulada consultó el reloj de pared y se sorprendió al ver la hora, luego miró a la pareja.
— Hace unas dos o tres horas – respondió con un tono completamente natural.
— ¿¡Cómo que… – Shinobu se adelantó para interrumpir al chico con su mejor sonrisa.
— Bienvenidos ¿les gustaría tomar asiento? – ofreció, aunque en realidad se sintió un poco culpable al caer en cuenta de que había arrastrado a Tomioka a trabajar más tiempo del que pretendía sin tomar en cuenta si tendría planes o compromisos.
La pareja se quedó mirándola durante varios segundos, aunque luego la chica miró a su acompañante, quien sonrió como si acabara de descubrir un secreto.
— Sí, claro. Pediremos algo. – asintió sin dejar de verla, su tono de voz era completamente diferente al estridente que había empleado antes – Somos amigos de este tonto que no nos avisó que estaría aquí, ¿podemos quedarnos a esperar a que termine su turno?
Shinobu se reprendió mentalmente una vez más. Ella no le había dado ningún descanso a Tomioka, no era de extrañar que no pudiese avisar donde estaba.
— Por supuesto. De cualquier forma dentro de poco cerraremos.
— Gracias. – Sabito le hizo una corta reverencia, seguido de Makomo, quien lo miró extrañada.
— Perdone las molestias. – se disculpó ella.
— Al contrario. – sonrió Shinobu antes de dirigirse a buscar un menú para ellos.
— ¿Realmente está bien, Kochou-san? – preguntó Giyuu al alcanzarla en la barra, quitándole el menú de las manos.
— Sí, después de todo, fui yo quien tomó tu tiempo sin avisar. – Shinobu mantuvo su sonrisa al responderle.
— ¡Ah! También fue mi culpa, Tomioka-san – Mitsuri se veía apenada.
— Vamos a cerrar pronto, si gustas puedes esperar a que cerremos la caja para recibir tu pago, sino puedes dejar tu número de contacto o venir pasado mañana que estaré de turno – le ofreció Shinobu.
— También podrías aplicar para trabajar aquí formalmente. – dijo Mitsuri animada, aunque Shinobu lo tomó mas a broma.
— Entonces ¿podría hablar mañana con el dueño? – preguntó Giyuu.
— ¿¡Eh!? – ninguna de las dos se esperaba que realmente quisiese quedarse a trabajar después de que su primera experiencia fuese una tarde tan ajetreada.
— …Quiero aplicar al trabajo – recalcó Giyuu – ¿No se puede?
— N-no… por supuesto que puedes...– a Shinobu le costó un poco salir de su estupor.
— ¡Por nosotras encantadas! – sonrió feliz Mitsuri.
— El jefe viene mañana a las 8. – anunció Muichirou apareciendo por la ventanilla – Creo que sería bueno que Kochou estuviese presente para explicar lo que pasó hoy. – agregó mirando a la aludida. Giyuu también la miró.
— Sí… aquí estaré. – asintió ella, aun sorprendida.
— ... Cuento contigo. – Giyuu hizo una corta reverencia y fue a atender a sus amigos.
— Mmmm… tal vez le molestó que me pusiera tan mandona en cuanto lo recluté… o quizá le pareció sospechoso que no le pagara de inmediato… tal vez fue desde la forma en que lo recluté… – reflexionaba Shinobu aun recostada sobre la mesa – Tuvo que ser algo de ese día, porque para cuando nos encontramos para hablar con oyakata-sama ya actuaba así conmigo… pero, en todo caso, cada vez estoy más segura de que Mitsuri-san le gusta, después de todo se levantó para defenderla y todo… – suspiró.
Y como si la hubiese invocado, su amiga apareció justo en ese momento.
— ¡Shinobu-chan! Oh ¿Qué pasa? ¿Te sientes bien? – preguntó al verla en tan desalentadora pose. Shinobu se enderezó inmediatamente.
— No, solo pensaba en algunas cosas. – le sonrió – ¿Qué no estabas evitando que Ig- ya es la hora de tu descanso?
— Sí, quería tomarlo junto contigo. – le sonrió – Tomioka-san dijo que estaba bien porque solo están Sabito-san y Makomo-san. – Shinobu volvió a suspirar al tiempo que desviaba la mirada – ¿Qué sucede? – insistió Mitsuri al notarlo.
— Nada…
— ¡Por favor, Shinobu-chan, sabes que puedes confiar en mi! – insistió, sentándose frente a ella – Se que desde hace algunas semanas te preocupa algo y ya es hora de que me lo digas. – Shinobu se limitó a observarla en silencio, no muy convencida de externar lo que consideraba tonterías – Vamos, si no me lo dices, pensaré que Iguro-san es tu nuevo mejor amigo y me pondré celosa. – bromeó.
Shinobu rió y decidió que, ya que su amiga lo había mencionado, era hora de que las cosas se movieran. No sabía si perjudicaría o no al chef, pero una vez más se dijo que se lo merecía por quedarse de brazos cruzados… y por hacerla pensar en cosas mortificantes.
— Iguro-san y yo solo comentábamos lo bien que te llevas con Tomioka-san.
— ¿Eh? ¿Lo bien que nos llevamos? – su amiga la miró extrañada – ¿Porqué? Nos llevamos bien, pero de manera normal.
— ¿Ah si? – Shinobu fingió la sonrisa cómplice que normalmente salía de manera natural cuando quería bromear sobre temas amorosos – A mi… a nosotros nos parece que es particularmente atento contigo.
— Están malinterpretandolo… – intentó negarlo la pelirosa, aunque sus mejillas empezaron a sonrojarse.
— No, no, estoy noventa por ciento segura. – insistió Shinobu – Hasta me atrevería a decir que le gustas a Tomioka-san. – soltó finalmente, aunque en un tono completamente desenfadado.
— ¿¡YO!? ¿¡GUSTARLE!? – se exaltó su amiga.
— ¡Shhh! No deben escucharnos – susurró Shinobu acercándose.
— Lo siento… – susurró Mitsuri, imitándola – Pero eso no es posible, Shinobu-chan, estoy segura. A mi no me da ningún trato especial.
— ¡Claro que si! Solo hay que comparar como se comporta contigo y como se comporta conmigo. – volvió a insistir.
— ¡Te digo que no! – Mitsuri negaba fervientemente con la cabeza. Desde su punto de vista, era su amiga quien recibía un trato especial y tenía sus propias teorías al respecto – En lugar de eso creo que… – se detuvo. No estaba segura al cien por ciento, y si la otra parte de sus suposiciones eran correctas, cabía la posibilidad de que le hiciera un mal a Shinobu hablando descuidadamente.
— ¿Qué? – preguntó Shinobu, extrañada por el repentino silencio de su amiga.
— Shinobu-chan – Mitsuri decidió cambiar un poco el tema y aprovechar para salir de algunas de sus dudas – ¿Es eso lo que te ha tenido preocupada? ¿Qué Tomioka-san te trate diferente a ti?
— ¿Eh? – Shinobu parpadeó un par de veces mientras procesaba las preguntas de su amiga – ¿Pero que dices, Mitsuri-san? Te digo que es a ti a quien trata diferente – la pelirosa le sonrió, y sabiendo lo terca que era su amiga, no insistió en aclarar quien recibía un trato diferente.
— Pero es eso lo que te ha estado preocupando ¿no? La forma en como Tomioka-san te trata. – tras pensarlo un momento, agregó – ¿Y la posibilidad de que llegue a tener algo conmigo? – la chica de mirada púrpura no respondió, pero sus mejillas empezaron a colorearse – ¡Lo sabía! ¡Estas celosa, Shinobu-chan!
— ¡No lo estoy! – refutó inmediatamente, con el rostro ardiendo – A-al menos no de la manera que piensas… solo me molesta ver tanta diferencia… pero si es porque le gustas supongo que podría perdonarlo… – susurró, aunque no disimuló a tiempo un deje de vacilación.
— ¡No te preocupes, Shinobu-chan! – Mitsuri la tomó de las manos y le sonrió totalmente ilusionada – ¡Te juro que no hay forma de que algo pase entre Tomioka-san y yo!
— ¡No-no es necesario que me lo jures como si a mi me gustara! – protestó – Si a ti te gusta un tipo tan raro como él, y-yo te apoyaré.
— Ejeje~ no te preocupes, Shinobu-chan. – le sonrió Mitsuri con lo que intentaba ser un deje de malicia que en ella simplemente se transformaba en una expresión aniñada y adorable – La mayor prueba de que estamos destinadas a ser mejores amigas es que nuestros gustos no coinciden, por eso te digo que no hay forma de que pase algo entre él y yo. Solo somos amigos.
Shinobu siguió mirándola sin estar completamente convencida. Aunque Mitsuri dijera eso, no quería decir que Tomioka no sintiera nada por ella.
Supongo que al menos esto juega un poco a favor de Iguro-san.
— Eh, ¡Que por favor no lo digas como si a mi me gustara! – volvió a protestar al percatarse del mensaje subliminal de su amiga.
— ¡No te preocupes, Shinobu-chan, tienes todo mi apoyo! – Mitsuri le guiñó el ojo en señal de complicidad.
— ¡Te estoy diciendo que no es eso!
— Kochou, Kanroji.
— ¡KYA! – ambas chicas chillaron como si hubiesen visto un fantasma en lugar de escuchar la voz de la persona de la que habían estado hablando.
— ¿Q-q-que pasa, Tomioka-san? – preguntó Shinobu.
— ...Lo siento – no pudieron evitar ponerse nerviosas al notar que él sabía que había interrumpido una plática privada, solo podían esperar que no hubiese alcanzado a saber de que se trataba – pero la cafetería empieza a llenarse de nuevo.
— ¡Oh! – Mitsuri se puso de pie de inmediato.
— En seguida vamos. – Shinobu se levantó con más calma, deseando mantener la distancia con él, pero al llegar al umbral de la puerta, como Giyuu seguía observándola con su rostro inexpresivo, no pudo evitar preguntar, pese a que aun tenía las mejillas sonrojadas – ¿Pasa algo?
— No. – respondió dándole la espalda.
Shinobu no pudo evitar fruncir el ceño, luego suspiró y recompuso su expresión antes de salir al área de clientes.
La suerte definitivamente no estaba del lado de Obanai, ya que además de llevarse bien, Giyuu vivía en la misma dirección que Mitsuri, por lo que cuando hacían turno juntos, era totalmente innecesario que él la escoltara a su casa.
— Buen trabajo. – se dijeron al unisono.
— ¡Entonces, nos vemos pasado mañana! – se despidió la pelirrosa con notorio entusiasmo.
— Nos vemos – el tono sereno de Obanai no evitó que Shinobu y Giyuu lo escucharan chasquear la lengua e involuntariamente cruzaran miradas al observarlo de reojo. Esto causó que la chica de mirada púrpura tuviera un presentimiento.
— Mitsuri-san, déjame acomodarte la bufanda. – Shinobu se adelantó para secretear un poco con su amiga – Mitsuri-san, por favor, prométeme que no le dirás nada de lo que hablamos a Tomioka-san.
— No te preocupes, Shinobu-chan, jamás me atrevería a traicionar tu confianza. – le sonrió, aunque Shinobu casi podía sentir físicamente sus ganas de intervenir para que ella terminara con el muchacho. Sin embargo, no tenía muchas opciones, ya que no tenía razones de peso para intentar evitar que se fueran juntos, y de todas formas Mitsuri ya había demostrado ser una chica leal a sus amigos.
— Está bien, confío en ti. – suspiró.
— ¿Nos vamos, Kanroji? – preguntó Giyuu cuando ellas terminaron con sus asuntos.
— ¡Si!
Shinobu y Obanai se quedaron en la entrada del café, despidiendo con la mano a Mitsuri y observándolos marchar.
— Kochou, debes evitar que tengan más turnos juntos. – siseó el joven chef.
— Iguro-san, yo trabajo para oyakata-sama, no para ti – recalcó Shinobu, cansada de que le reclamara – además, no se que te hace pensar que yo puedo hacer algo, es Himejima-san quien acomoda los turnos.
— Pero tú eres una de sus consentidas – argumentó Obanai – y es tu culpa que Tomioka esté aquí, asume tu responsabilidad.
— Por favor se un hombre y deja de culparme – le respondió Shinobu recordando una frase que solía escucharse en la cafetería cuando Sabito estaba ahí o escuchaba a Tomioka hablar de él – Ya te dije que si quieres que la situación cambie deberías ser tú quien haga algo. Ahora, si me disculpas…
— ¡Oye, Kochou!
Obanai trató de llamar su atención, seguramente para seguirle increpando su supuesta responsabilidad, pero Shinobu lo ignoró y se encaminó a su casa. En el camino pensó que lo que acababa de decir bien podría aplicarlo ella misma. Porque si bien aun negaba sentir el mismo tipo de celos que su compañero de trabajo, era un hecho que ella tampoco había hecho nada para al menos averiguar porqué Tomioka la trataba de manera tan fría. Quizá al final solo se tratara de un malentendido que le estaba quitando su paz mental. Y aunque temía que Mitsuri le dijera algo al muchacho que torciera la situación, se prometió preguntarle si tenía algún problema con ella la próxima vez que lo viera.
Al llegar a casa, Giyuu soltó un suspiro tan largo que Sabito y Makomo no pudieron evitar intercambiar miradas y entablar una discusión silenciosa. Esta vez la chica fue la perdedora.
— Bienvenido a casa, Giyuu. – saludó a su amigo de la infancia.
— Estoy en casa. – respondió él sin mucho animo.
— Supongo que hoy también fue un fracaso ¿verdad? – la chica decidió ir al grano, después de todo, no le veía sentido a dar rodeos al asunto si ya sabía de que se trataba.
— ¡Makomo! ¡Se supone que seas más sutil! ¡Lo de ser directo me corresponde a mi! – protestó Sabito sin esperar a que al menos Giyuu se hubiera retirado.
Makomo estaba acostumbrada a los estallidos de su prometido, así que lo ignoró por completo, dedicándose solo a observar cómo su amigo asentía. Aunque al ver que su animo había caído por completo al suelo, consideró que quizá Sabito tenía un poco de razón.
— ¿No vas a cenar? – preguntó al ver a Giyuu dirigirse directamente a su habitación.
— No tengo hambre.
El plan de la chica era dejar que Giyuu se retirara a su habitación, se relajase y mientras tanto prepararle un poco de chocolate caliente como recordaba que la hermana mayor de él solía hacer para animarlos cuando eran niños, llevársela y esperar a que le contara cómo había evitado a la chica que le gustaba esa vez.
Pero Sabito no estaba dispuesto a esperar.
— No, no te vas a ir a dormir con esa cara larga y sin cenar. – protestó plantándose frente a Giyuu para impedirle el paso – O nos cuentas que sucedió esta vez, o comes, tú eliges que harás primero.
— Sabito, hace mucho que dejamos de jugar a que ustedes eran mis padres. Vivo aquí hasta la boda porque Urokodaki-san me lo pidió, pero nada más. – reclamó el pelinegro con una mirada fría en su rostro.
Makomo pensó que en verdad había pasado algo importante, ya que por lo general Giyuu no se quejaba del trato paternal que recibía, de hecho a veces bromeaba con quedarse después de la boda, ser adoptado legalmente y la precocidad que implicaría el hecho de que Sabito y ella tuvieran un hijo de su misma edad.
— Tú…
— Sabito – Makomo decidió que lo mejor era intervenir antes de que se pelearan de verdad – déjalo ir a dejar sus cosas, apenas acaba de llegar.
— ¡Pero..!
El chico con cabello color salmón intentó protestar, pero una mirada de su prometida fue suficiente para que guardara silencio.
Giyuu se limitó a retirarse a su habitación. Al encontrarse a solas de nuevo, decidió acostarse un rato con intención de dejar ir la tensión que había estado acumulando desde el mediodía y tratar de calmar el dolor de cabeza que lo atormentaba desde la fatídica reunión que tuvieron al terminar el turno.
Lamentablemente, en lugar de relajarse, no pudo evitar maldecir de nuevo el haber tenido esa conversación con Kanroji dos semanas atrás.
Volver a casa con Kanroji era ya algo natural para Giyuu, tenía que desviarse un poco para acompañarla hasta su casa, pero no le importaba, de esa forma su conciencia de caballero estaba tranquila. Además, la chica era una compañía agradable, amable y alegre, realmente era del tipo que iluminaba la habitación en la que se encontrara con solo su energía.
Pero sobre todo, a Giyuu le gustaba escuchar las historias de Kanroji, porque muchas de ellas involucraban a su mejor amiga.
Por lo general dejaba que la pelirrosa empezara su cháchara y hacía solo algunas preguntas para encaminarla a lo que le interesaba, pero esa noche Giyuu se debatía entre seguir ese patrón o preguntar directamente. Después de todo, estaba seguro de que ellas estaban hablando de él cuando interrumpió su descanso. Y por ello, la actitud de Kochou al despedirse de su amiga le resultaba sospechosa.
En conclusión, el semblante de seriedad mortal que llevaba en ese momento se debía a que por dentro moría por saber qué habían hablado.
— ¿Pasa algo, Tomioka-san? Si tienes algo que hacer o te sientes enfermo no es necesario que me acompañes, puedo arreglármelas sola. – le sonrió la chica, un tanto nerviosa por el aura que despedía el muchacho.
— No, no pasa nada. Te acompañaré como siempre. – se limitó a responder, en su cabeza aun debatía consigo mismo lo que debía hacer.
— B-bueno, si tú lo dices… – Mitsuri no estaba muy convencida, ya que era la primera vez que Tomioka le hablaba de manera tan cortante… aunque, eso le hizo retomar sus planes originales – La verdad es que me asustas un poco con el semblante que traes – confesó – ya que conmigo eres muy amable, pero supongo que si Shinobu-chan te viera ahora mismo, lo tomaría como algo normal. – añadió con tono de inocencia.
En cuanto mencionó el nombre de su mejor amiga, Giyuu concentró toda su atención en ella.
— Es que esta tarde ella me comentó que considera que la tratas de manera muy fría. – siguió hablando como si él le hubiera hecho una pregunta. Giyuu parpadeó extrañado, ya que en ningún momento su intención había sido esa – Yo le dije que estaba siendo paranoica, pero ella insistió en comparar la forma en como te diriges a ella, con la forma en la que hablas conmigo o con Nezuko-chan… incluso me insinuó que pensaba que yo te gusto. – añadió con las mejillas sonrojadas.
Giyuu se detuvo en seco. Desde joven había tenido problemas para expresarse, por lo que no era extraño que las personas tuvieran una primera impresión equivocada de él o que creara malos entendidos. Su hermana, y luego Makomo y Sabito, eran los únicos que tenían la paciencia suficiente para estar siempre tras él aclarando todo. Sus padres y Urokodaki, el abuelo de Makomo, eran las otras pocas personas que lo conocían bien, pero no tenían la energía para arreglar sus desastres, y al final se habían tomado como una especie de entretenimiento ver los líos que armaba. Él también ya estaba relativamente acostumbrado, pero nunca se esperó terminar en una especie de triangulo amoroso en el que la chica que le gustaba creía que tenía sentimientos por su mejor amiga, solo porque al verla se ponía tan nervioso que apenas podía hablar.
— K-kanroji… eso no… – Giyuu hizo una pausa, no quería que el malentendido siguiera, pero tampoco quería herir de algún modo a la chica, debía ser cuidadoso con sus próximas palabras. Pero ¿Qué podía decir? ¿Debía mencionar el afecto que había notado por parte de uno de los chefs como cortina de humo? ¿Ser directo para eliminar cualquier posibilidad de que el asunto se complicara?
Pensó que si Sabito estuviera ahí en ese momento, le diría algo como "un hombre siempre actúa de frente", pero si Makomo también estuviera ahí, le daría un discreto pellizco a su prometido al tiempo que añadiría algo como "pero no todas las chicas son tan comprensivas como yo para salir ilesas de tratar con un hombre brusco, trata de ser un poco sutil".
Giyuu los maldijo a ambos ¿Cómo se suponía que encontraría un punto de equilibrio?
— No te preocupes, le dije que no pensaba que ese fuera el caso ¿verdad?
El muchacho de mirada azulada asintió compulsivamente, como un niño pequeño y en su corazón le agradeció a la chica por sacarlo ella misma del lío. Kanroji se rió.
— En realidad, yo creo que es a Shinobu-chan a quien tratas de manera especial… – añadió la pelirrosa con una sonrisa que intentaba ser maquiavélica, pero que habría provocado un ataque de diabetes en su enamorado.
— ¿Po-porque lo piensas? – preguntó el muchacho, sentía que empezaba a sudar pese a estar en una fría noche otoñal.
— Porque~ – canturreó Kanroji con la intención que crear suspenso – tú siempre estas al pendiente de lo que Shinobu-chan necesita~ Si ves que ella necesitará cierto tipo de taza de la repisa alta, tú la bajas antes de que ella vaya a buscarla. Si ella comenta que necesitará reclutar a alguien para que le ayude a transportar algo después, tú lo haces cuando ella no está mirando. A veces, cuando escuchas que ella tendrá que renunciar a algún turno, tú vas a pedírselo de antemano a oyakata-sama. Y se que ya tienes identificados a los clientes que vienen específicamente a esperar a que ella los atienda y te encargas de que alguien más lo haga. Entre otras cosas. Además, aunque siempre escuchas mis historias, tus ojos brillan en cuanto la menciono. – enumeró la chica con orgullo – No se porqué tienes que hacer todo en secreto, y la verdad es que me sabe un poco mal, porque has llamado su atención con la única cosa que no le gusta que le hagan. Pero, a ti te gusta Shinobu-chan ¿Verdad?
Mitsuri confirmó que estaba en lo correcto, pero no gracias a que Giyuu articulara respuesta alguna, o a causa de que se quedara completamente inmóvil durante cinco minutos completos. Lo que para ella fue la prueba final de que el muchacho gustaba de su amiga fue el rojo brillante y la expresión emproblemada que se apoderaron de su rostro.
Y es que Giyuu no se quedaba atrás en cuanto a atraer las miradas femeninas se trataba, siendo el segundo mesero más popular de la cafetería. Las veces que Mitsuri había discutido con su mejor amiga, medio en broma, sobre este curioso hecho -Shinobu decía que era inaudito que Kyoujurou estuviera en tercer lugar, pero la pelirrosa, aunque quería como un hermano mayor al mencionado, sospechaba que lo decía porque aun le molestaba la forma en que Tomioka trataba con ella- habían llegado a la conclusión de que se debía al aura de misterio que lo envolvía y a las sonrisas que eran lo suficientemente escasas para ser consideradas como un premio especial por la clientela femenina. Siendo una buena fuente de ganancias para el negocio -Shinobu siempre cerraba sus discusiones señalando eso-, no era extraño que las clientas coquetearan con él de una u otra forma, pero Kanroji nunca lo había visto sonrojarse de esa manera, incluso su expresión apenas cambiaba a una ligeramente sorprendida cuando el flirteo era demasiado descarado.
Si lo pensaba bien, él tampoco había reaccionado así cuando mencionó lo de ser ella quien le gustara. La única que lo había hecho poner tal expresión había sido solo Shinobu Kochou, y ni siquiera se encontraba presente. Mitsuri incluso se sintió como si le robara algo a su amiga al ser ella quien lo estaba viendo. Tuvo la tentación de tomarle una foto, pero supuso que sería pasarse de la raya, además era probable que terminara reforzando la creencia de Shinobu de que era ella el objeto de afecto del muchacho.
— Es tarde, será mejor que nos vayamos. – fue lo que Giyuu dijo al final, retomando la caminata, pese a que su rostro seguía rojo y perturbado.
— ¡No te preocupes, Tomioka-san, estoy de tu lado! – exclamó Kanroji, completamente emocionada. Pero en lugar de tranquilizarlo, Giyuu la miró como un animal acorralado, así que ella trató de explicarse – ¡Estoy feliz de que alguien aprecie la forma de ser de Shinobu-chan! Es decir, claro que es muy hermosa, pero la mayoría de chicos se intimidan cuando ella deja su "actitud de mesera", la califican de mandona y les molesta cuando ella saca a relucir su sentido del humor un poco fuerte… Son muy tontos ¿verdad? – agregó al notar el ceño apenas fruncido de Giyuu, segura de que estaba de acuerdo con ella – Son pocos los que no se intimidan con ella, como Rengoku-san, Uzui-san, Shinazugawa-san, por supuesto, Himejima-san y oyakata-sama… ¡Ah! Muichiro-kun y Tanjiro-kun tampoco lo hacen – enumeró la pelirrosa – …e Iguro-san. – agregó algo reticiente – ¡Pero creo que ninguno está interesado en ella de esa forma! Es decir… ¡Eres el único al que le he notado ese tipo de interés hacia ella!
Giyuu decidió apresurar el paso todo lo que pudo sin llegar a correr. Ya era bastante patético que no pudiese hablar de manera apropiada con la chica que le gustaba debido al nerviosismo, encima había sido descubierto por la mejor amiga de ella y sus palabras le hacían pensar que era el único obvio. Si pasaba mucho más tiempo escuchando como Kanroji se había dado cuenta de todo moriría de vergüenza. No, él mismo acabaría con su vida. Por lo tanto, estaba verdaderamente desesperado por dejarla en su casa. Ni siquiera se despidió de ella.
Por lo tanto, cuando se encontró con Kochou en el siguiente turno, estaba tan abochornado y paranoico respecto a lo que la pelirrosa pudo contarle, que fue incapaz de dirigirle la palabra siquiera para saludarla. Su nerviosismo creció tanto que casi terminó evitándola abiertamente, solo se quedaba a escucharla cuando tenía que decirle algo respecto al trabajo, en cuanto ella trataba de hablar de algo más, daba cualquier excusa para escabullirse. Y lo peor, al cabo de una semana, ella -comprensiblemente- terminó por evitarlo también.
Estaba autosaboteándose de manera espectacular. Y ni siquiera podía -como pensó después- pedirle a Kanroji que hiciese de mediadora entre ellos, porque al notar el retroceso en la relación, la chica también dejó de intentar hablarle tras una escueta disculpa.
Giyuu estaba seguro de que ni el rival más truculento habría podido hacer que la chica de mirada purpura lo odiara tanto como lo estaba logrando él mismo.
— Giyuu, ¿puedo pasar? – la voz de Makomo lo despertó de la corta siesta que había tomado.
— Si… – la respuesta del muchacho de mirada azulada fue más una especie de gruñido, a causa de la somnolencia, pero la chica la comprendió perfectamente y no dudó en entrar a la habitación.
Cuando encendió la luz, Giyuu estaba sentado en la cama, tallándose los ojos en un intento de que se acostumbraran a la repentina iluminación más rápido. La cabeza le daba vueltas a causa del hambre, pero al menos la tensión en su cuerpo había disminuido considerablemente.
— Ten. – su amiga de la infancia le tendió una taza de chocolate caliente que le había preparado y él la tomó sin pensar. El efecto de la bebida fue inmediato, su cabeza empezó a estabilizarse desde el primer trago – ¿Te sientes mejor?
— Si… gracias. – Giyuu miró hacia la puerta de su habitación, donde Sabito estaba apoyado en una pose despreocupada pero con el ceño fruncido – Siento lo que te dije antes, Sabito, no era mi intención ofenderte, es solo… – el muchacho bajó la cabeza, pensando que en realidad no tenía excusa para haberle dicho aquello a su mejor amigo.
— Sí, bueno… ¿Qué niño no es malcriado con sus padres de vez en cuando? Aunque no esperaba que la adolescencia te atacara hasta ahora. – dijo Sabito, dejando de fruncir el ceño al ver a su amigo, reconocía ese gesto y sabía que su disculpa era sincera, por lo que entró a la habitación como señal de que ya todo estaba olvidado – ¿Y bien? ¿Qué sucedió esta vez?
Giyuu terminó de tomarse el chocolate caliente y luego soltó un largo suspiro.
— Hoy nada particular pero… - el abatimiento volvió a apoderarse del muchacho – la próxima semana unos clientes frecuentes quieren hacer su fiesta de compromiso en la cafetería. – Sabito y Makomo asintieron, por lo que habían escuchado, se trataba de una pareja que se había conocido y tenido muchas de sus citas en el lugar, a ellos les habría gustado tener una idea similar – Así que hoy tuvimos una reunión estratégica y oyakata-sama decidió asignarnos tareas específicas… – la pareja volvió a asentir, les parecía una decisión lógica para asegurar el orden del evento – y entonces me asignó a encargarme de las bebidas junto a Kochou.
Sabito y Makomo se quedaron en silencio un momento, asimilando lo que implicaba tal anuncio.
— ¿Pero porqué te afliges tanto? Tendrás mucho tiempo para estar junto a ella, así que podrás reunir valor y… – el chico de cabello color salmón quería decir que podría ser un hombre y declarársele, pero desde que, en su caso, había sido su prometida quien se declaró primero, tenía absolutamente prohibido darle ese consejo a su mejor amigo, por lo que tuvo que detenerse y reorganizar sus palabras. El esfuerzo casi le provocaba dolor físico – y empezar a tratarla con normalidad.
Giyuu lo miró como si le hubiera crecido otra cabeza.
— Sabito ¿te das cuenta del lío en el que me metí? No puedo solo empezar a tratarla como si no hubiera pasado nada, primero tengo que disculparme y…
— Y eso sería prácticamente declararte, entiendo. – dado que su amigo estaba empezando a ponerse ansioso, Sabito asintió con una calma que no sentía – Makomo, tú eres la que tiene más experiencia en declaraciones, dile a este pobre diablo como lo hiciste tú ¿Si? – apeló a su prometida, con la esperanza de que ella pudiera ayudar. En realidad la situación de Giyuu empezaba a preocuparle de verdad, temía que de seguir así, le daría un colapso nervioso o sufriría algún accidente.
— Bueno, cuando yo me declaré estaba más exasperada que cualquier otra cosa. – sonrió Makomo, siempre que podía le remarcaba a su prometido lo lento que había sido al captar todas las señales que le dio – Pero, Giyuu, estoy de acuerdo con Sabito en que es una buena oportunidad para que empieces a redimir tu comportamiento. Quizá el hecho de que esten trabajando juegue a tu favor, te ayudará a relajarte un poco, será como cuando alguien puede concentrarse mejor si está haciendo algo con las manos ¿no crees?
— Creo que de hecho podría arruinar el trabajo también… – contestó Giyuu, abatido.
— Claro que no. Estarás bien. – le sonrió Makomo, dándole una palmadita solidaria en el hombro.
Pero Sabito compartió una mirada llena de preocupación con su amigo.
— ¿Entonces que piensas hacer, Shinobu-chan? ¿Hablarás con oyakata-sama? – preguntó Mitsuri con expresión angustiada.
Tras el anuncio de los roles que cada uno ocuparía durante la fiesta de compromiso de su clienta favorita, la pelirrosa fue la primera en notar los bajos animos y la tensión que se apoderaron de su mejor amiga y del muchacho de mirada azulada. Y sabiéndose culpable de que su relación hubiese empeorado, pensó que al menos podría intentar subirles la moral… a su mejor amiga, por supuesto, en el caso de Tomioka lo mejor que podía hacer era dejarlo tranquilo. Por lo tanto, había invitado a Shinobu a comer en otro lugar luego del trabajo.
— ¿Porqué Kochou debería huir como si hubiera hecho algo malo? Si Tomioka no quiere tratar con ella, que sea él quien pida el cambio. – argumentó Obanai, quien también había sido invitado porque Mitsuri temió fallar en su cometido y pensó que él podría ser un buen apoyo, dada la "creciente amistad" que había notado entre ellos durante algunas semanas.
Shinobu miró de soslayo a Iguro mientras tomaba un sorbo de su bebida. Sabía muy bien que su comentario, aunque no dejaba de contener nada más que la verdad, no había sido hecho por consideración hacia ella.
La intuición de Shinobu no estuvo equivocada aquella noche semanas atrás. Lo que sea que su amiga hubiese hablado con Tomioka había provocado que este prácticamente huyera cuando ella se acercaba, truncando por completo su propósito de preguntarle la razón de tal comportamiento.
Al principio intentó ser comprensiva y perseverar en su objetivo, pero la aversión que le provocaba al muchacho era tan evidente que Shinobu decidió que no había razón para humillarse más yendo tras alguien a quien no le agradaba, así que decidió no darse por enterada de su existencia a menos que el trabajo la obligara. Después de todo, era el método que el mismo Tomioka aplicaba con Iguro y Sanemi, quienes no le tenían ningún tipo de simpatía. Era una buena solución, simple y sencilla… al menos en teoría. Porque, muy a su pesar, aunque por fuera lo ignoraba, por dentro estaba más al pendiente que nunca de él.
Shinobu no quería darle la razón a su amiga diciendo que el muchacho le gustaba y por eso le dolía su actitud hacia ella, por lo tanto, trataba de convencerse de que estaba tan pendiente de él solo para poder ignorarlo por completo. Pero lo cierto era que, pese a no tener mucha comunicación con él desde el principio y poder hablar tranquilamente con las demás personas de la cafetería, el simple hecho de estar en la misma habitación que Tomioka hacía que la tensión y el enojo se apoderaran de ella. La situación se estaba volviendo tan insoportable que estaba considerando seriamente tomar vacaciones antes de que terminara afectando su salud.
Justo cuando estaba a punto de hablar con Himejima sobre eso, apareció Koyuki Soryu -de apellido Akaza en un futuro próximo- pidiendo que le dejaran celebrar su fiesta de compromiso en la cafetería. El dueño, Kagaya Ubayashiki y Mitsuri estaban encantados, no era la primera vez que alguien les comentaba que su establecimiento se había convertido en el lugar de nacimiento de alguna historia de amor, pero que una pareja quisiese conmemorarlo formalizando su compromiso ahí, era el mayor halago que había recibido el lugar hasta ese momento.
Viendo a oyakata-sama tan entusiasmado con los preparativos pese a su frágil salud, ninguno de sus empleados pudo quedarse indiferente, todos se dispusieron a hacer que el evento fuera un éxito. Todos con excepción de ella. Shinobu no quería arruinar el buen ambiente con el mal humor que le provocaba la actitud de Tomioka, por lo que estaba dispuesta a hacer un segundo intento de pedir vacaciones.
Pero surgió un segundo problema: Tanjirou, Zenitsu e Inosuke tenían que prepararse para los exámenes de admisión de la universidad, por lo que sus turnos habían sido reducidos y Kagaya se había negado a que se trasnocharan participando del evento. Lo que también dejaba a Nezuko fuera, porque ni el jefe ni sus padres estaban de acuerdo en que estuviese presente en una celebración donde los adultos terminarían alcoholizados sin la presencia de su hermano mayor. Así que de los menores, solo Tokitou estaba autorizado a quedarse, pero hasta cierta hora.
Con tantas bajas, especialmente entre los meseros, Shinobu no tuvo corazón para retirarse del evento. Por lo que se preparó mentalmente y se convenció de que todo saldría bien, iban a trabajar y a estar ocupados, por lo que no se cruzaría demasiado con Tomioka, quizá ni siquiera tuviese tiempo de sentirse irritada a causa de él. Ese pensamiento la tranquilizó… hasta que oyakata-sama la emparejó con él en el equipo de trabajo.
Sabiendo que Kagaya Ubayashiki era un hombre muy inteligente y con lo evidente del rechazo mutuo que ahora sentían el uno por el otro, Shinobu no se explicaba porqué la había emparejado precisamente con Tomioka. Ni siquiera era la única que no se llevaba bien con él si su intención era que hicieran las paces. Y además fue evidente que a ninguno de los dos le sentó bien la decisión, pero ni su jefe ni Himejima se dieron por enterados.
Aunque, tal como Mitsuri había planteado, podía pedir que la cambiaran de equipo, dudaba que fueran a negarse una vez explicara sus razones. Pero lo más probable era que la intercambiaran por la única otra mesera disponible. De ahí que Iguro tratara de que no pidiera el cambio. Y la verdad era que Shinobu lo habría hecho casi solo por arruinarle los planes.
Sabía desde hace tiempo los sentimientos de Iguro por su mejor amiga y lo consideraba una persona lo suficientemente decente para aprobar que tuviera aspiraciones románticas con ella, aunque su aspera forma de ser constrastara tanto con la risueña personalidad de Mitsuri, pero eso le añadía encanto a la posible pareja y el extra de romance haría feliz a su amiga. Pero lo más importante era que la propia Mitsuri estaba interesada en él, si bien sus incomprensibles inseguridades la hacían dudar de las -también difíciles de leer- muestras de afecto del muchacho. Así que normalmente estaba más que dispuesta a apoyarlos.
Pero consideraba que era demasiado injusto que solo Iguro se beneficiara de la situación.
Desde aquella noche, el comportamiento de Tomioka no solo había empeorado respecto a ella, también había cambiado con Mitsuri. Siempre se dirigía a ella de forma amable, ahora casi penosa, y la ayudaba en todo lo que le pidiera, pero no se quedaba a escuchar sus charlas ni le sonreía como antes. La propia Kanroji se comportaba de manera diferente, se ponía nerviosa y su expresión era pesarosa cuando se cruzaba con él, se hacía un lío cuando tenía que pedirle ayuda con algo, y sobre todo, ya no se iban juntos a casa. Buscaba cualquier excusa para ir con ella, Iguro, Rengoku o cualquier otro.
Al principio esto los había preocupado. Iguro estaba a punto de ir a verselas con Tomioka al creer que había atacado de alguna forma a la chica, e incluso Rengoku dijo que si le habían hecho algo no se iba a quedar callado por mucho que el muchacho pareciera buena persona. Pero Mitsuri dio una explicación bastante escueta e ininteligible, que sin embargo, fue suficiente para apaciguar a su casi autoproclamado hermano mayor, quien dejó pasar el asunto más por la confianza que tenía en ella que por haber entendido algo. Con su enamorado tuvo que entrar un poco más en detalle, diciendo que fue ella quien le dijo algo que lo asustó y se sentía mal por ello, así que no tenía valor para verlo a la cara. El joven chef aun no quería quedarse de brazos cruzados, por lo que Shinobu tuvo que intervenir pidiéndole que no lo hiciera más difícil para su amiga, que ya lo estaba pasando bastante mal.
La chica de mirada púrpura no dudaba de la palabra de su amiga, además, suponía que lo que sea que hubiesen hablado tenía que ver lo que habían platicado esa tarde, así que supuso que Mitsuri había rechazado a Tomioka. Pero la pelirrosa le aseguró que ese no había sido el caso. Sí admitió haberle comentado su teoría, pero el muchacho de mirada azulada le había asegurado que no tenía sentimientos por ella.
— ¡No te preocupes, te aseguro que se esforzó por no decirlo de forma que me hiciera sentir mal, aunque no tenía que hacerlo! – le aseguró.
— ¿Entonces que sucedió? ¿Porqué ese cambio?
— Bueno… quizá hablé un poco de más y lo asusté…
— Por favor… dime que no… no le dijiste que crees que me gusta… – Shinobu estaba horrorizada.
— ¡Claro que no! – contestó Mitsuri escandalizada – ¡Jamás me atrevería a traicionarte así! – afirmó con vehemencia, luego jugó con sus dedos, debatiendo cuanto más podía contarle – Solo puedo decirte que esto es mi culpa. Realmente no es bueno meterse en los asuntos de los demás, pero te juro que Tomioka-san es una buena persona. Si pudieran hacer las paces sería maravilloso…
A esas alturas Shinobu ya no tenía muchas ganas de intentar hacer las paces, lo que desanimaba a Mitsuri. Normalmente Iguro habría seguido con sus maquinaciones homicidas contra Tomioka por borrar la sonrisa del rostro de la chica que le gustaba -de hecho, sospechaba que aún las hacía- pero estaba contento porque uno de sus rivales más "peligrosos" había dado un paso atrás. Al parecer solo esperaba que diera un paso en falso en el trabajo para ver si se iba o lo despedían, por lo que trataba de ponérselo difícil hasta donde la consideración por los clientes le permitía.
Por todo eso, Shinobu estaba a un paso de ir a pedir que la cambiaran de ocupación. Pero al pensarlo mejor, llegó a la conclusión de que Iguro tenía razón. Hasta donde sabía, ella no había hecho nada malo, era del todo injusto que se viese envuelta en una situación tan estresante sin siquiera saber el motivo. La fiesta duraría unas cuatro, a lo mucho, cinco horas. En todo ese tiempo tenía que haber un momento en el que pudiera acorralar a Tomioka y saber de una vez por todas cual era el problema que tenía con ella. Sería su último intento de hacer las paces. Si lo lograba, finalmente estaría tranquila y Mitsuri se pondría contenta, sino tomaría sus vacaciones y al volver ignoraría de verdad a Tomioka el resto de su vida. Pero la noche no terminaría sin que ella supiera porqué él la evitaba con tanta tenacidad.
— No, no pediré que me cambien. – anunció tras terminar su bebida – Yo, a diferencia de Shinazugawa-san e Iguro-san, soy una persona madura – señaló, ganándose un siseo indignado por parte del muchacho de mirada heterocromática – y Tomioka-san solo tiene problemas con el trato personal, en su trabajo sigue siendo muy eficiente, lo que prueba que no estaba equivocada cuando lo recluté. Así que no hay razón para que no podamos hacer esto. – les sonrió confiada.
— ¡Waaa! Eres muy valiente, Shinobu-chan. – Mitsuri estaba completamente admirada.
— No hay de que preocuparse cuando se trata de Kochou. – añadió a regañadientas el joven chef, aunque su afirmación le ganó una brillante sonrisa por parte de la pelirrosa.
— ¿Verdad? Estoy segura de que todo saldrá bien, quizá al final de la noche incluso se hayan reconciliado. – aunque ninguno de los otros dos compartía su opinión, era tal la ilusión de Mitsuri que no se atrevieron a romperla.
Shinobu pensó que al final la única que había sido animada fue Mitsuri, pero estaba bien, su alegría le ayudaba a relajarse un poco. Ya solo tenía que prepararse para el día señalado.
Sin duda, oyakata-sama fue muy sabio al organizar los equipos de trabajo.
Giyuu y Shinobu llegaron a la misma conclusión con un suspiro disimulado.
La fiesta de compromiso era un éxito. La novia -el verdadero cliente- estaba más que complacida con la sencilla pero encantadora decoración que habían hecho para ella: en lugar de prescindir de los arreglos otoñales que estaban utilizando, habían decidido modificarlos un poco para agregar elegantes diseños inspirados en copos de nieve que aludían a los nombres de los novios, destacaban a primera vista y además anticipaban una pronta boda digna de un cuento de hadas. Los postres y bebidas que estaban sirviéndoles también tenían esta inspiración -con la única excepción de los favoritos de la pareja- e incluso los uniformes especiales que estaban utilizando tenían sutiles detalles invernales.
La felicidad de Koyuki era seguida por la de su padre y su novio, también se extendía a su futuro suegro y la mayor parte del resto de invitados, quienes se habían sorprendido por la elección del lugar pero no tardaron en acoplarse. Algunos de los empleados pensaron que quizá la cafetería podría anexar otro rubro de negocio y uno ya tenía en mente a la próxima pareja que podría utilizar ese servicio.
Pero lamentablemente, no todo podía ser perfecto.
Los invitados que parecían menos conformes y más problemáticos eran los compañeros de trabajo del novio. Algunos consideraban que el lugar era de muy baja categoría para ellos. Shinobu rogaba haber sido la única en escuchar a la guapa y altanera chica comentarle a su jefe que le pagaban lo suficiente al novio para que celebrara su fiesta en un lugar menos corriente, sabía que a Mitsuri se le rompería el corazón si escuchaba algo así y aunque sabía que el dueño del establecimiento se lo tomaría con calma, tampoco le gustaría que tal impertinencia llegara a sus oídos.
Además, el que -había escuchado- era hermano de la chica, los miraba a todos como si en verdad fuera a venderlos, especialmente a ella y a Mitsuri… y ojalá fuese el único. Al menos tres tipos más de ese grupo no les despegaban la vista de encima, como perros esperando recibir un trozo de carne. Al menos el jefe y el que parecía ser su mano derecha solo los despreciaban a todos con la mirada por igual.
Y era aquí donde concluían que quizá, de alguna misteriosa manera, Kagaya Ubayashiki había previsto los problemas que podrían presentarse al formar sus equipos. Por una parte, la energía de Mitsuri y Rengoku, encargados de atender las mesas, se contagiaba a los invitados y los distraía de los comentarios malintencionados de aquel grupo. Y el otro encargado, Uzui, se dedicaba a atender esa mesa personalmente, con su carisma extravagante era capaz de lidiar con ellos de manera ingeniosa e incluso se las arreglaba para devolver algunos comentarios del poco agraciado hermano de la chica en el límite justo de la cortesía, lo que parecía divertir a los otros comensales por añadidura.
Giyuu y Shinobu estaban encargados del suministro de bebidas, que debía ser constante. Por lo tanto, Giyuu salía de su puesto únicamente para ir a la bodega por provisiones y Shinobu para ayudar a distribuir las copas más rápido cuando alguien solicitaba un brindis. De haber estado ellos en el lugar de sus compañeros y tener que atender al "grupo del trabajo", la fiesta probablemente habría terminado en un incidente.
Por una parte, Tomioka ya estaba molesto por las insistentes y descaradas miradas que se posaban sobre sus compañeras, al punto que se alegraba de que Nezuko no estuviese presente. Si además escuchara lo que comentaban de su lugar de trabajo y de ellas, habría terminado por reprenderlos como lo había hecho con el equipo de baseball. Y nadie sabía como podían reaccionar personas tan creídas cuando estaban aburridas y alguien cuestionaba su comportamiento.
Kochou tenía más experiencia en el arte de disimular y en circunstancias normales habría soportado mucho más tiempo el descaro de los cuatro tipos y la altanería de la chica. Pero uno de ellos le resultaba particularmente repelente. El de mirada arcoíris se burlaba de todo con tanta condescendencia que le ponía los pelos de punta, además al pasarle la copa preguntó su nombre y su número con tanta insistencia que su propio jefe tuvo que llamarlo al orden porque estaba retrasando el brindis. Aunque aun se consideraba capaz de manejar la situación, Shinobu prefería por mucho quedarse tras la barra junto a su silencioso compañero. Al menos, gracias al ritmo de trabajo que estaban llevando -durante un momento de reflexión notó que estaban en completa sincronización- el silencio entre ellos no era incomodo ni pesado, como las semanas anteriores.
Además de ellos, que eran el personal en contacto con el cliente, al parecer su jefe había tomado medidas en la cocina: Hasta las nueve de la noche fue el rostro impasible de Tokitou el encargado de asomarse por la ventanilla para pasar las bandejas de bocadillos que mantenían ocupado a Iguro. Tras su partida fueron Shinazugawa y Himejima, los encargados de los platos principales, quienes asumieron la tarea. Estos se limitaban a chasquear la lengua o fruncir el ceño con reprobación al ver el comportamiento de esa mesa en particular. Un comportamiento completamente pasivo, especialmente tomando en cuenta cual podría ser la reacción de Obanai si se enteraba de las miradas que estaba recibiendo Mitsuri.
— Oyakata-sama si que sabe como evitar un intento de asesinato, ¿no crees, Tomioka-san? – comentó Shinobu. Desde su ubicación podían escuchar un poco de lo que sucedía en la cocina cuando se habría la ventanilla, por lo que les había llegado la voz de Iguro preguntando como le iba a Kanroji.
— …Sí. – como de costumbre, a Giyuu le tomó un momento reponerse de la sorpresa que le producía el hecho de que alguien con una voz tan hermosa le dirigiera la palabra. Al ver de reojo que Kochou fruncía el ceño debido a su corta respuesta, recordó el consejo de Sabito para empezar a tratarla de manera más normal: hacer de cuenta que estaba respondiéndole a Makomo – …No creí que fuera a tomar en cuenta eso. – casi sonrió al ver que el ceño fruncido desaparecía y la expresión de Shinobu se tornaba un poco más amigable, pero decidió fingir que estaba concentrado ordenando botellas para no quedarse deslumbrado.
Shinobu decidió que la respuesta un poco más larga de lo usual era una especie de señal de paz… o de que Tomioka se encontraba bastante cansado como para evadirla. Así que decidió hacer otra pequeña prueba.
— Soryuu-san se ve muy satisfecha con la fiesta. No se nos dio nada mal ¿verdad? – sonrió la chica de mirada púrpura, lo cual tomó por sorpresa a Tomioka, haciendo que le tomara más tiempo responderle. Lo hizo justo cuando ella estaba a punto de perder la paciencia.
— …Sí. – consiguió articular por fin – Estaba pensando que quizá a Sabito y Makomo les gustaría celebrar su boda aquí.
La chica no pudo reprimir una risita ante tal pensamiento.
— Tomioka-san, la elección de una cafetería ya es suficiente causa de polémica para una fiesta de compromiso ¿no crees que utilizarla para una boda crearía un escándalo mayor? A mi también me gusta mucho este lugar, pero no estoy segura de que sea una elección apropiada para ese tipo de eventos.
— …No le veo problema. – contestó un poco más rápido, encogiéndose de hombros – Somos personas sencillas y ellos siempre han dicho que prefieren una ceremonia discreta con los más allegados. Y también les gusta este lugar. – Giyuu conocía a esos dos como la palma de su mano, así que le resultaba muy fácil hablar de ellos, por eso ya le había comentado a Mitsuri y los hermanos Kamado sobre el compromiso. No le parecía extraño que Kochou ya lo supiera también.
— ¿Ah si? – Giyuu asintió y Shinobu lo meditó por un momento, concluyó que la idea no era tan mala, luego recordó algo que le causaba curiosidad desde hacía tiempo – Por cierto, Tomioka-san, ¿no es incomodo vivir con una pareja comprometida?
El muchacho de mirada azulada parpadeó ante la pregunta. Para él, Sabito y Makomo eran sus amigos de la infancia, que su relación evolucionara a una amorosa había sucedido frente a sus ojos y era de lo más natural para él, como si fuera otro aspecto de sus personalidades. Lo único que seguramente sería capaz de incomodarlo sería el aspecto carnal que conllevaba ese tipo de relación. Pero sus amigos, o en verdad se abstenían -cosa que no era tan ingenuo para asegurar-, o eran bastante cuidadosos para que él no los encontrara haciendo algo más que abrazarse o dándose un beso cariñoso. Pero no estaba dispuesto a compartir eso último con una chica que estaba segura de que la odiaba, ni siquiera él era tan imprudente.
— …No lo había pensado. – admitió – Somos amigos desde hace tiempo, estamos acostumbrados a estar juntos… aunque si estuve a punto de vivir aparte cuando Sabito le propuso matrimonio a Makomo – rememoró – pero el abuelo de ella me pidió que siguiera con ellos hasta la boda.
— ¿Para que fueras su chaperona? – rió la chica. Giyuu asintió, curvando un poco sus labios también.
— Su excusa fue que le preocupaba que estuviésemos solos en la ciudad, dijo que era mejor si nos cuidábamos entre los tres. Pero en secreto me dijo lo que realmente quería.
Shinobu volvió a reír y la sonrisa de Giyuu se expandió. Tal vez lo lograría, podría empezar a convivir con ella de manera más normal.
— Tomioka-san – lo llamó Shinobu, decidiendo que era el momento – aprovechando que estas taaaan hablador, quisiera pregunt…
— ¡Oiga! – la interrumpió la impertinente chica que trabajaba con el novio de Koyuki – ¿Qué pasa con el servicio de este lugar? Desde hace rato estoy haciendo señas para que alguien me lleve una bebida y nadie viene. – estaba de muy mal humor.
Shinobu y Giyuu hicieron una reverencia para disculparse de manera automática, pero alcanzaron a ver la ceja alzada de Uzui que les indicaba que no había sucedido tal cosa.
— Sentimos mucho que haya tenido que levantarse – se disculparon al unisono.
— ¿En que podemos ayudarle? ¿Qué le gustaría tomar? – agregó Shinobu.
— Esto. – señaló con su uña decorada el vino más caro que estaban ofreciendo para la fiesta – Es lo único de media calidad que tienen.
— En seguida se lo sirvo. – la sonrisa de Shinobu escondió perfectamente su molestia ante el comentario de la chica, de buena gana le habría regalado la botella entera si con eso conseguía que se fuera con sus quejas lejos de ahí. Además, la había interrumpido cuando iba a hacer la pregunta que llevaba tanto tiempo carcomiéndole la mente. Pero la suerte no estaba de su lado, los padres de los novios se habían llevado la botella que tenían a mano justo antes de que empezara a hablar con Giyuu – Discúlpeme, tendrá que esperar solo un momento – la chica resopló de manera no muy refinada. Shinobu se dirigió a su compañero – Tomioka-san, ¿podrías..?
Giyuu no la dejó terminar su pedido. Asintió y dio media vuelta para llevar la botella lo más pronto posible. En su opinión, la chica ya arruinaba su hermoso aspecto con esa actitud tan odiosa, dudaba que el alcohol la suavizara, pero la fiesta ya estaba por terminar y no tardaría en irse junto a los demás invitados. También estaba un poco molesto porque los había interrumpido justo cuando empezaba a sentirse relajado. Quería retomar su conversación con Kochou antes de que esa sensación desapareciera por completo.
— Daki-chan, con que aquí estabas~ – Shinobu sintió que la piel se le ponía de gallina una vez más al escuchar esa irritante y condescendiente voz. El tipo se acercó y abrazó a la chica por la espalda, posando el mentón sobre su hombro pero viéndola fijamente a ella.
— ¿Puedes creerlo, Douma? Este lugar es de tan baja categoría que hacen esperar a sus clientes una hora por una simple bebida. – se quejó la chica moviendo de manera insistente su pie para acentuar su molestia.
Shinobu decidió que no valía la pena intentar responderle, así que se limitó a seguir sonriendo.
— Pero no te preocupes, Daki-chan, no todo aquí es de baja categoría. – rio el tipo al tiempo que dejaba de abrazar a la chica y se apoyaba en la barra en una pose que denotaba que toda su atención estaba puesta en Shinobu – Esta chica, por ejemplo, su belleza es comparable a la tuya. – rió, la chica le dirigió una mirada de lo más indignada – Ya que tenemos tiempo, puedes decirme tu nombre y tu número de teléfono – pidió, alargando la mano para tomar la de Shinobu – es más, si quieres puedo esperarte y nos vamos a algún lado…
— ¡Douma! ¿¡Te olvidas de la sesión de fotos que tendremos mañana!? ¡No aparecerás junto a mi con horribles ojeras en tu cara! – pataleó Daki.
— No te preocupes, puedes venir con nosotros y adelantamos la sesión. – rió el tipo, que tiró de la mano de Shinobu.
— Señor, por favor suélteme, no tengo permitido interactuar con los invitados de esta manera. – Shinobu le imprimió firmeza a su tono pese a mantener su sonrisa, y por supuesto, luchaba por recuperar su mano.
— ¡Estas loco, Douma! ¿Cómo puedes proponerme algo así? ¡Mi hermano te matará! ¡Tienes que pagar y ofrecer una compensación primero… – Daki siguió con su pataleta, pero el tipo la ignoraba.
— No te preocupes, querida, no pasará nada, tus jefes ni siquiera se darán cuenta. – reía Douma, en parte divertido al ver los esfuerzos de la mesera por recuperar su mano.
La chica de mirada púrpura se preguntaba que diablos estaría retrasando tanto a Tomioka, quería deshacerse de ese par lo más pronto posible, y lamentablemente lo necesitaba para eso. Pero la ayuda llegó de la persona menos esperada.
Daki, molesta por no ser el centro de atención, separó de manera brusca sus manos.
— ¡Basta, Douma! ¿¡Porqué le das tanta atención a una mesera corriente!? – reclamó, a lo que el tipo de mirada arcoíris se limitó a reír – ¡Y tú! – fulminó a Shinobu con la mirada - ¡Ya no quiero vino, danos té caliente!
— Como desee. – Shinobu hizo una reverencia corta, cuidando de alejar sus manos todo lo que podía y preparó el té en tiempo record mientras escuchaba a la chica seguir reclamándole al tipo y quejarse de la fiesta mientras él solo respondía sus comentarios a medias. Lamentablemente Shinobu sentía su mirada fija en ella aun cuando estaba dándole la espalda – Aquí tienen. – mantuvo la sonrisa al entregarles las bebidas.
— Aaaaw que linda eres, lo hiciste rápido para que Daki-chan no tuviera de que quejarse. – la "felicitó" Douma con su irritante condescendencia.
— Como si eso fuera suficiente para cubrir el mal servicio de este lugar. – dijo Daki mientras se llevaba la taza de té a los labios.
Pero antes de que tomar siquiera un sorbo, su mueca despectiva se convirtió en una sonrisa maliciosa. Shinobu vio como la chica estiraba el brazo en su dirección, pero la incredulidad le impidió reaccionar a tiempo. Escuchó el sonido del vidrio quebrándose y lo siguiente que supo era que estaba en el suelo. Una gota de té caliente le cayó en la pierna, por lo que de manera automática la recogió soltando un siseo. Pero lo que vio al levantar la cabeza la dejó realmente anonadada.
— ¡Tomioka-san! – chilló al ver cómo él fruncía el ceño, no sabía si de dolor o de enojo, y cómo de su brazo empapado manaba el humo del té – ¿¡Estas bien!? – era una pregunta tonta, pero no supo que más decir al tiempo que se ponía en pie para revisar la situación de su compañero. Aparte del brazo, el té le había salpicado la chaqueta del uniforme y un par de gotas habían caido en su rostro.
— Tch. – Daki chasqueó la lengua y Douma silvó admirado.
— No soltó ni un solo sonido a pesar de que esto está hirviendo. – comentó, luego acercó su propia taza – Veamos si sigues así después de que te caiga otra. Probemos con el rostro porque solo nos queda este tiro. – sonrió como un niño que inventa un juego nuevo.
Giyuu lo fulminó con la mirada y Shinobu se puso frente a él de manera instintiva, dispuesta a protegerlo.
— Señor, por favor tome su bebida, ese es su propósito. – le pidió con enojo apenas contenido.
— Aaaaww tu cara enojada también es linda~
— ¡Douma! Solo tirale el té ya – exigió Daki, luego volvió a mostrar su sonrisa malvada – esta fiesta por fin se pone divertida.
— Señores… – Giyuu apartó con delicadeza a Shinobu con su brazo ileso y se dispuso a poner a ese par en su lugar, pero una voz mucho más profunda y autoritaria lo interrumpió.
— Que desafortunado accidente. – dijo Himejima, posando una de sus grandes manos sobre el hombro de Giyuu – Tomioka, Kochou, será mejor que vayan a atender sus heridas y tomen su descanso ahora, yo me haré cargo de atender su puesto.
Para ese evento no habían programado descansos, por lo que ambos meseros se sintieron confundidos por un momento. Pero Shinobu notó un par de murmullos y se dio cuenta de que empezaban a llamar la atención -quizá debido a su propio chillido y a las quejas de Daki- Himejima era consciente de la situación, pero la había llamado "accidente" por el bien de la fiesta que estaba a punto de terminar.
— Vamos, Tomioka-san – le pidió Shinobu, tirando de su brazo ileso, pero el muchacho seguía fulminando con la mirada al par que le sonreía de manera burlona – ¡Tomioka-san! – hasta que Himejima se interpuso en su campo de visión, no fue capaz de hacerlo moverse – Ve a echarte agua fría en el brazo y luego a cambiarte, Tomioka-san – le ordenó cuando estuvieron en la trastiendo. Él pareció volver en sí mismo y le dirigió una mirada interrogante, aunque luego negó con la cabeza.
— Estoy bien, el uniforme me protegió. – afirmó.
— ¡No me vengas con excusas, claro que no estás bien! – protestó Shinobu al tiempo que sacaba un pañuelo de su bolsillo, lo mojaba con el agua helada del dispensador y limpiaba las gotas de té de su rostro. Tomioka hizo una ligera mueca de dolor al sentir el contacto de la tela fría con la piel lastimada, pero no dejó escapar un solo sonido – ¿Lo ves? Si esto te duele, no me imagino como estará tu brazo.
— Pero la fiesta…
— La fiesta terminará pronto y Himejima-san es perfectamente capaz de ocuparse. – lo interrumpió – ¡Ahora ve rápido! – sin mayores consideraciones, lo empujó en dirección a los vestidores – ¡Cielos! – resopló cuando lo vio desaparecer tras la puerta.
— ¿Sobrevivieron, Kochou? – fue el "saludo" de Obanai, que se había tomado un momento para asomarse desde la cocina. Shinobu volteó a mirarlo con el ceño fruncido – Tranquila, vengo en son de paz. – dijo levantando una mano y ofreciéndole un ungüento con la otra – Toma, úsenlo.
— ¿Qué es? – preguntó la chica de mirada púrpura con cierta desconfianza.
— Es para las quemaduras. – explicó el joven chef – Aunque también arde, pero ayudará a hidratar y regenerar la piel.
— …Estas siendo muy considerado, Iguro-san. – observó Shinobu. Aunque podría parecer algo normal entre compañeros de trabajo, ella sabía que el muchacho de mirada heterocromática no era demasiado amable cuando no se trataba de Mitsuri, por lo que le resultaba difícil asimilar que estuviese siendo tan considerado, especialmente con Tomioka. Tampoco se le escapaba que estaba utilizando el plural, aunque a ella apenas le había caído una gota hirviente, dudaba siquiera necesitar el ungüento.
— Tómalo o déjalo. – se encogió de hombros el chef, volviendo a la cocina – Igual debes reponérmelo después.
— Entonces no era en agradecimiento por no cambiar de puesto con Mitsuri-san. – murmuró aun algo malhumorada.
Cuando estuvo sola, Shinobu volvió a mojar su pañuelo en agua fría, se levantó un poco la falda para pasarlo sobre la pequeña quemadura y luego aplicó el ungüento. Ardía, tal como le advirtió Iguro, pero a ese nivel era soportable. No pudo evitar preguntarse cómo lo soportaría Tomioka en todo el brazo.
Mientras buscaba el botiquín para colocarse una gasa que protegiera el área, pensó en lo despreciables que eran los compañeros de trabajo de Hakuji Akaza. El chico era un poco brusco al hablar, pero no lo suficiente como para pensar que estaría cómodo trabajando con personas que consideraban que echarle té caliente encima a alguien era divertido. De hecho, recordó que Tomioka recibió el ataque que iba dirigido hacia ella en primer lugar. ¿Por qué la había atacado la chica? ¿Era porque el otro tipo no le estaba prestando atención? Ella ni siquiera quería hablar con él ¿por qué no le había tirado el té a él?
Shinobu soltó un largo suspiro.
Por otra parte, el comportamiento de Tomioka le parecía casi tan extraño como el de Iguro. En su opinión, una persona normal no habría ido tan lejos para ayudarla. Mitsuri, que era su mejor amiga, seguramente apenas habría alcanzado a chillar su nombre como advertencia, o se habría lanzado y caído junto con ella… por lo que el té les habría caído a ambas. Aun si reemplazaba al muchacho de mirada azulada por cualquiera de sus otros compañeros masculinos, estaba segura de que ninguno habría saltado una distancia tan larga como la que calculaba había cubierto Tomioka -juzgando por el lugar donde vio los restos de la botella que debería limpiar después- para protegerla.
Mientras reflexionaba sobre eso, recordó la insinuación que había hecho su amiga semanas atrás, de que era ella quien recibía un trato especial por parte del muchacho de mirada azulada…
— Kochou.
La voz de Tomioka la sobresaltó, pero logró disimularlo.
— ¿Cómo te sientes, Tomioka-san? – preguntó esbozando la sonrisa con la solía atender a los clientes de forma automática. Él se quedó observándola varios segundos antes de responder.
— …Todo está bien – afirmó.
Shinobu frunció el ceño al notar que ya se había puesto la chaqueta, por lo que no podía ver su brazo. De inmediato sintió la furia volver a recorrerle el cuerpo.
— Tomioka-san – lo llamó con un tono mucho más severo – por favor, no juegues conmigo. Necesito ver tu brazo. Ahora.
— … Ya te dije que está bien. – contestó Giyuu, aunque desviando la mirada. El hecho de que Shinobu se levantara de su silla y caminara hacia él solo hizo que volteara más el rostro y notara una salpicadura en el suelo que le recordó la botella que había quebrado.
— To-mi-o-ka-san – siseó la chica, posando la punta de sus dedos sobre el pecho de Giyuu – si no lo haces por tu voluntad, te quitaré la ropa yo misma, y no me importa que lo malinterpreten, te cobraré eso después. – sentenció con una sonrisa sombría.
Giyuu pasó saliva y dio un paso atrás, realmente asustado. Ella se veía capaz de hacerlo, y si eso sucedía él tendría que renunciar a su empleo porque no sería capaz de verla a la cara de nuevo. Mientras seguía a Kochou a la mesa, se quitó la chaqueta y la camisa manga larga, dejándose solo la camiseta que llevaba por dentro.
— ¿¡A esto le llamas estar bien!? – le reclamó airada al ver su brazo enrojecido.
— Solo está un poco rojo… – trató de argumentar Giyuu, pero bajó la voz cuando ella tomó su brazo y lo movió para examinarlo, como sus dedos rozaron la quemadura, tuvo que reprimir un siseo.
— Cielos… – murmuró la chica, afligida, mientras comprobaba la extensión de la quemadura.
— Estoy…
— Por favor deja de decir que estas bien. – lo reprendió, luego soltó su brazo – Escucha, la buena noticia es que parece que el uniforme si te protegió y lo que tienes es una quemadura de primer grado, por lo que veo, ni siquiera se te están formando ampollas..
— ¿Y la mala? – preguntó Giyuu con cierta desconfianza.
— Bueno, no es tan mala. – le sonrió ella – Iguro-san me dio este ungüento para quemaduras, te ayudará, pero arde. – le advirtió. Y al ver que él hacía ademán de volver a tomar sus cosas, añadió – Y ponértelo no es una sugerencia, Tomioka-san. Así que quédate quieto, yo te ayudaré.
— No es necesario – protestó Giyuu – puedo hacerlo yo mism…
Pero antes de completar la frase tuvo que apretar los labios con fuerza, porque Shinobu empezó a aplicarle el ungüento sin mayor ceremonia.
— Tomioka-san, sé que por alguna razón no me soportas, pero al menos debes dejarme hacer esto, ya que te tomaste la molestia de salvarme – el tono de voz y el toque de Shinobu eran suaves y gentiles. De no ser por el ardor extra que le provocaba el ungüento, Giyuu bien habría podido disfrutarlo. O quizá habría vuelto a ponerse nervioso.
— ¿E-es un… agradecimiento? – tuvo que preguntar entre pausas porque su orgullo le impedía dejar salir el menor jadeo de dolor.
— Sí, la gente normalmente agradece este tipo de cosas. – asintió la chica de mirada púrpura – La verdad es que también te lo diría apropiadamente, pero hay algo que me tiene confundida, Tomioka-san.
— ¿Q-que? – inquirió, en parte agradeciendo que ella siguiera hablando, ya que su voz lo distraía del dolor.
Shinobu se detuvo un momento para mirarlo con expresión contrariada, aunque Giyuu notó que en sus ojos había un brillo dolido.
— ¿Porqué ir tan lejos como salir lastimado por alguien a quien odias?
Giyuu abrió un poco los ojos debido al impacto de la pregunta. Una cosa era suponer que ella pensaba eso y otra era comprobarla. De inmediato empezó a reprenderse por ser tan tonto y cobarde al evadirla todo ese tiempo por miedo a quedar, precisamente, como idiota frente a ella. Él normalmente no le tenía tanto temor a la impresión que pudiera dar, ya que las personas que más le importaban lo conocían bien y sabían interpretarlo. Shinobu Kochou era la primera chica, no, la primera persona a la que realmente había querido agradarle en su vida. Su gesto y sus preguntas le recordaron el motivo exacto.
La primera vez que la vio, había sido meses atrás.
La lluvia lo había tomado desprevenido, por lo que se había quedado fuera de la cafetería, bajo el cartel, tratando de refugiarse como una especie de mascota abandonada. Se estaba preguntando cuando escamparía cuando Rengoku, con su llamativo cabelllo y enérgico estilo lo invitó a pasar adentro y le ofreció una bebida caliente gratuita. Al intentar agradecerle, él se negó.
— ¡No se preocupe! – declinó con energía y amabilidad, luego se acercó a susurrarle – En realidad a quien debe agradecer, es a la chica menuda con el prendedor de mariposa que está por allá. – le señaló discretamente a Shinobu, quien servía a las mesas cercanas a la barra – Ella notó que usted trataba de refugiarse de la lluvia y sugirió que lo invitáramos a pasar, incluso fue quien preparó su bebida. – le confesó – Aunque ahora mismo está un poco ocupada, pero por favor, tómese su tiempo. – le sonrió antes de ocuparse de sus propias mesas.
Giyuu se quedó un tiempo observándola. En parte esperando el momento para agradecerle, en parte embelesado por su belleza. Pero la lluvia se detuvo antes de que tuviera la oportunidad de abordarla y en ese momento no llevaba un centavo encima para al menos comprar algo. Alargar su estadía no tendría sentido y en su opinión sería aprovecharse de la amabilidad que habían tenido con él, por lo que no le quedó mas opción que pedirle a Rengoku que transmitiera su agradecimiento e irse.
El animado mesero le sugirió con una sonrisa inocente volver otro día para darle el mensaje en persona a su benefactora. Al principio Giyuu le dijo que lo haría solo por cortesía, pero la imagen de la chica se quedó en su mente y lo llevó a tomar la sugerencia del rubio. Pero la suerte nunca estaba de su lado. Cada vez que llegaba a la cafetería, Shinobu o estaba ocupada o no tenía turno, por lo que el muchacho de mirada azulada terminó volviendo muchas veces. El día que finalmente consiguió hablar un poco con ella, le costó articular palabra debido a que apenas se creia haberlo logrado. Aunque una vez más fue un día atareado para ella, tanto que terminó pidiendole ayuda.
Pero en el fondo Giyuu estaba contento: había conseguido un empleo y ella era su compañera de trabajo, ya habría tiempo de agradecerle como era debido. Solo debía dejar de sentirse como un acosador tras haber visitado tantas veces la cafetería con la única intención de verla. Pero era difícil hacerlo cuando no podía evitar quedarse embelesado cada vez que descubría una nueva faceta de ella. Cada una le parecía fascinante de una forma u otra, incluso su lado mandón le parecía encantador.
Fue entonces cuando empezó a preocuparle verse tan idiota como pensaba y comenzó a guardar distancia con ella, tratando de, al menos, verse capaz de realizar su trabajo de manera eficiente. Pero tomó la decisión definitiva cuando le expresó sus pensamientos a sus amigos y estos le confirmaron que sus síntomas eran los de un enamorado.
Era la primera vez que le sucedía. De repente no tenía la menor idea de cómo debía actuar o siquiera cómo hablaba normalmente. Quería acercarse a ella, pero al mismo tiempo temía hacer algo tonto y quedar como idiota, o peor, que lo tomara por un acosador y lo odiara.
Pensó que todo se debía a la novedad. Quizá si tomaba un poco de distancia, podría acostumbrarse a ese nuevo sentimiento y sería capaz de actuar con normalidad, por lo que así lo hizo.
No obstante, al saber que Kanroji lo había descubierto entró en pánico total. Justo entonces, Kochou parecía más insistente en hablar con él. Temió que su amiga le hubiese contado lo que había descubierto y lo estuviese buscando para aclararle que ella no lo veía de esa forma -tal como él había hecho con la pelirrosa-. No era que no estuviese dispuesto a aceptar un rechazo, en realidad no había albergado muchas esperanzas al respecto, ya que a Kochou ni siquiera parecían interesarle esos asuntos, pero tampoco se sentía preparado para ello. Por lo que terminó de autosabotearse al huir de ella.
Para entonces, propósito de agradecerle su gesto de aquella tarde lluviosa, había sido olvidado mucho tiempo atrás.
Tomioka tardó tanto en responder que Shinobu se dio por vencida y se limitó a terminar de tratar la quemadura en silencio. Estaba ya poniendole la gaza y preguntándose que pasaría por su cabeza cuando el muchacho de mirada azulada la sorprendió volviendo a la realidad.
— …Yo no te odio. – murmuró tan bajo que ella creyó haber escuchado mal.
— ¿Disculpa? – le preguntó, deteniendo sus manos.
— Yo no te odio, Kochou. – Giyuu la miró con decisión – En realidad era yo quien quería agradecerte desde hace mucho.
— ¿Eh? – Shinobu lo miró confundida, sin tener la menor idea de a qué se refería ni porqué la miraba de esa manera.
— En junio, tú me viste fuera de la cafetería en la lluvia y enviaste a Rengoku para que me invitara a entrar y me diera una bebida. – explicó Giyuu, hablando un poco más rápido de lo usual en su apuro por decirlo antes de volver a olvidarlo.
— ¿¡Eh!?
Shinobu estaba confundida. No lograba ubicar por completo el incidente al que se refería el muchacho. Recordaba vagamente haber tenido una discusión con Shinazugawa y Uzui acerca de que no podía regalarle bebidas a todas las personas que buscaran refugio de la lluvia y que Rengoku había salido en su defensa argumentando que solo había sido una vez y que de ser necesario, él pagaría por la bebida que habían regalado. Por supuesto, ella se había negado. No era mucho dinero y además había sido su idea. La polémica terminó cuando con la aparición de su jefe, quien había dicho que la cafetería podía soportarlo, que al final quizá fuera una inversión. Pero no recordaba a la persona en si. Lo único que sabía era que, pese a que no eran sus animales favoritos, le había recordado a un cachorro abandonado y la idea le resultó insoportable.
Observó con atención a Tomioka. La forma de su cabello que, pese a estar alborotado la mayor parte del tiempo, no le restaba atractivo. Su aura de persona solitaria cuando se quedaba en silencio. Lo mucho que se parecía a un niño perdido cuando no comprendía ciertos comportamientos de sus compañeros. La manera extremadamente formal con que se dirigía a ella… Al pensar en todo ello, la imagen por fin se abrió paso en su mente.
— ¿¡Eras tú!? – preguntó sorprendida, aunque reanudó su trabajo con la gaza – ¿Pero no te parece que esto es demasiado para un agradecimiento? ¡No, espera! ¿Cómo sabes que fue mi idea? – su cerebro saltaba de una interrogante a otra y le costaba trabajo decidir cual era la que quería saber primero. Pero al ver a Tomioka abrir la boca para responderle, se decidió – ¡No! ¡Antes de eso! ¿Si querías agradecerme, por qué te comportas de forma tan fría conmigo? – preguntó por fin, sintiendo que se quitaba parte de un peso que llevaba cargando desde hacía mucho.
Giyuu desvió la mirada una vez más.
— Primero déjame agrade…
— No. Quiero saber eso primero. – exigió Shinobu con el ceño fruncido – Sino, no aceptaré tu agradecimiento.
Por primera vez Giyuu chasqueó la lengua frente a ella. En verdad no estaba preparado para esa charla, pero no tenía opción. Además, era probable que no tuviera otra oportunidad para aclararlo todo. ¿Había alguna forma de decirlo sin avergonzarse en el proceso? No. Solo le quedaba seguir el consejo -no dicho- de Sabito: Ser un hombre y hacerlo de una vez.
— …Porque me distraes mucho. – dijo tras varios instantes de reflexión, había buscado la forma más simple de explicarlo.
— ¿Eh? ¿Qué quieres decir con eso? – Shinobu volvió a fruncir el ceño al no estar segura del significado de sus palabras. Giyuu soltó un suspiro de exasperación y se preparó para lo que venía.
— Eres… muy hermosa. – le dijo directamente. Pese a sentirse avergonzado -peor aún, sentía las mejillas calientes-, pudo decirlo mirándola a la cara porque sabía que ella constantemente recibía halagos por su apariencia – Y amable… considerada… siempre estas pensando en lo que los demás necesitan… es cierto que también tienes un carácter fuerte, pero es porque sabes valerte por ti misma… he escuchado que te llaman "mandona", pero cuando hay problemas inesperados, todos confían en que sabrás que hacer… y tienes un sentido del humor peculiar, pero nunca he visto que te burles de algo que creas que de verdad hará sentir mal a alguien… además, tu risa es encantadora… en-entre otras cosas… – hizo una pusa al ver que Shinobu empezaba a sonrojarse. Aunque le pareció una imagen fascinante, tuvo que desviar la mirada para no embobarse y terminar su explicación – Todo de ti… me parece interesante… – murmuró – Pero se que no debe ser agradable tener a alguien observándote tanto… y te juro que no soy un acosador, Kochou, es la primera vez que me pasa – añadió apresuradamente al darse cuenta de cómo sonaba lo que estaba diciendo – A-además, tampoco quería hacer mal mi trabajo por distraerme viéndote… así que pensé que… era mejor… tomar distancia contigo.
El rostro de Shinobu estaba ardiendo. A lo largo de su vida, ya había recibido muchos halagos por su belleza e incluso alguna declaración amorosa, pero ninguna como todo lo que acababa de decirle Tomioka. Él, no solo había tomado en cuenta su apariencia, también había notado los puntos que solían señalarle como negativos y le había prestado atención a sus acciones. Sí, era extraño pensar que alguien la había estado observando tanto, pero por alguna razón no le parecía desagradable. ¿Estaría cayendo en la rumoreada trampa de no calificar como acoso las acciones de alguien atractivo? No lo creía posible, porque si el tipo de antes le hubiese dicho lo mismo, no tenía dudas de que estaría aterrorizada. Recordó la otra insinuación de su amiga: que a ella le gustara Tomioka. Lo que la llevó a atreverse a pensar en algo más.
— Tomioka-san… – lo llamó para que la mirara de nuevo, pese a sentir que su rostro ardía aun más al enfrentar su mirada azulada – Discúlpame si estoy equivocada y esto es muy presuntuoso de mi parte, pero… en otras palabras… ¿estás diciendo que te gusto? – en lugar de verse sorprendido, él bajó la cabeza y asintió en silencio. Shinobu de repente fue consciente de los latidos acelerados de su corazón y por primera vez no tenía la menor idea de que hacer ¿Qué debía decirle ahora? Pero otra duda apareció en su mente y ella agradeció tener la oportunidad de ganar algo de tiempo – Entonces, la razón por la que desde hace algunas semanas estás evitándome y ya no hablas con Mitsuri-san ¿es porque ella te dijo algo al respecto?
Una vez más, Giyuu asintió.
— Ella lo dedujo y eso me hizo entrar en pánico. – admitió. Luego tomó aire, preparándose mentalmente para mirarla de nuevo. No esperaba que ella le correspondiera, pero eso no quería decir que estuviera bien seguir huyendo del rechazo que sin duda ya estaría preparando – Porque, tú me gustas. – confirmó – Pero no espero que me correspondas, ni mucho menos empieces a salir conmigo. Además no te he tratado bien y mi comportamiento prácticamente ha sido el de un acosador. Por eso estoy seguro de que me rechazarás… solo… no estaba preparado… y prefería postergar el momento.
Giyuu estaba muy avergonzado, su rostro lo reflejaba no solo en el color carmesí que lo adornaba, sino también en su expresión. Pero la miraba directamente a los ojos con determinación, como un hombre dispuesto a aceptar la muerte con valentía y dignidad. A Shinobu le gustó eso y al mismo tiempo le hizo pensar que no podía darle una respuesta a medias, pese a no estar segura de lo que sentía.
— Bueno… la verdad es que estoy bastante sorprendida, Tomioka-san. – admitió con una sonrisa apenada – No todos los días te enteras de que la persona que piensas que te odia, en realidad gusta de ti. Así que incluso yo no se muy bien que hacer. – admitió.
— ¿No lo sabes? – preguntó Giyuu sorprendido.
— No, no lo se. – recalcó Shinobu. Luego hizo una pausa para tomar aire – Para serte honesta, aun estoy molesta por la forma en la que me has estado evitando y no estoy segura de como me siento respecto al hecho de que me has estado observando tanto. Pero… la razón principal por la que siempre me molestó que fueras distante conmigo, fue porque tenía envidia de ver como interactuabas y sonreías de manera tan relajada con Mitsuri-san. – confesó, sintiendo como se libraba de otro peso. Giyuu no podía verse más anonadado – Pero no estoy dispuesta a ir tan lejos para afirmar que me gustas, porque la mayor parte de cosas que se de ti las he escuchado de otras personas. Y aunque estuviera dispuesta a hacer esa afirmación, es decir, hablando de manera hipotética – puntualizó, siendo su turno de sentirse avergonzada – igual no puedo empezar a salir con alguien que apenas conozco. – Giyuu asintió. Shinobu supuso que él pensaba lo mismo, porque había conseguido salir de su estupefacción – Por eso, te propongo que… nos conozcamos un poco más… Y no me refiero aquí – aclaró – ya que tú mismo temes desconcentrarte en tu trabajo… me refiero… a que podemos ir a comer a algún lugar y… charlar… – terminó su propuesta bastante nerviosa. Se sentía como si hubiera sido ella la que acababa de confesarse y se reprendió mentalmente por ello mientras esperaba respuesta.
A Giyuu le tomó un poco de tiempo asimilar las palabras de Shinobu: le estaba proponiendo salir juntos, pero sin ser pareja, como una especie de amigos. De algún modo le hizo pensar en un omiai, aunque no se trataba de algo tan serio. En todo caso, era una oportunidad que no esperaba conseguir: podría conocerla aun más y de paso, redimir su mal comportamiento. Por supuesto que no quería dejarla ir.
— Gracias, Kochou, realmente eres muy amable. – le obsequió una de las sonrisas que Shinobu tanto había envidiado de lejos – Si estas bien con ello, me gustaría invitarte a almorzar mañana. – le propuso. Ella le devolvió la sonrisa.
— Está bien, envíame los detalles más tarde. – aceptó al tiempo que se ponía de pie – Ahora iré a cambiarme, te toca recoger esto. – señaló el botiquín antes de dirigirse a los vestidores a un paso calculadamente moderado. Una vez sola, se cubrió el rostro con las manos y permitió que una amplia sonrisa tonta apareciera en él.
La fiesta terminó aproximadamente media hora después del incidente del té. El jefe de Douma y Daki había regañado a sus subordinados, aunque los que lo escucharon dijeron que se dedicó más a reprocharles que ensuciaran su imagen, que reprenderlos por su comportamiento en sí. El novio, Hakuji, si se mostró muy molesto, pero se calmó cuando su jefe decidió que era hora de retirarse junto con su grupo. De algún modo se las arregló para que Koyuki no se enterara de lo que había ocurrido, por lo que ella pudo disfrutar hasta el final, para el alivio de todo el personal de la cafetería.
Quien si se enteró al final de todo lo que había pasado con ese grupo fue Iguro. Shinazugawa tuvo que retenerlo a la fuerza para que no saliera tras ellos con cuchillo en mano, incluso luego comentó que no esperaba que alguien tan pequeño se volviera tan fuerte con solo estar furioso. Pero Mitsuri fue quien terminó de aplacar al joven chef asegurándole que nadie le había hecho nada con una brillante sonrisa.
Kagaya Ubayashiki le agradeció a todos su buen trabajo al lograr que la fiesta terminara sin incidentes y se interesó por las heridas de Giyuu y Shinobu. Ambos aseguraron estar perfectamente y a nadie se le pasó por alto que había desaparecido la tensión entre ellos. Por lo que, mientras los hombres le daban bromas a Tomioka por su heroísmo, Mitsuri se llevó aparte a su mejor amiga y esta le contó de manera rápida, sin muchos detalles, lo que había hablado con el muchacho. La pelirrosa apenas pudo contener su chillido de emoción.
Dado que ya no tenía razones para sentirse culpable, Kanroji se acercó a Giyuu para preguntarle si podían irse juntos a casa. Esta vez con el firme propósito de no meterse en sus asuntos con Shinobu… al menos no de manera tan intensa como la anterior. Pero antes de que pudiese hacerlo, Obanai intervino.
— Kanroji, deberías dejar que Tomioka lleve a Kochou a casa – dijo – ya que quiere ganarse el título de héroe debería hacer el trabajo completo.
Giyuu y Shinobu intercambiaron una mirada. Ellos ya tenían un acuerdo que no sentían necesario compartir con los demás, pero ¿porqué Iguro insistía en que debían irse juntos de repente?
— ¿Eh? Pero… – no era que a Mitsuri le importara dejar a su amiga en lo que se podría considerar una cita improvisada o le preocupara regresar sola a casa, no obstante, ambos compañeros -y en especial Tomioka- estaban heridos, consideraba que debían descansar.
— Yo te acompañaré – insistió Obanai – además… hay algo que quiero hablar contigo.
Por el tono de su voz y el rubor que se podía ver en el rostro del joven chef aun cuando tenía el tapabocas puesto, no fue difícil adivinar de qué trataba la charla, por lo que Uzui y Shinazugawa dejaron de molestar a Tomioka para hacerle muecas a Iguro a espaldas de Mitsuri. Este les respondió con una mirada que dejaba claro que no se los dejaría pasar.
— ¿Qué opinas, Kochou? – le preguntó Giyuu.
— Por mi no hay problema. – le sonrió ella – Podríamos terminar de decidir los detalles de mañana. – añadió con tono práctico – Solo espero que por allá todo le salga bien a Mitsuri-san – comentó mirando a su amiga y su enamorado – sino Iguro-san se las verá conmigo~ – canturreo con falsa inocencia.
Pese a ofrecer una corta oración metal por la salud del joven chef, Giyuu no dejó de sonreír, también le gustaba ese lado de la chica de mirada púrpura. Antes de irse junto a ella, elevó la vista hacia el cielo nocturno y se preguntó si sería capaz de dormir entre las expectativas por el día siguiente y el interrogatorio al que lo someterían Sabito y Makomo.
— Vamos, Tomioka-san – lo llamó Shinobu, la sonrisa que le brindaba le hacía saber que ya se encontraba a gusto en su compañía y fue suficiente para que Giyuu se sintiera relajado y feliz.
