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Chuuya estaba cansado. Cansado de su trabajo, cansado de la mafia, y, más que todo, cansado de su socio. Dazai era un chico extraño, con una mente extraña y comportamiento aún más extraño. Por eso, no sabía cómo alguien podría ser amigos con Dazai, y mucho menos uno de los más normales de la mafia: Oda Sakunosuke, un miembro mal calificado de la mafia. Para un miembro de la mafia, él estaba un poco extraño por su mismo, pero era lo más normal en conjunto de la sociedad comparado con el resto de sus compañeros. No mataba, no sentía la energía de una lucha cual termina con un ganador y un cadáver.
Pero también había el otro de los “amigos” de Dazai, si Dazai podría tener amigos: Sakaguchi Ango, un oficial importante en las oficinas de la mafia. Chuuya habría pensado que nadie tan inteligente podría ser estúpido lo suficiente para permitirse volverse enredado con Dazai, pero era la verdad. Ango parecía como un hombre interesante, si solamente porque tenía el aspecto de alguien demasiado aburrido para un socio de la mafia. Era lo más interesante porque Chuuya no lo comprendía por qué no era congruente: una persona aburrida conectada a alguien tan raro que Dazai. Él no tenía sentido, y Chuuya quería entenderlo.
Chuuya abrió la puerta lentamente, teniendo cuidado de no asustar el hombre en la computadora. “Ango?” Vio el hombre tratar y fracasar detenerse de brincar.
“Chuuya. ¿Como puedo ayudarse?” Chuuya sonrió.
“No estoy aquí para hablar de negocios.” Ango frunció el ceño. “Quiero hablar contigo.”
“Como quiera, ejecutivo,” Ango dijo. “¿Cual quiere hablar de?”
“Dime, Ango, ¿por qué te uniste a la mafia?” Era una pregunta sencilla, pero al mismo tiempo era la pregunta más integral de sus vidas. Era “¿por qué te uniste a la mafia?” pero también era “¿por qué te elegiste eso?” “¿por qué desperdiciaste tu vida?” “¿cómo acabaste aquí?”
Ango sonrió tristemente. “¿Por qué alguien se une la mafia? Yo estaba joven, tonto, y desesperado. Una cosa se convirtió en otra, y ahora estoy aquí.” Era un cuento común en la mafia. De alguna manera, era su cuento, tambien. Era el cuento de todos sus compañeros, en cierta medida. Se conoció a Dazai y la mafia demasiado joven para entender la verdad de sus decisiones. Toda que sabía era que le importan sus amigos y quería protegerlos, pase lo que pase. Tal vez cosas habrían ser diferentes, pero era demasiado tarde. Por los dos.
Chuuya salió aquel día insatisfecho, con más preguntas que respuestas. Ango era un misterio, una pregunta. ¿Por qué a Dazai le interesaba alguien tan normal? A Dazai le interesaba Oda porque era diferente, por sus decisiones y moralidad únicos. A Dazai le interesaba Chuuya porque era útil. ¿Era lo mismo por Ango -- le interesaba solamente porque era útil?
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Chuuya se sentó al lado del hombre y se quitó su sombrero. “¿Oda Sakunosuke?”
El hombre elevó su visto. “Ah, Chuuya. Pensaba que se verá. ¿Que puedo hacer para usted?”
“Quiero preguntarte sobre Ango.”
“Por supuesto.” Oda asintió.
“¿Cual quiere saber? Ango es un oficial en la oficina de información de la mafia. Ha sido un socio por cuatro años. No hablamos mucho sobre su trabajo, porque hace tanto trabajo clasificado. Él es el más trabajador de nosotros -- Dazai, él, y yo -- y el más dedicado. No es un secreto que no soy hecho para la mafia, y Dazai, bien, sabe, él es Dazai.”
“¿Y piensas que él sea hecho para la mafia?”
“Más que yo, pero no. Es un poco demasiado sentimental por nuestro trabajo, pero todos somos.”
“¿Como se conociste?”
“Dazai y yo necesitábamos hablar con alguien en aquella oficina por un caso. Por una razón no sé si sabré entender de todos los tiempos, a Dazai le interesó Ango. Ahora, estamos socios de bebida.”
Chuuya asintió y se levantó. Se puso su sombrero y dijo, “Gracias por su ayuda. Cuidate, Oda.”
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El próximo vez que vio a Ango no era hasta que una noche tres meses después. Chuuya había llamado a Ango y lo obligue a encontrarse con él.
“¿Quería verme?”
“Ango, seré honesto. No sé porque tú a mi me importa. No sé quién eres. Pero te diré esto: a Dazai no le importa tú. Eres un juguete para él. Te usará y te tirará. Hará lo mismo a mi algún dia. Hará lo mismo a todos, a la hora de la verdad.” Chuuya exhaló. En actualidad, él sabía porqué le preocupaba por Ango. Tenían el mismo futuro, de alguna manera. Ahora, ambos eran las marionetas de Dazai y, en el futuro, serán los desechos de Dazai. Cierto es que todos que eran conectada con Dazai tuvieron el mismo destino. Chuuya lo sabía, y quiso pasear el conocimiento a Ango también, aunque ya fue con demasiado retraso.
“Yo sé.” La voz de Ango era frío, casí clínico. “Siempre he sabido.” La luz de la luna era reflejado por sus gafas. “¿Hay más?” Chuuya suspiró.
“No.”
“Adios, Chuuya,” y Ango desapareció a la noche.
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La luna cortaba la niebla con su luz plateado. Era el tipo de noche que a poetas les encantaban describir, pero eso no a Chuuya le interesaba. La sola cosa que a él le importa era la silueta de un hombre en la distancia. Tuvo que verlo. Tuvo que hablar con él.
“Ango.”
“Chuuya.”
“¿El gobierno?” Sabía la respuesta, pero tuvo que oírla por Ango en su mismo.
“Sí.”
“¿Todo eso tiempo?” Ango no contestó. No tuvo que.
“Lo siento.”
“Yo sé. Lo siento también, pero es demasiado tarde para cambiar nuestras decisiones.” Ango sonrió tristemente.
“Adiós, Chuuya.” Chuuya asintió. Ango hizo lo mismo y se fue.
Chuuya vio se fue. Ojalá que fuesen amigos, que pudiesen hablar y entender y conectar. Posiblemente, en otro vida, en otro mundo, podrían, pero esta era sus vidas. No podían, sin hacer cosa de lo mucho que lo quería. El pasado era inmutable, y el futuro era fuera de su control. Todo que podía hacer era mirar y preguntarse.
