Chapter Text
—De verdad lo lamento…
—No fue tu culpa y estoy segura de que él piensa lo mismo, fue su descuido en primer lugar.
Oyó voces. Eran de dos personas. Las sentía muy lejanas, difusas, pero a medida que recuperaba el contacto con la realidad supo que las tenía más cerca de lo que imaginaba.
Al abrir los ojos vio todo muy borroso.
Al intentar mover su cuerpo descubrió que se encontraba acostado.
Al girar la cabeza con dificultad, con una punzada de dolor incluida, vio a una de esas personas. Lo distinguió como un borrón rojo y verde sentado a su lado izquierdo.
“¿Tanjiro…?”, se preguntó.
— ¡Ah! ¡Está despertando! —exclamó aquel, inclinándose hacia él—. Giyuu-san, por favor no te muevas mucho, todavía no te has recuperado.
El aludido apretó los dientes e intentó tragar saliva. No pudo, tenía la garganta seca.
— ¿Qué me…? —musitó con dificultad.
—Que te golpeaste la cabeza, eso pasó —Le reprendieron desde su derecha.
No tuvo fuerzas para girar. Fue una voz femenina, una que le resultó familiar.
Se preguntó si en esos instantes estaba recibiendo lo más parecido a bofetadas, era lo único que se le ocurría tras los repentinos golpes en su mejilla derecha, en donde extrañamente sintió un ardor. Los golpes…, no, golpecitos, eran a palma abierta y no pararon hasta pasados unos segundos. Oyó a la voz femenina reprender con suavidad a quien sea que hubiera sido el causante, pero no tuvo oportunidad de verle.
Quien fuera, tenía una mano muy, muy pequeña. ¿Un niño?
—Tiene mucha energía —rió Kamado dirigiéndose a la mujer. Giyuu frunció ligeramente el ceño. ¿Quién tenía mucha energía?—. Debe querer mucho a Giyuu-san.
—Más de lo que me gustaría. Te sorprendería saber qué hace y qué no hace cuando Giyuu está o no cerca —Se lamentó aquella luego de un suspiro resignado.
El hombre postrado se vio desconcertado. Tanjiro hace algún tiempo empezó a llamarlo por su nombre, manteniendo el “-san” por los respetos; otra persona era el patrón, estaba habituado. Ni qué decir de su maestro Urokodaki. Pero no recordaba haberle dado la confianza de hacerlo a alguien más, mucho menos a una mujer. No mantenía una relación cercana con alguna, de todos modos.
—Bueno, Giyuu, tendrás que seguir en cama al menos hasta mañana. —Ahí estaba esa voz otra vez, pensó él incómodo—. Es una lástima, no habrá Daikon con salmón para ti hoy~.
Giyuu tensó su cuerpo e hizo un esfuerzo por girar. Ese tono de voz, ese canturreo se le hizo inconfundible, aún cuando le pusiera de los nervios que una mujer se dirigiera a él con esa facilidad.
Pese a la advertencia de Tanjiro ignoró el dolor en su cabeza, vendada por lo que pudo sentir, y llevó su atención hacia su lado derecho.
Le costó asimilar la imagen ante él. ¿Quiénes era esa persona?
“Ese broche de mariposa…”, identificó entonces.
—No te daré de comer yo —sentenció ella al compartir contacto visual, evidentemente disgustada—. Si quieres comer que sea Tanjiro quien te alimente —continuó y el muchacho rió con pena—. Yo ya tengo suficiente trabajo alimentando a Shu.
¿Quién demonios era Shu?
—Pareciera que quiere decir algo, Shinobu-san —intervino Tanjiro. El Pilar del Agua se heló. “¿Esa es…?”—. Tal vez necesite un poco de agua. Iré a la cocina por un vaso.
—Muchas gracias~.
Pronto se quedaron solos en la habitación. Giyuu no pudo apartar la mirada de la mujer que continuaba evaluando su estado; era sin duda la Pilar Insecto…, solamente no recordaba que se hubiera dejado crecer el cabello. Se le hizo extraño también que no usara su uniforme de cazadora, aunque conservaba todavía su haori.
Tampoco reconocía el lugar. No era alguna habitación de la Finca Mariposa, y en donde se hallaba reposando no era una camilla de las que recordaba, sino un futón. Más parecía estar en la habitación de alguien, que no era la suya.
Oyó soniditos sobre su cabeza. Como balbuceos. Ciertamente eran los de un niño, ¿pero qué hacía un niño ahí?
— ¿Qué está sucediendo…? —Comenzó su pregunta con esfuerzo.
—Como te explique, te golpeaste la…
—¿… Kocho?
Silencio en la habitación. Un silencio casi aplastante. A Shinobu de repente se le congeló la sonrisa en el rostro, creyó haber oído mal.
— ¿Cómo me llamaste?
Giyuu no supo por qué, pero titubeó antes de responder. Como si tuviera el presentimiento de que no sería concienzudo hacerlo.
En medio del incómodo momento, el pilar vio de soslayo una cabecita asomándose sobre la suya. Pequeña, regordeta, de cabellos oscuros y cortos, de mejillas sonrosadas y grandes ojitos azules. Le babeaba la mejilla.
Tanjiro llegó con el vaso con agua, pero se quedó en la entrada de la habitación. Su olfato no lo engañaba, el ambiente se tornó tenso en esos pocos segundos que estuvo ausente.
— ¿Está… todo bien? —preguntó con cautela.
En tanto, Shinobu permaneció con la misma expresión. La mirada confundida de Giyuu era alarmante. Empezaba a adivinar lo que estaba ocurriendo.
