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Javi no podía quejarse de lo que había conseguido. Tenía 5 títulos europeos y 2 títulos mundiales, después de todo. Sería una locura no estar contento. Nadie podría haber soñado con esto para un país como España, en el que el Patinaje sobre Hielo era prácticamente nada. Pero él sí. Él soñó con ello y lo hizo realidad. Llevó dos medallas de oro mundiales a casa. Creó un nombre para el Patinaje Artístico en España. Osea que si tenía que bajarse del pódium este año, dolía pero podía con ello.
"¿Pero de verdad puedes?" Preguntó su mente.
No estaba orgulloso de su Programa Libre. Para nada. Había cometido errores estúpidos que le costaron el pódium. Pero había sido culpa suya. Lo estropeó y perdió la medalla, así era como funcionaba este deporta y lo sabía perfectamente.
Pero entonces, ¿por qué estaba tan enfadado?
La ceremonia de entrega de medallas ya había terminado, y todos los patinadores habían hablado ya con la prensa. La mayoría de ellos se dirigía ahora a despejarse un poco tomando algo, liberar algo de estrés y tomar algo de aire fresco antes de que tuvieran que empezar a practicar al día siguiente para la Gala de Exhibición. Pero Javi no estaba realmente de ánimos para siquiera fingir estar de buen humor. No después de una pérdida como la que había sufrido how. Así que simplemente había decidido quedarse en su habitación del hotel, y estaba ahora mismo dando vueltas en la misma intentando controlar sus pensamientos.
“Ni siquiera tercero. Ni siquiera el bronce. Podría haber conseguido al menos el bronce, estoy seguro. Debería haber sido mejor…”
Esos pensamientos rumiaban por su cabeza una y otra vez. Estaba a punto de ir a darse una ducha para intentar despejar un poco su mente cuando escuchó que llamaban a la puerta con suavidad.
Javi suspiró. De verdad que no quería ninguna compañía ahora mismo. Quizá podía fingir que no estaba y...
—Javi, sé que estás ahí.
Era Yuzuru. Y por supuesto que sabía que Javi sí que estaba ahí. Ese chaval lo sabía todo. Tirando por la ventana su plan de fingir que no existía, Javi se dirigió a la puerta y la abrió.
—¿Qué quieres, Yuzu? —preguntó Javi al segundo de abrir la puerta, antes siquiera de mirar a Yuzuru.
—¿No me vas a dejar pasar?
Javi levantó la vista hacia Yuzuru. El joven estaba mirándolo con una ceja levantada y los brazos cruzados.
Javi suspiró de nuevo.
—Sí, claro, lo siento. Pasa.
Javi cerró la puerta detrás de Yuzuru, mientras el otro entraba a la habitación y se sentaba en una silla al lado de la cama. Javi estaba a punto de preguntar de nuevo qué hacía Yuzu ahí, pero éste se le adelantó.
—No vas a la fiesta —dijo Yuzu.
—Ehhh… no, no voy.
—¿Por qué? —Yuzu sonaba realmente curioso, pero Javi no pudo evitar notar también cierta acusación en su tono.
—No estoy realmente de humor para celebrar, Yuzu —respondió Javi mientras se sentaba en la cama.
—Pero tú siempre me dices que vaya a sitios. Hoy iba a ir. Y ahora tú no vas.
—¿Ibas a ir a la fiesta?
Yuzu asintió.
—Sí. Javi siempre dice que debería estar más con la gente, y hoy he ganado así que pensé que hoy era buen día para estar con la gente.
Javi intentó no mostrar en su expresión el dolor al escuchar las palabras “hoy he ganado”, pero no estaba seguro de haberlo conseguido.
—Bueno, me alegro de que me hayas hecho caso. Deberías irte ya, entonces. —Javi se levantó para retomar su camino a la ducha, pero de nuevo lo detuvo la voz de Yuzuru.
—Pero Javi tiene que venir, también.
Javi puso los ojos en blanco antes de girarse hacia Yuzuru.
—Ya te he dicho que no voy a ir, Yuzu, deja de insistir y vete ya, o se acabarán yendo sin ti.
—Venga, Javi, a ti te gusta salir… —Suplicó Yuzu.
—Hoy no, Yuzu. Déjalo ya... —Dijo Javi, intentando seguir calmado.
—Pero no quiero ir sin Javi —dijo Yuzu con uno de sus famosos pucheros.
Cualquier otro día, simplemente esa cara hubiera hecho que Javi se derritiera en el sitio y cediera a lo que fuera que Yuzuru le estuviera pidiendo. Pero hoy era un muy mal día, y Javi estaba de muy mal humor. Y debería haber contado hasta diez antes de responder, pero no lo hizo.
—¡Bueno, pues no vayas, no me importa! —gritó.
La cara de Yuzuru cambió al instante. Javi era una persona con mucho temperamento, pero nunca, jamás, había reaccionado así con él.
Javi reconoció esa mirada en Yuzuru y al momento se arrepintió de haberle gritado, pero a la vez no. Estaba cansado y enfadado consigo mismo, y no tenía fuerzas para lidiar con esto ahora mismo. Ya le había dicho a Yuzuru que no quería ir, ¿por qué no podía simplemente dejar el tema?
—¿Por qué estás enfadado conmigo ahora? Yo sólo quiero que estés contento hoy también.
—Bueno, discúlpame si perder no sólo el oro sino el pódium no me ayuda a estar muy contento hoy.
Yuzu se levantó de la silla y se acercó a Javi.
—Sé cómo te sientes, Javi, pero...
—¡Pues claro que no lo sabes! ¡Tú has ganado! —gritó Javi de nuevo. Yuzuru parecía estar preparado, y esta vez ni pestañeó ante la nueva reacción de Javi.
—Sí, lo sé. Perdí los dos pasados mundiales, ¿recuerdas?
—Sí, ¡después de que ganaras las Olimpiadas!
—Están las próximas Olimpiadas, Javi. Puedes ganar. Y el próximo mundial —respondió Yuzu con una voz suave.
—Oh, no sabía que estabas planeando dejar de competir.
Yuzu ladeó la cabeza con un gesto confundido.
—¿Qué quieres decir?
Javi sabía que no debería decir esto. Debería cerrar la boca antes de decir las próximas palabras. Pero no podía. Estaba tan frustrado, y Yuzu todavía parecía tener esa extraña fe en él cuando todo lo que Javi quería era meterse en la cama y olvidar el día de hoy. Debería hacer eso. Debería pedirle a Yuzuru que se fuera y lo dejase solo porque estaba apunto de decir cosas de las que se arrepentiría e iba a ser un capullo y Yuzu se merecía algo mucho mejor que eso…
Pero no lo hizo.
—¡Quiero decir que no hay manera en la que yo vaya a ganar mientras tú sigas aquí!
La expresión de Yuzuru fue una que Javi no olvidaría. Los ojos del japonés se agrandaron y dio un paso atrás, como si acabase de recibir un puñetazo en el estómago.
—Pensaba que estábamos bien.
Y lo estaban. La mente de Javi le estaba suplicando que se abofeteara a sí mismo para ver si así podía recobrar un poco de cordura. Ya habían tenido esta conversación antes, y ambos habían acordado que su amistad era mucho más importante que las medallas. Habían acordado no dejar nunca que su rivalidad se pusiera en medio de esa extraña pero preciosa amistad que habían desarrollado. Se animaban el uno al otro, aplaudían al ganador, consolaban al perdedor, se motivaba y se hacían más fuertes. No era fácil, pero habían logrado hacer que funcionara.
Y aun así aquí estaba él, mandándolo todo al infierno porque por algún motivo no podía afrontar esta derrota.
—Solo vete, Yuzuru —dijo.
“Tal vez deberías haberle dicho esto antes” aportó su mente.
—No, no me voy. No si Javi está enfadado conmigo.
Javi puso los ojos en blanco de nuevo.
—Eso es exactamente por lo que deberías irte.
—Osea que sí que estás enfadado conmigo —dijo Yuzu, cabezota como siempre.
—Estoy enfadado con el mundo ahora mismo, y tener que lidiar con la persona que me ha quitado la medalla no ayuda demasiado a la situación, si me lo preguntas.
“Para ahora mismo”. La mente de Javi estaba intentando arreglar este desastre de situación, pero Javi era un profesional en ignorarla.
—No es mi culpa que perdieras —dijo Yuzu.
—Bueno, no sé si te has dado cuenta, pero tú ganaste, osea que...
—Gané porque patiné bien, pero no es mi culpa que tú no. Y dijimos que nunca tendríamos esta pelea. Dijimos que seríamos amigos incluso si nos quitamos medallas, ¡dijimos nunca culpar al otro!
—¡Tal vez fuimos unos ilusos cuando dijimos eso!
Yuzuru dio otro paso atrás.
—¿Qué quieres decir? —Yuzuru repitió sus palabras de antes, pero en esta ocasión el dolor era palpable en ellas.
Javi no pudo frenarse a sí mismo a tiempo.
—¡Que tal vez simplemente no deberíamos ser amigos!
Yuzuru se tambaleó hacia atrás como si de pronto todo el aire hubiera sido arrebatado de sus pulmones. Sus ojos se humedecieron y sólo podía mirar a Javi con la expresión más perpleja que el otro había visto nunca.
Todo el enfado que se había estado acumulando dentro de Javi se evaporó por completo.
“¿Pero qué has hecho, estúpido?”
Esta vez Javi estaba de acuerdo con su mente. ¿En qué demonios estaba pensando?
—Yuzu, Yuzu lo siento, no quería...
Pero no pudo terminar su disculpa, porque Yuzuru le dio la espalda y prácticamente corrió fuera de la habitación, sin molestarse siquiera en cerrar la puerta tras él. Javi quería correr detrás de él, pero sus piernas no le respondían. En su interior sabía que esta no había sido una discusión más. Esto era diferente. Había cruzado una línea muy fina con sus palabras.
De pronto, haber perdido su título mundial no parecía nada en comparación con la posibilidad de haber perdido a Yuzuru.
