Actions

Work Header

Crónicas de una Misión Divina.

Chapter 15: Realización.

Notes:

En el desierto de Jehanna, la verdad sobre el nuevo enemigo será revelada.

Chapter Text

En medio de la soledad del desierto, los cuervos se reunían entre las ramas secas de las palmeras, únicamente sus graznidos y el sonido hueco de unos huesos siendo triturados podían escucharse en el desolado lugar, la sangre se mezclaba con la arena y los trozos de carne humana saltaban, cayendo violentamente en el suelo. Los cuervos volaban para hacerse de un poco del festín de aquel desaliñado hombre.

Apenas y le quedaban dientes, pero aún los necesarios como para desgarrar el cuerpo de quien había sido su compañero. Mukai masticaba a duras penas, ensangrentado, atacando el cadaver como un animal, a un lado estaba su hacha asesina. Habían pasado meses desde que había podido comer algo decente, luego de una absurda discusión sobre el rumbo en el que iban, su compañero Lucas había sido decapitado con el arma que yacía a su lado.

“Maldición!!!!!” Grito desconsolado. Sus lágrimas lavaban un poco la sangre y la arena de sus flácidas mejillas.

Ambos habían vagado por el desierto, sin suerte alguna para encontrar un pueblo que saquear, así que se quedaron sin municiones. La desesperación y la hambruna eran castigo suficiente por todo lo que habían hecho el, su amigo y su banda de ladrones. Ahora no le quedaba nada.

“Patético” murmuró una voz de la nada.

Mukai tomó su hacha espantado, estaba seguro que no había nada más que cuervos alrededor de él.

“Los humanos son criaturas tan miserables” prosiguió.

“Quien diablos anda ahí?!!! Salgan de donde estén!!!!!!!!”

Era todo lo que le faltaba, por fin la locura se apoderó del hombre, estaba alucinando?
Entonces una sombra apareció frente a el, un archi oculus del que parecía provenir la voz.
El hombre cayó al suelo aterrado, dejando caer su arma, mientras la bestia se acercaba cada vez más a él mientras la magia oscura a su alrededor se hacia más fuerte.

“Aléjate maldito monstruo!!!!!” Exclamó despavorido.

La voz que surgió de la bestia rio frenéticamente.

“No sirve de nada huir, voy a vengarme de todos, especialmente del maldito Pontífice! Y tu me servirás!”

Una runa apareció por debajo del ladrón, este, paralizado por el miedo, gritó por auxilio inútilmente, mientras el espectro se desvanecía poco a poco frente a él. Los cuervos graznaron violentamente mientras huían espantados, hasta que la energía oscura alrededor del sujeto desapareció.

El ladrón se levantó lentamente, su mirada había cambiado, sus ojos brillaban teñidos de sangre y la magia oscura que había estado bajo el ahora le rodeaba.

“Voy a vengarme del maldito Mansel”.

 

El joven príncipe se había despertado muy temprano en la madrugada, apenas había podido dormir, muchas cosas en que pensar, todas relacionadas a su descubrimiento. Que iba a hacer cuando por fin estuviera frente a la joven para preguntarle sobre ese acontecimiento? El aún no lo sabía, jamás se había enfrentado a algo así, no sabía cómo actuar, tal vez como en la batalla, como el acostumbraba, de frente, lanzarse y atacar. Eso era lo que mejor sabía hacer, y no dudaba que las mismas técnicas de batalla se podían aplicar a la vida. Sumergió sus manos en el depósito con agua para volver a lavar su rostro, esta vez barriendo algunos cabellos hacia atrás, ordenándolos con sus manos. Busco su camisa, donde la había puesto? Al parecer se había olvidado de ella en la tienda, así que regresó por ella al campamento, estaba a unos 10 metros de distancia. Porque se le había olvidado? Estaba tan concentrado que no noto cuando salió sin camisa.

 

Ephraim dio unos cuantos pasos de regreso, aun mojado desde la cabeza hasta donde iniciaba su pantalón, cuando un ruido entre los matorrales había llamado su atención, rápidamente posó sus manos en la empuñadura de su estoque, porque podía olvidar la camisa, pero jamás un arma! Comenzó a dar sigilosos pasos, agudizando sus sentidos para localizar el origen del sonido que lo había alertado, blandió la espada con su mano derecha para apartar de golpe los matorrales que bloqueaban su visión, pero ningún entrenamiento militar lo había preparado para lo que vio delante de él.

“AAAAAAAH!” La joven ahogó el grito en sus propias manos, no sabía porqué, Ephraim se había dado la vuelta a sus espaldas. L’Arachel estaba ahí, completamente desnuda con su atavío de dormir a un lado y su bata, ella tampoco había podido conciliar el sueño en absoluto, así que había decidido salir y asearse.

Ambos se encontraban avergonzados, uno detrás del otro, con un pobre y estéril matorral separandolos.

“Q-QQQue haces aquí Ephraim?” Alcanzo a emitir la joven, susurrando. Después de todo, aun era de madrugada, el sol no había salido siquiera, todos debían estar dormidos.

“Discúlpame, L’Arachel, pensé que podía ser un intruso”

Acto seguido ambos jóvenes se quedaron un rato en silencio, Ephraim aún sentado en el suelo, como había quedado después de lanzarse ante la sorpresa que se había lllevado, L’Arachel estaba congelada tal y como Ephraim la había encontrado, con sus manos tapándose la boca y a la vez tratando se cubrirse los pechos. Su bata no muy lejos de ella.

Por todos los dioses, que era aquella situación en la que se encontraban?

“Te piensas quedar ahí todo el tiempo?” Musitó la princesa.

“Si me levanto quedarás expuesta otra vez, no te importa?

“ Claro que me importa! Como se te ocurre?”

La chica alcanzó su bata para taparse, así el príncipe podía salir de su lugar, no obstante, aunque se había cubierto, su diminuta ropa de dormir no dejaba mucho a la imaginación por la traslúcida tela, debía admitir que necesitaba ropa más encubridora, por el momento no podía permitir que Ephraim la viera así.

“Que sucede?, inquirio el futuro rey, ya puedo levantarme?”

“No te atrevas a mover un músculo hasta que pueda irme” declaró.

Lo que el príncipe no sabía al otro lado que la joven tampoco tenía la intención de moverse de su sitio, aunque estuviera cubierta aún así quedaba expuesta, apenas y podía respirar por la vergüenza.

El cielo empezó a aclarar levemente, lo suficiente como para que ambos pudieran ver sus sombras. Ninguno de los dos dijo nada, pero a medida transcurrían los segundos la joven se desesperaba más y más en silencio, había podido repasar cada una de sus alternativas para regresar a su tienda, y, maldición!, por todas tenía que pasar junto al escondite del príncipe.

“L’Arachel?”

El escuchar su nombre en medio de la nada, con esa tenue luz del alba la hizo saltar de su puesto, separándose de los matorrales, y así dejando expuesta su espalda, Ephraim había volteado a pesar que se le había prohibido, pero tal fue su asombro cuando se dio cuenta que la joven también lo miraba.

Ambos se quedaron así lo suficiente como para que Ephraim pudiera apreciar el candor en la mirada de la princesa, afligida por la vergüenza que le invadía todo su ser, dejándola así, petrificada, frente al matorral infértil y entre sus secas ramas, la mirada atónita del príncipe que recorría su cuerpo desde los pies hasta sus claros ojos verdes.

No pronuncio palabra.

Durante varios minutos ambos permanecieron en silencio, contemplándose, en aquella árida tierra, donde de vez en cuando el viento tímidamente surcaba los cielos, dejando tenues pinceladas encendidas en el dorado lienzo del cielo.

La chica se puso de pie, espantada, intentando huir de tan embarazosa situación, pero con su rodilla piso parte de su bata haciéndola tropezarse.

“Cuidado!”

Ephraim se levantó para ayudarle abalanzándose hacia ella.

Franz se alertó ante lo que había parecido un grito, blandió el acero que tenía al costado de su cama tan pronto como pudo antes de salir de la tienda, había sido el primer ruido en medio de la nada, pero no pudo avanzar más. Forde y Kyle que lo seguían se miraron el uno al otro desconcertados, cada uno con su arma en mano. El príncipe de Jehanna les impedía el paso hacia afuera.

“Príncipe Joshua, sucede algo? Escuche ruidos afuera”. Repuso Franz.

“No hay nada de que preocuparse, vuelvan a descansar”

Un segundo ruido, esta vez como de dos personas charlando. Los caballeros se tensaron.

“Su Majestad, estoy seguro que algo pasa allá afuera” replicó Kyle.

Joshua mantuvo su postura relajada a un lado de la puerta, con sus brazos cruzados, taciturno. Luego se incorporó frente a los tres caballeros.

“El príncipe Ephraim está conversando con la princesa L’Arachel, así que déjenlos en paz”

La joven entreabrió los ojos, sus manos reposaban sobre el pecho desnudo del príncipe, mientras este la abrazaba fuerte por los hombros y la cintura, sus cabellos alborotados y llenos de arcilla y hojas secas. Cuando L’Arachel se tropezó Ephraim detuvo su caída, habían rodado un par de metros sobre el terreno erosionado, entre piedrecillas sueltas, hasta que se habían detenido. La princesa intentó escapar de su posición, pero entonces Ephraim se aferró mas fuerte a ella.

“Que estas haciendo?” Se escandalizó la joven.

“Hay algo de lo que necesito hablar” repuso el príncipe. “Algo que me dijiste cuando derrotamos al rey Demonio en Darkling Woods..”

L’Arachel enmudeció, sabía el rumbo que tomaría esa conversación y eso la aterraba, que iba a decir? Sabía que no podía dar vuelta atrás. Se sobrecogió entre sus brazos, cerrando los ojos, como esperando el golpe final.

“Dijiste que me amas…”

Las palabras resonaron fuerte en su corazón, su pecho se sentía pesado y ardía como mil agujas atravesándole en la garganta, impidiéndole decir cualquier cosa, negarlo, para que?, aludir a la emoción del momento, cualquier cosa! Menos admitir sus verdaderos sentimientos, es que así era la joven, tan testaruda, que lo único que se le ocurrió fue agachar la mirada, aprisionandose a si misma entre los brazos del príncipe. Tales pensamientos blasfemos no eran propios de la princesa de la Teocracia después de todo.

El joven pudo sentir como L’Arachel se estremecía.

“No tienes porque ocultarlo mas” mencionó, mientras la tomaba delicadamente por la barbilla para levantar su vista.

Siguieron un momento en silencio, mirándose fijamente. Ephraim había meditado muy poco sobre que decir, jamás imagino la comprometedora situación en la que se encontraban, debía admitir. Estaba con todo el torso desnudo, levemente rasguñado por el suelo arenoso, entre sus brazos, la joven lo miraba intensa y tímidamente, con la diminuta bata de dormir que se amoldaba a su femeninos encantos, encima de el, presionando su cuerpo casi desnudo contra el de el.

Tomo un breve respiro y la besó suavemente mientras la abrazaba aún más, sumergiéndose en la maravillosa sensación que el cuerpo de la joven transmitía al suyo. Separó un instante sus labios de los de ella solo para reanudar una vez más el beso, más profundo y apasionado, acariciando la fina espalda de la princesa, presionándola cada vez más contra si. Una emoción nueva sacudió su pecho, aplastándolo hasta casi dejarlo sin respirar, sus instintos se apoderaron de él, haciéndolo sentir la urgencia de explorar aún más el cuerpo de la joven.

Ella correspondía a sus besos en la misma forma apasionada. L’Arachel no se dio cuenta que estaba conteniendo la respiración hasta que exhalo con un jadeo, un sonido tan lascivo para sus oídos que jamás había escuchado, que estaba ocurriendo? Porque su cuerpo anhelaba aún más? Sentir su cuerpo junto al del príncipe la hacia temblar pero no por miedo, era una sensación totalmente desconocida y tenebrosa, pero placentera.

Decidió dejarse llevar por esa sensación, ignorando sus prejuicios, su estatus, al diablo con la santidad!

Notes:

Agradecimientos especiales a mi ahora esposo, mi editor en jefe Oscar.

Series this work belongs to: