Chapter Text
Natsume volvió junto a Taki al pequeño pueblo montados en Madara.
Todos estaban extremadamente cansados, pero ninguno dijo palabra alguna.
Taki tenía dudas, cientos, miles de ellas, pero finalmente no salió ninguna palabra de ella.
Nyanko-sensei tenía ira, rabia, deseos de destrucción inconmensurables, pero no salió ninguna palabra de él.
Y Takashi solo tenía miedo, un frío que lo recorría desde los dedos de los pies hasta el último de sus cabellos, pero no dijo ninguna palabra.
Si alguno de ellos fuera sincero, si alguno hubiera dicho alguna palabra, probablemente el caos que ocurría en sus vidas se haría más real, más profundo, y arraigado. En otras palabras, habrían entrado en desesperación.
La desesperanza, no es mala, existe para que escojamos caminos en la vida que eviten situaciones desagradables y poco sanas; el problema es que justamente han caído en ella, cuando debían luchar en su contra.
Es incierto, pero si alguien hubiera hablado, probablemente jamás se habrían mirado a la cara de nuevo, habría existido una pelea, intereses propios mezclados, y tan simple como suena, habían roto amistades.
Menos mal los "hubiera" no existen, pues es algo que no pasó.
Takashi quería quedarse en la mansión Matoba, aunque fuera por esa noche.
Dejar a Seiji en esas condiciones, cuando era su culpa sin duda, era impensable, inhumano. Por lo mismo, no es sorpresa que finalmente, fueran los youkai quienes los sacaron de la mansión.
Nanase ordenó que se fueran, que apenas Matoba despertara, se contactarían con ellos nuevamente.
La pregunta era ¿Cuándo será eso? ¿Cuándo despertara Matoba? ¿Despertara?
Asesino.
Takashi Natsume puede que haya cometido un pecado mortal.
Taki no entendía gran parte de la situación, ella solo quería volver a casa, entrar en su cama y no moverse de ahí, tenía frio, el tren en que viajaban era cómodo, pero el clima de Tokio no se compara a su tierra, miraba por la ventana, y solo veía su reflejo como algo incomprensible, veía su rostro y sólo podía preguntarse porque, ¿Ella tenía algo malo? ¿Por qué fue escogida para esa situación? Estaba anonada, algo embotada.
Taki necesitaba un abrazo.
Natsume la veía tiritar de vez en cuando, se sacó su abrigo y se lo colocó a ella por los hombros, Taki estuvo a punto de preguntar si él estaba bien así.
Finalmente, no lo hizo, tampoco agradeció el gesto.
No entiende lo que pasó, pero si entiende que Natsume está allí por algo, lo que haya pasado, no fue algo de la noche a la mañana. Ella fue arrastrada a ello.
No puede evitar el temor y resentimiento que nacen de ello.
(Si Taki le hubiera preguntado finalmente si él estaba bien, su respuesta habría sido: De todos modos, no siento nada, está bien).
Madara jamás entenderá a los humanos, eligen complicarse la vida, se preocupan por otros, pero aun roban, aman a sus compañeros de vida a la vez que aun matan.
Criaturas extrañas estas.
Pero Natsume no era así, dando todo de sí, dando su vida, sus pensamientos, su cuerpo, su corazón, qué joven tan apasionado es.
Reiko tenía esa misma energía salvaje en su interior.
Nyanko-sensei no puede decir que no está molesto por la situación.
De forma natural, quiere consolar a su pequeño protegido, quiere deshacer lo pasado en las últimas semanas, quiere arreglar algo que nunca ha estado roto.
O tal vez lo estaba, solo que siempre ha estado así, desde su creación hasta su final.
No esperaba que, al llegar a su hogar, encontraría demasiada gente como para contarla en la entrada.
Estaba algo indignado por ello si debe decir algo al respecto.
Era simplemente un sacrilegio que alguien fuera a molestar en esta situación.
Se tentó a aullar, se tentó a deshacerse de esos humanos de una vez, no toleraría tantas faltas de respeto en un mismo día.
Una mano en su lomo bastó para mantenerlo restringido; sin embargo, no más calmado como sucedería normalmente.
Para que el toque de esas manos tan amables, no logren relajarlo, es que su mente estaba más agitada de lo que creía.
Taki no estaba más tranquila, pero parecía estarlo, sus sentidos estaban embotados, y aunque sabía que no podía estar sola, no ahora, probablemente no en un tiempo, sentía algo en la niebla en la que estaba sumida que indicaba que debía irse.
Pero como no podía, ella simplemente se escondió atrás de quien consideraba una zona segura.
Se escondió detrás de Natsume, callada, con ojos temblorosos, observando, pero sin procesar nada de lo que veía.
Así que, aunque había mucha gente en esa zona, Takashi estaba solo, como siempre estuvo.
No podía dejar que Nyanko-sensei atacara a otros humanos, no podía dejar sola a Tooru, no podía simplemente irse y no enfrentar la situación.
Además, lo prometió, cuando volviera tomaría la responsabilidad.
Sin importar las consecuencias.
Tomo suavemente las manos de Taki, las beso como una pequeña disculpa, y le revolvió el pelo; Natsume no está seguro de si alguna vez la volvería a ver, así que al menos intentara transmitir lo que piensa y siente por ella; su adorable, su amable, su querida amiga, casi como una hermana menor.
Y no puede estar con ella en una situación tan compleja.
Natsume le acaricia la mejilla, consciente que ella no se da cuenta, limpia una lágrima que no existe pero que inevitablemente habrá, cuando todo se haya asentado.
Cuando se dé cuenta de que Natsume la está dejando sola, cuando procese que ha pasado por una situación terrible, que ha sido secuestrada, ha sido vulnerada.
Por amor al cielo, Natsume no sabe qué sucederá con ella.
Y aun así la deja.
— Nyanko-sensei, probablemente pasarán cosas algo complicadas, así que, como mi guardaespaldas, necesito que los cuides a todos —
Nyanko-sensei quiere rebatir, quiere decir que su deber es protegerlo a él, no a su entorno, pero Madara es viejo, aunque no entiende a los humanos, comprende, que hay cosas más valiosas que uno mismo, si Madara no protege a los Fujiwara, si no protege a Taki, Tanuma, Sadara, Kitamoto, Nishimura; demonios, si no protege a los malditos perros de Natsume, el chico se romperá.
Saber que Nyanko-sensei está protegiéndolos, le dará fuerza, Madara no sabe para qué, pero le dará las fuerzas y de alguna forma, estará bien.
Así que solo puede ver, como Natsume se va con esas personas que no conoce, ve como los Fujiwara no se atrevieron a mirar a su propio hijo a los ojos.
Madara no entiende lo que es la justicia para los humanos.
Nyanko-sensei no entiende por qué Natsume debe irse.
No sabe quiénes son esas personas y porque están molestando cuando hay cosas más importantes que lo que sean que estén discutiendo.
Lo único que sabe es que debe esperar, debe mantener todo en orden hasta que Natsume vuelva.
Y debe esperar, de la misma forma en que tantos youkais esperaron por Reiko.
Y eso está bien, Madara tiene todo el tiempo del mundo; cuando Natsume vuelva, se enfrentarán al cuervo de Matoba, romperán el cuello del maldito y podrán seguir con su vida hasta que Natsume muera de forma natural y le entregue el libro de los amigos.
Ese es el único futuro que aceptará.
Algún oficial se da cuenta de la presencia de Taki, no está segura de cómo es que paso, pensó que estaba bien oculta.
Si estaba quieta, tal vez la ignorarían.
También pensó que esas personas se habían ido, al parecer quedaba uno con los Fujiwara.
— ¿Señorita Taki? ¿Tooru Taki? —
Ella no lo sabe, pero todos los oficiales disponibles estaban en su búsqueda, ella no lo sabe, pero sus compañeros estaban buscándola en el fondo de los bosques, en cada templo abandonado, bajo cada piedra si era necesario.
Después de todo, las primeras 48 horas son las más cruciales para encontrar a una persona desaparecida, con cada hora que pasaba disminuye la probabilidad de encontrarla con vida.
No parecía una coincidencia que recibieran una llamada de la familia de uno de sus amigos denunciando porte ilegal de armas blancas el mismo día que se denunció su desaparición.
Los oficiales temían lo peor.
Investigaron los antecedentes del joven, fueron a buscar rápidamente el arma, temiendo no encontrarla.
Porque significaría que estaba siendo usada en contra de la joven.
Dieron vuelta cada parte del humilde hogar, con los padres del joven destrozados, pero colaborativos.
No entendían cómo pudo pasar algo como eso.
Los antecedentes no parecían favorables, hablaban de distintas casas de acogida, hablaban de un historial de violencia repentina, hablaban de un joven destrozado.
Un perturbado si le preguntaban al oficial, parecía un perfil de un posible psicópata.
Pero no, el psicólogo forense no creía que fuera el caso por los comentarios de sus "amigos", era tímido, no destacaba, pero hacía cosas raras.
Se asustaba con facilidad, se enfermaba fácilmente, decía cosas extrañas.
En su juicio, era un adolescente con esquizofrenia, una pobre víctima de su mente, cuerdo parecía ser una persona bastante agradable, amable incluso.
Pero parecía que no podía controlarse a sí mismo.
¡¿Quién sabe las atrocidades que le decía su cabeza?!
Sin duda necesitaba tratamiento, ha sido irresponsabilidad de sus padres adoptivos no tratarlo.
Sin embargo, enfermo o no, parecía el sospechoso más plausible.
Fue una sorpresa que apareciera de la nada frente a su casa, como si no hubiera hecho nada malo.
Como si no hubiera un oficial en cada esquina buscándolos.
¿Cómo pasaron inadvertidos hasta llegar a su casa sin ser vistos? No había respuesta.
El joven no se alteró, no parecía sorprendido, no luchó, no intentó defenderse.
Tal vez se sentía culpable.
Y la pobre víctima, sujetaba un gato gordo, los Fujiwara dijeron que era suyo, no saben porque lo tenía la joven, no importaba, parecía darle seguridad, y era algo que ella necesitaría.
Los Fujiwara se acercaron, no era protocolar, pero tampoco era la peor idea del mundo, eran caras conocidas, tal vez lograran hacer que la joven accediera a ir a algún hospital para revisar tranquilamente que atrocidades le han hecho.
— Perdón — Puede ser la imaginación del oficial, pero le pareció escuchar que fue la joven quien se disculpó, no los padres del delincuente.
— Perdón — Y Taki lloró.
No entiende qué está pasando.
Pero cree que se debe disculpar.
Natsume fue interrogado.
Sabe que le dijeron que tenía derecho a guardar silencio, pero, aun así, alguien preguntaba cosas, tal vez con la esperanza de que no usara ese derecho en particular.
"¿Dónde está el arma?"
"¿Qué le hiciste?"
"¿Por qué lo hiciste?"
"¿Dónde estabas?"
"Confiesa, es lo mejor para ti"
"¿Sabes lo que pasará contigo? Si tienes suerte, tal vez irás a una correccional, en el peor de los casos, bueno, ya veremos"
Natsume no respondió.
¿Qué iba a decir? "Acabo de volver de Tokio, después de dejar moribunda a una persona"
Sabe que lo llevaron a una celda.
Tuvo frío, imagina que es porque le dejó su abrigo a Taki, pero no está seguro.
Esa sería una noche para recordar.
Natori tuvo una noche agitada.
Como profesor, los oficiales obviamente fueron a consultar si sabía algo.
Con su mejor cara de seriedad y pesadez, dijo que no, no era cercano a sus estudiantes.
Su rostro era totalmente genuino, no sus palabras.
Recuerda ver cómo se fue Taki junto a Matoba.
Se siente culpable, se siente inútil, y protege a la fuente de todos los males.
No puede decir que la secuestró un exorcista.
En primera, porque, si dice algo, cualquier cosa, no tardará en desaparecer él mismo.
Que las personas no puedan ver youkais puede resultar útil si quieres deshacerte de ciertas molestias.
En segunda, porque, no sabe qué está pasando, tiene unas cuantas ideas, pero no tiene el paisaje completo.
Hace mucho que no sabe que está pensando Matoba.
No lo sabía cuándo eran jóvenes, no lo sabe ahora.
O tal vez lo sabe, pero le repugna pensar en esa clase de posibilidad.
Finalmente, su teléfono vibró, el nombre de Nanase en su pantalla.
No quería involucrarse más de lo que ya estaba, pero la verdad sea dicha.
Natori es más amable de lo que le gusta y la gente puede creer.
— Matoba está fuera de combate hasta nuevo aviso; pero vivirá —
No es algo que esperaba escuchar.
— ¿Lo atacó un youkai? — Esas insensibles criaturas.
Aun, Natori no sabe por qué decírselo.
— Eso es algo que me gustaría saber a mí también, no estoy segura de que tan poderoso es el muchacho si puede hacer algo sin que nos hayamos dado cuenta, ha sido una desagradable sorpresa — Y Natori está algo confundido.
— ¿Un muchacho dejó inconsciente a Matoba? — Escucho a Nanase soltar una especie de bufido al otro lado de la línea.
— El mismo mocoso que has intentado proteger, el blasfemo Natsume, Takashi Natsume — Natori estaba algo sorprendido y aliviado al mismo tiempo.
En realidad, ¿Qué clase de amigo era?
Nanase no se guardó ningún detalle, tal vez fueron un poco exagerados, sin saber tampoco los detalles exactos de la situación, pero aún verdaderos.
Natori estuvo un poco más pálido a cada dato nuevo que agregaba al paisaje mental.
No tuvo tiempo de indignarse, no tuvo tiempo de molestarse con Natsume, con Matoba, ni con él mismo.
No sabe con qué lado está más enojado, no sabe con qué bando aliarse.
Así que irá con la única víctima segura de esta comedia.
Taki estaba en el hospital, aun con el gato en sus brazos.
Aunque por norma general, no se dejan entrar animales en los hospitales, hay ciertas excepciones, por ejemplo, las terapias con animales.
No es un procedimiento normal, pero lograron hacer pasar al gato gordo con un permiso de ellos.
De alguna forma, estar ahí, con Nyanko-sensei, con un fuerte olor a fármacos y limpieza, empezó a despertarse de su letargo.
Era lógico, era un lugar nuevo, un lugar en que su cuerpo le fuerza a estar atenta, por si hay que huir.
Así que, cuando le hicieron preguntas directas, Taki descubrió que tenía la voluntad suficiente para contestar.
— ¿Estás herida? —
— No —
— ¿Te maltrataron? — Esa es una pregunta interesante, estuvo amarrada, pero además de eso ¿Fue maltratada?
— Estoy bien —
— ¿Recuerdas lo que pasó? — Esa es una pregunta delicada, importante; por su estado de lejanía, esa disociación que tuvo, ¿Cuánto tiempo duró? ¿Puede dar datos importantes?
— Sí — Desgraciadamente
— ¿Nos puedes contar? — Esa es otra pregunta interesante.
Tiene voz, tiene conciencia, tiene la información ¿Puede decirlo? Ella no estaba segura.
Y justo en ese momento llegó Natori.
— ¡Señor, esa es una habitación privada, no puede pasar! — Pero Natori Shuuichi puede hacer lo que quiera, querida.
— Lamento la tardanza, tengo información para el caso — El oficial gruño, la enfermera retrocedió, aunque claramente el enfado no era con ella.
— ¿Y no pudo dar esta información en el momento en que le preguntamos? Estamos ocupados, por si no se dio cuenta — Taki estaba algo asombrada de que su profesor estuviera ahí.
Parpadeo antes de recordar que Natsume le conocía desde antes.
Ahí es cuando supo que no, no podía decir lo que pasó.
— Me acabo de enterar ¿Quiere oír una historia graciosa? — Tanto Taki como el agente entrecerraron los ojos.
No estaban los ánimos.
— Puede ir a la comisaría a contar su historia, aquí estamos ocupados — Pero Natori solo sonrió.
— Pero no lo está, porque no hay caso que investigar — Y ahí ganó la atención, el odio del agente de la ley.
— Le voy a pedir por favor que se retire — Pero Natori no se fue, al contrario, elevó la voz.
— Taki Tooru no fue secuestrada, como es su hipótesis original, ella se fue por su voluntad — Una mentira — Acabo de recibir la llamada de un amigo, una llamada que me ha molestado bastante cabe destacar — Una amiga en todo caso, si es que se puede llamar así.
— ¿Y qué le dijo ese amigo si se puede saber? — Un plan malévolo.
— Que estaba saliendo con una de mis estudiantes — La cara de desconcierto fue increíble, y justificada. — ¿Se lo puede imaginar? Que escándalo, obviamente me enfade con él, mayor mi sorpresa al saber, no solamente que estaba corrompiendo una mente tan joven, sino que incluso estaban planean casarse, razón por la que la joven aquí presente fue a visitarlo a escondidas, una aventura con un hombre mayor que ella sin duda habría sido preocupante para sus familiares — Taki estaba sorprendida por la osadía de tales mentiras.
— ¿Es esto cierta señorita? — Y tan sorprendida como estaba, se tragó su orgullo para confirmar esa mentira.
— La explicación del estado actual de la joven es simple, es joven, estuvo abusando de sustancias ilícitas recientemente, como podrá comprobar en el examen de sangre, es sorprendente que este despierta realmente, al parecer un asociado de mi amigo, encontró interesante la idea de darle droga a una joven comprometida, para su despedida de soltera — Todo lo que dice, es una vil mentira, pero, los exámenes de sangre lo alabarán, Taki ni siquiera sabía que tenía una droga en la sangre, pero si lo piensa tiene sentido, de alguna forma la debían mantener tranquila.
— ¿Puede darnos un nombre? Comprenderá que son acusaciones muy graves — En demasía.
— Por desgracia, desconozco el nombre de la persona que finalmente la drogo, pero es el de su prometido: Matoba Seiji, quien, a su vez, es amigo del joven a quien tienen detenido ahora mismo; Matoba lo llamó para asegurarse que Taki volviera sana y salva a su hogar apenas recuperara la conciencia — Matoba lo llamó para amenazarlo.
— El joven el cual tiene una denuncia por arma blanca, acusado por su propia familia — Una amenaza sin duda.
— Calumnias, estoy seguro de ello ¿O han encontrado el arma? Estoy bastante seguro que su familia tiene que haber mencionado las llamadas que estuvo recibiendo últimamente, al ser un amigo de la pareja, se le concedió el honor de ser el padrino, el pobre ha estado muy agitado por ello, considerando que los novios deberían esperar, después de todo, es una relación ilegal y cuando le avisaron que su amiga estaba drogada, por supuesto se fue rápidamente de su hogar, estoy seguro que debe haber expresado su preocupación antes de irse — Oh, y los Fujiwara lo mencionaron, que se fue rápidamente, sin poder hablar como era debido sobre el arma.
— Como comprenderá, no podemos aceptar su testimonio así nada más, la investigación determinará si lo que dice es verdad, hasta entonces, ¿Le importaría ir a la comisaría como una persona de interés? — Natori sonrió, guiñó un ojo y se fue.
Como si no hubiera montado la obra más extraña jamás planteada.
— Lamentamos la interrupción profundamente señorita Taki, le aseguramos que Takashi Natsume pagará tras las rejas si usted nos da su versión de los hechos — Y con eso Taki se alteró.
— ¡Takashi no ha hecho nada malo, él me ayudó! — No está segura de cómo, pero esa es la única verdad de la que tiene seguridad.
No la salvó, pero la ayudó, aunque no entiende cómo ni porqué.
El oficial pareció sorprendido, pero asintió, murmuró una disculpa y se fue.
Se escuchó a la lejanía en los ecos del pasillo, sus murmullos sobre jóvenes insensatos.
La siguiente parada de Natori fue su propio hogar.
Ni siquiera él sabía muy bien por qué hacer lo que hizo, no le gustaba ayudar a Matoba en ninguna circunstancia, y, aun así, lo ha hecho, una y otra vez, en un círculo vicioso y venenoso.
Tal vez sea porque está cansado, tal vez solo quiere que todo termine, y la forma más rápida es dándole a Matoba lo que quiere.
Porque Natori no es una persona a la que le guste la guerra, no es un ser pasivo bajo ningún contexto, pero tampoco es una persona que entre activamente en el conflicto.
Le gusta pasar desapercibido,
Aunque también le gusta la atención.
Esa es la clase de persona que es.
No quiere que nadie se enoje con él, quiere querer y ser querido de vuelta.
Es algo impresionante, pero nunca había pasado; su familia lo repudió por sus habilidades, los exorcistas lo deseaban por sus habilidades.
Ninguno aprobó su forma de pensar.
Había una vez un joven inocente, había una vez una persona amable con un corazón sangrante, había una vez un niño que ayudó a youkais.
Había una vez un joven que aprendió a temer y odiar lo desconocido.
Había una vez que se olvidó de quién era.
Dicho joven creció confundido, creció pensando en las mentiras, creció acostumbrado a un ambiente que no lo quería como era.
Dicho joven se cansó de intentar recuperar quien era.
Dicho joven se olvida, pero no cambia quien es.
Dicho joven recuerda, fue querido de vuelta.
¡Encontró un amigo! Pero un poco tarde.
El niño que creció confundido ha olvidado sus sueños.
Intenta proteger a su nuevo amigo de la crueldad del mundo, pero era muy difícil, proteger es algo que ha olvidado cómo se hacía.
El joven olvidadizo se cansó de proteger, ha olvidado porque lo quería proteger; solo tiene una ligera idea de un zumbido en su pecho, opresión, calor repentino.
Ha olvidado lo que veía en su amigo.
Ha olvidado, pero no ha cambiado.
Olvidar tantas cosas, llevó a un error.
Ha condenado a su amigo.
La culpa se ha vuelto vergüenza, la vergüenza en dolor, el dolor en tristeza, la tristeza en rabia, la rabia en apatía.
Natori no solo ha olvidado, si no que ha cambiado.
Perder lo único que había apreciado era un golpe que jamás aprendió a tratar.
Pero una inocente no debía pagar por ello.
Natori no es del clan Matoba, no trabaja para ellos, no está afiliado, pero aún es un exorcista, indiferente no puede ser.
Se ha horrorizado con la información adquirida, sin embargo, no se ha sorprendido.
Era algo tan típico de Matoba.
Le sorprendió más su propia indiferencia al respecto, algo se retorció en su estómago.
Los exorcistas no suelen hacer cosas ilegales, son personas normales, con una moral, con familia, viven en una sociedad, no todos son malas personas.
Pero los pocos que ignoran el raciocinio, son extremos.
Han estado tantas veces bajo presión, con temor sobre si este será el último youkai que verán, que es lo último que verán en su vida antes de partir al otro lado.
Natori lo entiende, de verdad que lo entiende, no es fácil vivir en la discriminación.
Por ello, se ha acostumbrado a bajar la mirada, o minimizar la situación.
Natori no puede, ni tiene el corazón para detener a Matoba, no iniciará una guerra por algo tan común, triste, horrendo, pero común.
Mas, no significa que no se compadezca de Taki.
Así que él cargará con las mentiras, él se encargará de que su único problema sea Matoba, no se tendrá que ocupar de los estudios, de su familia, de la economía, de nada.
Natori está ahí, y es todo lo que se necesita para evitar un desastre mayor.
Los problemas en el bajo mundo se deben quedar ahí.
Sonrió un poco, no estaba seguro porqué.
Tal vez sea porque en realidad, lo correcto era denunciar, detener todo, exponer, no barrer bajo la alfombra.
Natori la está ayudando en sus términos, la ayuda a rendirse y vivir en paz, ya que está en una situación peculiar, si no la puede evitar, entonces la ayudará a que sea un poco más fácil vivir en ella.
La paz no siempre es una opción.
(¿Eso es vivir en paz?)
Shuuichi durmió.
Profundo, denso, pesado.
Shuuichi durmió, y soñó con ojos de gatos.
Juzgadores, enfadados, acusándolo.
Shuuichi durmió, y soñó con ojos de gatos. Él conocía esos ojos.
Shuuichi despertó.
Un dolor de cabeza empezaba a nacer, aun, no lo suficientemente fuerte como para justificar sus manos tirando de su cabello.
Quiso gritar, pero eso solo significaba que no estaba en control de sus emociones.
En su lugar suspiro, tenía un toque exasperado, un toque frustrado, un tanto desesperado.
— Tu ganas Nyanko-sensei, iré a sacarlo —
El sueño no volvió, los ojos tampoco.
Natori mintió, no tenía planes de ver a Natsume pronto, se niega a pensar en ellos, en lo que ocurriría si sucediera.
No quiere verlo a los ojos.
Pero sí hizo algo por él, en el mundo del espectáculo hay contactos por todas partes, hay abogados por todas partes, si todo salía bien, estaría en su casa al día siguiente.
No piensa en lo que pasará cuando vuelva.
El historial del chico ha quedado sucio para siempre.
Confía en que Matoba hará algo al respecto.
No sabe porque confía en cosas que no tienen esperanza.
La noche ha resultado larga para todos.
Las pantallas de los teléfonos de algunos estudiantes no se han apagado desde que se dio la alarma de búsqueda de Taki.
Algunos jugaron sin preocuparse
"Tal vez se la comió una bestia en el bosque"
"Tal vez huyó de casa"
"Solo está llamando la atención"
Otros se lo tomaron con seriedad, no, esa es una mala palabra para describirlo, se lo tomaron con calma, con el mínimo respeto.
No comentaron nada, un poco de pensamientos de preocupación, y nada de esfuerzo por reunir pistas o buscar activamente.
Y los amigos, no pudieron dormir esa noche.
Su propia red de contactos, una pequeña red de inteligencia.
"Dicen que vieron pisadas a la entrada de su casa, de varón"
"¿Natsume aún no aparece? Es realmente un mal momento para desaparecer también"
"Lo hemos intentado, pero en la residencia de los Fujiwara nadie contesta"
"Buscaremos a Taki al Oeste, ustedes vayan al Norte, la policía se concentró al este"
"Necesitamos más linternas al sur"
Nadie se ha molestado en informarles que ya no es necesaria la búsqueda al día siguiente, ellos vuelven al bosque, vuelven a rascar los rincones más perdidos de la tierra en busca de su amiga.
Pero, como los niños preocupados que son, tienen ideas, tienen valentía, y tienen desesperación, no tardan en averiguar por rumores. preguntas indiscretas, de la situación.
"Está en la cárcel"
"Dicen que ella está bien"
"No puedo creer que Natsume fuera capaz..."
Y les duele, no pueden ver a Taki, preguntarle como está, no pueden preguntarle a Natsume por su versión de los hechos.
Aunque lo preguntaran, ¿Lo creerían?
Se ve en las noticias, en los libros, y en internet.
"Nunca me lo hubiera imaginado"
Quieren creer, pero saben, porque la experiencia lo dice, que a veces la verdad es mucho más cruel de lo esperado.
Incertidumbre describiría esa semana, algunos profesores decidieron cancelar las clases en señal de respeto, otros consideraron que volver a la normalidad era importante para sus alumnos, otros decidieron que la vida sigue y nada debe cambiar, dieron discursos sobre cómo se debe tener cuidado y escoger bien a sus amistades.
Kitamoto sentía náuseas cada vez que los escuchaba.
Nishimura optó por faltar a clases, siguió rondando por el hospital donde estaba Taki, con la esperanza de que cuando mirara por la ventana viera una cara familiar.
Sarada también escogió faltar, estaba harta de escuchar a todos sus profesores hablarle de responsabilidad como delegada de la clase.
No es su culpa, pero estaba empezando a pensar que lo era.
¿Para Tanuma?
Para él quien escucha susurros sobre cómo el dueño del libro de los amigos se vio decaído, sobre como Madara se veía más furioso últimamente, sobre cómo Misuzu estaba agitado.
Para él, que a veces escucha, y nunca pregunta, para él que ve a Natori incómodo.
Para él, está claro que Natsume es inocente.
Y es impotente al respecto.
Y luego aparece Nanase en su templo.
De alguna forma, se siente aliviado.
Es tan inocente, que fue doloroso lo que Nanase le contó, arruinando esa esperanza de un segundo.
A la mañana siguiente Taki fue dada de alta, incómoda en las nubes, dijo que estaba bien, y que solo estuvo en control.
No dijo que ahora tendría que ver a un psicólogo cada jueves por la tarde.
No dijo que los domingos Nanase visitará su hogar.
No dijo que le incomodaban las preguntas sobre su relación con un hombre mayor.
No dijo porque nadie en su familia lo denuncia por una relación ilícita con una menor.
Solo observa el vacío, de manera inquietante
Junto con ella vuelve Nishimura, alejando a los curiosos.
Hubo una pelea, Kitamoto está seguro al respecto, pero llegó muy tarde para participar en ella realmente, él quiere partirle la nariz a alguien.
"Le pregunto si también se acostaría con él y desaparecería"
Fue la explicación.
Son gente de campo, son niños que nunca han conocido la malacia de los mayores, donde su mayor temor es que el anciano de la esquina sea un cascarrabias, por desgracia, esto también significa que son bastante conservadores.
Tristemente, Nishimura no puede pelear contra todos los que piensen mal de Taki, pero puede pelear aquí y ahora contra quienes se atrevan a ofenderla de forma directa.
Kitamura no puede evitar admirar un poco por eso.
Una especie de "¡Es tan genial!" y a la vez, es un poco doloroso de pensar.
No es genial, ni un poco, es tan solo un mínimo de decencia humana, pero no todos pueden llegar a ese punto.
Ellos no saben qué ha pasado, no necesitan saberlo, solo deben confiar en lo que ven sus ojos, y ven a Taki cambiada de un día para el otro.
Si ven al gato de Natsume sin su dueño en la esquina de su casa es algo que deciden ignorar.
Sobre la culpabilidad de Natsume, no lo creen, inocentemente no lo creen, se odian un poco por eso, Taki está sufriendo, y aun no terminan de creerlo.
Pero de nuevo, no necesitan creerlo, pueden hacer lo correcto mientras se sienten a morir por dentro.
Si Taki pide venganza, no creen que serían capaces de dársela, si Taki quiere protección, se la darán sin dudarlo, si eso incluye protegerla de sus propios amigos, lo harán con el corazón herido, con falencias por dudar; no pueden evitarlo, tienen dudas, quien disculparse por no poder forzarse a no tenerlas, pero es lo que pasa, eso no impide que harán todo lo que puedan.
Si, por otro lado, Taki da alguna señal de que está mal, ellos la cuidaran.
Por desgracia, ahora mismo, dudan que incluso Taki sepa qué es lo que quiere, pero está bien, pueden esperar una vida si es necesario.
Mientras tanto, si Sanada es la única que se atreve a abrazarla, está bien.
Pero, si Taki no mejora, si nunca puede decirles lo que realmente pasó, si Natsume no puede justificarse, si todas sus esperanzas son en falso.
Solo pueden intentar deducir lo que deben hacer, y la primera idea que les llega, es terriblemente injusta, es asquerosa tan solo pensarla, los ahoga en un pozo de ira.
Si ellos no logran encontrar la verdad, no se les puede culpar por reaccionar como les dicta su instinto, ¿Cierto?
¿No se les permite equivocarse?
Al menos Kitamoto, espera que sí, espera que esté permitido, porque si no lo está, sabe que tendrá que pedir perdón, sabe que creará más daño que bien.
Se dice que es mejor prevenir que curar, pero esa ya no es una opción.
Se dice que es mejor pedir perdón que pedir permiso, pero nunca quiere hacer algo que lastime a alguno de sus amigos, nunca quiere hacer daño, aunque la persona se lo merezca.
Mucho menos quiere lastimar a alguien que aprecia sin saber si lo merece.
Realmente, ellos, aun son unos niños por dentro, protegidos del mundo, protegidos de los adultos, nunca habían soportado una situación parecida.
Se pregunta si es así cómo se sintió Natsume en cada casa de acogida, y si es culpable, es una consecuencia de vivir así toda la vida.
Se pregunta si Taki es más adulta por pasar por una situación como esta.
Se pregunta si madurar es enfrentarte al dolor, si es aprender a enfrentar este miedo, si es estar preparado para la próxima vez que algo así suceda.
Se pregunta si importan las razones, si el fin justifica los medios, o si solo debería abandonar sus valores.
Se pregunta si alguna vez sabrá la respuesta a algo.
Luego decide que sí.
Porque a pesar de lo confundido que esta.
Tiene la seguridad que nunca se perdonará si deja que estas dudas lastimen a quien tiene enfrente.
Se permitirá ser débil en su mente, pero no puede dudar frente a Taki, es una promesa.
Así que, con una sonrisa, golpeara la cara del próximo que se atreva a insultar a Taki.
Kitamoto decide que sí, Nishimura es genial por tomar esa decisión tan pronto.
Luego ve a su profesor, Natori sonreír mientras se acerca a Taki.
Kitamoto rompe su promesa muy pronto.
